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María del Socorro Aguilar Cucurachi y María del Carmen Maganda Ramírez      
               
               
Son variadas las teorías que intentan explicar la forma en
que los humanos nos relacionamos y percibimos el entorno, y ha habido muchas a lo largo de la historia. No obstante, se destacan las que surgieron durante la segunda mitad del siglo xx, de los cincuentas a los setentas, como resultado de una serie de investigaciones bajo el concepto marco de “ciencias cognitivas”; fue cuando distintas disciplinas, entre las que destacan la filosofía, psicología, antropología, lingüística, neurociencias e inteligencia artificial, debatieron los campos y ramificaciones de las capacidades cognitivas humanas, entre ellos, el estudio de las percepciones.

La raíz etimológica de la noción de percepción viene del latín perceptio, compuesto del prefijo per (por completo), cep, del verbo capere (capturar o recibir) y tiōn (acción), esto es la acción de capturar y recibir por completo. Las percepciones se sostienen en un marco sistémico que consiste en: a) recibir la información en y sobre el entorno; b) interpretarla a partir de experiencias previas, conocimientos y creencias; y c) emitir juicios y actuar a partir de estos. Además, no son estáticas, más bien son dinámicas y se construyen y deconstruyen en el tiempo y el espacio en donde somos sujetos activos frente a una heterogeneidad de estímulos sociales y ecológicos en constante cambio. Dicha heterogeneidad se vuelve central en la comprensión de las percepciones, dado que es complicado explicar cómo percibe una población en particular, por lo que se considera información valiosa la diversidad de percepciones que tiene una misma población.

Las percepciones son el reflejo de la relación que tenemos entre las personas y con los entornos naturales habitados, con su respectivo espacio y la heterogeneidad de las percepciones, tanto en diferentes contextos regionales como en un mismo contexto. Un mapa de las percepciones sociales y ambientales puede aportarnos una base de conocimiento para la búsqueda de alternativas sustentables a fin de mejorar nuestra relación con el entorno inmediato. Consideramos relevante conocer cómo la gente percibe su entorno, ya que tanto la degradación como la recuperación de cualquiera de sus componentes depende de las maneras como son percibidos los sistemas sociales y ecológicos.

Asimismo, sería deseable poder ampliar los estudios y la divulgación de los resultados acerca de las percepciones que las sociedades tienen del entorno natural a fin de hacerlos accesibles para la sociedad misma. Con ello podríamos aportar datos sociocognitivos relevantes (generalmente ausentes), por ejemplo, en la construcción participativa de políticas públicas y en las investigaciones académicas desde una mirada interdisciplinaria. El marco teórico, epistemológico y metodológico que acompaña el estudio de las percepciones proporciona al concepto un carácter interdisciplinario.

Una noción interdisciplinaria

La manera en la que se ha entretejido históricamente el estudio de la percepción revela que se ha nutrido de diversas disciplinas. Reconocer su carácter interdisciplinario permite enriquecer la comprensión de los fenómenos complejos constituidos por dimensiones sociales (políticas, culturales, económicas, tecnológicas, educativas) y ecológicas (biológicas, evolutivas, biogeoquímicas, energéticas, biofísicas).

El estudio de las percepciones involucra desde aproximaciones filosóficas hasta geográficas, pasando por psicológicas y antropológicas, entre otras. En algunos casos, la percepción ha sido un concepto clave para la disciplina que lo estudia; por ejemplo, se considera como uno de los conceptos inaugurales de la psicología como ciencia. Al respecto existe un consenso científico que considera la teoría Gestalt como uno de los esfuerzos más sistemáticos que ofrecen bases explicativas consistentes sobre los procesos perceptuales.

Desde este enfoque interdisciplinario, YiFu estudió las percepciones, poniendo en diálogo la geografía y la antropología. El autor abordó las visiones del mundo de diferentes culturas, a partir de las emociones y el apego al territorio habitado, a lo que denominó como “topofilia”. Con este antecedente, asumimos que la percepción tiene también un carácter biocultural, y esto significa que está compuesta por dos elementos principales, uno biológico que considera a los órganos sensoriales como parte fundamental del proceso y otro, en esencia, social. Mientras se perciben los estímulos, ciertos fenómenos quedan registrados y otros no, como dice YiFu: “algunos fenómenos se pierden en las sombras o se eliminan”; esto significa que percibimos lo que tiene valor para nosotros en el momento en que lo detectamos, tanto para nuestra supervivencia biológica, como para brindarnos satisfacciones que están enraizadas en la cultura.

Otra investigadora pionera en el estudio de las percepciones desde un marco interdisciplinario es Carmen Viqueira, quien también durante los setentas buscaba en las culturas originarias las diferencias perceptivas en términos de umbrales sensoriales, ilusiones ópticas y tiempos de reacción a estímulos. La autora, además de cuestionarse sobre la forma de percibir de grupos de personas ante situaciones específicas, se preguntaba hasta qué punto la psicología y la antropología podrían ser complementarias en el estudio de las percepciones.

Ambas investigaciones sentaron las bases para el estudio de las percepciones desde un enfoque interdisciplinario. Actualmente, tal enfoque persiste en diversas investigaciones que implican conocer las percepciones sobre los ecosistemas; por ejemplo: la percepción de la transformación del paisaje, las reservas de la biósfera, el agua, el bosque, la biodiversidad. Esto constituye una fuente de información sobre animales silvestres como jaguar, lince, chimpancés, puma, monos aulladores, entre otros.

Además del interés que presenta para investigaciones como las que se mencionan, existe una línea de estudios que aborda las percepciones junto con conocimientos, actitudes, creencias y valores. En este sentido, como sostiene YiFu, percibir es aprehender el mundo, lo cual incluye valores, creencias, actitudes y conocimientos, es decir, dicha noción ya involucra otros procesos cognoscitivos y sociocognoscitivos.

Por otro lado, existe una distinción entre los conceptos que utilizan las investigaciones cuando se refieren a percepciones sociales y ambientales, la cual parte de los objetos y sujetos de análisis, es decir, cuando se orienta a percepciones ambientales el objeto de análisis, generalmente, es la naturaleza desde un sentido biogeofísico. En cambio, las percepciones sociales se centran en conocer la comprensión y sensibilidad que los grupos humanos tienen con respecto de la naturaleza, por lo que resaltan principalmente atributos culturales. Pero también hay investigaciones que abordan ambas dimensiones: social y ecológica.

El marco interdisciplinario en que está inmerso el estudio de las percepciones incorpora la complejidad de las dimensiones ecológica y social, y propone nuevas formas de comprensión de la relación entre seres humanos y naturaleza. El enfoque socioecosistémico o de sistemas socioecológicos (ses por sus siglas en inglés), nos ayuda a entender esta relación, ya que parte de que los elementos biológicoecológicos están en constante interacción con los elementos socioculturales en un ambiente físico, y que dichas interacciones provocan cambios en las dinámicas del socioecosistema. Esto es, que en un socioecosistema los procesos sociales, económicos, políticos y culturales tienen una influencia directa sobre los ecológicos, evolutivos y biogeoquímicos, y viceversa. Dicho marco nos reta a otorgar mayor énfasis a las percepciones de las sociedades, y no centrarnos en las disciplinas desde las que se estudian, pero, además, a comprender la continua interacción de las dinámicas biológicas y culturales, socioecosistémicas, en las que estamos inmersos.

Nuevamente citando a YiFu, de la percepción surge la actitud, que no es otra cosa que la postura que tenemos frente al mundo, la cual es más estable que la percepción y se forma en una larga sucesión de percepciones. Con esto, las percepciones son una especie de mecanismo de alarma para las acciones que puedan afectar negativamente los entornos y, por ende, a las personas. A partir de nuestras propias aproximaciones, de nuestro trabajo, sostenemos que las percepciones, los valores, las actitudes y las cosmovisiones se entretejen, y en consecuencia lo que percibimos tiene un fuerte valor biológico y cultural.

En suma, consideramos que, en los contextos de análisis relacionados con el entorno natural, toda percepción es socioecológica. Es social debido a que constituye un proceso simbólicointerpretativo, y es ecológica porque todo fenómeno perceptible ocurre en relación con la naturaleza. Por lo tanto, las percepciones constituyen una herramienta clave para una visión sistémica que integre lo social y lo ecológico. Además, si a la noción de percepciones se le agrega “socioecológicas” (o socioambientales) se convierte entonces en una noción autoexplicativa por el simple hecho de que en el nombre contiene ambas dimensiones.

Las percepciones socioecológicas

Las percepciones involucran la experiencia directa sobre el medio ambiente, y la información indirecta por medio de otros individuos, de la ciencia y de los medios de comunicación, por lo que significa la comprensión que del entorno tienen los seres humanos. No obstante, el proceso de percibir no es homogéneo, depende de aspectos personales (subjetivos), sociales (intersubjetivos), ecológicos, físicos, económicos y políticos que determinan el mundo percibido. Dicho proceso implica, en consecuencia, conocimiento y organización, los significados que son conferidos al ambiente, las preferencias y selecciones, las decisiones y las prácticas y, especialmente, que la percepción varía y se transforma en el tiempo con base en el contexto y sus particularidades.

A modo de conclusión, podemos decir que las percepciones no son estáticas, no son lineales ni acumulativas, más bien son dinámicas. De alguna manera, e independientemente de las disciplinas que abordan el estudio de las percepciones o la forma en que sean abordadas —como percepciones sociales, socioecológicas, socioambientales, sociales y ambientales o simplemente ambientales—, se observa claramente la necesidad y la importancia de incluir ambas dimensiones para comprender cómo nos relacionamos los grupos humanos con los entornos. Si abordamos las percepciones desde un enfoque integrador, a sugerencia de iniciativas internacionales que han insistido en la necesidad de unir los componentes social y ecológico, convendría aún más referirse a “percepciones socioecológicas”.

Es necesario reconocer que los aspectos ecológicos constituyen e influyen sobre lo social, y viceversa, y que el ambiente no puede ser estudiado como una dimensión separada de lo social. En publicaciones recientes, nosotras participamos y aplicamos la noción de percepciones socioecológicas en el estudio de personas confinadas por Covid y el estímulo empático que les proporcionaba la cercanía con áreas boscosas, como un enfoque holístico para responder mejor a las amenazas a la salud física y mental durante y después de la pandemia.

Los estudios socioecológicos deben enfatizar la importancia de adoptar una visión integrada e interdisciplinaria para poder hacer un acompañamiento en el manejo comunitario de los ecosistemas de acuerdo con los contextos. La manera de acompañar tales procesos va a depender de la información que esté al alcance de las sociedades comprometidas con el entorno habitado.

Por ello, el compromiso y reto de  las investigadoras es que tal información esté al alcance de esta, ya que es generada por la sociedad misma de manera cotidiana y casi imperceptible. Actualmente, nosotras estamos impulsando la creación de una red de investigadores con intereses afines en el estudio de las percepciones socioecológicas, donde podamos articular objetivos relevantes y sobre todo pertinentes para lograr una transformación social a partir de alternativas sustentables que lleven a una mejor relación entre los grupos humanos y la naturaleza. También, desarrollamos un curso de posgrado, llamado Percepciones Socioambientales, como marco para revisar teorías, metodologías y experiencias inspiradoras, para incorporar y profundizar en las nociones de percepciones socioecológicas y socioambientales en los procesos de investigación de aquellos proyectos de posgrado con interés en desarrollar enfoques cognitivos en el estudio de los socioecosistemas y de las relaciones personas-contextos (naturales) habitados.
     
Agradecimientos

Agradecemos la retroalimentación durante el módulo “Retos de la percepción ambiental y mecanismos para su medición”, dentro del seminario interno de la Meta 19.1 del proyecto igamma en 2019, así como la retroalimentación de los alumnos en los cursos de Percepciones Socioambientales 2022, en el posgrado del inecol, y en el posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad de la unam
     
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María del Socorro Aguilar Cucurachi
Instituto de Ecología, A.C.

Bióloga por la Universidad Veracruzana, maestra en Neuroetología, doctora en Investigaciones Educativas. Realizó dos años de posdoctorado en el Instituto de Ecología, A.C., México. Sus intereses de investigación se centran en los procesos sociocognitivos involucrados en las relaciones sociedad-naturaleza, educación para la conservación de especies y ecosistemas, y comunicación científica.

María del Carmen Maganda Ramírez
Red Ambiente y Sustentabilidad,
Instituto de Ecología, A.C.


Profesora-investigadora de la Red de Ambiente y Sustentabilidad en el Instituto de Ecología, a.c. (inecol), Investigadora Nacional Nivel 1 (sni). Es doctora en antropología por el ciesas y ha realizado estancias posdoctorales en Estados Unidos, Francia y Luxemburgo. Sus intereses de investigación giran en torno a la relación entre sociedad y naturaleza, la gobernanza ambiental, el desarrollo sostenible participativo y coherente.
     

     
       

 

 

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