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Carlos Martínez Zepeda, Tamara Guadalupe Osorno Sánchez
y Roberto Cisneros Lindig
     
               
               
La primera revolución industrial, originada en Gran Bretaña
en siglo xviii, marcó un parteaguas en las formas de producción que generaron una serie de transformaciones económicas, tecnológicas y sociales jamás ocurridas en la historia hasta ese entonces y cuyos efectos persisten en nuestros días. Tales cambios se centraron fundamentalmente en un aumento en la producción de bienes en menor tiempo, proceso que requirió grandes cantidades de recursos naturales a la par que se generaban otras tantas de desechos que eran vertidos al ambiente. Esto ocasionó que, en muchas regiones industrializadas, grandes extensiones de tierra degradada dominaran el territorio provocando la desaparición de paisajes enteros con distintas historias de manejo.
 
Como consecuencia, comenzaron a vislumbrarse problemas de degradación ambiental que afectan a la provisión de bienes y servicios ecosistémicos y a la biodiversidad, de los cuales las sociedades humanas dependen. En un intento de resolver los cada vez más agudos problemas de degradación ambiental y paralelamente mejorar la calidad de vida, se han propuesto varias alternativas, entre las que se destaca la restauración de ecosistemas.
 
A grandes rasgos, la restauración busca mejorar las condiciones ecológicas de un sitio o territorio en función de múltiples objetivos. Sin embargo, desde su origen en los años treintas y su consolidación como ciencia en los ochentas, la restauración ha venido sufriendo distintos cambios conceptuales como consecuencia de nuevas aportaciones en la ecología y ciencias afines, lo que ha resultado en una constante búsqueda de nuevas metas y aproximaciones.
 
La restauración del paisaje es un concepto nuevo que considera la heterogeneidad de formas de uso de suelo y trata de incluir a todos los actores afectados por los usos perjudiciales de los ecosistemas. Este concepto puede complementarse con el enfoque integrado de cuencas para establecer procesos de gestión combinada.
 
¿Qué es la restauración ecológica?
 
La ecología de restauración, ciencia aún en desarrollo, es una disciplina que aporta conocimientos para llevar a cabo el proceso de restauración ecológica que, en términos generales, busca solucionar problemas de degradación ambiental ocasionados por la actividad humana sobre los ecosistemas. Sin embargo, desde su origen este ha sufrido una serie de trasformaciones ocasionando cambios de paradigmas. Las primeras aproximaciones en torno a la restauración ecológica buscaban alcanzar objetivos puntuales tales como la recuperación de la productividad, la generación de entornos de conservación y la modificación de la composición florística, entre otros. Dichas metas se desarrollaron en torno a un enfoque de inmutabilidad y equilibrio ecológico de la naturaleza, por lo que las intervenciones eran puntuales y en muchos casos no se consideraba el involucramiento de la sociedad.
 
Bajo este paradigma se crearon proyectos de restauración que buscaban regresar el ecosistema alterado a un estado previo al disturbio o a un estado prístino, para lo cual empleaban un ecosistema de referencia como modelo a replicar. Sin embargo, ante el avance de las investigaciones de la autoecología y la sinecología, y los cambios cada vez más evidentes en la biósfera como el calentamiento global, la degradación de los ecosistemas y la reducción de la biodiversidad, entre otros, se hizo evidente que existía una dinámica difícilmente predecible así como umbrales en los ecosistemas que, al ser modificados, producían cambios drásticos en éstos; además, comenzó a reconocerse el papel que desempeñan la sociedad y la economía en su manejo y restauración.
 
Ante este panorama, el paradigma de inmutabilidad y equilibrio ecológico perdió vigencia y comenzó a transformarse paulatinamente, incorporando nuevos conceptos ecológicos tales como los umbrales y estados alternativos, las dinámicas de sucesión de la vegetación, la invasión de especies, la dinámica de disturbios, las consideraciones genéticas para restaurar, los efectos de prioridad y la resistencia de la diversidad en el ensamble de las comunidades.
 
Ante esta transformación, la restauración comenzó a perseguir otra clase de metas, como la recuperación de la estructura y función del ecosistema para asegurar o mejorar el aprovisionamiento de los servicios ecosistémicos y superar umbrales ecológicos indeseados, pero ya bajo una visión de cambio continuo en el ecosistema a escala de paisaje, considerando a la sociedad como eje para efectuar la restauración.
 
Esta nueva aproximación es sintetizada en la definición que propone la Society for Ecological Restoration International (seri) en 2004: “el proceso de ayudar el restablecimiento de un ecosistema que se ha degradado, dañado o destruido, y para hacerlo se busca retornarlo a su trayectoria histórica al iniciar o facilitar la reanudación de procesos (y funciones) ecológicos”. Dicho acercamiento es utilizado por diversos autores en la materia.
 
En términos generales, cualquier proyecto de restauración se desarrolla en un contexto de incertidumbre, ya que al ser un proceso de asistencia no es posible controlar todos los fenómenos que operan en el ecosistema, por tanto es importante tomar en cuenta la posibilidad de no lograr los objetivos planteados inicialmente, lo que implica reconocer la existencia de estados alternativos a los cuales los ecosistemas puedan virar.
 
En el futuro se espera que la restauración permita objetivos múltiples que van desde la conservación de la biodiversidad hasta la recuperación de funciones ecosistémicas, enfatizando la dimensión social e incluyendo sus motivaciones y metas, todo ello en un entorno de entendimiento ecológico más profundo y de mayor capacidad tecnológica, y esperando que las intervenciones de restauración se apliquen a gran escala, es decir, que la ésta se ejecute a la escala de paisaje.
 
¿Qué es la restauración del paisaje?
 
Como se mencionó anteriormente, en la mayoría de los casos la restauración se lleva a cabo centrándose en las características del sitio a intervenir; sin embargo, este acercamiento se ha transformado gradualmente hasta adoptar una perspectiva de paisaje, la cual considera procesos ecológicos y antrópicos en el contexto de todo el paisaje e incluso a escala regional.
 
Actualmente, la restauración ecológica no solamente busca enfocarse en el restablecimiento o recuperación de un sitio en particular en el ecosistema, sino que también se intenta integrar los sistemas restaurados en la matriz del paisaje, la cual puede estar compuesta por distintos parches de vegetación y corredores, cuyos procesos ecológicos son susceptibles de variar según las condiciones a las que estén expuestos.
 
Un paisaje puede entenderse como un espacio geográfico definido por el observador, quien de manera subjetiva estratifica, codifica y selecciona componentes particulares de lo observado, poniendo límites y filtrando objetos de manera arbitraria en una extensión de espacio y tiempo establecida por sí mismo. Es decir, un paisaje puede ser clasificado con base en distintos atributos: estructurales (tipo de vegetación), hábitat de especies, características funcionales o bien geográficas, una perspectiva en donde es posible incluir las cuencas hidrográficas.
 
Diversos autores han propuesto dos formas de implementar acciones para la restauración del paisaje: la primera se refiere a la “naturalización”, que abarca la recuperación escénica del ecosistema; la segunda es el “refuncionamiento”, que corresponde a la recuperación de los procesos inherentes al ecosistema más allá de la mera percepción estética, lo cual puede lograrse por medio de la conectividad ecológica o funcional, entendida como “la capacidad del territorio para permitir los desplazamientos de los organismos entre los parches con recursos”.
 
Se ha propuesto también una aproximación a los procesos que afectan el ecosistema a escala de paisaje, causando que éste pierda funcionalidad. Un ecosistema original puede tener estados alternos con distintos grados de degradación y niveles de complejidad estructural y biológica que puede ir transitando hacia estados menos deseables. Si tenemos un paisaje natural, con poca intervención humana, que conserva buena cobertura, presta servicios y es resiliente, y bajo un esquema de uso e intervención moderada puede transformarse en un paisaje funcional con menor cobertura y conectividad, pero que aún presta servicios, si esta tendencia de uso continúa acentuándose, el panorama cambiará a un paisaje degradado con escasa cobertura, alta fragmentación y poca conectividad, situación en donde existe el riesgo de que el ecosistema cruce un umbral bajo el cual deja de proveer servicios. Si este paisaje quiere ser recuperado deben de efectuarse acciones de restauración e inversión de recursos económicos y políticos para recuperar su funcionalidad.
 
En términos generales, la restauración del paisaje da la oportunidad de satisfacer diversos objetivos, ya que reconoce su multifuncionalidad. Esto implica reconocer la coexistencia de múltiples usos de suelo, tales como actividades productivas, zonas de conservación y de aporte de servicios ecosistémicos, a la par que se restaura; una situación que no sería posible si sólo se trabajara con parches aislados. Actualmente, la estrategia que se emplea con mayor frecuencia es la recuperación de paisajes forestales, cuyas acciones tienen por objeto restituir la funcionalidad ecológica en zonas degradadas, a la par que se mejora el bienestar humano.
 
Algunos especialistas proponen una serie de puntos para la restauración de este tipo de paisajes: a) restaurar paisajes enteros y no sitios individuales; b) recuperar la funcionalidad a escala de paisaje con el objeto de mejorarlo y convertirlo en un hábitat rico, resistente y resiliente; c) considerar beneficios múltiples, lo que implica generar bienes y servicios ecosistémicos; d) considerar una amplia gama de estrategias técnicas para la restauración del paisaje; e) incluir a los actores locales en el diseño y ejecución de la restauración; f) adaptarse a condiciones sociales, económicas y ecológicas locales; g) emplear un enfoque de gestión adaptativa; y h) evitar la reducción forestal preexistente.
 
La búsqueda de la conectividad es un aspecto importante en la restauración de paisajes, ya que es clave para la conservación y restauración de ecosistemas. Una estrategia para lograr conectividad es la implementación de corredores biológicos, ya que permite a las especies desplazarse a través de una matriz de ambientes cambiantes, se mejora el flujo genético de sus poblaciones y se reduce el efecto de la fragmentación y el aislamiento de hábitats; es el caso, por ejemplo, de paisajes agrícolas conformados por tierras de cultivo, vegetación espontánea y vegetación de límites (linderos y riberas), en donde la conectividad ecológica es brindada principalmente por el adecuado manejo de la vegetación limítrofe, repercutiendo positivamente en especies silvestres de fauna, ya que en ella encuentran alimento, refugio, zonas de reproducción y corredores de desplazamiento.
 
Muchas veces, el paisaje a restaurar presenta múltiples usos de suelo, como zonas forestales sanas, sitios degradados, tierras agrícolas, de pastoreo, etcétera; en tales casos la meta de la restauración es mejorar el funcionamiento del paisaje al complementar los usos de la tierra ya existentes con la finalidad de obtener un paisaje heterogéneo y sin comprometer la sostenibilidad del componente social ahí persistente.
 
Esto significa que mejorar el funcionamiento del paisaje no solamente implica generar conectividad ecológica ni complementar distintos usos de suelo existentes, sino también reestablecer procesos intrínsecos del ecosistema, buscando recuperar bienes y servicios ecosistémicos, biodiversidad y resiliencia a largo plazo.
 
Los principios anteriores constituyen, en conjunto, un enfoque emprendedor y dinámico que se adapta a medida que la sociedad cambia o surgen nuevas metas en la restauración. Sin embargo, planificar y ejecutar las acciones de restauración del paisaje no siempre es tarea fácil, ya sea por dificultades sociales, económicas, y territoriales, entre otras. Es en este punto donde el manejo integrado de cuencas surge como un enfoque que permite articular los objetivos de la restauración e integrarlos con el aprovechamiento y la conservación de los recursos en un territorio dado con visión a largo plazo. Sin embargo, conjugar la restauración del paisaje y el manejo de cuencas hidrográficas supone todo un reto.
 
¿Qué es el manejo integrado de cuencas?
 
En esencia, una cuenca es un espacio geográfico natural delimitado por un parteaguas donde el agua fluye hacia un único punto de salida. Las cuencas albergan los recursos naturales y las sociedades mismas, es decir que las cuencas hidrográficas son socioecosistemas, como los define Duarte, en donde “los sistemas naturales se vinculan e interactúan de manera dinámica e interdependiente con uno o más sistemas sociales”; asimismo, son proveedoras de bienes y servicios ecosistémicos de los que depende la sociedad humana y los mismos ecosistemas.
 
Las cuencas pueden ser abordadas de dos maneras simultáneas en función de la escala geográfica o por su dinámica hidrológica: la primera consiste en un orden jerárquico donde la cuenca principal alberga otras más pequeñas —cuenca, subcuenca, microcuenca y unidad de escurrimiento; la segunda consiste en unidades espaciales diferenciadas por la dinámica del agua, territorios que se conocen como zonas funcionales —la zona alta, de captación e infiltración de agua, la zona media, de transición, transporte y almacenamiento, y la zona baja, de almacenamiento, sedimentación y tributaria de agua a otras cuencas.
 
El manejo integrado de cuencas busca lograr un adecuado aprovechamiento de los recursos naturales, a la par que propiciar una mejora en la calidad de vida, el desarrollo y la calidad ambiental. Por ello, el manejo de este tipo de territorios requiere abordar las cuestiones ambientales comunes, de manera que se vinculen distintas disciplinas, generando así un marco interdisciplinario que contribuya a la toma de decisiones, partiendo de un análisis integral de la estructura y el funcionamiento de la cuenca, vinculándose en todo momento con aspectos políticos, económicos y sociales que ocurren en su interior. El enfoque de cuencas hidrográficas considera así una visión integral y sistémica del territorio, una perspectiva desde la cual se puede identificar diversas problemáticas, predecir consecuencias y llevar a cabo acciones de gestión y manejo.
 
Las acciones de manejo pueden resumirse en tres grandes rubros: aprovechamiento, conservación y restauración. El primero se refiere al uso de los bienes y servicios ecosistémicos que suministran los ecosistemas de la cuenca; el segundo consiste en la protección y preservación de espacios y procesos que mantienen la estructura y funcionalidad de la cuenca; y el tercero aborda la recuperación de espacios y procesos que se han perdido en la cuenca por diversas causas y que afectan su adecuado funcionamiento. Es en este último punto donde el manejo integrado de cuencas puede crear sinergia con los objetivos de la restauración del paisaje, ya que el primero provee las herramientas generales para poner en marcha los objetivos del segundo, apoyándose mutuamente los tres con el fin de mantener una visión territorial integrada.
 
Los retos de este enfoque
 
La cuenca puede considerarse como la unidad básica para el análisis y la planificación, ya que es un territorio bien definido que puede emplearse para delimitar un ecosistema y en donde pueden coexistir múltiples usos de suelo. Esto permite identificar claramente cuándo y dónde ejecutar acciones de restauración, considerando aspectos socioeconómicos y biofísicos basados en la vocación natural de la cuenca y su funcionalidad hídrica.
 
Este enfoque permite subdividir jerárquicamente una cuenca hasta obtener un nivel adecuado de ejecución de propuestas, lo que facilita la planificación de las acciones de restauración en diferentes escalas espaciales, permitiendo la ejecución de dichas acciones en sitios puntuales que en conjunto constituyan, a mayores escalas, un proyecto de restauración a escala de paisaje.
 
Del mismo modo, la cuenca constituye un territorio donde puede estudiarse el funcionamiento de procesos que ocurren en ella por medio de indicadores ambientales; el más común es el agua. Debido a que el agua fluye por todos los usos de suelo, sometidos a distintos esquemas de manejo, y se concentra en las zonas bajas, muestra evidencias indirectas de las acciones de manejo efectuadas. La posibilidad de monitorear acciones de manejo y restauración se vuelve factible así a escala de paisaje, ya que éste puede subdividirse en cuencas o identificar paisajes en su interior, lo que permite evaluarlos para poder conducir las acciones de aprovechamiento, conservación y restauración hacia un rumbo deseado.
 
Otro aspecto que el manejo integrado de cuencas puede aportar a la restauración es el involucramiento de la sociedad en la toma de decisiones de manera organizada. Ya que el objetivo primordial del enfoque de cuencas es mejorar el bienestar humano y ambiental por medio de una adecuada planificación y ordenamiento del territorio a corto, mediano y largo plazo, la restauración del paisaje puede ser diseñada e implementada por los propios habitantes, promoviendo la cohesión social y un empoderamiento sobre el territorio.
 
El enfoque de cuencas favorece la restauración al brindar la posibilidad de predecir consecuencias ante los distintos escenarios de manejo por medio de la elaboración de modelos ambientales, un punto crucial para la toma de decisiones en cuanto al aprovechamiento, la conservación y la restauración; surge además la posibilidad de comparar cuencas, y por ende paisajes, en sus aspectos socioeconómicos y ambientales.
 
Un factor importante que se debe tomar en cuenta también es que las acciones de restauración son costosas y no siempre se cumplirán los objetivos inicialmente planteados; es por ello que este tipo de acciones son efectuadas como última opción en el contexto del manejo de recursos naturales, generalmente cuando existen problemas de degradación ambiental que afectan perceptiblemente a las sociedades; conviene entonces trabajar también bajo el enfoque de una gestión integrada
 
Consideraciones finales
 
Los aspectos antes descritos constituyen una nueva aproximación, esto es, cómo el enfoque de cuencas puede contribuir a que se logren las metas de restauración e incluso más allá, ya que éste toma en consideración procesos ecológicos y aspectos socioeconómicos. Al conjugar ambos se puede constituir un acercamiento novedoso a la planeación y el manejo de los recursos naturales de un territorio a corto mediano y largo plazo.
 
Es necesario continuar y profundizar la reflexión y la crítica con la intención de que surjan nuevas ideas y propuestas que ayuden a complementar y mejorar la restauración y el manejo integrado de cuencas.
 
     
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Carlos Martínez Zepeda
Facultad de Ciencias Naturales,
Universidad Autónoma de Querétaro.


Licenciatura en la Universidad Autónoma Metropolitana, actualmente cursa estudios de maestría en Gestión Integrada de Cuencas en la Universidad Autónoma de Querétaro enfocándose en restauración ambiental.

Tamara Guadalupe Osorno Sánchez
Facultad de Ciencias Naturales,
Universidad Autónoma de Querétaro.


Estudios de licenciatura y maestría en el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Se graduó como doctora en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas. Actualmente es profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Autónoma de Querétaro.

Roberto Lindig Cisneros
Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad,
Universidad Nacional Autónoma de México.

Realizó sus estudios de licenciatura y maestría en la Universidad Nacional Autónoma de México. Doctor por el Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad de Wisconsin en Madison. Actual responsable del Laboratorio de Restauración Ambiental en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad.
     

     
 
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