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Miguel Altieri, Al Gentry, Arturo Gómez-Pompa, Guillermo Mann, Juan G. Saldarriaga, Javier Trujillo y Rodrigo Medellín
     
               
               

En los últimos años se han presentado muchas denuncias en diversos foros nacionales e internacionales alertando sobre los problemas ecológicos y ambientales que amenazan al planeta. En estas denuncias se exhorta a todos los sectores de la sociedad a tomar en consideración las bases ecológicas necesarias para un desarrollo económico adecuado. A pesar de estos esfuerzos, y de las buenas intenciones que conllevan, la situación global de los países en desarrollo ha empeorado. Ello se refleja en la agudización de la crisis ambiental, la insignificancia de los programas de reforestación en relación a la magnitud de la desforestación, el deterioro del ambiente tanto en el campo como en las ciudades y en la disminución de la calidad de vida de los habitantes. Pocos son los ejemplos exitosos de conservación y/o restauración ecológica en estos países.

En particular, la aguda crisis ambiental que afecta al continente americano es el resultado de la compleja acción de múltiples factores ecológicos, técnicos, socio-económicos y políticos, condicionados por un estilo de desarrollo que perpetua la degradación de los recursos naturales y el empobrecimiento de la mayor parte de la población. Existe, sin embargo, una creciente sensibilización al respecto, por lo que es el momento justo, en el que los líderes de los países latinoamericanos deben capitalizar esta mayor conciencia y realizar, o empezar al menos, los cambios institucionales y estructurales requeridos para fomentar la conservación de los recursos naturales y el desarrollo coherente de las naciones.

Uno de los problemas más importantes en Latinoamérica es la pérdida de la diversidad biológica. América tropical contiene más especies de plantas y animales que cualquier otra región equivalente en el mundo. Sin embargo, esta región es una de las menos estudiadas. La gran mayoría de sus especies no tiene, ni siquiera, un nombre científico. Nuestra ignorancia asusta. La conservación de esta diversidad es una obligación de todos. Debemos proteger nuestro acervo biológico, ya que él representa nuestro futuro mismo. Es a la vez una parte fundamental del patrimonio biótico del mundo. Su conservación es importante, no sólo por razones estéticas o morales, sino también por razones de sobrevivencia de nuestra propia especie. Cada especie es una opción potencial para el futuro. En la riqueza de la flora y la fauna neotropicales, podremos encontrar alimentos, medicinas, especies para el control biológico y genes para el mejoramiento de cultivos y productos naturales, muchos de ellos aún desconocidos para la ciencia. Es muy importante enfatizar sobre la irreversibilidad de la pérdida de diversidad, en contraste con otros problemas ambientales que sí pueden revertirse, como lo son la contaminación, la erosión, la sobrepoblación o la desforestación, que de alguna manera pueden no ser definitivas, mientras que la extinción es para siempre. La información biológica actual nos indica que existen muchas especies de reciente extinción o que están a punto de extinguirse. También de acuerdo a la información existente sobre tasas de desforestación y a la teoría biogeográfica de las islas, podemos predecir que el proceso de extinción será mucho mayor en un futuro cercano.

América Latina posee los recursos naturales y el potencial humano necesarios para llevar a cabo, en esta década, los proyectos de investigación, conservación y desarrollo que ayuden no sólo a detener el proceso de degradación y a lograr la restauración de ambientes degradados, sino que ofrezcan a su población un nivel digno de vida. Se necesitara más que voluntad política a nivel nacional y continental; es urgente la solidaridad y la cooperación de las agencias gubernamentales y privadas internacionales, en especial de las de los países industrializados y la de las agencias y empresas financieras multinacionales.

La conservación de la diversidad biológica debe abarcar toda una gama de niveles de manejo y de situaciones ambientales, desde los ecosistemas prístinos hasta los sistemas manejados con gran diversidad biológica, y desde los ecosistemas primarios, hasta los secundarios e, incluso, los agroecosistemas. Todos ellos poseen un gran valor como reservorios de biodiversidad.

Es evidente que los esquemas actuales de conservación no han funcionado adecuadamente y se necesita un nuevo enfoque mas acorde con la realidad latinoamericana. La opción de tener zonas protegidas sigue siendo válida; sin embargo, ésta no es suficiente.

Por lo tanto es necesario implementar una política general para que el manejo de los recursos conlleve una nueva visión de sustentabilidad; para ello se requiere de un enfoque integrado de desarrollo, que involucre a todos los sectores afectados, desde las comunidades indígenas y campesinas más pobres, hasta los más altos niveles de gobierno, al igual que científicos y empresarios. Vislumbramos un esquema que incluya zonas protegidas de todo tipo, zonas manejadas, zonas de agroecosistemas diversificados y, en especial, zonas de producción agropecuaria y silvícola sostenible, que abarque tanto a los sistemas tradicionales como a los sistemas altamente mecanizados.

En Latinoamérica existen millones de kilómetros cuadrados de zonas ecológicamente degradadas, por las acciones humanas desordenadas. Estas zonas deben ser el objeto principal de los programas de restauración ambiental, con los que pueda dársele ocupación y tierra a millones de campesinos. Los costos de restauración deberán ser pagados por los culpables de la degradación; esto significa que deberá legislarse al respecto, para poder identificarlos y castigarlos. En tales programas deberán incluirse desde la regeneración de los ecosistemas, similares a los originales, hasta los agroecosistemas productivos, todo ello en beneficio de las comunidades rurales. Es necesario que los programas de conservación, restauración y manejo se planeen y lleven a cabo, en estrecho contacto con los campesinos locales y tomando en cuenta los sistemas tradicionales y las necesidades locales específicas de cada caso.

En relación con las zonas protegidas, es indispensable conceder la mayor prioridad al desarrollo de proyectos de manejo de recursos en las zonas de amortiguamiento y de influencia, preservando siempre la integridad de las zonas núcleo. Las áreas protegidas y demás reservas deben convertirse en zonas piloto de conservación, desarrollo, educación y extensión. Estas áreas podrán incluir extracción controlada y sostenida, de los recursos no tradicionales del bosque, en beneficio de las comunidades locales.

El valor económico potencial de las selvas naturales, es mayor que el que pueda proporcionar cualquier otro uso convencional. Por ello es primordial buscar los mecanismos para aprovechar este valor sin destruir el recurso, y si se piensa en algún tipo de conversión debe tomarse en cuenta el valor actual de la biodiversidad de los bosques y las selvas naturales.

La UNESCO promovió por medio del proyecto MAB, una idea parecida a la aquí expuesta pero fracasó debido a que en la gran mayoría de los casos, faltó apoyo, financiamiento, seguimiento y liderazgo. Esto colocó al programa en el mismo sitio de muchos de los esquemas basados en Parques Nacionales. Por ello creemos importante hacer un llamado para que se cumplan los objetivos básicos, tanto de las Reservas de la Biosfera como los de los Parques Nacionales y demás áreas protegidas.

Es vital que se elaboren, de manera inmediata, proyectos que lleven al establecimiento de prototipos de conservación y desarrollo en Latinoamérica, de los cuales sea posible extraer la organización y los principios ecológicos claves, que sirvan de guía para el establecimiento de proyectos similares, y sobre todo, que se adecúen a las realidades ecológicas, socioeconómicas y político-culturales de cada región o país. El respeto a la diversidad cultural debe tener la misma validez e importancia que la protección de la diversidad biológica. El trópico americano ha sido el sitio en donde se han desarrollado importantes culturas prehispánicas, que lograron notables avances en todos los campos y llegaron a tener densidades de población mucho mayores a las actuales, en los mismos sitios. Hasta donde se sabe, esos grupos humanos no causaron extinciones masivas de especies. Por ello exhortamos a todos los gobiernos a facilitar, apoyar y promover investigaciones sobre los sistemas de manejo de recursos de las antiguas culturas tropicales y, en especial, a rescatar los conocimientos de las etnias indígenas latinoamericanas, herederas actuales de esas mismas culturas.

Un requisito fundamental para impulsar la conservación de recursos, en especial para frenar la desforestación, la caza y captura de especies de fauna amenazadas y la erosión, es el de resolver el problema de la pobreza en la región. Para ello se deberá atacar la raíz de los factores estructurales e institucionales que la perpetúan, de manera que los pobres tengan acceso a servicios sociales, empleo y una base adecuada de subsistencia.

Estamos conscientes de los problemas potenciales asociados al rápido crecimiento demográfico y su relación con la degradación ambiental. Sin embargo, consideramos que el problema del crecimiento poblacional no se debería tratar en forma abstracta, como números totales de gente, sino que hay que examinar la densidad poblacional en relación a la concentración de recursos, la distribución de la riqueza y los patrones de uso y consumo de tales recursos.

Ojalá pudiéramos hacer conciencia en todos los países para que le den la más alta prioridad a la promoción de la autosuficiencia alimentaria a través de toda clase de mecanismos de apoyo, distribución de alimentos e ingresos, tecnologías apropiadas, educación, investigación y extensión. El no hacerlo condena a grandes grupos humanos a la miseria y a la marginación.

Pero el intentar crear conciencia sobre la problemática ambiental (por ejemplo a través de discursos ecologistas, difusión y publicidad), no la soluciona. Sólo las acciones ejecutivas que se transforman en ejemplos concretos de conservación, forman la base real de la educación y la concientización. Nada podrá lograrse sin una buena educación al alcance de todos, ya que es a través de ella que podremos construir un verdadero futuro aceptable y común para el mundo entero. Sin embargo para lograrlo hay que desarrollar sistemas educativos apropiados que se orienten a satisfacer las necesidades básicas de la población y al mejoramiento de la calidad de vida. Esta capacitación debe incluir tanto al líder comunitario como al profesional universitario, sin discriminación de rangos y, jamás deberá perder de vista las condiciones sociales, económicas y culturales de la región y el aprovechamiento racional de los recursos.

Prácticamente no existen instituciones educativas que preparen profesionales en el manejo de los recursos naturales y el desarrollo adecuado de forma apropiada para la realidad latinoamericana. Los programas existentes se concentran en carreras convencionales como la biología, agronomía, etcétera. Sin embargo, es urgente la formación de personal específico para estos fines, ya que las escasas organizaciones que lo hacen, o lo hacían, están en sus inicios o han desaparecido.

En la medida que se generen y/o dediquen fondos a actividades de conservación-desarrollo, será prioritario formar un nuevo tipo de profesional latinoamericano: el Gestor de Recursos Naturales. Estos recursos humanos, formados integralmente en todos los aspectos concernientes a la conservación y desarrollo permanente, serán los responsables de implementar proyectos que mejoren la calidad de vida y a la vez promuevan la conservación del patrimonio biótico y ambiental. Paralelamente, también será necesario hacer cambios drásticos a nivel institucional y estructural, que permitan la implementación de tales programas.

Con respecto a las unidades de conservación es indispensable desarrollar investigaciones básicas sobre la diversidad biótica, con el propósito de definir políticas basadas en conocimientos científicos, a fin de tomar en cuenta patrones de distribución y endemismo en la conservación de la mayor parte de las especies. De la misma forma es imprescindible promover la comunicación entre los planificadores, científicos y, en general, interesados en la conservación, para poder compartir experiencias e identificar problemas comunes y necesidades en la investigación y enseñanza. Es evidente que un requisito indispensable para desarrollar una política conservacionista, es la investigación científica. Todas las nuevas alternativas: sistemas de manejo, diseños agroecológicos, etc., deberán estar basadas en la investigación científica. Carecemos de inventarios biológicos básicos de la mayoría de las zonas protegidas. Esto equivale a tener una biblioteca casi vacía, desordenada y sin catálogo alguno.

La planificación de la conservación de los recursos naturales renovables, y del desarrollo en general, deben cimentarse en una buena información científica. La información sobre la biota de los países en desarrollo es insuficiente en la actualidad y gran parte de ella no se encuentra disponible en los países donde esta se ha generado, sino que se localiza en los países industrializados. Por ello es necesario, por un lado, incrementar los estudios científicos y, por el otro, establecer los mejores mecanismos en el manejo de la información, que permitan sistematizarla y repatriarla y así asegurar una mejor toma de decisiones locales y nacionales.

También es indispensable lograr una creciente coordinación y articulación de esfuerzos entre gobiernos, instituciones, científicos, sector privado y población civil, de manera que el uso de los escasos recursos financieros y humanos disponibles sea racional, evitándose al mismo tiempo la duplicación y dispersión de esfuerzos. Con ello también se busca que se cumplan una serie de objetivos sociales, económicos, políticos y culturales, que satisfagan las diversas necesidades de los distintos sectores de la sociedad. En este sentido el intercambio constructivo y la coordinación de acciones entre organismos gubernamentales (OGs) y organizaciones no gubernamentales (ONGs), involucradas en actividades de conservación y desarrollo, es de vital importancia.

Todas las barreras políticas, económicas y legales que frenan el desarrollo permanente deberán removerse, si se pretende lograr un escenario de desarrollo ecológicamente armónico, económicamente viable y socialmente justo, para la región. Deben fortalecerse las instituciones, locales de investigación, enseñanza y desarrollo en el área del manejo adecuado de los recursos naturales. Estas instituciones han demostrado ser las únicas que proveen continuidad en el trabajo ideas originales, y seriedad en sus acciones, por lo que los gobiernos deben apoyarse en ellas para asegurar la permanencia, la crítica constructiva y la vigilancia científica de los programas de conservación.

Deseamos hacer un reconocimiento público a todas las agrupaciones ecologistas y ambientalistas no gubernamentales, y a los intelectuales y artistas por la intensa labor que están realizando al llevar el mensaje conservacionista a todos los niveles de la sociedad y así servir de voceros para que el público en general este al tanto de los hallazgos científicos en materia ecológica y ambiental. Por ello nos parece importante apoyar su labor e invitarlo a estrechar lazos con la comunidad científica nacional e internacional para lograr que su mensaje no sólo tenga el valor y el calor de la emoción, sino que también este respaldada en datos científicos.

También sería muy útil redefinir las responsabilidades referentes a la toma de decisiones sobre conservación: ya que es evidente que tales decisiones deberían ser tomadas por aquellas personas o entidades que posean todos los elementos de juicio necesarios, por lo tanto, la participación de los científicos sería tan importante como la de las bases que se encuentran inmersas en el terreno afectado. Así la agenda de conservación en Latinoamérica debe ser definida por los latinoamericanos, garantizando la participación profunda de científicos de todos los campos inherentes al tema. Al mismo tiempo, los puntos de esta agenda deben ser dialogados y negociados con los países industrializados, sin alterar el espíritu de respeto a la soberanía y las prioridades nacionales. La internacionalización del problema ecológico latinoamericano y su solución deberán ser tratados y discutidos dentro de un marco geopolítica solidario y éticamente correcto.

Sería conveniente que se estableciera un compromiso entre los gobiernos, agencias internacionales y fundaciones, para lograr una continuidad en las acciones a mediano y largo plazo. El conflicto actual entre el desarrollo económico tradicional y la conservación de los recursos bióticos, se genera fundamentalmente como consecuencia de una diferencia básica entre los horizontes temporales de planificación que existen entre éstos. Los planes de manejo forestal a corto plazo están destinados al fracaso, ya que la velocidad de respuesta de los programas forestales es más lenta que los horizontes de planificación política y económica tradicionales.

También sería interesante que se valoraran las acciones conservacionistas en los países en desarrollo y se cargara su costo a los causantes de los problemas y a los beneficiados por estas acciones. Es injusto y poco práctico que sean los más pobres los que paguen por la conservación. Esto lo decimos en especial por los campesinos y grupos indígenas que viven en las zonas que desean protegerse o en zonas de uso restringido. Aquellos que se benefician de la manutención de la diversidad biológica en Latinoamérica, deberán cubrir los gastos de conservación, independientemente de su situación geográfica. Se deben buscar entonces, los mecanismos legales que establezcan claramente que los países o conglomerados económicos que destruyen o contaminan el ambiente, o que usufructúan desproporcionadamente los recursos naturales o servicios ecológicos inherentes a los ecosistemas locales, deberán pagar por la conservación y/o restauración de éstos. Es aquí donde debe encontrarse un balance entre la deuda económica que los países en desarrollo tienen con los países industrializados y la deuda ecológica que a su vez, estos últimos tienen con los primeros.

Un pueblo, y en especial una niñez bien nutrida, sana y educada, es el mejor seguro para un futuro común aceptable por todos. Para lograr esto se requiere un ambiente sano y armónico con la naturaleza. No hay otra opción.

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Miguel Altieri                                                                                  Division of Biological Control University of California, Berkeley.

Al Gentry                                                                                         Missouri  Botanical Garde.

Arturo Gómez-Pompa                                                                  University of California.

Gillermo Mann                                                                             Conservation International.

 Juan G. Saldarriaga                                                                         Programa Tropenbos.

Javier Trujillo                                                                                           Colegio de Posgraduados.

Rodrigo Medellín
Program for Studies in Tropical Conservation.

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