revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
Busca ampliar la cultura científica de la población, difundir información y hacer de la ciencia
un instrumento para el análisis de la realidad, con diversos puntos de vista desde la ciencia.
 
 
  menu2 índice 69
siguiente
anterior
PDF
   
   
José Ruiz de Esparza
     
               
               

En su proyecto resalta la importancia que le concedía al conocimiento astronómico, pues lo consideraba "necesario para el régimen y dirección de todos los habitantes de la república".  

Esta forma de entender la astronomía seguía la tendencia generalizada   durante el siglo anterior, cuando la Corona buscó comprender a la Nueva   España compilando estudios económicos, políticos y sociales: información que pensaba utilizar para combatir enfermedades y pobreza.  

Para los mexicanos de las primeras décadas del siglo xix se hizo cada vez más evidente la necesidad de contar con una visión general del país y de sus recursos; tenían que conocer con exactitud las dimensiones del territorio nacional, fijar sus límites con precisión y hacerse una idea clara de sus recursos. Pensaron que para elaborar un atlas nacional, cuyo aspecto geográfico era básico, únicamente podían realizarlo con la colaboración de personas capacitadas para utilizar las técnicas más avanzadas en el campo de las observaciones y mediciones astronómicas, con el fin de fijar las diversas posiciones geográficas de las poblaciones, y lugares de mayor importancia. En este caso, quienes podrían resolver el problema serían los ingenieros con conocimientos sobre las técnicas de la astronomía y de la geodesia.  

En realidad la información existía, pero estaba diseminada en diversas   oficinas de gobierno; había un número considerable de cartas geográficas de diversos estados de la República escritas por ingenieros militares desde un siglo antes. Sin embargo, faltaba una visión de conjunto. Se consideró que uno de los primeros pasos para lograr una Carta geográfica general de la República, era reunir todas esas cartas con la intención de confrontarlas y rectificarlas, "por medio de observaciones astronómicas y trigonométricas". Con ese propósito se pensó en aprovechar también los planos levantados por las compañías mineras en sus distritos y los que existieran de los curatos, mandados a hacer por algunos sacerdotes.  

En 1831 el defensor de más alto rango con esta visión utilitaria de la   astronomía fue el ministro de Relaciones, don Lucas Alamán, lo cual se aprecia en su informe de las labores realizadas ese mismo año. En él asegura que el atlas sería de gran utilidad, porque "este género de trabajos, no sólo es muy importante para la prosperidad de la nación, representando el estado de sus ramos productivos, y haciendo ver las medidas que necesitan para su fomento, sino que hará honor a su ilustración entre las extranjeras". Y lo justifica considerando que todos los atlas establecen "útiles principios para la práctica científica de la primera y más importante de las artes", la agricultura.  

Con argumentos similares se buscó formar un censo de los habitantes de la República y para ese fin se promulgó la ley del 2 de mayo de 1831, en la cual, además de la formación de un atlas geográfico y minero, se ordena organizar un Instituto Mexicano de Geografía y Estadística que tendría   como principal misión "formar el plano general de la República, arreglar el  Arfas, hacer el padrón [censo], y reunir y coordinar todos los demás datos estadísticos que remitan todos los gobernadores de los estados". Estaban   convencidos de que una vez terminado ese trabajo se podría saber cuál   era la realidad de la República, su dimensión geográfica, población, productos naturales, agrícolas, y artísticos, montañas, volcanes, ríos, y "todo cuanto pueda contribuir a dar una idea cabal de la grandeza de México". 

En mayo de 1833 se creó formalmente el Instituto Mexicano de Geografía y Estadística, con la participación de "los sabios de más alta reputación en estas materias", quienes contaron con el compromiso gubernamental y todo lo necesario para que pudieran llevar a cabo su tarea.  

Un promotor entusiasta de la idea de crear un observatorio astronómico de utilidad nacional en México fue Simón Tádeo Ortiz. En 1822, refiriéndose a las instituciones científicas y culturales que a su juicio deberían de existir en la Ciudad de México, indicaba la conveniencia de formar un observatorio astronómico que estuviera instalado en la cima del cerro de Chapultepec, lugar que consideró ideal, por su localización dentro del valle de México y especialmente por su cercanía a la ciudad.

En la práctica profesional durante la segunda mitad del siglo xix, fueron los egresados del Colegio de Minería y del Colegio Militar quienes más contribuyeron, con "sólidos conocimientos prácticos de astronomía", en las comisiones encargadas de fijar por todo el país las coordenadas geográficas de las principales poblaciones y trazar los límites territoriales   de la nación. Al ser las mayores fuentes proveedoras de jóvenes ingenieros que conocían tales técnicas, estos centros educativos recibieron atención  privilegiada, tomando en cuenta la situación general del país, ya que era necesario que la calidad de su enseñanza no decayera. De vez en cuando   fue posible aprobar algunos recursos para el mantenimiento de las instalaciones y reparación del equipo como, por ejemplo, en el caso del observatorio astronómico instalado en el Palacio de Minería en julio de 1840 para el que el ministro del Interior aprobó un presupuesto de 4 338 pesos y 3 reales.  

Dos años después, al instalarse en el Castillo de Chapultepec el Colegio Militar, se ordenó la construcción dentro del llamado Torreón del Caballero, una sólida columna que habría de ser la base de un telescopio   que apoyaría los cursos de astronomía y geodesia que su director, Pedro García Conde, incluyó al reformar el plan de estudios. Pero ese pequeño observatorio fue destruido por el bombardeo estadounidense durante la toma del Castillo en 1847 .  

A medida que el país parecía tranquilizarse, el gobierno liberal decidió dar mayor impulso a ese reconocimiento territorial. En 1856 se formó una comisión científica presidida por el ministro de Fomento, Manuel Siliceo. Al frente de la sección de astronomía y geodesia quedó Francisco Díaz Covarrubias, ingeniero topógrafo, egresado con todos los honores del   Colegio de Minería en 1853, y profesor interino de topografía, geodesia y cosmografía a partir del año siguiente. Durante el resto de su vida profesional se distinguiría precisamente por sus trabajos de astronomía y geodesia. Actualmente, al igual que en aque-llos años, se reconoce en este personaje al impulsor más entusiasta de la idea de la creación del Observatorio Nacional.  

Cuando en junio de 1856 se estableció la Dirección General para la   formación del mapa geográfico del valle de México con el mismo propósito de elaborar un atlas nacional, Díaz Covarrubias participó como primer ingeniero en la sección de astronomía y geodesia. Su modesto equipo   estaba formado por dos telescopios, tres teodolitos y un nivel. Sin embargo, la sección produjo las Thblas de las coordenadas x, Y, para construir la proyección de la Carta general de la República Mexicana, obra notable sobre la medida de la base para la triangulación fundamental del valle de México. También publicó un cuaderno sobre la posición que asignaron a la capital los astrónomos Dionisio Galiano y Antonio León y Gama a finales del siglo anterior.  

Muchas de las observaciones fueron ejecutadas en una instalación cerca de la garita de San Lázaro. En abril de 1857 se vio obligado a trasladar los instrumentos al pueblo de Mixcoac debido a la suspensión, por más de un año, del apoyo gubernamental a la comisión. A pesar de todo, continuó haciendo observaciones durante todo ese año. En noviembre de 1859, la comisión renació y el observatorio regresó a San Lázaro. 

Retomando el argumento expresado por Simón Tadeo Ortiz, y reforzándolo, Francisco Díaz Covarrubias insistió en la instalación del Observatorio Nacional en el cerro de Chapultepec: "Nada puede contribuir tanto para el adelantamiento y perfección de nuestra geografía, como tener en el valle de México un buen observatorio astronómico; porque servirá no solamente para recoger, examinar y rectificar los resultados de las operaciones geográficas que se emprendan, sino para dirigir éstas y ministrar los datos conducentes al acierto de ellas".

Además de estos servicios directos al país, la ciencia misma tenía derecho de esperar otros no menos interesantes de un observatorio que, por su situación especial, sería eminentemente propio para cierta clase de investigaciones. En efecto, establecido a una altura de dos mil trescientos metros sobre el nivel del mar, sería el más elevado de todos los que existen. A esa altura, la presión atmosférica, reducida a las tres cuartas partes de la que tiene lugar en el océano, comunica al aire una refracción y diafanidad que deben influir notablemente en los fenómenos luminosos y de refracción".

Asimismo, propuso que ese centro llevara por nombre Observatorio Astronómico Nacional de México. Desde luego, en México, como en el resto del mundo, ya en ese momento nadie dudaba de la necesidad y utilidad de elaborar el atlas nacional. En 1861 se reorganizó la comisión, esta vez presidida por el ministro de Fomento, Ignacio Ramírez, y con Francisco Díaz Covarrubias como su director. En la primavera de ese año, Díaz Covarrubias hizo un viaje de trabajo por los Estados Unidos que consistió en visitar observatorios y comprar instrumentos. Y además publicó en el Cuadro sinóptico de la República Mexicana, editado por la Sociedad de Geografía y Estadística en 1862, un artículo titulado "Aplicaciones de la astronomía a la geografía", texto que se convertiría en lectura obligada para todos los astrónomos aficionados   y profesionales.  

Nuevamente, en septiembre de 1862, el gobierno liberal resolvió apoyar la creación de un Observatorio Nacional, para lo cual se eligió como director a Francisco Díaz Covarrubias, por lo que el señor Jesús Terán, ministro de Justicia, le dio su nombramiento con la encomienda de instalar el   observatorio en el Castillo de Chapultepec, tarea nada fácil dadas las circunstancias del país. Don Francisco tomó con entusiasmo la designación y reacondicionó el lugar. Simultáneamente se dio a la tarea de rescatar algunos instrumentos del antiguo observatorio del Colegio Militar. Le puso especial empeño a la reparación del telescopio refractor comprado para   ese observatorio y abandonado desde 1847, a lo cual le dedicó todo su   esfuerzo durante los primeros meses de 1863.  

El primer resultado que se deseaba obtener era la determinación precisa de la posición geográfica del nuevo observatorio. Pero antes de lograrlo, las labores debieron interrumpirse cuando las tropas francesas invadieron la Ciudad de México. Los astrónomos se vieron obligados, durante los últimos días de mayo y primeros de junio, a desmantelar y depositar en lugar seguro parte del equipo y Díaz Covarrubias decidió exiliarse, siguiendo de cerca al gobierno encabezado por Juárez.  

Una vez instalado Maximiliano en el Castillo de Chapultepec, sus sueños imperiales lo obligaron a realizar modificaciones en el edificio. Entonces, lo que quedaba del observatorio fue desmantelado.  

Dos años después, en 1865, bajo la influencia del estadounidense Mathew Fontaine Maury, el emperador decidió crear un observatorio astronómico meterológico. El 25 de septiembre de ese mismo año, nombró a Maury   director del Observatorio Astronómico y Meterológico de México, quien propuso comprar en Europa los instrumentos necesarios y, a principios  del mes de marzo siguiente, partió rumbo a Londres, vía el puerto de Veracruz, con setenta y dos mil libras esterlinas; pero nunca regresó a México ni devolvió el dinero. Sin embargo, la necesidad de contar con un atlas nacional persistía, así que apenas restablecida la República, la idea de tener un observatorio astronómico nacional renació una vez más.  

En 1867 el presidente Juárez retomó la idea y encargó un estudio para la posible reinstalación del observatorio. En julio de 1867 nombró a Díaz Covarrubias oficial mayor del Ministerio de Fomento. Desde esa posición don Francisco apoyó su viejo anhelo, convenciendo a muchos funcionarios y diputados.  

Tiempo después, en una sesión celebrada por la Sociedad Humboldt, Díaz Covarrubias leyó el trabajo titulado Exposición popular del objeto y   utilidad de la observación del paso de Venus por el disco del Sol, suceso que se verificaría el 8 de diciembre de 1874. Con esa lectura explicó la importancia de observar el acontecimiento, ya que los datos recopilados   darían elementos para determinar la distancia entre la Tierra y el Sol.  

Para entonces, las condiciones en el país habían cambiado; se vivía un ambiente mucho más favorable para el desarrollo cultural, asi que se   envió una comisión de científicos mexicanos a Japón para observar el tránsito del planeta Venus frente al disco del Sol. El día 8 de septiembre de 1874, en Chapultepec, durante la conmemoración de la defensa del Molino del Rey y del Castillo de Chapultepec, ante el invasor estadounidense, el   diputado Juan José Baz propuso la idea al presidente, Sebastián Lerdo de Tejada, y tres días después, éste nombró una comisión integrada por   Francisco Díaz Covarrubias, Francisco Jiménez, Manuel Fernández Leal,   Agustín Barroso y Francisco Bulnes, para viajar a Japón. En esos tiempos,   en la azotea del Palacio Nacional había un pequeño observatorio astronómico, que dependía de la Dirección de Caminos, cuyo objetivo principal era determinar la hora local.  

Sin embargo, en ese observatorio no podían hacerse investigaciones   astronómicas de precisión por estar en un lugar completamente inapropiado. Sus labores se reducían a determinar la hora media y señalar las doce o mediodía medio, en ese momento se arriaba una esferita roja,   izada en un mástil, y desde la catedral el relojero hacia sonar las campanas para que la gente pusiera a tiempo sus relojes.  

De las primeras observaciones que pudieron hacerse, las más útiles   fueron las de los satélites de Júpiter, que sirvieron para determinar la longitud geográfica con respecto al observatorio de Greenwich, y conforme la red telegráfica se fue extendiendo, se hizo posible determinar las longitudes de los mismos lugares que contaban con telégrafo respecto a la torre este de la catedral.  

Derrocado el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, el primer gobierno porfirista nombró secretario de Fomento al general Vicente Riva Palacio, y a su subsecretario Ignacio Altamirano; ambos conocidos por su empeño   en impulsar la ciencia en México, entre otras muchas virtudes.  

En esta ocasión se nombró al ingeniero Ángel Anguiano, el 18 de diciembre de 1876, para que se hiciera cargo de la formación del proyecto y construcción de un observatorio astronómico meteorológico y magnético, insistiendo en que debía establecerse en Chapultepec.  

Entre las primeras disposiciones que Porfirio Díaz había dictado como gobernante estaba la de despedir a todos los empleados de la administración anterior. Esta medida incluía, por supuesto, al ingeniero Anguiano. Sin   embargo, pocas semanas después, Ignacio Altamirano, convencido de su capacidad y preparación, lo invitó nuevamente a trabajar en el Ministerio de Fomento, haciendo a un lado todo argumento no científico y le convenció diciendo: "para la ciencia no hay cuestiones políticas", usted tiene que regresar para terminar la instalación del observatorio. Finalmente le propuso de manera formal ser el primer director del Observatorio Astronómico Nacional, ofreciéndole todo el apoyo económico necesario para que la empresa se realizara de inmediato.  

Ángel Anguiano fue de los primeros egresados de la carrera de ingenie-ro civil y arquitecto de la Academia de San Carlos. Su vida profesional empezó en 1869, en la Secretaría de Fomento, como inspector de Caminos en Michoacán; ahí el entonces subsecretario, Francisco Díaz Covarrubias, lo había invitado a observar el eclipse parcial de Sol del mes de agosto de 1869. A partir de ese día desarrolló su vocación por la astronomía, convirtiéndose en poco tiempo en un excelente observador y calculista.   La amistad entre ambos personajes continuó en la Ciudad de México; frecuentemente se reunían en el observatorio particular de Díaz Covarrubias, en donde gracias a los métodos desarrollados por Covarrubias pudo determinar la posición geográfica de algunos ríos.  

Ya como director, se dio a la tarea, durante varios meses del año de 1877, de reunir los instrumentos, hacer los cálculos y dibujos necesarios para las modificaciones del edificio, y poder reinstalar el observatorio astronómico en el Castillo de Chapultepec.  

Se cuenta que, instalado en la presidencia, el general Díaz platicaba con   un grupo de compañeros de armas, asegurándoles que hubiera podido   hacer sus campañas más rápidas y con menor derramamiento de sangre de haber contado con una buena colección de mapas y cartas, y les   preguntaba lo que había que hacer para elaborarlas. Don Blas Barcárcel y el general Vicente Riva Palacio le explicaron que era necesario formar un grupo de gente bien preparada que recorriera el país, dotado de instrumentos portátiles, para determinar posiciones geográficas, y que pa- ra mayor precisión debía de hacerse por medio de métodos astronómicos,   lo cual exigía la instalación de un observatorio mejor dotado que el de Palacio. Le propusieron rescatar la vieja idea de los gobiernos liberales anteriores, de fundar un Observatorio Astronómico Nacional en el Castillo de Chapultepec.  

En la Cámara de Diputados se discutió la propuesta, pero hubo cierta   oposición. Uno de los defensores fue el diputado Juan A. Mateos, quien   apoyó el proyecto argumentando la necesidad que había de contar con   cartas geográficas que sirvieran para construir caminos y obras de regadío con el fin de desarrollar la riqueza de la nación, y simultáneamente para la obtención de datos militares.  

El telescopio principal se instaló en la torre llamada del Caballero Alto. Ahí mismo, Díaz mandó instalar poco después dos centrales, una telefónica y una telegráfica. Finalmente, el 5 de mayo de 1878, fueron inauguradas las labores del Observatorio Astronómico Nacional. Esa misma noche se determinó el tiempo local utilizando el teodolito para observar dos estrellas a alturas iguales. Al día siguiente se realizó el primer trabajo realmente astronómico, utilizando el anteojo zenital: se observó el paso del planeta Mercurio frente al disco solar.  

Anguiano contó con dos circunstancias favorables. Por un lado la comisión enviada a Japón había regresado con un enorme prestigio internacional, después de observar el tránsito venusino frente al disco solar. Los astrónomos mexicanos hicieron un gran papel, fueron los primeros en publicar en París sus cálculos para darlos a conocer a la comunidad científica mundial. En ese momento, para el gobierno mexicano la existencia del observatorio además de útil le daba cierto renombre internacional.  

Los resultados de esa expedición se publicaron en el libro Viaje al Japón, donde se mencionan también los métodos astronómicos que Díaz Covarrubias presentó en Europa, el método mexicano para determinar la latitud de un lugar y el de alturas iguales de dos estrellas para determinar la hora.  

Se cuenta como anécdota curiosa que, en Nagasaki, los astrónomos que   visitaron el campo mexicano dijeron: "lástima de astrónomos sin instrumentos", porque la dotación de instrumental era paupérrima. En respuesta, cuando don Francisco correspondió la visita, dijo a sus compatriotas refiriéndose a los otros grupos: "lástima de instrumentos sin astrónomos".  

Pero ese fenómeno se iba repetir el 6 de diciembre de 1882, con la ventaja de que en esa ocasión podría observarse desde la República Mexicana. Esta vez México sería el anfitrión, hecho que Anguiano aprovechó para solicitar al gobierno los fondos necesarios para la compra de tres importantes telescopios. Únicamente el telescopio de menor tamaño llegó a tiempo para observar el tránsito de Venus. Anguiano fue auxiliado por el  ingeniero Felipe Valle y el astrónomo francés Bouquet de la Grye, comisio- nado por su gobierno para venir a México a observar el fenómeno.  

En la práctica don Ángel y sus ayudantes mexicanos estuvieron siempre limitados de recursos, sin embargo, ello no impidió que cumplieran múltiples tareas, el poco instrumental con el que contaban no permitía   emprender programas serios a largo plazo en el campo de la astronomía  y la astrofísica, pero siempre estuvieron dispuestos a esperar mejores tiempos. Mientras tanto convirtieron el Observatorio en el Centro Nacional   de las operaciones topográficas y geográficas, mediante el intercambio de   señales telegráficas con otros observatorios en el interior del país, incluido el de la azotea del Palacio Nacional, que siguió operando por un tiempo.  

Cuando se fundó el Observatorio Nacional en 1878 como dependencia de la Secretaría de Fomento, éste tenía entre sus tareas, contribuir a la construcción de cartas geográficas; recopilar trabajos particulares con ese fin; levantar la carta magnética del país y preparar jóvenes que se dedicaran a la astronomía. No menos importante fue el nacimiento en 1881 del Anuario del Observatorio de Chapultepec, que contenía datos de posiciones celestes de astros, resúmenes meteorológicos, artículos de divulgación y un calendario condensado.  

Quizá la tarea de mayor repercusión en el futuro fue la de utilizar las instalaciones de Chapultepec para complementar los estudios astronómicos de los estudiantes de ingeniería. De hecho, algunos de ellos llegaron con el tiempo a trabajar ahí; el Observatorio de Chapultepec se convirtió en un verdadero instituto de investigación.  

La estancia del Observatorio Nacional en el Castillo de Chapultepec duró hasta 1883, cuando el gobierno ordenó el traslado de todos los instrumentos de observación a los jardines de la casa del director del Colegio Militar, en el edificio del exarzobispado, en "facubaya. Entonces terminó esa primera etapa del Observatorio Astronómico Nacional, relacionada con el Castillo de Chapultepec, la cual se recuerda como la culminación de muchos esfuerzos. Sus logros sentaron bases sólidas para el desarrollo posterior de la astronomía mexicana del siglo XX. Nunca mas dejó de haber astronomía institucional en México.  

 articulos
 
     
Referencias bibliográficas
     
       
____________________________________________________________
     

Rosa María Fonseca Juárez
Facultad de Ciencias, UNAM

como citar este artículo

     
 
 
  menu2 índice 69
siguiente
anterior
PDF
   
   
Ma. Teresa Velázquez Uribe
     
               
               

En México existen más de veinticinco millones de jóvenes entre 15 y 24 años, es decir, 28.3 de toda la población, franja que seguirá creciendo en la pirámide poblacional hasta el fin de la primer década del siglo presente.  En el último lustro su tasa de crecimiento fue del 3.3, en promedio anual, mientras que la tasa de la población total que fue de 1.8. Respecto a la diferenciación por género, 48.8 de los jóvenes son hombres y 51.2 son   mujeres.  

En cuanto a la composición de la población joven por grupos de edad, 26 tiene entre 12 y 14 años, 40 entre   15 y 19 años y 34 entre 20 y 24 años.  

La disminución en la base de la pirámide de edad de la población mexicana, se debe al descenso en la fecundidad como consecuencia de la práctica anticonceptiva que se ha extendido durante las últimas décadas. Así en 1973, 30.2 de las mujeres usaban métodos anticonceptivos, mientras que en 1992 la cifra pasó a 63.1 ; esto se reflejó en la disminución de la tasa global de fecundidad, que es el número medio de hijos que tiene una mujer en su periodo fértil; en 1974 era de 6.1 hijos y en la actualidad es de 2.4 hijos.  

Actualmente, el embarazo y el parto entre la población adolescente son fenómenos que en casi todo el mundo se manifiestan con mayor frecuencia y cuyos efectos adversos se reflejan de inmediato en las condiciones de vida de los mismos jóvenes.  

Los cambios en la fecundidad son resultado de la relación entre las variables socioeconómicas y la fecundidad, y el efecto de las variables intermedias o determinantes próximas; de tal manera que "la fecundidad tiende a descender como resultado de circunstancias que limitan la exposición de las relaciones sexuales a la concepción o a la gestación o al éxito del parto, es decir la fertilidad de la mujeres" como reportan CEPAL y CELADE en 1993. Respecto a las variables que afectan a éstas últimas se consideran las muertes fetales, que comprenden el aborto y el mortinato. 

Respectó a los factores que afectan la exposición al riesgo de concebir se tiene que la edad mediana de inicio de las relaciones sexuales es de 20 años, según CONAPO en 1995 y en lo que se refiere a los factores que afectan, es diferencial en el uso o no uso de métodos anticonceptivos. Las mujeres jóvenes inician su vida sexual a muy temprana edad: 17.2 años; sin embargo, el uso de medidas de regulación de la fecundidad al inicio de la vida sexual es inexistente, ya que casi nueve de diez mujeres jóvenes tuvieron su primera relación sexual sin protección, a pesar de que 66 inició su sexualidad sin la intención de embarazarse. En 1997, la gran mayoría de las mujeres jóvenes de 15 a 24 años conocía algún medio de regulación (66), a pesar de lo cual no recurren a la práctica anticonceptiva, ya que sólo 45 de las mujeres unidas de 15 a 19 años usan estos métodos y 59 de las de 20 a 24 años, valores inferiores a los que registran las mujeres de 30 a 44 años (75).  

Entre los temas ligados a la fecundidad, el aborto inducido es uno de lo más debatidos, pero menos estudiado. Su cuantifícación enfrenta serias dificultades por la marcada tendencia que existe a no reportar cabalmente su ocurrencia. Datos recientes indican que cerca de 20 de las mujeres alguna vez embarazadas habían tenido un aborto (6 con dos o más). El número anual estimado es de cerca de seiscientos mil, lo que implica una tasa de aproximadamente diecisiete abortos por cada cien embarazos. El aborto, frecuentemente realizado en condiciones precarias y peligrosas, constituye un riesgo para la salud materna.  

¿Qué es el aborto?  

Etimológicamente, la palabra aborto procede del latín abortus o aborsus, derivados de aborior opuesto a oríor, nacer. Es la muerte del no nacido en cualquier momento del embarazo. Desde el punto de vista demográfico, se define como aborto a las muertes fetales de menos de veintiocho semanas de gestación y a las de más de veintiocho se les llama mortinatos.  

Se estima que los abortos anuales en el mundo son aproximadamente sesenta millones. Por tanto, se ha denominado "industria del aborto" a una variedad de métodos que se utilizan con este fin.  

Cifras en México  

¿Cómo se calcula el número de abortos que se practican en México? La medición de la magnitud del aborto inducido se ve afectada por variables imposibles de controlar  —como el peso del estigma de la mujer que aborta y el miedo a la ilegalidad—, lo que ha llevado a algunos especialistas a sostener que la única opción es desarrollar una "tolerancia a la ambigüedad" frente a cifras que no pueden ser exactas.  

Es común recurrir a los registros de hospitalización de mujeres con complicaciones derivadas del aborto clandestino, pero se ha encontrado que esa información subestima el problema y con frecuencia está mal clasificada. Muchas instituciones privadas y públicas de salud registran sólo parte de la información o, en ocasiones, ninguna. Los registros hospitalarios tienden a identificar los abortos inducidos como espontáneos o inespecificados. Otros cálculos tentativos se basan en entrevistas y   encuestas. En América Latina, estas técnicas han sido aplicadas a mujeres hospitalizadas, a grupos representativos de mujeres en edad reproductiva y a grupos seleccionados de mujeres. No obstante, el subregistro y la falta de confíabilidad persisten. Junto al temor a las posibles consecuencias legales, existen tabúes éticos, morales, religiosos y sociales que desalientan a las mujeres consultadas a admitir que han tenido un aborto. En estas condiciones, algunas personas han llegado a cuestionar si es o no   ético buscar información sobre aborto cuando muchas mujeres no quieren revelarla.  

La información disponible acerca del aborto inducido en México muestra que, como se dijo antes, es sumamente difícil establecer con precisión su número efectivo. Una revisión documental muestra que las cifras varían   dependiendo de la fuente. El Consejo Nacional de Población registra la cantidad más baja de abortos inducidos en el país mientras el Instituto Alan Guttmacher estima un número mucho mayor para la década de los noventa (cuadro 1).     

Es importante señalar que en ambos casos se trata de estimaciones realizadas por cada una de las instituciones; aunque, evidentemente, los resultados son muy diferentes entre sí. En 1996 el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática publicó un cuaderno, en el cual se resume la cantidad de abortos registrados en las instituciones mexicanas de salud. Sus cifras adolecen del subregistro señalado al principio y no distinguen entre abortos espontáneos e inducidos, pero aun así siguen   siendo un indicador importante.  

Si resulta difícil saber el número de abortos que se realizan en la clandestinidad, mucho más complicado es conocer el número de mujeres que muere a raíz de intervenciones con las que buscaban terminar su embarazo. En estos casos los familiares hablan de "hemorragia" o "infección", pero rara vez de aborto.  

El Consejo Nacional de Población reconoce que existe evidencia de un subregistro de la mortalidad materna y de una incorrecta asignación de ciertas causas de defunción, en particular del aborto, y ha estimado que el aborto es la tercera causa de muerte materna en nuestro país. Mientras el aborto se practique de manera clandestina no se podrá tener un registro fidedigno del número de mujeres que han pasado por esta experiencia y la cantidad de ellas que mueren por complicaciones del embarazo y el parto como son las toxemias y las hemorragias que se encuentran relacionadas con el aborto. Para 1994 y 1995 las cifras e información oficial sobre aborto y mortalidad materna señalaban que "los datos disponibles indican que en la actualidad aproximadamente una de cada cinco mujeres entre 15 y 49 años de edad ha experimentado algún aborto y 6 ha tenido más de uno". No obstante lo elevadas que resultan estas cifras, los datos de         las encuestas apuntan hacia la disminución, con el tiempo, de la práctica del aborto.  

En cuanto a las causas de mortalidad, dentro de la publicación Mujeres y Hombres en México, editada en marzo de 1997 por el INEGI con el fin de "apoyar con información estadística actualizada al Programa Nacional de la Mujer 1995-2000", informaba que las principales causas de mortalidad materna por diez mil nacidos vivos, indicaban los siguientes datos (ver cuadro 2).  

Jóvenes y sexualidad  

Los embarazos a edad temprana reducen las oportunidades de educación e impiden mejorar la calidad de vida de las adolescentes. El problema de salud reproductiva representa un riesgo biopsicosocial para la madre y el recién nacido y conlleva a mayor mortalidad materna e infantil. Parte importante de estos embarazos terminan en aborto y muchos de ellos se efectúan en condiciones de inseguridad, además de que las adolescentes embarazadas suelen recurrir al aborto en etapas avanzadas, lo cual   aumenta el riesgo de la salud de la mujer. Otro problema de salud reproductiva en los adolescentes y jóvenes es que 64.8 de los hombres y 65.1 de las mujeres de entre 12 y 24 años no tienen acceso al servicio de salud.  

Incluyendo el que las enfermedades de transmisión sexual han aumentado de manera importante entre los jóvenes, evidentemente, por el uso inadecuado de los métodos anticonceptivos y el acceso limitado a los mismos. Para la generación nacida en los sesentas, 23.3 de las mujeres tuvo relaciones premaritales y sólo cuatro de cada cien mujeres de entre 15 y 19 años sugieren a su compañero el uso del condón como método preventivo en su primera relación sexual.  

En cuanto a la salud perinatal, durante 1997 en la Secretaría de Salubridad y Asistencia se atendieron un poco más de 1.1 millones de consultas prenatales; en las cuales una de cada cinco gestantes en control tenía menos de 20 años.  

El número de atenciones prenatales que recibe cada mujer durante la gestación permite detectar a tiempo embarazos de alto riesgo y evitar que se presenten complicaciones durante el parto. Para 1997 se registró un promedio de 2.8 consultas prenatales por embarazada, de las que alrededor de 20 eran menores de 20 años.  

La tasa de mortalidad materna muestra una ligera tendencia a la baja; en 1998 se estimaron cuarenta y siete defunciones maternas por cien mil nacidos vivos registrados.

El CONAPO junto con el DIF tienen un programa que se denomina "De joven a joven", que consiste en una línea telefónica abierta las veinticuatro horas del día en el área metropolitana de la Ciudad de México, a la que los jóvenes puedan llamar para hacer todo tipo de consultas, para pedir servicios o consejos. Este programa inició en noviembre de 1994, y en ese año 28.7 de quienes llamaron tuvo interés por el tema de las relaciones interpersonales, es decir, con su propio novio o novia, pretendientes,   amigos cercanos, etcétera; siguieron en orden de importancia los consejos en torno a las relaciones sexuales (12.1) y relaciones familiares (10.7); hubo casos de suicidios y violaciones, pero sin ser tan frecuentes.  

Para abordar otro elemento que configura la mentalidad juvenil, resulta importante analizar la edad que se considera más conveniente para que los jóvenes se casen. Tanto hombres como mujeres afirman que la edad ideal femenina para casarse es de 22.8 anos, consideración bastante nías elevada a la que en realidad se casan, que se estima en 25 años, lo cual puede indicar un cambio futuro. En cuanto a la edad en que los hombres deberían contraer matrimonio, las mujeres piensan que deben unirse más   tarde de lo que ellas consideran para sí mismas.  

Una encuesta realizada en 1990 reveló que 60 de los suecos tienen su primera relación sexual a los 16 años, igual que en América Latina, pero se casan o deciden vivir juntos hasta los 25 o 30 años, entre cinco y diez años después que en América Latina y durante este periodo tienen un promedio de 3.2 parejas. La mitad de los jóvenes utilizan el condón desde la primer vez, el segundo método más utilizado es la pildora y sólo 25 reporta haber tenido experiencias sexuales desprotegidas, mientras que en México ese porcentaje es superior a 80. De las menores suecas de 17 años con vida sexual activa 6 han resultado embarazadas y prácticamente ninguna de éstas ha dado a luz, ya que en la actualidad se realizan veinte abortos legales por cada mil mujeres menores de 19 años, tasa que ha descendido 10 en el último lustro. La proporción de abortos por mujer es por lo menos cuatro veces menor que en México, tomando en cuenta las estimaciones más conservadoras. Las mujeres suecas tienen su primer hijo a los 27 años y los hombres a los 32, y en todo el país se han reportado 3 703 contagios del SIDA, menos de la mitad de los que hay en México.  

En México, durante 1985, por cada catorce hombres infectados de SIDA, había una mujer; para 1997 de cada seis hombres existía una. Nuestro país ocupa el tercer lugar en América Latina después de Estados Unidos y Brasil. De continuar las tendencias, para el año 2010 habrá un enfermo en cada familia mexicana. La mayoría de los casos de SIDA en etapa final tienen entre 25 y 35 años de   edad, es decir, que los 18 años es la edad promedio de infección. En el Distrito Federal el SIDA es la cuarta causa de muerte entre hombres y mujeres.     

Conclusiones  

La población adolescente y joven de 15 a 24 años de edad constituye un grupo prioritario de la población, ya que las decisiones que tomen en esta etapa de su vida contribuirán a forjar su destino, de hecho, conformarán el grueso de la población en edad laboral durante las próximas décadas.  

Es necesario responder a los desafíos derivados de los cambios en la estructura por edad, ya que los adolescentes y jóvenes tienen gran relevancia por factores demográficos (uno de cada cinco mexicanos está en este grupo de edad) y por estar en una etapa de la vida en que se toman decisiones que contribuyen a determinar sus logros como adultos. Entre las transiciones que llevan a cabo, las principales son seis, dos de ellas vinculadas a la vida pública —dejar la escuela e incorporarse al primer trabajo—  y las otras cuatro se refieren al contexto familiar: tener la primera relación sexual, abandonar el hogar paterno,   casarse o unirse, y tener el primer hijo.  

Es necesario llevar a cabo una serie de acciones que contribuyan a elevar su desarrollo y bienestar, mediante la ampliación de sus capacidades y opciones, y a través del fomento de actitudes y prácticas de previsión y planeación con perspectiva de género enfocadas a: 1) Fomentar actitudes y prácticas de prevención y planeación. 2) Promover conductas sexuales y reproductivas informadas y responsables, para evitar la maternidad precoz en las jóvenes. 3) Incluir contenidos de educación en población en los libros de texto de educación media formal y no formal. 4) Dar acceso a oportunidades educativas, principalmente a las mujeres. 5) Lograr una inserción laboral y social más adecuada. 6) Diseñar, producir y difundir una política de comunicación sexual. 7) Reducir la demanda insatisfecha de métodos anticonceptivos.  

Todo esto sin olvidar que el apoyo, material, afectivo   y motivacional para los jóvenes en su formación es prioritario tanto en el ámbito familiar como en el social.      

En el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM se llevó a cabo en el mes de mayo del año 2000 una encuesta que tuvo como objetivo conocer algunos aspectos de la forma de pensar, inquietudes y expectativas de los estudiantes del Colegio. Los tópicos que se consideraron fueron los siguientes: autopercepción y sociabilidad, hábitos de estudio, ocupación del tiempo libre, familia y escuela, sexualidad y cultura política.  

Se trabajó con novecientos cuarenta y ocho alumnos, divididos en un grupo de primero, tercero y quinto semestre, de los cinco planteles y de ambos turnos. Dentro del apartado de sexualidad se formularon ocho reactivos sobre su opinión en los temas de orientación sexual, legalización del aborto, conocimiento y uso de métodos anticonceptivos, de enfermedades de transmisión sexual, relaciones sexuales antes del matrimonio y personas con quienes comentan sus experiencias y dudas de vida sexual.  

Al realizar el análisis de estos tópicos, se encontró que  alrededor de 67% de los alumnos está a favor del aborto y la extensión de pláticas de orientación sexual.  

En el apartado de conocimiento de métodos anticonceptivos, alrededor de 80% de los encuestados se considera informado. Sin embargo, 58% de los alumnos opina que debe tener y buscar más información sobre enfermedades de transmisión sexual y que en la escuela se les debe dar   orientación para prevenir las adicciones y la enfermedades de transmisión sexual, ya que 54.9% manifiesta no tener dicha orientación.  

En lo que se refiere al uso de métodos anticonceptivos, incluyendo el condón, más de 80% opinó que evita riesgos en las relaciones sexuales.  

En el apartado de relaciones sexuales antes del matrimonio, 75% estuvo de acuerdo en tenerlas.  

En cuanto a con quién comentan los temas de la vida sexual, 77% consulta sus dudas con sus padres y 64 habla de   sus experiencias de la vida sexual con sus amigos.    

Un estudio en la comunidad del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM

Existen diferencias internacionales, ya que en países como Chile y El Salvador está prohibido; otros lo autorizan (doce países) cuando se trata de salvar la vida de la madre, como en el caso de México, en donde el aborto también se permite en caso de violación, aunque existen diferencias en las leyes de los estados.  

Las leyes en cuanto al aborto en México han sido modificadas para proteger la salud de la mujer y éstas se han hecho en dos sentidos: a) Permitir el aborto cuando el embarazo pueda poner en peligro la salud de la mujer. Son ocho estados los que permiten el aborto cuando está en peligro la vida de la mujer o cuando hay peligro para su salud (Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Tlaxcala), con algunas variaciones en relación con las circunstancias y los requisitos. Esto significa que 24 de la población femenina en edad fértil de México está   protegida por esta legislación, mientras que al restante 76 aún   no se les reconoce este derecho.

b) Restringir el tiempo en que se puede realizar un aborto cuando el embarazo fue causado por una violación. La opinión de los médicos indica que para evitar peligro en la realización de un aborto éste debe llevarse a cabo antes de cumplir tres meses de embarazo, por ello siete estados (Coahuila, Colima, Chiapas, Chihuahua, Durango, Oaxaca y Veracruz) limitan a este tiempo el aborto cuando el embarazo es resultado de una violación.  

Con excepción del estado de Chihuahua (que estipula un plazo para el caso de violación y no permite el aborto por alteraciones genéticas o congénitas) todos los estados mencionados en el inciso b también permiten el aborto cuando el producto tenga alteraciones genéticas o congénitas, al igual que Puebla, Quintana Roo y Yucatán, mientras que Chiapas incluía esta razón como otra atenuante del delito. Alrededor de 29 de la población femenina en edad fértil habita en los estados donde se permite el aborto por esta causa.  

Asimismo, Colima, Chihuahua y Guerrero permiten el aborto cuando el embarazo es causado por "inseminación artificial no querida ni consentida por la mujer". Las mujeres en edad fértil protegidas por este derecho es de apenas 6. Sólo Yucatán no sanciona el aborto cuando éste obedece a "causas económicas graves y justificadas y siempre que la mujer embarazada tenga ya cuando menos tres hijos". En este estado vive 1.6 de las mujeres en edad fértil.  

En países como Polonia, Costa Rica, Perú, entre otros, se permite por salud física mientras otros seis también lo admiten por razones de salud mental, como España, Suiza y Jamaica; otros por razones socioeconómicas: Finlandia y Gran Bretaña y finalmente veintisiete países de Europa, dentro de los que se encuentran Suecia y Dinamarca no tienen restricciones; se establece un límite gestacional de doce a catorce semanas.
Situacion legal del aborto 

 articulos
 
     
Referencias bibliográficas
     
       
____________________________________________________________
     

Ma. Teresa Velázquez Uribe
Dirreción General del Colegio de Ciencias y Humanidades, UNAM

como citar este artículo

     
imago        
 
  menu2
PDF
           
 
 
Un pincel de luz
Man Ray
   
   
     
                     

Puse una hoja de papel fotográfico en la charola del revelador -una hoja sin exponer que se había mezclado con las ya expuestas a los negativos, ya que primero hacía varias exposiciones y las revelaba todas juntas- y como estuve esperando en vano algunos minutos a que apareciera una imagen, lamentando el desperdicio de papel, mecánicamente coloqué un pequeño cristal en forma de embudo, la regla y el termómetro, en la charola, sobre el papel. Encendí la luz: ante mis ojos una imagen empezó a formarse, no era en verdad una simple silueta de los objetos, como en una fotografía directa, sino distorcionada y refractada por el cristal que estaba más o menos en contacto con el papel, y sobresaliendo en un fondo negro la parte directamente expuesta a la luz. Recordé cuando era niño y colocaba hojas de helecho sobre el papel sensible, lo exponía al sol y obtenía un negativo blanco de las hojas.

Esta era la misma, idea, pero con una cualidad de tercera dimensión añadida y una graduación de tono. Hice unas cuantas impresiones más usando mi precioso papel y dejando a un lado el trabajo más serio de Poiret. Tomaba todo objeto que estaba al alcance de la mano: la llave de mi cuarto de hotel, un pañuelo, algunos lápices, un cepillo, una vela, un pedazo de estambre. No era necesario ponerlos en el líquido, sino que bastaba con ponerlos primero en el papel seco y exponerlos a la luz durante unos cuantos segundos, como con los negativos. Hice algunas impresiones más emocionado, disfrutando intensamente. Por la mñana examiné los resultados, fijando a la pared, con alfileres, un par de Rayografías, como decidí llamarlas. Se veían asombrosamente nuevas y misteriosas. Cerca del mediodía, Tristán Tzara vino para ver si comíamos juntos ...

Notó enseguida mis fotos en la pared y se entusiasmó mucho. Eran creaciones dadá puras, dijo, y superiores, por mucho, a otros intentos similares -simples impresiones en blanco y negro, de textura plana- hechas unos años antes por Christian Schad, uno de los primeros dadaístas.

  articulos

Referencias Bibliográficas

_____________________________________________________________

     

como citar este artículo

     
Você está aqui: Inicio Búsqueda Titulo revistas revista ciencias 69