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| Elí García Padilla | |||||||||||
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El jaguar (Panthera onca) es una especie de la familia
de los felinos (Felidae) que vive en una variedad de ecosistemas, mayoritariamente tropicales, del continente americano, desde el sur de los Estados Unidos (Arizona y Nuevo México), México y Centroamérica (Mesoamérica) y hasta el sur, llegando al norte de Argentina. En México habita ampliamente en la vertiente del Atlántico, del sur de Nuevo León y Tamaulipas a la península de Yucatán, y en la del Pacífico, de Sonora a Chiapas. Algunos de sus refugios más importantes en México, tanto por el tamaño poblacional como por la extensión territorial y el grado de conservación del hábitat, son la región de Los Chimalapas (aproximadamente 600 000 hectáreas) en Oaxaca, Calakmul (723 000) en Campeche, Sian Ka´an (528 000) en la Península de Yucatán, y la mítica Selva Lacandona (331 000) en Chiapas, lo cual da un total de cerca de 2 182 000 hectáreas). Esto convierte a dicha región, junto con las zonas forestadas tropicales adyacentes de Belice y Guatemala (la Gran selva maya) en la segunda zona más importante del continente americano para la conservación del jaguar y de los bosques tropicales; solamente superada por la inmensa selva amazónica.
El jaguar es una especie considerada como en “Peligro de Extinción” por la normatividad mexicana (nom059 semarnat, 2010). De acuerdo con datos del cen Jaguar II, en territorio mexicano quedan alrededor de 4 800 jaguares en estado silvestre, aunque tales datos han sido cuestionados por distintos expertos. Por su parte, organismos internacionales como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en su Lista Roja de 2017 clasifica la especie como “casi amenazada”, pues su rango de distribución es amplio en el continente americano y se estima que sus poblaciones y hábitat natural sólo han decrecido entre 20 y 25% en los últimos veinte años. Adicionalmente, en 2002 se estimó que las poblaciones de jaguar, en un 70% de su rango de distribución, tienen una alta probabilidad de supervivencia. De acuerdo con esta institución, el tamaño de población de la especie estimado a nivel global es de aproximadamente 64 000 individuos (90% en Amazonia). El jaguar fue declarado oficialmente por el Congreso Local del estado de Oaxaca en 2017 como patrimonio tangible e intangible, cultural, natural y biológico. El objetivo es protegerlo de la extinción debida a la destrucción desenfrenada de selvas y bosques, así como de la cacería ilegal y el conflicto con la ganadería. Los organismos involucrados (sociedad civil y academia) buscarán que la unesco reconozca también a la especie como patrimonio tangible e intangible cultural, natural y biológico de la humanidad. En las áreas naturales protegidas de México Existen en México un total de 182 Áreas Naturales Protegidas (44 Reservas de la Biósfera, 40 Áreas de Protección de Flora y Fauna, 67 Parques Nacionales, 18 Monumentos Naturales y 8 Áreas de Protección de Recursos Naturales) de carácter federal, que representan un total de 90 839 521.55 hectáreas (cerca de 13% del territorio nacional). Sin embargo, se estima que sólo 38% del área de distribución del jaguar en México ha sido cubierta —por 43 anp federales. También existen otras figuras similares pero de orden estatal, sin embargo sobre éstas hay poca o ninguna información científica, ya que la gran mayoría carece de un plan de manejo y por lo tanto de una documentación precisa o sistemática de la biodiversidad dentro de las mismas. Por último, existen también Áreas de Conservación Comunitarias (un total de 408, equivalente a 511 338.76 hectáreas), algunas de las cuales poseen una certificación por parte de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. Otras tantas (sin documentación precisa) están sin certificar pero bajo protección, vigilancia y tenencia de las comunidades y sus sistemas normativos internos (usos y costumbres). En un reciente estudio, Armendáriz Villegas y Ortiz Rubio documentaron que dichas áreas federales podrían no estar cumpliendo con el papel para el cual fueron creadas, pues se ha identificado un total de 1 609 concesiones mineras dentro de sus polígonos, lo cual representa un riesgo inminente para la biodiversidad, los procesos ecológicos y los servicios ambientales que proveen las mismas. Esto se agrava por las modificaciones a la legislación ambiental en México con la “Ley General de Biodiversidad” de 2017, sui generis a nivel mundial por permitir de manera legal actividades de exploración y explotación minera dentro de las áreas naturales protegidas decretadas. Finalmente, megaproyectos anunciados por el actual gobierno, tales como el Tren Maya y Tren Transístmico, ponen en evidencia que el falso modelo de progreso y desarrollo que impone el capital no se detendrá pese a todo el negativo impacto social y ambiental que conlleva su establecimiento en dos de las regiones con mayor biodiversidad del país y con los últimos grandes refugios del jaguar en el sureste mexicano (Istmo de Tehuantepec y Península de Yucatán). Todas estas evidencias indican que lo que ocurre actualmente en México en materia socioambiental es un verdadero ecocidio. Consideramos por lo tanto que la verdadera y más efectiva esperanza de la biodiversidad en México y el mundo es el modelo de conservación comunitario ejercido por los pueblos originarios y mestizos que son de hecho los dueños legítimos y ancestrales de todos estos territorios biodiversos que aún persisten y que en común comparten con el jaguar y el resto de los seres vivos. En las Áreas de Conservación Comunitaria Las Áreas de Conservación Comunitarias son zonas protegidas por iniciativa de comunidades, ejidos y pequeños propietarios. Esto es de particular importancia por un par de razones. Primero, a pesar del relativamente alto porcentaje que cubren las áreas federales (cerca de 13% del territorio nacional), la gran diversidad y heterogeneidad de especies en México causa que muchas de las especies no se encuentren dentro de éstas (como el jaguar). Un análisis de vacíos y omisiones en conservación de la biodiversidad terrestre de México (encabezado por Conabio) identificó que sólo 15.9% de los sitios de más alta prioridad para la conservación se encuentra en algún área protegida; segundo, entre 70 y 80% de bosques y selvas en México son de propiedad social, es decir, los dueños son ejidos y comunidades, como en Oaxaca, donde cerca de 80% del territorio es de orden social (comunal y ejidal) y se ha mantenido una resistencia al modelo formal de conservación de la biodiversidad gubernamental. Justamente, un reciente estudio sobre la distribución del jaguar en el estado de Oaxaca (elaborado por Briones y colaboradores) muestra que, a pesar del monitoreo y trabajo de campo, no existen registros formales dentro o cerca de algún área natural protegida con decreto estatal o federal en la entidad; y que de los 31 registros del jaguar identificados en ese estudio, nueve se ubicaron dentro de áreas de conservación (sin certificación) mantenidas por comunidades originarias y siete (51.6% del total de registros) a menos de quince kilómetros de distancia de las mismas. Esto resalta el valor en materia de conservación de dicha especie de este tipo de esfuerzos locales, que si bien son poco conocidos o reconocidos, representan una efectiva y quizá verdadera esperanza a largo plazo para la preservación del jaguar, sus presas naturales, el hábitat y todas las especies que se ven beneficiadas directa o indirectamente de la conservación comunitaria de los bosques tropicales en México, incluyendo la especie humana. El jaguar: una especie sombrilla Las especies sombrilla son aquellas cuya conservación confiere protección a un gran número de otras especies con las que cohabitan en un lugar determinado. Debido a su ámbito hogareño extenso, a su distribución generalizada en Mesoamérica y su estatus como especie focal de numerosas iniciativas de conservación, el jaguar es una especie sombrilla. Sin embargo, existen pocos datos concretos publicados que midan o evalúen dicho precepto. En un reciente estudio, Figel y colaboradores evaluaron la efectividad del jaguar como especie sombrilla para la herpetofauna endémica en lo que se conoce como Centroamérica nuclear (alrededor de 370 000 kilómetros cuadrados), una región que contiene la mayor densidad de reptiles amenazados en el hemisferio occidental y alberga una diversidad extraordinaria de anfibios, la clase de vertebrados más amenazada en el mundo. De las 304 especies endémicas de la región, la distribución de 187 (61.5%) se sobreponen al área de distribución del jaguar, así como la de catorce reptiles, incluyendo una nauyaca arborícola (Bothriechis spp.) en “peligro crítico” y dos lagartijas abaniquillo (Norops spp.) en “peligro de extinción”. Similarmente ocurre con diecinueve especies de anfibios, incluidas cuatro ranitas de hojarasca (Craugastor spp.) y dos ranas arborícolas de montaña (Plectrohyla spp.) en peligro crítico. Los resultados indican que el traslape de la distribución del hábitat del jaguar con la de muchas otras especies fortalece la justificación de una aplicación más amplia de la estrategia sombrilla, contribuyendo también en la selección de áreas de conservación previamente subestimadas o ignoradas. Por lo tanto, de invertirse más y mayores esfuerzos y presupuestos para la investigación, protección y conservación del jaguar, especies endémicas y vulnerables de anfibios y reptiles, que muchas veces son poco carismáticas o visibles para la ciencia, instituciones y presupuestos, se verían beneficiadas directa e indirectamente a largo plazo gracias a la conservación del carismático, icónico y emblemático “señor de los animales”. Su importancia simbólica y cultural Varias son las representaciones de origen prehispánico en las cuales se rinde culto al jaguar. El también conocido como “tigre” o tecuani es considerado por muchos pueblos originarios y mestizos como un dios y a veces como un ser dual (mitad hombre y mitad animal: nahual). Este felino americano posee un valor simbólico sin igual. En la región maya es conocido como B´alam (el señor de los animales) y está asociado con la noche, el inframundo, el manto estelar, la fertilidad y el maíz (alimento sagrado de nuestros pueblos). Por su parte, la cultura olmeca (cultura madre de Mesoamérica) en su mito fundacional retoma a la figura del jaguar como padre que dio origen, al cruzarse con una mujer, a los primeros habitantes mesoamericanos de donde descienden todos nuestros pueblos originarios actuales (mixes, zoques, mixtecos, popolocas, zapotecos, ikoots y chontales, entre otros). Por lo tanto, varios investigadores han denominado a estos pueblos como “pueblos del jaguar” y a sus habitantes como verdaderos “hijos del jaguar”. Conocidas son también las representaciones en el arte rupestre de Guerrero y Oaxaca que muestran imágenes plasmadas de tiempos prehistóricos o ancestrales, donde jaguares antropomorfos copulan con mujeres. En el pueblo ayuujk (mixe) de Hueyapam se documentó recientemente en una cueva (la Cueva del Rey Koonk Ey) la presencia de imágenes tridimensionales talladas en la roca madre, a tamaño real, de jaguares teniendo sexo con mujeres. Dicho sea de paso, las cuevas son el hábitat idóneo del jaguar y también representan la matriz o vientre femenino y por lo tanto simbolizan la fertilidad y la vida en la madre tierra. También entre estos pueblos mixes, su máxima deidad conocida como el Rey Koonk Ey (Condoy), al cual se rinde culto en el cerro sagrado Zempoaltépetl, representa a un personaje que, aunque nació del huevo de una serpiente (según la tradición oral), se le atribuyen rasgos y relación directa con la figura del jaguar. Entre los nahuas el jaguar es conocido como ocelotl y es símbolo de la guerra y la realeza. Una de las figuras mas importantes de la también conocida como cultura azteca o mexica es el dios Tezcatlipoca (señor del espejo humeante) el cual tiene como animal dual o alter ego al jaguar conocido como Tepeyolotl (corazón del monte). Se dice que en tiempos en que existían los gigantes en la faz de la tierra, Tezcatlipoca se convirtió en jaguar para devorar y acabar con esta raza de antiguos seres mitológicos. Todavía hasta nuestros días se rinde culto al jaguar en el estado de Guerrero, en donde se lleva a cabo un ritual de petición de lluvia conocido como “la tigrada”, destacándose Zitlala (lugar de estrellas); allí el ritual de los tecuani (devoradores de hombres) se lleva a cabo con el objetivo de pedir por las lluvias, la fertilidad de la tierra y la obtención del sagrado maíz, alimento ancestral de los pueblos mesoamericanos, y se convierte en verdaderas batallas campales y sangrientas en las que la ofrenda a los dioses es precisamente la sangre, pues cada gota de sangre derramada se convertirá en una gota de agua de lluvia que dé fertilidad, sustento y vida a la comunidad. Para los mixtecos de Oaxaca, uno de los personajes más emblemáticos asociados al jaguar es el Señor 8 Venado Garra de Jaguar, de los más importantes en la memoria del llamado pueblo de las nubes (Ñuu Savi), quien adicionalmente ha sido vinculado con la figura de Quetzalcóatl por las similitudes de sus representaciones iconográficas en un par de códices. Por su parte, los antiguos pueblos zapotecos, como los asentados en Monte Albán (antes Cerro del jaguar) de igual forma veían al felino como símbolo de realeza; se sabe que cuando los mixtecos tomaron dicha ciudad destruyeron un jaguar de cerámica conocido como el jaguar de Monte Albán, símbolo de la familia real en el poder que había sido derrocada. El jaguar está vivo y vigente en la cosmovisión de los pueblos mesoamericanos, en la tradición oral, en los mitos fundacionales; es el señor de los animales, el corazón del monte, una especie de guardián del monte y por lo tanto de la biodiversidad, del bosque, el agua, de la vida. Conscientes o no, los pueblos chimas (zoques) descendientes directos de los olmecas, “pueblos del jaguar”, son hoy día y desde hace por lo menos 2 500 años, los guardianes de la última gran selva de México: los Chimalapas, que es hábitat del jaguar y refugio más importante de una gran variedad de seres vivos, tal vez la más diversa en toda Mesoamérica. Finalmente, el jaguar seguramente estará también presente al final de los tiempos actuales, pues según una profecía maya-lacandona recitada por Chan K´ín Viejo, el sabio de la selva Lacandona, en el final de los tiempos, cuando la cabeza de Pájaro Jaguar (último jerarca de Yaxchillán) regrese al trono, entonces caerán los jaguares del cielo y comerán y acabarán con la extirpe humana, para que así venga el inicio de un nuevo ciclo de renacimiento de la vida en la tierra. Conclusiones Vivimos tiempos críticos en materia socioambiental en México y el mundo. Enfrentamos actualmente una extinción masiva de especies y pérdida constante y acelerada de biodiversidad. El modelo político y económico que impera en nuestros tiempos, un capitalismo salvaje y suicida, atenta no sólo contra la supervivencia del jaguar y las especies asociadas, también contra la de la especie humana y de toda la vida como actualmente la conocemos sobre la faz de la Tierra. Urge fomentar y promover acciones efectivas para restablecer la relación del ser humano (sociedad) con su entorno biótico (naturaleza) y con los demás seres vivos (especies) con los que compartimos hábitat en este momento. Retomemos las enseñanzas ancestrales y prácticas de la sabiduría tradicional de los pueblos originarios. Todavía hoy día se escuchan y leen las sabias palabras del mencionado líder espiritual maya-lacandón (el sabio de la selva Lacandona): “todos los seres vivientes estamos relacionados, amarrados de la misma raíz. Cuando Hachakium hizo las estrellas, las hizo de arena y piedras y las sembró. Las raíces de cada estrella son las raíces de un árbol; cuando se cae un árbol, una estrella cae del cielo [. .] Cuando Hachakium terminó de modelar a los hombres de barro —menos los dientes que fueron hechos de maíz—, los colocó durante una noche sobre las ramas de un cedro (kuché-árbol dios), quien con su misma sangre (savia) ayudó al despertar de los lacandones. Después, al tallarse las manos, los rollos y fragmentos de arcilla cobraron vida al caer a la tierra, volviéndose serpientes, hormigas, alacranes, gusanos, zancudos, mosquitos y todo género de bichos”. |
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Referencias Bibliográficas
Armendáriz Villegas, E. J. y A. Ortega Rubio. 2015. “Concesiones mineras en Áreas Naturales Protegidas de México”, en La Jornada Ecológica, núm. 200, agosto-septiembre (https://cutt.ly/9GFO4bH).
Briones Salas, M., M. C. Lavariega e I. Lira Torres. 2012. “Distribución actual y potencial del jaguar (Panthera onca) en Oaxaca, México”, en Revista Mexicana de Biodiversidad, vol. 83. núm. 1, pp. 246-257. Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. 2018. Aumenta la población de jaguar en México. Gobierno de México (https://cutt.ly/6GFPqfQ). Figel, J. J., et al. 2018. “Threatened amphibians sheltered under the big cat’s umbrella: a conservation evaluation of jaguars Panthera onca (Carnivora: Felidae) and endemic herpetofauna in Nuclear Central America”, en International Journal of Tropical Biology and Conservation, vol. 66, núm. 4, pp. 1741-1753. Galindo Leal, C. 2010. “Áreas Comunitarias Protegidas en Oaxaca”, en Carabias, J., et al. (coords.). Patrimonio natural de México. Cien casos de éxito. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, México. Quigley, H., et al. 2017. Panthera onca. The IUCN Red List of Threatened species. |
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| Elí García Padilla Biólogo, fotógrafo y escritor Ha contribuido al conocimiento de la biodiversidad mesoamericana con alrededor de cien artículos científicos y de divulgación. Sus fotografías se han publicado en diversos medios impresos, digitales y en exposiciones fotográficas colectivas de prestigio. |
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| María Cristina Ordoñez Díaz y Leopoldo Galicia Sarmiento | |||||||||||
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La colonización, el desarrollo humano,
la urbanización, la industrialización y la sobrepoblación han llevado los impactos humanos hasta los rincones más recónditos del planeta, alterando y modificando la biodiversidad y, en consecuencia, la estructura y composición de los ecosistemas naturales. Es el caso del reemplazo de especies de animales y plantas silvestres por domesticadas, sea deliberada o accidentalmente, y el uso de recursos para satisfacer la creciente demanda de alimentos que ha provocado la homogenización de paisajes, la pérdida de hábitats y la extinción de flora y fauna, cuyos efectos se reflejan en los cambios en la riqueza, composición y diversidad de plantas de los ecosistemas naturales.
En los bosques templados, la deforestación, la tala selectiva, la reforestación y la introducción de especies han resultado en que cerca de 66% de los bosques originales del mundo difieran de su composición inicial, suficiente para que se degraden o sigan nuevas trayectorias sucesionales, cruzando umbrales ecológicos que difícilmente podrían ser restaurados a su estado inicial; en el continente americano, por ejemplo, la llegada de los seres humanos modificó las comunidades vegetales, pero también con la cacería se alteró la abundancia de los herbívoros y los dispersores de semillas, transformando la abundancia relativa de las especies de plantas y su dinámica sucesional. La alteración en la proporción de especies y la conformación de nuevos ensamblajes se pueden reflejar en cambios en las funciones de los ecosistemas y en su resistencia y resiliencia, originando características novedosas y procesos ecosistémicos que aún son poco conocidos. Los nuevos ecosistemas pueden identificarse por sus orígenes derivados de la acción humana, la composición de especies alterada significativamente, la capacidad de sustentarse a sí mismos, y el presentar cualidades novedosas aun cuando el impacto humano ha desaparecido. Sin embargo, no todos los ecosistemas perturbados pueden ser considerados nuevos ecosistemas; aquellos altamente degradados han perdido su capacidad para ofrecer servicios ecosistémicos, mientras los nuevos, si bien sufren modificaciones, continúan proporcionando una gama de éstos, sean similares o diferentes a los anteriores. Desde un enfoque social, los nuevos ecosistemas son conceptualizados como un sistema socioecológico, por lo que su gestión dependerá de la valoración humana que implica la toma de decisiones con base en el contexto ecológico y la perspectiva social. Dado que la mayoría de los ecosistemas forestales actuales son el resultado del uso y la producción social, el conocimiento de los múltiples servicios ecosistémicos que pueden proporcionar depende de encontrar formas de gestionarlos como nuevos ecosistemas en el contexto socioecológico particular. Es decir, la formación continua de los denominados “nuevos ecosistemas” ofrece oportunidades para profundizar sobre el impacto que éstos tienen en la distribución y abundancia de las especies dentro de la dinámica de umbrales, en la estructura y funcionamiento del ecosistema, así como sobre su importancia en los procesos de extinción y especiación en las próximas décadas del siglo xxi. En consecuencia, es imperativo para la toma de decisiones, en consonancia con el contexto socioecológico y de cambio global que enfrentamos actualmente, entender los nuevos ecosistemas desde su identificación hasta las implicaciones en su estructura, funcionamiento y provisión de servicios ecosistémicos. Nuevos ecosistemas forestales En México, los bosques de pino de los alrededores de las grandes urbes son muy probablemente ensambles emergentes de especies, producto del efecto combinado de fuegos recurrentes y tala selectiva, aunado al de la defaunación y extracción constante de hongos, frutos y leña; los que se encuentran en el centro de México son tal vez de los ecosistemas nuevos más comunes en nuestros paisajes. El manejo forestal, resultado de las políticas de ordenamiento de los bosques y los esfuerzos de planificación, han transformado los bosques naturales en una colección de bosques homogéneos con una distribución de clases de edad equilibrada. El manejo forestal se ha desarrollado sin un buen conocimiento de la ecología de las especies que se cultivan, predominando modelos poco actualizados e inadecuados para las condiciones de la zona, con plantaciones monoespecíficas de estructuras uniformes. Tal enfoque se ha empleado con el fin de maximizar la productividad a menores costos. Como consecuencia, la mayoría de los bosques manejados no han podido desarrollar su potencial para proveer servicios ecosistémicos adicionales a la provisión de madera debido a tan inapropiada gobernanza e insuficiente aplicación de conocimiento, técnicas y tecnología que les permita proveer bienes y servicios ecosistémicos. Adicionalmente, la ausencia de una política nacional forestal verdadera que planifique y organice la apropiación de los recursos forestales con una orientación ecológica, dirigida a satisfacer las necesidades sociales y económicas de la nación está repercutiendo en la integridad ecológica y funcional de estos ecosistemas vitales para las comunidades humanas y animales del país. Asimismo, dicho manejo, altamente convencional, ha limitado los rangos ecológicos en los bosques manejados al provocar cambios en la estructura y composición florística; en éstos predominan ahora pinos, especies colonizadoras eficientes de menor tiempo de crecimiento y valor económico maderable, y son operados en forma extensiva e intensiva mediante tala selectiva y cosecha según un plan establecido, en donde finalmente se extraerá la madera en su totalidad o parcialmente, para después empezar un nuevo ciclo. Además, tal manejo tiene consecuencias en la capacidad de regeneración natural al modificar el tamaño, la edad y distribución de los árboles, repercutiendo en la diversidad arbórea al favorecer la dominancia de ciertas especies. A fin de cuentas, se está modificando las condiciones bióticas y abióticas del bosque con posibles efectos sobre funciones ecológicas, servicios ecosistémicos y trayectorias sucesionales. Como resultado de lo anterior, se están convirtiendo áreas naturales en ecosistemas degradados o con la habilidad de manifestar características novedosas, como se expresa en los ecosistemas forestales manejados, en donde la introducción de especies forestales mantiene servicios ecosistémicos después de la disminución o reemplazo de especies. Esto representa una valiosa oportunidad para reevaluar el papel del bosque plantado en la prestación de servicios ecosistémicos y en escenarios de cambio climático; se debe incluir, por tanto, estrategias como la diversificación de la producción forestal, incluyendo especies de interés, lo cual permitirá asegurar servicios adicionales que pueden ser incluidos en objetivos específicos de programas nacionales como los de pago por servicios ecosistémicos. La continua transformación de los bosques templados por medio del manejo ha propiciado una colección de bosques con una distribución de clases de edad homogénea y monoespecíficos en lugares donde antes predominaban diversos pinos y encinos y bosques mesófilos. Los métodos de aprovechamiento consisten en cortas de bosques existentes y el repoblamiento con especies de pinos de valor comercial (Pinus engelmanni, P. montezumae, P. pseudostrobus, P. ayacahuite var. veitchii, P. durangensis, P. arizonica y P. patula) para la extracción de madera con el fin de maximizar la productividad de madera a menores costos. De hecho, los sistemas silvícolas modifican directamente la estructura y composición del bosque, ya que tienden a favorecer y seleccionar ciertas especies, además de incrementar la mortalidad de individuos o grupos de especies. Diversos estudios en el norte de México han encontrado este tipo de cambios como consecuencia de largos periodos de manejo forestal. La simplificación de la estructura y la preferencia hacia las especies de mayor valor comercial puede aumentar asimismo la vulnerabilidad de estos ecosistemas al alterar procesos fundamentales como los ciclos biogeoquímicos y los regímenes de disturbios, induciendo una pérdida en la resiliencia a los cambios ambientales en el largo plazo. A pesar de ello, el impacto de la cosecha de biomasa en la reducción o eliminación de la complejidad estructural, la simplificación de hábitats y los mecanismos de facilitación no han sido explorados en estudios en bosques templados mexicanos. El origen de esta nueva configuración de bosques es resultado del impacto humano, deliberado o accidental, principalmente por el proceso denominado “pinarización”, que induce cambios severos en la estructura y composición florística de los bosques templados con particular riesgo para la conservación de la biodiversidad. A medida que se reduce la abundancia de encinos por la tala selectiva, las especies de pino van dominando los ecosistemas, afectando negativamente el reclutamiento de otras especies, alterando los ciclos de sucesión natural; se reducen también los grupos de especies asociados a la vegetación original, como bejucos, lianas, helechos y afines, los arbustos y árboles del interior, así como la biomasa y riqueza de epífitas, que dependen del grado de alteración del bosque y el tiempo de colonización. La permanencia de pinos sin presión hasta los estados maduros y época reproductiva (más de 30 años) favorece su dominancia, induciendo a la pinarización del paisaje por el disturbio humano permanente de baja intensidad. De esta forma, aun cuando el impacto humano desaparezca, la trayectoria sucesional del bosque ha sido modificada, la dominancia de pinos afecta el desarrollo de plántulas originales, alterando las tasas de reclutamiento, particularmente reduciendo las posibilidades de reclutamiento de otras especies. Cuando el índice de valor de importancia de las especies de pino alcanza entre 60 y 70%, las condiciones edáficas también cambian drásticamente; por ejemplo, la humedad del suelo se reduce respecto de los bosques mixtos de pino y encino y los bosques maduros de encino. Sin embargo, aún es escaso el conocimiento de las relaciones entre los rasgos asociados con la respuesta de las plantas a factores ambientales, como los recursos y las perturbaciones (rasgos de respuesta) y los rasgos que determinan los efectos de las plantas en las funciones del ecosistema (rasgos de efecto), como la descomposición o la propensión a las perturbaciones, ya que éstas han sido poco exploradas; por ejemplo, la disminución de otras especies afecta el piso forestal debido a que la hojarasca de encinos y otras especies favorecen la germinación y el establecimiento temprano de las especies, contrariamente a lo que ocurre en un bosque netamente de pino, por lo que se ven afectados procesos y funciones ecológicas como la cantidad y calidad del mantillo, el ciclo de nutrimentos y la biomasa microbiana, modificándose la cantidad de carbono almacenada en la vegetación y en el suelo. Asimismo, se puede alterar la calidad del recurso hídrico y el régimen hidrológico; se ha demostrado que luego de unos años del establecimiento de pinos, los caudales comienzan a disminuir debido a un aumento en la tasa de evapotranspiración. El manejo forestal está causando, por lo tanto, una reducción en la diversidad florística, alterando la dinámica y la estructura de los ecosistemas, así como los rasgos de respuesta, los que resultan del efecto producido en las comunidades vegetales y dan lugar a nuevos ecosistemas que tienen la capacidad de seguir funcionando y proporcionando una gama alternativa de servicios ecosistémicos. En conclusión, la posibilidad de restaurar un bosque pinarizado a un estado precedente al disturbio, histórico, no es posible debido a que las características bióticas y abióticas cambiaron. Perspectivas de manejo de nuevos ecosistemas El continuo surgimiento de nuevos ecosistemas derivado del manejo forestal exige la adopción de una teoría de gestión de ecosistemas más amplia y que admita la incertidumbre sobre las posibles trayectorias de éstos y los objetivos de gestión en contextos socioecológicos específicos. A partir de la adopción del concepto de “nuevos ecosistemas” se podrá otorgar valores para la conservación a ecosistemas forestales manejados, ofreciendo una nueva alternativa para el mantenimiento de características funcionales y permitiendo obtener beneficios ecológicos y sociales de los paisajes impactados. Así, los bosques manejados serán entendidos por el conjunto de funciones ecológicas, mientras proveen madera para las sociedades, en donde las decisiones en torno a su gestión dependerán de los valores individuales y sociales. De esta forma, el contexto socioecológico determinará el grado de novedad permitido en un ecosistema y las acciones específicas para su manejo. Dado lo anterior, para la toma de decisiones es imperativa la creación de marcos de referencia que permitan la identificación y gestión de los nuevos ecosistemas. El marco de referencia propuesto obedece a la necesidad de identificación, reconocimiento y gestión de nuevos ecosistemas (figura 1); para ello, la identificación del nuevo ecosistema debe ajustarse al cumplimiento de cuatro aspectos que demuestran su separación de un ecosistema prístino, histórico o degradado, pero con la capacidad de ser funcional y de proyectar características diferentes. Asimismo, con la finalidad de que sean incluidos en la toma de decisiones y los objetivos de gestión se debe identificar a los beneficiarios directos e indirectos de los servicios ecosistémicos, proveídos o potenciales, mediante una valoración sociocultural y ecológica dirigida a dicha gestión. Las comunidades rurales que dependen de la extracción de madera de estos bosques podrán ser apoyadas para aplicar mecanismos que permitan mantener y mejorar la biodiversidad de los ecosistemas y, en esa medida, la capacidad de funcionar para proveer otros servicios ecosistémicos. México cuenta con más de 150 especies diferentes de encino y más de 70 taxones de pino que podrían ser cultivadas con base en principios ecológicos de diversidad y estabilidad a partir de la búsqueda de nuevos usos y valores de productos maderables y no maderables (bioprospección), ampliando al mismo tiempo la captura de carbono, la regulación hídrica y el mantenimiento y mejora de la biodiversidad mediante la provisión de hábitats para la vida silvestre o corredores biológicos. De esta forma se podría seleccionar ensamblajes ecológicos deseables para la sostenibilidad que permitan maximizar el beneficio humano. Finalmente, los ecosistemas nuevos seguirán surgiendo en el antropoceno; la deforestación, la intensidad de manejo, entre otras causas, seguirán ocurriendo, por lo que se continuarán manifestando las modificaciones en los ecosistemas, en sus procesos, configuraciones y ensamblajes, generando nuevos desafíos para la gestión. El futuro del conocimiento de los múltiples servicios ecosistémicos de los bosques manejados depende de encontrar formas de gestionarlos como nuevos ecosistemas en el contexto socioecológico particular, dado que la mayoría de los ecosistemas forestales de hoy son resultado del uso y la producción social; esto permitirá que se invierta y fomente la investigación para los tipos de nuevo ecosistema a fin de entender el papel de nuevos ensamblajes de especies y sus características funcionales en la estructura y funcionamiento. |
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| Agradecimientos Al Instituto de Geografía y Programa de Becas Posdoctorales DGAPA de la Universidad Nacional Autónoma de México por el financiamiento y apoyo del primer autor. |
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Referencias Bibliográficas Collier, M. J., y C. Devitt. 2016. “Novel ecosystems: Challenges and opportunities for the Anthropocene”, en Anthropocene Review, vol. 3, núm. 3, pp. 231-242.
González Espinosa, M., et al. 2009. “Tendencias y proyecciones del uso del suelo y la diversidad florística en Los Altos de Chiapas, México”, en Investigación ambiental, vol. 1, núm. 1, pp. 40-53. Guerra De la Cruz, V. y L. Galicia. 2017. “Tropical and highland temperate forest plantations in Mexico: Pathways for climate change mitigation and ecosystem services delivery”, en Forests, vol. 8, núm. 489, pp. 114. Hobbs, R. J., E. Higgs y J. A. Harris. 2009. “Novel ecosystems: implications for conservation and restoration”, en Trends in Ecology and Evolution, vol. 24, núm. 11, pp. 599-605. Seidl, R., W. Rammer y T. A. Spies. 2014. “Disturbance legacies increase the resilience of forest ecosystem structure, composition, and functioning”, en Ecological Applications, vol. 24, núm. 8, pp. 2063-2077. |
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| María Cristina Ordoñez Díaz Departamento de Geografía Física, Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México y Unidad de Investigación en Ecología Tropical uniet. Fundación Universitaria de Popayán. Es bióloga y doctora en Ciencias Ambientales, ambos Universidad del Cauca (Colombia). Estancia posdoctoral en Instituto de Geografía de Universidad Nacional Autónoma de México (2017-2019) y Ecotecma sas (2020-2021). Actualmente docente investigadora Fundación Universitaria de Popayán (Colombia). Investigador Junior Minciencias Colombia. Desarrolla las siguientes líneas de investigación: ciencias del suelo y modelación de ecosistemas. Leopoldo Galicia Sarmiento Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México. Labora en el Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México desde 2003. Actualmente es Investigador Titular C, y profesor de ecología de ecosistemas en el Posgrado en Ciencias Biológicas. Sus principales líneas de investigación están relacionadas con entender los procesos que caracterizan la estructura y funcionamiento de los bosques templados. |
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| Olivia Márquez Fernández |
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| Desde que era niña, las estrellas y todo lo referente
a la astrofísica llamaron poderosamente mi atención. Como muchas otras personas me preguntaba si habría vida inteligente en otro planeta, en alguna de las galaxias, y si esta vida podría acercarse a nosotros. En ese entonces un conocido periodista de tv, tenía una frase de moda: “no estamos solos”, refiriéndose a las supuestas “evidencias” de seres extraterrestres, y supuestos avistamientos de ovnis. Sin embargo, estudiar este tema no era una opción lógica para vivir, así que opté por aprender sobre los sistemas solares invisibles y estudié química. Durante algunos años de trabajar y aprender algo sobre la química de las plantas y los hongos, sé que definitivamente los humanos no estamos solos. Sin que nos ocasionen daño, cargamos con una gran cantidad de microbios dentro y fuera de nuestro cuerpo y aún desconocemos todas las implicaciones que esto tiene, pues algo parecido ocurre con el reino vegetal, y una plantita, aun muy cuidada en una maceta, no está para nada sola.
Recientemente se ha reconocido que desde el origen de la vida en la Tierra, los microorganismos (bacterias y hongos) han estado vinculados estrechamente a las plantas, y a los seres vivos en general, desempeñando papeles importantes en la salud de plantas y animales, incluidos los humanos. Las bacterias y hongos pueden afectar la vida de otros organismos de manera benéfica o perjudicial. Por un lado, gracias a algunos de estos microorganismos existe la vida en el planeta y fue posible la agricultura, aunque otros son causantes de múltiples enfermedades en animales y cultivos importantes. En este texto abordamos algunas preguntas sobre las relaciones de los hongos con las plantas. Para comenzar, ¿qué son los hongos? Una combinación de características relativas a su forma y crecimiento (fisiología) distingue a los hongos de otros organismos. A pesar de la aparente similitud entre algunos hongos y las plantas (por ejemplo, poseer una pared celular, estar fijos a un sustrato y absorber nutrimentos mediante estructuras físicas), los hongos carecen de clorofilas u otros pigmentos fotosintéticos, por lo que que no fabrican su alimento y viven a expensas de la materia orgánica que descomponen o digieren; sus paredes celulares están hechas mayormente de quitina, similares a las que se encuentran en los exoesqueletos de insectos y crustáceos, la cual otorga mucha resistencia a su pared celular; otro rasgo que los distingue de las plantas es el almacenamiento de glucógeno y grasas, como las que tenemos en hígado y músculos, y no almidón como las plantas. Todo esto, además de los detalles obtenidos del estudio de su adn, ubican a los hongos como un reino independiente: Fungi. Los hongos presentan una enorme diversidad de formas y tamaños que van de las levaduras unicelulares microscópicas (las cuales se encuentran en el suelo, la piel de los frutos y, en general, en nichos con alto contenido de azúcares simples), a cuerpos multicelulares complejos, formados por una red interconectada de células tubulares llamadas hifas y que, en conjunto, forman el micelio. Estos tubos individuales crecen de manera polar, es decir en la punta, y forman ramas que exploran su entorno, compitiendo e interactuando con otros organismos, para colonizar su medio. En los hóngos macroscópicos, la parte subterránea del hongo es la porción “vegetativa” también llamada micelio de nutrición, pues es el encargado de absorber el agua, las sales minerales, y de digerir las sustancias orgánicas. En determinadas condiciones, dicho micelio produce un cuerpo fructífero, comúnmente en forma de una sombrilla o sombrero muy vistoso —el más conocido—, o adoptar muy variadas formas. Es en esta porción sobre el suelo, llamada basidiocarpo, en donde se originan las esporas sexuales que, como las semillas de una planta, son las encargadas de la reproducción; el viento se encarga de dispersarlas y, al caer en lugares adecuados, germinan. Muchos hongos, como los mohos que proliferan en condiciones de humedad y vemos en el pan, en la comida olvidada en el refrigerador o en los zapatos, se reproducen tanto sexualmente (unión de gametos) como asexualmente; ambos tipos de esporas poseen una gran resistencia a las condiciones extremas y conservan su vida latente mucho tiempo. ¿Cuál es su papel en los ecosistemas? Cuando un organismo muere, se descompone gracias a la actividad de las bacterias del suelo y de los hongos. Estos degradadores primarios ponen en circulación nuevamente los nutrimentos atrapados en los tejidos de los organismos muertos, en una especie de reencarnación molecular continua en donde se recicla átomos y moléculas. Mediante la acción de dichos organismos se libera carbono hacia la atmósfera en forma de dióxido de carbono (CO2), nitrógeno como N2 o N2O (óxido nitroso), y se liberan minerales hacia el suelo en forma soluble. Por ello los hongos tienen un papel primordial en los ciclos biogeoquímicos de carbono, nitrógeno, azufre, fósforo y otros elementos esenciales. Además, a lo largo de la evolución humana han proporcionado múltiples beneficios como alimento directo o mediante la fermentación en la producción de pan y otros alimentos, bebidas como la cerveza y el vino, y en la obtención de fármacos y antibióticos como la penicilina; pero también enfermedades en plantas y animales —como ya se mencionó—, algunas devastadoras como la roya, el damping off (club de diferentes hongos), infecciones mortales en pacientes con inmunodeficiencias o en uñas y piel. Sus interacciones con las plantas Sin los hongos, tal vez las plantas nunca habrían colonizado la tierra, pues se piensa que las primeras plantas terrestres, carentes de raíces, evolucionaron a partir de algas de agua dulce, captando agua y nutrimentos (nitrógeno y fósforo) mediante asociaciones con hongos filamentosos que habitaban el suelo. Este intercambio entre hongos y organismos fotosintéticos o algas, probablemente permitió a las plantas terrestres dominar los continentes hace aproximadamente quinientos millones de años, transformando la litósfera (capa exterior de la Tierra), la biósfera (los sistemas vivos de la Tierra) y la atmósfera en lo que son hoy día. A las interacciones positivas o benéficas de plantas y hongos se les conoce como mutualismo plantahongo o simbiosis plantahongo. Las simbiosis con hongos más importantes son las micorrizas y también los hongos endófitos que viven “dentro de la planta”; las primeras son asociaciones mutualistas en donde los hongos se encuentran colonizando las raíces, formándose cuando las hifas del hongo se ramifican en el suelo y crean una extensa red que interconecta de manera subterránea con las raíces de la planta, ya sea de una o de diferente especie. En esta relación, las plantas (interconectadas) brindan nutrimentos a los hongos y, a su vez, éstos sirven como extensiones de las raíces para obtener minerales y nitrógeno. Actualmente se sabe que cerca de 90% de las plantas vasculares poseen micorrizas y, por lo tanto, es posible sugerir que sin estas relaciones muchas plantas no crecerían o lo harían en forma ineficiente. Existen principalmente dos tipos de micorrizas: las endoectomicorrizas, en las cuales el hongo permanece entre las células de la raíz de la planta; y las endomicorrizas, en donde el hongo se encuentra exclusivamente al interior de las células de la raíz. Sólo 2% de las plantas vasculares forman endoectomicorrizas, en su mayoría son especies forestales de importancia ecológica y económica que crecen en lugares templados y boreales y, en menor grado, en bosques tropicales, como robles (Quercus spp), hayas (Fagus spp), pinos (Pinus spp), piceas (Picea spp), eucaliptos (Eucalyptus spp) y meranties (Shorea spp); de igual manera, los hongos ectomicorrícicos incluyen muchas especies comestibles bien conocidas, como los rebozuelos (Cantharellus spp.), las trufas (Tuber spp.), los milkcaps (Lactarius spp.), los boletos (Boletus spp) y tecomates (Amanita cesarea). Las endomicorrizas, por su parte, pueden ser de dos tipos: micorrizas arbusculares, en donde los hongos forman estructuras en espiral al interior de las células de las raíces, y que se presentan en aproximadamente 80% de las especies de plantas vasculares, lo que comprende la mayoría de los cultivos alimentarios, plantas herbáceas y árboles como enebro (Juniperus spp.), arce (Acer spp.), manzana (Malus spp.) y cereza (Prunus spp). Los otros dos tipos de micorrizas se encuentran restringidos a dos familias botánicas: el primero, las micorrizas ericoides, específicamente asociadas a plantas de la familia del madroño, la azalea, los arándanos, el brezo y demás parientes (Ericaceae); las segundas, las micorrizas de las orquídeas (Orquideaceae). Se puede decir que estos socios fúngicos actúan como intermediarios vivos entre las plantas y el suelo. De esta forma, los hongos obtienen un sustrato físico en donde fijarse y alimento mediante una fuente estable de carbohidratos, mientras las plantas mejoran su capacidad de absorción de agua y nutrimentos; es decir, los hongos “movilizan” minerales que frecuentemente no están disponibles (solubles) para ser absorbidos por las raíces de la planta, y mejoran la estructura del suelo al formar agregados y poros, además de ser un almacén de carbono. De manera indirecta, las plantas y los árboles mejor nutridos producen flores y frutos más grandes o vistosos, lo que aumenta el atractivo para los insectos polinizadores y, por tanto, la eficiencia para replicarse y mejorar genéticamente de manera natural. En la mayoría de los casos, el micelio fúngico (subterráneo) puede simultáneamente colonizar varias plantas hospederas, de una o de diferentes especies, lo que produce una red de transmisión de nutrimentos y otras señales de comunicación subterránea. Una especie de internet de los árboles, que ha sido principalmente estudiada en las coníferas y abetos de los bosques canadienses. Los hongos endófitos Los endófitos se denominan así porque parte o todo su ciclo de vida ocurre al interior de una especie vegetal sin ocasionarle daño observable, y puede estar en las partes aéreas de las plantas, como tallos, ramas, brotes y hojas. Se les clasifica como endófitos obligados o facultativos según su permanencia en la planta hospedera; los primeros dependen del metabolismo de la planta para su sobrevivencia y crecimiento, mientras los segundos pueden estar fuera de la planta en alguna etapa de su ciclo de vida, principalmente en el suelo, para luego ingresar en la planta por grietas existentes en las uniones de las raíces laterales, a través de los estomas (sitios de intercambio gaseoso) presentes en grandes cantidades en las hojas, o por aberturas hechas por daño mecánico. En la naturaleza, las plantas están continuamente amenazadas por una amplia gama de organismos patógenos, plagas y herbívoros, los cuales rompen sus barreras físicas. Para protegerse activan su armamento químico en el momento en que el invasor las ataca. A este tipo de resistencia se le llama inducible sistémica (porque se presenta en cualquier sitio de la planta). Todas las plantas (desde el Ártico hasta los trópicos), albergan hongos endófitos (figura 1) y existe suficiente evidencia de que esta relación es beneficiosa para el crecimiento de las plantas, especialmente en ambientes hostiles. En efecto, el trabajo de años y de muchos científicos ha mostrado que algunas especies del género llamado Trichoderma, al ser utilizados en sembradíos pueden inducir la resistencia de las plantas a algunas enfermedades por virus y bacterias, a la sequía, al exceso o escasez de sales, y también incrementar la tolerancia al calor o frío; algo así como una especie de guardaespaldas fúngicos. Los hongos endófitos y los micorrícicos fabrican sustancias que son utilizadas como mensajes hacia la planta, dependiendo del estado de desarrollo de ambos organismos. En respuesta a tales mensajes químicos, la planta hospedera puede sintetizar moleculas específicas debido a la presencia del endófito, o incrementar los niveles de su armamento químico original, sus defensas. Como consecuencia, las plantas pueden ser más eficaces en respuesta al ataque de muchos tipos de patógenos, como virus, bacterias, otros hongos nocivos, e inclusive al ataque de insectos herbívoros y mamíferos (figura 1). Los estudiosos explican que las sustancias producidas por los hongos pueden actuar como hormonas vegetales, regulando la expresión de genes de la planta que controlan las vías de fabricación de sustancias químicas. Algunos endófitos son capaces de producir una variedad de sustancias químicas que directamente resultan tóxicas para ciertos patógenos o antioxidantes, incrementando con esto la protección y la capacidad de sobrevivencia de la planta ante varios tipos de estrés ambiental. Así se ha documentado una variedad de sustancias químicas producidas por hongos endófitos de pastos y hierbas, como el alcaloide lolina, que han resultado ser toxicas para varios herbívoros. Investigaciones un poco más recientes muestran que los hongos que actúan infectando insectos (entomopatógenos), también son endófitos en pastos y otras plantas herbáceas, lo cual tiene aplicaciones a la agricultura como una forma alternativa de proteger a las plantas contra plagas. Por otro lado, las asociaciones fúngicas pueden hacer que aumente la liberación de compuestos volátiles (aromas) en las hojas y que mejore el tono de sus flores, lo que resulta más atractivo a insectos polinizadores como abejas, avispas y algunos escarabajos, los cuales además pueden atacar a otros insectos que se comen a la planta, aumentando así su protección. Se ha propuesto que todas las plantas en la Tierra conviven con hongos en diferente manera, algunas mediante relaciones altamente específicas, dependiendo de los ecosistemas en donde se encuentran, y que los hongos colaboran con las plantas para sobrevivir; no obstante, menos de 5% de dichas asociaciones benéficas han sido estudiadas. Mucho aún por descubrir A pesar de toda la evidencia acerca de los beneficios que conllevan para las plantas, las relaciones simbióticas con hongos endofíticos y micorrícicos, aún existen muchas interrogantes al respecto; como el grado de adaptación o resistencia de la planta hospedera a los hongos, y las señales específicas de desarrollo que disparan los efectos benéficos de los hongos o los malignos. Algunos autores mencionan que, cuando la planta empieza a envejecer, se produce un compuesto llamado óxido de etileno, y que éste puede ser una señal para que el hongo inicie acciones hostiles contra su hospedero. Otras observaciones en ciertas especies de plantas tropicales sugieren que, si bien muchos endófitos pueden ser generalistas —viven en muchas y muy diferentes tipos de plantas—, algunos hongos exhiben una clara afinidad selectiva por cierto vegetal, como es el caso de varios pastos (Festuca arundinaceae) con el hongo Neotyphodium coenophialum. Esto habla de relaciones muy específicas y sugiere que estas mismas especies fúngicas podrían resultar nocivas para otras plantas. Se sabe que muchos hongos endófitos pasan una parte de su ciclo de vida como saprobios esperando ingresar en una planta mediante esporas transportadas generalmente por el aire. Sin embargo, no se conoce aún cuáles son las vías o mecanismos que los hongos utilizan para permanecer mucho tiempo (inclusive varios años) dentro de una hoja aparentemente en estado semilatente, consumiendo nutrimentos sin afectar el crecimiento del vegetal. Aparentemente, los endófitos tropicales pasan mucho tiempo “esperando”, para luego completar su ciclo de vida esencialmente como saprobios, liberando sus esporas en el suelo. Otra pregunta es hasta qué grado la capacidad de las plantas para producir compuestos, y por tanto para defenderse y comunicarse, depende de los hongos endófitos. Sin embargo, es claro que la existencia de estas vías de comunicación (moléculas) y su balance han tenido consecuencias importantes en la ecología evolutiva y en las relaciones huéspedendófitopatógeno, por lo que su estudio y manipulación puede ser útil en un futuro cercano para combatir plagas y mejorar la agricultura. |
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| Olivia Márquez Fernández Instituto de Investigaciones Forestales, Universidad Veracruzana. Es química egresada de la Universidad Veracruzana y doctora en biotecnología por la Universidad Autónoma Metropolitana. Imparte los cursos de bioquímica y biotecnología ambiental en la Universidad Veracruzaba. Actualmente trabaja en el aislamiento y caracterización molecular de metabolitos secundarios de dos especies de Cucurbitáceas endémicas y hongos endofitos con posible aplicación farmacológica. |
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| del orbituario II |
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| Gonzalo Halffter (1932–2022) la ciencia como práctica de la libertad |
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| Exequiel Ezcurra | ||||||||||||||
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Conocí a Gonzalo Halffter la mañana del 5 de enero
de 1979, cuando llegué de la Universidad de Gales, en Bangor, al Museo de Historia Natural de la Ciudad de México. Accedí por el pasillo de los arcos del Museo a unas escaleras de hierro negro que subían a la oficina del Director. Desde el rellano, Violeta Halffter —su compañera y esposa— me estaba esperando con una encantadora sonrisa y me acompañó a la oficina donde el doctor Halffter me esperaba. Es necesario agregar un cierto contexto personal a ese momento: yo había salido expulsado de Argentina, un país bajo una feroz dictadura militar al cual no podía regresar. En ese tiempo no tenía realmente adónde ir. Gonzalo Halffter lo sabía y, por eso, después de una conversación con mi primer maestro y mentor, el gran biogeógrafo Eduardo Rapoport, me había buscado en Gales y me había invitado a México. Yo estaba sumido en un profundo sentimiento de orfandad de un terruño, hundido en la angustiosa sensación de no tener un país o una casa adónde llegar, como lo describiera magistralmente León Felipe, ese otro gran desterrado: “¡Qué lástima / que yo no tenga comarca, / patria chica, tierra provinciana!”. En su oficina de Chapultepec, Gonzalo Halffter me miró a la cara, me dio la mano, y me dijo: “Exequiel, bienvenido a México. Ésta es su casa, y tenemos grandes proyectos por hacer”. Creo que no hubo momento más fundamental en toda mi trayectoria profesional que ese instante. Mi vida cambió radicalmente a partir de ese momento, y un ancho horizonte de esperanza se abrió frente a mí. Viendo hacia atrás, todo lo que soy hoy es resultado directo de ese apretón de manos. Así de grande era la estatura humana de Gonzalo Halffter. Recordar a Gonzalo Halffter y celebrar su memoria es también rendir tributo a la profundidad y riqueza de la escuela intelectual de los científicos españoles de la primera mitad del siglo xx, una escuela que en México encontró una expresión especialmente significativa y particularmente comprometida con la sociedad y con la complejidad natural de este país. Después de la caída de la República Española en manos del fascismo franquista, México abrió generosamente sus puertas al exilio español, y grandes pensadores llegaron a poblar con sus ideas escuelas y universidades, como Ignacio Bolívar y Urrutia, quien llegó a México con 89 años de edad, pero todavía lleno de ideas, de vida y de entusiasmo para continuar aquí sus fecundas enseñanzas de la biología. Llegó junto con otros grandes intelectuales españoles, como Faustino Miranda, uno de mis grandes héroes científicos, y Rodolfo Halffter, un músico excepcional. Sus descendientes directos son parte de ese linaje: Cándido Bolívar, entomólogo notable y fundador de la espeleología científica en México, fue maestro de Gonzalo Halffter en el Instituto Politécnico Nacional. Esa extraordinaria mezcla de racionalismo, rigor intelectual, pasión por la verdad, compromiso social, independencia en las ideas y rechazo al autoritarismo fascista, encontró en Gonzalo Halffter uno de sus mejores exponentes: un científico riguroso, capaz de desentrañar la influencia de los cambios climáticos del Cenozoico en su teoría biogeográfica del patrón mesoamericano de montaña y la zona de transición mexicana, un taxónomo de primer nivel mundial, un estudioso del comportamiento animal innovador y original, pero al mismo tiempo un pensador comprometido y compasivo, preocupado por el bienestar de los sectores sociales más desprotegidos, por las complejas formas de interacción de los humanos y la biodiversidad, y por el compromiso de las poblaciones campesinas en su conservación. Los científicos con verdadera sensibilidad social son por naturaleza racionalistas y amantes de llamar a las cosas por su verdadero nombre. Comprometidos con su realidad, pueden ser personas incómodas para los poderosos, y a lo largo de la historia muchos se han visto forzados a cambiar de país por haber defendido sus ideas y sus conceptos rigurosos sobre interpretaciones supersticiosas o fanáticas. Las evidencias científicas —la demostración, la prueba pitagórica— son más poderosas que las creencias, y pocas personas he conocido más racionalistas, más críticos en su pensamiento, más independientes en sus ideas, más opuestos a los fundamentalismos, que Gonzalo Halffter. Producto él mismo de un exilio, nunca lo vi dudar al plantear los problemas de México y los dilemas de la ciencia con toda claridad; ya sea debatiendo ferozmente con nuestras autoridades agrícolas, junto con el gran Arturo Gómez Pompa, para detener los programas de deforestación de las selvas; ya sea confrontando a las autoridades forestales acerca de la ineficacia del sistema mexicano de parques nacionales y planteando la necesidad de un nuevo modelo de conservación; ya sea debatiendo con la escuela de sociobiología que imperaba en la década de los setentas sobre conceptos y dilemas fundamentales de la evolución del comportamiento social, ya sea, en fin, debatiendo con el establishment científico la necesidad de repensar las teorías biogeográficas acerca de las montañas templadas en Mesoamérica, el punto crítico donde dos grandes reinos biogeográficos se encuentran en una verdadera explosión de biodiversidad. Siempre fue el debate apasionado y la confrontación fructífera de ideas su sello más distintivo. Gonzalo Halffter vivió la ciencia como un intenso acto de compromiso, y supo tomar partido sin dudarlo cuando la causa era justa. La ciencia para él fue un acto fundamental de libertad; las ideas eran para él lo que nos nutre a todos, día a día, como el aire que respiramos. Apasionado por la historia del conocimiento, impulsaba a sus colaboradores a leer y entender la evolución del pensamiento científico. Gracias a él pude estudiar la historia de los grandes pensadores mexicanos, como Antonio de Alzate y Mariano Mociño, esos dos grandes y apasionados científicos de la Ilustración que nunca dejaron que sus ideas fueran embargadas por otros intereses; o pude apreciar el fecundo legado de la diáspora española, de la cual provenía el propio Halffter. En el Instituto de Ecología pasaban científicos de todas partes del mundo, convocados por la apertura y la riqueza intelectual de Gonzalo Halffter. Muchos de ellos se habían visto forzados a abandonar su país, su comarca, su terruño, defendiendo su derecho a pensar de manera independiente. La ciencia siempre ha sido un refugio generoso para las ideas, pero bajo el liderazgo de Gonzalo Halffter sus colaboradores pudimos entender que la comunidad científica es también un refugio generoso de personas en libertad. De allí viene la profunda humanidad de Gonzalo Halffter, de sus actos de ciencia rigurosa y de su generosidad extraordinaria. Fue un gran científico, pero por encima de ello fue también un gran hombre. Parafraseando al poeta Antonio Machado, Gonzalo Halffter fue un hombre que supo su doctrina, pero fue también, en el mejor sentido de la palabra, bueno. |
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| Exequiel Ezcurra Profesor de Ecología, Universidad de California Riverside. |
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| Ana Karen Limón Vázquez, Blandina Bernal Morales, Gabriel Guillén Ruiz y Juan Francisco Rodríguez Landa | |||||||||||
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Acicalamiento es una palabra que no empleamos
comúnmente para los humanos, es más frecuente al referirse al comportamiento de otros animales. Por definición, el acicalamiento significa arreglo y limpieza. Su sinónimo, el aseo, es un conjunto de acciones realizadas con la finalidad de proporcionar limpieza a uno mismo o a otros para mantener un buen estado de salud, pero también sirve para estrechar vínculos sociales. En el ser humano incluye una serie de rituales como el baño, el lavado del rostro, el arreglo del cabello y acciones cosméticas, que constituyen una secuencia de patrones conductuales complejos. El acicalamiento es una conducta muy antigua y típica en muchas especies, incluidas las aves, los roedores y algunos otros mamíferos en quienes identificamos bien esta conducta, como los gatos, los primates no humanos y los seres humanos. Su función principal es el mantenimiento de la higiene, el cuidado de la salud y el aspecto físico, aunque también interviene en otros procesos importantes como la termorregulación, la comunicación social e incluso se observa con cierta frecuencia cuando se ejecuta sobre heridas que están en proceso de cicatrización, previniendo el desarrollo de enfermedades, infecciones y malos olores. Pero el acicalamiento puede alterarse bajo ciertas condiciones potencialmente patológicas y su modificación revela información valiosa para determinar el estado de bienestar de un individuo o de un grupo.
Acicalamiento espontáneo El acicalamiento es una conducta que se ejecuta espontáneamente y engloba todas las formas de cuidado de las superficies del cuerpo. Aparentemente, los seres humanos muestran una necesidad menor de acicalarse que otros primates, pues la pérdida de cabello y vello corporal, los ambientes sociales controlados y la posibilidad de acceder a artículos de higiene, reducen la presencia de ectoparásitos o agentes infecciosos. Las conductas típicas de acicalamiento de los seres humanos son tomar un baño, lavar el cabello, la nariz, los oídos, la boca, los pies, las manos, el arreglo corporal, la higiene de la vestimenta y la depilación; para muchos el beneficio del autoacicalamiento es una recompensa placentera para sí mismo. Las razones por las que el baño es un comportamiento de acicalamiento necesario en el ser humano se centran en la piel, que es el órgano más grande del cuerpo humano y cumple diversas funciones, sensoriales, de protección a los órganos internos contra lesiones e infecciones y de termorregulación, garantizando una homeostasis interna al actuar como una barrera mecánica y química entre el organismo y el ambiente. Además, es un órgano depurativo que elimina desechos del organismo por medio de la transpiración, provocando la presencia de gérmenes y bacterias que causan olores desagradables del cuerpo, por eso hay que limpiarlo. También se debe tener presente que la piel produce de manera natural cuerpos grasos y desechos proteicos de las células secretoras, conocido como sebo, que es la primera barrera inmunológica, lubrica la piel y la protege de una excesiva deshidratación —en la actualidad, el uso exagerado de sustancias detergentes llega a ser dañino para ella. Aparte de la piel, el cabello del ser humano es como un tejido que se encuentra expuesto a los contaminantes de la vida diaria como el polvo, gases, grasas y productos cosméticos, y cuya principal suciedad es producida en él por la mezcla con las secreciones de sudor y sebo en el cuero cabelludo, que obliga a asearse para evitar una acumulación excesiva de éstas ya que producen olores desagradables y favorecen el crecimiento de microorganismos patógenos. El beneficio adicional al acicalamiento del cabello es favorecer la imagen y presentación del individuo con arreglos que pueden ser desde muy simples hasta los extremadamente elaborados para cambiar su color, tamaño y textura. Otras de las conductas de acicalamiento más sencillas y comunes son el lavado de manos, boca y pies porque estas zonas del cuerpo tienen múltiples contactos con diversos materiales, lo que favorece el transporte y crecimiento de microorganismos que pueden provocar diversas enfermedades y malos olores. En comparación con los primates no humanos, los seres humanos han cambiado los patrones de acicalamiento. La acción de eliminar parásitos es menos frecuente que las acciones dedicadas a embellecer, reflejando una necesidad higiénica reducida. El aseo del vello púbico, incluso su eliminación completa, se ha convertido en una práctica cada vez más común, especialmente entre las mujeres jóvenes. Con esta práctica, aproximadamente en una de cada cinco mujeres, pueden producirse lesiones dérmicas, pero la mayoría de las complicaciones son menores. Aun con la variedad de acicalamientos que se puede ejecutar es importante comprender que si no se cumple con el mínimo de las conductas de acicalamiento (bañarse con frecuencia, lavar el cabello, los dientes y utilizar productos que minimicen los malos olores corporales) las relaciones sociales pueden reducirse por el rechazo a quien no se acicala; por esto se habla de acicalamiento social. Acicalamiento social En los humanos, aparte del autoacicalamiento, también puede ocurrir el acicalamiento social, el cual desempeña un papel importante en el establecimiento y reforzamiento de vínculos afectivos, de la misma forma que tiene un impacto importante en la capacidad reproductiva del individuo. El acicalamiento social, el tacto, el contacto físico, y las caricias, siguen desempeñando un papel importante en las relaciones humanas, aunque pareciera que se han cambiado por la comunicación basada en el lenguaje. El acicalamiento en los seres humanos sigue una secuencia céfalocaudal que es similar a la observada en el autoacicalamiento de los roedores; las mujeres a menudo invierten gran cantidad de tiempo en el autoacicalamiento, el acicalamiento de sus hijos, prestando especial atención a manchas, costras o imperfecciones. En el caso de los primates no humanos y otras especies, el acicalamiento es una actividad común y muy importante. Se puede dedicar hasta 20% del tiempo total del día para ejecutarla; sirve para mantener la piel limpia y sana, ya que una mayor tasa de acicalamiento disminuye la carga parasitaria de piojos, pulgas y garrapatas, y mejora las capacidades termorreguladoras de la piel. Sin embargo, aparte de su objetivo de limpieza, el acicalamiento ha logrado algo más; en primates no humanos, el beneficio del acicalamiento es establecer un vínculo social; es por eso un comportamiento social muy estudiado y se sabe que se dirige principalmente a las partes de difícil acceso, como la cabeza, el cuello y la espalda. El tiempo dedicado al acicalamiento social es mayor en comparación con el autoacicalamiento en primates no humanos. Cuando el acicalamiento cumple su función utilitarista al reducir la carga de ectoparásitos, la morbilidad y mortalidad de los individuos, cumple también una función social: se trata de un “servicio” que se ofrece a otros individuos para intercambiar beneficios como la distribución de los recursos alimenticios, principalmente obtenidos de individuos de alto rango. También se ha observado que cuando un individuo practica el acicalamiento social regularmente a un compañero en particular, el compañero acicalado se vuelve más tolerante y dispuesto a apoyar al acicalador durante un conflicto sostenido entre los miembros del grupo. Por lo tanto, el papel que el acicalamiento juega en un contexto social en los primates que tienen sistemas sociales vinculados sirve para crear coaliciones o alianzas que protegen a sus miembros contra los peligros de la vida en grupo. Los animales dominantes no atacan o acosan a un individuo que sabe que tiene compañeros de acicalamiento que llegarían en su ayuda, por ello se pensaría que los individuos crean un ambiente psicológico de confianza y apoyo mutuo. Hay diferencias entre sexos en la conducta de acicalamiento en primates nohumanos. Las hembras retribuyen la cantidad de acicalamiento recibida, es decir, acicalan preferentemente a aquellos individuos que más lo hicieron en ellas y esto podría explicarse debido a que los machos pueden proporcionar protección, lo que a las hembras motiva para acicalarlos a cambio de tal servicio. Las hembras acicalan casi dos veces más que los machos, tienden a formar vínculos fuertes, estables y duraderos con otras hembras y contribuyen a la supervivencia de los hijos, a una mayor longevidad y a la probabilidad de recibir apoyo de otros individuos del grupo. Por lo tanto, el acicalamiento social no es una actividad aleatoria. Asimismo, las hembras dominantes toleran más a las hembras que realizan actividades de acicalamiento en ellas; las hembras de rango medio tienen menos oportunidades de acceder a parejas de mayor nivel, porque no pueden competir con las hembras de rango superior. Particularmente, un individuo tiene un número relativamente fijo de compañeros de acicalamiento, asignando su tiempo de aseo a sus socios preferidos. Los estudios han revelado que el tiempo que invierte un primate en acicalar a un miembro del grupo no preferido es mucho menor en comparación con el tiempo empleado para acicalar a sus parejas favoritas. En el caso de una alta competencia dentro del grupo, los lazos sociales se observan principalmente entre los familiares y de manera peculiar se observa una atracción hacia los individuos de rangos más elevados. El tamaño del grupo de convivencia de los primates no humanos puede presentar importantes ventajas; por ejemplo, un menor riesgo de depredación y una mayor eficiencia en la búsqueda de alimentos. Sin embargo, una desventaja es que, a mayor tamaño de grupo, se llega a experimentar competencia por el alimento y mayores riesgos de salud por la acrecentada posibilidad de propagación de enfermedades contagiosas. Cuando el tamaño del grupo y el número de socios disponibles aumentan es imposible mantener relaciones con todos los miembros de éste, por más que un individuo trate de desarrollar y mantener vínculos con cada miembro o, al menos, con la mayoría. En consecuencia, el tiempo de acicalamiento tiene que ser limitado ya que un individuo también debe buscar alimento, descansar y desplazarse, e influye muy probablemente en la calidad y cantidad de sus vínculos sociales. La relación entre el tiempo de acicalamiento, el tamaño del grupo y la cohesión depende de la forma en que un individuo distribuye ese tiempo entre sus compañeros sociales específicos. Cuando un primate practica el acicalamiento social de igual manera hacia todos sus compañeros, el tamaño y la cohesión del grupo no se afecta. Sin embargo, los estudios demuestran que cuando el tamaño del grupo aumenta, cada individuo debería dedicar más tiempo al acicalamiento social, pero dado que los individuos no pueden dedicar más tiempo para poder mantener relaciones con todos los miembros del grupo, la cohesión disminuye y el grupo se divide. Teniendo en cuenta todo lo anterior, se entiende que los primates no humanos se encuentran alentados a dar y recibir acicalamiento para construir y mantener relaciones sociales. El acicalamiento con el que estamos más familiarizados es el de los animales domésticos. En los gatos funciona como un mecanismo de higiene y termorregulación, ya que al depositar en el pelo grandes cantidades de saliva se provoca que, en situaciones calurosas, ésta se evapora ayudando al gato a controlar su temperatura corporal; esta conducta es solitaria y estereotipada, aun en ausencia de estímulos periféricos como cuando se presentan ectoparásitos, y se observa cuando el gato se acicala con la lengua y los dientes en zonas como cuello, el tronco y las extremidades, siguiendo una secuencia céfalocaudal, así como cuando deposita saliva en sus extremidades delanteras y las desliza por cabeza y cuello para acicalar sólo la cabeza. Tan frecuente es el acicalamiento en los gatos que impide que tengan malos olores; a cambio, hace que traguen grandes cantidades de pelaje, llamadas tricobezoar. De la observación de roedores como las ratas de laboratorio se sabe que el autoacicalamiento predomina aun cuando se encuentren en grupos sociales, e incluye una serie de movimientos individuales con altos niveles de complejidad y organización que siguen patrones secuenciales específicos. En situaciones normales, en los roedores el acicalamiento se presenta como una conducta espontánea y relajada, que ocurre de manera cómoda, similar a cualquier otra actividad como la exploración y el desplazamiento. A los diez días de edad, el acicalamiento se dirige a la cara, con las patas delanteras, en trazos aislados y simetría variable; y en la edad juvenil, entre once y diecisiete días, el acicalamiento es más desarrollado e incluye movimientos simétricos en toda la cabeza, el cuello y el tronco. Ya adultos, presentan una conducta de acicalamiento muy compleja, con movimientos en secuencia céfalocaudal, ordenados, que implican un conjunto de veinte o más movimientos en diferentes fases que los investigadores especialistas en comportamiento aún analizan para discurrir si los cambios observados ante diferentes condiciones pudieran revelar un estado de desequilibrio en la salud, por ejemplo, ante situaciones de estrés. Acicalamiento ante el estrés El acicalamiento realizado por los seres humanos tiene cierta similitud con otros animales en el sentido de que funciona para limpiar el cuerpo y mantener ciertas relaciones sociales. Sin embargo, también puede presentarse como un comportamiento patológico, por ejemplo, en condiciones estresantes o en ciertos trastornos neuropsiquiátricos. Comúnmente, en situaciones de estrés el organismo se orienta a restablecer el equilibrio interno y adaptarse a los cambios ambientales como una respuesta adaptativa. En el ser humano, cuando la respuesta al estrés es excesiva, los síntomas son intensos y generan un grado de disfuncionalidad en el ámbito familiar, social y laboral que se considera patológico y se convierte en un trastorno de ansiedad, como alguna fobia, la ansiedad generalizada, el estrés postraumático, el trastorno de pánico y el trastorno obsesivocompulsivo. Los consecuentes efectos negativos en la salud, incluyendo así la afectación en el cerebro, deterioran así la motivación por explorar lugares nuevos, la memoria contextual y el comportamiento autodirigido como el acicalamiento, entre otros. Un ejemplo de acicalamiento patológico lo vemos en el trastorno obsesivocompulsivo que se caracteriza por ideas, pensamientos e impulsos persistentes, comportamientos realizados para reducir el malestar que lleva consigo una obsesión determinada. Las obsesiones relacionadas con el acicalamiento que con más frecuencia se presentan, de acuerdo con la American Psychiatric Association, son: la exagerada percepción de suciedad o contaminación, de contraer una enfermedad, por lo que algunas personas evitan las salas de espera públicas, no estrechan la mano con nadie, asean su entorno innecesariamente y se lavan excesivamente las manos y el cuerpo; incluso llegan a presentar problemas dermatológicos debido a un uso excesivo de agua y detergentes. El acicalamiento social en primates no humanos puede funcionar para reducir la tensión. Los estudios han demostrado que el individuo que es acicalado reduce su frecuencia cardiaca y, aunque generalmente durante el acicalamiento los individuos están en aparente reposo, este dato resulta interesante. Algunos autores han interpretado tales acciones como una forma de prevenir la angustia; los primates no humanos pueden sentirse estresados al encontrarse cerca de otros miembros del grupo dado el potencial de interacciones agresivas entre ellos por el rango relativo de dominancia, grado de familiaridad y afiliación. Por lo tanto, el acicalamiento dirigido a otros miembros del grupo podría ser un medio para prevenir una situación de tensión individual, pero también grupal. A esto contribuye mucho la cantidad tan importante de tiempo que le dedican al acicalamiento que resulta tan relajante para el que lo recibe que puede incluso quedarse dormido. Por lo tanto, el aseo social tiene una serie de efectos fisiológicos como la disminución de los índices de estrés y hasta se puede sugerir que de alguna manera estar limpio es fisiológicamente relajante. La función social del acicalamiento puede estar mediada por la liberación de endorfinas, las cuales funcionan en el sistema nervioso como neurotransmisores y están ampliamente involucradas en el control del dolor por su carácter de analgésico. Por lo tanto, se pueden considerar como un biomarcador de mayor bienestar psicológico y su efecto probablemente se presenta en la relajación del animal, permitiendo así la interacción con otros individuos creando entornos de confianza y afiliación. Así, al ver primates no humanos acicalándose podemos pensar que están en un estado de relajación, con una sensación de seguridad y menores niveles de ansiedad. En los animales domésticos existen factores estresantes, físicos y sociales, resultado de interacciones con individuos de la misma especie y con humanos, los cuales pueden llegar a ocasionar importantes cambios de comportamiento en animales como los gatos, aumentando el acicalamiento. Una excepción se observa en la edad avanzada de los gatos. El acicalamiento puede disminuir en un gato cuando la vejez porque ya no ejecuta sus conductas típicas normalmente y duerme mayor tiempo. Pero el acicalamiento en los felinos ante situaciones de estrés puede presentarse como una conducta que desplaza a otra y que está fuera de contexto. Así, en la medicina de gatos se ha descrito un trastorno de comportamiento que se llama alopecia autoinducida, identificada por un lamido excesivo que provoca pérdida de pelo, la cual no es otra cosa más que la sobreamplificación de un comportamiento de mantenimiento normal. Dichos comportamientos repetitivos, como la alopecia autoinducida o las heridas autoinducidas, se denominan estereotipias y se consideran indicadores de un mal estado del individuo o ausencia de bienestar, y pueden ser revertidos mediante una mayor atención y cuidado del individuo, incluyendo fármacos; en el caso de los roedores cuando se presenta una situación de estrés, por ejemplo, ante la exposición a un ambiente novedoso, un depredador o incluso el sólo olor de un potencial depredador, produce un patrón de aseo desorganizado, con frecuentes ráfagas de aseo rápido y corto, en progresión anormal. Acicalarse así le impide a una rata de laboratorio desplegar otras conductas espontáneas como el desplazamiento y la exploración, distrayéndose de la alerta que debe tener sobre su entorno para buscar un lugar seguro y no quedar expuesta. Conclusión El acicalamiento es una conducta descrita en muchas especies, y es de suma importancia, ya que además de mantener la salud y el cuidado del aspecto físico, refleja una situación de bienestar para el individuo que la practica y para sus conespecíficos. Además de ser una conducta autodirigida, se trata de un conjunto de comportamientos que realizan los individuos con la finalidad de mantenerse en condiciones de limpieza y adaptarse satisfactoriamente a una convivencia social porque también se benefician para mantener relaciones filiales al practicar el acicalamiento social. Tal vez la evolución del ser humano y la pérdida de vello corporal, así como un fácil acceso a servicios sanitarios y nuevas tecnologías de limpieza ha provocado una disminución en la finalidad higiénica, generando una creciente dedicación a la transformación del cuerpo con el fin de resaltar características corporales estereotipadas y lograr la atracción en los demás, lo cual podría no estar mal. No obstante, la conducta del acicalamiento es insustituible en la vida social. |
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Referencias Bibliográficas
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| Ana Karen Limón Vázquez estudiante de doctorado en Neuroetología, Universidad Veracruzana. Licenciada en Química Farmacéutica Biológica, Maestra en Neuroetología y estudiante del doctorado en Neuroetología por la Universidad Veracruzana. Investiga efectos del estrés y antidepresivos a nivel conductual y de citoarquitectura cerebral. Es docente a nivel licenciatura y posgrado, y participa divulgando la ciencia en diversos foros académicos y público general. Blandina Bernal Morales Instituto de Neuroetología, Universidad Veracruzana. Doctora en Psicología (Neurociencias de la Conducta) por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigadora Nacional SNI nivel 1 y profesora con perfil PRODEP. Imparte cátedra en metodología de la Investigación y diseño experimental en licenciatura y posgrado. Su línea de investigación estudia el estrés, afecto y desarrollo en la neuroetología animal y humana. Gabriel Guillén Ruiz Instituto de Neuroetología, Universidad Veracruzana. Doctor en Neuroetología por la Universidad Veracruzana, SNI nivel 1. Investigador por México-Conacyt del Instituto de Neuroetología-Universidad Veracruzana, catedrático de Licenciatura y Posgrado, experto en investigación preclínica con modelos animales de ansiedad y desesperanza conductual. Trabaja en la Línea de Investigación Neurofarmacología de los Trastornos Afectivos, autor y coautor de artículos y capítulos de libro publicados a nivel internacional. Juan Francisco Rodríguez Landa Instituto de Neuroetología, Universidad Veracruzana. Doctor en Psicología (Neurociencias de la Conducta) por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigador Nacional SNI nivel 2 y profesor con perfil PRODEP. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2021. Imparte cátedra en las áreas de psicofarmacología, neurofarmacología y metodología de la Investigación. Su línea de investigación estudia el efecto de neuroesteroides y principios activos vegetales en modelos experimentales de ansiedad y depresión. |
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| del obituario I |
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| La despedida a un etnobotánico mexicano |
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| Alfonso Bautista García | ||||||||||||||
| ¿Cómo la mano de la tierra se ha apoderado de las Pléyades? Y los dientes del polvo, ¿cómo han podido devorar a la luna? El tiempo y la muerte, las elegías de Moseh Ibn ‘Ezra |
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Con profunda tristeza me entero de la muerte del etnobotánico maestro Armando Gómez Campos. Lo conocí cuando cursé la materia de Etnobotánica como asignatura optativa. En ese entonces yo estaba perfilado para ser un biólogo molecular y preparaba mi entrada al Instituto de Investigaciones Biomédicas. Así que como jamás iba a volver a hacer trabajo de campo aproveché para tomar materias de las que nunca más me iba a ocupar. Me inscribí al curso y fue una experiencia maravillosa porque Armando era una persona que transmitía con paciencia y amor sus conocimientos. La salida de campo fue al estado de Guerrero, a un poblado llamado Xochipala, donde pasamos una semana registrando las fiestas de octubre, esas cuando sacan al santo San Francisco de Asís a los campos de cultivo y representan danzas el mero 4 de octubre, la de los tlacololeros, con sus máscaras negras y sus amplios sombreros de flores amarillas, que con su látigo amagaban al tecuane; o la danza de los diablos que, al final, representan la lucha entre el bien y el mal, entre el diablo y San Miguel Arcángel.
En esa salida recorrimos pueblos alrededor de Xochipala. Fuimos a una destilería de mezcal, hecha de manera tradicional. Era una zona de agaves y acababan de cortar las piñas que estaban dispuestas para su fermentación. Consumimos directamente del alambique, mediante un canal hecho con una penca, el destilado de mezcal. También visitamos la zona arqueológica de la Organera. Recuerdo que había todo un ejército de escarabajos negros que rodaban bolas de caca con sus patas traseras, Terminamos el viaje un domingo en el gran mercado de Chilapa donde adquirí varias artesanías realizadas con totomoxtle que representaban a los diferentes danzantes. Una noche en Xochipala, estábamos en nuestras respectivas bolsas de dormir y de repente empezó a caerse el cielo. Muy pronto el agua comenzó a encharcarse y varias compañeras se mojaron. Yo tuve que darle asilo en mi amplia bolsa de dormir a una compañera de la que me hice muy amigo mientras estuvo en México, Ann Marie. Me retiré de la biología varios años, quizá casi una década. Regresé a la academia en la Facultad de Ciencias hacia el final de la primera década del nuevo milenio. Ahí me enteré que Armando había sufrido un trágico accidente. Era una historia de leyenda. Me decían que se había extraviado en el campo y que estuvo a punto de morir. Un día, en su pequeña oficina del laboratorio donde trabajaba le pregunté qué había pasado. Siempre con una sonrisa, me comenzó a platicar. Él estaba en su silla, en medio de sus colectas de herbario que prácticamente lo sacaban de su oficina. Esto es algo de lo que me contó: “pues estábamos regresando de una caminata por el campo y me regresé a ver una flor a la orilla del camino. Los estudiantes se me adelantaron y no me di cuenta que ya no los veía. Me estiré para tomar la flor y me caí en una honda cuneta. No me pude incorporar. Comencé a gritar, pero nadie me oyó. Ahí permanecí tendido dos días. Toda la noche lo que me preocupaba eran los animales que escuchaba cerca que intentaba espantar con gritos y unas pencas que había arrancado de un maguey que me quedó junto. Para no morir de sed chupé las pencas que fueron de gran ayuda. Yo no sabía qué pasaba, pero tenía la certeza que me estaban buscando. No estaba lejos, en realidad, estaba a unos cien o doscientos metros del lugar donde nos quedábamos. Incluso escuché un helicóptero. Me enteré después que quien me buscaba en el helicóptero era Julia Carabias”. Fue una historia como esas que vemos en NatGeo, en su programa que se llama “Sobreviví”. El maestro Gómez Campos fue rescatado dos días después, con una lesión en la espalda, pero vivo. Armando Gómez estudió la vegetación de Guerrero y los usos medicinales que le daban a las plantas sus pobladores. Así conoció el pega-hueso y con personal de Ortopedia iba a generar biorreactores que, con hidroxiapatita, reconstruyeran los tejidos óseos; estudió el Equisetum, la Phyllonoma y otras muchas plantas. Contribuyó de igual forma al proyecto Flora de Guerrero. Pero su mayor actividad la encontró en las comunidades rurales e indígenas que visitó, ese trabajo que no es apreciado por la industria científica de los papers y que terminó de expulsarlo de su centro de trabajo. Conocía varios pregones que se cantaban en la ciudad en los cincuentas del siglo xx. También se concentró en la enseñanza y en la dirección de decenas de tesis. El Maestro en Ciencias Armando Gómez Campos partió hacia el Tlalocan en medio de las tormentas, lluvias e inundaciones que esta temporada veraniega nos trajo el 2021, se lo llevó la pandemia de covid19. Aquí estamos recordándote, maestro, ¡buen viaje al Tlalocan!. |
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| Alfonso Bautista García Biólogo, editor y escritor independiente. |
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| de interacciones |
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| La polinización por engaño en orquídeas Cyrtopodium una estrategia de sobrevivencia |
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| Jacinto Treviño Carreón, Marissa Cervantes Llamas, Tania J. Hernández López y Juana M. Cornado Blanco | ||||||||||||||
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Las familias de las orquídeas (Orchidaceae) es una
de las más diversas de las angiospermas en el mundo; hay aproximadamente 25 000 especies, distribuidas en todos los continentes salvo la Antártida. En México es también una de las más diversas: cuenta con 1 260 especies, 170 géneros, y alrededor de 40% de las especies y 8% de los géneros se consideran endémicos (esto es, que sólo se encuentran en México), como ha sido mostrado por Soto Arenas y sus colaboradores. Estas plantas se caracterizan por presentar diferencias en la forma de la flor, el olor y la forma de la corola, por lo que pueden engañar a los polinizadores. Sin embargo, algunos autores sugieren que el mimetismo (copiar formas, colores y fragancias) relacionado con el color de la corola es suficiente para que el polinizador se confunda y lleve a cabo el proceso de polinización. Phillips y sus colaboradores mencionan que estos rasgos se asocian con los síndromes de polinización que en las orquídeas son diversos, ya que proporcionan recompensas gratificantes como el polen, el néctar, los aceites, las esencias e incluso el engaño sexual a los insectos macho que aseguran la fecundación de los óvulos de las flores de las orquídeas. Se ha registrado que las abejas de la tribu Euglossini (pertenecientes a la familia Apidae), particularmente algunas especies de los géneros Euglossa, Eulaema y Eufriesa, actúan como polinizadores generalistas de un número significativo de orquídeas con características morfológicas y anatómicas similares, posiblemente como resultado del deterioro de los ecosistemas naturales. El engaño a los polinizadores se presenta generalmente por la incapacidad que tiene un insecto para distinguir entre las flores gratificantes y no gratificantes; desde los inicios de este tema, algunos autores, entre los que se incluye a Johnson y sus colaboradores, mencionan que existen alrededor de 4 800 flores de orquídeas engañosas que imitan a otras que verdaderamente ofrecen recursos alimenticios: esto significa que la mayoría de las especies de orquídeas se benefician de las plantas vecinas que florecen al mismo tiempo y que sí ofrecen recursos gratificantes como recompensa. En cuanto a la biología reproductiva (reproducción sexual) y de la evolución de las orquídeas, Tremblay y sus colaboradores explican que el amarre de los frutos y la producción de semillas (adecuación) son las respuestas más importantes empleadas para determinar el éxito reproductivo de las plantas. Sin embargo, la presencia de niveles bajos en la adecuación, afirman estos autores, al igual que Sun y Alexandersson, es uno de los resultados más frecuentes cuando existe una limitación de polinizadores. En contraparte, a pesar de la evidente producción de cápsulas en algunas especies de orquídeas, no se ha logrado observar a sus polinizadores, como en el caso de Lephantes rupestris, a pesar de diez años de estudios mantenidos por Tremblay y Ackerman desde 2007. La conservación de las orquídeas depende de la existencia de las interacciones bióticas (relaciones con otros organismos) dentro de la comunidad, como es el caso de los hongos micorrícicos y el de los organismos polinizadores, en donde la desaparición de alguno de ellos causaría la reducción o la pérdida de las poblaciones de otros; y es también el caso de las especies del género Cyrtopodium, cuyo estudio en cuanto a la ecología de la polinización no se ha llevado a cabo en México a pesar de ser indispensable para su conservación. Nuestro objetivo aquí es hacer una revisión bibliográfica sobre esto. Importancia de Cyrtopodium Las especies de este género son conocidas por su valor ornamental y etnofarmacológico (medicina tradicional) como lo han documentado Barreto y Parente y Romero González y sus colaboradores para el caso de Cyrtopodium andersonii y Cyrtopodium cardiochilum, usadas en Brasil para el tratamiento de los resfriados, la tuberculosis y la hemoptisis, así como para tratar trastornos inflamatorios e inmunorreguladores; asimismo, el extracto de los pseudobulbos de Cyrtopodium paranaense se emplea para curar heridas de todo tipo, como lo han documentado Boscolo y Valle, mientras Monroy Ortiz y sus colaboradores mencionan que en México los de Cyrtopodium macrobulbon se utilizan con fines medicinales en varias regiones de Morelos y Yucatán en el tratamiento de abscesos y como agente balsámico, y en la Ciudad de México para dolencias urinarias de hombres (mal de orín); además, García Peña y Peña señalan que la goma extraída de los pseudobulbos se usa como adhesivo para la encuadernación y en la fabricación de artesanías. Sin embargo, a pesar de la gran importancia que tienen las especies de este género para el humano, la forma de cultivo es desconocida para los horticultores; si se tuviera conocimiento sobre la propagación, desde la germinación hasta la producción de semillas, incluyendo los polinizadores, estas orquídeas se podrían producir en condiciones controladas y se reduciría la presión de extracción de su hábitat natural, como apuntan Batista y Bianchetti. Síndromes de polinización El estudio de la biología de la polinización en orquídeas es un tema complicado debido a que las visitas de los polinizadores son efímeras e impredecibles y en muchas ocasiones no ocurren, como señalan varios autores. Los polinizadores van en busca de la “recompensa” que ofrece la flor de las orquídeas, la cual puede ser polen, néctar, aceites florales y fragancias aromáticas, explica Nunes, de tal manera que la recompensa, la morfología de la flor y la fenología floral se encuentran estrechamente relacionadas con un grupo de visitantes florales que influyen directamente en la producción de los frutos y las semillas de las orquídeas y que, en conjunto, generan lo que se conoce como síndromes de polinización. De éstos, uno de los más comunes es la miofilia, desarrollada por las moscas (dípteros), que incluye a especies de más de veinte familias, en donde las flores emiten aromas semejantes a alimentos en descomposición, lo que hace que las moscas depositen sus huevecillos en cada visita, como lo mencionan Albores Ortíz y Sosa. Por su parte, el síndrome de la melitofilia se relaciona con las abejas, ya que la apertura tubular de las flores sólo permite el acceso de la parte apical de la proboscis (lengua) del visitante, el cual se posiciona en el polinario, la estructura que contiene el polen, provocando que éste se adhiera al cuerpo del polinizador. Dressler apunta que en las flores que presentan este síndrome se ha registrado la presencia de ipsdienol, un compuesto químico semejante a la feromona (hormona en insectos) femenina de algunas especies de abejas de la familia de las Euglosinas. De igual manera, el síndrome de falenofilia se lleva a cabo por las mariposas nocturnas, mientras que el de las mariposas diurnas se denomina de psicofilia; en ambos casos las flores ofrecen como recompensa el néctar, ubicado en la prolongación del labelo (pétalo más largo en las orquídeas) llamado nectario, por ello algunas especies de los géneros Spiranthes y Habenaria se denominan nectaríferas. Por último, el síndrome de la ornitofilia es desarrollado por las aves, principalmente por colibríes que, como recompensa, reciben de las flores el néctar, por lo que éstas presentan una adaptación morfológica que permite que el polinario se adhiera al pico del colibrí cuando presiona la columna de la flor (cuadro 1). Cyrtopodium y su polinización Establecido en 1813 por Robert Brown, este género pertenece a la subfamilia Epidendroideae, tribu Cymbidieae y subtribu Cyrtopodiinae, de acuerdo con la clasificación de Szlachetko. En una revisión del género, efectuada por Barros y colaboradores, se reconocieron aproximadamente cincuenta especies, de las cuales la mayor diversidad se encuentra en la región centrooccidental de Brasil, aunque se distribuye en América, desde Florida (Estados Unidos) y México hasta el norte de Argentina. El conocimiento de los sistemas de polinización del género, así como los estudios macroevolutivos que combinan filogenia y cambios en rasgos florales son escasos. Las especies de este género no ofrecen recompensas para sus polinizadores, sin embargo atraen a las abejas de las familias Centridini y Euglossini por medio del engaño, apuntan Pansarin y colaboradores, tomando el caso de Cyrtopodium polyphyllum, que en Brasil mimetiza el color amarillo de las flores de las especies de plantas vecinas que producen diferentes recompensas, tales como Stigmaphyllon arenicola (de la familia Malpighiaceae) y Crotalaria vitellina (Fabaceae), las cuales ofrecen néctar a sus polinizadores. Es decir, C. polyphyllum es polinizada por engaño, involucrando señales ópticas y aprovechando las expectativas de recibir la recompensa que ofrecen otras especies con flores amarillas en el mismo hábitat. Un modelo similar ha sido registrado en Oncidium lucayanum, así como en varias especies de la familia Malpighiaceae en las Islas Bahamas, en donde las flores engañan a las hembras de Centris (abejas colectoras de aceite). Ferreira y sus colaboradores documentaron en Brasil que Cyrtopodium eugenii es polinizada por la abeja Centris fuscata; mientras Dutra y colaboradores desarrollaron un estudio en Estados Unidos sobre la biología reproductiva in situ de Cyrtopodium punctatum, registrando avistamientos de dos avispas: Xylocopa micans y X. virginica, pero no registró remoción de polinias. En México existe Cyrtopodium macrobulbon, de amplia distribución en los estados de Sonora, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Campeche, Yucatán, Veracruz, Puebla, Guanajuato, San Luis Potosí y Tamaulipas; sin embargo, no se conocen estudios sobre ecología de la polinización, por lo que es necesario su desarrollo con el propósito de entender cómo son sus mecanismos de reproducción y aprovecharla de manera sustantiva en un futuro no lejano. Conclusiones Las especies del género Cyrtopodium (de la familia Orchidaceae), no ofrecen recompensas florales de ningún tipo para sus polinizadores; sin embargo, atraen a las abejas de las tribus Centridini y Euglossini por engaño, ya que imitan las formas y los colores de las flores de otras especies que florecen simultáneamente en sus sitios de distribución. En México no se han llevado a cabo estudios referentes a la ecología de la polinización de las especies de este género, por ello es importante efectuar tales investigaciones. |
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| Agradecimientos A Mahinda Martínez y a Fernando Chiang por la revisión crítica del manuscrito. |
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Referencias bibliográficas
Se recomiendan las lecturas de Dutra, et al., 2009; Hong Liu y Robert Pemberton, 2010 y Morales-Sánchez, et al., 2014, aquí enlistadas. Albores Ortiz, O. y V. Sosa. 2006. “Polinización de dos especies simpátricas de Stelis (Pleurothallidinae, Orchidaceae)”, en Acta Botánica Mexicana, núm. 74, pp. 155-168. Barreto, D. W. y J. P. Parente. 2006. “Chemical properties and biological activity of a polysaccharide”, en Cyrtopodium cardiochilum, vol. 64, núm. 2, pp. 287-291. Barros, B., J. A. N. Batista y L. B. Bianchetti. 2003. “Epitypification and taxonomic elucidation of some Brazilian taxa of Cyrtopodium R. Br. (Orchidaceae)”, en Taxon, vol. 52, pp. 841–849. Batista, J. y L. B. Bianchetti. 2005. “Two new taxa in Cyrtopodium (Orchidaceae) from southern Brazil”, en Darwiniana, vol. 43, pp. 74–83. Boscolo, O. H. y L. S. Valle. 2008. “Plantas de uso medicinal em Quissamã, Rio de Janeiro, Brasil”, en Iheringia, vol. 63, pp. 263-277. Dutra, D., M. E. Keane, C. R. Adams y L. Richardson. 2009. “Reproductive biology of Cyrtopodium punctatum in situ: implications for conservation of an endangered Florida orchid”, en Plant Species Biology, vol. 24, pp. 92-103. Dressler, R. 1981. The Orchids: Natural history and classification. Harvard University Press. García-Peña, M. y M. Peña. 1981. “Uso de las orquídeas en México, desde la época Prehispánica hasta nuestros días”, en Orquídea, vol. 8, pp. 59–75. Johnson, S. D., C. I. Peter., L. A. Nilsson y J. Agren. 2003. “Pollination success in a deceptive orchid is enhanced by co-occurring rewarding in magnet plants”, en Ecology, vol. 84, pp. 2919-2927. Monroy Ortiz, C., et al. 2013. “Plants of local interest for medicinal and conservation purposes in Morelos, Mexico”, en Ethnomedicine, vol. 7, pp. 13–26. Nunes, C. E. P. 2011. Biologia da polinização e reprodução de Elleanthus C.Presl. (Orchidaceae) na Mata Atlântica do Parque Estadual da Serra do Mar, São Paulo. Tesis de maestría, Instituto de Biologia da Universidade Estadual de Campinas. Pansarin, L. M., E. R. Pansarin y M. Sazima. 2008. “Reproductive biology of Cyrtopodium polyphyllum (Orchidaceae): a Cyrtopodiinae pollinated by deceit”, en Plant Biology, vol. 10, pp. 650-659. Pérez Escobar, O. A., et al. 2017. “Recent origin and rapid speciation of Neotropical orchids in the world’s richest plant biodiversity hotspot”, en The New Phytologist, vol. 215, pp. 891–905. Phillips, R. D., et al. 2017. “Evolutionary relationships among pollinators and repeated pollinator sharing sexually deceptive orchids”, en Evolutionary Biology, vol. 30, núm. 99, pp. 1674-1691. Romero González, G. A., J. A. N. Batista y L. B. Bianchetti. 2008. “A Synopsis of the Genus Cyrtopodium (Catasetinae: Orchidaceae)”, en Harvard Papers in Botany, vol. 13, núm. 1, pp. 189-206. Singer, R. B. 2009. “Morfología floral y polinización de orquídeas: El Segundo libro de Charles Darwin”, en Acta Biológica Colombiana, vol. 14, pp. 337.349. Soto Arenas M. A., et al. 2007. “Las orquídeas de México: Catálogo Digital”, en Las Orquídeas de México (https://herbarioamo.org/index_archivos/Page492.htm) Sun, H. L. y R. G. Alexandersson. 2006. “Pollination biology of the deceptive orchid Changnienia amoena”, en Biological Journal of the Linnaean Society, vol. 150, núm. 2, pp. 165-175. Szlachetko, D. L. 1995. “Systema Orchidalium”, en Frag. Florist. Geobot. Suppl., vol. 3, pp. 1-152. Tremblay, R. L. y J. D. Ackerman. 2007. “Floral color patterns in a tropical orchid: are they associated with reproductive success?”, en Plant Species Biology, vol. 22, núm. 2, pp. 95-105. Tremblay, R. L., J. D. Ackerman., J. K. Zimmerman y R. C. Calvo. 2005. “Variation in sexual reproduction in orchids and its evolutionary consequences: a spasmodic journey to diversification”, en Biological Journal of the Linnaean Society, vol. 84, núm. 1, pp. 1-54.. |
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| Jacinto Treviño Carreón, Marissa Cervantes Llamas, Tania Judith Hernández López y Juana María Coronado Blanco División de Estudios de Postgrado e Investigación, Facultad de Ingeniería y Ciencias, Universidad Autónoma de Tamaulipas. |
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| Marisol Ocampo Sandoval |
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La polinización es fundamental para la mayoría
de las especies de plantas y casi 90% de las 400 000 especies de plantas que tienen flores depende de animales para su polinización; el resto ocurre por viento. En ambos casos el polen es trasladado desde la antera de una flor al estigma de otra, permitiendo la reproducción de las mismas; pero en el caso de la polinización por animales, un fenómeno complejo, puede ocurrir en muchas formas distintas. Una breve revisión de la diversidad de los grupos de animales que visitan flores lo ilustra claramente y permite destacar algunos patrones comunes en dicho comportamiento y su evolución.
Para empezar, los insectos son mayoría: proporcionan servicios de polinización a casi 80% de todas las especies de plantas con flores. Las polillas (Lepidoptera: Sphingidae), de hábitos nocturnos y crepusculares, son frecuentes visitadoras de las flores en zonas templadocálidas, subtropicales y tropicales. Dependiendo del grupo de plantas que visiten, estos insectos varían ampliamente en su masa corporal, en la forma del cuerpo y sus alas, así como en la longitud de la espiritrompa. Uno de los ejemplos más célebres de la interacción de polillas y flores es la de la orquídea estrella de Darwin (Orchidaceae: Angraecum sesquipedale), especie que se caracteriza por tener un espolón estrecho, de 29 centímetros de largo, que contiene néctar. Fue descrita sin que se conociera un polinizador que pudiera acceder al néctar ubicado tan profundamente. En 1862, en una obra sobre la fertilización de las orquídeas, Charles Darwin propuso que el polinizador de la orquídea estrella debía ser una polilla con una espiritrompa de una longitud de 25 a 28 centímetros; en aquella época no se conocía ninguna polilla con una espiritrompa tan larga en el área de distribución de la orquídea, y fue hasta 1910 cuando los entomólogos Karl Jordan y Lionel Walter Rothschild encontraron el insecto que poliniza dicha flor. Desde entonces, se considera que los espolones florales de néctar largos son una adaptación que representa un alto grado de especialización en plantas. Mientras que las mariposas son visitantes frecuentes de flores tropicales y templadas, se alimentan de una extensa diversidad de formas florares y se ha observado que son vectores necesarios para la polinización de la flora andina pero aún se discute su eficiencia en otros ambientes. En cuanto a las avispas, sabemos que también suelen visitar flores de distintos grupos de plantas, recibiendo recompensas muy específicas. Uno de los ejemplos clásicos, y más estudiados, es el de la interacción de las avispas y los higos del género Ficus (Moraceae), cuyas especies son principalmente polinizadas por una especie diferente de avispa (Hymenoptera: Chalcidoidea: Agaonidae) que, a su vez, sólo puede reproducirse en los frutos en desarrollo de este género de plantas. Otro caso llamativo es el de las avispas que son engañadas por algunas especies de orquídeas; los machos de la especie Neozeleboria cryptoides (Tiphiidae) son atraídos por la morfología de la orquídea Chiloglottis trapeziformis que imita tanto el cuerpo de la avispa hembra como las feromonas sexuales de la misma; los machos visitan continuamente a estas flores con la intención de copular y durante esta actividad polinizan la orquídea. Se ha documentado que tales orquídeas presentan una morfología significativamente más larga y ancha que el cuerpo de las hembras y además producen mayor cantidad de feromonas sexuales. No obstante, los insectos polinizadores más conocidos son las abejas, un grupo monofilético especializado en el consumo de polen que divergió de otro de avispas ápidas (Hymenoptera) a mediados del cretácico. Entre las abejas existe toda una gama de posibilidades en el consumo de polen: hay especies que restringen sus visitas a taxones de plantas estrechamente relacionadas, mientras que otras exploran una gran diversidad de fuentes. Entre los vertebrados, las aves representan el grupo que visita flores con mayor frecuencia y son más de novecientas especies. Los colibríes se consideran los más especializados; algunas especies de plantas andinas de Passiflora (Passifloraceae) dependen del colibrí Ensifera ensifera para su reproducción. La distribución de los colibríes y estas plantas coincide por completo y la escases de Ensifera resulta en un conjunto reducido de semillas de pasiflora; de hecho, 90% de las especies de este género son polinizadas por colibríes. Asimismo, el género Ruellia (Acanthaceae) cuenta con 350 especies, la mitad de las cuales están adaptadas para la polinización por colibríes. Otro ejemplo interesante lo encontramos en los colibríes de la especie Eulapis jugularis, que visitan heliconias específicas de las Antillas menores; los machos y las hembras presentan dimorfismo sexual en el pico como resultado de diferencias en las estrategias de forrajeo, los primeros tienen picos más cortos y rectos y se alimentan de flores de Heliconia (Heliconiaceae) con distinta morfología. Entre los mamíferos, el caso más documentado de interacciones con plantas es el de los murciélagos, cuyas especies suelen consumir néctar y polen, aunque se ha documentado algunos casos raros en que solamente se refugian en la flor. En Asia y África, catorce especies de murciélagos de la familia Pteropodidae, y en América 38 especies de filostómidos (Phyllostomidae) son los principales polinizadores de cientos de especies de plantas tropicales y subtropicales como los cactus columnares (Cactaceae), que suelen abrir sus flores robustas durante la noche. Otros taxa son también importantes visitantes florales pero, en comparación con los miembros de sus grupos, sus hábitos nectarívoros se consideran poco comunes. Hay, por ejemplo, algunas especies de lagartijas que polinizan plantas, varias de araña de la Familia Salticidae (Aranaea) y un marsupial, el llamado mielero (Tarsipedidae: Tarsipes rostroatus). Tipos de interacciones planta-animal Usualmente en la literatura se afirma que las plantas y los animales que interactúan están en un conflicto, es decir, ambos intentan invertir lo menos posible y maximizar los beneficios obtenidos de la interacción. Las plantas requieren incrementar la eficiencia del traslado de polen con el menor costo de energía invertido en recompensas y atrayentes; si invierten más energía que los beneficios que reciben por la polinización, o si el beneficio es nulo o negativo, entonces se dice que la planta es explotada o robada por el visitante. Desde la perspectiva del visitante, los animales buscan invertir poca energía en la búsqueda de las recompensas y maximizar la asimilación de los nutrimentos y la energía obtenida. Cuando una planta anuncia recompensas que no tiene o utiliza estrategias miméticas, se dice que engaña al polinizador. Por lo tanto, las especies se encuentran continuamente involucradas en conflictos de intereses entre los interactuantes y con ello puede surgir la explotación mutua entre individuos egoístas. El resultado de tales interacciones varía de positivo a negativo, según las condiciones bióticas y abióticas. Consecuentemente, las interacciones biológicas suelen considerarse como de dos tipos: las antagonistas y las mutualistas. Las interacciones antagonistas son aquellas en las que una de las especies involucradas se ve afectada negativamente, mientras que la otra se ve beneficiada: como los animales que roban néctar y consumen este recurso de las plantas sin participar en la polinización; o las especies de plantas que engañan a los animales visitantes para que efectúen la polinización sin que éstos reciban ninguna recompensa. Muchas de estas especies antagonistas son casi tan especializadas como las mutualistas. Las interacciones mutualistas, por su parte, son una relación interespecífica en donde las especies participantes reciben un beneficio mutuo. De éstas, la polinización es la que ha sido más estudiada. La polinización es una de las interacciones más importantes porque de ella depende gran parte del mantenimiento de las comunidades ecológicas. La gran diversidad actual que presenta el grupo de las angiospermas se atribuye a la evolución de la polinización por animales y, a su vez, se ve reflejada en una gran diversificación al interior de los distintos grupos de polinizadores. De manera muy particular, en las familias de plantas Orchidaceae e Iridaceae la polinización puede ser altamente especializada. Finalmente, la polinización por engaño y el robo de néctar me permiten destacar que no todas las interacciones de polinización son mutualistas, como se pensaba tradicionalmente, y que es un proceso más complicado de lo que hemos considerado. La gama de especialistas a generalistas En la naturaleza se puede encontrar interacciones altamente específicas de plantas y polinizadores. Cuando analizamos los estudios más representativos sobre polinización, observamos que buena parte de éstos se ha enfocado en interacciones muy especializadas; por ejemplo, las abejas recolectoras de aceite, las avispas y plantas de higos de Ficus asociados, la polilla de yuca y recientes estudios de la flora de África sobre numerosos sistemas altamente especializados de polinización que involucran sólo una o dos especies de moscas recolectoras de aceite. Sin embargo, cabe mencionar que muchas plantas no dependen solamente de una especie de animal para su polinización, por lo que tales ejemplos de alta especialización son la excepción y no la regla de lo que ocurre en la naturaleza. Más bien, las plantas dependen de un conjunto de visitantes, casi siempre cercanamente relacionados entre sí, que contribuyen a la transferencia de polen. Así, la mayoría de las plantas que dependen de colibríes tienen como polinizadores a más de una especie de este grupo de aves. Este patrón asimétrico en las relaciones plantaanimal puede ser observado a nivel de grupo filogenético, al de comunidad e incluso al estudiar la red de interacciones de una especie de animal en particular. Por si fuera poco, hay variación temporal y geográfica en tales interacciones. Las relaciones de especialistas y generalistas forman un espectro continuo. La especialización y la generalización son dinámicas y existen simultáneamente en múltiples estados y en diferentes niveles de jerarquía biológica. En el corto plazo, la especialización asegura la transferencia de polen de manera exitosa, mientras que a largo plazo, la generalización brinda adaptabilidad a cambios en la comunidad que afecten la reproducción. La noción de que la mayoría de las angiospermas están especializadas para la polinización por tipos de animales particulares fue desafiada en el siglo pasado en los noventas con base en la aparente generalidad de los sistemas de polinización, principalmente debido a la variación geográfica y temporal que existe entre las comunidades. En 1987, Jordano analizó los estudios comunitarios que estaban disponibles en ese momento y concluyó que las interacciones son altamente generalistas, que la mayoría son débiles y fuertemente asimétricas, y acentuó que los estudios sobre interacciones deben de realizarse a nivel comunitario. Para llamar a una especie generalista o especializada es necesario conocer la composición de la fauna de visitantes florales locales y comparar uno con otro. En 2004, Fenster y colaboradores sugirieron que cuando más de 75% de las visitas son por una misma especie o un grupo funcional se puede considerar como un sistema especializado. Además, cabe mencionar que muchas de las especies de animales que visitan flores incluso pueden no ser polinizadores, sino visitantes que consumen algún recurso sin proporcionar ningún beneficio a la planta. La condición de generalista implica que los polinizadores son funcionalmente equivalentes, es decir, que la ausencia de una especie polinizadora en una región puede ser compensada con la presencia de una especie similar; por ejemplo, una especie de planta aparentemente generalista puede estar adaptada a una gama de polinizadores que ejercen la misma presión de selección o bien estar adaptada a un equilibrio de diferentes presiones selectivas generadas por distintos tipos de polinizadores. Mientras que una especie de planta que es polinizada por una sola especie a lo largo de su área de distribución es especialista, pero si cada población de una especie de planta es polinizada por un animal específico a su área, puede catalogarse fácilmente como generalista; así como también hay plantas que pueden tener múltiples polinizadores que cambian a lo largo del año o de su vida, pero que son visitantes especialistas en el corto plazo. Por lo tanto, considerar las diferencias entre poblaciones en un contexto comunitario puede ayudarnos a comprender la especialización biológica, la variación geográfica y los distintos desenlaces de las interacciones biológicas. De otra manera es tentador dejarnos llevar por el número de visitantes y, como ocurrió en el estudio realizado por Waser y colaboradores en 1996, en donde resumen información sobre las familias Ranunculáceas, Orchidaceae y Polemoniaceae de la flora europea, y concluyeron que las proporciones de visitas por más de una especie de animal fueron de 95%, 100% y 83% respectivamente, considerando tales especies como polinizadores generalistas. No debemos dejar de lado el contexto comunitario. Algunas de las razones para enfocarse en las interacciones de sólo un par de especies son que, en primer lugar, resulta más fácil de manejar y de realizar en la práctica. Pero una vez que se reconoce que predominan las especies generalistas, tanto en un contexto comunitario como entre clados, resulta indispensable considerar en nuestras investigaciones un mayor número de las especies interactuantes, por lo menos aquellas que tienen una interacción más estrecha con las de nuestro interés. Conclusiones Como conclusión general, me gustaría destacar tres ideas principales que me parecen fundamentales en lo aquí expuesto. La primera es que, en varios de los trabajos mencionados, se enfatiza la necesidad de estudiar las interacciones de las plantas y sus visitantes florales en un contexto comunitario que nos permita reconocer la especialización de manera adecuada, así como los patrones que exhiban los sujetos de estudio. Dicha observación no debe ser tomada a la ligera. Para poder aproximarse a la especialización es necesario elegir adecuadamente el sistema de estudio. Conocer las relaciones entre los taxones que conforman la comunidad nos permite definir adecuadamente el sistema de estudio y con ello establecer las preguntas de investigación, los supuestos que pueden comprobarse y el tipo y grado de especialización con los que estamos trabajando. |
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Referencias Bibliográficas
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| Marisol Ocampo Sandoval Departamento de Biología, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México. Es egresada de la carrera de Biología de la Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México. Realizó estudios de Maestría en la Facultad y actualmente cursa estudios de Doctorado en dicha institución. Candidata a doctor y profesora de Asignatura A de la materia de Biogeografía durante los últimos 6 años. Especializada en Biogeografía ecológica, ha realizado varios proyectos en esta área utilizando a las aves como sujeto de estudio. |
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| Gonzalo Halffter† | |||||||||||
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Lo que hemos denominado como Zona de Transición
mexicana y sus características principales nos lleva a tratar de entender cómo se refleja y cambia la distribución de plantas y animales en las Américas. Es un tema que he desarrollado con varios colaboradores, entre ellos Juan José Morrone y Claudia Moreno, y al que en esta ocasión regreso a fin de proporcionar una vista de conjunto que estimule la comprensión de la relación existente entre los taxa y el medio, centrándonos en el punto esencial: la distribución actual de los seres vivos, la cual es resultado de las distribuciones que tuvieron lugar en el pasado y de los movimientos de la Tierra.
Tenemos que considerar que existen tierras y océanos pero, y esto es esencial, que los seres vivos tienen características propias que los hacen desplazarse, competir, etcétera. Y algo muy importante es el azar, que desempeña un papel fundamental en la distribución de los organismos. El movimiento es algo primario y real, y la esencia de la biogeografía histórica es justamente el movimiento: explicar cómo las estructuras y la distribución actual han llegado a establecerse. En 1962 publiqué la primera nota sobre el tema, en un momento en que varios autores estaban muy interesados en ello. Para 1987 el Annual Review incluyó un artículo y en una búsqueda efectuada en Google Academic en 2021 encontré que a la fecha hay 14 205 referencias. Como recientemente ha señalado Morrone, la teoría de la zona de transición mexicana ha quedado incorporada a las propuestas que se discuten en primera fila. Señalo esto con el deseo de mostrar que estamos hablando de algo vivo, que se discute. Es una nueva concepción de la biogeografía. Zonas de transición Existen espacios terrestres donde se encuentran dos medios muy distintos: son las llamadas zonas de transición, en donde hay un solapamiento en uno y otro sentido, con características de energía muy intensa que provocan la aparición de montañas y movimientos terrestres. Las zonas de transición representan áreas en donde se encuentran cenocrones distintos, es decir, formaciones con un origen histórico en tiempos diferentes, que para los biogeógrafos evolutivos son especialmente importantes pues en ellas se manifiestan muchas características de los elementos que las conforman. Nosotros hemos establecido la zona de transición mexicana que corresponde justamente al contacto o “choque” entre las regiones Neártica y Neotropical. En esta zona hemos propuesto una serie de divisiones en función de la historia biogeográfica, misma que vamos a examinar. La acumulación de citas o el señalamiento de la importancia de un método (ambas cosas se han hecho repetidas veces) no forzosamente contribuyen a que el lector pueda valorar una propuesta; por lo tanto, es indispensable formular la teoría como tal, aunque sea en forma concentrada. La teoría pretende explicar cómo y dentro de qué límites de espacio y tiempo, distintos linajes de animales —en especial insectos—, unos de procedencia septentrional, otros de origen neotropical, se han expandido siguiendo determinadas rutas, lo cual ha dado origen a una de las faunas más ricas del mundo. Recientemente, en un artículo publicado en 2017, expuse que una de las razones de la excepcional megadiversidad de México reside justamente en la sobreposición de linajes de distinto origen. La elaboración de dicha teoría ha seguido un proceso de presentación de hipótesis y acumulamiento de evidencias procedentes de distintos grupos taxonómicos. Aunque las zonas de transición han sido mencionadas en la biogeografía histórica desde las primeras divisiones en regiones, ninguna ha recibido una atención equivalente a la mexicana. La coincidencia de una favorable configuración climática (norte templado-frío, sur tropical) con la disposición dominante Norte-Sur en las cordilleras (el Sistema Volcánico Transversal es la única gran excepción) ha favorecido la dispersión hacia el sur de elementos adaptados a climas templados y fríos siguiendo la parte alta de las montañas, así como la penetración hacia el norte de elementos tropicales siguiendo las planicies costeras. Se sobreponen además elementos de origen filético y ecológico totalmente distinto. La fauna de montaña no es una fauna tropical empobrecida. Se trata de elementos de origen septentrional templado-frío que se han expandido desde Norteamérica siguiendo las cordilleras. El lector debe tener en cuenta los límites de tiempo entre los que ocurrieron (o suponemos que ocurrieron) los distintos acontecimientos biogeográficos-evolutivos: fines del Cretácico al actual. Acontecimientos previos al Cenozoico tienen muy poca influencia en los patrones de distribución que estudiamos por una razón: los organismos que entonces existían son otros. Una definición Como ocurre con cualquier fenómeno o acontecimiento en biogeografía histórica, hay que situar la biota en el espacio y el tiempo. En relación con el primero, en cualquier fenómeno biogeográfico, pero muy especialmente en una zona de transición, hay que fijar los limites del escenario; el segundo, por su parte, es continuo, pero los fenómenos ocurren en lapsos determinados. El solapamiento de distribuciones de orígenes distintos que caracteriza a la zona de transición mexicana corresponde a un lapso que no ha existido siempre. Por patrón de distribución entendemos la distribución actual de un cenocrón (un termino introducido por Reig en 1981), esto es, un conjunto de taxa que comparten historia biogeográfica y requerimientos ecológicos, lo que significa que tienen un origen similar, tanto en tiempo como en espacio. El patrón de distribución es la unidad base de mi teoría sobre esta zona. Las dos grandes masas continentales, Pangea al norte y Gondwana al sur, estaban en contacto en el Cretácico superior. Norteamericana estaba divida por una enorme transgresión marina, masiva, oblicua, que ocupa la cuenca del Mississippi, del noroeste de Canadá al Golfo de México. Este mar dividía las tierras de Norteamérica en una porción oriental que mantenía contacto con Asia por Beringia y cuyo extremo sur llegaba a México; y otra porción que comprendía el este de Norteamérica y mantenía contactos con la Proto-Europa. ¿En qué tiempo geológico podemos considerar que existieron entre Norte y Sudamérica los elementos y las condiciones de una Zona de Transición? Si tomamos como grupo de referencia a los coleópteros: Scarabaeoidea coprófagos (grupo que hemos estudiado), las condiciones paleogeográficas y faunísticas se inician a fines del Cretácico. El escenario paleogeográfico A fines del Cretácico, dos archipiélagos mantenían una comunicación irregular entre Norte y Sudamérica. El primero estaba en una posición semejante a la del actual puente centroamericano; el segundo, las ProtoAntillas, ocupa una posición más al este. Entre esta primera zona de transición (más bien un puente) y la actual zona de transición mexicana hay una diferencia muy importante: las montañas, que son un aspecto determinante. Más de la mitad de los linajes de afinidad septentrional están asociados con las montañas. La primera zona de transición tiene en común con la actual la contraposición de dos faunas muy distintas: la del norte, originada en el caso de los insectos mayoritariamente en los trópicos del Viejo Mundo y con una amplia distribución Holártica; y la austral —muy peculiar— de afinidades gondwanianas. A fines del Cretácico existía una comunicación activa, aunque no masiva, entre Norteamérica y la parte norte de Sudamérica a través de los archipiélagos antes mencionados. Entre el Cretácico superior y el Paleoceno, el noreste de Sudamérica estaba conectado con el norte por las ProtoAntillas. Los elementos neotropicales, que van a seguir el patrón de distribución en el Altiplano, pasan al actual territorio mexicano en ese tiempo. Incluso elementos de origen neotropical llegan, y se diversifican en el actual territorio de los Estados Unidos, aprovechando las condiciones más cálidas que se mantienen hasta el Eoceno-Mioceno. En el Paleoceno esta conexión se interrumpe y volverá a establecerse en el Mioceno; es la mayor interrupción de la conexión directa. Durante este lapso las transgresiones marinas cubren gran parte de Sudamérica, de Patagonia a Bolivia y Perú, separando claramente el nortenoroeste de Sudamérica del sursureste del continente. El cenocrón Mesoamericano de Montaña, integrado en el Núcleo Centroamericano, se expande al sur, pero especialmente al norte del Núcleo durante el lapso Oligoceno-Mioceo. En el Oligoceno comienza el desarrollo del Sistema Volcánico Transversal, un importante conjunto de montañas y volcanes de mil kilómetros de longitud, que se extiende del Océano Pacífico al Golfo de México entre los 18° 30’ y los 25° 30’ de latitud norte, y que va a marcar tanto la dispersión como la especiación de los linajes de montaña de afinidades septentrionales por ser el obstáculo más importante a la expansión hacia el norte de los linajes neotropicales. Con la aparición de dicho sistema, seguida de la elevación del Altiplano, fenómenos que se desarrollan durante el Mioceno, el Altiplano Mexicano se convierte en una península de Norteamérica, aislada de las tierras bajas tropicales por las Sierras Madre Occidental y Oriental y por el propio Sistema Volcánico Transversal. Son estas condiciones las que marcan el desarrollo de los elementos que siguen el patrón de distribución en el Altiplano, de antiguo origen neotropical, diversificando y restringido al Altiplano Mexicano. A partir del Plioceno, la zona de transición mexicana llega a una conformación geográfica similar a la actual, que favorece la penetración hacia el sur de la fauna holártica y hacia el norte de la Neotropical. La estructura orográfico-climática propicia este intercambio. Los primeros periodos del Cenozoico, al menos hasta el Eoceno, son marcadamente más tropicales que hoy día. Como hemos señalado, el Altiplano Mexicano, cuya elevación se inicia en el Mioceno, conserva una fauna de origen neotropical pero que evoluciona en aislamiento: el patrón del Altiplano, fauna a la que se van sumando elementos neárticos de llegada posterior. Las cordilleras (Sierras Madre y el creciente Sistema Volcánico Transversal) son la barrera a la expansión de la fauna sudamericana, pero también la vía para la expansión hacia el sur de la fauna holártica de montaña, vía dispersión horizontal. En todas estas cordilleras la expansión horizontal domina, lo que determina una fuerte especiación por vicarianza. Plioceno-Pleistoceno El cenocrón Neotropical típico (realmente un conjunto de cenocrones) cuya distribución da lugar al Patrón Neotropical Típico, se extiende a la zona de transición mexicana después de la reconstitución del puente centroamericano: es una invasión moderna de linajes procedentes del sur que se extiende por las tierras bajas tropicales de Centroamérica y México. La consolidación del puente es un proceso gradual. En el Mioceno medio (de 10 a 5 millones de años antes del presente) existe un archipiélago que, como señaló G. G. Simpson, permite el paso de algunos grupos de animales “saltadores de islas”. Con base en datos de Lomolino y colaboradores, entre 220 y 160 millones de años atrás existe una relativa continuidad de la Pangea y Gondwana, que entre 140 y 75 millones de años atrás se rompe. Dicha interrupción va a terminar en el Mioceno medio (hace 3.6 millones de años) con el restablecimiento de la conexión entre Norte y Sudamérica mediante el puente centroamericano; lo que fue un intercambio precario se transforma en el Great American Biota Interchange, uno de los intercambios faunísticos más importantes en la historia de la vida en la Tierra. Cabe señalar que éste no afecta por igual a la fauna del norte y a la neotropical; aproximadamente la mitad de los géneros de mamíferos de Sudamérica emigra a Norteamérica, pero sólo 10% de los géneros norteamericanos emigra al sur. Analizar el solapamiento y la sobreposición de dos historias biogeográficas, no sólo diferentes, sino con orígenes totalmente distintos, es hablar de una zona de transición. Para ocurrir, una zona de transición necesita de un espacio físico, geográfico, con límites en el tiempo. De ahí la importancia de la precisión que aporta esta teoría. |
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Referencias Bibliográficas
Donato, M., P. Posadas, D. Miranda, E. Ortíz, y G. Cladera. 2003. “Historical biogeography of the Andean región: evidence from Ristroderina (Coleoptera: Curculionidae: Rhytirrhinini) in the context of the South American geobiotic scenario”. en Biól. J. Linn. Soc., vol. 80, pp. 339-352.
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| Gonzalo Halffter (1932-2022) Investigador Nacional Emérito Instituto de Ecología, A.C. Falleció mientras se preparaba este artículo para su publicación. Biólogo y doctor en ciencias. Fue investigador y más tarde catedrático. Desempeñó diversos cargos académicos, entre ellos, Director de Graduados e Investigación Científica (Instituto Politécnico Nacional); Fundador y, por dos períodos, Director General del Instituto de Ecología, A.C.; Investigador Emérito Instituto Politécnico Nacional, Instituto de Ecología, sni; Presidente del Comité mabunesco; Director de Desarrollo Científico-conacyt. Fue investigador SNI Nacional nivel III (1986-1995) e Investigador Nacional Emérito (1995 a 2022). |
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Magdalena Cadena Aguilar |
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La Tierra está atravesando la sexta extinción
biológica masiva, las especies de plantas y animales están desapareciendo de diez a cien veces más rápido de lo que tardarían normalmente. Recordemos que la extinción es un evento natural que afecta a los organismos; sin embargo, la destrucción del hábitat, la expansión territorial de los asentamientos humanos, la caza furtiva y el cambio climático están provocando que la extinción sea alarmantemente rápida. México no se escapa de esta tendencia, en la NOMO-59-SEMARNAT-2010 se hace mención de 3 148 especies de flora y 1 704 de fauna en alguna categoría de riesgo de desaparecer. Por otro lado, si se considera que nuestro país se caracteriza por una gran variedad de climas, plantas y animales que se pueden observar en nuestra vida cotidiana, ya sea en un paseo por la carretera o en excursiones a zonas naturales. Lo anterior hace posible el contacto con los animales silvestres; ante esta situación es recomendable que todos conozcamos el procedimiento a seguir en caso de encontrar a alguno de ellos o querer poseer uno como mascota. Es importante recordar que la fauna silvestre ha sido definida por la semarnat como: todos los animales no domésticos (venado, armadillo, liebres, codorniz, faisán, cocodrilo, iguana y víbora, etcétera) que viven, crecen y mueren en los bosques, selvas y desiertos de México y no necesitan de cuidado del hombre. Cada año se venden ilegalmente artículos hechos de piel de reptil y mamífero, además de animales vivos como: monos, aves y peces, para tenerlos como mascota; sin embargo, para poseer cualquier animal en casa es necesario evaluar las condiciones que requerirá a lo largo de su vida como: espacio suficiente para sus actividades naturales (volar, saltar), alimento adecuado, entre otras. Para lograr lo anterior, nos podemos auxiliar de profesionales como: médicos veterinarios, biólogos y ecólogos especialistas en el tema. En México, en caso de querer una especie silvestre como mascota se debe solicitar una autorización ante la semarnat, siempre y cuando el comportamiento del animal le permita convivir con el hombre en un ambiente doméstico bajo manejo y no represente riesgos físicos, sanitarios ni de seguridad para sus propietarios o cualquier otra persona u otros animales. Desafortunadamente, no siempre se cumple con la normatividad y el tráfico ilegal de especies abarca desde la extracción del animal de su ambiente natural, su traslado a algún lugar, su compra y venta, hasta su tenencia no autorizada. El comercio ilegal se puede encontrar en mercados, bazares, tiendas de mascotas, puestos en carreteras, casas e internet. Las víctimas de este delito son los animales, que en su mayoría mueren mucho antes de ser comprados, ya que viven en condiciones deplorables. En ocasiones el comprador no tiene interés por la calidad de vida del ejemplar o simplemente se presenta la ocasión de adquirir algún animal, producto o subproducto del mismo; algunos realizan la adquisición con la intención de brindarle mejores condiciones de vida. Comprar por compasión no es la solución, ya que fomenta que continúe el comercio. Resulta indispensable mantenerse informado y actuar procurando el bienestar de los animales, los recursos naturales y la salud pública. Existen centros para la Conservación e Investigación de la Vida Silvestre (civs, ver recuadro) donde reciben y rehabilitan animales silvestres heridos, enfermos o huérfanos que son entregados voluntariamente o fueron rescatados o decomisados por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (profepa) o la Procuraduría General de la República (pgr). La intención de tales centros es el cuidado y, en ocasiones, la liberación controlada de un animal (o grupo de animales) en la naturaleza, o su reubicación en espacios más adecuados. Intentan, además, ralentizar la extinción de dichas especies de animales y proteger el ambiente, priorizando la conservación de la fauna endémica de México. Algunas veces los humanos intentamos devolver a la naturaleza a tortugas, peces, serpientes y otras mascotas no convencionales, lo cual no resulta fácil porque es necesario considerar aspectos esenciales para su supervivencia. Aquí mencionamos algunos de éstos: a) origen. Se deben liberar animales en un lugar donde existan recursos necesarios en su dieta, similares al de su origen; por ejemplo, si un animal es de clima frío, como un oso polar, difícilmente sobreviviría en la selva pues no va a encontrar alimento adecuado para sus necesidades y lo más seguro es que tendrá mucho calor y no resistirá; b) disponibilidad de recursos. Es necesario estimar el número de animales que se puede liberar de acuerdo con los recursos disponibles en el ecosistema. Si hay más de los que el medio soporta, se saturará y se quedará sin recursos que ofrecer (presas, frutas, agua); c) necesidades de la especie. El espacio para los animales debe ser adecuado, ya que es elemental conocer el número de individuos por unidad de área. Lo anterior depende de cómo se desplaza el animal (el jaguar corriendo, una rana saltando, un murciélago volando), cuántos individuos viven juntos (solitarios o en manadas), cómo se comporta cada especie (reptiles, aves, arácnidos, mamíferos o anfibios). d) Relación con los humanos. Los hábitos de las especies pueden ir en contra de las costumbres humanas, como cuando la especie en peligro se alimenta de ganado o de los productos agrícolas de los habitantes de lugares aledaños a su hábitat. Eso ocasiona que a los pobladores les sea más conveniente eliminarla, por lo tanto se deben mediar las interacciones de las especies para coexistir; e) conocimiento del tema. Se debe contar con conocimientos acerca de los procedimientos de liberación mencionados de la especie en cuestión o similares para prever la problemática que se puede presentar con ganaderos, cazadores, agricultores y otros; f) adaptación. Al introducir a un animal en un lugar que no es su hábitat original, éste se adapta o no al mismo. Cuando los animales se adaptan pueden llegar a representar una amenaza, ya que su alimentación arrasa con plantas y otros animales que forman parte del ecosistema desde el principio. Por el contrario, pueden no adaptarse a los recursos ahí presentes y morir de hambre; g) disponibilidad de recursos económicos suficientes. Los proyectos de liberación generalmente implican costos elevados que son subsidiados por instituciones públicas o privadas; y h) tenencia responsable. El cumplimiento de la normatividad correspondiente, convenios locales y otros. La liberación planificada en el hábitat natural de los animales puede requerir un entrenamiento previo (liberación suave) o carecer de él (liberación dura). Dicho entrenamiento consiste en adoptar el comportamiento instintivo que se desarrolla de manera natural en vida libre. Además, les permite a los animales sobrevivir en el medio ambiente. Por lo tanto, éstos deben ser capaces de: 1) temer y evitar a los humanos. En cautiverio muchas veces existe una interacción con personas que los alimentan, limpian, etcétera. Sin embargo, dejar que los humanos se acerquen puede resultar contraproducente para el animal, pues en vida libre esto favorece a un cazador o alguien que importune al espécimen; 2) reconocer y evitar a sus depredadores. En cautiverio no hay depredadores, por lo tanto el animal debe aprender a reconocerlos y a reaccionar al posible peligro; 3) adquirir y procesar los alimentos. Si el animal no es capaz de reconocer y conseguir alimento adecuado a sus necesidades, así como de procesarlo (pelar la fruta, no comer determinados huesos), no sobrevivirá; 4) interactuar apropiadamente con otros de su especie. La reproducción es parte esencial de la conservación de especies e implica comportamientos específicos para llegar al apareamiento y posterior cuidado de las crías (dependiendo de la especie), así como cuidado de los miembros de la manada (en caso de pertenecer a una); 5) encontrar o construir refugios y nidos. Los animales necesitan un lugar seguro para descansar y mantener a las crías protegidas, para lo cual deben poder reconocer un refugio potencial y utilizarlo; y 6) orientarse y moverse sobre un terreno complejo. Deben ser capaces de huir de depredadores y catástrofes naturales u ocasionadas por el hombre. Después de liberar a los animales, durante semanas o meses se lleva un registro de algunos o todos los ejemplares que se dejaron en libertad. Entre los aspectos a considerar se encuentran los siguientes: presencia de heridas, enfermedades, desnutrición o sobrepeso, zona de desplazamiento y establecimiento, muertes, etcétera. Existen métodos directos (observar a los animales, telemetría, gps) e indirectos, aunque son menos confiables (registros de huellas o excretas). La liberación controlada de especies silvestres es una herramienta de conservación importante para muchos animales, lo cual puede ser de gran utilidad para procurar su subsistencia. Cada ser vivo juega un papel significativo en el equilibrio del medio ambiente, por lo que resulta indispensable que los seres humanos desarrollemos una nueva actitud hacia la naturaleza. Los programas de crianza en cautiverio son sólo una parte de la respuesta pero también es indispensable preservar el ambiente, ya que para poder llevar a cabo liberaciones debe existir hábitat disponible donde colocar a los animales. |
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Referencias bibliográficas Castellanos, C. A. 2006. “Extinción. Causas y efectos sobre la diversidad biológica”, en Revista Luna Azul, núm. 23, pp. 33-37. Choperena, M. C. y N. J. Mancera. 2016. “Lineamientos para el seguimiento y monitoreo post-liberación de fauna silvestre rehabilitada”, en Rev. U.D.C.A Act. & Div. Cient., vol. 19, núm. 2, pp. 411-424. Espunyes, J. 2012. Reintroducción de especies amenazadas. Problemáticas y recomendaciones. Universidad Autónoma de Barcelona.Fisher, J. y D. B. Lindenmayer. 2000. “An assessment of the published results of animals relocations”, en Conserv. Biol., vol. 96, pp. 1-11. Harrington, L., et al. 2013. “Conflicting and Complementary Ethics of Animal Welfare Considerations in Reintroductions”, en Conserv. Biol., vol. 27, núm. 3, pp. 486-500.Jiménez, S. C., et al. 2014. “México país megadiverso y la relevancia de las áreas naturales protegidas”, en Investigación y Ciencia, vol. 22, núm. 60, pp. 16-22.Kaeslin, E., I. Redmond y N. Dudley. 2013. La fauna silvestre en un clima cambiante. FAO, Roma. Ministerio del medio Ambiente. 1998. Colombia First National Report. Ministerio del Medio Ambiente, Bogotá. semarnat. 2009. Manejo de Vida Silvestre. semarnat, Ciudad de México. Serio Silva, J. 2011. La translocación y reintroducción en el manejo y conservación de las especies, Manual de técnicas para el estudio de la fauna. Universidad Autónoma de Querétaro, Instituto de Ecología. A. C., Xalapa. |
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| Magdalena Cadena Aguilar Maestría en Ciencias en Manejo de Fauna Silvestre de la Universidad del Mar, Campus Puerto Escondido, Oaxaca |
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