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Las adolescentes y el uso
del preservativo en los inicios de la vida sexual
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Rusek Harit Morles Ochoa  
                     
 
Las oportunidades en la educación tienen un importante
efecto en la calidad de vida de los adolescentes de México y esto se ve reflejado en las condiciones en las que toman decisiones sobre su sexualidad; no obstante, se ven limitadas por las maneras y servicios con que cuentan para ello y de aquí se desprenden ciertos riesgos. En lo que respecta a la salud sexual y reproductiva, los principales riesgos de esta población son: 1) el inicio de su vida sexual no elegido, involuntario y sin protección; 2) embarazos no deseados, no planeados o la posibilidad de que se desarrollen en condiciones de riesgo; y 3) las infecciones de transmisión sexual.
 
Globalmente, una gran cantidad de adolescentes son sexualmente activos antes de cumplir veinte años de edad y de éstos un alto porcentaje son padres adolescentes debido a que alrededor de 60% no utiliza ningún método anticonceptivo. Los riesgos de un embarazo en la adolescencia están fuertemente ligados a las desigualdades, la pobreza y la inequidad de género. Las probabilidades de que las adolescentes de entre quince y diecinueve años mueran se deben a complicaciones durante el embarazo o el parto; dichas probabilidades duplican los de las mujeres que gestan entre los veinte y treinta años.
 
Los cambios físicos sufridos en la adolescencia, unidos a un interés creciente por saber sobre sexo y a la adquisición de información errónea sobre sexualidad, hacen que se vaya formando una identidad controversial. En este periodo se sale del seno familiar para ir entrando y compartiendo el mundo de los iguales, con lo que se supone un choque de las creencias transmitidas en la familia sobre sexo y sexualidad con las que otros adolescentes y los medios de comunicación aportan. De este modo se les presenta una disonancia entre qué valores asumir como propios, cuáles se van a rechazar y cuáles de los recibidos de los padres se conservarán. Todo ello se manifiesta en lo cambiante de su humor, de su irascibilidad y de ciertas reacciones irracionales, que son la expresión del conflicto interior que está viviendo.
 
Una duda que comúnmente tienen es cuándo se deben iniciar las relaciones sexuales, más si éstas incluyen el coito, lo que implica riesgo de embarazo y mayor peligro de contagio de infecciones de transmisión sexual. Lo ideal es que se llegue a ese momento preparado psicológicamente y que tanto el protagonista como sus progenitores y educadores lo interpreten como un acto de responsabilidad y libertad. Por lo tanto, la respuesta no se puede reducir a ofrecer una edad para iniciarse, porque el criterio cronológico no siempre se corresponde con la madurez afectiva. La respuesta supone un análisis de la situación que comprenda diferentes factores.
 
En primer lugar, el adolescente debe analizarse a sí mismo y descubrir cuál es su actitud personal ante el sexo, así como si es responsable para asumir las consecuencias de mantener relaciones sexuales con otra persona. Debe ser lo suficientemente maduro o madura como para adquirir una protección adecuada para prevenir un embarazo y las infecciones de transmisión sexual. Pero también hay que estar preparado para hacer frente a respuestas emocionales y complejas, importantes para definir el comportamiento futuro, pues se inician los problemas amorosos, el enamoramiento, la necesidad del otro.
 
Después llega el análisis del otro, es decir, de la persona con la que se va a tener relaciones. Hay que estar seguro de que ofrece confianza y respeto, pues es con quien se planea compartir la intimidad, y debe quedar claro que a este momento se llega desde la plena libertad, no con el propósito de satisfacer los deseos del otro sin conocer los propios.
 
Para terminar, merece la pena reflexionar sobre la familia, el entorno y el grupo. Las relaciones sexuales pertenecen a la intimidad de las personas y por ello no hay obligación de compartir con los demás detalles sobre ellas, salvo si se quiere hacer o se necesita hacerlo, mucho menos seguir los dictámenes de los otros sobre el ejercicio de la sexualidad. Los amigos deberían respetar al prójimo y no llevarlo a hacer cosas que no quiere o no está seguro de querer. A los padres y madres, por lo general, les costará concebir a sus hijos como seres sexuales, pero esto no debería empujarlos a coartar su libertad. Los adolescentes y jóvenes están expuestos a factores y conductas de riesgo, elementos que aumentan la probabilidad del desencadenamiento de algún hecho indeseable, enfermar o morir, las actuaciones repetidas fuera de determinados límites pueden desviar o comprometer su desarrollo psicosocial normal con repercusiones perjudiciales para la vida actual o futura.
 
La falta de información para protegerse de las infecciones de transmisión sexual y la alta actividad sexual sin protección son los factores y conductas de riesgo más frecuentes en la adquisición de estas enfermedades, que afectan sobre todo a la población comprendida entre los quince y los veinticuatro años, y constituyen un verdadero problema de salud en estas edades. Se añade el riesgo a la salud por el embarazo precoz y la frustración social que trae para la adolescente cambiar drásticamente su proyecto de vida.
 
Aunque existen algunos detractores del preservativo como medio eficaz de protección, mayoritariamente ligados a percepciones religiosas, está demostrado que es el mejor anticonceptivo en estas edades por su inocuidad y ausencia de efectos colaterales, además es la forma más eficaz de protección contra las infecciones de transmisión sexual.
 
Estado del arte
 
La necesidad de identificar el comportamiento sexual y el uso del condón como anticonceptivo y medio de protección contra las infecciones de transmisión sexual entre las adolescentes y jóvenes como etapa previa a la intervención fue el motivo de la realización de este estudio.
 
Se encontró que las mujeres ya no buscan el matrimonio durante la adolescencia y que sentirse y mostrarse como seres sexuales forma parte de la cotidianeidad, lo cual no significa que busquen encuentros sexuales, sino que es una manifestación de un sentimiento positivo hacia su cuerpo y su sexualidad. En lo que corresponde a la masturbación femenina, se habla sobre esta actividad y se ve como una práctica para aprender y experimentar el orgasmo, pero siempre se espera que sea el hombre el que le enseñe a la mujer. Para ellas el aprendizaje de la sexualidad se da por pares o por medios informativos populares y no se suele acceder a la pornografía. En cuanto al uso del preservativo, se muestra poco frecuente, señalando que el hombre no lo quiere usar, que pedir su uso puede generar desconfianza, así como que no les gusta. En cuanto a la maternidad, ya no es vista solamente dentro del matrimonio. También se señala que las mujeres adolescentes mantienen relaciones sexuales no sólo con su novio, sino con amigos, en ocasiones mayores que ellas. Comparativamente los varones tienen más contacto sexual que las mujeres, lo que parece demostrar su mayor disponibilidad para el sexo ocasional, el cambio de pareja y tener relaciones sexuales con varias chicas; consideran que la fidelidad es un sistema de monogamias sucesivas.
 
No obstante, cuando se les pregunta por prácticas sexuales concretas y explícitas (sexo oral, vaginal y anal) sólo hay diferencias significativas en el caso del sexo anal que es infrecuente en ambos casos, aunque más frecuente en chicos (8%) que en chicas (4.2%). Por otro lado, tan sólo 7% de los varones manifiesta no haberse masturbado nunca durante el último año, frente a 83% de las jóvenes. Esto puede deberse a que es una conducta mejor aceptada socialmente en los hombres; además, la anatomía de los varones favorece descubrir la masturbación más fácilmente que en el caso de las chicas.
 
Las conductas más convencionales —caricias no genitales, caricias en genitales por encima de la ropa, caricias genitales directas y coito vaginal— se hacen más frecuentes con la edad. Sin embargo, la práctica del sexo oral y del anal no sigue una clara secuencia en función de la edad. A la hora de ligar, 43% de los chicos y 58% de las chicas manifiestan que los dos tomaron la iniciativa.
 
Aunque tengan comportamientos similares, estos no tienen los mismos motivos ni el mismo significado para hombres y mujeres. Las diferencias más espectaculares son las referidas a las motivaciones por las que se tienen relaciones sexuales y de pareja. Las mujeres buscan preferentemente afecto y los varones buscan preferentemente sexo.
 
Por debajo de los quince años, las diferencias en la motivación para mantener relaciones sexuales son más marcadas. Los chicos buscan (en este orden): sexo y afecto, al contrario que ellas; 58.7% de las chicas de hasta quince años declara que en sus encuentros eróticos busca, sobre todo, afecto. A pesar de ello, 35.7% de las encuestadas de todas las edades declara que, sobre todo, practican el sexo para conseguir satisfacción emocional. Los chicos aseguran tener con mayor frecuencia fantasías sexuales que las mujeres y en ambos casos la incidencia aumenta con la edad.
 
Los investigadores destacan la existencia de un doble patrón para chicos y chicas con respecto de sus afectos y conductas sexuales. No obstante, dicho patrón aparece de manera más clara en los afectos que en las conductas.
 
Hombres y mujeres se sienten con derecho a tener relaciones sexuales si lo deciden; ambos sexos pueden tomar la iniciativa y de hecho tienen relaciones a una edad similar con un número de parejas cada vez más parecido. Todo indica que tales patrones están cambiando, pero es arriesgado predecir cómo evolucionará en la próxima década.
 
Encuesta y resultados
 
Se realizó una investigación de corte cualitativo sobre la percepción de las adolescentes en cuanto a no usar preservativo al momento de tener las relaciones sexuales. La muestra fue de un grupo de diez adolescentes de entre catorce y veinte años de edad. Se seleccionaron a las que tenían vida sexual activa y éstas dieron su punto de vista sobre el hecho de no usar preservativo durante las relaciones sexuales.
 
Se llevó a cabo la recolección de datos en la asociación civil Vifac de la ciudad de Veracruz; se aplicaron cuestionarios que fueron contestados por las adolescentes. El instrumento fue la entrevista semiestructurada para que las adolescentes no se limitaran al contestar el cuestionario.
 
En un periodo de cuatro meses se observó la frecuencia de los síntomas de decaimiento o depresión por no usar preservativo y que las llevó a tener un embarazo no deseado, pero también se notó cierta actitud positiva.
 
De acuerdo con nuestros resultados se encontró que cuatro de las diez pacientes originalmente incluidas, no padecían dicho síntoma de depresión, mientras las otras seis pacientes se ubicaron dentro de la escala con una puntuación que nos indica una probabilidad de padecer depresión. Como el instrumento no nos indica con seguridad que la tengan sería necesario vigilar la evolución de cada adolescente para confirmar el diagnostico. Entre esas seis, tres referían características como “me he culpado, pues mi pareja influyó de alguna manera en tener el acto de la relación sexual sin preservativo”, “me he sentido triste por abandonar la escuela”, “me he sentido tan infeliz que he estado llorando por la llegada de mi bebé”, “he sentido miedo y pánico sin motivo alguno, pero mi bebé es mi impulso y mi motor para seguir adelante” y “al no tener apoyo de mis padres, algunas cosas me oprimen y agobian”.
 
De acuerdo con la literatura, los factores más comunes que causan depresión o actitudes de decaimiento son: no tener apoyo de sus padres, que su proyecto de vida se ve afectado por abandonar la escuela, tener que trabajar y no contar con una pareja.
 
El estudio aquí presentado supone también una evaluación de la escala de depresión postparto al momento del alta hospitalaria, lo que limita los resultados a estado depresivo en los primeros meses.
 
     
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Rusek Harit Morles Ochoa
Universidad Cristóbal Colón,
Boca del Río, Veracruz.
     

     
 
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