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Beneficios de la
actividad física
durante el embarazo
 127B06  
 
 
 
Rafael Zahim Escamilla Ugarte, Víctor Omar Castellanos Sánchez y Sara García Isidoro  
                     
 
La relación entre embarazo y actividad física ha sido estudiada desde tiempos prístinos, sin embargo, los primeros datos bien documentados y de mayor relevancia datan del siglo iii a.c., ya que fue el griego Aristóteles uno de los principales expositores de quienes atribuían los partos difíciles a los estilos de vida sedentarios. No obstante, fue hasta finales del siglo xix cuando se publicó el primer estudio médico con sustento científico que termina por reafirmar lo descrito por el Estagirita. A pesar de ello, se sabe que la mayoría de las mujeres no tiene información verídica referente a la relación entre ejercicio físico y embarazo, y se ha descrito que tan sólo 50 o 40% de las embarazadas realizan actividades físicas de manera regular.
 
El embarazo está considerado como uno de los procesos biológicos que alteran en mayor medida la calidad y la cantidad de modificaciones psicológicas y anatomofisiológicas en la mujer; estos cambios cobran vital importancia si tomamos en cuenta que las alteraciones presentes no sólo involucran el bienestar de la gestante sino que también condicionan el curso del embarazo y la salud fetal, la cual resulta preponderante para la futura madre y para los profesionales sanitarios implicados.
 
A pesar de la evidencia existente sobre los resultados favorecedores y de los beneficios del ejercicio, persiste la idea de que la actividad física conlleva consecuencias nocivas para el feto y que podría ser la responsable de partos prematuros y reducciones en el crecimiento fetal. Sin embargo, hay estudios que demuestran que el ejercicio no sólo mejora el parto, sino que también disminuye ciertas complicaciones del embarazo, entre las que se encuentran la hipertensión y la preeclampsia, que afectan aproximadamente a 8% de las mujeres embarazadas y complican de 2 a 8% de los embarazos totales, por lo que suponen un factor de riesgo de parto prematuro y muerte fetal. Por otra parte, el ejercicio también ha demostrado menguar síntomas como las náuseas y el insomnio, al igual que reduce las intervenciones obstétricas, incrementa el tamaño de los neonatos y atenúa el riesgo de obesidad infantil en el bebé.
 
Se ha demostrado además que el ejercicio regular durante el embarazo mejora o mantiene el estado físico y la imagen corporal en la gestante, promueve también su energía, la fuerza y la resistencia; además, incrementa la salud mental y la calidad de vida en mujeres multíparas, a la vez que ayuda a acelerar la recuperación después del parto. En el niño se ha observado un desarrollo psicomotor superior y un incremento de la maduración nerviosa, de tal forma que los neonatos estudiados resultan capaces de responder mejor ante estímulos ambientales y luminosos, destacando notablemente en la puntuación del test de Apgar y en sus perfiles de humor; además, en estudios posteriores, los niños de madres que se mantuvieron físicamente activas durante el embarazo demostraron mejores resultados en los test de inteligencia y de habilidades de lenguaje oral en comparación con los niños de madres sedentarias.
 
Actividad física
 
El acondicionamiento físico y las alteraciones en el estilo de vida durante el embarazo son actualmente reconocidos como factores predisponentes en el bienestar y la salud; dichos factores podrían establecer modificaciones en la mujer no sólo a lo largo del embarazo, sino también durante el resto de su vida. Los centros para el control y la prevención de enfermedades, el departamento de salud y servicios humanos, el Colegio Americano de Medicina del Deporte y otras instituciones canadienses, danesas, británicas y australianas recomiendan un promedio de treinta minutos diarios de actividad física con una intensidad de 40 a 50% de vo2max (cantidad máxima de oxígeno) sin sobrepasar 150 latidos por minuto. Se recomienda ejercicios tales como el ciclismo estático, la caminata, la natación y programas generales de ejercicios en el piso. Como deportes contraindicados podemos citar el buceo, los deportes de contacto, los deportes en altitud o el levantamiento de peso. A su vez, está indicado el stretching (estiramiento) y el método de facilitación neuromuscular (el cual parece beneficiar el trabajo de las contracciones durante el parto), pues permite mejorar la flexibilidad de todas las articulaciones del cuerpo, ayudando a aliviar dolores de espalda y calambres propios de la hiperlordosis que pueden afectar a la gestante. Sin embargo, algunos autores consideran que lo ideal sería que cada mujer embarazada se sometiera a un programa de ejercicio individualizado en el que, con ayuda de un profesional de la salud, se tome en cuenta el mes de gestación, las características físicas y los antecedentes personales.
 
Todo parece indicar que si el ejercicio físico no supera el umbral de lo moderado y si la gestante posee un buen estado de salud no cabría esperar la posibilidad de riesgos anatómicos o fisiológicos en el feto ni en la grávida, lo cual descarta cualquier compromiso sanitario involucrado con el ejercicio materno. Sin embargo, sí habría que guardar precauciones respecto de los deportes de contacto, el entrenamiento en altitud y el buceo. Asimismo, se recomienda que las mujeres que practican deportes de alto impacto o levantamiento de pesas modifiquen su entrenamiento y sus rutinas, pues actividades anaeróbicas podrían incidir negativamente en el aporte de oxígeno al feto.
 
Merece la pena recordar que un embarazo sano y un parto exitoso no solamente están influenciados por la actividad física realizada durante el periodo prenatal, sino que en algunos casos resulta de mayor importancia tener un estilo de vida saludable, una dieta adecuada y un correcto estado emocional previo, por lo que tampoco se deben descuidar tales variables.
 
Finalmente
 
A pesar de las discusiones y divergencias respecto de la actividad física durante el embarazo, la evidencia indica que la realización de ejercicio físico moderado durante la gravidez posee la capacidad para menguar los riesgos de parto e incrementar los beneficios en la salud del feto y la gestante, tanto a corto como a largo plazo. Por otra parte, los programas de ejercicio físico personalizado contribuyen a reducir el riesgo de presentar patologías (como la preeclampsia o la hipertensión) capaces de provocar un parto prematuro y muerte fetal, facilitando así la adaptación de la mujer a su nuevo estado y proporcionando altos beneficios para el proceso de parto.
 
Resulta importante que los fisioterapeutas y proveedores de atención sanitaria se eduquen y promuevan los beneficios del ejercicio regular durante el embarazo y la actividad física libre de riesgo en las mujeres embarazadas. No obstante, la mayoría de las investigaciones consultadas coinciden en que hace falta estudios de mayor precisión y con mejor sustento científico para demostrar resultados sólidos.
 
     
Referencias bibliográficas

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Rafael Zahim Escamilla Ugarte
Víctor Omar Castellanos Sánchez
Sara García Isidoro
Instituto Profesional en Terapias y Humanidades, Puebla.
     

     
 
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