revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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Rogelio Aguilar Aguilar
     
               
               
Vivimos tiempos difíciles en la enseñanza de las ciencias,
especialmente en las ciencias biológicas en el país. No sólo tenemos que enfrentar el marcado desinterés del gobierno hacia el desarrollo de cualquier disciplina científica, la inadecuada percepción que la sociedad tiene del científico y el escaso campo de acción que se puede ofrecer a los egresados de las carreras científicas, sino que, hablando específicamente de la formación de biólogos y profesionales afines, existen además diversos problemas que contribuyen a dificultar la tarea de preparar al futuro egresado para enfrentarse con probabilidad de éxito al mundo real. Esta reflexión no es nueva, surge constantemente cada vez que se habla de modificar el plan de estudios de la carrera de biología o de reorientar los objetivos en la enseñanza de esta profesión, y no es exclusiva de algún centro de enseñanza en particular. De manera personal, esta cavilación surge tras varios años de docencia en la carrera de biología tanto en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México como en la Escuela de Ciencias de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, en donde, además, participé en una comisión encargada de revisar y actualizar el plan de estudios vigente con el propósito de modificarlo en un mediano plazo.
 
Ambas instituciones son como las caras opuestas de una moneda en diversos aspectos: recursos disponibles, infraestructura y número de estudiantes atendidos, entre otros, procurando cada una, en sus propias circunstancias, cumplir con lo que parece el objetivo común: formar y preparar a los futuros profesionales en biología. A pesar de no conocer con precisión la situación en que se encuentran los diversos centros de enseñanza de biología del país, es posible suponer que se encuentran en una situación intermedia.
 
Desde una perspectiva empírica y personal, el objetivo de preparar profesionales en biología se cumple sólo parcialmente —la razón por la que frecuentemente sabemos de egresados que laboran en cosas ajenas al área. Indudablemente, las condiciones del país contribuyen a que pocos profesionales tengan reales posibilidades de desarrollar exitosamente su profesión; sin embargo, particularmente en la enseñanza de las ciencias biológicas, a los docentes nos falta interesarnos en conocer las perspectivas que de sí mismos tienen los estudiantes, tanto en el momento en que lo son, como con respecto a su futuro, y ligar esto con sus posibilidades de desarrollo profesional. Hacerlo parece complicado, pero ofrece la oportunidad de ampliar nuestra propia perspectiva como docentes y posibilita ofrecer un mejor servicio, que al final de cuentas es la razón principal por la que estamos contratados.
 
Pero, ¿qué importancia tiene conocer qué espera de sí mismo cada estudiante?, sobre todo considerando que el docente tiene que cumplir con su programa (“éste es parejo para todos y el que se adaptó se adaptó y el que no, pues no”). Bueno, esto es básicamente cierto pero, por un lado, significa ignorar la diversidad de ideas que a fin de cuentas es el fundamento de una universidad y, por el otro, es casi como hacer trampa jugando con dados cargados. Me explico: me formé como biólogo en la Facultad de Ciencias de la unam, y en la mayor parte de los casos me encontré con profesores que podría calificar de buenos o excelentes, algunos de los cuales siguen impartiendo clases y ahora son mis compañeros, al igual que aquellos que, como yo, se han ido incorporando a la actividad docente de la Facultad, dando forma a su numerosa plantilla académica. Ahora bien, si analizamos esta plantilla podremos observar que está constituida básicamente por personal académico de la Facultad y por profesores de asignatura. Los primeros son los profesores titulares y técnicos académicos que, a la par de sus actividades docentes, desarrollan sus propias líneas de investigación, en tanto que los segundos son aquellos profesores que sólo imparten una o dos clases por semestre, sin que desarrollen oficialmente labores de investigación. A pesar de esto, la mayor parte de los profesores de asignatura que actualmente laboran en la Facultad están asociados al personal académico de la misma por medio de proyectos, en tanto que otra parte importante son estudiantes de posgrado que, como complemento a sus actividades, son aceptados para impartir cátedras en la carrera de biología, siendo escasos aquellos profesores que en realidad son externos y relativamente ajenos a la vida académica de la institución.
 
Dado que el mejor método de enseñanza es el de predicar con el ejemplo, se puede inferir que en la Facultad de Ciencias existe una marcada tendencia a presentar al estudiante un panorama dominado por actividades de investigación. Se le prepara con artículos de especialidad, algunos de ellos escritos por sus propios profesores, bombardeado constantemente por ejemplos que son resultado del trabajo desarrollado en tal o cuál laboratorio y forzados por las características del plan de estudios a ingresar a un taller que, por lo general, es coordinado por un grupo de trabajo de la propia facultad o de otro centro de investigación, en donde comúnmente el estudiante realiza su servicio social y elige su proyecto de egreso y titulación. Por si fuera poco, a lo largo de todo este proceso se le reitera al estudiante la “necesidad” de hacer una maestría, de continuar con un doctorado, y un posdoctorado… o dos…
 
En contraparte, en una institución como la Escuela de Ciencias de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, las actividades de investigación son muy limitadas, el personal de tiempo completo es escaso y buena parte del personal académico labora por horas, teniendo otra actividad principal que generalmente no corresponde con actividades de investigación, pero que no por ello se aleja del trabajo de un biólogo. Estas actividades, alejadas de la investigación, constituyen los ejemplos cotidianos en los que el estudiante basa su aprendizaje en aula y se complementa con el empleo de recursos como libros, informes técnicos y, sobre todo, el contacto con el entorno social, que es un complemento de gran importancia en la formación de estos biólogos y, en buena parte, equilibra su escasa preparación para actividades de investigación. A diferencia de los estudiantes de la Facultad de Ciencias, una buena parte de los de la Escuela de Ciencias no tiene contemplado realizar un posgrado o lo conciben como algo lejano a su entorno, sin que ello demerite su apreciación personal como biólogos.
 
Como podemos ver, se trata de dos instituciones de educación superior con un objetivo común pero con circunstancias distintas. ¿Cuál tiene la razón? Espero que a estas alturas ya podamos vislumbrar que ninguna; pues no se trata sólo de que resulte erróneo el tratar de encaminar a todos los estudiantes a posgrados e investigación o pretender formar biólogos desligados de estas actividades (que tácitamente representaría la “estrategia” de cada institución). No, a mi parecer, el principal error que cometemos como docentes es prejuzgar y asumir que tenemos derecho a decidir qué tipo de orientación debe de recibir el estudiante aun antes de que éste se inscriba. Es como si a cada nueva generación le dijésemos: “ustedes, alumnos de la Facultad de Ciencias, estudiarán y se prepararán tomando como modelo a sus profesores, por lo tanto, los que destaquen se integrarán a un laboratorio, egresarán y estudiarán un posgrado, para que en un futuro se dediquen a la investigación, así y sólo así habrán hecho algo útil de su vida”; o bien: “ustedes, alumnos de la Escuela de Ciencias de la Universidad Autónoma “Benito Juárez”, estudiarán, se prepararán, y tal como lo hace la mayor parte de sus profesores, entenderán y crearán conciencia de su entorno próximo para resolver los problemas que atañen a su región, y quien lo consiga habrá hecho algo provechoso, pues otras cosas están tan lejanas que no vale la pena pensar en ellas”.
 
Debemos recordar que, como docentes, tenemos el compromiso de preparar al estudiante y orientarlo de acuerdo con su perspectiva y objetivos, y no en función de los nuestros. Estoy de acuerdo en que la mayor parte de nuestras acciones y decisiones se basan en nuestra experiencia y que podríamos pisar suelo poco firme si pretendiéramos basar nuestras clases y ejemplos en circunstancias alejadas de nuestra experiencia. No, no se trata de eso, la propuesta es mucho más simple; consiste solamente en nunca perder de vista que existen muchos tipos de biólogo, que todos ellos hacen una labor importante y que cada uno, en su propio ámbito, puede ser una autoridad. Si tenemos presente esto, sobre todo en nuestra actividad docente, y lo transmitimos frecuentemente al estudiante, podremos hacerlo reflexionar sobre su condición presente y, con suerte, influir positivamente en sus decisiones futuras.
 
Se trata, pues, de reiterar la noción de que existen muchos tipos de biólogo. Las actividades relacionadas con las ciencias biológicas son tantas y tan diversas que resulta complicado buscar límites precisos, pero como el objetivo es orientar al estudiante, tras años de conversar con un numeroso grupo de colegas, alumnos y exalumnos, he construido una clasificación personal que establece cuatro categorías que incluyen las posibles actividades principales de un biólogo: biólogo investigador, biólogo burócrata, biólogo empresario y biólogo social. Como toda propuesta, es debatible y sujeta a perfeccionamiento, pero considero que sirve como base para presentarle al estudiante un panorama general.
 
Biólogo investigador
 
Es aquel que se ha visualizado haciendo investigación como parte del personal académico de alguna institución nacional o en el extranjero, probablemente formando parte de un laboratorio, asistiendo a congresos, redactando informes y artículos o dirigiendo tesis. En tanto que actividad principal, la investigación es tan buena como las demás que se describirán posteriormente, sin embargo, el estudiante que elige este camino debe entender (o el docente le tiene que señalar) que recorrerlo es arduo y tardado. Dado que el objetivo es hacer investigación, el alumno tiene que demostrar que es capaz de enfrentar un proyecto mediante la elaboración de una tesis. Desde un punto de vista personal, ésta es la opción más congruente para el objetivo que se pretende alcanzar y, por tanto, la vía más adecuada para acercar al estudiante a la investigación; al elegir otra opción de titulación (dependiendo de la institución pueden o no existir), el estudiante debe saber que está renunciando a la experiencia que le puede dar desarrollar un proyecto desde el inicio hasta el final.
 
Esto indudablemente se debe ligar con una de las desventajas de elegir la investigación como actividad principal, y que consiste en la necesidad de realizar estudios de posgrado. Dadas las condiciones actuales, a un biólogo le puede resultar muy complicado (en realidad prácticamente imposible) ingresar como profesor investigador en alguna institución superior poseyendo sólo el grado; para cumplir con su expectativa tiene que hacer por lo menos estudios de maestría, y esto ya no es suficiente en la mayor parte de las instituciones, el aspirante necesita haber realizado un doctorado y, de ser posible, alguna estancia posdoctoral.
 
Tal realidad no se le debe ocultar al estudiante ya que influye en muchos aspectos de su vida. Por una parte, se trata de una actividad apasionante, pero por otra, puede limitarle social y económicamente, ya que a diferencia de lo que ocurre con otro tipo de profesionales como contadores, ingenieros, abogados y otros, quienes concluyen su formación en cuatro años y se integran a la vida productiva, la formación de un investigador no concluye con sus cuatro años de carrera, sino que hay que agregar dos de maestría y tres de doctorado, por lo que la formación concluye en por lo menos nueve años, a los que se le pueden agregar tres, uno por cada tesis (“un año en lo que termino la tesis”), y uno o dos de estancia posdoctoral, para que ya, ahora sí, el aspirante se encuentre listo para integrarse a la vida laboral tras un proceso de unos ¡doce o catorce años!, durante los cuales, socialmente hablando, se le considera como estudiante. A estas alturas el tipo de profesionales mencionados renglones arriba ya generaron casi una década de antigüedad, cuentan con buenos sueldos, diversos bienes materiales y probablemente su solvencia hizo que la “morra” de la cuadra lo hubiese preferido desde hace ya varios años antes, en tanto que el susodicho ha vivido del apoyo familiar, de las fluctuantes becas, de integrarse a algún proyecto de su tutor o algo así. No obstante, cuando la expectativa se cumple, el biólogo investigador tiene la oportunidad de revertir todas los contratiempos que supuso su preparación y de pasar a integrarse a una parte un tanto incomprendida pero muy respetada de la sociedad.
 
Biólogo burócrata 
 
Es aquel que ha decidido llevar a cabo su actividad profesional en el servicio público. Probablemente se habrá visualizado como responsable de sección en alguna dependencia gubernamental —semarnat, sagarpa, inecc, conabio, etcétera—, asistiendo a congresos y tomando decisiones sobre el uso y aprovechamiento de los recursos naturales. Por el tipo de actividad a desarrollar, el grado de biólogo es suficiente para acceder a este ámbito, y dado que los puestos vacantes en esas dependencias son por lo general limitados, realizar estudios de maestría y doctorado puede resultar inútil e incluso convertirse en un obstáculo si no están bien dirigidos. Me refiero a que si el estudiante efectúa una típica maestría en donde se realiza una investigación “formal”, es probable que ésta se vincule muy poco con lo que va a ser la verdadera función del biólogo burócrata, pero si en vez de esto el estudiante elige hacer una maestría en, supongamos, gestión ambiental, derecho ambiental o desarrollo sustentable (especialidades sorprendentemente ausentes en diversos programas de posgrado con orientación científica) es más probable que le sea de utilidad y que incluso le dé ventajas para competir por un puesto de los llamados “de decisión”.
 
Hablando en términos económicos, por lo general el biólogo burócrata vive relativamente tranquilo al contar con sueldo y prestaciones promedio entre los servidores públicos del país. Como puede suponerse, el “hacer dinero” depende del puesto y la dependencia a la que el biólogo esté adscrito, pero eso sí una vez “de planta”, el cheque no falta y es posible ascender e incluso, tal vez, percibir ingresos extra.
 
Biólogo empresario
 
Es aquel cuyo deseo es tomar las riendas de su vida lo antes posible para “hacer dinero” rápido. Es quizá el biólogo más materialista y por eso no cree en sacrificios personales en aras del “bien de la ciencia”. Probablemente se ha visto estableciendo su propia agencia de impacto ambiental o produciendo cultivos hidropónicos, plantas de ornato o algo similar. Si no cuenta con capital para esto, se encuentra dispuesto a trabajar en ese tipo de actividades para acumular recursos y posteriormente independizarse. A los estudiantes que han proyectado de esta manera su vida se les debe hacer ver que una tesis puede resultar un ejercicio inútil, por lo que, si existiera un modo de titulación más ágil, probablemente sería lo que más les convenga, ya que entre más pronto se establezca su oferta en el mercado, más posibilidades de éxito pueden tener. Esto da la ventaja de ingresar al mundo productivo de inmediato, sin imposibilitar el realizar estudios de posgrado, pero ¡cuidado!, al igual que en el caso anterior, los estudios de posgrado mal orientados pueden resultar poco útiles; si hay que elegir alguna maestría, ésta debería ser en administración empresarial o algo similar. Se debe considerar que en esta realidad tan competida, el éxito va a depender de su habilidad más como empresario que como biólogo.
 
Biólogo social
 
Es aquel cuya perspectiva es regresar o integrarse a una comunidad para realizar actividades que promuevan su desarrollo. Por lo general, conoce las necesidades particulares de ciertos sectores de la población y pretende contribuir con su esfuerzo para realizar levantamientos territoriales, delimitaciones e inventarios de plantas y animales entre predios, proyectos de desarrollo sustentable o propuestas para actividades que le permitan a la comunidad participar en diversos programas como el de pago por servicios ambientales.
 
Por las características de su labor, se trata de biólogos muy dispuestos a escuchar y valorar el conocimiento biológico “no formal” de la población, así como de involucrarse fácilmente en el ámbito de la gestión de los asuntos sociales de la comunidad, lo que los convierte en integrantes muy respetados de la misma.
 
De acuerdo con la problemática que este tipo de biólogo decida enfrentar está la pertinencia de hacer una maestría; de nuevo la elección de alguna en gestión ambiental o desarrollo sustentable potenciaría las posibilidades de realizar eficientemente la labor cotidiana, sin embargo, esto no siempre es un requisito para llevar a cabo satisfactoriamente el trabajo.
 
Aquí me gustaría incluir un subtipo de biólogo, que originalmente parecería constituir una quinta categoría, pero que por su motivación coincide mucho con el biólogo social, se trata del biólogo docente, aquel que desde el inicio se visualizó como profesor del área de biología en alguna escuela del país, independientemente de su nivel. Por ser su principal finalidad preparase como biólogo para impartir clases, necesariamente se tiene que separar de aquellos que son profesores de manera más bien incidental, es decir, los que prefieren la investigación, pero que dan clases porque les obliga su contrato, o los que lo hacen porque así lo contempla su plan de estudios de posgrado o los que están ahí porque simplemente no les quedó de otra. El espíritu de servicio que hay detrás de su decisión lo hace también un biólogo social y por eso, al final, está incluido en tal categoría. Aparentemente, al biólogo docente le basta con sus estudios para poder comenzar con su labor y, dado que existen pocos programas de posgrado destinados a profesionalizar docentes en el área de biología (entre algunos otros, en la unam existe la Maestría en Docencia en Educación Media Superior), sobre todo si se trata de niveles básicos de educación resulta poco recomendable sugerir a este tipo de biólogo iniciar una maestría. En todo caso, puede resultarle más útil asistir a cursos de formación como docente o si ya cuenta con suficiente experiencia, a cursos de aplicación de estrategias pedagógicas.
 
Entonces… 
 
Como se observa, el trabajo del biólogo puede tener motivaciones y orientaciones diversas que influyen en la elección de alguna actividad principal en particular. La preparación requerida para dicha actividad, por lo general, implica una serie tan compleja de contratiempos y dificultades, que a un profano podría sorprenderle la necedad de preparase para algo tan aparentemente desalentador. Sin embargo, el biólogo, independientemente de su orientación, sabe que esto es relativo, ya que las experiencias que acumula durante su ardua formación y su trayectoria profesional son tantas y tan enriquecedoras, que a la mayor parte de la gente puede costarle trabajo creer que se puede vivir tanto en una sola vida.
 
Para los docentes en la carrera de biología resulta necesario y casi una obligación presentar al estudiante un panorama amplio (ya sea basado en lo descrito en este texto o en cualquier otra construcción personal o consensuada) sobre las perspectivas que puede tener una vez que concluya sus estudios, ya que es nuestra responsabilidad descubrir, fomentar y potenciar las aptitudes de cada uno a fin de ayudarle a integrarse exitosamente a la labor profesional en el campo en que él mismo decida. Por eso, al momento de impartir clase, de discutir las modificaciones al programa de tal o cual materia, o al diseñar un nuevo plan de estudios para la carrera de biología, se debe de tener presente que lo que está en juego no es qué tipo de biólogo queremos formar, sino el proporcionar un andamiaje adecuado para que el futuro profesional, independientemente del tipo de biólogo que elija ser, cuente con bases firmes y perspectivas amplias.
 
Claro que esto representa un sacrificio. Es probable que de cuando en cuando detectemos a un estudiante cuyo potencial sea tal que estemos seriamente tentados a convencerlo, casi por cualquier medio, de formar parte de nuestro laboratorio. Sin embargo, debemos tener en cuenta que dicho estudiante sólo va a desarrollar por completo su potencial si se encuentra plenamente convencido de que su propia motivación lo ha llevado a ese lugar, si ese no es el caso, será mejor animarlo a buscar algo afín a su perspectiva, darle un par de buenos consejos y desearle buena suerte —seguramente de esa forma evitaremos sentirnos con derecho a reclamarle en un futuro ciertas actitudes como el no dar 100% de su esfuerzo al proyecto de investigación, cuando fuimos nosotros mismos quienes le construimos la perspectiva.
 
Por el contrario, si nos dedicamos a impulsar a los estudiantes para que encuentren su propio camino, probablemente un día, algún biólogo triunfador y satisfecho con su labor, al recordar sus tiempos de estudiante pensará: “¡ah, ese era un buen maestro!”. En eso deberíamos todos de tener algo de biólogo social ¿no lo creen?
 
     
Agradecimientos
 
Agradezco profundamente las charlas y experiencias que respecto a este tema entablé con distintos compañeros y alumnos, particularmente con Andrés Martínez (fC-unam), Jorge Brambila (Conanp), Fernando Camacho (fC-unam y Conabio), Mario Alberto Peralta, Dagoberto Alavés, Anto- nio Sánchez, Ana Alfaro, Renato Ramos, Felipe Palma (eC- uabjo) y Griselda Moreno (fC-unam y CCh sur), a quien además agradezco la revisión a la versión preliminar de este trabajo.
 
     
Referencias Bibliográficas
 
Arteaga, Yannet J. y Fernando J. Tapia. 2009. “Núcleos pro­
blemáticos en la enseñanza de la Biología”, en Educere, vol.
13, núm. 46, pp. 719-724.
Islas Graciano, Sara E. 1993. “Pasado y presente en la formación profesional del biólogo”, en Perfiles Educativos, núm. 59, pp. 45-54.
Pozo, Juan I. 1999. “Más allá del cambio conceptual: el aprendizaje de la ciencia como cambio representacional”, en Enseñanza de las Ciencias, núm. 17, pp. 513-520.

 
     
_____________________________
     
Rogelio Aguilar Aguilar
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Rogelio Aguilar Aguilar es biólogo y doctor en ciencias por la UNAM. Actualmente es profesor titular en el Departamento de Biología Comparada de la Facultad de Ciencias, UNAM.
     
_____________________________      
 
cómo citar este artículo
 
Aguilar Aguilar, Rogelio. 2015. ¿Tú que tipo de biólogo quieres ser?. Ciencias, núm. 115-116, enero-junio, pp. 84-92. [En línea].
     

 

 

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