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“Las ideas son para mí, medios de transformación, y en consecuencia, partes o momentos de algún cambio” Paul Valey
Con motivo del día del ambiente, en el Centro de Ecología de la UNAM, se realizaron tres coloquios sobre los problemas ambientales actuales. El objetivo: analizar y discutir acerca de la problemática ambiental a nivel global, en América Latina en general y en la ciudad de México en especial. Durante los días 7, 8 y 9 de mayo de 1990, científicos de diversos campos, procedentes del extranjero y de México, se dedicaron a esta tarea, con el fin de proponer posibles soluciones inmediatas y delimitar las áreas de investigación necesarias para elaborar planes a largo plazo. De estas sesiones saldrían tres documentos que constituirían la Carta de Anáhuac. “El Cambio Global”, “Conservación y Manejo de Recursos en América Latina”, y “Problemas Ambientales en la ciudad de México”, son los títulos de tales documentos. Hay que destacar el énfasis que se puso en detectar las lagunas que existen en cuanto al conocimiento de los procesos y las áreas específicas que conforman esta problemática. Aspecto éste de gran importancia, ya que ilustra con mucha claridad el papel que puede desempeñar el científico en la resolución de estas cuestiones. Si echamos un vistazo retrospectivo sobre la imagen que ha ido teniendo el científico, podremos observar de que manera fue cambiando a través del tiempo. De aquel artesano, comerciante o viajero renacentista, al manufacturero del siglo XVII y XVIII. Del sabio y guía espiritual del siglo XIX, líder del desarrollo industrial, al genio ermitaño de la primera mitad del siglo XX, cuya única compañía podía ser un lápiz (instrumento que mostrara Einstein cuando alguien le preguntó en dónde estaba su laboratorio), y que cambió a raíz de la Segunda Guerra Mundial, época que demostró, por un lado las maravillas de que eran capaces esos anacoretas de cuya utilidad ya se comenzaba a dudar, y por otro, que los científicos no pueden vivir ya al margen de instituciones, laboratorios, industrias, presupuestos estatales, SNIS y demás Pronasoles académicos. Desgraciadamente en esta última etapa se desarrolló una tan acelerada tecnologización de la investigación misma que lo convirtió en un asalariado más. Todos estos cambios aunados a que no todas las ramas del árbol del saber crecen a la misma velocidad, así como cierta conciencia que de ello tienen algunos científicos, hacen que la definición de lo que es un científico en la actualidad no resulte ser tan sencilla. Las opiniones varían y entre ellas podemos encontrar desde los nostálgicos de la era dorada de la ciencia, anterior al pecado original de la bomba atómica, en la que el científico era generador de luz y progreso, hasta los “realistas” que, acordes con los tiempos, ya tienen un pie en la industria biotecnológica o informática y para quienes la obtención de patentes es el único sentido de la investigación científica; sin dejar a un lado a los seguidores de Platón, que creen que el científico sólo es quien esta en la ya definida “frontera del conocimiento” y que todos los demás no son más que técnicos. Cada época plantea diferentes tareas y desafíos a las diversas áreas de la ciencia. Su variedad es infinita y, como los científicos no son distintos al común de los mortales, hay conciencias para todo, por lo que también es natural que cada una de ellas busque dar su muy particular definición de lo que es un científico. No se puede ser objetivo en todo. Y aunque siempre predomina alguno de los puntos de vista, la pluralidad es, afortunadamente, inevitable y los demás sobreviven, aunque no emerjan tan fácilmente. Los coloquios científicos son un buen ejemplo de ello, ya que allí la preocupación de los participantes es manifiesta. La caracterización de la problemática ambiental no se limita al aspecto meramente científico, sino que logra englobar tanto los aspectos sociales, como los políticos y económicos. Asimismo, las soluciones buscan atacar los problemas desde la misma perspectiva. Obviamente, la complejidad es aterradora. Basta con acercarse al llamado Cambio global, “una alteración a gran escala, en un intervalo muy corto de tiempo”, que está “ocurriendo a una tasa sin precedente en la historia de la humanidad”.* La complejidad de este fenómeno, “producto de la expansión económica, social y política mundial”, que requiere para su solución de “acciones sociales, políticas, económicas, científicas y técnicas”, resulta evidente si observamos los múltiples procesos que en él confluyen. Por un lado se encuentran los cambios climáticos causados por las alteraciones en la composición química de la atmósfera (concentraciones de CO2, ozono, metano, óxidos de nitrógeno y CFC), las cuales son producto, entre otras cosas, de la creciente urbanización y el uso de tecnologías industriales. “Las consecuencias de estos cambios en la química atmosférica, son amplificadas por el sistema de interacciones climáticas con la biota y el ciclo hidrológico”, por lo que contribuyen de manera considerable al cambio global. Por otro lado están los cambios en el uso del suelo, como lo es la transformación de bosques y selvas en pastizales, debido a las prácticas agrícolas y a las condiciones económicas; o bien, la disminución de las tierras disponibles para la agricultura y la ocupación y destrucción de ecosistemas naturales a causa de la urbanización. Los cambios climáticos también pueden provocar desertificación y convertir los pastizales en matorrales. “En la mayoría de los casos, existen complejas interacciones entre todos estos cambios” y “los cambios locales en el uso del suelo pueden tener consecuencias globales, ya sea porque su efecto acumulativo es global en escala, o porque las acciones locales causan reacciones regionales o aun globales”. Aunque cabría aclarar que, “dadas las características ecológicas particulares de cada ecosistema, no todos los cambios en el uso del suelo tienen las mismas consecuencias”. La contaminación es otro factor clave en el cambio global. La industrialización, la agricultura intensiva que requiere una gran cantidad de pesticidas y fertilizantes, la producción de energía y los hábitos de consumo, han generado un enorme depósito de sustancias tóxicas y contaminantes que al acumularse en el suelo y la vegetación, afectan los ecosistemas y al concentrarse en las cadenas alimenticias, se convierten en una amenaza para la salud humana. Finalmente, la extinción de especies ocasionada por la destrucción de sus hábitats, la cacería y la contaminación, están provocando una disminución alarmante de la diversidad biológica. Todos estos cambios y procesos mencionados, interactúan entre sí, amplificando las repercusiones, algunas de las cuales aún no se determinan con precisión. Las consecuencias son, entre otras tantas, las siguientes: a) Alteración de la temperatura y de los patrones de precipitación. En este proceso, como ya se mencionó, “las variables biológicas, sociales, económicas, técnicas y políticas, se combinan tanto de manera vertical (entre distintos niveles), como horizontal (dentro del mismo nivel)”. No está de más aclarar que también existen oscilaciones del medio, de origen completamente natural, como El Niño (ver artículo en este número), fenómeno que produce “alteraciones severas en los ecosistemas”. A causa de la inmensa complejidad que significa la interacción entre todos estos factores, es fundamental la investigación científica en forma interdisciplinaria, para una mejor comprensión y resolución de esta problemática, más, como lo señalan los autores del documento, “las acciones que pueden ser tomadas involucran virtualmente a todas las esferas de la sociedad”. Aunque la investigación científica es necesaria para detectar y entender los procesos del cambio global, las acciones preventivas y las acciones correctivas/adaptativas, dependen de las políticas nacionales y regionales, y éstas, a su vez, tienen importantes implicaciones sociales y económicas. Por ello, no es prudente la recomendación de acciones basadas solamente en la información científica, sin referencia al marco social y económico”. “Es necesario pues, enfatizar las consecuencias y el costo a corto y largo plazo de la inacción. Asimismo, las acciones correctivas/adaptativas pueden resultar más costosas, tanto económica como ecológicamente, que las acciones preventivas tempranas; ya que parece prácticamente imposible evitar el cambio global, deben tomarse paralelamente medidas preventivas y medidas correctivas/adaptativas.” Las medidas preventivas buscarían evitar el deterioro de los ecosistemas, disminuir la concentración de sustancias contaminantes, detener la perdida de la diversidad biológica, etcétera. Pueden ser tanto a corto como a largo plazo, dependiendo del tipo de problema. Mientras que las correctivas/adaptativas estarían orientadas a mitigar los efectos ya muy avanzados del cambio global. En ambas es necesaria la investigación científica y en ambas tiene un papel preponderante el científico. Como lo dice el mismo documento: “El conocimiento y el entendimiento que en la actualidad se tienen sobre el cambio global, son suficientes para recomendar acciones inmediatas. No obstante, aún existe incertidumbre sobre los aspectos cuantitativos de algunos procesos. Con el propósito de poder tomar decisiones racionales e informadas se debe impulsar el monitoreo y la investigación de estos procesos”. “El monitoreo y la investigación permitirán a la vez evaluar los resultados de las acciones tomadas y podrán indicar modificaciones a estos planes”. “El propósito de tal monitoreo incluye la cuantificación de las tendencias de las principales variables involucradas, esto es: i) La concentración de los principales contaminantes en agua, suelo y atmósfera, con referencia especial a los gases implicados en el cambio climático. Los propósitos de los programas de investigación serian: i) La predicción de la dirección de los cambios y de las tasas de cambio, así como el desarrollo de modelos predictivos del cambio climático, los ciclos hidrológicos, las modificaciones a la vegetación y las rutas de los contaminantes. ii) El desarrollo de tecnologías que prevengan o minimicen los cambios ambientales o que permitan la adaptación de la sociedad. En todo este proceso el científico tiene una enorme responsabilidad. Sus opiniones y propuestas deben ser difundidas de tal manera que la población a la que le concierne, tanto a nivel global como local, se entere de que hay posibilidades reales de detener y prevenir el deterioro de nuestro planeta y así exigir que se tomen las medidas necesarias para ello. Pues solamente con la participación y la aportación de la experiencia y los conocimientos de los diferentes grupos involucrados en esta problemática, —como lo mencionan los documentos que siguen— será posible llevar a cabo las propuestas elaboradas y ajustarlas a cada situación en particular. Por esta razón nos parece muy importante la difusión de este tipo de documentos que, como todas las ideas, son medios de transformación. |
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Refrerencias Bibliográficas * Las citas de este texto son parte del documento El cambio global, elaborado por Luis Bojórquez Tapia, Centro de Ecología, UNAM; Gonzalo Halffter, Instituto de Ecología A. C., Xalapa, Veracruz; Rafael Herrera, Centro de Ecología y Ciencias Ambientales, Caracas, Venezuela; Diana Liverman, Earth System Science Center, The Pennsylvania State University; Imanuel Noy-Meir, the Hebrew University of Jerusalem; Paul Risser, University of New Mexico; Juan G. Saldarriaga, Programa Tropenbos, Bogotá, Colombia; Javier Trujillo, Colegio de Posgraduados Chapingo, México; Rodrigo Medellín, Program for Studies in Tropical Conservation, University of Florida. |
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Los recursos fitogenéticos ¿Patrinomio de la humanidad?
Prueba de calidad de condones |
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| César Carrillo Trueba | ||||||||||
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A finales del mes de junio de 1990 se llevó a cabo en Costa Rica un seminario organizado por el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) y la Agencia IPS: Los recursos genéticos y la alimentación en América Latina. En el participó John Gregory Hawkes, ex jefe del Departamento de Biología de Plantas de la Universidad de Birmingham, Inglaterra, considerado como uno de los mayores especialistas en la materia, quien afirmó que los recursos fitogenéticos se deben considerar como “patrimonio de la humanidad… la libre circulación de germoplasma (material base de la herencia) y de resultados científicos, es un objetivo al cual todos tenemos que aspirar”. Hawkes explicó que “al sustituirse las variedades vegetales tradicionales por variedades uniformes y al irse destruyendo los hábitats donde se encuentran los parientes silvestres de las especies cultivadas, los recursos fitogenéticos que se pierden son irrecuperables”. El CGIAR, a través de sus centros, presta atención a estos recursos, además de la investigación agraria general que realizan, colectándolos en explotaciones agrarias tradicionales en cada región y almacenándolos, bien como semillas en cámaras frigoríficas o bien como tejidos vegetales en bancos de cultivos de tejidos. Al preguntársele sobre las compañías transnacionales que privatizan el germoplasma colectado en países del tercer mundo, al crear variedades mejoradas con esos genes, que luego patentan con derechos exclusivos para su comercialización, Hawkes señaló que “ha habido frecuentes malos entendidos, en este respecto”. En este debate, Hernán Rincón, jefe de la Unidad de Comunicación del Centro Internacional de la Papa (CIP), habló de la interdependencia global y apuntó que los recursos genéticos “se encuentran en los países que no tienen los recursos y conocimientos para preservarlos” y que “hay productos desarrollados por investigadores que sí tienen patente”, en tanto que Miguel Martí, director de Proyectos para América Latina del IPS, comentó que “interdependencia implica simetría”. Moderador del seminario, Martí reconoció que hay transnacionales que cobran royalties (derechos) por el uso de sus patentes. “Comercializan resultados de investigaciones pero no comparten el know-how (cómo hacerlo) científico”, dijo, señalando que en los países donde aún no hay programas de conservación genética el IBPGR (Consejo Internacional de Recursos Fitogenéticos) busca el desarrollo de programas nacionales. Posteriormente la discusión se enfocó hacia el hecho de que aunque existe socialización de los conocimientos, prevalece la privatización de las ganancias, por lo que deben dársele un marco legal a estas actividades. Luis González, coordinador para América del Norte del IBPGR —que es un centro del CGIAR subrayó que el intercambio del germoplasma, debe promoverse en forma irrestricto y que, en esto, la voluntad política y la concientización son factores fundamentales. Para responder a las críticas de que los beneficiarios del sistema del CGIAR “tienden a volver a las naciones industrializadas” y de que “el patrimonio del germoplasma de los países del tercer mundo es expoliado por las naciones del norte, que posteriormente lo cobran cuando es solicitado por el sur”, Hawkes manifestó que “se necesitan varios proyectos de investigación, de una naturaleza técnica, en conexión con el almacenaje del germoplasma”, técnica que “casi sólo se encuentra en los países desarrollados”, y que “todos los recursos fitogenéticos crudos, depositados en los bancos de germoplasma de las naciones industrializados, están totalmente a disposición de todos los científicos de la comunidad internacional”. Definió el concepto recursos fitogenéticos crudos, como el material original que no ha tenido ningún proceso de mejora vegetal y añadió que “de todas maneras, aquellas líneas altamente mejoradas que han ido obteniendo los fitomejoradores, a base de mucho trabajo y dinero, por razones obvias no pueden ser de libre disponibilidad. Si existiera libre acceso a las mismas, otro fitomejorador podría realizar unos cuantos cruzamientos finales y lanzarlas al mercado, obteniendo grandes beneficios sin ningún costo”. Subrayó que, sin embargo, “si un fitomejorador de un país del tercer mundo, quisiera obtener una variedad totalmente mejorada, le sería dada sin costo” dentro del sistema del CGIAR. Menos mal…
PRUEBAS DE CALIDAD DE CONDONES De tres mil 100 condones sometidos a pruebas de calidad por el Instituto Nacional del Consumidor (INCO), sólo 22 presentaciones cumplieron los requisitos, informó hoy el organismo. Señaló que las pruebas se hicieron a condones de tipo liso y texturizado, y que de los que cumplieron con las normas de la Unión Internacional de Organizaciones de Consumidores, 19 son de marcas importadas y tres son nacionales. El Instituto apuntó que se estudiaron 26 marcas, nueve de ellas nacionales y 17 importadas, principalmente de Estados Unidos (15) una de Taiwán y otra de Corea. Las marcas nacionales fueron Frez-Ko, Gelt, Pack, Preventex, Sensitex, Dispakk, Gool, Supermacho (transnacional), Argis y Oropak. Las de importación fueron Prime, Sultan, Life Styles (tres presentaciones) Roughrider, Therso, Flash, Eros, Shake, Selecto-3, Edenmex, Protektor, Profam, Royne, (Taiwán), Rosetex (Corea) y Taití. Las muestras se adquirieron en diferentes zonas del Distrito Federal, y en las mismas condiciones en las que los obtiene el consumidor común. Con tal muestreo se detectaron condones fabricados seis años antes, cuya vida útil había caducado y que sin embargo continúan distribuyéndose al público. “El paso del tiempo, la exposición a la luz y la temperatura afectan la calidad de los condones, provocando su deterioro”, precisó el INCO. Por lo que respecta a la información de la etiqueta, la mayoría no indica la fecha de caducidad y, pocas marcas señalan la fecha de elaboración y en ninguna se incluye una leyenda de “no se use después de…” En la evaluación global de calidad, el INCO reportó que se incluyeron pruebas de empaque, acabados del producto, pruebas mecánicas de envejecimiento, todas ellas en condiciones extremas de uso. (El Nacional, 30 de agosto de 1990). |
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César Carrillo Trueba Facultad de Ciencias, UNAM.
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| Alejandro Aguilar Sierra |
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Se presenta un sistema para definición y almacenamiento de gráficas en 2D, que utiliza transformaciones lineales, estructuración jerarquizada, interacciones y recursividad; al tiempo que se introducen algunos conceptos de graficación por computadora. INTRODUCCIÓN Uno de los principales problemas de la graficación por computadora es la representación y almacenamiento de información gráfica. Para empezar conviene distinguir entre el simple archivo de datos (suele llamársele display file), y un lenguaje de graficación propiamente dicho, que tendría que cumplir los requerimientos que cumple cualquier lenguaje computacional. Un display file tiene las siguientes ventajas: • Es un formato de datos para archivar “imágenes” y no tener que reconstruirlas cada vez que se necesiten. Y, abusando un poco de los términos, un “lenguaje” de graficación agregaría las siguientes: • Posibilidad de modificar fácilmente la “imagen”; algo así como “editar” o “depurar”. Muchos paquetes personales de graficación (que pueden usarse en una PC) almacenan la información en forma digital, lo cual reúne todas las desventajas: las líneas no horizontales ni verticales se ven horribles, consumo excesivo de memoria, redundancia, dificultad para cambiar la escala de la imagen, o rotarla, imposibilidad de desplegar en dispositivos vectoriales, (donde la información se da en coordenadas cartesianas) etc. Otros manejan lenguajes especializados, que sólo ellos entienden, lo que limita la flexibilidad y aumenta la dependencia. Los sistemas basados en modelos estandarizados (tipo GKS, PHIGS) tienen la lata adicional de que hay que hacer un programa para cada aplicación específica, y son tan vastos que uno no puede aprovecharlos al límite. Para aplicaciones en que se necesita calidad de trazo de línea, independencia del dispositivo de graficación a emplear, no consumir más memoria de la necesaria, y facilidad de usarse en combinación con un lenguaje de alto nivel, interactivamente, o bien escribiendo un programa fuente, creamos Metagrafic, una primera propuesta en 2D. DESCRIPCIÓN DEL SISTEMA METAGRAFIC MG es algo así como el eslabón perdido entre un display file y un lenguaje de graficación. La definición de los objetos a graficar se hace mediante primitivas simples, transformaciones y atributos. La estructura de datos básica es la lista de puntos (parejas de números reales). Cada primitiva tiene la siguiente sintaxis: nombre primitiva lista de puntos NL un identificador, seguido de una lista de puntos, y al final el indicador de fin de lista NL. Pero hay excepciones: PL x1 y1 … xm ym ng xm + 1 … xnyn NL PL traza una poligonal tomando como vértices los puntos de la lista. La subinstrucción ng interrumpe el trazo de la poligonal, de modo que los puntos m y m 1 1 no son unidos con una línea. CR r x1 y1 … xn yn NL En un policírculo se generan n círculos centrados en cada uno de los puntos xi yi, y radio r, por lo que sólo es necesario definir r una vez (al principio). Las coordenadas se definen en el espacio del objeto. Se llama, ventana a la región del espacio del objeto que deseamos visualizar. En MG la ventana por omisión es [0,1] 3 [0,1]. Las coordenadas normalizadas tienen la ventaja de que mapean cualquier puerto de visión con un mínimo de cálculos. Es posible ajustar la ventana a los datos del usuario. La instrucción es WW Xmin Xmax Ymin Ymax. En el caso de las transformaciones, ya se sabe cuántos datos se necesitan, y no es necesario finalizar con NL. Aquí no se utilizan listas de puntos, sino matrices. Las instrucciones son básicamente: RT theta Rotar un ángulo theta. Las transformaciones se realizan con matrices de 3 x 3 en coordenadas homogéneas (ver recuadro). Es posible que la instrucción no necesite ningún dato, como es el caso de IM que asigna la matriz idéntica a la matriz de transformación. Lo que hace realmente poderoso a MG es el uso de estructuras. Las estructuras son subrutinas gráficas que una vez definidas pueden utilizarse como si fuesen primitivas. La sintaxis es la siguiente: OPST Identificador estructura El identificador de la estructura referirá lo que se encuentre entre OPST y CLST. Funciona, pues, como una referencia (un apuntador, no una copia, como sería el caso de una macroinstrucción). Esto representa un buen ahorro de tiempo y memoria al evitar redundancias. Otras ventajas de utilizar estructuras se enumeran a continuación: • Jerarquía. Como una estructura puede contener otras estructuras, las transformaciones que se apliquen a la estructura “madre” se compondrán a las de la “hija”. Toda estructura lleva asociados un punto de referencia (un “origen” relativo) y una matriz de transformación. Lo más usual es desplegar la estructura en cada punto de una lista: Nombre estructura lista de puntos NL Pero también es posible ajustar una estructura a un área específica del espacio, con las siguientes instrucciones: MKST Identificador estructura Marca la estructura.
Otras matrices de transformación actúan con las estructuras. Una es la matriz de iteración, que multiplica repetidas veces la matriz asociada a la estructura marcada. En la instrucción RPST n se despliega n veces dicha estructura cada vez con una transformación diferente. Otra matriz altera iterativamente el punto de referencia de la estructura. Cada vez que se indica la instrucción DPST nombre estructura cambia la posición, y no es necesario marcar la estructura, pero sólo la despliega una vez. La aplicación de estas transformaciones secundarias puede controlarse con banderas especiales. Mediante la instrucción INPUT nombre archivo [.grf] podemos cargar estructuras definidas en otro archivo. Se vale anidar, es decir, abrir archivos que a su vez abren otros archivos, pero hasta cierto límite. Una aplicación inmediata, dadas las facilidades descritas, es la creación de texto. Cada letra del alfabeto puede definirse en forma muy concisa, y la letra misma puede usarse como identificador de su estructura. El usuario podría, muy fácilmente, crear su propio alfabeto y manejar texto junto con gráficas. MG provee algunas abreviaturas:
Conviene poder desplegar texto junto con las gráficas. Algunos dispositivos de graficación no incluyen esta facilidad. Es útil intercalar comentarios entre las instrucciones de un programa, para su posterior revisión. Esto se hace, en MG, iniciando cada comentario con el caracter %. Por último, cabe recordar que todas las coordenadas están definidas en el espacio del objeto. El espacio imagen depende del dispositivo donde se va a interpretar el archivo. EJEMPLOS En esta sección no se pretende demostrar todas las posibilidades de MG, ya que sólo se usan segmentos de línea y círculos. La idea es obtener figuras aparentemente complejas a partir de diseños simples, aprovechando algún tipo de simetría. En el primer ejemplo (figura 1) se expone una muestra típica de las aplicaciones que motivaron la creación de MG. Se trata de una red neuronal muy sencilla que simula un comportamiento de la mantis religiosa. X y Y representan los estímulos, W y Z las respuestas, y los números dentro del cuerpo de las neuronas, los umbrales. El texto y las neuronas están definidas con splines. En la figura 2 se muestra, en la parte de arriba, la estructura básica, y más abajo, el resultado después de haber aplicado transformaciones reiterativas; rotando la estructura básica (como en SPIRO1 y en SPIRO2) o su origen (como en SPIRo3), o bien cambiando la escala (como en SPIRO1). Con el uso de la recursividad podemos conseguir objetos tan curiosos como los árboles fractales, llamados así por su autosimilitud (simetría escalar: a cualquier escala se observa el mismo patrón). No es difícil concluir que una curva que pasara por todos los puntos de una de las ramas del árbol, tendría longitud infinita. Son aparentemente muy complicados (ver figura 4) pero en realidad la estructura base es una simple línea (el tronco), en uno de cuyos extremos se repite la estructura dos veces, a una escala menor y con ángulos distintos de rotación (dos ramificaciones). Queda como ejercicio al lector la programación, en MG, de las curvas de Hilbert o de Sierpinski. Hasta aquí sólo se han visto curvas. Dejo para otra ocasión los objetos con áreas cerradas. Veremos cómo construir diseños en 2D tales como los de M. C. Escher; o como los mosaicos no periódicos de Roger Penrose. CONCLUSIÓN MG se perfila como algo más que un display file, ya que toda la información grafica está contenida en el archivo; y es un lenguaje de graficación, con instrucciones sencillas y fáciles de memorizar, pero con posibilidades casi infinitas. Está parcialmente inspirado en sistemas de graficación estandarizados (tales como PHIGS) y en el “graphics language” de los plotters, pero con énfasis en la sencillez y en un mínimo de instrucciones. Hay que tomar en cuenta que MG no es un producto acabado. Es más, se aceptan sugerencias. RECONOCIMIENTOS El autor da las gracias a Ana Luisa Solís, Guillermo Correa y Homero Ríos por sus valiosos comentarios. APÉNDICE 1 Algunos listados % Figura basada en la rotación de cuatro líneas % Figura basada en la translación de un círculo % Árbol fractal (figura recursiva) APÉNDICE 2 Algunas instrucciones Las transformaciones para estructuras son similares, cambiando las dos últimas letras por ST para texto igual, con TXT. Operaciones con estructuras. Otras instrucciones como recorte, banderas de iteración, uso de variables dentro de una estructura etc., podrán consultarse en el manual del usuario cuando éste exista.
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Refrerencias Bibliográficas 1. W. Newman, R. Sproull, 1979, Principles of Interactive Computer Graphics, McGraw-Hill. |
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Alejandro Aguilar Sierra
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| Exequiel Ezcurra, Vicente Fuentes, Jorge Legorreta, Juan Manuel Navarro Pineda, Víctor Hugo Páramo y Mari Carmen Serra Puche |
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La cuenca de México es una región en la que las condiciones ambientales para el desarrollo de una gran ciudad son desfavorables por naturaleza. Con velocidades de viento sumamente bajas, sin la presencia de ríos cercanos, en un área de alto riesgo sísmico y ubicada sobre el lecho lodoso de un antiguo lago, la ciudad de México enfrenta riesgos ambientales de gran magnitud. HISTORIA Y PATRIMONIO CULTURAL La cuenca de México es uno de los pocos lugares del mundo con evidencias arqueológicas e históricas registradas y estudiadas, que abarcan un periodo de cerca de treinta mil años, lo que la convierte en un área de altísimo interés arqueológico, cultural y etnobiológico. Sin embargo, el crecimiento de la ciudad ha provocado la destrucción de una parte importante del patrimonio histórico, arqueológico y cultural, y está provocando la rápida desaparición de la cultura lacustre tradicional. La antigua agricultura chinampera de la cuenca de México, es una de las técnicas agrícolas más eficientes y, ambientalmente, de las más benignas que se conocen, pero está desapareciendo rápidamente frente a la expansión de la mancha urbana. EL PROBLEMA DEMOGRÁFICO El problema de la ciudad de México no es sólo un problema de tamaño, es, sobre todo, un problema de crecimiento. El rápido aumento de la población (4.8% anual), la expansión de la mancha urbana (5.2%) y el aumento del parque automotriz (6%), hace muy difícil abastecer de servicios a la ciudad, y mantener al mismo tiempo la calidad del ambiente. La creciente demanda de satisfactores y el consumo que provoca el crecimiento poblacional son de los principales responsables de los grandes problemas ambientales que enfrenta la ciudad. La concepción del país basada en un modelo concentrador es, en gran medida, la responsable de los grandes problemas de la ciudad de México. La concentración de ventajas para la industria en la cuenca ha promovido una muy alta migración proveniente de áreas rurales empobrecidas, provocando, en consecuencia, un desmedido crecimiento de la ciudad. A ello hay que agregar la elevada tasa de crecimiento de la ciudad, que sigue siendo muy alta en comparación a su capacidad para proporcionar nuevos servicios y para controlar el impacto humano sobre el medio ambiente. La migración del campo a la ciudad y su crecimiento demográfico, han generado inmensas áreas periféricas, habitadas por personas marginadas, sin trabajo o con muy bajos ingresos, lo que representa un inmenso problema social. Esta gran desigualdad ha contribuido a aumentar la violencia y la criminalidad en el área urbana. LOS PROBLEMAS AMBIENTALES La acción del hombre en los últimos años ha acelerado los procesos geológicos naturales de la cuenca de México, como el azolve del fondo lacustre y la erosión de las laderas de las montañas. Al mismo tiempo el crecimiento de la ciudad ha provocado que se urbanicen gran parte de los buenos suelos agrícolas de la cuenca, con el consecuente deterioro de la capacidad productiva de la región. Así, la pérdida de la vegetación boscosa en la cuenca alta del valle de México genera erosión de las laderas y un problema cada vez mayor de inundaciones y de grandes avenidas de agua. La proporción de áreas verdes dentro de la ciudad es inaceptablemente baja y sigue disminuyendo. En muchas colonias la población dispone de menos de 1 m2 de área verde por habitante, cantidad ésta diez veces menor que la que marca la norma internacional. Los cuerpos de agua superficiales prácticamente han desaparecido de la cuenca y, principalmente, de la zona metropolitana, debido a que el crecimiento de la ciudad cubre cada día más áreas de suelos con calles y edificios, lo que disminuye la capacidad de recarga de los acuíferos. Al mismo tiempo, la sobrexplotación de los mantos acuíferos está propiciando un rápido hundimiento de la ciudad, lo que lógicamente provoca alzas muy importantes en el bombeo del sistema de drenaje profundo para eliminar el exceso de agua y sacar las aguas negras hacia afuera de la cuenca de México. Este hundimiento propicia también mayores fugas en la red de distribución del agua. Por otra parte, se está extrayendo el agua de los acuíferos en volúmenes mucho mayores a los de su recarga, a lo que debe sumarse la ineficiencia en el uso del vital líquido, ya que, por ejemplo, las industrias consumen una parte excesivamente grande de las cuotas de agua y nunca la tratan ni la reutilizan, mientras que a las zonas habitacionales se les distribuye este elemento de manera poco equitativa. Otro problema de gran importancia lo representa la disposición de los residuos sólidos de la ciudad, que elimina cerca de 12000 toneladas de basura por día y, gran parte de ella, al no eliminarse a través del sistema de recolección domiciliaria, se tira en sitios clandestinos o en la vía pública. Los lixiviados de los antiguos tiradores, y los rellenos sanitarios, están contaminando en muchos casos, los acuíferos subterráneos. Por su parte, la degradación de la calidad del aire básicamente radica en la existencia de cerca de 30000 establecimientos industriales y en la presencia de alrededor de tres millones de vehículos automotores. Las emisiones de estas fuentes y las características geográficas y climáticas de la zona, no permiten, en las condiciones actuales, garantizar una buena calidad de aire. Los combustibles que se usan en la ciudad de México son inadecuados: las gasolinas todavía tienen altos niveles de plomo, mientras que los combustóleos y el diesel lo tienen de azufre. Además las tecnologías de los motores y quemadores son totalmente inadecuadas, y por ello resultan ser responsables, en gran medida, de los altos niveles de contaminación. El ozono, los hidrocarburos, los óxidos de nitrógeno y el monóxido de carbono son contaminantes de gran importancia en el aire de la ciudad. Su concentración sólo podría disminuir si se mejoraran las gasolinas y los procesos de combustión. La cantidad de partículas suspendidas en la atmósfera de la ciudad de México es muy alta y tiene un alto contenido de azufre. La mayor parte de ellas proviene de fuentes que utilizan procesos ineficientes de combustión. La legislación ambiental no se aplica con rigor sobre las industrias privadas, ni sobre las empresas del gobierno. Los empresarios no asumen su responsabilidad como contaminadores y la rectoría del Estado sobre las emisiones de las empresas no se aplica con suficiente firmeza. Dentro del sistema de transporte de la ciudad, los principales contaminadores de la atmósfera son los casi 3 millones de automóviles particulares que circulan en la ciudad. Por otro lado, el transporte colectivo urbano es ineficiente, insuficiente y su uso no se fomenta adecuadamente. El crecimiento desmesurado de la ciudad y de su población, ha generado la presencia de unos 6 millones de personas en cinturones urbanos periféricos que al no contar con los servicios necesarios provocan fenómenos como la falta de agua y el fecalismo al aire libre, lo que conlleva a la contaminación de cuerpos de agua, de acuíferos y de la atmósfera sobre la ciudad, con riesgos graves para la salud humana. Por desgracia la investigación ambiental en México no recibe el apoyo suficiente, por lo que existe un alto grado de incertidumbre sobre los verdaderos riesgos involucrados en el problema ambiental. También prevalece una excesiva parcialización en la toma de decisiones, sin una visión global que las coordine y unifique (por ejemplo, decisiones propuestas por ingenieros hidráulicos, por ingenieros de caminos o por otros especialistas, sin considerar las acciones que emprenderán otras dependencias). El que las autoridades no consulten antes de decidir en materia ambiental, ha llevado con frecuencia a, graves errores, ya que los vecinos y las organizaciones comunales muchas veces tienen un conocimiento muy claro de los problemas ambientales más importantes de su colonia. Sin embargo, este conocimiento, en la práctica, no es utilizado debido a que no existen órganos de consulta ciudadana. La fuerte interrelación de los distintos problemas ambientales de la ciudad hace necesario serios estudios interdisciplinarios (la contaminación del aire, por ejemplo, está fuertemente relacionada con el problema del transporte urbano, el crecimiento poblacional y el suministro de energéticos). Hasta ahora, ha faltado la capacidad para ver el problema desde una perspectiva global y de largo plazo. Las soluciones parciales que se dan a los problemas son, con mucha frecuencia, coyunturales y de corto plazo y no representan respuestas permanentes, lo que en realidad constituye un gasto económico y social muy alto. Los problemas de la ciudad son también problemas de equidad y desigualdad. Por ejemplo, a pesar de los problemas ambientales, la esperanza de vida en la ciudad de México es todavía mucho más alta que en aquellas regiones que funcionan como expulsores de población. LAS POSIBLES SOLUCIONES Es necesario y urgente reducir los volúmenes de extracción de agua del acuífero de la cuenca de México, para evitar que se agudicen los graves problemas que está generando el hundimiento de la ciudad. Para ello, debería explotarse el agua del subsuelo hasta niveles comparables a los caudales de recarga (aproximadamente 24 metros cúbicos por segundo), y aumentar considerablemente los caudales de aguas negras que reciben tratamiento. Las industrias, sobre todo, tienen la responsabilidad de tratar y reusar el agua que emplean en sus procesos. El desarrollo de nuevas áreas verdes, o el mantenimiento de las ya existentes, podría lograrse a través de sistemas de autogestión vecinal y de participación ciudadana. También es urgente que se aumente el transporte no contaminante (trolebuses, tranvías, trenes ligeros y metro) en toda el área urbana y que se fomente el uso del transporte colectivo a todos los niveles, mejorando la calidad y la oferta de los vehículos. Debería impulsarse el desarrollo de un parque de taxis menos contaminante, a través de la fabricación de autos austeros, de bajo precio y con dispositivos anticontaminantes. Por otro lado, debería apoyarse con importantes recursos económicos, el cultivo chinampero tradicional, ya que no es solamente un importante mecanismo de producción agrícola local, sino también representa una contribución a la conservación de la cultura tradicional del valle de México. Es urgente que la legislación actual se aplique con rigor sobre la industria, tanto estatal como privada, y debería ser obligatorio el uso de dispositivos de control en todas las industrias que emitan cantidades significativas de contaminantes. Se deben cerrar definitivamente las fábricas que no cumplan con la legislación ambiental, sin dar ninguna posibilidad para su reapertura en la cuenca de México. Para coadyuvar con esto es imprescindible impulsar la investigación científica ya tecnológica nacional, en aspectos relacionados con el medio ambiente. Así se podría generar el conocimiento adecuado sobre el estado del medio ambiente en la cuenca de México y se contribuiría a desarrollar tecnologías económicamente atractivas y rentables encaminadas a disminuir las emisiones de contaminantes. También habría que hacer que la red de monitorear ambiental se extendiera hacia la evaluación de otros problemas ambientales de gran importancia para la ciudad. Estos nuevos aspectos de monitoreo, incluyen la erosión del suelo, el acarreo de sedimentos por el agua de escorrentía, el estado de conservación y sanidad de las superficies boscosas que rodean a la ciudad, la calidad del agua domiciliaria, el grado de contaminación de las aguas negras que expulsa la ciudad, la contaminación de acuíferos y el destino de los lixiviados de los sitios de disposición de residuos. El aire sobre la ciudad de México es un recurso natural de uso común que debe ser administrado de manera racional y eficiente para satisfacer las necesidades y el bienestar de toda la población, y como tal debe ser considerado. Para evitar la duplicidad o la contradicción en la toma de decisiones, es necesario definir de manera clara y precisa un organismo administrador que tenga un poder de decisión único sobre la gestión ambiental de la zona metropolitana. También sería conveniente crear un órgano de coordinación de las acciones que se tomen en el área metropolitana en materia ambiental, en el que participen los sectores académico, empresarial y organizaciones ambientalistas y de gobierno. De la misma manera que, a otro nivel, también hay que generar órganos de consulta ciudadana que influyan en las decisiones que toman las autoridades en materia ambiental. Dentro de las recomendaciones que también sentimos la obligación de dar, están las siguientes: — Eliminar de manera progresiva, pero firme, todos los subsidios, tanto en recursos económicos como en recursos naturales, con los que se apoya el desarrollo de la ciudad de México y revertir estos subsidios a zonas rurales o hacia ciudades menores que tengan grandes carencias y necesidades. — Imponer restricciones para la expansión de la inversión económica en la ciudad y promover la expansión de la inversión privada en polos alternativos de desarrollo. — Ordenar y confirmar el crecimiento de la ciudad a partir de la creación y el impulso de un cinturón de suelos agrícolas de alta rentabilidad, en los que no se permitan invasiones debidas al crecimiento de la ciudad. — Establecer un programa de regeneración de canales y de ríos en la cuenca de México. — Desarrollar obras de almacenamiento del agua pluvial que cae en la cuenca y de sistemas de reinyección de agua de lluvias a las acuíferos. Asimismo, racionalizar la eficiencia en el uso del agua dentro de la ciudad, que podría incrementarse sustancialmente con solo evitar las pérdidas por fugas en el sistema de distribución. — Mantener la calidad de los sistemas de captación de agua en las partes altas de la cuenca. Para ello es necesario proteger, y en algunas casos reforestar con especies nativas, los bosques que rodean a la ciudad. — Mejorar los sistemas de educación ambiental, sobre todo en las escuelas y universidades. — Lograr una mejor concientización ambiental sobre los problemas de la cuenca de México para lo que es necesario que los niños participen en los proyectos de mejoramiento, recuperación y restauración ambiental. Como la contaminación es un problema común, que debe ser resuelto de manera urgente a través de un acuerdo colectiva, sugerimos que el gobierno tome la iniciativa de crear un pacto contra la contaminación, en el que se involucre a los sectores oficial, empresarial y social, y que tenga un seguimiento a corto, mediano y largo plazo. Cada sector debe comprometerse a tomar medidas concretas contra la contaminación. La recuperación ambiental ha podido resolverse exitosamente en otras ciudades del mundo, como Londres o Tokio. La ciudad de México debe asumir su posición como una de las urbes mas pobladas del planeta y encontrar soluciones a su problemática ambiental, ya que el meollo radica fundamentalmente en un problema de decisión política, de acuerdo social, de organización ciudadana y de recursos para el logro de los objetivos. |
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Exequiel Ezcurra Vicente Fuentes Facultad de Ingeniería Universidad Nacional Autónoma de México. Jorge Legorreta Centro de Ecodesarrollo. Juan Manuel Navarro Pineda Víctor Hugo Páramo Mari Carmen Serra Puche como citar este artículo → |
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Salarios, estimulo y burocracia
¿Un amparo más? |
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César Carrillo Trueba Ruán Almeida |
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SALARIOS, ESTIMULO Y BUROCRACIA Para cuando esta nota aparezca ya se habrán producido múltiples discusiones en torno al polémico Programa de Estímulos a la Productividad y Rendimiento del Personal Académico, pues seguramente al no recibirlos, quienes creen tener derecho a ello protestaron. Pensado como una manera de acordar incentivos con base en una evaluación del trabajo desempeñado, este programa pretende paliar en una manera selectica el problema de los bajos sueldos del personal académico de la UNAM. La convocatoria para ingresar al Programa fue emitida en abril de 1990. Se recibieron siete mil solicitudes, pero se calcula que de éstas sólo 3500 serán aceptadas, aunque se rumora que la cifra es todavía mas baja. El monto de los estímulos va de un salario mínimo a dos y medio mensuales. Se calcula que el costo del proyecto para el primer año será de seis mil millones de pesos. Las reacciones al interior de la comunidad universitaria varían, como siempre, entre quienes lo ven con buenos ojos, los que creen en la necesidad de realizar evaluaciones en el desempeño de las labores, pero no aprueban la forma del proyecto, y aquellos que se oponen por completo. Aunque, a decir verdad, el silencio ha prevalecido sobre todas ellas. A continuación reproducimos los puntos de vista de dos distinguidos académicos, que contienen críticas interesantes a esta clase de medidas —cada vez más comunes— empleadas con el fin de resolver problemas que requieren de otro tipo de soluciones más profundas. SALARIO DEL MIEDO, ESTÍMULO DE PAVOR Independientemente de quién creó el Programa de estímulos a la productividad y rendimiento del personal académico de la UNAM y de su intención, éste ha sido entendido por un amplio grupo de académicos como un esfuerzo de las autoridades, que al ser planteado en términos utilitarios deforma al trabajo académico y le orienta equivocadamente. En el sector de investigación se escuchan voces que señalan cómo este tipo de propuestas tienden a detener un proceso evolutivo que debiera ser fluido y culminar en la jubilación. Es decir, la situación actual obliga a los investigadores que están en condiciones de jubilarse, a posponer esa decisión debido a que su ingreso está dividido en el mejor de los casos en tres fracciones: un 25 por ciento para la compensación o estímulo que por antigüedad se acumula de cinco en cinco años, un 50 por ciento del estímulo aportado por el Sistema Nacional de Investigación, y el 25 por ciento restante corresponde al salario que será lo único con lo que contará el académico al jubilarse. Así las casas, resulta razonable posponer la jubilación. Quienes han deseado hacer una carrera académica en condiciones económicas decorosas han tenido que aceptar evaluaciones extrauniversitarias que difieren de lo establecido por el Estatuto de Personal Académico, obligándose a poner mas atención a la acumulación de puntos al cumplir con labores y tiempos que no necesariamente robustecen su formación y la calidad de su trabajo. Si la mayor parte de los profesores no investigan se debe a razones que están directamente relacionadas con la falta de condiciones adecuadas, que corresponde a la administración resolver. Y si la mitad de los investigadores no dan clase, se debe en buena medida a que la misma administración no lo ha facilitado. Las escuelas y facultades no tienen la capacidad económica, administrativa y aun física para admitir a todos los investigadores que deberían dar clase. Además es sabido que los investigadores inscritos en el SNI se han ido alejando de la enseñanza debido a que al ser evaluados se aprecia más la publicación incesante, valorando más la cantidad de publicaciones que su calidad, actitud que fomenta una creciente deserción del aula. El lema parece ser “El que no publica deja de existir”. Es cierto, sin embargo, que ha habido una relativa aceptación de parte de los académicos para concursar en el Programa de Estímulos que puede atribuirse a la necesidad imperiosa de mejorar su economía. El Programa no parece estar encaminado para contribuir a una solución de fondo que mejore las condiciones del trabajo académico facilitándolo; y sí atenta con presiones contra la libertad de investigación, pues induce a buscar resultados inmediatos sacrificando la reflexión. Se busca una productividad entendida como la capacidad de obtener resultados a corto plazo. Se ignora a quien únicamente produce ideas, parece desconocerse el proceso intelectual de maduración de las ideas, que no es posible controlar en términos temporales. Se excluye a los investigadores y profesores especializados en investigar y enseñar, también se excluye a los académicos contratados por medio tiempo, a los profesores de asignatura, y parece no haber sido pensado para incluir a los técnicos académicos, pues les resulta casi imposible llenar los requisitos para ser estimulados. Entre académicos se asegura que el Programa se diseñó sin tomar en cuenta la opinión de los propios académicos. La convocatoria estableció que todo académico con méritos podría ser estimulado. Sin embargo, circulares posteriores aclararon que “no todos, solamente algunos”, académicos serían estimulados. Es decir, de una promesa de sana competencia consigo mismo, se ha pasado a provocar divisiones dentro de las dependencias, estimulando la competencia entre compañeros. Porque es evidente que si no hay dinero para todos y uno lo obtiene, otro más será desplazado. Han surgido algunas dudas razonables pensando en la evaluación del año próximo. ¿La administración central será capaz de crear las condiciones para que todos los académicos estimulados puedan cumplir cabalmente? o ¿los evaluadores estarán obligados a hacerse de la vista gorda y calificar con “amplitud de criterio”? ¿interpretando el reglamento, quizá violentando, o deformando, o exagerando, o aun ignorando los términos académicos? José Ruiz de la Esparza, La Jornada 3 de octubre de 1990.
EN TORNO AL PROGRAMA DE ESTÍMULOS Quisiera expresar algunas consideraciones adicionales sobre ese programa que tanta irritación ha producido en la comunidad universitaria. Hace apenas diez años, el sueldo de un universitario de tiempo completo dependía únicamente de la UNAM. Es difícil comparar el salario de aquella época con el actual, pero se puede afirmar con toda certeza que en esos tiempos no tan lejanos un investigador de alto nivel ganaba lo suficiente para vivir sin preocupaciones económicas; por ejemplo, un departamento nuevo, típico de clase media, equivalía a unos veinte meses de salario. Ahora las cosas han cambiado. El mismo investigador, haciendo el mismo trabajo que antes, ganará, con todo y becas del Sistema Nacional de Investigadores y del nuevo Programa de Estímulos, sensiblemente menos que hace diez años; para volver al ejemplo anterior: necesitara unos cincuenta o más meses de salario para comprar un departamento modesto. Pero ahora el sueldo mermado dependerá de tres instancias burocráticas, en lugar de una sola. Esto implica que deberá presentar tres informes anuales de actividades: dos a la UNAM y uno al SNI, lo cual equivale, en promedio, a dos o tres semanas al año en que la actividad de investigación se paraliza en aras de la burocracia. Lo anterior es una excelente confirmación de la Ley de Parkinson, según la cual la burocracia aumenta a medida que disminuyen los recursos. Parkinson notó que, a principios de este siglo, cuando Inglaterra era la primera potencia naval, el Ministerio de Marina en Londres estaba instalado en un viejo y pequeño edificio, donde trabajaban unos cuantos funcionarios. Después de la Segunda Guerra, el mismo ministerio contaba con una planta impresionante de “marineros de oficina”, instalados en un lujoso edificio, a pesar de que el poderío naval inglés había pasado ya a la historia. Un estudio similar sobre la UNAM sería sumamente ilustrativo. Dr. Shahen Hacyan, Instituto de Astronomía, UNAM.
¿UN AMPARO MÁS? El proyecto de la nucleoeléctrica de Laguna Verde, Veracruz se inició en 1966 con los estudios de prospección del sitio y de factibilidad económica. Desde esa época, el proyecto fue cuestionado por muchos de los técnicos calificados que trabajaban en la Comisión Federal de Electricidad, como el Ingeniero Jorge Young Larrañaga, que era el gerente general de planeación. La construcción de la unidad número 1 de la planta se llevó a cabo durante cinco cambios de gobierno y en la propia administración de la CFE, de manera que diversas compañías a lo largo de todo este tiempo se han hecho cargo de la construcción. El resultado ha sido la inexistencia de un seguimiento sistemático de la calidad de los materiales que se han utilizado, y de las normas de calidad con que se debía haber construido la planta. La protesta pública para que se suspendiera su construcción tomó auge después del accidente de Chernóbil, el veintiséis de abril de 1986; se formaron muchos grupos antinucleares, tanto en el estado de Veracruz, como en otros estados de la República. En 1988 se inició la campaña para recolectar un millón de firmas en contra de que se terminara la planta, además de otras acciones como manifestaciones, mítines, debates públicos y en las Cámaras; foros de discusión nacional sobre la nucleoelectricidad, etc., quince mil amparos a los cuales no se les dio curso legal. Sin embargo el veintisiete de septiembre de 1990 acudieron a la Suprema Corte de Justicia de la Nación el grupo de los Cien representados por Feliciano Béjar, Ofelia Medina, Rosalinda Huerta (la diputada por Córdoba) y Efraín Romero (un representante de los grupos antinucleares de Jalapa, Banderillas, y alrededores) además de otras personas del D.F., para ampararse en contra del funcionamiento de la nucleoeléctrica. El presidente de la Suprema Corte, el abogado Carlos del Río, dio entrada al recurso de amparo, lo turnó a la juez del quinto distrito que esta ubicado en Río Churubusco y Avenida Universidad. El día ocho de octubre se anunció oficialmente que este recurso de amparo procedía, la primera audiencia tendría lugar el treinta de octubre. Existen distintas interpretaciones del significado político de que se le haya dado entrada al recurso de amparo en contra de la nucleoeléctrica: una podría ser el aligerar la presión que están ejerciendo los distintos grupos que luchan porque sea cerrada la nucleoeléctrica, en virtud de que la gente que vive en los alrededores de la planta ha pasado a la acción directa (como tratar de bloquear la cañería de la planta, pues según los pescadores cinco lagunas han sido afectadas por la contaminación que genera la planta). Sin embargo, la represión no ha cesado. Por ejemplo el nueve de octubre Pedro Lizárraga de Jalapa, que es una persona muy activa en la lucha contra la nucleoeléctrica, encontró sobre su escritorio un sobre con fotografías que mostraban hasta el detalle más mínimo lo que había hecho durante un día específico de su vida, desde la mañana hasta la noche, con un anónimo que decía ”Como dice el refrán: no juegues (sic) con lumbre, te puedes quemar” (Fernández Panes E., Diario de Xalapa, 11-X-90). No es la primera vez que se amenaza a la gente que esta en contra de la nucleoeléctrica. Otra de las posibles interpretaciones, es que con la entrada de México al GATT, y el tratado de libre comercio con E.U., el gobierno tiene que presentar un panorama de estabilidad para que los inversionistas extranjeros puedan traer sus capitales al país. Sin embargo, esto no se puede dar en un país con un régimen presidencialista como el nuestro, con una concentración tan intensa del poder, por lo que el gobierno le ha dado entrada al recurso de amparo para aparentar hacia el exterior que los poderes, particularmente el judicial, son soberanos. Otra explicación es que al darle entrada al recurso de amparo, después se le declare improcedente y de esta manera se cierre este camino, pero legalmente. Esto es totalmente factible si se analiza cómo se lleva a cabo un juicio de amparo: la juez reúne a peritos tanto del lado que acusa como de lado que se defiende, en este caso la Comisión Federal de Electricidad y otras dependencias de gobierno, y al mismo tiempo nombra un perito para su apoyo. Éste resuelve el peritaje final, pero quien toma la última decisión es la juez basada en este último peritaje. Hay otra versión: que la planta ha sido tan costosa y ha producido tan poco, que finalmente el gobierno ya se cansó y la quiere parar, y al mismo tiempo lograr un poco de legitimidad clausurándola. Hay una cierta evidencia de esta situación: la salida del ingeniero Eibenshutz, de la subdirección de la CFE encargada de la nucleoeléctrica, quien ahora está en la jefatura de asesores de la SEMIP. Es lamentable que no existan grupos de investigadores, ya sea de universidades locales, asociaciones civiles nacionales o extranjeras que se dediquen a evaluar los daños que se han generado por la actividad de la nucleoeléctrica. Los datos que se tienen de la contaminación, por ejemplo de estroncio 90 en la parte comestible del camarón, o del yodo radiactivo en la leche, o de otros elementos radiactivos, manganeso y cobalto en el sargazo y en otras algas marinas, son del laboratorio de dosimetría e impacto ambiental de la misma planta, que fueron dadas a conocer a la opinión pública por el físico Miguel Ángel Valdovinos, quien en ese momento era director del laboratorio y por esta causa fue despedido. La UNAM y algunas otras universidades cuentan con el equipo y el personal capacitado para medir con exactitud los daños que la planta esta generando por su funcionamiento. ¿Tomará alguien este trabajo?
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César Carrillo Trueba Facultad de Ciencias, UNAM.
Ruán Almeida
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México que tanto se adelantó a manifestar su propia naturaleza, donde la adaptación natural y la fusión entre los indígenas colonizados y los españoles originaron desde los primeros años un nuevo hombre, fue también el escenario para la creación de un libro de ofrenda: El Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis;1 su mismo autor, Martín de la Cruz, lo expresó claramente en el prólogo del texto al decir que Francisco de Mendoza deseaba vivamente tener el ejemplar para ofrecerlo al rey y anotó: Pues no creo que haya otra causa de que con tal instancia pidas este Opúsculo acerca de las hierbas y medicinas de los indios, que de recomendar ante la Sacra Cesárea Católica y Real Majestad a los indios, aun no siendo ellos merecedores.2 La indicación de Martin de la Cruz en la dedicatoria, el desusado lujo con que se elaboró el ejemplar, la cuidadosa confección de sus textos y dibujos, así como la encuadernación con cantos dorados y cordones, hoy perdidos, indican claramente que este libro tuvo una misión muy superior a la simple enumeración y recolección de recetas y métodos terapéuticos. Fue un regalo para un rey. Su propósito era causar asombro y mover la voluntad de Carlos V en beneficio de El Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. Y efectivamente en aquel momento era necesario encomendar a los indios. Sobre todo a los indios letrados del Colegio de Santiago Tlatelolco que habían recibido enseñanza europea desde los primeros días de la conquista y que sabían hablar el latín con elegancia y escribirlo con corrección. Este Colegio estaba pasando por una etapa crítica debido a la epidemia de cocoliztle de 1545, que, según las palabras del propio Bernardino de Sahagún: dio gran baque al colegio3 y quedó triste y desocupado. El mismo Sahagún nos cuenta que en Tlatelolco, antes de que él cayera enfermo, habían enterrado más de diez mil cadáveres;4 entre ellos estaban los más notables colegiales y maestros. También había muerto el obispo Zumárraga y, para mayor desdicha, la Real Hacienda dejó de entregar el millar de pesos que le tenía asignado el emperador. No se piense que este abandono fue voluntario. Hasta 1543, Carlos V, con salidas transitorias, había permanecido en España ocupándose directamente de los asuntos administrativos de su reino. Pero precisamente a mediados de ese año, Carlos V abandonó España para no volver nunca más en calidad de rey. Quedó al frente del gobierno Felipe, el príncipe de 16 años. Mientras tanto Carlos V viajaba por el centro de Europa, donde sus problemas se acumulaban, los enemigos le acosaban por todas partes y los periodos de salud y optimismo se alternaban con aquellos en los que la gota lo atormentaba y la depresión espiritual lo llevaba a pensar en abandonar el mundo y recluirse en un monasterio. Así llegamos al año de 1552, el de más interés en nuestra historia, pues en él se redacta y completa el libro que nos ocupa. Para entonces el emperador se hallaba acosado por todos lados. Fue el año mas difícil de toda su vida. Escapó vivo de milagro a una celada traidora, que le tendió Mauricio de Sajonia; derrotado y envejecido, huyó de noche en una litera, a través de los Alpes. La bancarrota le obligaba a pedir dinero continuamente a España, donde a duras penas podían reunirlo. Hacia diciembre la situación era casi desesperada.5, 6 En estas condiciones, cuando a veces la situación era tan crítica que peligraba hasta su vida, es comprensible que Carlos V no tuviera tiempo de acordarse del colegio mexicano, y aunque su sucesor Felipe tenía autoridad para decidir sobre muchos o casi todos los problemas del reino, le faltaba la holgura económica para gastar en cosas de importancia secundaria, frente a las inaplazables exigencias de las campañas bélicas. Sin embargo, la edición del Códice siguió su curso y, aunque tenemos noticia de que el Emperador Carlos no llegó a verlo, si sabemos que pasó a los estantes de la Biblioteca de San Lorenzo del Escorial y es a partir de este momento que comienza la historia del libro.7 Retrocedamos un poco para saber el origen de esta obra. Esta escrita, lo dice el propio Juan Badiano en el colofón, por orden de fray Jacobo de Grado, que en aquellos momentos tenía el cargo de guardián del Convento de Tlatelolco y presidente del Colegio. Su autor lo dedicó a Francisco de Mendoza, hijo del primer virrey de Nueva España y que, como su padre, era un decidido protector del Colegio. Sabemos que Francisco de Mendoza sentía gran admiración por la flora medicinal mexicana, y a él se debe la idea de redactar el texto de la dedicatoria ya que con esto se daba una adecuada introducción para la presentación del trabajo al rey. Este dato confirma el hecho de que, precisamente en esa fecha, Francisco de Mendoza, que un año antes había marchado al Perú con su padre, partió para España llevando en propia mano lo que toca al repartimiento. También llevaba de parte de su padre el encargo expreso para el rey de no abrir las cajas selladas, sin antes hablar y escuchar lo que Francisco tenia que decirle.8 Nuestra falta de conocimientos sobre la gestación del Libellus, el no poder contar con más datos que aquellos que el propio manuscrito suministra y el extraordinario interés que para la medicina mexicana representa, han dado ocasión para que las conjeturas y las suposiciones tomen mas vuelo del debido y que, con la mayor buena voluntad, se afirmen hechos posibles, cuya veracidad histórica no puede ser demostrada. En particular el tema que más problemas ha planteado, es el referente a sus autores. No existe la más mínima duda respecto a quiénes fueron. Los datos los suministra el propio manuscrito. En la primera página se anota que el libro: Lo compuso un indio médico del Colegio de Santa Cruz, que no hizo ningunos estudios profesionales, sino que era experto por puros procedimientos de experiencia. Más adelante, en la misma página, al escribir la dedicatoria, nos dice su nombre: Martin de la Cruz. En las dos últimas páginas aparece la constancia del otro autor: Juan Badiano, quien se declara intérprete de la obra y autor de la traducción latina en ella presentada. Es, por lo tanto, un texto original del médico indio Martín de la Cruz, vertido al latín por otro indígena llamado Juan Badiano. Ambos manifestaron pertenecer al Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco y, Badiano por su parte, indicó ser natural de Xochimilco. Mucho se ha dicho en cuanto a las edades de los autores, hasta señalar que Martín de la Cruz era un hombre viejo, mientras Juan Badiano no pasaba de los veintiocho años.9 Ambas afirmaciones están basadas en algunas frases del texto original. Cuando Martín de la Cruz en la dedicatoria agradeció al Virrey Antonio de Mendoza, dijo: Lo que soy, lo que poseo, lo que tengo de fama, a él se lo debo… y dejó con ello su reconocimiento al mismo tiempo que reafirmó el renombre de la institución dentro de la corte virreinal y entre aquellos que formaban parte del Colegio de la Santa Cruz. El asegurar que era un indio viejo porque en la primera página del libro dice: era experto por puros procedimientos de experiencia, o deducir su edad basándose en sus conocimientos médicos terapéuticos, pertenecientes al último periodo prehispánico (azteca IV) que aparecen en el contenido del Libellus, son razones algo aventuradas, pues a los años y a la experiencia hay que añadir la tradición heredada, sin que por ello se marque una edad avanzada. Martin de la Cruz fue un indio mayor que Juan Badiano, sin formación escolar, por lo que dictó o redactó sus conocimientos en náhuatl para luego ser transcritos al latín. En el caso de Juan Badiano, al asegurarse que fue profesor en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, podemos hacer un cálculo aproximado de su edad, tomando en cuenta el año en que se fundó esta institución (1536), el que los grupos de niños admitidos al colegio no eran mayores de 12 años y los años transcurridos hasta el 22 de julio de 1552 (día de Santa María Magdalena) en el que se terminó de traducir el manuscrito. Esto es todo lo que sabemos de ellos. Ninguno de los dos vuelven a aparecer citados en otros documentos de la época que hayan llegado a nosotros. Tampoco se sabe que hayan realizado alguna otra obra además de ésta. Por lo tanto, todo lo que se haya dicho y escrito, y cuanto podamos expresar sobre ellos, son simples suposiciones, sin ninguna base documental, siempre sujetas al criterio propio de quien lo expone y a ser rectificadas ante la más leve evidencia que se oponga a lo escrito. Y así llegamos al juego de las suposiciones, pues con el afán de dar mayor importancia al texto, se rompe el equilibrio entre la imaginación y la realidad, olvidando lo más importante: el contenido mismo del manuscrito, lo referente a los conocimientos médicos y terapéuticos de un solo lugar y de un solo autor; sin embargo, resulta suficiente para poder conocer, aunque sea de una manera aproximada, algunos de los rasgos de la medicina que se practicaba en lo que ahora se conoce como Mesoamérica, y que por sus características culturales y políticas constituye una unidad histórica. Resulta evidente que el texto tiene ya la influencia de las ideas de los colonizadores, incluso siempre que se escribe sobre la época, se habla de vencedores y vencidos. Pero, desentendiéndonos de lo que puedan haber influido las ideas europeas, encontramos un riquísimo arsenal de conocimientos indígenas sobre terapéutica y prácticas curativas. En general, es una reseña de recetas empíricas que utilizan en su composición los elementos más variados, pertenecientes a los tres reinos de la naturaleza, y en los cuales, junto a vegetales que han demostrado valor efectivo en estudios farmacológicos modernos, encontramos también muchas sustancias inútiles, productos escatológicos sobre todo un volumen de elementos mágicos, en su mayor parte de sustitución y semejanza, que es lo que verdaderamente caracterizaba al tipo de terapéutica utilizada. La lectura de su contenido y su análisis, da una muy amplia posibilidad de reconstruir los procesos mágicos terapéuticos, que aún permanecen a la espera de un acucioso investigador. Como bien lo señala Aguirre Beltrán,10 la medicina indígena utilizaba muchas de sus plantas y remedios buscando en ellas, no el principio activo farmacológico que hoy conocemos, sino el contenido mágico que cada elemento pudiera poseer, y que debía actuar en contra o a favor de una determinada idea etiológica y mágica de la enfermedad. Falta pues, que se nos explique mediante la filología su contenido y en particular las diferencias entre herbario y recetario, ya que se trata de un escrito que incluye tanto las hierbas, como lo que el médico ordena que se suministre al enfermo.11 No debe tomarse este libro como revelación de maravillas medicinales; ingenuamente así han querido verlo algunos, ni es un tratado de medicina mágica a que lo reducen otros. Sin que dejen de mezclarse prácticas mágicas, tiene la sabiduría pragmática del empirismo que contrasta con los dogmas médicos europeos del siglo XVI. Su interés supera al de un documento histórico; su estudio cuidadoso revela recursos que merecen un análisis serio, y para el médico mexicano es una enseñanza del origen de muchos de los conceptos y medidas que todavía se encuentran en la medicina tradicional. En lo físico, el libro es de confección europea. El formato, el idioma, el papel, la escritura, la encuadernación, todos son elementos importados; hasta el mismo orden de los capítulos corresponde a la distribución habitual en los libros médicos de aquella época en Europa. Sólo presenta en su estructura material un elemento puramente autóctono, capaz por sí solo de anular las demás características, y cuyo valor artístico y documental sobrepasa cualquier otro aspecto de la obra y hace de ella un ejemplar único en la cultura de América. Nos referimos a las ilustraciones. Son de ejecución totalmente indígena, elaboradas por tlacuilos que conservaban la escuela de sus antepasados. El mayor interés del libro nos entra por los ojos. En el orden es puramente estético y hojear el Libellus origina un diálogo entre sus viejos creadores y los investigadores de hoy. Es evidente que esta relación de simpatía es mayor cuando se trata de satisfacer un sentido indagador, pareciera que sus “miniaturas”12 provocan una fluidez artística que mueve en todos sentidos al curioso de hoy. Ciertamente también sobre este tema hay mucha deliberación que en boca de expertos inclina sus intereses hacia el lado indígena o europeo. Quien quiera apreciar estos dibujos habrá de entender la representación ideográfica de los indígenas siempre sintética y en dos dimensiones, y también el sentido de volumen que aparece insinuado por los colores o dobleces vegetales, que indican la influencia europea ejercida sobre el artista anónimo. Hay en todas las figuras una intención naturalista, donde se reúne el diseño indígena original con imágenes aculturadas que reafirman su carácter indoeuropeo. Ninguna obra como el Libellus deja sentir el aliento del espíritu mexicano; de su doble historia sale ese aire de cultura unificada. Ahora que México ha iniciado su marcha por los caminos de la ciencia y que está descubriendo el valor de su pasado cultural, es deber impostergable evaluar el más antiguo y a la vez el más original y veraz documento con que cuenta el historiador, para poder intuir la medicina de los pueblos anteriores a la Conquista.13 Información parcial y expurgada, ausente de muchos componentes mágicos y con fuerte influencia europea, pero de todos modos sigue siendo el documento más fidedigno con que contamos hasta hoy para emprender el estudio de la medicina mesoamericana. |
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Refrerencias Bibliográficas 1. Con intentos de análisis y rescate de su contenido, el Códice de la Cruz-Badiano ha sido estudiado en numerosas ocasiones. Se han sucedido distintas ediciones, siendo las principales: Gates, William. |
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Juan Somolinos Palencia
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| Antonio Lazcano Araujo |
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A la memoria de Tomás Brody Al referirse en un poema a 1968, Rosario Castellanos escribió un verso que resume de manera magistral la vocación de olvido voluntarioso del Estado mexicano “…no busques en los archivos, que nada consta en actas…”. Como las únicas actas que existían eran las del poder judicial que los mandaderos de Díaz Ordaz habrán levantado en contra de un sinnúmero de profesores y alumnos que hablan participado en el movimiento de 1968, el llegar a la Facultad de Ciencias en 1969 significaba entrar a un espacio académico que miraba entre dolorido y confuso los cambios que se operaban en el país luego de 1968 intentando mantener algo de sus ímpetus políticos del año anterior. Era difícil olvidar que la Facultad tenia estudiantes y profesores presos en Lecumberri, así fuera porque el recordatorio lo constituyera un lócker en biología de Gilberto Guevara, que tenía escrito con letras de plumón negro la palabra “Kremlin” en su puerta, o por la presencia de un local obscuro y maloliente, el del Comité de Lucha, que hervía en militantes apasionados, aromas de thínner y pintura y una dosis nada desdeñable de vituperios políticos, ensayos tímidos de estigmatización ideológica y torturantes discusiones. Fueron tan vastas las consecuencias del 68 que resulta imposible definir en unas cuantas palabras todos los cambios políticos y sociales que ocurrieron en el país, luego de la noche de Tlatelolco, pero fue justamente entre los jóvenes donde se comenzaron a dar, de manera notoria, una serie de cambios que habrían de modificar la estructura de todo el país incluyendo la de las escuelas y universidades. Me remito a unos pocos ejemplos: el rock —que a mi sigue sin gustarme—, cobró su carta de naturalización y alcanzó uno de sus momentos culminantes en el Festival de Avándaro. Los pelos crecieron y como atestiguarán gustosas Paty Moreno, Rosaura Ruiz y muchas más, las faldas se acortaron, y habrían de permanecer en esas alturas inconmensurables hasta que los dobladillos comenzaron a descender de manera paulatina pero inexorable diez años mas tarde. Eran los signos de una nueva época: de repente, toda autoridad, lo mismo política que académica, familiar o sexual se vio cuestionada abiertamente. Junto con la incorporación del Diario del Ché a la cultura de los jóvenes se dio la de la onda, qué buena onda, qué ondón, hijo, y desde luego, la de la revolución sexual, posible en aquellas épocas anteriores al SIDA en las que no era necesario pensar en el amor con barreras de látex. Las excentricidades comenzaron a ser, si no bien vistas, cuando menos toleradas; junto con aquel estudiante de física que alternaba el uso de una cubeta como sombrero con el de la pantalla de una lámpara, comenzaron a surgir de manera esporádica algunos hippies en la Facultad de Ciencias (de los cuales Manuel López Mateos se convirtió en uno de los principales representantes, con sus camisas de manta, sus gafas redondas, sus huaraches y sus festines semiclandestinos de comida china). Ningún sitio era tan importante como la cafetería de la antigua Facultad. Gracias a los espantosos murales que Mario Falcón había pintado allí en un arrebato revolucionario, los estudiantes de otras escuelas apenas si se atrevían a ir a comer en ese local, en donde Santiago López de Medrano, en muda contemplación, meditaba profundamente sobre el significado topológico de las donas, mientras que Pepe Chacón nos dejaba a todos boquiabiertos con su capacidad para reprobar materias y jugar diez partidas simultáneas de ajedrez. Cada sábado descendían hasta la cafetería, olímpicos y majestuosos, envueltos en refulgentes ropajes curriculares, Tomás Brody, Marcos Moshinsky y Jorge Flores para organizar discusiones sobre ciencia y política, sin saber que en el piso de abajo el Milamores, convertido ahora en un respetable historiador de la ciencia, lloraba sus desventuras románticas en el silencio del cubículo del Cine Club en donde el Moi planeaba sus funciones privadas de películas pornográficas. Esas épocas marcaron el adiós de una derecha estudiantil ponzoñosa y antisemita que usaba calzones de bombero, se peinaba con Glostora y resumía sus propuestas ideológicas en una sola frase: “Cristianismo sí, comunismo no”. Eran los militantes del MURO, el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, cuya agonía política me tocó presenciar, y que solían combinar las golpizas ocasionales a los militantes de izquierda con los misas de inicio de semestre y las sesiones de meditación y recogimiento, al final de las cuales siempre se rezaba: Virgencita de Guadalupe, Claro que después de ver lo que ha ocurrido en China y en Cuba uno no puede menos que agradecer al cielo la eficacia de tales jaculatorias. Ante el flujo de cambios que se daban no sólo en la Universidad sino en todo el país, los del MURO no tardaron en convertirse en una especie en extinción. ¿Cómo podrán competir estas inocentes almas de Dios, por ejemplo, con los mejores momentos de oratoria política de Salvador Martínez della Roca, “el Pino”, que calzando botas de cuero labrado se ponía rojo como jitomate norteño en las Asambleas, mientras inauguraba un nuevo lenguaje político marcando el ritmo de sus palabras: “Miren compañeritos, a ustedes nos los vamos a chingar, pero no a golpes, sino po-lí-ti-ca-mente”. Muchos ni nos dimos cuenta, pero también por esas épocas comenzó a caducar la vieja izquierda, autoritaria y dogmática, que lo mismo cantaba La Internacional en las manifestaciones de apoyo a la Revolución Cubana, que se reventaba en las fiestas aquello de que yo soy el “icuiricui”, “yo soy el matalacachimba” del mambo universitario (evocación imperiosa de Pérez Prado) en las fiestas en donde dicen que las militantes de aquel remoto entonces, como Annie Pardo usaban calcetines y crinolinas con cascabeles, y colectaban fondos para las planillas de izquierda —y de perdida progresistas— de las sociedades de alumnos. Eran otras épocas, no cabe duda, porque muchos de los mejores espíritus de esas generaciones estaban convencidos de que todo lo que se decía de Cuba, Rusia y China no eran sino rumores del Selecciones del Readers Digest. Lo que siguió a los estertores políticos del régimen de Díaz Ordaz fueron las promesas de Echeverría de borrón y cuenta nueva, su convicción entre positivista y demagógica de la importancia de la ciencia, y la certeza de muchos de que ora sí ya la hicimos con el CONACyT, la transformación repentina de científicos en funcionarios y las invitaciones a transformar desde dentro el sistema, lo que provocó que más de un científico declarado de izquierda se incorporara, con el alma henchida de impulsos populistas, a la administración pública o, de perdida, se subiera al avión de redilas y se fuera con el Presidente a Japón. No está por demás recordar la manera en que en estos veinte años el destino de nuestra Facultad, la principal escuela de científicos que existe en el país, se ha visto afectada por la inconstancia sexenal del Estado mexicano respecto a la ciencia. Baste recordar, por ejemplo, el Plan Nacional de Ciencia, preparado durante el gobierno de Echeverría, y en el que participaron un sinnúmero de científicos ilusos al lado de los representantes de los sectores tecnológicos, educativos y productivos del país, y que con la devaluación del peso mexicano en 1976 y el cambio de gobierno se vio abandonado al disminuir el interés oficial por apoyar el desarrollo científico y tecnológico nacional. Sin embargo, al inaugurarse los momentos estelares del sueño panorámico de la prosperidad petrolera que anunciaba López Portillo, el auge y la ostentación se convirtieron en un recurso político a los que se sumó la Universidad. Era la época en la que parecía haber un oleoducto que comunicaba los pozos petroleros del Golfo de México con las arcas del Estado mexicano. Se abrieron nuevos centros e institutos de investigación, se aumentó de manera considerable el número de becarios y se inició el milagro de la multiplicación de los doctorados. Se financiaron barcos oceanográficos, telescopios, dinamitrones y bancos de información. Eran los años de las vacas gordas y había dinero en abundancia; bastaba con presentar proyectos de investigación, entregar tres copias del currículum vitae y llenar un sinnúmero de solicitudes para obtener becas y subsidios, viáticos para viajes académicos, y dinero para surtir las bibliotecas y comprar toneladas de aparatos científicos. Apareció y se multiplicó con rapidez por los pasillos de las oficinas universitarias una especie nueva de burócratas jóvenes que hablaban con un lenguaje solemne y arrogante de la ciencia, como si esta fuese una empresa de ideas modernas capaz de ofrecer todo un universo de posibilidades al investigador o al becario que quisiera invertir en ella sus neuronas. No nos fue tan mal en la Facultad. Conseguimos un edificio nuevo —al que faltan salidas de emergencia, enfermería y muchas cosas más—, pero como nos gustaban las asambleas, hasta logramos que nos construyeran un auditorio, y en una muestra de la nostalgia por los símbolos, pudimos arrancar la estatua del Prometeo de su fuente original para venir a dar con ella hasta acá, en donde nadie le hace caso. Pero no hay auge petrolero que dure cien años, ni pueblo que lo resista. Como resultado de ese pavoroso desastre económico que eufemísticamente designamos con el nombre de crisis, hoy asistimos a la transformación múltiple de la actividad científica en nuestro país, y desde luego, a cambios radicales en el modus vivendi de la Facultad. La UNAM se separaba en dos grandes sectores: uno formado por las escuelas y facultades en donde las posibilidades de realizar la investigación son cada vez más reducidas, y otro por un número creciente de Centros e Institutos que son privilegiados con recursos materiales y humanos considerables. En estos veinte años de historia de la Facultad nos ha tocado la desgracia de perder muchos compañeros y maestros. Se han muerto Don Juan de Oyarzábal y su esposa Graciela, y también Alejandra Jaidar, Chela Salicrup, la Dra. Kurtz y la maestra López de la Rosa, Alfredo Barrera, Guillermo Haro y nuestro insustituible Tomás Brody. Dicen que veinte años no es nada, pero en este tiempo a la Pepita Larralde la dejaron de conmover las películas de Bambi y ahora vive aterrada por el plan de estudios de biología. Víctima de los deslices económicos, que no morales, del peso, asistimos en el doble papel de espectadores y victimas a la transformación constante de la actividad científica del país: la supervivencia mínima de la investigación y la docencia en ciencias, la pauperización de nuestras bibliotecas, los fracasos constantes de los planes de descentralización de la ciencia, la crisis del marxismo, el final de la izquierda tradicional y la transformación de la ecología en una actividad, si no de oposición, cuando menos contestaria. La Facultad ha visto sustituida la Fuente de Prometeo por el imán gastronómico que significan las escaleras del estacionamiento de Biología, desde donde se contempla un espectáculo de sopes y quesadillas capaces de hacer estremecer al gastroenterólogo más templado. A pesar de que no han faltado quienes han soñado con verse directores de una Facultad de Biología, hemos mantenido una unidad más o menos esquizofrénica de tres departamentos, cuatro carreras y una sola Facultad verdadera. Pero aunque convivimos actuarios, biólogos, físicos y matemáticos, no hemos aprovechado la oportunidad que ello significa para enriquecer las interacciones científicas. Vivimos las paradojas más absolutas. Hemos multiplicado las opciones académicas pero no hemos sido capaces, en 23 largos años, de transformar los planes de estudio. Nunca habíamos tenido tantos laboratorios, tantos profesores y ayudantes, y sin embargo, nunca habíamos sido tan pobres y desesperanzados, porque la crisis no parece abrirnos muchas perspectivas más allá de la supervivencia mínima de un aparato científico profundamente debilitado. Algunos hemos abandonado temporalmente la Facultad, pero terminamos regresando a ella tarde o temprano, porque el criminal siempre retorna al lugar donde cometió sus delitos más graves, aunque sea para recibir su castigo. Y es que a pesar de todos nuestros defectos y carencias, aquí la gente es anárquica, voluntariosa, obsesivamente perfeccionista y hasta carismática, y ello se ha traducido no sólo en actos de profunda devoción académica, rebeldía intelectual, sino también en hechos conmovedores como los protagonizados por las brigadas de estudiantes, maestros y trabajadores que trabajaron día y noche cuando el temblor de 1985. Somos intensamente individualistas, pero aquí se ha logrado mantener y desarrollar una solidaridad profunda, lo mismo se manifiesta con la edición de libros pirata que con las donaciones de sangre. Yo, que en el sentido más estricto soy un ejemplo vivo de lo que esa solidaridad significa, quisiera permanecer por siempre en esta Facultad a condición, eso sí, de nunca tener que cargar con la maldición de ser su director, porque como decían los griegos: “aquellos a quienes los dioses quieren destruir, les dan el poder”, y si no que lo digan Juan Manuel Lozano y Juan Luis Cifuentes, que apenas si se están recuperando de semejante trauma. Pero como dice Elena Poniatowska, Dios no cumple antojos, no endereza jorobados, ni les da alas a los alacranes, así que me conformaré con seguir siendo un profesor más en esta Facultad, viendo qué me depara el destino, hasta que se me doble el espinazo, se me endurezcan las corvas y se me nuble para siempre el entendimiento. |
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Antonio Lazcano Araujo
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