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Los patrones
de género
y sus nuevas posibilidades
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Adolfo López Romo
 
                     
Los patrones de género son elementos que han
prevalecido dentro de las más importantes concepciones de cualquier cultura, háblese de la más remota tribu hasta la sociedad más avanzada del planeta; estos constructos mentales y culturales siempre se encuentran presentes delimitando y marcando las pautas de cómo debe de ser un hombre y una mujer de acuerdo con el propio contexto sociocultural y geográfico.
 
Las diferencias entre un hombre y una mujer radican principalmente en los caracteres sexuales, pues tanto uno como otro poseen las mismas capacidades y limitaciones, pero los patrones de género tergiversan esta diferenciación y van más allá, proponiendo moldes en que se debe adaptar el ser humano dependiendo del sexo que se tenga, dando sólo unas pocas posibilidades de poder ubicarse.
 
El ser hombre o mujer ha representado y representa uno de los factores determinantes en cuanto a la creación y mantenimiento de una sociedad, pues varias de las bases ideológicas y de acción dependen de los patrones de género que se establecen; podemos hablar así de tribus en África en donde el hombre es quien lleva el alimento a la familia, donde es él quien dirige la tribu y crea y encabeza todos los ritos identitarios para su comunidad; mientras la mujer es quien atiende las necesidades del hombre y reproduce o mantiene el número de habitantes. Por otro lado, podemos identificar también sociedades en donde la mujer es quien lleva el mandato, al ser ellas íntegramente la cabeza de familia, o bien al ser quienes toman las decisiones y llevan a cabo acciones en nombre de todos los que conforman su comunidad.
 
Masculinidad
 
La masculinidad es definida como el conjunto de características consideradas propias del hombre; pero en realidad: ¿cuáles son estas características?, y ¿cómo se definen en relación con la masculinidad?, pues al hablar de ello nos estamos refiriendo a la adopción de ciertas características que no sabemos con certeza si pertenecen o se deben atribuir al sexo masculino; ya que, como sabemos, las únicas características que corresponden al hombre son las de carácter físico y sexual, pues éstas quedan definidas dependiendo del sexo. Pero tal parece que esto ha significado muy poco en todo el tiempo en que las concepciones de género han prevalecido, pues aunque se habla de sociedades modernas aún se tiene el concepto arraigado de lo que significa tener sexo masculino.
 
El hombre es esa entidad fuerte, seguro de sí mismo, protector y guía de la familia y de cualquier grupo social, el campo sentimental está casi prohibido para él, pues aun cuando actualmente se promueve una cultura en donde los hombres ya pueden llorar o ayudar en la casa, realmente queda aún por debajo del agua, pues realmente es muy difícil encontrar hombres que entiendan esa posibilidad de descubrir su propia identidad sexual, de descubrir hasta dónde y cómo son capaces de llegar como hombres. Robert Moore y Gillette Douglas dicen que: “cuando oímos de un hombre que le ‘falta algo’, esto significa, en un nivel profundo, que no está experimentando y no puede experimentar sus estructuras cohesivas profundas”.
 
El hombre a lo largo de la historia ha llevado el papel activo dentro de la sociedad, es quien trabaja largas horas para llevar el sustento al hogar, es quien debe iniciar el cortejo hacia la mujer y es quien, sobre todas las cosas, debe dar la cara por la nación o por el grupo social. En torno a esto se presenta un fenómeno interesante, pues surge la posibilidad de adquirir diferentes rasgos que no se consideran o no se relacionan tanto con la masculinidad, pero ciertas situaciones o lugares dan a la persona la oportunidad de poder tenerlos; por ejemplo: el cabello largo o usar falda, si el grupo a donde se pertenece tiene esta característica.
 
Entonces, en lo anterior podemos ver que la concepción de masculinidad depende de un contexto cultural y que, sobre todo, no es general, pues los constructos que se hacen alrededor de ella responden a necesidades del propio lugar en donde se posicione.
 
Femineidad
 
Ahora, hablar de ser mujer o tener el sexo femenino, mejor dicho, es hablar de adquirir una posición pasiva dentro de la sociedad, pues las mujeres son remitidas al hogar, al cuidado y formación de los hijos; ya que aunque existe y se maneja esta nueva cultura donde ellas tienen las mismas oportunidades de desarrollarse en la sociedad como lo hacen los hombres, queda claro que esto no atiende de manera complementaria esta necesidad de igualdad en oportunidades, pues se plantea en un plano físico sin trascendencia, ya que no se da prioridad a la parte inconsciente del ser humano que tiene tales concepciones de género y que provocan que dicha equidad nunca se pueda alcanzar, al ser impedida por las propias personas.
 
La mujer siempre estará relacionada con el plano emocional, con el de lo sensible y, sobre todo, el del reproductivo. En torno a esto, sale a la luz la gran incógnita que rodea a las mujeres en cuanto a la sexualidad, pues la mayoría de los tabúes que prevalecen en las sociedades afectan más a las mujeres que a los hombres, o al menos eso se ha percibido, pues no deberían afectar a los dos de la misma forma, pero sí en partes iguales; contrariamente, lo que vemos es que su función se remite a la mera reproducción y no al goce mismo de la sexualidad. Según Marcela Lagarde: “el cuerpo y la sexualidad de las mujeres son, en efecto, un campo político definido, disciplinado para la producción y para la reproducción, construidos ambos campos como disposiciones sentidas, necesidades femeninas, irrenunciables”.
 
Actualmente se intenta proponer nuevas posibilidades para las mujeres en torno a oportunidades y modos de vida y desarrollo, pero las concepciones arraigadas desde la infancia perduran en el interior, ocasionando así que la mujer misma tenga que luchar con esto para poder lograr un desarrollo individual como ser humano y no como mujer.
 
El caso de México
 
Hablar de género en nuestro país es hablar de ser hombre y ser mujer, como en otros lugares, pero pareciera que es aquí donde se presentan modelos de género plenamente representados por las limitaciones que son impuestas, además de que de manera extrema se pueden observar estos patrones de género tanto masculino como femenino.
 
El patrón de género masculino en México tiene que ver, sobre todo, con el hombre trabajador, el que mantiene a la familia y es el centro del cuidado de la mujer; mientras que la mujer es la sumisa que atiende a los hijos en el hogar y quien debe suplir el papel de madre para el hombre. Si tales patrones se comparan con los de otros lugares, se obtendrían puntos similares, pero en México estos patrones pueden presentarse de forma extrema: como el machismo, —cualquiera que se refiera a esto viene a su mente el macho mexicano—, y es que hay varios elementos que adornan esta postura, tales como el sombrero, los bigotes, las botas, entre otros, que son característicos también del modelo que se tiene de un mexicano; pero todo esto no muestra sino un patrón de género fuertemente arraigado en el inconsciente del hombre en México, que si bien puede generar cambios en torno a esto, realmente los genera alrededor de este mismo patrón.
 
Ahora, hablar de la mujer mexicana y del tema del machismo es discutir de una fuerte relación de dependencia, pues la mujer muchas veces es la que propicia esto, como madre inculcando pequeños o grande destellos de machismo en el niño y educando a la mujer para aceptar esto. Como dice Matthew Gutmann: “sin importar qué tan confusas puedan parecer las identidades de género, por lo general comparten relaciones de dependencia mutua con estos ámbitos somáticos”. Pero, además, ella es quien será estigmatizada con la fuerte carga de no ser dueña de su sexualidad ni de su erotismo ni de su desarrollo personal e individual, Lagarde apunta: “el cuerpo de las mujeres es un cuerpo sujeto, y ellas encuentran fundamento a su sometimiento en sus cuerpos”.
 
Actualmente parece ser que estos patrones ya no imperan en la sociedad mexicana —o eso se dice—, pero la verdad es que aún quedan impregnados en la forma de educación de los niños en las familias; las limitaciones que generan estos patrones son devastadoras para los mexicanos, pues quienes optan por llevar a cabo diferentes patrones de género masculino o femenino, sucumben ante la presión de la sociedad quienes desconocen estas nuevas posibilidades que están llevando a cabo y les reprimen limitando su propia humanidad.
 
Nuevas posibilidades
 
La postura de abrir nuestro panorama y nuestra visión a nuevas posibilidades de saberse y sentirse hombre y mujer va encaminada a permitir que el ser humano no guíe su género por los constructos mentales y culturales que se le imponen y que le limitan a ser y actuar de determinada manera.
 
El género humano, como se decía en un principio, está diferenciado por los caracteres sexuales, pero después todas las demás diferenciaciones que se hacen en torno a esto no son respuestas a necesidades de un contexto; si reflexionamos sobre esto, podremos darnos cuenta de que el concepto de hombre o de mujer que se tiene o se predica no es absoluto, que no sólo se puede ser macho, mandilón, gay, lesbiana o “marimacha”, sino que existen más posibilidades de género que no necesitan de un adjetivo despectivo o que intente mostrar que estas formas de conducta no corresponden a algo “normal”, sino a algo anormal.
 
Los hombres experimentan situaciones que les hacen preguntarse sobre su identidad, sobre cuál es ahora el rumbo que deben seguir como hombres, pero todo esto es por la carga tan pesada que el sistema les impone y no son capaces de ver más allá y poder aspirar a un plan individual, pues son cegados por esa rigidez de género que retumba en su cabeza. Marco Augusto Gómez dice que: “la sociedad en riesgo pone en cuestión las identidades de género, las exigencias del sistema rompen con los antiguos roles”.
 
Los patrones de género son meras construcciones mentales y culturales que pueden ser transformados, se debe de ver la masculinidad y la femineidad no sólo con pocas posibilidades de llevar a cabo el género, sino que a partir de éste, el ser humano pueda crear su propia concepción de saberse hombre o saberse mujer y no ubicarse dentro de las pocas posibilidades que ofrece la sociedad, sino explorar y desarrollar con plenitud todas las posibilidades que tiene el ser humano.
 
Conclusiones
 
La sexualidad sigue siendo un tema difícil de abordar, sobre todo si se habla de patrones de género, pues —en principio— se iría en contra de las bases y de los intereses de la sociedad a la que sostienen, pero de manera personal creo que es necesario generar un cambio en torno a esto; no es posible que aún en este siglo existan personas que no puedan presentar nuevas posibilidades de masculinidad o femineidad sin que se le etiquete de forma denigrante.
 
La reflexión acerca del tema queda abierta y por supuesto hay muchísimo que discutir y analizar. La moral actual, aunque predique ser diferente y más abierta, aún debe de cambiar, desde la conciencia, desde el interior, en donde se encuentran arraigados dichos patrones de género. Hoy los hombres ya no son más los proveedores de la casa ni las mujeres las encargadas de la formación de los hijos, esos roles han quedado atrás y es necesario poder aceptar este cambio y poder implementarlo en la vida.
 
Creo que pensar en un cambio masivo en torno a esto es muy difícil, pero es posible generarlo. Nada es absoluto y nada está definido. Nosotros creamos nuestra realidad y por lo tanto podemos generar un cambio.
     
Referencias bibliográficas
 
Gómez, Marco Augusto. 2007. “Masculinidad en la ‘sociedad de riesgo”, en Reflexiones sobre masculinidades y empleo, Jiménez Guzmán, María Lucero y Olivia Tena Guerrero (coords.). unam-Crim, Cuernavaca. Pp. 33-57.
Gutmann, Matthew. 2000. Ser hombre de verdad en la ciudad de México: ni macho ni mandilón. El Colegio de México, México.
Lagarde, Marcela. 2001. Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. unam-CeiiCh, México.
Lamas, Marta (coord.). 1994. El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. unam, México.
Moore, Robert y Douglas Gillette. 1993. La nueva masculinidad. Paidós, Barcelona.
 
     
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Adolfo López Romo
Departamento  de Estadística de Investigación,
Innovación y Desarrollo Tecnológico,
Instituto Nacional de Estadística y Geografía
     
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cómo citar este artículo 
 
López Romo, Adolfo. 2015. Los patrones de género y sus nuevas posibilidades. Ciencias, núm. 115-116, enero-junio, pp. 80-83. [En línea].
     

 

 

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