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La iconografía científica entre arte, ciencia y cultura 139B09  
 
 
 

César Carrillo Trueba
 
                     
La iconografía nos llega como un ladrón en la
noche, poderosa y remarcablemente eficaz,
mas a menudo tan silenciosa
que no detectamos su influencia.

Stephen Jay Gould
     
Las imágenes que acompañan los textos científicos
poseen el mismo estatuto que los conocimientos contenido en ellos, sean gráficos, fotografías o ilustraciones. Los dibujos elaborados con base en las observaciones efectuadas con un telescopio que ilustran los libros de astronomía del siglo xix son un caso; si las comparamos con las actuales, obtenidas con potentes instrumentos, nos parecen anacrónicas, mucho más que los conocimientos que se tenía en aquella época. Al mirar tales imágenes surgen varias interrogantes: ¿será sólo una cuestión de un incremento en el conocimiento?, ¿es un asunto meramente técnico?, ¿son los cambios en los paradigmas los que modifican la mirada, la relación entre los objetos que conforman la imagen, el énfasis en tal o cual aspecto?, ¿o la influencia de los estilos de representación vigentes en cierta época? Y quizás aún más.

No son muchos los estudios dedicados a este tema. Stephen Jay Gould escribió algunos ensayos al respecto, centrados en la recreación—reconstrucción se dice técnicamente— del registro fósil, esto es, las innumerables imágenes que ilustran libros y textos sobre el pasado de le Tierra, sus ecosistemas y organismos, lo que él denomina como “la construcción social de la iconografía sobre los fósiles”.

Por su magnitud y la convivencia que a lo largo de la historia las sociedades humanas han mantenido en su imaginario con monstruos de distinta naturaleza, los dinosaurios acapararon muy pronto un lugar protagónico en las representaciones de la historia terrestre. Muy cercanas a la iconografía medieval y renacentista cuando se llevan a cabo las primeras reconstrucciones de los fósiles y su recreación con armaduras similares a las del célebre rinoceronte de Albrecht Dürer, las ilustraciones posteriores los presentan con frecuencia uniendo presas y depredadores en ambientes y paisajes cercanos al jardín del Edén. Algunos les confieren delgadas y estilizadas patas que difícilmente podrían sostener su voluminoso cuerpo, mientras otros los muestran masivos, pesados, enfangados, muy acorde con la idea de que eran lentos y torpes.

Una vez que el darwinismo hace irrupción poblando el imaginario, la lucha por la vida impregna las ilustraciones con encarnados combates, incluso con un aire cinematográfico. Los dinosaurios se van tornando musculosos, algunos esbeltos, se miran ágiles y feroces, hoy día de vistosos colores, no forzosamente monocromos, y no pocos ornados de fastuosos y llamativos plumajes. La posmodernidad da origen a una estridente dinomanía, hoy en profusión.

Las reflexiones de Stephen Jay Gould son siempre acuciosas. En contra de la visión que aísla la ciencia del resto de la sociedad, su supuesta pureza y objetividad absoluta, el destacado paleontólogo muestra cómo, si bien dicha iconografía es producida con base en conocimiento científico, es a la vez resultado de distintos factores sociales e intelectuales, y se halla inserta en tradiciones pictóricas, valores e ideas de mayor amplitud, que a manera de paraguas contienen o influyen también a las teorías científicas, como es el caso de la idea de progreso, que permea la historia, la antropología, la ciencia, la filosofía y la sociología, así como las expectativas de la población en su actuar cotidiano.

Dado que constituyen un marco general, un esquema subyacente por no ser perceptible, este tipo de influencias no son evidentes. Si uno mira una ilustración sobre la historia de la vida sobre la Tierra de manera aislada no resulta notoria la idea de progreso, pero en una secuencia es clara, como en las que se encuentran en casi todos los museos de historia natural y en innumerables libros de texto, que trazan las diferentes eras geológicas, en donde el predominio de los nuevos organismos elimina a los anteriores, considerados simples y primitivos, proporcionando una idea de cambio progresivo hacia lo considerado como más complejo, cuyo final esperado es la aparición del ser humano, summum de la evolución.

Además, como explica Gould, este tipo de imágenes forma una visión de la historia de la Tierra, de la vida en ésta, de manera que tanto los científicos como el resto de la sociedad se adhiere a ella en forma casi natural: está en los libros, en museos, documentales y demás representaciones científicas. No es de extrañar, por ejemplo, que en las políticas de conservación de la naturaleza no estén casi representados los insectos y demás invertebrados, y no digamos las bacterias, tan importantes para el funcionamiento de los ecosistemas y del metabolismo del planeta. Son representaciones, imágenes que orientan el pensamiento y sus efectos en las acciones.

Finalmente, los cambios en la iconografía a lo largo del tiempo no responden tampoco a una mera acumulación de conocimiento; tal y como lo muestra Thomas S. Kuhn para las teorías científicas, los cambios son resultado de la influencia de otros ámbitos, sea la filosofía, la política, el arte o la religión, en ocasiones la conjunción de varios de éstos. Los esquemas medievales que dan cuenta de la creación divina han tenido una influencia innegable en las representaciones de la historia de la Tierra, de ahí la similitud entre los esquemas religiosos, la cadena del ser, del progreso social y evolutivo, como lo señala Gould: “la idea de un ‘ascenso hacia el hombre’ (para usar el viejo lenguaje con sesgo de género) se destaca prominentemente entre las más inalteradas y penosamente defectuosas certezas de Occidente. Los paleontólogos predarwinianos atribuían dicho modelo al esquema de creaciones sucesivas de dios; los evolucionistas postdarwinianos [...] contaban la misma historia, sustituyendo con la selección natural a dios”.

Fascinante y aún poco explorada, la iconografía científica nos puede hacer reflexionar, tomar conciencia de los lugares comunes en que seguimos recayendo en la enseñanza y la comunicación pública de la ciencia, la divulgación; de la manera como se entrelaza la ciencia con otros ámbitos de la sociedad en la producción de conocimientos, de sus inseparables imágenes: “a menudo tan silenciosa, que no detectamos su influencia”.
     

Referencias bibliográficas


Gould, Stephen Jay (editor). 1993. The Book of Life. W. W. Norton & Company, Nueva York/Londres.
     Carrillo Trueba, César. 2003. “Propuestas para un museo de historia natural del siglo xxi”, en Elementos, vol. 9, núm. 48, diciembre-febrero 2002-2003, pp. 33-38.
     Schmitt, Jean-Claude. 2019. Penser par figure. Du compas divin aux diagrammes magiques. Arkhé, París.

     

     
César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
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