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¡Felicidades a CONABIO!
Patricia Magaña Rueda
   
   
     
                     
Resulta gozoso celebrar en México las cosas que salen bien,
más aún si se trata de proyectos que dependen de instancias gubernamentales porque con frecuencia la gran cantidad de problemas que vivimos cotidianamente nos lleva al pesimismo. La celebración de los veinte años de existencia de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (conabio) significan un feliz acontecimiento y el ejemplo de una buena decisión para conocer y cuidar los recursos que son de todos los mexicanos.

Cada día un mayor número de personas en el mundo reconoce que los elementos de su entorno natural significan una enorme riqueza, tanto material como espiritual. Afortunadamente, y en forma significativa, México ha ido avanzando en esa valoración gracias a la labor científica de especialistas y al impulso de comunidades enteras, personas e instituciones.

Nuestro país es uno de los lugares en el mundo con mayor diversidad biológica. Se calcula que entre 8 y 10% de las especies de animales vertebrados terrestres y plantas conocidas se encuentran en el territorio mexicano, esto es, alrededor de 750 mil organismos (independientemente de las bacterias), o sea una de cada diez especies registradas. Unido a esto, los distintos pueblos indígenas del país han generado una gran variedad de plantas cultivadas que representan el sustento alimentario de muchos países, tal como ocurre con el maíz.

Hace más de veinte años (puede afirmarse que décadas y siglos atrás) se inició el conocimiento de la variedad de especies de México. Así que para 1992, año de creación de la conabio, ya había inventarios y catálogos, pero gran parte de este acervo estaba disperso en instituciones de investigación. Con una atinada dirección, la Comisión ha avanzado en la recopilación de listados y en conformar bases de datos con información de los ecosistemas, además de abordar una serie de temas alrededor de la naturaleza y ponerlos al alcance de los profesionales interesados en tales tópicos, así como de los ciudadanos en general, que pueden aprovechar esa información con sólo consultar su sitio en la red (www.conabio.gob.mx).

Como parte de los festejos se llevó a cabo la “2ª. Semana de la Diversidad Biológica” en agosto y septiembre de 2012. Se efectuó una ceremonia en la residencia oficial de Los Pinos, donde el Presidente de la República entregó reconocimientos a los impulsores de la conabio, mexicanos y extranjeros, entre los que se destacan Jerzy Rzedowski, Gonzalo Halfter, Arturo GómezPompa, Peter Raven y el muy apreciado por nuestra revista Ciencias, Jorge Soberón. La ceremonia completa se encuentra en la red (www.youtube.com/watch?v=n
NkN3cVqdw&feature=related).

Además, se llevó a cabo una serie de conferencias, exposiciones y talleres en la Biblioteca Vasconcelos. En su charla, Peter Raven, uno de los científicos más reconocidos a nivel mundial en el área biológica, afirmo que la conabio es la “organización más importante y exitosa en el estudio de la diversidad biológica en el mundo”.

El Dr. Raven, que forma parte del grupo de asesores de la conabio, afirmó que: “el problema es cómo, en grupo, podemos administrar el mundo del que formamos parte todos, así como sus activos, para ser verdaderamente sustentables, productivos y salvar tanta diversidad. Entre las recomendaciones de futuro de este grupo asesor están: involucrar cada vez más a la sociedad haciendo una ciencia de los ciudadanos en los temas de la biodiversidad y llenar bases de datos a partir de la observación de las personas; reconocer el conocimiento tradicional; pensar cómo acercarse a los temas publicitarios; involucrarse cada vez más en los estudios de cambio climático y capitalizar el interés de quienes hacen negocios en la búsqueda por conformar un mundo más sustentable (www.youtube.com/watch?v=vkfU9oFzWg0&feature=relmfu).

Para conocer el trabajo de la conabio puede consultarse su portal, el cual, en palabras de José Sarukhán, quien preside la Comisión, tiene un registro de 155 mil visitantes exclusivos por mes. En los dos últimos años, un millón doscientos mil archivos han sido bajados solamente del “Geoportal”, con el propósito de consultar, por ejemplo, los mapas. Se puede, además, echar un vistazo a la revista Biodiversitas, así como a una gran cantidad de publicaciones descargables, y revisar incluso un herbario virtual.

Siempre es ilustrativo y aleccionador escuchar las palabras del Dr. Sarukhán. En un video que puede consultarse en la red, el célebre ecólogo afirma que es fundamental “sensibilizar y socializar la belleza de la biodiversidad y que somos parte de ella, ya que compartimos genes con todas las especies […] seguir en el esfuerzo por impulsar en la sociedad urbana su apreciación de la naturaleza porque dependemos de ella, la tenemos que cuidar y exigir que se cuide […] además de generar una nueva relación entre las personas de la ciudad y su entorno” (www.youtube.com/watch?v=xnxiP2CI_c&feature=
related).

La conabio es un ejemplo de difusión del conocimiento, central para el trabajo de investigación, pero además es particularmente activa en la labor de divulgación, que busca permitir la apropiación del conocimiento por todos los ciudadanos ya que, finalmente, son ellos quienes sostienen la investigación de las instituciones públicas. El portal de la Comisión cuenta con secciones que permiten consultar la magnífica obra Capital natural de México. Síntesis. Conocimiento actual, evaluación y perspectivas de sustentabilidad conformada por cinco volúmenes: I. Conocimiento actual de la biodiversidad; II. Estado de conservación y tendencias de cambio; III. Políticas públicas y perspectivas de sustentabilidad; IV. Capacidades humanas, institucionales y financieras, y V. Escenarios futuros.
Además posee una buena colección fotográfica y la magníficamente elaborada sección “Biodiversidad Mexicana”, con una página especial, muy bien explicada, para niños.
Algunas de las conferencias y videos de las celebraciones del veinte aniversario pueden consultarse en la red (www.biodiversidad.gob.mx/Difusion/sdb_2012.html).
Por lo alcanzado, y por todo lo que vendrá, desde la revista Ciencias deseamos ¡larga vida a la Conabio!
  articulos

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Patricia Magaña Rueda
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo
Magaña Rueda, Patricia. (2013). ¡Felicidades a CONABIO! Ciencias 107-1028, julio 2012-febrero 2013, 100-101. [En línea]
     

 

 

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Pablo Kreimer y Juan Zabala
     
               
               
La producción de conocimiento científico ha sido reconocida (es decir, “construida”) por parte de diferentes actores vinculados con la promoción, producción, circulación y difusión del conocimiento científico, como una estrategia de intervención legítima sobre los problemas sociales: los poderes públicos, las comunidades académicas, los organismos internacionales, los medios de comunicación, entre otros, han instalado la creencia de que el desarrollo de conocimientos científicos es un método legítimo y eficaz para superar los problemas sociales a los que se encuentra sometida la población de América Latina, tales como deficientes condiciones de vivienda, de salud, ambientales, de acceso a bienes simbólicos, etcétera.

Ahora bien, cuando se ha intentado llevar estas ideas a la práctica, con la dificultad que esto supone en nuestra región, las relaciones entre ciencia y sociedad han mostrado ser más complejas de lo que sugiere la imagen del progreso unívoco. Estudiar por tanto dicha complejidad, profundizando en las dimensiones clave que condicionan las posibilidades y limitaciones del conocimiento científico para ser un instrumento de modificación de la realidad social, es fundamental para comprender esta problemática. Así, el análisis de la forma en que la enfermedad de Chagas hizo parte de una política pública de producción de conocimientos en Argentina a partir de la década de los setentas, considerando un conjunto de acciones (y de relaciones entre actores) cruciales en la dinámica que adquiere la producción de conocimiento como una forma de intervención sobre un problema social, nos puede servir para ello.

Un primer punto de nuestro argumento acerca de la complejidad de las relaciones entre “producción de conocimiento y resolución de problemas sociales” pasa por el cuestionamiento de la concepción objetiva de los problemas sociales que permea al espacio de las políticas públicas. En efecto, los procesos de toma de decisiones políticas se fundamentan en una serie de abstracciones acerca de lo que es un “problema social”, las cuales constituyen un relato “oficial” acerca de las características principales del problema, las circunstancias que le dan origen y las formas legítimas de intervenir sobre él. Así, mediante intrincados procesos sociales de negociación simbólica y material, ciertas concepciones e intereses se objetivan en un conjunto de “hechos” que aparecen como indiscutibles, reafirmando la objetividad del problema.

En el caso de la enfermedad de Chagas, el “relato oficial” acerca del problema incluye diversos elementos: a) es reconocida como la principal endemia de América Latina, ya que afecta alrededor de dieciocho millones de personas en la región; b) es causada por un parásito, el Trypanosoma cruzi, que provoca serias lesiones internas en el corazón, el aparato digestivo y el sistema nervioso, que reducen la esperanza de vida de los infectados; y c) se trata, esencialmente, de una “enfermedad de la pobreza”, ya que su principal forma de contagio es por medio de un insecto que anida en las viviendas rurales, siendo este tipo de población la más afectada —según el Instituto Nacional de Parasitología, en Argentina hay aproximadamente 2 500 000 personas infectadas (7.2% de la población), con un porcentaje de mortalidad que va de 1% a 5%. Además, por diferentes circunstancias, este padecimiento se encuentra dentro de la categoría de “enfermedad ignorada”. Entre las principales causas de dicho desconocimiento se encuentra la baja condición social de la mayor parte de la población y, asociados a ello, la discriminación que sufren en el plano laboral, la poca participación de los actores involucrados y el desinterés de los laboratorios privados por desarrollar tratamientos de mayor eficacia (nuevas drogas o vacunas).

Sin duda, la importancia de estas circunstancias para los sectores sociales que padecen el mal de Chagas es innegable, así como la legitimidad del tema para su abordaje a partir de diferentes instancias de intervención sobre “la cosa pública” con el objetivo de solucionar la problemática. Sin embargo, ello no invalida que este relato (y toda cuestión considerada un problema social) no constituya una “mera descripción de hechos objetivos”, sino el resultado de procesos en los que diferentes actores escogen ciertos hechos, discuten sus significados, y proponen prácticas de intervención sobre el problema. De manera que la traducción de “la enfermedad” en los dispositivos institucionales que la han abordado a lo largo de la historia (programas de control del vector de la enfermedad, planes de atención a enfermos, creación de institutos, planes de apoyo a determinadas líneas de investigación) esconde un conjunto de procesos sociales que es conveniente hacer evidentes para comprender mejor el papel que desempeñan los conocimientos producidos y los posibles usos que se les atribuye.

En síntesis, sostenemos que: a) no es posible considerar ninguna situación social como intrínsecamente problemática si no es en relación con los actores que la construyen como tal, en situaciones históricamente contingentes; b) la producción de conocimiento no es solamente un recurso orientado a la resolución de problemas sociales, sino que cumple un papel en los procesos de construcción de esos problemas; y c) el conocimiento, en sí mismo, es producto de construcciones sociales; por ello, tanto su papel social como su contenido cognitivo son el resultado de diversas intervenciones, en particular por parte de los científicos, pero también de otros agentes tanto del campo científico como de otros de la producción simbólica y material.

Los hechos cuestionados

Para mostrar el carácter relativo de los problemas sociales es útil confrontarlos con otras interpretaciones posibles: mientras que el relato oficial sobre la enfermedad de Chagas se presenta en forma lineal y sin grietas aparentes, otros actores con distintas categorías de análisis de la realidad cuestionan su validez. Al hacer esta operación, intentamos poner de manifiesto los procesos sociales que están detrás de la aceptación e imposición de los distintos argumentos y la traducción de la enfermedad como un problema “público”.

La cifra de enfermos. Uno de los aspectos “objetivos” más controvertidos es la “incertidumbre” en torno a la cifra de infectados por la enfermedad: se calcula que en Argentina hay entre 2.5 y 3 millones, pero los últimos datos fueron recogidos en 1993, como lo indica Segura. Así, los datos disponibles son cuestionados por algunos epidemiólogos, como Zaindenberg y colaboradores, en la medida que no dan cuenta de los cambios luego de la profunda crisis económica y social que estalló en 2002 y que sumergió a más de la mitad de la población bajo la “línea de pobreza”. El asunto es importante, ya que se considera a la enfermedad de Chagas como altamente sensible a las variaciones socioeconómicas.

La incidencia del mal de Chagas en la esperanza de vida. El planteamiento es de carácter médicosanitario pues, como muestran las estadísticas, las poblaciones de las zonas afectadas tienen menor esperanza de vida (la esperanza de vida al nacer para una mujer, en 2001, en Buenos Aires era de 79.39 y en el Chaco de 66.95, es decir, de casi trece años menos). Ahora bien, ¿es realmente el parásito el causante de esta diferencia? Algunos trabajos, como el de Storino y colaboradores, han mostrado que el peso de las condiciones de vida de las poblaciones que habitan en el medio rural (bajo nivel de acceso a agua potable, uso de cloacas, deficiencias nutricionales, etcétera) es fundamental para explicar el desarrollo de la etapa crónica de la enfermedad.

La percepción de los propios afectados. Si nos atenemos al plano cultural, el estudio realizado por Sanmartino y Crocco, en 2000, muestra cómo las propias personas de las zonas endémicas tienden a “naturalizar” la existencia de la enfermedad y a minimizar su importancia en sus discursos, incorporando la enfermedad de Chagas como algo “propio” de sus condiciones de vida.

La construcción de un problema público

Una vez reconocido el carácter “construido” de los problemas sociales, intentamos analizar el papel de los espacios, actores e instituciones de producción de conocimientos científicos en estos procesos. En la actualidad, el papel de la ciencia en la articulación pública de problemas sociales es cada vez más evidente, sobre todo en temas vinculados con el medio ambiente o con la controversia existente alrededor de los organismos genéticamente modificados. Sin embargo, la intervención de la ciencia en estos procesos no es algo novedoso en el desarrollo de las sociedades modernas, tal como lo muestran distintos estudios, entre los que se destacan los realizados por Latour acerca de las transformaciones en la sociedad francesa que produjeron los trabajos de Pasteur, las reflexiones de Bourdieu sobre el papel de las demandas sociales y el libro de Gusfield dedicado a la relación entre la ingesta de alcohol y el manejo de automóviles en términos de la construcción de un “problema público”.

Redes y actores. Bruno Latour ha mostrado cómo los procesos de producción de conocimiento científico participan en la definición de las sociedades. Para ello ha propuesto el modelo de “traducción”, que explica el modo en que las investigaciones en microbiología de Louis Pasteur modificaron la sociedad francesa a partir del siglo xix. Dicho proceso es visto por este autor como el resultado de las interacciones de distintos actores y plantea sintéticamente que Pasteur, para demostrar la existencia de los microbios (en particular del bacilo del ántrax), articuló los intereses y perspectivas de los distintos actores implicados en la enfermedad: los granjeros, los encargados de la política sanitaria, los higienistas y los médicos militares.

Mediante distintos movimientos (en un sentido analítico y espacial), Pasteur logró, según Latour, “traducir” los intereses de los distintos actores implicados en favor de su concepción. Es a partir de los operativos de traducción que un actor desplaza los intereses de los otros en una dirección que le permite imponer su propio sentido a aquello que “está en juego”. Sin embargo, escribe Latour, “la traducción que posibilita a Pasteur transferir la enfermedad del ántrax a su laboratorio en París no es literal, palabra por palabra. Solamente lleva un elemento con él, el microorganismo, y no la granja entera, ni el olor, las vacas, los sauces que rodean el estanque o la hermosa hija del granjero. Con el microbio, sin embargo, también arrastra a las sociedades agrícolas, que ahora se interesan por lo que hace. ¿Por qué? Porque al haber designado al microorganismo como la causa viva y pertinente, puede reformular los intereses de los granjeros de una forma distinta: si quieren resolver su problema del ántrax, tendrán que pasar antes por mi laboratorio”.

La conclusión del análisis de Latour es que las dimensiones “científica” y “social” no son más que una diferencia analítica que no tiene sentido en las prácticas concretas. Así, asume que “no hay una distinción [entre ciencia y sociedad], porque sólo existen cadenas heterogéneas de asociaciones que, de un momento a otro, crean los puntos de pasaje obligado. Vayamos más lejos, la creencia en la existencia de una sociedad separada de la ciencia y de la técnica es el producto del modelo de difusión […] ¡De este modo se llega a suponer que hay tres esferas, la ciencia, la tecnología y la sociedad, que obligan a estudiar el impacto de cada una de ellas sobre las otras!”.

Autonomía y falsa demanda social. La traducción de un conocimiento científico en una práctica concreta de intervención (y resolución) de un problema es muchas veces más compleja de lo que plantea Latour para el caso de Pasteur. Por un lado, los científicos no suelen comportarse como Pasteur, dispuestos a trasladarse y acomodar sus conocimientos a las expectativas de los otros actores. Antes bien, lo que suele observarse es que éstos se desenvuelven dentro del espacio social delimitado por la actividad científica, con su propia dinámica y patrones de reproducción. Por otro lado, muchos de los conocimientos producidos no pueden transformarse directamente en una práctica concreta de intervención sobre el problema.

De esta forma, existen siempre en estos procesos determinaciones estructurales (institucionales, profesionales e incluso técnicas) que escapan a las estrategias de los actores sociales. Algunos de estos aspectos han sido abordados por Bourdieu cuando discute el problema de la “demanda social” de conocimientos. En cierto sentido, su suposición es terminante y cercana a las ideas más constructivistas. Para Bourdieu, de hecho, la pretensión de demanda no es más que un eufemismo que esconde intereses concretos que, casi por definición, están lejos de atender las verdaderas necesidades de los agentes sociales que realmente las padecen. En particular, “todo lleva a pensar que las presiones de la economía son cada vez más abrumadoras, en especial en aquellos ámbitos donde los resultados de la investigación son altamente rentables, como la medicina, la biotecnología y, de manera general, la genética, por no hablar de la investigación militar”.

Sin embargo, la forma en que estos condicionamientos atraviesan los espacios de producción de conocimiento (tanto en la orientación de las investigaciones como en su utilización concreta) está siempre mediada por la estructura del campo científico y, en particular, por la tensión que siempre existe entre la autonomía y la capacidad de respuesta a las demandas sociales. Bourdieu es enfático en este punto y, al ser consultado sobre cuál debería ser la reacción de los científicos frente a las demandas sociales, responde que, para él, los científicos “deberían empezar por afirmar su autonomía, por defender sus intereses específicos, es decir, en el caso de los científicos, las condiciones de la cientificidad, etc., y a partir de allí, intervenir en nombre de los principios universales de su existencia y de las conquistas de su trabajo” (las cursivas son nuestras).

La consideración que Bourdieu hace de los aspectos más “estructurantes” de la actividad científica balancea el excesivo énfasis puesto por Latour en las estrategias individuales. Sin embargo, su análisis tiene un inconveniente para comprender los procesos concretos de uso de los conocimientos, ya que no considera las distancias que existen entre la producción de conocimiento científico y su posibilidad de aplicación concreta. En este sentido, un conocimiento nunca puede ser utilizado por un actor “otro” que el productor de conocimiento mismo (nadie se cura, se alimenta o produce más con un paper científico), sino es por medio de un complejo proceso de transformación, de resignificación de un conocimiento.

Para simplificar, podemos llamar a este proceso “industrialización de un conocimiento”, en donde intervienen al mismo tiempo usuarios finales e intermedios que son, precisamente, aquellos que están en condiciones de industrializar el conocimiento.

Más allá de los debates acerca de quién ejerce el control social de estas actividades, negar la importancia de tales instancias significa ignorar los procesos reales de producción y uso social de los conocimientos.

La naturaleza del problema social. Tanto el abordaje de Latour como el de Bourdieu alumbran algunos aspectos de nuestra preocupación, pero presentan ciertas limitaciones para examinar casos concretos. Por ello, consideramos necesario un enfoque más próximo al de Gusfield, quien analiza el papel del conocimiento científico en el proceso de construcción de un hecho social: el manejar alcoholizado visto como un problema público, estudiando, desde una perspectiva afín al interaccionismo simbólico, los argumentos, actores e instituciones que participaron en la estabilización del problema en una forma determinada (como un problema del conductor y no como un problema de transporte, por ejemplo).

Según Gusfield, es posible distinguir dos dimensiones en estos relatos: por un lado, una “cultural”, que refiere a los significados que adquiere el problema en el plano simbólico, la cual alude a los argumentos y metáforas que se esgrimen para dar cuenta de las causas y posibles soluciones al problema; por otro lado, la dimensión de la organización social, es decir, del “patrón de actividades por medio del cual el fenómeno se vuelve accesible y es sistematizado en teoría y datos”. Mientras que la primera de tales dimensiones hace referencia a la forma en que el problema es pensado, la segunda nos muestra las acciones concretas mediante las cuales determinados actores recolectan, procesan y transforman determinados hechos en acciones de política pública. En otras palabras, ¿quién o qué institución tiene o se le ha dado la responsabilidad de “hacer algo” acerca de dicha cuestión? Si los fenómenos están abiertos a diversos modos de conceptualización en tanto que problemas, entonces también su carácter público está abierto a diferentes formas de concebir su resolución.

Para Gusfield, “la ciencia, los pronunciamientos científicos, los programas técnicos y las tecnologías aparecen como apoyo a la autoridad o a la contraautoridad, proporcionando a un programa o política el molde para validar su naturaleza con base en un proceso neutral por un método que asegura tanto certeza como precisión”. No se trata del uso “natural” que los actores hacen del conocimiento relevante producido por dispositivos científicos y técnicos, sino de que ciertos actores hacen un uso específico y deliberado del conocimiento científico como un modo de terciar en las controversias públicas acerca de un problema que, precisamente con estos medios, se torna público. Dicho de otro modo, no se trata ya de “la ciencia”, sino del papel que la retórica científica desempeña en la construcción de problemas públicos.

El mal de Chagas

Aplicando un análisis análogo al que propone Gusfield examinaremos el modo en que la enfermedad de Chagas se erigió simultáneamente, a partir de la década de los setentas, en un importante problema social y un tema de notable importancia para la comunidad científica nacional y regional. De hecho, este periodo se caracteriza por una importante producción de conocimiento científico en relación con la enfermedad, asociada con la irrupción de la biología molecular y la promesa de desarrollo de una vacuna.

El análisis de la producción de conocimiento y de determinadas políticas destinadas a su promoción permite observar cómo la definición de las prácticas legítimas (y por lo tanto estimuladas) para actuar contra la enfermedad se encuentra estrechamente relacionada con los diferentes actores sociales que participan en tales procesos. De esta manera, se hace evidente que la relación entre la promoción de conocimiento científico y la resolución de problemas sociales adquiere, al menos en sociedades en desarrollo, un carácter complejo, que no puede reducirse a la sola promoción de la actividad científica.

La producción de una vacuna o la construcción de ficciones surgidas del laboratorio. Tras largos años de controversias acerca de su naturaleza y extensión en el territorio, la enfermedad de Chagas alcanzó un pleno reconocimiento como “problema social nacional” hacia finales de la década de los cuarentas, lo que se materializó en la puesta en marcha de diferentes iniciativas que desembocaron en la creación de un Programa Nacional de Lucha contra el Mal de Chagas, básicamente destinado a la fumigación de las viviendas rurales de las zonas endémicas con el objetivo de erradicar el insecto vector. El reconocimiento de la importancia de la enfermedad por parte de los sucesivos gobiernos se mantuvo durante las siguientes décadas, en las que la enfermedad recibió la atención del aparato estatal y a su alrededor se creó un conjunto de instituciones destinadas a dar cuenta de su incidencia epidemiológica, a la realización de análisis en forma extendida y la evaluación de ciertos tratamientos. Hacia finales de la década de los sesentas, a tales iniciativas se sumó un incipiente interés de la comunidad científica, como lo indican Rotunno y colaboradores, a partir del cual la enfermedad se transformó en un estandarte de la “ciencia al servicio de los problemas locales”.

El interés por parte de la comunidad científicomédica en la enfermedad tuvo su epicentro en algunos de los grupos pertenecientes a la influyente tradición de investigación biomédica, particularmente en los liderados por Armando Parodi y Andrés Stoppani, quienes lograron transformar dichas iniciativas grupales en manifestaciones institucionales, tal como se desprende de la creación, en 1965, de la Comisión de Investigaciones Científicas sobre Chagas de la Universidad de Buenos Aires, la cual articuló investigaciones en bioquímica, microbiología y clínica médica. En los años siguientes, el apoyo institucional a tales investigaciones aumentó considerablemente a partir del Programa Nacional de Investigaciones sobre Enfermedades Endémicas, creado en 1973 por la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación, con un papel central de Stoppani y de los discípulos de Parodi. A su vez, dichas iniciativas tuvieron un decisivo correlato en el plano internacional a partir de la creación, en 1975, del Programa Especial de Investigación y Entrenamiento de Enfermedades Tropicales de la Organización Mundial de la Salud, en la que estos investigadores tuvieron un papel central al definir los temas prioritarios de investigación. En la medida en que aseguraron un continuo flujo de recursos, estas instituciones significaron un apoyo fundamental para la consolidación de las investigaciones académicas sobre la enfermedad de Chagas.

El apoyo creciente a la investigación en el plano político estuvo acompañado por un desplazamiento en el plano cognitivo fundamental: de los enfermos y las condiciones de transmisión hacia el parásito, el Trypanosoma cruzi. De hecho, por esos años, desde el corazón de la tradición bioquímica, es decir, desde la entonces Fundación Campomar (hoy Instituto Leloir), así como desde otros laboratorios públicos (Instituto Fatala Chabén), se comenzó a investigar en profundidad sobre múltiples aspectos relacionados con la fisiología y el metabolismo del parásito, tanto como la interacción de ésta y su huésped. El objetivo era doble: por un lado, encontrar un blanco en donde atacar al parásito, asociado con la producción de un medicamento tripanocida eficaz; por otro, con el objetivo de desarrollar una vacuna, el estudio de los mecanismos inmunológicos que el parásito disparaba en el organismo humano. Esta última vía fue particularmente importante, pues parecía ofrecer una “solución radical” al problema social: en la medida en que se pudiera obtener una vacuna contra la enfermedad de Chagas, los otros aspectos de las políticas públicas (como la fumigación sistemática de los ranchos) podrían ocupar un lugar secundario.

El desarrollo del conocimiento básico sobre el parásito, necesario para alcanzar ambos objetivos políticocognitivos, tuvo un impulso fundamental con la emergencia de un nuevo campo disciplinario: la biología molecular. Esta disciplina, que había tenido una fugaz emergencia hacia finales de los años cincuentas en el Instituto Malbrán, comenzó su etapa de institucionalización plena hacia mediados de los setentas, en espacios ligados a la tradición de investigación biomédica proveniente de Bernardo Houssay y Luis Federico Leloir.

A partir de los ochentas, las investigaciones en biología molecular fueron reposicionando la enfermedad de Chagas en dos sentidos diferentes: por un lado, como una estrategia legítima para conocer los mecanismos “básicos” del parásito y sus interacciones con animales y humanos —lo que operó como el fundamento de una política de largo plazo basada en un conocimiento científico “de excelencia” en la lucha contra la enfermedad— y, por el otro, reposicionando el mal de Chagas, en particular el parásito, como objeto de estudio de una importancia central en la investigación biomédica en Argentina.

Como consecuencia de estos procesos, así como de las políticas de promoción de conocimiento científico vinculadas a la enfermedad, es posible verificar en los últimos diez años una significativa producción de trabajos científicos en tal campo. El conocimiento experto generado cumple, en un primer acercamiento, con los requisitos de “relevancia” (tal como surge de la temática abordada) y de “calidad” (si nos remitimos a los medios en que ha sido publicado y, por ende, las pautas de evaluación académica que ha superado) que esperaban los planes de política promotores de su producción.

La organización temática de las investigaciones producidas durante estos años resulta sumamente reveladora, como se puede observar en el cuadro 1. Para ello hemos establecido una clasificación de las investigaciones sobre Chagas según los principales objetos de referencia cognitiva: los enfermos, el parásito (agente causal), el vector (la vinchuca, Triatoma infestans) y los aspectos epidemiológicos. Como se observa, la mitad de las publicaciones reseñadas se refieren al parásito (Trypanosoma cruzi), lo que se explica por la fuerte concentración de investigaciones en biología molecular y bioquímica que lo han tomado como objeto de investigación. Es significativo, para el análisis de la utilidad de dichos conocimientos, que muchos de los grupos de investigación manifiesten que sus investigaciones tienen por objetivo la producción de conocimiento necesario para el desarrollo de nuevas drogas (en particular, la búsqueda de “blancos” por donde atacar el parásito). Sin embargo, en los hechos, el desarrollo de tales nuevas drogas tendría que estar a cargo de otros actores sociales (en particular, de laboratorios farmacéuticos) quienes no manifiestan ningún interés por el tema (entre otras cosas, por tratarse de una enfermedad de la pobreza). Así, la utilidad manifiesta de estas investigaciones se reduce a una construcción retórica, en la medida que la escasez de vínculos entre los grupos de investigación analizados y los productores de medicamentos impide que dichos conocimientos científicos producidos en el país puedan tener una utilidad efectiva.

Cuadro 1. Distribución de publicaciones indexadas en el sci, realizadas por científicos argentinos en el período 1995-2005, según orientación temática.
Objeto
de estudio
Cantidad
de papers
Porcentaje (%)
Parásito 415 50
Enfermos 191 23
Vector 183 22
Epidemiología 33 4
Otros 8 1
Total 830 100

Algo similar ocurre con las investigaciones que se orientan al estudio de los enfermos, que significan una cuarta parte de la producción. Nuevamente hemos encontrado que éstas no se traducen en prácticas de atención a los enfermos sino que, también en esta orientación temática predomina el estudio de aspectos básicos de la enfermedad. La investigación clínica, por su lado, que podría suponer un mayor acercamiento a las prácticas concretas de atención de pacientes y, por lo tanto, a la posibilidad de ser incorporada a las prácticas de atención, ocupa una parte muy poco significativa y se lleva a cabo en condiciones institucionales inferiores (tanto de financiamiento como de reconocimiento profesional).

En definitiva, más allá de la variedad de temas en las investigaciones sobre la enfermedad de Chagas, el análisis cuantitativo nos muestra un elemento común: el fuerte predominio de la investigación básica o académica en todos los campos de conocimiento, con lo cual, el principal producto de dichas investigaciones lo constituyen los papers científicos, la mayor parte de ellos publicados en revistas internacionales. A su vez, el principal (casi exclusivo) ámbito de circulación y difusión de tales investigaciones es el campo de la academia, lo cual implica una limitación en la capacidad de difusión de estos conocimientos, que adquiere un carácter endogámico, en la medida que su comprensión requiere una alta especialización en la temática que sólo poseen los propios investigadores científicos.

La estructura de la comunidad científica local, tanto en el plano cognitivo como en el social, es crucial para comprender la traducción de un problema social en un objeto de investigación científica y su resignificación de acuerdo con los intereses, prácticas y posibilidades de los actores. En el plano cognitivo, es central la importancia de las investigaciones científicas en el campo de la biología y, sobre todo, en el de la biología molecular. Este hecho implicó, desde los años ochentas, un desplazamiento cognitivo fundamental, mediante el cual el Trypanosoma cruzi se transformó en un “modelo biológico” importante para el desarrollo sociocognitivo de los grupos de expertos, debido a la posibilidad de estudiar allí procesos biológicos originales no necesariamente vinculados con la enfermedad de Chagas.

En el plano de la organización social es fundamental atender la importancia de los grupos involucrados y, en particular, su grado de internacionalización e integración en redes globales de producción de conocimientos. De hecho, el crecimiento en la producción de conocimiento fue liderado por los grupos ya mencionados, los cuales se inscriben en la tradición biomédica heredera de los premios Nobel, Houssay en 1947 y Leloir en 1970, que lograron una fuerte (y en ese sentido “exitosa”) conexión con la comunidad internacional, expresada en la formación de los investigadores en el extranjero y en publicaciones en las revistas internacionales. El prestigio les permitió a los investigadores contar, en el plano material, con fuentes de recursos estables, tanto de agencias nacionales como internacionales.

Por cierto, la diferenciación entre los planos “cognitivo” y “organizacional” es meramente analítica, ya que ambos se encuentran relacionados en la producción de conocimientos: la mayor parte de las agendas de investigación de los grupos locales se formulan en tensión con las redes internacionales de las que los investigadores locales participan. Es ello, precisamente, lo que les otorgó visibilidad internacional a quienes trabajaron sobre diversos aspectos de la enfermedad y a quienes invirtieron posteriormente esa visibilidad en términos de construcción de su legitimidad local.

De esta forma es posible encontrar diferencias importantes entre la retórica sobre la utilidad de la ciencia y los procesos concretos de producción de conocimientos, es decir, su uso en la intervención efectiva sobre los afectados. Resulta así interesante constatar que los relatos acerca de la enfermedad se basan, en buena medida, en la construcción de “ficciones” que adquieren luego, en el espacio público, un valor de verdad que no estaba estabilizado de antemano: los biólogos moleculares lograron establecer la ficción según la cual una investigación científica “de excelencia”, evaluada e integrada a los cánones de la “ciencia global”, era un requisito importante en la lucha contra la enfermedad. Por lo tanto, el conocimiento íntimo de un conjunto de problemas asociados con la genética del parásito se presentó como el “determinante cognitivo” para contar con una solución efectiva en dicha lucha: la producción de una vacuna o el desarrollo de una nueva droga dependían, en efecto, de dichos conocimientos.

La ficción así construida tuvo —tiene— diversos supuestos implícitos (ocultos): en primer lugar, que el proceso de producción de conocimientos conforma una promesa suficiente para el desarrollo de una estrategia basada en ellos —con independencia de otras dimensiones sociales, culturales, simbólicas o institucionales. En segundo lugar, el desarrollo de investigaciones “aplicadas” omite o ignora deliberadamente los procesos de industrialización del conocimiento necesarios para “salir de los laboratorios” y llegar a los ranchos (viviendas rurales predominantes donde se alojan los insectos vectores de la enfermedad).

En tercer lugar, aspecto importante de nuestro trabajo, se produce una operación de “purificación” mediante la cual los parásitos, como objetos de conocimiento, son despojados de todo decorado social, de los ranchos, las vinchucas y los enfermos, para ser convertidos en secuencias de genes, en bibliotecas de splicing, de proteínas o en dispositivos para la construcción de analogías con otros mecanismos biológicos. En realidad, lo que nos está mostrando este proceso es la forma como el Chagas, en tanto que objeto, ha sido resignificado por un conjunto de actores que lograron imponer públicamente un nuevo sentido, al tiempo que redefinieron los ámbitos de intervención: el problema, formulado en términos de los enfermos (o los pobres, la marginalidad social, las condiciones de vivienda, etcétera) y de los modos de identificarlos y curarlos, se fue desplazando —redefiniendo— hacia un problema expresado en términos de la identificación y el conocimiento fisiológico y genético del parásito con la “promesa” de producción de una nueva droga o vacuna. Ello está acompañado del fuerte prestigio social que tienen los biólogos moleculares al interior de la comunidad científica frente a la relativa decadencia de los cardiólogos especializados en Chagas, incluso muy particularmente, en la propia comunidad médica.

Conclusiones

Hemos partido de una concepción de los “problemas sociales” como entidades cuyo contenido se redefine en cada momento de la historia. Sobre ellas se produce un conjunto de acciones destinadas a la intervención de acuerdo con las categorías aceptadas como legítimas. Estas decisiones son configuradas, en cada caso, por un conjunto de actores e instituciones que dan cuenta de la traducción que tiene el problema en el plano de la organización social: médicos en el comienzo del siglo xx, luego epidemiólogos, entomólogos, y el Estado con un papel protagónico. Más tarde ingresan los bioquímicos y los biólogos moleculares, mientras que en el seno del Estado se agrega a la definición de las políticas de salud la política de ciencia y tecnología, orientada a la promoción del conocimiento. Y hemos intentado mostrar cómo, en estos procesos, la relación entre decisiones en el nivel de las políticas públicas y la producción de conocimientos científicos es siempre compleja, tanto por las definiciones en torno a la enfermedad como por los supuestos que quedan ocultos en las diversas posiciones. Dentro de estas últimas, la más evidente es la que ocultan los procesos de industrialización del conocimiento que serían necesarios para pasar de un conocimiento de la genética del parásito a la obtención de una droga o vacuna. En este sentido, las empresas farmacéuticas, que deberían ocuparse de las fases conocidas como “Investigación y Desarrollo industrial”, aparecen —en particular a lo largo del periodo más reciente— como una suerte de “actor ausente” que debería participar una vez que la oferta de los conocimientos fuera suficientemente eficaz como para ser industrializada.

En particular, nos hemos concentrado en lo sucedido con la investigación vinculada a la enfermedad de Chagas en las últimas décadas, intentando dar cuenta de la complejidad que supone la utilización de los conocimientos científicos en la resolución de problemas sociales. Específicamente, intentamos mostrar cómo la “historia oficial” de la enfermedad va estableciendo mojones que, lejos de ser “naturales”, van respondiendo a los modos de intervención de los diferentes actores en cada periodo específico, articulando un conjunto de dispositivos culturales que, al ser interesados, construyen y desvanecen los tópicos, las modalidades e incluso configuran la existencia misma de una cuestión en la esfera pública. En el desarrollo de los dispositivos, los científicos no son meros receptores de las acciones de los otros actores, sino que son activos productores de sentido y, además, van generando los discursos que serán posteriormente articulados en relaciones sociales más complejas como consecuencia del uso retórico que otros actores harán de ellos. De esta manera se genera una “purificación de segundo orden” que puede resumirse en la secuencia siguiente: a) los médicos postulan la existencia de la enfermedad ⇒ b) la población es informada de que es portadora de entidades patógenas ⇒ c) los médicos e investigadores producen un discurso público acerca de las dimensiones del Chagas como problema social ⇒ d) las autoridades resignifican ese discurso, instituyendo como algo público un problema que era hasta entonces privado ⇒ e) en función de esos discursos, las instituciones generan mecanismos de intervención sobre las relaciones parásitovinchucahumanos ⇒ f) los bioquímicos y los biólogos moleculares instalan el discurso acerca de la necesidad de conocer la fisiología y la genética del parásito ⇒ g) las instituciones de ciencia y tecnología van generando la relación entre investigación molecular y posibilidad de desarrollo de vacunas y medicamentos ⇒ h) los parásitos son “purificados” en los laboratorios, libres de toda contaminación contextual ⇒ i) los investigadores negocian con las redes internacionales más prestigiosas de producción de conocimiento la oferta de un “modelo biológico interesante” a cambio de recursos y visibilidad ⇒ j) las autoridades plantean en la arena pública la importancia de los hallazgos que producen los científicos locales en relación con la enfermedad de Chagas pero en referencia al reconocimiento internacional.

Los sucesivos procesos de purificación operan como un velo que dificulta observar el nivel de la organización social (de las acciones y prácticas concretas). En el escenario público, los problemas ya emergen como naturalizados o problematizados por los actores que los formulan, quienes tienden a estabilizarlos según la posición que ocupan, las relaciones y los vínculos que establecen, etcétera. Sin embargo, la formulación de una utilidad de los conocimientos científicos, es decir, su aplicación para la resolución de los problemas en cuestión, no puede separarse, analíticamente, del vínculo que deben generar las intervenciones que en el campo científico se proponen con una organización social capaz de llevarlas a cabo: ningún conocimiento podría ser reapropiado por otros actores sino es por medio de procesos de mediación social. Por ejemplo, un proceso de fumigación requiere agentes que produzcan no sólo su contenido técnico, sino también formas de administrarlo periódicamente, recursos para producirlo masivamente, sujetos que lo internalicen como parte de una estrategia para la erradicación de los vectores, capacidad de vincular dicho proceso con los riesgos de contraer la enfermedad, etcétera.

Un nuevo medicamento, por su parte, está también en dependencia de una red sociocognitiva, compuesta por investigadores que enuncian los blancos moleculares posibles, pero también por laboratorios farmacéuticos que buscan —y encuentran— una molécula, por epidemiólogos que identifican las características de las cepas en cuestión, por organismos públicos que regulan las pruebas clínicas, por bioquímicos que estudian la farmacocinética, por recursos que se orientan a la viabilidad técnica y financiera de un nuevo producto, por médicos que articulan su administración, por sujetos que se apropian del nuevo artefacto y de sus sentidos en la lucha o prevención de la enfermedad, etcétera.

Los problemas planteados de este modo pierden, sin lugar a dudas, el romanticismo de los discursos purificados, el heroísmo de los buscadores de pociones mágicas, la abnegación de las personalidades públicas capaces de emprender —y hacerse cargo— de los problemas sociales, el apostolado de los profesionales de la salud que se preocupan por sus pacientes, la dedicación de las empresas que buscan satisfacer necesidades sociales, etcétera. No obstante, al mismo tiempo esto permite desarmar las ficciones que, con la ayuda de los discursos científicos, generan panoramas “modernos” de magníficos conocimientos cuya utilidad es, en el mejor de los casos, abstracta.

 articulos
Referencias bibliográficas
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Kreimer, P. 2007. Ciencia y periferia: nacimiento, muer-te y resurrección de la biología molecular en Argentina. Aspectos sociales, políticos y cognitivos, Eudeba, Buenos Aires.
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y J. P. Zabala. 2006. “¿Qué conocimiento y para quién? Problemas sociales, producción y uso social de conocimientos científicos sobre la enfermedad de Chagas en Argentina”, en Redes, Revista de Estudios Sociales de la Ciencia, vol. 12, núm. 23, pp. 49-78.
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______. 1989. Pasteur, guerre et paix des microbes. La Découverte, París.

     
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Pablo Kreimer
Centro de Ciencia, Tecnología y Sociedad (Universidad Maimómedes)
y Universidad Nacional de Quilmes.
Es sociólogo por la Universidad de Buenos Aires y Doctor en Ciencia, Tecnología y Sociedad por el Centre Science, Technologie et Société de París. Es investigador del Conicet, profesor titular de la Universidad Nacional de Quilmes, donde dirige actualmente el Instituto de Estudios sobre la Ciencia y la Tecnología, y la Maestría en Ciencia, Tecnología y Sociedad, y autor de varios libros.


Juan Zabala
Universidad Nacional de Quilmes y conicet,
Buenos Aires, Argentina.

Es investigador del conicet, licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires, magíster por la Universidad Nacional de Quilmes y doctor por la Universidad de París y por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Ha publicado varios artículos sobre temas de sociología e historia de la ciencia.
     
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como citar este artículo
Kreimer, Pablo y Juan Zabala. (2013). Anatomía de un hecho científico: construcción del mal de Chagas como un problema social y de conocimiento en Argentina. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 102-115. [En línea]
     

 

 

de flujos y reflujos
 
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Del calor y el frío
Ramón Peralta y Fabi
   
   
     
                     
El frío que “se mete” por la ventana o el que “se sale” del
refrigerador, el calor “que hace” y aquel desafortunado que “se pierde” reflejan parte de nuestra forma de hablar, de nuestra intuición y del folclor científico cotidiano.

Sobresalen el uso de términos de manera suelta y poco precisa, las experiencias y apariencias de lo que percibimos y las “enseñanzas” familiares. Esto ocurre con múltiples términos, como energía, número y vida; lo que es cada una de éstas es tema de la reflexión y debate de los profesionales, pero también son palabras que hemos hecho nuestras y con el uso les hemos cambiado el significado o simplemente representan ideas poco claras. ¿Es la luz un átomo o un virus?, son preguntas sencillas cuyas respuestas pueden dar los expertos, con salvedades, aclaraciones y precisiones varias.

Dos aspectos sobre el calor son esenciales. Primero, es una forma de “energía”. Segundo, es energía en tránsito debido, “exclusivamente”, a una diferencia de temperaturas. De hecho, no hay nada más; sólo que ahora es necesario precisar tres conceptos: energía, su transferencia y su temperatura. Comencemos por esta última.

Se dice que la temperatura es la que miden los termómetros; aclaremos. A un objeto o sistema que aislamos por completo —cosa imposible, salvo en forma aproximada— le pasan una de dos cosas: se queda como estaba al aislarlo, cual si estuviera congelado, o evoluciona hacia un nuevo estado y se queda en él. En el primer caso decimos que estaba en equilibrio y etiquetamos a ese estado con un número, al que llamamos temperatura. Para comparar el estado de equilibrio de una galleta con el de una piedra volcánica, los acercamos y vemos si hay cambios. Si no los hay, tienen la misma temperatura. Si los hay, ambos cambian a un nuevo estado, igualando su temperatura. El más frío se calienta y el caliente se enfría, siempre y sin excepción, alcanzando una temperatura que estará entre las dos originales y dependerá del tamaño de cada objeto, entre otras cosas. Pareciera que algo tiene el caliente y lo cede al otro, conservándose ese algo. No en balde, hasta el primer cuarto del siglo xix, se imaginaba al calor como un fluido indestructible que pasaba de unos cuerpos a otros, aumentando o bajando las temperaturas; se le llamaba “calórico”.

Este fluido hipotético explicaba muchas cosas. Unos cuerpos cedían calórico fácilmente —conductores— y otros se resistían a cederlo, los aislantes. Sólo había que llevar las cuentas de cuánto circulaba. Al igual que el agua en vasos comunicantes, se equilibraba impecablemente. Todos contentos.

Para comparar temperaturas se construyeron instrumentos que asociaran números a distintos estados de equilibrio; al cambiar la temperatura, el aparato debía exhibirlo claramente, por ejemplo, expandiéndose, cambiando de color o diciendo “esto quema” o “está muy frío”. Como las personas haciendo esto último son poco confiables en su repetibilidad y pueden dañarse innecesariamente, se han inventado los más variados métodos. Uno muy conocido está basado en que el mercurio, que es un metal líquido a temperatura ambiente, se dilata mucho y fácilmente al subir su temperatura; metido en un capilar, se puede apreciar cómo se “alarga” al calentarlo (miden la calentura en las personas). Luego, se definen “patrones”, como el minuto para el tiempo o las leguas para la distancia. Se asignó el número 100 al estado en el que el vapor del agua se condensa, al nivel del mar, y 0 al que corresponde al hielo en equilibrio con aire saturado; el intervalo se dividió en cien unidades y se les llamó grados Celsius o centígrados: °C. En realidad las cosas son más elaboradas y profundas. Existe una escala universal, científica, que asigna a la temperatura más baja posible en la naturaleza, el cero “absoluto” (cero grados Kelvin o 0°, sin más decoración). En esta escala el agua entra en ebullición a 373.16 °K y, por supuesto, no puede haber temperaturas negativas. Salvo por necedad, ya no se usan las otras escalas, como Fahrenheit, Réaumur, Rømer o Rankine.

Volviendo al calórico, había que averiguar cuánto podía absorber cada cuerpo y qué características tenía; ¿es transparente, ligero, viscoso o tóxico?, ¿de qué está hecho?, y más preguntas simples. Y se empezó a buscar respuestas con experimentos y modelos sobre lo que podía o no hacer este escurridizo fluido.

Aunque parecía explicar las observaciones del fenómeno térmico, amplias y diversas, el huidizo material eludió todo intento por ser caracterizado. Su antecesor fue el “flogisto” y su sucesor el “éter”, todos ellos difuntos ahora, como sus autores; si no se le puede medir nada es porque tal vez no existe. Al avanzar el siglo xix, la existencia del calórico fue paulatinamente sustituida por una teoría ondulatoria, en la que el éter, que parecía llenar y permear todo, era excitado y generaba (o compartía) el movimiento de las partículas que formaban a cada material. Calor y movimiento se vincularon estrechamente y, más tarde, se reconocería que eran formas distintas de la energía. El huidizo material pudo así ser olvidado.

Y ¿qué es la energía? Pues… es “algo” que se conserva. Si un objeto se mueve, tiene energía de movimiento, llamada cinética. Si el objeto está a cierta distancia de otro objeto, por ejemplo, a una altura sobre la superficie terrestre, tiene energía potencial gravitacional. Si el objeto se suelta, empieza a caer y a moverse cada vez más rápido, adquiriendo energía cinética y perdiendo potencial, pero de modo tal que la suma se conserva. Si hay fricción, un objeto en movimiento eventualmente se detiene, pero se calienta, lo que se verifica al medir su nueva temperatura. La energía cinética se convirtió en energía interna. Un objeto cae sobre un resorte y lo comprime, deteniéndose momentáneamente. La energía cinética se ha convertido en energía potencial elástica; luego el resorte se estira, lanzando al objeto, que sale con la velocidad que llegó (casi), pero no del todo, porque algo queda como energía interna en el resorte y el objeto al haberse disipado una pequeña fracción de la energía cinética inicial.

Cada forma de la energía tiene una expresión específica que permite cuantificarla; el reto ha sido hallar expresiones. Por ejemplo: la energía cinética de un objeto es el producto de su velocidad (4.0 km/hr, digamos) por su masa (supongamos 3.0 kg) y dividido entre 2:

4.0 × 3.0/2 = 6.0

lo cual, en unidades adecuadas, serían kilojulios (kJ).

Hasta ahora, siempre se ha podido contabilizar la energía, dando pie al principio más sólido de toda la física: la “conservación de la energía”, ¡aunque ese “algo” no se sepa qué es! A veces es calor, es movimiento, y otras es potencial químico o elástico, entre muchas otras formas.

Resumiendo, cuando dos objetos están a temperaturas diferentes y se permite el “contacto”, entendido como la posibilidad de intercambiar energía, lo harán hasta alcanzar un estado común de temperatura intermedia.

El flujo de energía del Sol a la Tierra, el calor en forma de radiación que llega, se debe a que el primero tiene una temperatura de cerca de 5 900 °K en su superficie, muchísimo mayor que la de la Tierra, que también emite calor. La Luna en cambio, a veces está más fría y a veces más caliente que la Tierra, por lo que el calor a veces va y a veces viene.
Definir conceptos, construir sus explicaciones, conectarlos con la realidad, son parte del quehacer del científico y, a veces, parece confuso el resultado; con frecuencia es sólo falta de familiaridad. Lo importante es tratar de afinar nuestras percepciones del extraordinario universo que ocupamos.

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Ramón Peralta y Fabi
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México
     
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como citar este artículo
Peralta y Fabi, Ramón. (2013). Del calor y el frío. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 116-118. [En línea]
     
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Faustino Octavio Ruíz Abarca y Javier Carmona Jiménez
     
               
               
En la ciudad se escuchan los comentarios de muchas personas
que se molestan cuando comienza la lluvia y miran este fenómeno con desagrado porque altera el ritmo de su actividad cotidiana; y qué decir del transporte urbano cuando la ciudad se convierte en algunos minutos en verdaderos entramados, tan complejos como la intensidad o duración de la lluvia; y cuando comienza a ser insuficiente el sistema de drenaje, la gran cantidad de agua precipitada busca salida a través de alcantarillas en calles y avenidas, sin embargo no siempre logra desalojarse porque su paso es obstaculizado por enormes cantidades de basura depositadas de manera involuntaria e intencional en la vía pública. Contrariamente a la percepción que se tiene en la zona urbana, en el campo el agua de lluvia es considerada como un bien invaluable para el suministro agrícola, ganadero y humano. Asimismo, existen tradiciones y ritos religiosos relacionados con el deseo de una próspera temporada de lluvia. Considerando lo anterior, es evidente que la percepción e información que la sociedad tiene del agua de lluvia puede ser distinta de acuerdo con la relación que tiene ésta con nuestra vida cotidiana y a los mitos generados en torno a su origen y manejo.

El abastecimiento de agua a las ciudades se obtiene tradicionalmente de diferentes maneras: de cuerpos de agua naturales, tales como ríos y lagos, de pozos y obras hidráulicas construidas ex profeso como los acueductos. Estas fuentes se utilizan aisladas o combinadas, dependiendo del uso, volumen y calidad del líquido, se les denomina secundarias, ya que la fuente primaria es el agua de lluvia. El régimen pluvial en la ciudad de México no ha cambiado desde las primeras observaciones en la época de la Colonia hasta el día de hoy, con una precipitación similar año con año; sin embargo el cambio climático que vivimos puede provocar diferencias en cuanto a la distribución, frecuencia y altura de la precipitación.

¿Qué es la lluvia?

El agua es un compuesto químico formado por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Se estima que se encuentra presente en nuestro planeta desde su formación, hace unos 4 500 millones de años. Debido a los elementos que la conforman, los científicos consideran que al exterior de nuestro sistema solar existe la posibilidad de encontrar agua, lo cual ha sido verificado por medio de la observación con radiotelescopios que han detectado la longitud de onda en el espectro electromagnético que corresponde al vapor de agua —se asegura haberla encontrado en otros sitios, tales como la estrella K335.

Hay científicos que consideran que el agua se encontraba en la Tierra desde su formación, pero otros consideran que llegó del exterior, por medio de los cuerpos celestes que chocaron con ella. Cualquiera que sea la explicación, aún sigue en controversia y la única información verídica es que el volumen de agua en la Tierra no se ha modificado. Éste es, sin duda, el elemento más importante que favoreció el origen de la vida y el desarrollo de la mayoría de los procesos biológicos, y que contribuye a la estabilidad de la temperatura del planeta, almacenando la energía solar en los océanos, y su disponibilidad siempre ha estado manifiesta en el desarrollo de las civilizaciones humanas.

El ciclo del agua se encuentra en un sistema cerrado que, según los científicos, inicia en la atmósfera con la formación de nubes de vapor de agua producto de la evaporación, principalmente de los océanos. Dicho vapor es transportado por el viento hacia el continente, en donde los cambios en la temperatura provocan su precipitación, sea de forma líquida como la lluvia, sólida como el granizo y la nieve, o condensada como el rocío y la escarcha. El agua que llega a la superficie puede infiltrarse para formar corrientes subterráneas o acuíferos, o bien correr sobre el suelo para formar arroyos y ríos. El tiempo de permanencia del agua fluvial de dichas corrientes es variable, desde pocos instantes hasta cientos de años. Finalmente, el agua que corre superficialmente también llega a formar lagos y lagunas, mientras otra llega directamente a los mares y océanos, completando el ciclo hidrológico. La cantidad y calidad de agua que se precipita es diferente en cada sitio y región geográfica, razón por la cual deben estudiarse de manera específica los fenómenos climatológicos y químicos asociados al tipo de agua disponible en forma de lluvia. El caso de la ciudad de México es ilustrativo al respecto. Una revisión de los principales mitos en torno a ella nos permitirá mostrarlo.

Mito I. Es ácida y no útil para consumo humano

La composición química y biológica determina el uso que el humano puede dar al agua. Cuando es muy ácida o básica, o contiene contaminantes asociados, es considerada de mala calidad y no puede usarse para las actividades humanas más comunes como son el consumo directo, el recreativo o el riego de plantas. Las propiedades químicas y biológicas del agua están relacionadas directamente con el ambiente donde transita. Por ejemplo, cuando el agua se encuentra en la atmósfera se mezcla con diversos elementos que tienden a acidificarla, tales como el dióxido de carbono, el dióxido de azufre y el óxido de nitrógeno que, en su forma gaseosa y grandes cantidades, pueden ser muy nocivos para la salud. En condiciones naturales, cuando el agua se precipita en forma de lluvia se registra ligera acidez. Sin embargo, se convierte en un problema ambiental cuando en la atmósfera hay excedentes de gases nocivos que se asocian con el vapor de agua para convertirse en ácidos sulfúrico y nítrico y formar la lluvia ácida.

No se ha demostrado aún que la lluvia ácida ocasione efectos directos nocivos en los seres humanos, sin embargo, puede tener efectos indirectos sobre la salud, ya que es capaz de disolver metales y sustancias tóxicas de los suelos y las tuberías y, posteriormente, transportarlos hacia los sistemas de agua potable e incluso afectando a la vegetación. En la ciudad de México se han tomado algunas medidas para mitigar la emisión de los contaminantes que ocasionan la lluvia ácida, entre las que se destacan: la reducción de azufre en diferentes combustibles, la introducción del convertidor catalítico de tres vías en los vehículos automotores, la continuación del programa “Hoy no circula”, el impulso al uso de gas natural en diversas industrias y vehículos, la ampliación del sistema de transporte eléctrico y de los autobuses en carriles confinados y la instalación de equipos de control de emisión de gases en distintas fábricas. No obstante, a pesar de tales esfuerzos, las emisiones de gas llegan a ser significativas en algunas épocas del año, en especial la invernal. Por tal motivo, es necesario efectuar un monitoreo de la calidad del agua de lluvia antes de utilizarla.

Mito II. Es inútil

La distribución del agua superficial ha sido modificada por el ser humano desde hace mucho tiempo, ya que se ha visto en la necesidad de controlar los elementos de la naturaleza para hacer un mejor uso de los recursos hídricos o bien para prevenir daños en zonas urbanas y productivas. Para ello ha desviado ríos, construido embalses, aljibes, drenajes, etcétera. En las ciudades se ha establecido lo que se conoce como ciclo urbano del agua, que es la integración del ciclo natural del agua y el sistema de suministro, manejo y desalojo de agua en las zonas urbanas. En las de países desarrollados existe un manejo diferenciado del agua pluvial y de las servidas o aguas negras.

Por otra parte, en muchas ciudades existe la preocupación por el adecuado y rápido desalojo del agua que corre por las calles y, en el mejor de los casos, en la gran mayoría va directo al drenaje, sin el mínimo aprovechamiento. En los últimos años, las autoridades del Distrito Federal han ejecutado un programa para la captación y filtración del agua de lluvia, sobre todo en las partes más altas y en donde el tipo de suelo y subsuelo lo permiten. En muchos lugares de la ciudad se han excavado “pozos de infiltración” en las calles, los cuales funcionan como captadores y el agua pasa a través de rejillas metálicas a un filtro para, posteriormente, llegar al subsuelo. Desafortunadamente no se han encontrado datos que indiquen la calidad del agua filtrada ni mediciones acerca de la cantidad por delegación o pozo.

Asimismo, se han dado a conocer los esfuerzos que realizan instituciones de diversa índole, principalmente académicas, agrupaciones civiles y ciudadanos interesados en evitar o prevenir el posible daño que provoca el manejo inapropiado del agua de lluvia y, al mismo tiempo, en lograr su aprovechamiento. Sin embargo, el trabajo que realiza la autoridad responsable del manejo del agua en la ciudad de México es incipiente y las políticas son difusas y contradictorias, ya que el agua de lluvia se sigue manejando igual que hace muchos años, simplemente como agua de lluvia.

Mito III. Su valoración y manejo son ajenos a nuestra cultura

Para las culturas prehispánicas, el agua de lluvia tenía un aspecto relevante en la idiosincrasia y la cosmovisión debido a que la asociaban con deidades. En cada región, centro ceremonial y zona urbana existía un dios de la lluvia, del agua, del rayo y del trueno. En la mayoría de los casos era el mismo, inseparable el uno del otro, eran dioses múltiples. En otras culturas, los dioses del agua se asociaban con los de la Madre Tierra, porque el agua también mana de las entrañas de la tierra, en forma de manantiales, en cascadas. Se representaban con fauces de serpiente, nubes, rayos y cántaros. Para los nahuas era Tlaloc, para los mayas Chaac, para los zapotecos Cocijo, Dzahui para los mixtecos, para los totonacos Aktsini y así podría seguir una enorme lista de nombres por región o civilización, que el lector puede acrecentar así como profundizar en su análisis.

La observación de la naturaleza, los fenómenos meteorológicos, los ciclos agrícolas y la interacción del hombre con las divinidades era una sola visión del mundo, no había división, sino una liga estrecha entre todo ello. La importancia de la lluvia en Mesoamérica tenía tres manifestaciones relacionadas con el manejo del agua: la escasez, el exceso y la irregularidad, mismas que hoy día continúan provocando estragos en la producción de alimentos y la vida cotidiana de los habitantes de México.

El suministro de agua para la ciudad de Palenque, Chiapas, en el periodo clásico, 200 a 900 d.C., por ejemplo, estaba resuelto, ya que tenían una fuente inagotable; sin embargo, en la época de lluvias tenían graves problemas de inundación y destrucción de cultivos y edificios, así como dificultad en el tránsito de personas y mercancías, evitados gracias a la construcción de puentes y túneles, y conduciendo el líquido aguas abajo a fin de irrigar zonas de cultivo e inundar las tierras bajas (humedales) En este caso, la estrategia en el manejo de agua se enfocó a la abundancia.

Otro caso es el de una ciudad contemporánea a Palenque, Cobá, en el actual estado de Quintana Roo, un centro urbano que se desarrolló en torno a la administración de agua superficial de manantial gracias a una elaborada obra hidráulica. En la ciudad de Uxmal, en Yucatán, también del periodo clásico, se construyeron numerosos chultunes, que no son sino depósitos de agua de lluvia excavados en el subsuelo con forma de campana, ubicados al pie de los edificios. Por último, en la ciudad de Xochicalco, del periodo clásico tardío, 650 a 1000 d.C., se ha encontrado un sistema de recolección de agua de lluvia en cisternas y su transporte por una compleja red de acueductos que satisfacían las necesidades en toda la ciudad. Estas dos últimas metrópolis, a diferencia de las anteriores, requerían resolver problemas de escasez en algunas épocas del año.

Mito IV. Debe ir al drenaje

Las obras de infraestructura hidráulica de la ciudad de México han tenido como principal característica la exportación de agua de la cuenca para vaciar los lagos que antiguamente existían. El Tajo de Nochistongo es la primera gran obra de drenaje que se realizó para retirar el volumen de agua de la cuenca, posteriormente el emisor Poniente, el emisor Central y el emisor Oriente. En un principio, las obras se realizaban cerca de a la superficie, sin embargo la sobreexplotación del acuífero provocó hundimientos que hicieron más difícil el desalojo del agua. Este problema se ha intentado resolver en las obras más recientes, excavando a una profundidad mayor a la realizada en obras anteriores e inclusive instalando estaciones de bombeo con equipos de gran capacidad para lograr el desalojo oportuno de grandes volúmenes de aguas negras, sobre todo en la época de lluvias.

Ha sido sólo en años recientes que las autoridades del Distrito Federal han establecido un marco legal que obliga que las nuevas construcciones a separar y reutilizar las aguas pluviales. Sin embargo, el volumen de captación y reuso es mínimo porque las grandes superficies pavimentadas, calles, plazas y estacionamientos al aire libre, no tienen separación de agua, con lo cual volúmenes importantes de lluvia son vertidos al drenaje como de desecho, sin reparar en el desperdicio que esto representa. Desafortunadamente, en los planes de desarrollo urbano y en la planificación hidráulica no se diseñaron los vasos de regulación como captadores de agua para su aprovechamiento, sino únicamente, como su nombre lo indica, para regular las avenidas en la época de lluvias y, de una manera controlada, verter el líquido al drenaje, previniendo su saturación.

Inundaciones contra escasez

La paradoja hidráulica que se vive en la ciudad de México radica en los extremos de la escasez y el exceso de agua, el primer acontecimiento se presenta en la época seca y el segundo en la época de lluvias. La historia nos muestra que, desde la época prehispánica, el emplazamiento en donde se ubicaron los primeros asentamientos humanos no fue el más adecuado, debido a su conformación de cuenca endorreica, lo cual ocasiona constantes inundaciones. Por esta razón se construyó el albarradón de Nezahualcoyotl; desde entonces y hasta hoy, tras la Conquista, el Virreinato, la Independencia y el México postrevolucionario, esta ciudad se ha caracterizado por la abundancia de agua, ya que originalmente más de 48 ríos abastecían a los cinco lagos de la cuenca.

Pero, ¿si en la actualidad no vemos los grandes ríos y sólo observamos calles pavimentadas, por qué el fenómeno de las inundaciones sigue presente? Como se mencionó anteriormente, esto se debe a que la cantidad de agua que se precipita no ha sufrido cambios significativos y ahora es captada en calles, avenidas que la llevan al drenaje, es decir, éstas se han convertido en impermeables y colosales áreas de captación. Debido al material con que se construye, la velocidad de escurrimiento y saturación de atarjeas es alta. Anteriormente estas mismas superficies eran ocupadas por cobertura vegetal natural o agrícola y el agua se filtraba al acuífero. También es importante recordar que los primeros asentamientos tenochcas se hicieron sobre zonas ganadas al lago de Texcoco, rellenando humedales, sobre partes de lagos desecados, produciendo una gradual compactación del terreno. Si en la actualidad le sumamos el peso de las construcciones a la extracción de agua y la sobreexplotación del acuífero, tenemos como resultado la disminución en el volumen del subsuelo, una mayor compactación que se traduce en hundimientos diferenciales a lo largo y ancho del territorio de la ciudad de México.

Para corroborar lo anterior se inició un análisis documental en publicaciones oficiales; sin embargo, en los datos de la Comisión Nacional del Agua (conagua) en particular la publicación Estadísticas del Agua en México en el 2010, los periodos de registro son diferentes y es difícil establecer una tendencia de manera clara. Los reportes sobre la precipitación en la ciudad de México son variables y van de 606 a 1 122 milímetros (tabla 1), lo cual puede explicarse por el empleo de criterios diferenciales con relación al tiempo de registro, la ubicación de los aparatos de medición y el tamaño del área en la que fue estimada. La misma conagua maneja una periodización distinta, lo que pone de manifiesto que, para utilizar la información existente, debe de realizarse una medición puntual del área de captación, ya que el último dato citado supera por mucho el promedio anual del país y de la región hidrológica. Es de resaltar el hecho de que en la zona del Ajusco llueve casi el doble del promedio del país y de la región hidrológica xiii. Es por ello que en la zona sur y sur poniente de la ciudad el volumen de precipitación podría ser una fuente importante de abastecimiento de agua que contribuya a detener la sobreexplotación del acuífero y a disminuir la demanda del trasvase de las cuencas Lerma y Cutzamala.

Potencial del manejo de agua de lluvia

Debido a sus condiciones geográficas y climáticas, el volumen de precipitación en la ciudad de México es muy variado, por lo cual, para lograr que el aprovechamiento y manejo de agua de lluvia sean viables es indispensable conocer la siguiente información: 1) contar con datos específicos y actuales del sitio donde se desea desarrollar el proyecto; 2) el volumen de la precipitación es básico, deben conocerse los datos de grandes periodos de tiempo y de eventos extraordinarios que permiten el diseño de sistemas de captación y distribución; 3) la superficie de captación se considera, en sus dimensiones, en el plano horizontal, sin importar la inclinación ni el acabado de la misma; 4) caracterizar el área y el volumen de precipitación nos facilitaría estimar el volumen de captación.

Asimismo, es necesario calcular el consumo prospectivo, es decir, analizar los datos de consumo actual, el volumen del suministro (agua de lluvia más fuentes adicionales) y el volumen requerido para el almacenamiento. El tipo de almacenamiento dependerá del volumen captado, del de consumo, del espacio para instalar el depósito, así como de los recursos financieros del usuario. Con toda esta información se realiza el diseño técnico de instalaciones para la captación, la distribución, el tipo de filtrado y el costo de obra.

Se requiere también monitorear la calidad del agua y determinar las necesidades de los usuarios. El agua de lluvia requiere un tratamiento de limpieza convencional, por lo que, para eliminar los organismos y las sustancias nocivas para el ser humano, se utilizan filtros y elementos químicos que retienen a los microorganismos. El tamaño del filtro, su composición, la ubicación y costo están en función del destino final que se dará al agua; en un mismo predio o edificación puede haber distintos tipos de filtros. El agua servida también puede reutilizarse con sistemas de recuperación (filtros y humedales) y separación del jabón, grasas, solventes, con lo que se disminuye la descarga de aguas negras al sistema municipal.

Para lograr un óptimo aprovechamiento del agua y de los dispositivos instalados, los usuarios deben estar interesados y plenamente convencidos del uso de agua de lluvia, sólo así se podrá lograr su participación desde los estudios previos, el desarrollo del proyecto y la operación del sistema. Al integrar cada uno de los elementos propios del diseño del sistema, los usuarios y los promotores conformarán un plan de manejo de manera que se establezca claramente el funcionamiento de los dispositivos y el óptimo aprovechamiento del agua de lluvia.

Conclusiones

El balance hídrico de la ciudad de México es un tema muy visto, bien documentado, pero hasta hoy, aun con debates, foros y discusiones, sigue sin resolverse. La cantidad y calidad del agua de lluvia que puede ser aprovechada para el consumo humano dependerá en gran medida de la adecuada conservación de la vegetación y el suelo de las zonas montañosas que la rodean, y del manejo adecuado del agua. En la ciudad de México se tienen serios problemas relacionados con la deforestación, el cambio de uso de suelo, el crecimiento de la mancha urbana, así como el reemplazo del suelo natural de infiltración por pavimentos impermeables. Asimismo, los lagos, ríos y vasos de regulación son empleados como vertederos de aguas negras o depósito de basura, razones por las cuales el agua de lluvia es desaprovechada como un recurso altamente cotizado.

Una alternativa para contribuir al equilibrio del balance podría ser el empleo del agua de lluvia; su éxito dependerá, en gran medida, de la activa participación social y gubernamental. Sin lugar a dudas, los beneficios tangibles se identifican fácilmente y se pueden medir, técnica y económicamente; los intangibles también son muchos y se tendrá que encontrar un índice para medirlos. Todos estos son, entre otros, los beneficios ambientales, sociales y culturales, y adquieren gran relevancia porque contribuyen a solucionar un problema serio y añejo en la ciudad de México.

articulos
Referencias bibliográficas
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Faustino Octavio Ruíz Abarca
Facultad de Arquitectura,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Es Maestro en Arquitectura por la UNAM y Profesor de Asignatura de la Facultad de Arquitectura. Es promotor de las técnicas de captura y manejo de agua fluvial.

Javier Carmona Jiménez
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Es Profesor Titular en la Facultad de Ciencias de la UNAM y su investigación pretende caracterizar la ecología y fisiología de los organismos acuáticos en sistemas fluviales de nuestro país.
     

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como citar este artículo
Ruíz Abarca, Faustino Octavio y Verónica Monroy Martínez. (2013). Del mito a la realidad. El manejo de agua de lluvia en la ciudad de México. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 38-45. [En línea]
     

 

 

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Javier Carmona Jiménez, Guillermina Alcaraz Zubielda,
Miriam Guadalupe Bojorge García y Ligia Collado Vides
     
               
               

Los sistemas acuáticos que conocemos como océanos, lagos, ríos, ente otros, poseen un conjunto de parámetros que los caracteriza y define. Los sistemas fluviales se diferencian de otros sistemas acuáticos por la presencia de corriente de agua unidireccional. Al igual que cualquier tipo de ambiente, los ríos poseen una gran diversidad de organismos y, a su vez, éstos presentan una gran diversidad de formas y funciones. Sin embargo, en ellos es posible encontrar patrones morfológicos y funcionales comunes. Aunque no todos los atributos de los organismos pueden ser explicados como resultado directo de la selección natural, una parte considerable de su diversidad morfológica, de sus procesos funcionales y respuestas conductuales son adaptaciones particulares que les permiten habitar de manera exitosa en dicho ecosistema, las cuales, además, tienen un contexto evolutivo-ecológico, es decir, histórico en su origen y ecológico en su papel actual.

Así en el entendimiento global del diseño de un organismo se debe considerar un análisis funcional, histórico y ecológico con la finalidad de responder preguntas tales como: ¿cuál es la relación que existe entre su diseño y la función que desarrollan en el sistema en que habitan? ¿Son los patrones morfológicos, funcionales y conductuales generales consistentes con la presión de selección del sistema? ¿Cómo han llegado los organismos al diseño actual?

La diversidad de ambientes en los sistemas fluviales es extremadamente amplia y está caracterizada por procesos geológicos, climáticos, fisicoquímicos y biológicos que actúan en escalas de tiempo y espacio geográfico, regional, local y microambiental. De la misma forma, los procesos físicos, como la velocidad de corriente del agua, actúan en diferentes escalas espaciales y temporales donde cada nivel tiene sus propias características en cuanto a su persistencia en el tiempo, rango de fluctuación y extensión espacial. En el análisis de grandes regiones geográficas, los procesos se relacionan con escalas geológicas que incluyen aspectos geoquímicos, el desarrollo de cauces, procesos de sucesión, paisaje, uso de suelo y cambios de clima mayores relacionados con la historia evolutiva de los sistemas y de la biota. En este caso, los procesos de cambio lento (interanuales o a lo largo de décadas) son los que determinan las condiciones climáticas, fisicoquímicas y biológicas. Es en esta escala en donde se analizan los efectos de los contaminantes, los fenómenos de acidificación y la eutrofización asociados a los cambios climáticos globales.

La diversidad ambiental de los sistemas fluviales a nivel geográfico y regional puede explicarse mediante el efecto combinado de factores asociados con la latitud, longitud y altitud. Por ejemplo, en comparación con lagos y lagunas, la extensión de los ríos es inmensamente mayor, dado que éstos pueden fluir por largas extensiones geográficas. Un ejemplo de ello es el río Nilo, que fluye por grandes extensiones incluyendo el alto y bajo Egipto, o el río Volga, que a lo largo de su curso pasa por diversas regiones climáticas de Europa.

En escala geográfica vemos que, en general, los ríos tienen su origen en las tierras altas donde la temperatura tiende a ser más baja, las pendientes del terreno más pronunciadas y la velocidad de corriente del agua es, en consecuencia, más rápida. Conforme el río desciende a la planicie, la temperatura se incrementa y la pendiente disminuye reduciéndose la velocidad de flujo. A su vez, la velocidad de la corriente actúa como modelador físico y estructural del perfil topográfico, determinando también el tipo y tamaño de las partículas que forman los sedimentos a nivel local. Por ejemplo, un río con baja velocidad de corriente presenta mayor proporción de partículas finas y sedimento lodoso en comparación con un río en donde ésta es alta. La velocidad del caudal también afecta las características químicas del agua, la abundancia y distribución de nutrimentos y desempeña un papel importante en las interacciones bióticas. Como resultado de la variación latitudinal y altitudinal a lo largo del cauce de un río, se espera encontrar una considerable heterogeneidad ambiental (determinada por cambios físicos y químicos), la cual requiere ser caracterizada por un gradiente multifactorial.

En una escala local y microambiental los procesos de índole biótica y abiótica se caracterizan por cambios bruscos en escalas temporales relativamente cortas (minutos y horas) muchos de ellos relacionados con pulsos. En comparación, el incremento en la distancia longitudinal se relaciona con variaciones temporales más predecibles y menos violentas, como son las fluctuaciones diurnas y estacionales. Los microambientes se caracterizan por ser subdivisiones del ambiente relativamente homogéneas, sin embargo, difieren cuantitativamente en los valores de algunas variables ambientales en comparación con aquellos de una escala espacial mayor. En sistemas fluviales los microambientes son originados por muchos factores de origen topográfico, objetos que modifican el flujo de agua, tamaño y composición química del sustrato, profundidad, iluminación, presencia de vegetación, etcétera, así como características bióticas que a su vez son factores generadores de características microambientales. De manera general, la variación de parámetros ambientales y bióticos en microambientes se observa en pequeña escala en los cambios acelerados en el tiempo y bruscos en función del espacio, aunque la permanencia de la biota, resultado de esos cambios continuos en escalas reducidas, tendrá una repercusión en escalas espaciotemporales mayores.

Un reto común: la velocidad del agua

Es indudable que las fuerzas del flujo de agua unidireccional modelan el hábitat físico de arroyos y ríos al determinar el tamaño de las partículas, la naturaleza del substrato, la morfología del cauce, la distribución e intercambio de nutrimientos y otros recursos por medio del efecto de la fuerza física que actúa en la columna del agua y sobre el sustrato. En el caso de la biota, el flujo de agua impone desafíos y riesgos para la perpetuación espacial y temporal de los organismos en los sistemas fluviales. El desafío más evidente es el evitar ser desprendido o arrastrado por la corriente, mantener una posición espacial en el sistema o desplazarse en contra de esta fuerza.

El flujo de agua en los cauces se manifiesta en tres dimensiones, ya que cada partícula del fluido puede desplazarse longitudinalmente, lateralmente o verticalmente. En función del movimiento del conjunto de partículas del fluido, el flujo puede ser laminar o turbulento. El primero se mueve en capas paralelas en la misma dirección y es usual en velocidades altas. El flujo turbulento ocurre en áreas de sustrato irregular y bordes caóticos, donde se altera el flujo laminar ordenado, disminuye la velocidad y se genera un movimiento en distintas direcciones. Este flujo tiene un importante efecto en la mezcla y oxigenación del agua.

La naturaleza del flujo también se caracteriza por sus propiedades de viscosidad y por la inercia. Las aguas altamente viscosas promueven el flujo laminar, mientras que el incremento en las fuerzas de inercia incrementan la turbulencia. En un fluido, la relación entre las fuerzas de inercia y las fuerzas viscosas da como resultado el número de Reynolds, que puede ser estimado tanto para objetos (organismos) como para sistemas de corriente. El desafío que representa el flujo de agua se debe a que cualquier objeto que se encuentre dentro de aguas corrientes opone una fuerza de resistencia hidráulica al flujo, la cual está en función de la estructura del organismo, su tamaño y forma, así como del tipo y la velocidad del flujo al que se enfrenta. En el caso del flujo laminar, la velocidad de corriente empuja a los organismos sésiles, los cuales ofrecen una resistencia de acuerdo con sus atributos morfológicos, ya que de éstos depende cómo se manifestará el efecto del movimiento turbulento del agua. En el caso de las plantas, el flujo laminar se relaciona con el patrón de ramificación, la forma de las hojas y tallos, y la turbulencia con el tamaño y grosor de los tallos, con la manera como se enredan las ramas finas.

Existen especies con alta tolerancia al flujo, sin embargo, cuando éste es de alta intensidad, el tiempo es importante, ya que determina la presencia de especies con tolerancia limitada al golpeteo y al enredo. En los animales móviles y sésiles el principal riesgo es ser arrastrado por la corriente o invertir demasiada energía, incrementándose el riesgo en ambientes de fluidos turbulentos. En algunos arroyos el flujo turbulento ocurre únicamente en periodos de tormenta, lo cual causa daños temporales en las poblaciones. Además del efecto directo del flujo sobre los organismos, en estos ambientes las corrientes unidireccionales afectan a los organismos de manera indirecta mediante los sedimentos, sea como partículas suspendidas o bien por fenómenos de erosión y sedimentación.

La abrasión en los organismos se genera por el paso y golpeteo de partículas, como arena y otras pequeñas que son arrastradas por la corriente. Este efecto de choque de partículas se presenta principalmente en las algas, plantas acuáticas e invertebrados sésiles, dado que los organismos móviles tienden a evitar este tipo de condiciones. El daño causado por la abrasión es menor en las partes suaves de las plantas, en tanto, en las partes rígidas o con irregularidades morfológicas las partículas suspendidas quedarán atrapadas, incrementando la resistencia al flujo y, en consecuencia, la posibilidad de desprendimiento. En contraste con la erosión, la sedimentación consiste en la acumulación de partículas causada por las tormentas, el inicio de la época de estiaje o el acarreo de sedimento exportado de las orillas del río. El efecto directo causado en los organismos sésiles se manifiesta como un incremento en el nivel del sustrato en función del nivel de anclaje del organismo, es decir, en su conjunto, éste se va enterrando, reduciéndose la superficie fotosintéticamente activa en el caso de las plantas o bien cubriendo a los organismos de menor talla.

Morfologías y estrategias convergentes

Existen dos estrategias para resistir a los efectos de la corriente en un sistema fluvial: escapar de la acción de dicha fuerza física o enfrentarla. A partir de los estudios de laboratorio se concluye que un gran número de organismos que habitan en sistemas lóticos pueden soportar velocidades de flujo mucho mayor al que naturalmente ocurre en el medio, lo que sugiere que estos organismos se encuentran anclados de tal manera que toleran el paso de tormentas temporales. Por otro lado, la permanencia espacial en el sistema no es el único desafío que los organismos tienen que enfrentar en ese ambiente, la energía que las especies invierten en mantener la posición vertical o desplazarse en contra de la corriente puede ser muy elevada. Ante este hecho, muchos organismos tienden a utilizar refugios de corriente que disminuyen el riesgo y los costos de enfrentar tal fuerza, fenómeno que está relacionado con la conducta de selección de hábitat de los animales y los patrones de establecimiento de los organismos vegetales.

De manera general, se asume que la interfase del agua y el sedimento provee un refugio importante a los organismos para escapar o disminuir la fuerza del flujo de agua. Esta interfase microscópica es utilizada por bacterias, diatomeas, cianobacterias, rodofíceas y clorofíceas, unicelulares y costrosas de pocos micrómetros de espesor. Sin embargo, la amplitud de esta capa es demasiado angosta para ser utilizada como refugio de flujo por pequeños invertebrados bentónicos. Asimismo, la velocidad del agua disminuye significativamente en algunas áreas particulares de los ríos, como debajo de las rocas, en hendiduras y entre la vegetación sumergida, así como en capas superficiales del sedimento y la cama de los ríos. En particular, la mayor densidad de organismos bentónicos microcrustáceos, oligoquetos y quironómidos se presenta entre 5 y 15 centímetros de profundidad de la cama de sedimento, y éstos migran verticalmente hacia las capas superficiales en donde se realiza una importante actividad alimentaria. Otro refugio de flujo importante está relacionado con la heterogeneidad espacial del flujo (lateral o longitudinal). La presencia de zonas muertas y obstrucciones donde la velocidad de la corriente es baja constituye refugios importantes, principalmente para peces e invertebrados, así como microambientes críticos para la reproducción y mantenimiento de las poblaciones.

Por su parte, los organismos que no evaden el flujo presentan atributos morfológicos que les permite enfrentar la velocidad de la corriente, caracteres morfológicos, biomecánicos, que con frecuencia son considerados como adaptaciones generales para la vida en sistemas fluviales. Entre las principales características que convergen en diferentes grupos y que se señalan como adaptaciones que permiten soportar la fuerza del agua se destaca el perfil vertical reducido, el tamaño, la forma hidrodinámica del cuerpo y la presencia de estructuras de anclaje y de contrapeso. Estas características morfológicas pueden abordarse desde dos perspectivas fundamentales: las estructuras de anclaje que ayudan al organismo a fijarse al sustrato y le evitan ser desprendido, y la forma del cuerpo que ayuda a disminuir la fuerza de arrastre del agua.

Estructuras de anclaje

La fuerza de anclaje se refiere a aquella que mantiene el organismo unido al sustrato. Si la fuerza de arrastre ejercida por el agua es mayor a la de anclaje, el organismo será desprendido y arrastrado por la corriente. Esta última depende de las dimensiones, la cantidad, la profundidad y la extensión lateral que alcancen las prolongaciones que lo fijan al sustrato, así como del tipo de sedimento en que se encuentren inmersas. En el caso de las plantas, las prolongaciones de anclaje largas y profundas son características de los ambientes de bajo flujo, mientras que en aguas rápidas se encuentran plantas con raíces fuertes, cortas y curvas, que les permite sujetarse a las rocas de gran talla, características de sistemas con alta velocidad de corriente. La mayoría de las plantas de sistemas fluviales se encuentran fuertemente ancladas al sustrato, de tal manera que la fuerza de anclaje excede a la fuerza de arrastre de la corriente. De manera complementaria, sus estructuras de anclaje (estolones) son tejidos de reproducción vegetativa a partir de los cuales se da la regeneración del organismo.

Una gran cantidad de animales presenta también estructuras de anclaje al sustrato, las cuales están constituidas, en su mayoría, por sedas, secreciones pegajosas, ganchos y sistemas de succión que les permite mantener una posición vertical sin ser arrastrados por la corriente. En el caso de algunas larvas de insectos, éstas presentan sistemas de succión ventrales y ganchos que les permite sujetarse fuertemente al fondo e incluso desplazarse en sentido opuesto al flujo de agua de alta velocidad. En algunas especies de mosca, éstas resisten las corrientes de alta velocidad, hilando una maraña de seda sobre la superficie de una roca, a la cual se sujetan con apéndices especializados provistos de ganchos. Este tipo de seda también es usado por algunos dípteros para sujetar sus pupas a piedras mientras mudan y se desarrollan. Otro ejemplo particular es el sistema especializado para sujetarse que presenta el mejillón cebra, cuyos filamentos de fijación le permite vivir en corrientes donde hay un sustrato duro.

La presencia de estructuras de fijación como resistencia a la corriente del agua no es exclusiva de plantas y animales de talla reducida; algunos anfibios presentan estructuras de succión que les permite mantener una posición espacial en los sistemas o bien facilitan su desplazamiento voluntario en corrientes rápidas. En particular, algunos renacuajos de Asia, como Rana hasinesis, presentan un sistema de succión formado por las papilas del labio frontal, el cual les permite sujetarse fuertemente al sustrato y deslizarse de manera similar a como lo hacen las sanguijuelas sobre las piedras. Un sistema parecido está también presente en la lamprea y, aunque se considera que su sistema de succión es una adaptación al ectoparasitismo, dicha estructura es frecuentemente empleada para trepar cascadas por paredes de roca fina durante las migraciones corriente arriba.

La forma del cuerpo

En términos evolutivos, muchos factores físicos pueden influir en la forma del cuerpo de los organismos. Considerando el papel tan importante que desempeña la corriente de agua en los habitantes de sistemas lóticos, no es sorprendente encontrar que muchos aspectos de la morfología de los organismos se encuentren ligados a este factor. Se considera en general que las características convergentes de la forma del cuerpo en habitantes de sistemas fluviales están relacionados con cualidades estructurales que permiten disminuir la fuerza de arrastre del agua o bien el gasto energético asociado a la locomoción y la permanencia en el agua. Entre estas características se destaca el perfil vertical reducido y la presencia de estructuras de contrapeso. La talla y la forma del cuerpo dorsiventralmente aplanada constituyen variantes del perfil vertical reducido, lo cual disminuye la fuerza de levantamiento causada por el agua, facilitando a los organismos el permanecer fijos al sustrato. Asimismo, el perfil vertical reducido podría favorecer el camuflaje y evitar la depredación. Varios grupos de insectos acuáticos son de talla pequeña y cuerpo aplanado, mientras los de talla grande, como algunos peces —los bagres y los góbidos que habitan el fondo— presentan características singulares, como los ojos situados en el dorso, opérculo y aletas laterales, vejiga natatoria reducida y órganos de fijación entre otras.

En los de talla pequeña el perfil vertical reducido es también adquirido de manera pasiva como resultado de la flexibilidad de los organismos y las fuerzas de empuje del agua que doblan o inclinan el cuerpo en dirección de la corriente; es el caso de algas y plantas alargadas, de estructuras delgadas y flexibles en forma de láminas, como las del genero Prasiola, y de la vegetación vascular acuática del genero Ranunculus, que crece en arroyos de montaña donde la velocidad del agua tiende a ser elevada. La inclinación pasiva de la postura del cuerpo por efecto de la corriente se observa también en animales, como las larvas de moscas, algunas de las cuales modifican adicionalmente la posición de sus estructuras alimentarias para incrementar la captación de alimento y disminuir la fuerza de arrastre de la corriente.

Otro carácter importante que habilita a los organismos a enfrentar la corriente de agua es el lastre o peso extra. Este atributo se presenta en algunas larvas de insectos, como los fríganos, en donde actúa también como un factor que favorece de manera paralela el camuflaje y la protección directa contra depredadores. En los peces, la gran variabilidad en la forma del cuerpo y las aletas está relacionada con los diferentes ambientes lóticos en que habitan, así como con sus patrones y estrategias de desplazamiento. Su plano morfológico-funcional se relaciona con los mecanismos de propulsión usados durante la locomoción, donde las características del nado se relacionan con el área transversal, el tipo de aletas, la posición relativa de las mismas y la superficie corporal. De acuerdo con este esquema, los peces pueden ser generalistas o especialistas de nado de alta aceleración y velocidad o en la ejecución de maniobras. En los sistemas fluviales la distribución de organismos altamente especializados en las diferentes modalidades de nado se relaciona directamente con la velocidad de la corriente. En general, se puede señalar que los peces de nado rápido y los que requieren mantener una posición espacial en corrientes rápidas tienden a presentar formas hidrodinámicas y corte transversal redondo, como los salmónidos y las truchas.

Plasticidad fenotípica

Dado que el crecimiento en las plantas es un proceso continuo y en estrecha relación con los efectos del medio, se puede observar una alta plasticidad morfológica asociada al flujo de corriente. Es importante señalar que la forma hidrodinámica, la talla reducida y la disminución del perfil de exposición al flujo de agua no son características indispensables para habitar en corrientes rápidas. Muchas especies de plantas de tipo arbustivo pueden habitar en sitios de corriente rápida como resultado de una gran resistencia de sus tejidos vegetativos, la presencia de estructuras de anclaje altamente eficientes, así como una alta flexibilidad que evita fracturas en el tejido vegetativo. Algunas especies de tipo arbustivo están muy ramificadas, como es el caso de los pastos del género Ranunculus.

La expresión fenotípica de estos organismos se modifica en función del ambiente en que habitan; así individuos con menor grado de ramificación habitan en ambientes donde la velocidad de la corriente es alta debido a que la resistencia al flujo tiende a disminuir con el grado de ramificación. Las plantas arbustivas de ambientes de flujo lento tienden a presentar estructuras gruesas que ofrecen mayor resistencia que las delgadas y flexibles alineadas al flujo, lo cual resulta de su mayor superficie expuesta a la línea de corriente.

La plasticidad de crecimiento se observa también en organismos que modifican su forma de crecimiento y su morfología en función de la posición vertical relativa de sus estructuras en la columna del agua, es el caso de Apium nodiflorum y Berula erecta, cuyas plantas se desarrollan fuera del agua, crecen de manera arbustiva y alcanzan mayor talla que las que se desarrollan en inmersión. En organismos sumergidos existen diferencias en las estructuras que dependen de su posición relativa en el sustrato; los tallos ubicados cerca del fondo tienden a ser relativamente cortos, mientras que los más largos se encuentran en las partes expuestas a la columna del agua.

Consideraciones ecológicas

A partir de lo anterior, se desprende que la distribución de las especies en los sistemas fluviales está limitada actual e históricamente a ciertas áreas. Cuando los márgenes de distribución están relacionados con barreras físicas evidentes que evitan que las especies se distribuyan más allá de ciertos rangos, su presencia allí puede ser fácilmente explicada; por ejemplo, en sistemas fluviales las grandes caídas de agua (cascadas) restringen la presencia de plantas y peces que se dispersan a partir de sitios bajos. Sin embargo, cuando los márgenes de distribución están establecidos por características topográficas evidentes pero están delimitados por un continuo de variación ambiental, la explicación se hace más complicada; es el caso de la distribución de los organismos en función de la corriente de agua en los sistemas fluviales, la cual se comporta como una variable física en la cual no es posible observar bordes interrumpidos, sino un gradiente continuo de diferente intensidad.

El flujo continuo de agua hace de los ríos un sistema único. En función del establecimiento de patrones generales, la velocidad de corriente es una presión de selección que debe ser considerada como inherente a este tipo de sistemas. La velocidad del agua actúa como un factor limitante en la distribución de los organismos, ejerciendo efectos directos en ella como resultado directo de la velocidad o del tipo de flujo (laminar o turbulento), por medio de cambios indirectos en factores bióticos relacionados con interacciones biológicas como la competencia, la depredación y la distribución de alimento, entre otras, o bien por la interacción de ambos factores.

Es aquí donde el estudio de los patrones ecofisiológicos toma importancia al identificar los caracteres que delimitan la tolerancia de los organismos a este factor y explican su distribución actual en el ambiente, es decir, que establecen la relación existente entre su diseño y la función que desarrollan en el sistema que habitan. Sin embargo, es importante recordar que son muchas las dimensiones espaciotemporales que deben ser consideradas en el estudio de las convergencias adaptativas para la vida en estos sistemas. Así, aun cuando los estudios ecológicos interpretan la distribución actual de los organismos en función de los caracteres que determinan la tolerancia, dicho enfoque no explica por qué tales caracteres delimitan la distribución. Desde una perspectiva histórica y evolutiva, la información ecológica provee sólo una explicación parcial del rango de distribución de las especies, sin contestar las preguntas centrales: ¿cómo han llegado los organismos al diseño actual? ¿Son los patrones generales observados consistentes con la presión de selección del sistema? ¿Por qué bajo estas condiciones de un continuo de variación ambiental los organismos no continúan evolucionando, extendiendo sus límites de distribución?

El estudio de las adaptaciones es esencialmente un fenómeno que sólo puede ser estimado mediante la comparación de especies o caracteres de diferentes especies. Algunas aproximaciones se basan en la comparación de diferencias fenotípicas que podrían ser interpretadas como adaptaciones a diferentes regímenes selectivos. La evidencia que apoya el papel de la corriente sobre la biota se fundamenta en el hecho de que algunas especies habitan en aguas rápidas y otras en lentas, así como en convergencias morfológicas y funcionales asociadas a ese factor ambiental.

Sin embargo, es importante destacar que la aproximación rigurosa al estudio de las adaptaciones se basa en la realización de comparaciones filogenéticas relacionadas con la historia evolutiva del grupo, un método filogenético que permite probar estadísticamente correlaciones en el cambio de dos o más caracteres y establecer secuencias de cambio que han ocurrido durante la evolución. La asociación entre caracteres homólogos y factores ambientales fundamenta inferencias acerca de las adaptaciones. Para concluir, es importante destacar que en este trabajo no se pretende ahondar en el estudio de las adaptaciones, sino abordar convergencias que podrían ser el resultado de procesos ecológico-evolutivos y estar relacionadas con la expresión de selección de este ambiente particular.

articulos
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Javier Carmona Jiménez,
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Es profesor de Carrera Titular en la Facultad de Ciencias, egresado y Doctorado en la misma institución. Su investigación pretende caracterizar la ecología y fisiología de algas en sistemas fluviales de nuestro país y su empleo como indicadores de la calidad ambiental.
Guillermina Alcaraz Zubielda
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Es profesora de Carrera Titular en la Facultad de Ciencias, egresada y Doctorada en la misma institución y estudia la ecología y conducta de vertebrados en ecosistemas acuáticos.
Miriam Guadalupe Bojorge García
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Es Técnico Académico en la Facultad de Ciencias, Campus Juriquilla y Maestra en Ciencias egresada de la misma institución.
Ligia Collado Vides
Southeast Environmental Research Center, Florida International University.
Miami, Florida.
Es profesora Instructor del Southeast Environmental Research Center y doctorada por la Universidad Nacional Autónoma de México. Su investigación incluye el estudio de los efectos del crecimiento clonal en los aspectos ecológicos y evolutivos de las macroalgas.
     
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como citar este artículo
Carmona Jiménez, Javier, Guillermina Alcaraz Zubieta, Miriam Guadalupe Bojorge García y Ligia Collado Vides. (2013). El gran desafío de los seres vivos en ecosistemas fluviales. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 66-75. [En línea]
     

 

 

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El río
Joao Cabral de Melo Neto
Poeta y diplomático brasileño
(1920 - 1999).
Traducción
César Carrillo Trueba
   
   
     
                     
     
El río o relación del viaje
que hace el Capibaribe
de su naciente
a la ciudad de Recife
1953
[Fragmentos]
De la laguna de la Estaca a Apolinário
Siempre pensara en ir
camino al mar.
Para los bichos y ríos
nacer ya es caminar.
Yo no sé lo que los ríos
tienen de hombre de mar;
sé que se siente el mismo
y exigente llamar.
Yo ya nací descendiendo
la sierra que se dice de Jacarará.
entre caraibeiras
de las que sólo sé por oír contar
(pues, también como la gente,
no consigo recordar
esas primeras leguas
de mi caminar).
De ese todo que recuerdo,
me recuerdo bien que bajaba
entre tierras de sed
que desde las márgenes me vigilaban.
Rio niño, yo temía
aquella gran sed de paja,
gran sed sin fondo
que aguas niñas codiciaba.
Por eso es que al descender
camino de piedras yo buscaba,
y no lecho de arena
con sus bocas multiplicadas.
Lecho de piedra abajo
rio niño yo saltaba.
Salté hasta encontrar
las tierras hembras de Mata.
Noticia del Alto Sertón
Por detrás de lo que recuerdo,
oí de una tierra desertada,
vaciada, no vacía,
más que seca, calcinada.
De donde todo huía,
donde sólo piedra quedaba,
piedras y pocos hombres
con raíces de piedra, o de cabra.
Allá el cielo perdía las nubes,
rezagadas de sus aves;
los árboles, la sombra
que en ellos ya no se posaba.
Todo lo que no huía,
gavilanes, buitres, plantas bravas,
la tierra devastada
aún más hondo devastaba.
El camino de la Ribera
Como aceptara andar
en mi destino de mar,
preferí ese camino,
para allá llegar,
que dicen de la ribera
y a la costa va a dar,
que de este mar de ceniza
va a un mar de mar;
preferí ese camino
de mucho doblar,
camino bien seguro
que no tiene errar
pues es el que toda la gente
acostumbra tomar
(en la gente que regresa
se siente olor de mar).
De Apolinário a Poço Fundo
Para el mar voy descendiendo
por ese camino de la ribera.
La tierra voy dejando
de mi infancia primera.
Voy dejando una tierra
reducida a su arena,
tierra en donde las cosas viven
la naturaleza de piedra.
A mano derecha los yermos
del Brejo da Madre de Deus,
Taquaritinga a la izquierda,
donde el yermo es siempre el mismo.
Brejo o Taquaritinga,
mano derecha o mano izquierda,
voy entre cosas pocas
y secas además de su piedra.
Dejando voy las tierras
de mi primera infancia.
Dejando por detrás
los nombres que van cambiando.
Tierras que yo abandono
porque es de río estar pasando.
Voy con paso de río,
que es de barco navegando.
Dejando por detrás
las haciendas que van quedando.
Viéndolas, mientras me voy,
parece que están desfilando.

Voy andando lado a lado
de gente migrante;
voy llevando conmigo
los ríos que voy encontrando.
Los ríos
Los ríos que yo encuentro
van siguiendo conmigo.
Ríos son de agua poca,
en que el agua siempre está de un hilo.
Cortados en el verano
que hace secar todos los ríos.
Ríos todos con nombre
y que abrazo como a amigos.
Unos con nombre de gente,
otros con nombre de bicho,
unos con nombre de santo,
muchos sólo con apodo.
Mas todos como la gente
que por aquí he visto:
gente cuya vida
se interrumpe cuando los ríos.
       ...
Del riachuelo las Éguas al arroyo de la Miel
Caruaru y Vertentes
a la otra mañana abandoné.
Ahora es Surubim,
que queda del lado izquierdo.
Le sigue João Alfredo,
que también pasa lejos y no veo.
Mientras a la derecha
todo son tierras de Limoeiro.
Mi camino divide,
de nombre, las tierras que desciendo.
Entretanto el paisaje,
con tantos nombres, es casi el mismo.
El mismo calor callado,
el mismo sollozo seco,
misma muerte de cosa
que no se pudre pero seca.
     ...
Tierras de Limoeiro
Voy en el mismo paisaje
reducido a su piedra.
La vida viste aún
su más dura piel.
Sólo que aquí hay más hombres
para vencer tanta piedra,
para amasar con sangre
los huesos duros de esta tierra.
Y si aquí hay más hombres,
esos hombres mejor conocen
cómo obligar al suelo
con plantas que comen piedra.
Hay aquí hombres pero hombres
que en su lucha contra la piedra
saben cómo armarse
con las cualidades de la piedra.
    ...
Encuentro con el cañaveral
Al otro día dejaba
el Agreste, en el Chã do Carpina.
Entraba por Paudalho,
tierra ya de caña y de usinas.
Veía matas de caña
con su cabellera, o melena,
mucha hoja de caña
con su lámina fina,
mucha cañita
con su apariencia delgada,
y cañas con pendones
que son las cañas embravecidas.
Como tierra de caña,
son mucho más blandas y femeninas.
Fueron tierras de ingenio,
ahora son tierras de usinas.
    ...
Del Petribu al Tapacurá
Las cosas son muchasque voy encontrando en este camino.Todo planta de cañaen los dos lados del camino;y más plantas de cañaen los dos lados de los caminospor donde bajan los ríos que voy encontrando en este camino;y otras plantas de cañahay en las ribas de los otros ríos;
que éstos encontraron
antes de encontrarse conmigo.
Todo planta de caña
y así hasta el infinito;
todo planta de caña
para una sola boca de usina.
Descubrimiento de la Usina
Hasta este día, usinas
yo no había encontrado.
Petribu, Muçurepe,
detrás habían quedado,
aunque mi camino
pasa por allí muy apresurado.

    ...
Viera usinas comer
las tierras que iban hallando;
con grandes cañaverales
todas las vegas ocupando.
El cañaveral y la boca
con que primero van devorando
matas y capoeiras,
pastos y cercados;
con que devoran la tierra
donde un hombre su roza ha plantado;
después los pocos metros
donde su casa ha plantado;
después el poco espacio
que precisa un hombre sentado;
después los siete palmos
donde va a ser enterrado.

    ...
Encuentro con la Usina
Mas es en la Usina que vi
aquella boca mayor
que existe por detrás
de las bocas que ella plantó;
que come el cañaveral
que contra las tierras soltó;
que come el cañaveral
y todo lo que él devoró;
que come el cañaveral
y las casas que él asaltó;
que come el cañaveral
y las calderas que sofocó.
Sólo en la Usina vi
aquella boca mayor,
la boca que devora
bocas que devorar mandó.
En la villa de la Usina
fui a descubrir a la gente
que las cañas expulsaran
de los ribazos y menguantes;
y que esa gente misma
en la boca de la Usina son los dientes
que mastican la caña
que la masticó como gente;
que mastican la caña
que masticó anteriormente
las moliendas de los ingenios
que masticaban antes a otra gente;
que en esa gente misma,
en los dientes blandos que ella arrienda,
las moliendas extranjeras
su fuerza mejor asientan.
    ...
Y vi todas las muertes
en que esta gente vivía:
vi la muerte por crimen,
salpicando la hora del vigía;
la muerte por desastre,
con sus filos tan precisos,
como un brazo se corta,
cortar bien razo mucha vida;
veía muerte por fiebre,
precedida de su silbido,
consumir toda la carne
con un fuego que por dentro es frío.
Allí no hay muerte
de planta que seca, o de río:
esta muerte que se pudre,
allí natural, por lo visto.

    ...
De São Lourenço a Ponte de Prata
Al entrar en Recife,
no piensen que entro sólo.
Entra conmigo la gente
que conmigo bajó
por esa viejo camino
que viene del interior;
entran conmigo ríos
a quienes el mar llamó,
entra conmigo la gente
que con el mar soñó,
y también migrantes
en quienes sólo el sudor no secó;
y entra esa gente triste,
la más triste que ya bajó,
la gente que la usina,
después de masticar, corrió.

    ...
Los dos mares
A un río siempre espera
un más vasto y ancho mar.
Para la gente que baja
no siempre existe ese mar,
pues ellos no encuentran
en la ciudad que imaginaban mar
sino otro desierto
de pantanos cerca del mar.
Por entre esta ciudad
aún más lenta es mi pisada;
retraso cuanto puedo
los últimos días de la jornada.
No hay grúas de puerto que ver,
mucho menos para derrumbar:
hay apenas esta gente
y mi simpatía callada.
Ofrenda
Ya dejando Recife
entro por los caminos comunes del mar:
entre barcos venidos de lejos,
sabios de mucho viajar;
junto de esta barcaza
que va por el rumbo de Itamaracá;
lado a lado con ríos
que llegan del Pina con Jiquiá.
Al irme de compañía
de esta gente de los pantanales
¿qué le puedo dejar?,
¿qué consejo, qué recado?
Solamente la relación
de nuestro común andar;
sólo esta relación
tejida en grueso telar.
   articulos  

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Joao Cabral de Melo Neto (1920 - 1999)
Traducción
César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México
     
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como citar este artículo
Cabral De Melo Neto, João. (2013). El río. Cabral De Melo Neto, João. Traducción: César Carrillo Trueba. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 86-89. [En línea]
     

 

 

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Delfín Montañana y Natalia Gálvez
     
               
               
Durante miles de años la humanidad ha logrado avanzar
en la carrera por sobrevivir gracias a la enorme capacidad que tiene la especie humana para desarrollar herramientas de conocimiento que le permiten adaptarse a condiciones adversas por medio del desarrollo de distintas tecnologías con las que modifica el entorno que le rodea. A nuestro parecer, es ahora, más que nunca antes en la historia, que dichas capacidades están siendo puestas a prueba y sabremos si el ingenio característico de nuestra especie logra librarnos de la difícil situación socioambiental en la que nosotros mismos nos hemos metido.

Derivado de lo anterior, pareciera que todas y cada una de las estructuras tangibles e intangibles diseñadas por nuestras sociedades se encuentran cercanas a los límites de sus propios paradigmas. A todo el rededor del mundo las principales disciplinas de diseño se encuentran bajo un profundo proceso de cuestionamiento, tal vez en búsqueda de nuevas soluciones para una realidad a la que ya no alcanzan a dar respuesta. Si partimos de la premisa de que todo en este mundo que hemos creado y del cual nos hemos rodeado ha tenido que ser diseñado por alguna mente humana, podemos considerar que no sólo el problema está en el diseño, sino que también la solución radica, en gran medida, en la capacidad que tengamos de transformar la forma en que diseñamos las cosas y el propósito que perseguimos al hacerlo.

No cabe duda de que, en la actualidad, disciplinas como la arquitectura, las ingenierías, el diseño industrial, la economía y demás áreas del conocimiento encargadas de diseñar el mundo producido por la humanidad, están atravesando un momento de rompimiento y análisis de los fundamentos teóricos que las sostienen.

También es claro que la profundidad del cuestionamiento que nos exige la realidad no puede ser respondida de manera satisfactoria si seguimos atacando los problemas que enfrentamos en forma aislada a través de los silos de conocimiento propios de cada disciplina. Cada vez es más frecuente encontramos con el fenómeno de la íntima convergencia de distintas disciplinas, en la multidisciplina, donde logramos tener a distintos especialistas pensando en un mismo problema, o en la interdisciplina, en la que dichos especialistas no sólo se sientan juntos y comienzan diálogos y conversaciones, cada cual con su propio lenguaje técnico, sino buscando en conjunto la respuesta a un problema en común. Hoy dichas barreras del lenguaje y del conocimiento se empiezan a desvanecer sin que esto signifique que lleguen a desaparecer, emergiendo una nueva forma de colaboración: el trabajo trans
disciplinario. Pareciera que cuanto más hemos podido avanzar en la generación de complejidad en el mundo del cual hemos decidido rodearnos, más podemos observar la necesaria complementaridad e interdependencia de distintas áreas del conocimiento con las que lo hemos creado.

Una de las áreas que, en particular, comienzan a incluir de manera más acelerada diferentes disciplinas en su quehacer cotidiano es la del urbanismo, dedicada al entendimiento y determinación del desarrollo y diseño de las ciudades que habitamos. Y no parece ser un desacierto si tomamos en cuenta que son las grandes urbes del mundo las principales responsables de la creciente demanda de recursos y de la paulatina pérdida de hábitat natural derivada de su continua expansión. Ya se ha pronosticado que, en escasos treinta años, 80% de la humanidad habitará en asentamientos de tipo urbano y dichas aglomeraciones ocuparan tan sólo 2.7% de la superficie terrestre, pero demandarán satisfactores para sus necesidades a la restante área planetaria sin urbanizar.

Entre las últimas teorías de diseño y desarrollo que han logrado generar soluciones plausibles a los problemas actuales en el entorno urbano se encuentra la del “Diseño y desarrollo regenerativos”, que no sólo es eminentemente un quehacer transdisciplinario sino que también aborda de manera integral y holística el proceso urbano. Su punto de partida es el conocimiento y análisis necesarios para la toma de decisiones respecto de lo urbano, pero siempre desde el entendimiento profundo del sistema que le ha dado origen y brinda sostén y que, sobre todo, le ha permitido constituirse como una expresión única e irrepetible propia del lugar en el que se encuentra.

El proceso de entendimiento tan característico de la teoría regenerativa de diseño y desarrollo deriva de un método que, de manera integral, cruza diferentes niveles y escalas a lo largo de la historia del lugar en el que se encuentra algún centro o asentamiento humano. Esto se puede apreciar claramente al analizar el caso de la ciudad de México, cuya transformación en lo que ahora conocemos como una de las mas grandes megalópolis del mundo es de gran interés para comprenderla a fondo.

Geología

Para empezar este viaje de entendimiento tendremos que adentrarnos en el origen primigenio de la superficie terrestre en la que algunos millones de años después existiría nuestra ciudad capital, es decir, el proceso geológico. En primera instancia, éste dio origen a la región geográfica ahora conocida como Eje Neovolcánico Transversal, que posteriormente derivó en la formación de la cuenca de Anáhuac y, como su nombre lo indica, es una cordillera que cruza de manera transversal la parte central del país, compuesta en su totalidad por estructuras derivadas de una intensa actividad volcánica. En él se encuentran tanto las mayores elevaciones montañosas del país como numerosos cuerpos volcánicos de menor tamaño y su origen se remonta a la intensa actividad tectónica ocurrida en la primer época del periodo Terciario de la era Cenozoica, hace aproximadamente 55 millones de años.

En este sistema montañoso, aproximadamente hace 38 millones de años, surgió el Grupo Balsas que dio origen a la región hidrológica del mismo nombre y de la cual era parte la cuenca de Anáhuac. Durante millones de años la actividad volcánica continuó siendo sumamente intensa y no fue sino hasta el Plioceno, a finales del periodo Terciario y principios del Pleistoceno —primera época del periodo Cuaternario, aproximadamente cuatro millones de años atrás—, que la actividad tectónica generó la Sierra de Chichinautzin, donde se encuentra el Ajusco, y posteriormente las últimas formaciones de la Sierra Nevada, en donde se encuentran el Iztaccihuatl y el Popocatepetl. El proceso culminó entre un millón de años y 600 mil años atrás con el cierre de la cuenca de Anáhuac, convirtiéndola en una cuenca endorreica (sin salida o contacto de drenaje o escurrimientos con el mar) y separándola de la del Balsas durante el proceso geológico que daría la forma actual a la región.

El cierre de la cuenca de Anáhuac derivó en la formación de un sistema fisiográfico distinto, en el cual se distingue una importante columna de hasta más de mil metros de profundidad compuesta por materiales de origen volcánico y arcillosos en la base y en la parte media de gravas originadas por la actividad volcánica posterior al cierre de la cuenca. El todo cubierto por capas de arrastres aluviales (originados por escurrimientos de agua) y materiales de depósitos lacustres.

En resumen, el origen de la cuenca de Anáhuac, donde está asentada la ciudad de México, no ha sido producto de un solo evento geológico, aunque la mayor parte del territorio se configuró en el Cenozoico (aproximadamente hace 63 millones de años). Los eventos más recientes datan del cuaternario, cuando ya comienza la formación de suelo a partir de la roca madre volcánica y de una configuración especial de actividades volcánicas y sedimentación de material poco consolidado en la cuenca. En el último periodo se creó un cuenco o presa natural que fue rellenada o azolvada por cenizas volcánicas derivadas de las mismas erupciones que dieron origen a la serranía. Durante el largo proceso de sedimentación de la parte baja de la cuenca se formaron suelos compactos y permeables, de grandes profundidades, cubiertos por los materiales impermeables de la superficie lacustre de hasta ochenta metros de espesor en las zonas más profundas, generando extensas planicies en el fondo de un valle montañoso.

En términos fisiográficos, la parte baja de la Cuenca de Anáhuac está situada entre 2 200 y 2 400 metros sobre el nivel del mar. El límite norte está dado por la Sierra de Guadalupe y el Cerro del Tepeyac, en donde uno de los elementos más representativos es el cerro del Chiquihuite. Hacia el centro-oriente se localiza la Sierra de Santa Catarina, cuyo Volcán de Guadalupe o El Borrego es el más alto (2 780 metros). La Planicie es interrumpida por pequeños cerros y lomeríos; al este se destacan El Peñón de los Baños y El Peñón Viejo, en el extremo oeste se eleva el Cerro de Chapultepec, que da inicio a la cordillera de la Sierra de las Cruces, la cual corre por todo el poniente hasta el sur, separando la cuenca de Anáhuac de los Valles de Toluca, al poniente, y del de Cuernavaca Morelos, por su conexión con el Ajusco al sur-poniente y el Sistema Chichinautzin al sur.

Hacia el norte, la cuenca llega hasta el valle de Pachuca en el estado de Hidalgo, y entre este punto y el valle de Cuautitlán no se encuentran elevaciones importantes. La cuenca está conformada por cuatro planicies conocidas como valles: el Valle de México al sur, al noroeste el de Cuautitlán, al norponiente el de Apan y al norte el de Tizayuca. Una característica importante de esta cuenca es que las sierras que dividen dichos valles son discontinuas y nunca cierran por completo la conexión entre los valles.

Hidrología

En términos de la hidrología de la cuenca, comúnmente se piensa que en la parte central existían cinco lagos: Zumpago, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco. La realidad es que estos cuerpos de agua no califican por completo para ser lagos, ya que la dinámica hidrológica de la cual derivan pertenece más a un sistema de humedales y zonas pantanosas que se anegaban en época de lluvias debido a que el nivel freático sobrepasaba el nivel de la superficie del suelo, así que la zona lacustre no se llenaba por la acción de la precipitación pluvial directamente, sino por el aumento del agua filtrada por las montañas al manto acuífero que incrementaba el nivel freático hasta hacer que el agua emergiera del subsuelo, cubriendo la superficie del terreno.

De esta manera, en época de lluvias, los cinco cuerpos de agua que se encontraban separados terminaban uniéndose en un solo continuo superficial de agua, fragmentándose nuevamente en época de secas, dejando en los puntos medios grandes áreas de pantanos y humedales. La principal razón para que este sistema lacustre funcionara así proviene de la característica historia geológica que le antecedió. La peculiar mezcla de componentes volcánicos, cenizas, arenas, gravas y materiales de arrastre que produjeron el azolve del cuenco rodeado de volcanes, permitieron que durante aproximadamente los últimos 600 mil años, desde el cierre de la cuenca, dicha zona acumulara y captara el agua que llega a ella en una especie de esponja que absorbe agua sin cesar.

La zona lacustre es además alimentada por alrededor de catorce ríos perennes que nacen en las partes altas de las montañas y 31 ríos más, formados de mayo a octubre durante las lluvias, que se conectan con los cuerpos de agua ubicados en la parte mas baja del sistema, donde actualmente se ubica la ciudad de México. El agua de dichos ríos forma en la parte baja de la cuenca cuatro áreas lacustres: la primera situada en el valle de México, que se integró con los antiguos lagos de Chalco, Xochimilco, Texcoco, San Cristobal, Xaltocan y Zumpango; las otras tres son las ya mencionadas lagunas de Tochac, Apan y Tecocomulco, aún existentes. De la superficie total de la cuenca, la mayor parte, 50%, pertenece al Estado de México (4 800 kilómetros cuadrados), 26.5% a Hidalgo, 13.8% al Distrito Federal, 8.7% a Tlaxcala y 1% a Puebla.

Cuando los conquistadores españoles vieron este lugar, pensaron inmediatamente en el único referente de sistema hidrológico que conocían, por lo que lo describieron como un lago, como la Venecia de las Américas, una impresionante y majestuosa ciudad flotante que encontraron al centro de la cuenca y que entonces era llamada la Gran Tenochtitlán.

Biología

Si observamos un lugar como el resultado de una secuencia de sucesos geológicos a la que siguen los flujos hidrológicos, su conjunción determina el asentamiento de las especies biológicas, ya que éstas establecen de manera inicial el acceso a recursos como el suelo o las pendientes, así como el acceso al agua. En la cuenca de Anáhuac se conformó una gran variedad de ambientes: zonas húmedas que daban lugar a complejos sistemas de humedales, pantanos y ecosistemas acuáticos llenos de peces, tanto de agua dulce como salada por las diferencias en los sustratos de los distintos cuerpos de agua, mientras que las laderas de las montañas, llenas de cañadas, eran surcadas por ríos que mantenían distintos tipos de bosques, en donde crecían fresnos, liquidámbar, ailes, encinos y pinos en las partes altas, los cuales hacían contraste con los ahuejotes y ahuehuetes que dominaban las zonas cercanas a los cuerpos de agua. Estas comunidades vegetales permitían la presencia de una innumerable cantidad de especies de animales, entre las que se destacan venados, pumas, coyotes, quizás el lobo mexicano, armadillos, tlacuaches, ardillas, águilas, palomas, garzas y otras aves migratorias propias de zonas lacustres.

Los primeros asentamientos humanos

Debido a su privilegiada ubicación y sus abundantes recursos hídricos, la zona del valle de México lleva siglos ocupada por asentamientos humanos. Se dice que a principios del siglo xvi, en la cuenca de México había un millón de habitantes.

Los mexicas y las demás civilizaciones que se asentaron alrededor de la cuenca basaron el diseño de sus ciudades en un profundo entendimiento de los procesos naturales y del flujo hidrológico de la misma. Se dice que la mayoría de las viviendas eran construidas en pilas de madera enterradas en el agua. Por medio de la construcción de islas artificiales, crearon canales, calles, acueductos, y magníficos templos, conectando así los diferentes lagos.

En esa época las chinampas sustentaban buena parte de la alimentación de esta zona, diseñadas como un sistema de parcelas de tierra artificialmente construidas en los lagos bajos, sostenidas primeramente por varas y troncos de madera y por las raíces que estos últimos generaban. Los lagos de Xochimilco y Chalco, al sur de la cuenca, eran los mejores para las chinampas, ya que se abastecían de múltiples riachuelos de agua dulce que posteriormente drenaban hacia el Lago de Texcoco.

Desde aquellos tiempos las inundaciones eran un problema regular en el valle de México. Todo el agua que bajaba de las montañas se juntaba con la pluvial (la zona tiene uno de los índices más altos de precipitación anual). Los mexicas temían que en una inundación el agua salada del lago de Texcoco se mezclara con las aguas dulces del sur, desabasteciéndolos de agua fresca y afectando terriblemente sus cosechas. Debido a este temor crearon un avanzado sistema del manejo de agua por medio de diques, los cuales no sólo evitaban las inundaciones, sino que también regulaban los niveles de los distintos lagos por medio de un drene natural, canalizando los ríos, creando canales y zanjas que servían para la irrigación, navegación y transporte acuático, y conectando toda la zona del lago por medio de un complejo sistema de control hidráulico que los abastecía de agua fresca y los ayudaba a cosechar sus alimentos.

Tenochtitlan se encontraba en la laguna de agua dulce, separada de la salada del lago de Texcoco por un gran dique que Nezahualcóyotl construyó en tiempos de Moctezuma Ilhuicamina. La zona del lago comprendía dos kilómetros cuadrados y 50% de ella estaba cubierta de agua. Localizado en el punto más bajo del valle, Texcoco recibía el afluente pluvial así como el agua de todos los ríos que venía del sur y el poniente, por lo que en época de lluvia, cuando el sistema hídrico funcionaba de manera regular, su nivel de salobridad se reducía notablemente.


El desecamiento de la cuenca

Cuando los Españoles llegaron a Tenochtitlan por primera vez en 1517, describieron la ciudad con absoluto asombro, como una provincia redonda cercada por altas sierras, con cuatro calzadas de entrada por medio de puentes de madera, todas hechas a mano, tan grande como la ciudad de Sevilla o Córdoba, con calles muy derechas y la mitad de ellas de agua, por las cuales se transitaba con canoas. La variedad de productos y la organización de los mercados, así como la de la ciudad, maravilló a los europeos.

El manejo del agua juega un papel clave en la conquista. Los accesos controlados por medio de puentes, que fueron diseñados para defenderse de invasores, más tarde servirían para sitiar a los Aztecas en su propia ciudad. Después de la conquista, ignorando por completo la complejidad del sistema hídrico desarrollado por los mexicas, los españoles edificaron entre 1521 y 1527, bajo las ordenes de Cortés, los primeros canales convertidos en calles para así poder lograr más ventaja en la repartición de tierras.

En 1586, una gran inundación hace que los canales y ríos se desborden. En 1604, otra gran inundación producida por la lluvia acongoja al valle; los españoles entonces se ven obligados a reforzar el sistema de diques creado por Nezahualcoyotl, en específico el dique que iba de Tepeyac a Guadalupe en Texcoco.

La primera obra hidráulica de mayor escala en la Nueva España se proyecta en 1607: el túnel de Huehuetoca, con siete kilómetros de largo y cincuenta metros de profundidad, construido para desaguar y tratar de prevenir inundaciones. Sin embargo, rápidamente fue insuficiente, pero además es la causa de que la ciudad se inunde entre 1629 y 1634, el periodo más prolongado de inundación hasta la fecha. Aun así, tras la independencia, la ideología europea de entubar y tapar canales y ríos para convertirlos en calles se siguió replicando durante los siglos xix y xx.

Así, tres siglos más tarde, en 1938, el arquitecto Carlos Contreras propone edificar un anillo de circulación sobre los ríos La Piedad, Consulado y Verónica. El cambio de cultura impuesto por la conquista había convertido los canales de la ciudad en desagües de aguas negras —situación que prevalece hasta la fecha—, cuya insalubridad, a cielo abierto, representaba un riesgo para la ciudad, por lo cual la solución más sencilla parecía esconderlos y mantenerlos como drenaje. El régimen cardenista impide dichos cambios al paisaje natural de México, pero los modelos presidenciales que lo suceden permiten que en 1952 se inaugure sobre el río La Piedad el Viaducto Miguel Alemán.

A partir de entonces, la tendencia en todo el país a entubar ríos, reemplazándolos por avenidas, se acrecenta, manteniendo de alguna manera los patrones de los ecosistemas naturales, ya que la movilidad vial sigue el camino del río. No obstante, éste pasa a un segundo plano, se vuelve casi imperceptible. Para 1964 ya se había entubado ochenta kilómetros de los ríos Churubusco, Magdalena, San Ángel, Tequilazco, Barranca del Muerto, La Piedad, Becerra, Tacubaya, Consulado, San Joaquín y Miramontes, dando paso al nuevo sistema vial del Distrito Federal e ignorando por completo el deterioro ambiental que, posteriormente, conllevará al estado actual de nuestra calidad de agua.

Décadas después de su entubamiento y uso como desagüe, varios de los ríos de México siguen naciendo cristalinos en las montañas, pero al tocar la mancha urbana se suman a la red de drenaje de la ciudad. Se estima que 4 465 kilómetros cuadrados de la cuenca, casi la mitad de su extensión, son terrenos montañosos con pendiente superior a 15° y ubicados a más de 2 250 metros de altitud. Debido a la altura, el abastecimiento de agua se vuelve prácticamente imposible, motivo por el cual casi la mitad de la cuenca no se encuentra urbanizada.

La cuenca de Anáhuac es un territorio privilegiado en cuestión hídrica por la considerable precipitación anual que prevalece en ella. Lamentablemente, esta agua se desperdicia en el momento en que se combina con las aguas negras, además que, debido a la creciente urbanización, cada vez hay menos infiltración al subsuelo y nuestros recursos se agotan de manera veloz. Aunado a esto, el agua que consume el Distrito Federal se extrae actualmente del subsuelo y se bombea de otras cuencas. En pleno siglo xxi replicamos sistemas de hace más de tres siglos.

Para solucionar los problemas hídricos urbanos a largo plazo debemos de plantear un cambio social en nuestra relación con el agua. El trabajo empieza cuenca arriba, donde nuestros ríos todavía nacen cristalinos y el ecosistema persiste. La nueva infraestructura planteada debe ser trasformativa para así poder frenar por completo los patrones degenerativos que hemos replicado hasta ahora. Debemos de trabajar en nuestras barrancas y ríos, sólo así podremos generar el balance hídrico necesario para la abastecimiento de agua de la ciudad a largo plazo.

articulos
Referencias bibliográficas
Legorreta, Jorge. Ríos, lagos y manantiales del Valle de México. México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2009.
Muñoz, Peter. Natural Systems International. nsi.
Nicolau D’Olwer, Luis. 1981. Cronistas de las culturas precolombinas. Lito Ediciones Olimpia, Sevilla.
semarnat. 2008. The Lake Texcoco Project. México.

     
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Delfín Montañana
Taller 13, Arquitectura Regenerativa

Biólogo, consultor ambiental. Biólogo por la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México y egresado de la Maestría en Proyectos para el Desarrollo Urbano de la Universidad Iberoamericana.
 
Natalia Gálvez Farías
Taller 13, Arquitectura Regenerativa
Es arquitecta egresada de la Universidad Iberoamericana y actualmente cursa el posgrado en Urbanismo en la UNAM, en el área de economía política. Es docente en el taller integral de primer semestre de la carrera de arquitectura de la Universidad Iberoamericana.
     
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como citar este artículo
 
Montañana, Delfín y Natalia Gálvez. (2013). El sistema hídrico de la ciudad de México. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, pp. 4-13. [En línea]
     

 

 

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Hacer ciudad
Amanda de la Garza Mata
   
   
     
                     
La ciudad es un torbellino;
hay que clasificar sus impresiones, reconocer sus sensaciones.
Pondremos por encima de lo que constituye el mecanismo de 
la ciudad,
lo que puede denominarse el alma de la ciudad.
Le Corbusier

La ciudad de México es una de las ciudades más complejas en términos de su tamaño y densidad poblacional, pero también en lo que se refiere a la actividad cultural y las interacciones sociales que en ella ocurren. Es en ese sentido que la pregunta acerca del fenómeno urbano sigue siendo vigente, aun cuando es necesario plantear nuevos enfoques o perspectivas al cuestionamiento sobre qué es la ciudad, cuáles son sus límites, quiénes son los actores que ayudan a conformar su entramado social, visual, vivencial. Habitamos una ciudad en donde el espacio es un territorio en constante disputa, sujeto a apropiaciones múltiples, y en donde la planificación estatal no ha logrado producir, en décadas, políticas urbanas que permitan la integración y el desarrollo social de la ciudad.

Ahora bien, en el centro de la pregunta sobre quiénes intervienen en la construcción y edificación de las ciudades aparece la arquitectura. Así, nos planteamos en este proyecto producir un cruce que a primera vista parece relegado a otras épocas en la historia del país y de la ciudad de México e incluso en el pasado de la historia de la arquitectura en el siglo xx: las relaciones entre arquitectura y ciudad. Nos preguntamos lo siguiente: ¿cómo se construye y se “hace ciudad” desde la arquitectura actual? ¿Cuáles son las perspectivas que sostienen los arquitectos mexicanos, de diferentes generaciones pero en activo, sobre esta temática?

En este documental conformado por entrevistas y recorridos con especialistas de diferentes ramos —arquitectos, investigadores en arquitectura y urbanistas— pretendemos dar cuenta de la manera en que se han tejido históricamente las relaciones entre arquitectura y espacio urbano, entre arquitectura y urbanismo, en el caso específico de la ciudad de México. Las cuatro preguntas que guiaron este proyecto son: ¿cómo se propuso esta relación (en el siglo xx, en particular bajo los preceptos de la arquitectura moderna en nuestro país)? ¿Cuáles fueron sus efectos sobre el espacio urbano y cuáles sus obras representativas? ¿Cómo se ha transformado dicha visión y cómo se plantea actualmente la problemática? ¿Cuáles son los retos actuales de la arquitectura y de los arquitectos frente al tema?

Ciertamente, la visión de la arquitectura como proyecto social cayó en desuso ante el advenimiento de nuevas condiciones socio-históricas, tales como el debilitamiento del Estado y, en el ámbito arquitectónico, las teorías posmodernas en arquitectura. No obstante, consideramos que existe un resurgimiento en el medio arquitectónico local de una reflexión sobre el papel de la arquitectura en la construcción de las ciudades contemporáneas y, en particular de las ciudades latinoamericanas, la cual se da tanto en el nivel teórico como en el práctico. En el primero hay un replanteamiento del papel de los arquitectos en el espacio social, así como una distancia crítica frente a la historia de la arquitectura en México y a su estado actual, por ejemplo en temas tan relevantes como el de la vivienda urbana.

En el segundo nos interesa explorar, tomando proyectos específicos, cómo se está reinterpretado la relación entre arquitectura y ciudad, y el concepto de “hacer ciudad” bajo diferentes modalidades: propuestas y proyectos que en su formulación den cuenta de tales reflexiones, obra específica que se haya desarrollado en los últimos años relacionada con las temáticas abordadas y obras que representen la antítesis de dichas aspiraciones.

Pensamos la ciudad como una megalópolis cuyos límites son difusos, pero cuyo espacio se encuentra sumamente segmentado y segregado, lo cual da cuenta de la forma en que las dinámicas sociales tienen correlatos claros en el espacio urbano. Nos propusimos así establecer un recorrido narrativo y visual que comienza en los bordes de la ciudad, es decir, en las periferias, a fin de acercar al espectador a la lógica espacial de la ciudad y la constitución del espacio urbano, de tal suerte que pueda entender las múltiples redes, ramificaciones y entramados urbanos que conforman la ciudad de México. Esto es la base y el punto de partida desde el cual el espectador puede entender y contextualizar las reflexiones, perspectivas y proyectos específicos desarrollados en el ámbito arquitectónico.

Al interrogarnos sobre la construcción y el hacer de la ciudad buscamos entender, difundir y dar conocer la manera como se conforma la identidad de la ciudad de México mediante tales gestos arquitectónicos y urbanísticos.

¿Qué es “hacer ciudad” hoy? ¿Quiénes están operando en la ciudad, en qué lugares, desde qué ideas y visiones? El documental Hacer ciudad parte de estas preguntas para efectuar una aproximación a una serie de proyectos desarrollados desde distintos planteamientos por arquitectos mexicanos, los cuales abordan el papel de la arquitectura frente a la ciudad de México, en tanto que espacio diverso y complejo, poniendo el acento en lo posible y en la utopía, en la búsqueda por mejorar las condiciones de vida de quienes habitan y se enfrentan a los problemas propios de esta megalópolis.

Entrevistas, proyectos, recorridos por diferentes sitios van conformando una narrativa sobre la ciudad, como una forma de interrogarla, repensando también la arquitectura que la construye y conforma.

Ciudad ilusoria

Es una plataforma de investigación, producción y exhibición de proyectos audiovisuales relacionados con la ciudad de México que, desde diferentes perspectivas, propone una toma de postura frente a la ciudad, entendida como un amasijo de materializaciones, de espacio producido a partir de los anhelos, deseos e intereses de quienes colectiva e individualmente actúan desde diversas coordenadas en su construcción. La vía de acercamiento a estas subjetividades urbanas la constituyen conceptos tales como: recorrido, trayecto, memoria, historia oral, entrevista y observación. Todo ello desde una aproximación a la experiencia de la ciudad, a expensas del flujo y la plasticidad que permiten el registro, la documentación y creación audiovisual.
En términos temáticos, los proyectos específicos cruzan diversos ejes: la ciudad, la arquitectura mexicana y sus arquitectos (historia, pensamiento y emoción; urbanistas y arquitectos en su papel de constructores de la ciudad); la vida urbana y las formas de habitar. Estos proyectos logran dar cauce a una inquietud vivencial, subjetiva, que surge de la pregunta sobre el espacio urbano, de un extrañamiento ante la vida diaria, una duda que se posa sobre la manera como las relaciones sociales toman forma en el hecho arquitectónico.
  articulos
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Amanda de la Garza Mata
Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC),
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo → 
De la Garza Mata, Amanda . (2013). Hacer ciudad. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 154-155. [En línea]
     

 

 

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Illustrated Dictionary
of Mycology
(Second Edition)
Miguel Ulloa
 y Richard T. Hanlin
The American Phytopathological
Society Press, Minesota,
2012, 782 p.
   
   
     
                     
Una larga historia de trabajo académico va del Diccionario
ilustrado de micología de Miguel Ulloa, publicado en 1991, al recientemente aparecido Illustrated Dictionary of Mycology, escrito por el mismo autor en colaboración con Richard T. Hanlin.

El primer libro de micología a color, escrito en español, con un índice-glosario de 543 términos micológicos analizados etimológicamente, que contiene algunos términos ilustrados pero con las imágenes repartidas a todo lo largo del texto fue El Reino de los Hongos, publicado por Teófilo Herrera y Miguel Ulloa en 1990. En 1994 los mismos autores publicaron Etimología e iconografía de géneros de hongos, obra que analiza el verdadero significado de los 807 géneros que trata El Reino de los hongos, con la intención de que las dos obras se complementaran. Su principal aporte fue reunir la etimología comentada de cada nombre genérico, incluyendo el autor o autores del mismo, la cita bibliográfica original correspondiente a la descripción del género, las raíces griegas o latinas de las que haya derivado el nombre del género (en la mayoría de los casos ambas o, excepcionalmente, de otro lenguaje) y un breve comentario acerca de la etimología o verdadero significado del nombre, ya que puede estar relacionado con alguna característica biológica del organismo, sea morfológica, fisiológica o ecológica, con su modo de vida, su hábitat o alguna otra peculiaridad que lo distinga.

Algunos nombres genéricos están dedicados a una persona o derivan del lugar de procedencia del hongo descrito; además, se incluyen ciertos datos descriptivos o sobre otros aspectos de la biología en la diagnosis de cada género. La obra tiene las ilustraciones en blanco y negro (fotografías y dibujos) de todos los géneros.

En 2000, Miguel Ulloa y Richard T. Hanlin publicaron el Illustrated Dictionary of Mycology (aps press), y en febrero de 2006 salió publicado el Nuevo diccionario ilustrado de micología, de 672 páginas, con el análisis de casi 5 000 términos técnicos y 1 766 ilustraciones en blanco y negro. El primero, al igual que la edicion en español de 1991, tiene el equivalente inglés en cada término más un vocabulario españolinglés extenso y una lista de 1 100 especies fúngicas ilustradas con fotografías y dibujos.

Enseguida se buscó elaborar un nuevo diccionario actualizado y ampliado en su texto, que se llamaría como el anterior, Illustrated Dictionary of Mycology Second Edition. Con el fin de ayudar a los usuarios de este diccionario se ubicaron los taxa de hongos utilizando el esquema de la clasificación de Alexopoulos y colaboradores publicado en 1996 en un libro de texto empleado en la enseñanza de la micología, pero tal y como fue modificado por Miguel Ulloa y Richard T. Hanlin en su obra anterior, usando los referentes de Hawksworth y colaboradores de 1999 y de Kirk y colaboradores de 2001.

En el proceso de escritura aparecieron dos nuevos libros micológicos que tuvieron una fuerte influencia en la sistemática de los hongos: Fungal Families of the World, de Cannon y Kirk (2007), que es un compañero visual del diccionario de los hongos, y la décima edición del Dictionary of the Fungi, de Kirk y colaboradores (2008). Ambas tienen como base las nuevas investigaciones sobre la estructura y la ultraestructura de los hongos, además de los caracteres moleculares a partir de los cuales se considera que los previos sistemas de clasificación son obsoletos (incluyendo el esquema de Alexopoulos y colaboradores modificado por Ulloa y Hanlin). Dichas obras contenían varios grupos en una clasificación artificial con sus especies arregladas en taxa no naturales y heterogéneos como, por ejemplo, los Blastomycetes, Hyphomycetes, Coelomycetes (Deuteromycetes), Plectomycetes, Pyrenomycetes, Discomycetes, Loculoascomycetes (Ascomycota), Hymenomycetes y Gasteromycetes (Basidiomycota).

Tomando todo esto en cuenta, y para que la clasificación de los hongos estuviera más actualizada, Ulloa y Hanlin elaboraron más de cincuenta entradas nuevas, así como varias correcciones taxonómicas que tuvieran que ver con los nombres de los taxa fúngicos y con los microorganismos parecidos a los hongos que sufrieron cambios en su posición, integrando los nombres para presentar sus etimologías, sus definiciones y los usos en micología.

Pueden verse así los principales cambios en órdenes, clases y phyla de tres reinos: Fungi, Stramenopila y Protista, que mudaron a Chromista y Protozoa con los concurrentes cambios de los nombres de los taxa. En Protozoa los nombres de los taxa tienen las terminaciones usadas en la taxonomía zoológica, por ejemplo, Acrasida (Acrasiales), Protostelida (Protosteliales) y Physarida (Physarales).

El Illustrated Dictionary of Mycology, Second Edition está más y mejor ilustrado, con 2 708 imágenes a color de términos técnicos —que es el mismo número de los nombres científicos de hongos de la lista que contiene el libro—, de las cuales 2 036 son fotografías (909 de Ulloa y 237 de Hanlin) y 672 dibujos, todos hechos por el primero.

Muchos de los conceptos y de las ilustraciones incorporadas en el libro derivaron de variados proyectos en la ciencia micológica, por lo que representa más de cuatro décadas de enseñanza e investigación de ambos autores. Si bien en el periodo de 1991 a 2011 éstos se dedicaron a realizar otras actividades de enseñanza e investigación, el plan de hacer un diccionario de esta naturaleza no dejó de ser lo más importante desde el punto de vista académico.

Los nombres de los términos seguidos por un asterisco representan las nuevas ilustraciones (1 001), en comparación con su edición en español de 2006. Esta segunda edición tiene, por lo tanto, 1 386 ilustraciones adicionales, más del doble en comparación con la primera edición en inglés, que tiene 1 322 en blanco y negro. Este aporte visual resultó muy importante porque todas las imágenes se vivificaron.

El Appendix, que tiene un cuadro comparativo de los sistemas de clasificación de los hongos, tomó en cuenta que el propósito general del diccionario no es taxonómico. Con fines didácticos se hizo una comparación, hasta el nivel de orden, entre los sistemas de clasificación de los hongos (reino Fungi) y de los microorganismos parecidos a hongos (reinos Chromista y Protozoa) y el sistema de Kirk y colaboradores, la cual no está completamente actualizada debido a los frecuentes cambios taxonómicos que ocurren en la sistemática de los hongos, basados principalmente en caracteres moleculares; aun así puede ser útil para ubicar los taxa incluidos en el nuevo libro. La meta en micología es llegar a una clasificación filogenética de los hongos, tal y como se está haciendo en otras especialidades de las ciencias biológicas.

Con 782 páginas y 83 referencias bibliográficas que abarcan diccionarios y otros libros de consulta, así como libros de texto y artículos de investigación, el diccionario es un tratado de referencia del inmenso mundo macro y microscópico de los hongos. Prepararlo y editarlo llevó alrededor de seis años de trabajo, y se puede decir que es más que un diccionario de hongos, ya que tiene una riqueza enorme en el cuerpo de las ilustraciones que complementan las definiciones de los términos. Su finalidad es que sea útil para micólogos, fitopatólogos, microbiólogos, médicos y biotecnólogos, al igual que para investigadores, profesores y estudiantes de nivel superior de cualquier área.

Con los adelantos tecnológicos que estamos viviendo, y por los requisitos que exigen las editoriales modernas, la elaboración y publicación de un nuevo libro como éste es una tarea grande y complicada, que consume mucho tiempo por las tantas dificultades que ello entraña e implicó un esfuerzo de ambos autores y también, parcialmente, de los editores de la misma. En este sentido es importante mencionar la valiosa ayuda de Samuel Aguilar, quien tiene la experiencia y las aptitudes necesarias para este trabajo técnico, los cambios necesarios para las varias formaciones de todo el libro, al igual que la ayuda de Elvira Aguirre Acosta.

Al apreciar los frutos obtenidos, los autores se sienten orgullosos por el alto nivel alcanzado con la publicación de esta obra. Nuestra mayor satisfacción es que la parte del texto esté indisolublemente ligada con el cuerpo de las ilustraciones (palabra-imagen), que es la dualidad del lenguaje científico, ya que cada entrada y cada imagen tienen una historia que contar. En suma, fue una experiencia sobresaliente, grande y ardua, que requirió un trabajo particularmente minucioso y lleno de numerosos detalles exigidos por la preparación del texto y las imágenes.
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Miguel Ulloa
Instituto de Biología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo
Ulloa, Miguel y Richard T. Hanlin.  (2013). lllustrated Dictonary of Mycology Second Edition. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 146-147. [En línea]
     
     
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Natalia Mantilla BeniersMagdalena Escorcia Martínez
y Christopher Stephens
     
               
               
La salud de la población no sólo está en manos de los médicos
y de las autoridades de salud pública, depende también, y en forma importante, de la participación activa de los individuos. Ahora, es más probable que éstos adopten buenos hábitos si conocen en qué consisten y saben qué beneficios acarrean. De ahí que las campañas informativas que dan a conocer qué prácticas ayudan a evitar enfermedades desempeñen un papel central en la mejora de la salud de la población al permitir la toma informada de decisiones.

Por otro lado, el conocimiento del número y la distribución geográfica de casos de distintas enfermedades presentes en un territorio permite a médicos y autoridades saber qué riesgos a la salud prevalecen en la población y definir políticas de salud pública. Resulta entonces que autoridades y médicos, por un lado, e individuos, por el otro, interactúan por vía de la información que intercambian y de las acciones que deciden llevar a cabo con base en ella. De hecho, la primera pandemia del siglo xxi evidenció cómo la falta de información puede afectar negativamente la toma de decisiones tanto a nivel del sistema de salud como en el individual. Durante los días subsecuentes a la declaración de alerta sanitaria en el Distrito Federal se especulaba en torno de distintos temas. Se desconocía el número preciso de casos de influenza tipo a observados más allá del fin de la temporada, su distribución en el territorio nacional y su gravedad. Esta falta de información, aunada a la desconfianza endémica hacia las autoridades, generó en la población dudas en torno de la veracidad de la existencia de un brote epidémico y la llevó a cuestionar si serían adecuadas las medidas tomadas para contenerlo. Por otro lado, la falta de información llevó a las autoridades a extremar precauciones bajo el supuesto del peor escenario imaginable.

Lo anterior volvió evidente que necesitamos reflexionar en torno de las formas más confiables y eficientes de recabar y diseminar información veraz que permita tomar decisiones más adecuadas a fin de evitar futuras crisis sanitarias, así como mejorar nuestras capacidades de respuesta cuando se presenten. Por otro lado, la información relevante a transmitir es compleja y su selección, procesamiento y transmisión presentan retos importantes. Veamos cuáles.

El virus y la crisis

Los virus de influenza pertenecen a la familia Orthomyxoviridae y se clasifican en tres tipos: a, b y c. Los virus tipo a infectan a diferentes especies animales, entre las que se cuentan los humanos; los tipos b y c sólo infectan a estos últimos. Los tipo a poseen en su superficie dos glucoproteínas: la hemaglutinina (ha o h) y la neuraminidasa (na o n). La combinación de ha y na da lugar a subtipos de influenza; en la pasada epidemia acaecida en México en abril de 2009, posteriormente una pandemia, el subtipo involucrado correspondió a h1n1. Ésta se detectó a mediados del mes de marzo, cuando en los centros de atención médica del país se detectaron casos de enfermedad respiratoria que coincidían con signos clínicos sugestivos de influenza; en un principio se pensaba que correspondían a casos de influenza estacional. Los primeros casos de influenza a h1n1 se reportaron el 18 de marzo y el número se incrementó hacia el mes de abril. Las autoridades de epidemiología señalan que típicamente hay más casos de influenza tipo a al principio de la estación y que éste es menos común hacia el final de la temporada, cuando aumentan los de tipo b. Este cambio en el subtipo predominante preconiza el término de la temporada de influenza estacional, que típicamente ocurre alrededor de marzo o abril. En contraste, en la época de término de la temporada de 2009 se reportaban, en tres sitios distintos, eventos epidemiológicos que anunciaban la presencia continuada del virus de influenza a en México (tabla 1).

Tabla 1. Eventos epidemiológicos inusuales en México al 23 de abril de 2009.
Lugar Casos Muertes
Distrito Federal 854 54
San Luis Potosí 24 3
Mexicali 4 0

Para esas fechas, Canadá ya había confirmado 18 casos positivos al virus de Influenza tipo a h1-n1. Con base en estos acontecimientos, el sábado 25 de abril la directora general de la Organización Mundial de Salud (oms) declaró una emergencia de salud pública internacional. El incremento en el número de ciudades afectadas por el virus llevaría a la oms a declarar la Fase 5 de alerta, correspondiente a una pandemia inminente.

Aunque en un inicio se señaló a los cerdos como posibles transmisores de este virus, a la fecha no existe evidencia de que haya habido transmisión de cerdos a humanos. Sin embargo, este señalamiento infundado tuvo como consecuencia una importante disminución en el consumo de carne de cerdo que impactó a la industria porcina.

El virus continuó diseminándose y el sábado 2 de mayo Canadá reportó un caso de infección en cerdos en la provincia de Alberta. De acuerdo con las autoridades en la materia y tomando como base el seguimiento epidemiológico, estos animales fueron infectados por un carpintero que había tenido la enfermedad producida por el virus epidémico a h1n1. En este caso se reportaron 450 animales afectados (lechones destetados), lo que representaba una morbilidad de 25% de los animales de la granja, ninguno de los cuales murió víctima del virus. Como medida preventiva, la granja fue puesta en cuarentena. Los detalles de este brote (que pueden ser consultados en el portal de la Organización Mundial de Salud Animal: www.oie.int) refieren que los signos clínicos iniciaron el 21 de abril y fueron confirmados como ocasionados por el virus de la influenza a h1n1 el 1 de mayo.

Con el paso del tiempo, cada vez más países se verían afectados por este virus, lo que llevó a que el 10 de junio de 2009 la Organización Mundial de Salud declarara la primera pandemia del siglo XXI. Actualmente existe una aparente calma respecto de la diseminación del virus de influenza ah1n1 y las autoridades epidemiológicas de la oms han señalado que ya entramos en la etapa postpandémica.

En este breve recuento cronológico no es posible tocar todos los puntos relevantes en que hubo falta de información, deficiencias en la comunicación o en el flujo de la información y, finalmente, carencias en el análisis y en la toma de decisiones basadas en esta información. En la tabla 2 se ejemplifican algunas decisiones tomadas a nivel individual y por las autoridades a distintos niveles, así como la información que las motivó.

 

Tabla 2. Decisiones tomadas a diferentes niveles e información que las motivó.

Fundamento Decisión Individual Autoridad local Organización Mundial de
la Salud (OMS)
Casos de in-fluenza pasado el fin de la temporada. Disminución del uso de transporte público y de la asistencia a lugares concurridos. Suspensión
de actividades
no esenciales.
Declaratoria
de alerta. 
Verificación de que existe transmisión de persona a persona Uso de máscaras y gel. Recomendación del uso de máscaras y gel antibacterial Declaratoria de alerta pandémica en fase 4.
Determinación de los antivirales efectivos Compra y consumo de antivirales (con y sin receta médica). Compra masiva de antivirales. Disponibilización de antivirales.
Posibilidad de transmisión de animales a humanos Disminución en 
el consumo de carne de puerco
y pollo. Restricción del acceso a granjas y realización de estudios de riesgo. Investigación sobre la evidencia existente de transmisión animal-humano.
Presencia del
virus en varios
países
Cancelación
 de viajes. Disponibilización de antivirales. Declaratoria
de pandemia

 

Sin embargo, en la tabla no se refleja la información que sirve de contexto a tales decisiones, y ese contexto les da calidades distintas. También se omiten los procesos que llevan a integrar y pesar la información. Por ejemplo, el proceso mental que llevó a una parte importante de la población a tomar la decisión de no comer carne de puerco ante la posibilidad de contagio (tabla 1) probablemente se origina en el desconocimiento de: i) las formas de transmisión del virus; ii) los tejidos donde reside en sus hospederos; y iii) el efecto que tiene la cocción sobre los microorganismos patógenos presentes en los alimentos. Las consecuencias económicas de dicha disminución fueron graves y posteriormente se demostró con todo rigor que no había riesgo de contagio por esta vía. Sin embargo, desde antes se tenía elementos para pensar que era seguro el consumo de cerdo y pollo. Con todo, estos elementos no fueron definitorios en el comportamiento de un sector importante de la sociedad, a veces por desconocimiento y otras por cautela extrema. Lo anterior ilustra la enorme importancia de las emociones en la toma de decisiones, y éste es un punto sutil en cuestiones de salud pública.

Salud pública e internet

En el contexto de la crisis sanitaria, diversos grupos de investigadores, entre ellos algunos de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), se dieron a la tarea de estudiar el brote de influenza desde sus áreas de especialidad. En esta última se integró también un comité que brindaba información al público en general y contribuía a la tomar de decisiones en torno del manejo de la epidemia en la universidad.

Las investigaciones abarcaron muchas escalas y dimensiones del problema. En lo micro, los estudios moleculares buscaron rastrear el origen del nuevo virus y evaluar su sensibilidad a los antivirales disponibles en el mercado. A escala poblacional, epidemiólogos clínicos y teóricos se dieron a la tarea de buscar e implementar las medidas de control más eficientes. Por su parte, grupos de científicos sociales analizaron el efecto del brote en lo social, económico y político. En estas investigaciones, como en otras en torno del brote, un problema común fue la falta de información, de manera que un aspecto común a todos los enfoques fue la búsqueda de métodos que permitieran obtener la información faltante.

En el caso de la información epidemiológica se recurrió a la red. El 7 de mayo de 2009 se hizo pública una página en la que se invitaba a las personas residentes en México a dar cuenta de si habían o no tenido uno o varios síntomas indicativos de infecciones respiratorias. Llamada “Reporta” (http://reporta.c3.org.mx/), la página se dio a conocer por vía de correos electrónicos y, pese a lo limitado de sus medios de difusión, en dos semanas contaba con cerca de 4 000 participantes.

La participación en el portal se lleva a cabo por medio de dos breves cuestionarios: en uno se pide información sociodemográfica, y en otro el participante reporta si ha tenido alguno o varios de una serie de síntomas indicativos de enfermedad respiratoria y, cuando los ha presentado, informa si ha recibido atención médica y diagnóstico. La información proporcionada es completamente anónima, pero incluye el código postal de residencia, con lo que puede conocerse la distribución geográfica de casos sospechosos de influenza.

Otros datos recabados en Reporta son mes y año de nacimiento, número de personas con quienes se comparte casa, medio habitual de transporte, hábitos de atención médica y preexistencia de enfermedades crónicas (como asma y diabetes). Con ellos puede construirse un mapa de riesgo que indique cuáles factores contribuyen a la aparición de cuadros de influenza en la población residente en México.

El monitoreo en la red de enfermedades tipo influenza por medio de la participación voluntaria tiene antecedentes en proyectos emprendidos en los Países Bajos, a partir de 2003, y Portugal (desde 2005), que hoy se agrupan bajo la red “Influenzanet”. La información obtenida en Holanda, Bélgica y Portugal ha mostrado que el número de participantes con síntomas sospechosos de influenza recabado por medio de la red coincide cualitativamente con el número de casos que se notifica por la vía de la vigilancia epidemiológica clínica. Así, son similares en los momentos de inicio, su punto máximo y el descenso de los brotes epidémicos de temporadas de influenza pasadas. Más aún, dado que la información está disponible a todo público y se actualiza en tiempo real, se convierte en un retrato del entorno que la gente puede ver para conocer lo que está pasando y decidir las medidas que toma para minimizar el riesgo de enfermarse.

Es cierto que este sistema no está exento de debilidades. El perfil de los participantes tiene un sesgo, puesto que el sistema se basa en el acceso a la red, el cual no está disponible o no es familiar a toda la población, lo cual puede explicar en parte el sesgo en la distribución geográfica de los participantes. Mientras que 20% de la población reside en el Distrito Federal o el Estado de México, 65% de los participantes se ubican en tales entidades. Además, dentro de los sectores que sí utilizan la red el grado de participación es desigual y se ha notado que el perfil de edades es muy distinto al de la población general.

Ahora bien, al conocer mejor los rasgos sociodemográficos de los participantes tenemos un perfil de las personas más inclinadas a participar activamente en el cuidado de su salud. Los resultados preliminares indican que quienes menos participan en la colecta e intercambio de información en salud son precisamente quienes más apoyo necesitan —la población marginada, con bajo nivel educativo y escasos recursos. No obstante, una ventaja de este tipo de metodología es que posibilita el acceso a un gran número de personas a muy bajo costo.

Minería de datos e influenza

Ya se enfatizó antes que la salud de la población depende tanto de las autoridades como de los individuos y se mencionó que la efectividad de las decisiones que se toman depende a su vez de la calidad de la información disponible. Así, en una crisis de salud pública como la de la influenza a h1n1 en 2009, cuando acontecimientos importantes suceden a una velocidad muy acelerada que obliga a tomar rápidamente decisiones estratégicas importantes y de alto impacto, es esencial contar con los mejores sistemas de colecta y análisis de información disponibles a fin de conocer con detalle qué está pasando para reaccionar óptimamente. Desafortunadamente, esto es sumamente difícil debido a la diversidad de factores que intervienen y la complejidad con que se interrelacionan.

La variedad de factores que influyen en la dinámica de una epidemia son numerosos. Estos abarcan muchas escalas: desde lo microscópico, como es el sistema inmune de una persona infectada, hasta lo macroscópico, que se ejemplifica con el sistema de transporte en que se mueven las personas infectadas y aquellas susceptibles de contagiarse. Así sucede que una gran diversidad de datos, fisiológicos, inmunológicos, farmacéuticos y clínicos, pero también psicológicos, sociales, económicos, demográficos y políticos pueden ser relevantes para el entendimiento y la elaboración de modelos de una enfermedad y sus consecuencias.

El espectro amplio y complejo de factores que intervienen impone grandes retos a la comprensión y el tratamiento de estos problemas. En primer lugar, no existe una única disciplina que los integre todos. Esto significa que la mejor manera de abordar el estudio y planear el control epidémico de la influenza, y por supuesto de cualquier otra enfermedad, es por medio de un trabajo interdisciplinario en equipo. Sin embargo, dicha colaboración implica muchos aspectos con cierto grado de dificultad, desde la integración del equipo hasta el establecimiento de un lenguaje común.

En términos de los datos, hay también obstáculos importantes, dado que desafortunadamente no existe una base de datos que guarde toda la información relevante a un problema. Antes bien, ésta se encuentra fragmentada y parcelizada en múltiples fuentes, frecuentemente de distintas organizaciones, cada una de las cuales tiene poco deseo y carece de motivación para compartirlos con otras. La identificación y subsecuente integración de estos datos es un problema tanto políticoorganizacional como sociocultural y técnico, y no se solucionará rápidamente, especialmente en el aspecto políticoorganizacional, a pesar de que el aprovechamiento de la información existente es un problema de la más alta importancia.

Ahora bien, es claro que la obtención e integración de las bases de datos que contienen información de los distintos factores relevantes al entendimiento y manejo de una epidemia es nada más el primer paso. Después de esto hay que analizar la información y derivar de ella conocimientos útiles, lo cual puede hacerse por medio de la minería de datos, es decir, haciendo un análisis sistemático de la información que permita detectar patrones, correlaciones y otras regularidades. Dicha herramienta es particularmente valiosa cuando hay muchas variables involucradas y se manejan bases de datos muy grandes.

Naturalmente, nos interesa utilizar la información que obtuvimos con la minería de datos para orientar y respaldar la toma de decisiones. Por ejemplo, si una persona está en alto riesgo de enfermarse, ¿qué puede hacer para disminuirlo? De forma análoga, ¿qué medidas puede tomar la autoridad para proteger a sectores de la población en alto riesgo?

Por ello, es claro que la información que proporciona la minería de datos puede ser de interés para diferentes actores. En el caso de Reporta, el análisis de la información recabada en el portal es de potencial utilidad tanto para las autoridades como para los individuos: la distribución espaciotemporal de casos permite parametrizar modelos con los cuales se prediga la dinámica de una epidemia ante distintas medidas de control. Todo ello contribuye a que la autoridad elija una estrategia adecuada a las necesidades de la población. Al mismo tiempo, y gracias a que se captura información económica y sociodemográfica, así como sobre los antecedentes y hábitos de salud de los participantes, es posible analizar casos a nivel individual y ver cuáles son los factores de riesgo para un individuo, lo que también permite recomendar un tratamiento o intervención, proporcionando así una retroalimentación personalizada a los usuarios de los sistemas de participación ciudadana, basada en sus propios datos, la cual les ayude a mejorar su salud.

Conclusiones

La salud de la población depende en gran parte de las decisiones que tomamos cada uno de nosotros y no simplemente de las políticas que implementan las autoridades. Por otro lado, la posibilidad de tomar una decisión buena depende de la calidad de la información con que se cuente. La pandemia de influenza a h1n1 en 2009 mostró claramente algunas de las fallas que existen, tanto a nivel gubernamental como individual, y evidenció la ausencia de canales de comunicación entre los distintos actores. Una manera de mejorar esta situación es utilizar sistemas de participación ciudadana, como Reporta.

Al constituirse como una fuente complementaria de información que se actualiza en tiempo real, Reporta puede contribuir a detectar comportamientos epidemiológicos anómalos de forma temprana. Al ser recogidos los datos en formato digital directamente se hace más fácil y eficiente su procesamiento y análisis. Además, al estar vinculada la información sociodemográfica y los hábitos de salud con el estado de salud de los participantes, podemos entender más a fondo los factores de riesgo asociados a una enfermedad, la manera en que se propaga, etcétera.

Por último, la participación directa de la ciudadanía en este tipo de proyectos puede contribuir a informarla y hacerla copartícipe. Con ello mejora su capacidad para tomar decisiones que la beneficien y se tornan socialmente responsables, lo que en última instancia altera de forma positiva el balance de fuerzas y responsabilidades entre las autoridades y la población en cuestiones de salud pública.

articulos
Referencias bibliográficas
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Marquet, R. L., A. I. Bartelds, S. P. Noort, C. E. Koppeschaar, J. Paget, F. G. Schellevis et al. 2006. “Influenza season”, en bmc Public Health, 8(Ili), pp. 1-8 (doi: 10.1186/
1471-2458-6-242).
Van Noort, S. P., M. Muehlen, H. Rebelo de Andrade, C. Koppeschaar, J. M. Lima Lourenço, M. G. M. Gomes. 2007. “Gripenet: An internet-based system to monitor influenza-like illness uniformly across Europe”, en Eurosurveillance, núm. 12.

En la red:  http://www.who.int/csr/disease/swineflu/en/index.html

     
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Natalia Mantilla Beniers
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Estudió Matemáticas en la unam y el doctorado en Cambridge, Inglaterra; se dedica a la ecología de infecciones. Es profesora de tiempo completo del departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM y miembro del Centro de Ciencias de la Complejidad. Coordina desde 2009, cuando se inició, el proyecto Reporta para monitoreo de enfermedades respiratorias.
 
Magdalena Escorcia Martínez
Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Estudió Medicina Veterinaria y Zootecnia en la fes-Cuautitlan, unam, así como una especialidad en Producción Animal de Aves en la FMVZ-UNAM y la Maestría en Ciencias en la unam. Actualmente es académica de tiempo completo en la FMVZ y responsable del Control de Calidad de Biológicos para aves en la misma.
 
Christopher Stephens
Instituto de Ciencias Nucleares,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Es Investigador Titular c en el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM y nivel III en el SNI. Hizo su licenciatura en The Queen’s College Oxford y su doctorado en física teórica en la Universidad de Maryland, eu. Cuenta con más de 100 publicaciones y 1 200 citas. Trabaja en sistemas complejos y minería de datos.
     
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como citar este artículo
Mantilla Beniers, Natalia, Magdalena Escorcia Martínez y Christopher Stephens. (2013). Información, toma de decisiones y salud, lecciones de la pandemia de influenza A-H1N1. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 90-99. [En línea]
     

 

 

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