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Fany Pineda Miranda
     
               
               
El uso recreativo y medicinal de sustancias psicoactivas
ilegales, como la marihuana, es un tema que en los últimos meses ha sido muy recurrente. Actualmente se busca un cambio que vaya de la perspectiva punitiva que vivimos a una de salud que lleve a la resolución de tal problemática. La idea es dejar de lado la estigmatización y criminalización de las personas usuarias de sustancias ilegales para lograr integrarlos al sistema de salud. El Programa de análisis de sustancias es una herramienta de reducción de riesgos y daños para que las personas usuarias tengan consumos menos riesgosos, que está basado en el respeto a los derechos humanos y provee información fundamentada en evidencia científica que ayuda a la mejora de la salud sin necesidad de dejar el consumo.
 
Los estudios etnológicos demuestran que el consumo de sustancias psicoactivas data de hace millones de años en diferentes pueblos del mundo. Antiguamente se ingerían productos vegetales, como el peyote, que son capaces de provocar cambios psicológicos y sensoriales debido a los alcaloides contenidos en las plantas y sus raíces, en su mayoría usados para efectos medicinales y como un acercamiento a los dioses. Además, ciertas sustancias han sido una fuente de nutrición, contra el hambre, para recuperarse de la fatiga o para reponer neurotransmisores en situaciones de escasez de comida, para viajar largas distancias o mantenerse en buen estado.
 
Los principios activos de distintas especies vegetales tienen semejanzas estructurales con los neurotransmisores humanos (serotonina, dopamina, norepinefrina, acetilcolina, histamina, etcétera), las cuales explican sus efectos en el cerebro y la mente. Las plantas psicoactivas no han cambiado; sin embargo, las prácticas de uso sí. A lo largo de la historia se han desarrollado diferentes químicos miméticos y análogos —con similares efectos en el sistema nervioso central— que actualmente se venden sin importar las restricciones políticas.
 
Como parte del sistema económico en el cual vivimos, la popularización del uso de drogas en el mercado aumentó los índices de consumo de sustancias psicoactivas, convirtiéndose así en parte de la relación entre las personas y las plantas o sustancias. Sin embargo, éstos han sido tomados como motivos para crear campañas antidrogas basadas en prejuicios y estigmas hacia ciertos grupos poblacionales por motivos étnicos y raciales. La prohibición de las drogas se mostró como una efectiva estrategia de control social, racial, económico y geopolítico. Cuando esta línea política llegó a la Organización de las Naciones Unidas, se estableció el sistema internacional de fiscalización que hoy día delimita el marco legal internacional en la implementación mundial de la prohibición. Ante la dificultad de establecer una prohibición sobre prácticas culturales y sociales arraigadas se declaró la guerra contra las drogas, como la llamó Nixon en 1971.
 
Estigmatización
 
En general, las personas piensan que las sustancias psicoactivas legales tienen un menor potencial de riesgo que las ilegales, pero no es así, de hecho son sustancias potencialmente más dañinas y más consumidas. La legalidad y la información insuficiente de los daños y los efectos de las sustancias favorece el que la sociedad estigmatice tanto las sustancias ilegales como a las personas usuarias.
 
La estigmatización, la criminalización, la falta de evaluación de la problemática, el no proceder acorde con lineamientos internacionales y nacionales ocasionan que la impartición de los servicio de salud se base, algunas ocasiones, en protocolos rígidos que afectan su efectividad, ya que no proporcionan el tipo de atención acorde con el nivel de severidad de las necesidades particulares de cada problemática. Esto genera que se corra el riesgo de impartir un tratamiento de menor o mayor intensidad a la que se requiere, perdiéndose entonces efectividad terapéutica; afectándose la recuperación y el fortalecimiento y mantenimiento de la abstinencia debido a que se obstaculiza la reinserción social y la rehabilitación en diferentes áreas del funcionamiento integral de la persona usuaria.
 
Abordar el consumo de sustancias psicoactivas con una filosofía de reducción de riesgos y daños permite tratar las drogas de una manera neutral, y ayuda a determinar cuál es la relación de la persona con la sustancia para desarrollar formas y estrategias de reducción de los impactos negativos derivados de las prácticas de uso y de las dinámicas socioculturales o, incluso, en caso de necesitarse y solicitarse, de apoyo en la interrupción del uso. Esta estrategia busca dotar a la sociedad de información de calidad que ayude a educar y tomar una mejor decisión al hacer uso de sustancias psicoactivas. El respeto a los derechos humanos es fundamental para enfrentar la realidad del consumo, pues las personas usuarias se sienten respetadas y esto puede acercarlos al sistema de salud.
 
La reducción de riesgos y daños parte del principio de que no todo uso es abuso. Por ejemplo, una persona que consume ocasionalmente alcohol, la cual podría definirse como bebedor social, no necesariamente tiene un problema con el uso de alcohol. Por este motivo se hace referencia a las diferentes facetas de consumo que se mueven en un continuo de prácticas de uso: abstinente, uso experimental, uso ocasional, uso habitual (repetido) y dependencia. Las personas suelen transitar entre éstas sin necesariamente presentar una problemática física o social, por lo que es necesario educar e informar a las personas usuarias para así dotarles de herramientas y evitar que se desarrolle un uso problemático o dependiente con prácticas riesgosas y dañinas para la sociedad y el usuario mismo.
 
Según la Encuesta Nacional de Adicciones de 2011, el alcohol es la sustancia más consumida, pero el consumo de sustancias ilegales ha aumentado y los adolescentes las utilizan cada vez más. La perspectiva prohibicionista en la que se busca la asepsia psicoactiva por medio de argumentos científicos insuficientes y con tintes morales no ha disminuido la prevalencia en el consumo ni ha frenado el incremento de la dependencia.
 
Para mejorar la salud de las personas usuarias de sustancias psicoactivas, en específico de aquellas que son ilegales, es fundamental cambiar la óptica, abordando el fenómeno desde un enfoque de salud pública y ofrecer alternativas con una perspectiva humanista, progresista, basada en el respeto a los derechos humanos y partiendo de la premisa de que el uso de sustancias psicoactivas existió, ha existido y existirá.
 
La ilegalidad ha provocado un letargo en la investigación científica por ejemplo los prejuicios disfrazados de conceptos científicos y la carga moral que ha orientado las políticas públicas no permiten generar información científica acerca de las nuevas sustancias psicoactivas, aun cuando existe un alto consumo de éstas. La creencia de que el consumo debe ser castigado ha afectado en una baja calidad de los casi nulos programas de salud que estén apegados a la realidad del consumo de sustancias, lo que es un riesgo significativo para las y los consumidores, ya que no existen acceso a otras opciones de salud.
 
Además, la ilegalidad de las sustancias aumenta el riesgo para la persona usuaria porque no existe control de calidad en la manufactura y en la mayoría de los casos las personas no saben realmente qué sustancia están comprando y es difícil conseguir algún tipo de asesoría o información dirigida los usuarios.
 
Un ejemplo reciente de las malas políticas frente al surgimiento de nuevas sustancias psicoactivas es lo sucedido en Costa Salguero, Buenos Aires, Argentina, donde en un festival de música se reportó la intoxicación de diez personas por consumo de “drogas de diseño” similares al éxtasis y algunos fueron internados por quemaduras internas (producto de altísimos estados febriles). El saldo fueron cinco jóvenes muertos y cinco hospitalizados a causa de la sustitución y adulteración de sustancias psicoactivas en el mercado clandestino. Los hospitales y clínicas de salud y su personal no están capacitados para atender en forma diferenciada a las personas que han hecho uso de sustancias psicoactivas, además de que en la mayoría de los países el procedimiento es primeramente notificar a la policía.
 
Al respecto, el Consejo Municipal de Rosario, Argentina, aprobó por unanimidad un decreto que recomienda poner en marcha estrategias de intervención para la reducción de daños por el consumo de drogas en las fiestas electrónicas, como son el análisis químico de pastillas para confirmar las sustancias que contiene la muestra que se va a consumir y descartar alguna sustancia más tóxica (es el caso de la pastilla conocida con el nombre de Superman, probable causante de las intoxicaciones en Costa Salguero, que ha sido rastreada en varios accidentes letales que involucran el consumo de sustancias psicoactivas). Este tipo de herramientas de reducción de riesgos y daños ya se implementan actualmente en países como Colombia, España y México, en donde se está probando el Programa de análisis de sustancias.
 
Una alternativa al modelo de prohibición
 
El Programa de análisis de sustancias ofrece una alternativa al modelo de prohibición, abstención y guerra contra las drogas como únicas estrategias para enfrentar su uso, y está basado en reconocer las diversas realidades del uso de plantas y sustancias ilícitas, buscando reducir los riesgos y daños del consumo, dotando a las personas usuarias de información sobre el contenido de las sustancias. Es un servicio gratuito, confidencial y libre de prejuicios, que no exige la interrupción del uso y constituye una estrategia innovadora que busca mejorar la salud con información que ayude a modificar los hábitos de consumo, volviéndolos menos riesgosos y disminuyendo los daños en cada consumo. Las personas usuarias difícilmente tienen contacto con algún sistema de salud y estos servicios suelen estar condicionados al cese del consumo. El Programa de análisis de sustancias no pide la interrupción del uso como requisito para brindar atención y provee a las personas usuarias de información neutral y basada en evidencia científica que las ayuda a la toma de decisiones para mejorar su calidad de vida.
 
Se trata, en el fondo, de una estrategia de prevención y reducción de riesgos y daños implementada por un equipo profesional de asesores que cuentan con un amplio conocimiento de efectos y riesgos de las sustancias psicoactivas, quienes ofrecen un asesoramiento en forma personalizada y adaptada a los intereses y objetivos de la persona que lo solicita. La orientación tiene una perspectiva de respeto a los derechos humanos, empatía y comprensión, además de la aceptación de la persona y su consumo, respetando su autonomía, así como la legitimidad de sus decisiones y deseos personales. La intervención se da en un ambiente entre pares, ya sea en un lugar fijo o en espacios de consumo como festivales y conciertos.
 
La intervención en festivales de música in situ consta de: 1) infostand, que es un espacio donde se exponen materiales con información objetiva basada en evidencia científica de dieciocho sustancias psicoactivas diferentes, sin tintes morales o paternalistas; a éstos se suman las guías legales para personas usuarias de drogas, condones, lubricantes y popotes para esnifar. Todo el material se entrega sin condiciones y de forma gratuita; 2) una mesa de análisis, en donde se recibe a las personas usuarias que buscan información sobre la sustancia que están por consumir y se analiza químicamente su muestra para determinar la sustancia preponderante. Se les explica el procedimiento de análisis de la sustancia y las formas de uso. La sustancia es analizada frente a la persona usuaria y los resultados son explicados a detalle. En caso de que el resultado sea negativo, es decir, que la sustancia no sea la esperada o deseada, la persona usuaria tiene la opción de desechar la sustancia evitando correr riesgos innecesarios. Sea positivo o negativo el resultado, al finalizar el análisis se ofrece a la persona usuaria información sobre sustancias psicoactivas y las diferencias en cuanto a efectos, así como riesgos y daños asociados a cada una. En esta mesa se realiza el análisis colorimétrico, el cual consiste en la aplicación de tres reactivos (mandelin, mecke y marquis) que cambian de color al entrar en contacto con la sustancia. El resultado es cualitativo y ayuda a determinar presencia o ausencia de sustancias psicoactivas en función de la cadena de reacciones que haya resultado; y 3) un análisis de cocaína con una prueba semicuantitativa que determina si hay cocaína en la muestra; si la hay entonces la capa inferior de cloroformo se volverá de un color azul intenso. Asimismo, se hace un análisis en laboratorio llamado cromatografía en capa fina, una técnica cualitativa que ayuda a determinar exactamente qué sustancias contiene la muestra analizada, los compuestos derivados, diluyentes y adulterantes, lo cual permite apreciar la gama de sustancias de las que está compuesta la muestra; y 4) una “zona de aterrizaje”, esto es, un espacio que cuenta con lugares cómodos para recostarse, esencias frutales, agua, comida y algunos instrumentos musicales. Aquí se reciben a personas que tienen comportamientos que pongan en peligro a las y los asistentes o que tengan algún “mal viaje”.
 
El Programa de análisis de sustancias lo conforma un grupo de expertos de tres organizaciones civiles: Colectivo por una política integral hacia las drogas, Reverdeser colectivo y Espolea. Son organizaciones de la sociedad civil que trabajan en el marco de un convenio con la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y el Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones con el fin de implementar una estrategia de reducción de riesgos y daños dirigida a personas usuarias de sustancias psicoactivas con una perspectiva de derechos humanos, basada en información científica y objetiva que ayude a empoderarlos para la toma de decisiones.
 
A lo largo de dos años y medio de trabajo se ha hecho incidencia en diez festivales de música en la ciudad de México y zonas conurbadas, impactando aproximadamente 8 000 asistentes con panfletos de información, condones, frutas y agua en forma gratuita. El promedio de edad de los usuarios del servicio del Programa de análisis de sustancias es de 26.5 años, 70% son hombres y 30% mujeres. Se han realizado cientos de análisis colorimétricos, tanto en laboratorio como in situ en festivales de música, raves y eventos culturales que arrojan resultados alarmantes: se ha encontrado que entre 40 y 60% de las muestras analizadas están adulteradas, incluso se han encontrado muestras que no se logran identificar con la técnica de análisis con colorimétricos, por lo que podrían ser nuevas sustancias psicoactivas. Asimismo, en los resultados de análisis de cromatografía en capa fina hay porcentajes de adulteración de hasta 80% en las muestras analizadas.
 
El Programa de análisis de sustancias forma parte de una red internacional de reducción de riesgos y daños y ha presentado sus resultados por dos años consecutivos en el Congreso Historia y Práctica de las Drogas en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (20142015), en la Reform Conference organizada por Drug Policy Alliance (2015), en el Diplomado de Política de Drogas Salud y Derechos Humanos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (2016), y en la Universidad de Harvard, en la carrera de salud pública (2016).
 
     
Referencias Bibliográficas
 
Carrascoza, César A. (coord.). 2013. Aspectos culturales, sociales y preventivos de las adicciones en México. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México.
Hawks, David, Katie Scott y Myanda McBride. 2002. Prevention of Psychoactive Substance Use: a Selected Review of What Works in the Area of Prevention. World Health Organization, Ginebra.
Montané, E., M. Duran y A. Figueras. 2005. “Scientific drug information in newspapers: sensationalism and low quality. The example of therapeutic use of cannabinoids”, en Eur J Clin Pharmacol, vol. 61, núm. 5-6, pp. 475-477.
Nutt, David, et al. 2007. “Development of a rational scale to assess the harm of drugs of potential misuse”, en The Lancet, vol. 369, núm. 9566, pp. 1047-1053.
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Tatarsky, Andrew. 2002. Psicoterapia de reducción de daños. Un nuevo tratamiento para problemas de drogas y alcohol. Janson Aroson Inc., California.

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Fany Pineda Miranda
Facultad de Psicología,
Universidad Nacional Autónoma de México.


Fany Pineda Miranda es licenciada en psicología por la Facultad de Psicología de la UNAM, con especialidad en neurociencias. Cuenta con experiencia en el manejo de talleres psicoeducativos para grupos de adolescentes, padres de familia, maestros, consumidores de sustancias psicoactivas, familiares de consumidores y personas que viven en situaciones extremas que tienen la finalidad de enfrentar la problemática, la prevención en el uso de sustancias psicoactivas y desestigmatización de personas usuarias para lograr una mejor reinserción social. También es coordinadora de el área de recepción de muestras y entrega de resultados en el Programa Análisis de Sustancias.
     

     
 
cómo citar este artículo
 
Pineda Miranda, Fany. 2017. Programa de análisis de sustancias, una estrategia innovadora de reducción de riesgo y daño en el consumo de drogas. Ciencias, núm. 122-123, octubre 2016-marzo, pp. 68-73. [En línea]. 
     

 

 

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