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Coeducación 
una alternativa para educar con perspectiva
de género
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Erika Navarrete Rodríguez
 
                     
Se sabe, por diversos estudios recientes, que la
relación sexo-género se matiza por ideas biológicas y culturales; el sexo es la variante biológica que diferencia a miembros de una misma especie en machos y hembras —en el caso de la especie humana, en varones y mujeres—, en tanto que género es el término para hacer referencia a la “fabricación cultural e histórica” de lo femenino y lo masculino, y se define como: “conjuntos de prácticas, ideas y discursos relativos a la femineidad y la masculinidad, que determinan el tipo de características consideradas socialmente como masculinas (adjudicadas a los hombres) y como femeninas (conferidas a las mujeres), lo mismo que una serie de comportamientos asociados a tales categorías. Da cuenta de las atribuciones sociales que se hacen a uno y otro sexo, involucrando relaciones de poder y desigualdad”. Ese conjunto de prácticas, ideas y discursos, mitos y prejuicios relativos a la femineidad y la masculinidad, configuran los estereotipos de género.
 
El uso figurativo de la palabra género se extiende para significar una imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable y que actúa como modelo. En la teoría de género los estereotipos funcionan como concepciones preconcebidas y modelos sobre cómo son y cómo deben comportarse la mujer y el hombre. Así, a partir del sexo se crean ideologías sobre el comportamiento adecuado según el género y que va aprendiéndose por medio de la socialización, proceso mediante el cual se da la culturalización que define a la persona como parte de una sociedad; esas ideologías se enseñan según lo que la sociedad ha adoptado como “lo correcto” y estas formas “correctas” son los estereotipos de género.
 
Tales estereotipos se han consolidado por las relaciones de poder y desigualdad heredados por una sociedad que, con supuestas justificaciones biológicas, sustenta que los cuerpos de hombres y mujeres son distintos. En el caso del cuerpo de la mujer, éste se encuentra en desventaja y es catalogado con menos capacidades, alegando así el supuesto de que no están capacitadas para ciertas actividades, pues se considera que biológicamente están destinadas a realizar solamente prácticas como el cuidado del hogar y de los hijos (porque ellas son las que procrean a los hijos) y los hombres, al ser fuertes “por naturaleza”, tienen la obligación de ser los proveedores o responsables de llevar los recursos a la familia. Pero se considera que a pesar de que esta idea cubre de privilegios al hombre, debido a que goza de más libertad de acción en la sociedad, al final también sufre las mismas limitantes, ya que por tener un marco de acción que define “cómo debe ser” y “cómo debe comportarse”, al salirse de dicho molde, se transgrede lo que la sociedad considera como “lo natural” para el hombre.
 
Esta socialización de estereotipos de género no queda al margen de la escuela, debido a que, por ser una institución social, en su seno se trasmiten los estereotipos. A este tipo de educación se le califica como “sexista”. En ese sentido, se identifican históricamente procesos de la educación llamados modelos, que nos dan una idea de cómo se ha abordado la perspectiva de género en la escuela.
 
En el modelo de la escuela de roles separados, se imparte una educación diferenciada por sexos mediante la separación física y curricular del proceso educativo de ambos grupos. Aquí se parte de la idea de que cada grupo tiene asignados unos roles en la sociedad, los hombres ocuparían la esfera pública y las mujeres la privada, por lo que la igualdad de oportunidades entre sexos no es relevante, puesto que al tener funciones distintas en la sociedad, hombres y mujeres no competirán por ocupar puestos dentro del sistema económico, político y social.
 
El segundo modelo es el de escuela mixta, dominante en nuestro sistema educativo actual, el cual se basa en el principio democrático de la igualdad entre todas las personas, defendiendo la educación conjunta e igualitaria tanto en el ámbito curricular como en el pedagógico. En éste no tienen especial relevancia las políticas de género, puesto que se parte de la idea de que existe una igualdad plena entre hombres y mujeres; por tanto, niega las diferencias culturales entre grupos. En esta escuela se trata a las y los alumnos como personas, premiando sus méritos y esfuerzos.
 
Por último, el modelo de escuela coeducativa parte de la relevancia de las diferencias sociales y sexuales entre grupos (niños y niñas) por razón de género, incorporando la diversidad de género como diversidad cultural. Aquí se reconocen valores y prácticas tradicionalmente asociadas a mujeres. Este modelo contempla la escuela como espacio no neutral en el que se trasmiten valores patriarcales asumidos como tradicionales que contribuyen a aumentar las diferencias entre hombres y mujeres. La escuela coeducativa tiene como objetivo la eliminación de estereotipos entre sexos superando las desigualdades sociales y las jerarquías culturales entre niños y niñas. Esta “perspectiva demanda, en una primera instancia, un cambio sustancial en las prácticas educativas y su significación para aquellos que tienen la responsabilidad social de formar y formarse como individuos (padres, maestros y adultos en general)”.
 
La escuela coeducativa es aquella que emprende acciones determinadas para erradicar los estereotipos de género, que incluye a todos los actores que en ella participan y se desprende del proyecto de centro escolar.
 
La coeducación ofrece una alternativa viable para que el proyecto de educación con igualdad sea una realidad en las escuelas de México y no un simple discurso político.
 
 
     
Referencias bibliográficas 
 
Hernández, G. et al. 1991. “Educación y genero”, en Cuader­
nos de psicología, vol. 6, pp. 45-82.
Navarrete, R. Erika. 2009. Coeducación: una alternativa hacia la construcción de la equidad de género en educación inicial. Tesis, Universidad Pedagógica Nacional.
Piñones, Patricia. 2005. “La categoría de género como dispositivo analítico en la educación”, en Memoria del primer Foro Nacional de Género en Docencia, Investigación y Formación docentes. inmujeres, México.
 
en la red: goo.gl/OmL7Cz goo.gl/bUpYFm
     
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Erika Navarrete Rodríguez
Jardín de niños federal Célestin Freinet, Estado de México.
     
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cómo citar este artículo 
 
Navarrete Rodríguez, Erika. 2015. Coeducación una alternativa para educar con perspectiva de género. Ciencias, núm. 115-116, enero-junio, pp. 66-68. [En línea].
     

 

 

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