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| José Antonio Gómez Di Vencenzo | |||||||||||
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Entre los discursos teóricos que contribuyeron a la
naturalización de las relaciones sociales y concretamente a su medicalización, se destacan los argumentos eugenistas. Específicamente en las sociedades modernas la medicalización de las relaciones sociales pretende anular —o al menos debilitar— el conflicto generado por la tensión existente entre la igualdad legal, que es propia del modelo contractualista, y las desigualdades que surgen a partir de las características específicas que adopta la estructura socioeconómica. En países como Argentina, principalmente durante la década de los treintas del siglo pasado, se extendió entre las élites intelectuales y políticas una serie de propuestas de intervención y control relacionadas con la educación formal pero también con la no formal, que reclamaban la implementación de un conjunto de intervenciones que modificara el pronóstico de los menos favorecidos.
Esta serie de mediaciones sobre la población dio origen a distintas líneas de acción: por un lado, la educación sexual, tanto en el sistema formal como no formal y a las embarazadas en particular, y una educación general basada en el enfoque biotipológico (biopedagogía); por el otro, el uso de una serie de herramientas de control y tipificación de la población por medio de las llamadas en general “fichas eugénicas” o “fichas biotipológicas”. Aquí nos interesa este último punto, específicamente el intento de legitimación del uso de la ficha biotipológica por medio de su aplicación en el ámbito de la educación no formal. Eugenesia, biotipología y política Como es sabido, la eugenesia consiste, básicamente, en promover la reproducción de los individuos o grupos de individuos considerados mejores e inhibir la reproducción de los considerados peores por medio de la aplicación de una batería de tecnologías sociales. En el movimiento eugenista del siglo xx se destaca la convicción de que es posible detectar y medir, porque ello está en la naturaleza biológica, una diferenciación jerárquica de los individuos o grupos humanos. Como anticipábamos en nuestra introducción, dicha detección y relevamiento de datos para la jerarquización y asignación de roles sociales se realizaría, siempre desde la perspectiva eugenista, mediante el fichado biotipológico de la población. Dentro de la historia del programa eugenésico local, se destaca la década de los treintas por la fluida articulación entre diversos saberes y un conjunto de tecnologías sociales diseñadas para intervenir sobre la población; una fase caracterizada por una serie de matices, tensiones o debates sobre el modo de llevar a cabo las propuestas biotipológicas. Las fichas biotipológicas buscaban anticipar aptitudes y, a partir de los resultados obtenidos, prescribir una educación afín a las capacidades del sujeto. De este modo, el conflicto dado por la tensión existente entre igualdad y diversidad, que es propio del contexto capitalista, pretendía resolverse mediante una serie de intentos de legitimación de la desigualdad social, apelando a la diversidad biológica, vía aplicación de un programa eugenésico que incluía, como una de tantas tecnologías asociadas, la confección de fichas biotipológicas de alumnos. El biotipo del excursionista La Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (aabems) consiguió poner a prueba la ficha biotipológica en otros ámbitos educativos, además de las escuelas públicas. Concretamente, se la usó en la educación no formal, en colonias de vacaciones y en recreos infantiles. Puede, por ejemplo, encontrarse la existencia de un fichado a pedido de la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Entre Ríos de ciento treinta y seis alumnos de Paraná, quienes concurrieron a Buenos Aires en enero de 1935 como excursionistas, con el auspicio de la Cruz Celeste, tal como se expresa en un pequeño recuadro en el número 35 del segundo año de Anales (principal órgano de difusión de la asociación) y se confirma, posteriormente, en la tapa del número 37. Los alumnos y alumnas entrerrianas llegaron a la Capital Federal acompañados por maestros y maestras y bajo la dirección de quien, por aquel entonces, ejerciera el cargo de Presidente del Consejo General de Escuelas de Entre Ríos, el profesor Eduardo F. Ortiz. En el número antes mencionado de la revista y bajo el título “Llegaron de recreo a Buenos Aires, un grupo de escolares de Entre Ríos. Su ficha biotipológica”, la aabems da cuenta del importante acontecimiento asumiendo la “formación de la ficha biotipológica a esos niños, trabajo de positivo valor social y científico que marca una etapa que podemos, sin temor a exagerar, llamar histórica en ese campo de la medicina escolar”. El mismo artículo expresa claramente la intención de prolongar la experiencia y hacerla extensiva a todo el país en los siguientes términos: “le ha correspondido a los hijos de Entre Ríos el primer turno en el examen biotipológico que viene organizando nuestra Institución para los niños de la República. Mañana serán los de la Capital y sucesivamente, Dios mediante, los de las demás provincias y territorios argentinos". Por otro lado, el mismo año y por Expediente número 10.212.5 de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, se resolvió confiar a la aabems la confección de la ficha biotipológica de los tres mil niños que concurrían a la colonia de vacaciones de la Quinta Presidencial de Olivos, residencia donde se aloja el presidente de la nación y su familia durante su mandato.Estas pruebas de ejecución de la ficha biotipológica se agregan a la llevada a cabo en dos escuelas de la Provincia de Buenos Aires y dan cuenta de su pretendido uso como instrumento de política pública. A muy poco tiempo de fundarse la institución, tras un breve período de gestión en diversos ámbitos y gracias a una insistente tarea de divulgación de sus propósitos, los influyentes eugenistas lograron en 1933 el dictado de un decreto firmado por la Dirección de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, mediante el cual se puso en práctica, a modo de prueba, la ficha biotipológica escolar en dos colegios de la provincia: la escuela número 1 de San Isidro y la número 66 de La Plata. El decreto mencionado representa un primer logro en el arduo camino hacia la institucionalización de la ficha biotipológica escolar por parte de la AABEMS. Dicho decreto es presentado en los Anales como un significativo triunfo político e institucional. Además de representar un primer logro de implementación de la ficha biotipológica por parte de la aabems, aunque sea sólo una experiencia a modo de prueba en dos escuelas, también da cuenta de cómo se articulaba el tándem entre educación formal y no formal para la puesta a punto de la propuesta.Los denodados esfuerzos por promover el fichado de alumnos en todo el país llevaron a los miembros de la aabems a participar en encuentros y congresos educativos en distintos ámbitos, con el fin de mostrar los beneficios que traía aparejada la implementación de las fichas biotipológicas y la articulación entre biotipología y educación. No obstante, cabe aclarar que en éstos, al igual que en otros casos, el examen biotipológico era utilizado como experiencia piloto y diagnóstico para luego emprender medidas sanitarias. En rigor, nunca se fue más allá. Según José Natale, Presidente de Asociación Nacional Pro Cultura y Recreo del Niño, Cruz Celeste (fundada el 18 de noviembre de 1933 con el fin de llevar a cabo distintas actividades relacionadas con la acción social, para resolver lo que se entendía como falencias educativas o de nutrición, a partir de la educación no formal y las actividades recreativas del niño en vacaciones), junto a la aabems, dicha institución tenía como meta: “construir las cooperativas de veraneo, conforme al pensamiento de nuestra Carta Orgánica, en lo referente a la creación de ‘El Hogar del Bosque’, ‘El Hogar de Montaña’, ‘El Hogar de Playa’, en todos los cuales se atenderá el problema de la educación integral del niño, despertando su amor por la naturaleza, fomentando su desarrollo físico, cultivando las buenas maneras, una conveniente instrucción y disciplina y estimulando toda forma de actividad que se considere saludable y a la vez recreativa” (en la tapa de dicho número puede verse la foto de los estudiantes entrerrianos que viajaron a Buenos Aires gracias a La Cruz Celeste para que médicos de la aabems confeccionen sus fichas biotipológicas). Como sea, además de haberse tratado su implementación en espacios de educación formal pero también no formal de las provincias de San Luis y Santa Fe, la aabems contaba con una filial en la Provincia de Mendoza y otra en Córdoba donde impulsaba el uso de la ficha en espacios tanto formales como no formales. El Dr. Ferreira, director de la filial mendocina, sugería la aplicación de las fichas biotipológicas en distintos espacios de educación no formal. Preocupado por determinar con precisión el biotipo cuyano a fin de diagnosticar las posibles desviaciones e implementar medidas eugenésicas correctivas, Ferreira se preguntaba: “¿cómo es posible aplicar métodos o procedimientos de corrección u orientación de nuestra juventud mendocina, sea en el terreno de la conformación de su carácter y del desarrollo de su inteligencia, cuyas adquisiciones vigila el control psicológico o el certamen educacional, si no tenemos su ficha constitucional de nuestro ambiente?”. La aabems se destacaba también en tareas de asistencia social en los espacios no formales de educación, instrumentando en muchas oportunidades, como se ha visto, una serie de acciones articuladas con otras instituciones sociales. Asimismo, en este ámbito, la biotipología empapaba el discurso y se constituía en “punta de lanza” para diagnosticar enfermedades, desviaciones, curar, corregir y una vez más, orientar y seleccionar. Pero más que nada la asociación impulsó el fichado biotipológico en las escuelas primarias, haciendo de la educación formal un banco de pruebas. Veamos un ejemplo de cómo funcionaba la articulación de pruebas piloto en educación no formal y mediante qué argumentos se legitimaba la implementación de la ficha y sus posibilidades en la formal. Los días 9, 10, 11 y 13 de enero de 1936, se llevó a cabo el Primer Congreso de Instrucción Pública de Mendoza. El texto completo del decreto que estipulaba la celebración del congreso se encuentra reproducido en su totalidad en el número 60 de Anales publicado el 15 de febrero de 1936. Se realizaron distintas ponencias a cargo de importantes referentes de la aabems. Se destacan las de Nicolás Lozano, su presidente, y Arturo Rossi, discípulo de Nicola Pende y principal exponente de la biotipología en Argentina, además de director de la revista Anales. La principal ponencia presentada en el evento gira en torno a la justificación de la obligatoriedad de la aplicación de la ficha biotipológica en las escuelas, argumentando que proporcionaría una elevación de los valores físicos y morales y permitiría un mayor rendimiento de las futuras generaciones, “que irían superándose rumbo a una raza superior donde se cumplan las cuatro armonías: la belleza o armonía de las formas, la salud o armonía de las funciones, la bondad o armonía de los sentimientos y la sabiduría o armonía de la inteligencia. Armonías biológicas que no pueden defraudar a esa otra armonía que nosotros queremos cimentar: la Biotipología y la Pedagogía”. Pero para los representantes de la aabems no fue tan fácil convencer a todos los delegados educativos que participaron en el congreso sobre los beneficios que representaba la confección de la ficha biotipológica escolar y el aporte que, desde el punto de vista de estos intelectuales, la biotipología era capaz de proporcionar a la educación. Algunos docentes y facultativos médicos se opusieron a la ejecución de la ficha en la escuela y lo manifestaron en un despacho de minoría. Hubo un interesante debate en el que estos delegados argumentaron el por qué de su oposición a la realización de la ficha biotipológica en las escuelas y en el que el Dr. Rossi defendió la propuesta del Instituto de Biotipología. Veremos que el fichado como prueba en espacios no formales servía de fundamento para mostrar que el mismo era posible gracias a los ajustes realizados en estas experiencias piloto. En efecto, en un artículo publicado en el número 60 bajo el título “Promovió un interesante y animado debate la ponencia sobre la Ficha Biotipológica Escolar” se hace referencia a la mencionada discusión. Se recogen los argumentos esgrimidos por la Dra. Tobar García, la profesora Salotti y el Dr. Virgilio Moreta Algañaraz en oposición a la propuesta de la aabems. Todos ellos votaron en contra de la ficha biotipológica escolar por considerar entre otras cuestiones que “sus fundamentos son hipotéticos y no científicos”. La Dra. Tobar García, además de fundamentar teóricamente sus dudas acerca del estatus científico de la biotipología y la ficha, argumentó que “la adopción de la ficha significaría convertir a los niños en un cobayo de la India” y que la confección de dicha ficha presentaría una serie de inconvenientes dados por su extensión, la excesiva cantidad de aparatos que debía llevarse a las escuelas para su confección y el “ejército de médicos” que debían abocarse a la tarea. El Dr. Rossi defendió la propuesta con el argumento de que en Europa había expuesto en muchos congresos la necesidad de implementar la ficha en las escuelas recibiendo una adhesión muy sólida y que también, en dicho continente, existían muchos países que la habían implementado. El doctor no veía el motivo por el cual no podía hacérselo también en Argentina. A continuación agregó que en este país muchos docentes adhirieron a la propuesta y que existían 276 de ellos estudiando en la Escuela Politécnica del Instituto de Biotipología en Buenos Aires. Pero además hizo referencia a la experiencia piloto llevada a cabo con un contingente de niños excursionistas de la Provincia de Entre Ríos. Con relación al tiempo y la complejidad de la confección de la ficha, Rossi sostuvo que éste no era un problema si la ficha era confeccionada por personal idóneo, dijo: “hemos hecho en Buenos Aires […] las fichas de 260 niños en una mañana” y que, además, se confeccionó en muy poco tiempo el fichado de un contingente de alumnos entrerrianos que visitaron la capital. Conclusiones Las fichas biotipológicas constituyen un elaborado instrumento tecnocrático y cientificista que, en sus distintas versiones, da cuenta de la tentativa por clasificar, jerarquizar, organizar e intervenir la heterogeneidad de la población. Nuestro derrotero permite dar cuenta del modo en que la comunidad científica construye un discurso influido por el contexto de la época. Resulta interesante pensar cómo los presupuestos e ideas acerca del cuerpo y su lugar en los espacios de producción van enhebrándose y desarrollándose junto a un conjunto de prácticas de medicalización o tecnologías de intervención a nivel poblacional utilizando los espacios educativos; cómo la circulación de significados y su metamorfosis en el tiempo impregnan los discursos filosóficos, políticos, médicos y pedagógicos y cómo un piso ideológico da sustento a las propuestas eugénicas. Las pruebas citadas pueden considerarse a nuestro juicio un excelente ejemplo. La biotipología actualiza en nombre de la ciencia, en una época en la que se tendía a la universalización de la cultura “legítima” y a la homogeneización de la población (claramente representada por los delantales blancos de la educación pública), la indagación, control y medición de la diversidad que justificara la desigualdad y para la asignación de los diferentes roles sociales que el sistema productivo requería. En ese intento por universalizar la ficha biotipológica como herramienta diagnóstica para la posterior implementación del programa eugenésico que llevaría al logro de la diferenciación de roles, la aabems pugnó por llevar a cabo experiencias piloto en diferentes ámbitos como la mencionada con el contingente de niños y niñas entrerrianos que demostraran que la ficha podía ser utilizada eficientemente. Fue allí que la educación no formal desempeñó un rol destacado como espacio de intervención. Y fue entonces que el tiempo libre quedó atrapado en la jaula de hierro de la ciencia, la biotipología y la política. |
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Referencias Bibliográficas
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| José Antonio Gómez Di Vincenzo Laboratorio de Ciencia Humanas, Universidad Nacional de San Martín. Es doctor en Epistemología e Historia de la Ciencia por la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Su tesis de doctorado fue aprobada con mención honorífica y recomendación de publicación. Es docente en la cátedra de Epistemología de las Ciencias Sociales en la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín e investigador del Laboratorio de Ciencias Humanas de la misma casa de estudios. Ha publicado en el campo de la historia y filosofía de la ciencia y CTS. |
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