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  del tintero  
     
Los físicos
 
 
 
Friederich Dürrenmatt
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Newton: Richard.
Inspector: Dígame, Albert.
Newton: ¿Verdad que le molesta no poder detenerme?
Inspector: Pero Albert...
Newton: ¿Querría detenerme por haber estrangulado a la enfermera o por haber hecho posible la bomba atómica?
Inspector: Pero Albert...
Newton: ¿Qué ocurre cuando usted gira el interruptor que hay junto a la puerta, Richard?
Inspector: Se enciende la luz.
Newton: Produce usted un contacto eléctrico. ¿Entiende algo de electricidad Richard?
Inspector: Yo no soy físico.
Newton: Yo tampoco entiendo mucho. Me limito a formular una teoría basada en observaciones empíricas, la transcribo en lenguaje matemático y obtengo varias fórmulas. Luego vienen los técnicos, que sólo se interesan por las fórmulas. Tratan la electricidad como un rufián a sus prostitutas. Las explotan. Construyen máquinas, y una máquina solamente es utilizable cuando se independiza de los postulados teóricos que condujeron a su invención. De ahí que hoy en día cualquier burro pueda encender una bombilla [...] o hacer explotar una bomba atómica. (Le da unas palmaditas en el hombro al inspector). Y ahora usted quiere detenerme por eso, Richard. No es justo.
Inspector: Pero si no tengo la menor intención de detenerlo.
Newton: Sólo porque me cree loco. Pero ¿por qué no se niega a encender las luces si no entiende nada de electricidad? El criminal aquí es usted Richard. Y ahora tengo que esconder otra vez mi coñac, o la enfermera en jefe se pondrá frenética. (Newton vuelve a esconder la botella de coñac tras la rejilla de la chimenea, pero deja la copa sobre la mesita). Adiós.
Inspector: Adiós, Albert.
Newton: ¡Debería detenerse a sí mismo, Richard!
(Desaparece otra vez en la habitación número tres).
Inspector: Ahora me limitaré a fumar.
***
Möbius: He estado un poco violento, ¿verdad?
Enfermera Monika: Bastante.
Möbius: Tenía que decir la verdad.
Enfermera Monika: Así parece.
Möbius: Y acabé loco.
Enfermera Monika: Fingió estarlo.
Möbius: ¿Se dio usted cuenta?
Enfermera Monika: Ya llevo años cuidándolo.
Möbius (va de un lado a otro, y luego se detiene): Pues sí. Reconozco que he fingido estar loco.
Enfermera Monika: ¿Por qué?
Möbius: Para despedirme de mi esposa y de mis hijos. Una despedida para siempre.
Enfermera Monika: ¿De ese modo tan atroz?
Möbius: De ese modo tan humano, querrá usted decir. Si se está en un manicomio, la mejor manera de anular el pasado es comportándose como un loco, mi familia podrá ahora olvidarme con la conciencia tranquila. La escena que acabo de montar les habrá quitado las ganas de volver a verme. Por lo que a mí respecta, las consecuencias son irrelevantes; sólo importa la vida fuera del sanatorio. Estar loco cuesta una fortuna. Durante años mi buena Lina ha venido pagando sumas astronómicas, y había que poner punto final a todo esto. Era el momento propicio. Salomón me ha revelado cuanto había que revelar, el sistema de todos los inventos posibles se ha cerrado, las últimas páginas ya han sido dictadas y mi mujer ha encontrado un nuevo esposo en la persona del misterioso Rose, un hombre honrado a carta cabal. Puede usted estar tranquila, señorita Monika. Todo está en orden. (Quiere irse).
Enfermera Monika: Lo tenía usted todo planeado.
Möbius: Por algo soy físico. (Se vuelve hacia su habitación).
Enfermera Monika: Señor Möbius.
Möbius (deteniéndose): ¿Señorita Monika?
Enfermera Monika: Tengo que hablar con usted.
Möbius: Soy todo oídos.
Enfermera Monika: Se trata de nosotros dos.
Möbius: Pues, entonces, sentémonos.
(Se sientan. Ella en el sofá y él en el sillón de la izquierda).
Enfermera Monika: También nosotros tendremos que despedirnos. Para siempre.
Möbius (asustado): ¿Me abandona?
Enfermera Monika: Es una
orden.
Möbius: ¿Qué ha pasado?
Enfermera Monika: Me trasladarán el pabellón principal. Desde mañana habrá aquí enfermeros encargados de la vigilancia. De ahora en adelante, a ninguna enfermera le está permitido poner los pies en esta villa.
Möbius: ¿Debido a Newton y Einstein?
Enfermera Monika: A petición del fiscal. La directora temía que surgieran dificultades y cedió.
(Silencio).
***
Einstein: ¿Y lo dice tan tranquilo?
Möbius: ¿Cómo quiere que lo diga?
Einstein: Mis servicios secretos creían que usted está elaborando la teoría uniforme de las partículas elementales...
Möbius: También puedo tranquilizar a sus servicios secretos. La teoría uniforme del campo ha sido formulada.
Newton (secándose el sudor de la frente con una servilleta): ¡La fórmula universal!
Einstein: ¡Increíble! ¡Hace años que, en gigantescos laboratorios estatales, hordas de físicos bien remunerados intentan en vano hacer progresar la física, y usted lo consigue sentado al escritorio de un manicomio y sin mayor esfuerzo! (También se seca el sudor de la frente con la servilleta).
Newton: ¿Y el sistema de todos los inventos posible, Möbius?
Möbius: También existe. Lo elaboré por curiosidad, como un complemento practico a mis trabajos teóricos. ¿Por qué habría de hacerme el inocente? Todo lo que pensamos tiene sus consecuencias. Era mi deber estudiar las repercusiones de mis teorías del campo y de la gravitación. El resultado es devastador. Si mis investigaciones cayeran en manos de los hombres, se liberarían fuentes de energía nuevas e inconcebibles y se inventarían técnicas que superan todo lo imaginable.
Einstein: Será algo muy difícil de evitar.
Newton: El problema está en saber en qué manos caerán.
Möbius (riéndose): Y seguro que usted, Kilton, le desea esta suerte a sus servicios secretos y al Estado Mayor que está detrás.
Newton: ¿Por qué no? Cualquier Estado Mayor me resulta igualmente sagrado para reinsertar en la comunidad científica al físico más grande de todos los tiempos.
Einstein: Para mí sólo es sagrado mi Estado Mayor. Estamos suministrando a la humanidad unos instrumentos de poder descomunales. Y eso nos da derecho a imponer condiciones. Debemos decidir a favor de quien queremos aplicar nuestra ciencia, y yo me he decidido.
Newton: Absurdo, Eisler. Lo importante es la libertad de nuestra ciencia y nada más. Nuestra misión es abrir nuevos caminos y punto. Que la humanidad sepa o no recorrer el camino que nosotros le trazamos, es asunto suyo, no nuestro.
Einstein: Es usted un esteta lamentable, Kilton. ¿Por qué no se viene con nosotros, si lo único que le preocupa es la libertad de la ciencia. Hace tiempo que nosotros tampoco podemos permitirnos tener a los físicos bajo tutela. También necesitamos resultados. Nuestro sistema político se ve igualmente obligado a hincar la rodilla ante la ciencia.
Newton: Nuestros dos sistemas políticos, Eisler, tienen que hincar la rodilla ante Möbius, sobre todo.
Einstein: Al contrario. Es él quien tendrá que obedecernos. Después de todo, ambos lo tenemos en jaque.
Newton: ¿De veras lo cree? Me parece que somos más bien nosotros dos quienes nos tenemos mutuamente en jaque. Por desgracia, nuestros servicios secretos han tenido la misma idea. Si Möbius se va con usted, yo no puedo hacer nada en contra porque usted me lo impediría. Y usted se quedaría inerme si Möbius se decidiera en mi favor. Es él quien puede elegir en este caso, no nosotros.
Einstein (Levantándose solemnemente): Cojamos nuestros revólveres.
Newton (También se levanta):
Muy bien. Combatamos.
(Newton coge los dos revólveres ocultos en la chimenea y le entrega el suyo a Einstein).
Einstein: Lamento mucho que este asunto tenga un final cruento. Pero debemos disparar. Uno contra el otro y, por supuesto, contra los guardianes e incluso contra Möbius, si fuera necesario. Podrá ser el hombre más importante del mundo pero sus manuscritos son más importantes.
Möbius: ¿Mis manuscritos? ¡Si los he quemado! (Silencio mortal).
 
 
Friederich Dürrenmatt
Novelista y dramaturgo
Nota
Fragmentos de la obra de teatro Los físicos del dramaturgo, novelista y ensayista suizo Friederich Dürrenmatt escrita en 1962. En esta obra, un físico nuclear llamado Möbius se percata de que con su fórmula se puede crear un arma mortífera y se pregunta cómo proteger al mundo. Opta por la mejor forma de encubrimiento: el teatro, la mascarada. En lugar de convertirse en símbolo del conocimiento humano en nuestra era, abandona a su familia y se refugia en un manicomio finge estar loco, sobre todo para poder presentar sus descubrimientos como producto de su locura.
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como citar este artículo

Dürrenmatt, Friederich y (Traducción Del Solar, Juan José). (2005). Los físicos. Ciencias 80, octubre-diciembre, 60-63. [En línea]
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