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La biodiversidad de una cuenca
en la ciudad de México

 
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Enrique A. Cantoral Uriza y colaboradores
   
               
               
Mantener la superficie de las áreas naturales protegidas en
México, especialmente del llamado suelo de conservación de la ciudad de México, es una actividad que ha posi­bilitado la protección de numerosas especies que viven en esos lugares. En el Distrito Federal el 57% de sus suelos co­rresponde a áreas de conservación, en las cuales se re­quiere medidas efectivas que detengan el avance de la man­cha urbana, realizando acciones que garanticen la pro­tección de los recursos naturales, así como la ejecución de diversos programas institucionales que impulsen estudios y proyectos ambientales con una visión de desarrollo sustentable, que permitan tener elementos de comparación en relación a los efectos del cambio climático global y que incidan armónicamente, tanto en el progreso económico del área rural, como en el mantenimiento de los servicios eco­sistémicos que brindan a la Ciudad.

Generalmente la conservación de las cuencas y sus áreas boscosas enfrenta serios problemas, originados princi­palmente por los cambios de uso de suelo con fines agríco­las, pecuarios y de crecimiento urbano, la extracción ilegal y desmedida de madera, tierra de monte, plantas ornamen­tales y medicinales, semillas y hongos comestibles y otros recursos, junto con la captura o cacería ilegal de fauna. Nin­gún decreto de protección es suficiente para frenar la pér­dida y destrucción de estos recursos, en especial si no se acompaña de alternativas viables de conservación que permitan a sus dueños hacer rentables estos lugares, tanto en términos económicos como ambientales, ya que en­fren­tan las responsabilidades legales y la exigencia de la so­cie­dad de cuidar y preservar las zonas boscosas de sus cuencas sin recibir retribución económica alguna.
 
La integración de esta problemática en los estudios so­bre biodiversidad permite enfrentarla de manera adecuada. El conocimiento de la biodiversidad del suelo de con­ser­va­ción en la ciudad de México permite: 1) definir la riqueza biológica de la zona y el nivel de deterioro al que están su­jetas las especies de flora y fauna silvestre, con base en lo cual se puede elaborar programas de rescate y con­ser­va­ción; 2) identificar elementos susceptibles de apro­ve­cha­mien­to alternativo sustentable que posibiliten promover el desarrollo económico del área rural; y 3) definir opciones de diversificación productiva, estrategias y programas de ins­pección y vigilancia que garanticen la protección, con­ser­va­ción y restauración de los servicios ecosistémicos de la cuenca, con la bondad adicional de fungir como pla­ta­for­ma sólida para reordenar y justificar las categorías y regu­laciones de los usos del suelo comprendidas en el Pro­gra­ma general de ordenamiento ecológico del Distrito Federal.
 
La cuenca del río Magdalena es un caso ilustrativo de di­cha problemática. Es una zona de aproximadamente 3 000 hectáreas, cuyo nombre proviene de uno de los últimos ríos permanentes de la ciudad, y que se localiza en el límite sur­occidental del Distrito Federal, entre las delegaciones La Magdalena Contreras, Álvaro Obregón y Cuajimalpa. Forma parte de la Cordillera volcánica transmexicana, con un gradiente altitudinal que va de 2 470 metros en el noreste a 3 850 en el suroeste; en su parte más alta predominan los bosques de pino, mientras en la parte media los más ex­ten­di­dos son los de oyamel, y en la más baja hay bosque mix­to y de encinos.
 
Hoy día esta zona es una fuente de abastecimiento de agua para la zona sur del Distrito Federal —en el primer di­na­mo, por ejemplo, hay una planta potabilizadora que abas­tece a la colonia San Jerónimo Lídice. Los bosques de la cuen­ca contribuyen al mantenimiento de la calidad del agua del río, además de proporcionar los tres servicios eco­sistémicos fundamentales de todo bosque templado: la pro­tección de cuencas hidrográficas, la captura de carbono y el mantenimiento de la biodiversidad. No obstante, a pesar de su importancia ecológica y de ocu­par 4% del suelo de conservación del Distrito Federal, exis­ten problemas relacionados con su estatus legal que ge­ne­ran graves dificultades para su adecuada conservación. La falta de un plan de manejo que tome en cuenta las ne­ce­sidades de la población local, además de las condiciones am­bien­tales y la visión de cuenca, ha creado no sólo daños en la co­ber­tura forestal sino también problemas so­cio­eco­nó­mi­cos entre los comuneros, principalmente en la Magdalena Atli­tic, donde éstos son los dueños originales del área.

Una zona de rica biodiversidad
 
Durante 2005 y 2006 las autoridades de la delegación La Mag­dalena Contreras mostraron interés para que se reali­zaran estudios que permitieran crear las primeras bases de datos para cuantificar la biodiversidad en la región e ini­ciar la realización de un diagnóstico ambiental. Con este fin se generaron mapas, guías, bases de datos, listados de plan­tas, algas, hongos, mariposas, anfibios, reptiles, aves y ma­míferos, conformando así un inventario del número de especies por cada grupo biológico (cuadro 1), su distribución real y potencial, así como conocer las especies de ma­yor re­levancia biológica (cuadro 2) para proponer linea­mien­tos de manejo encaminados a la conservación, restauración y uso sustentable de los servicios ecosistémicos que proporciona esta región.
 
 
FIG1
FIG2
 
Se determinaron cerca de 195 especies de plantas vascu­lares, de las cuales 5 se encuentran en alguna categoría de riesgo de acuerdo con la nom 059-semarnat-2001, y 3 son ex­clu­sivas del territorio de México: Furcraea bedinghausii, Acer ne­gundo var. mexicanum y Dahlia scapigera. En el río se recono­cieron numerosas algas —grupo que incorpora oxí­geno al sistema acuático y posibilita la presencia de otras for­mas de vida como macroinvertebrados y peces—, entre las que destacan Prasiola mexicana y Placoma regulare, esta última se conoce sólo en este sitio de México y en Nueva Ze­landa. Las algas del río Magdalena se caracterizan también por sus ele­mentos típicos de regiones templadas con ríos muy limpios.
 
Con respecto de los hongos, se hallaron casi 30 especies comestibles y unas pocas tóxicas, de un total de más de 300 morfoespecies, de que hasta ahora se ha determinado a nivel específico por lo menos 100, ubicadas en los diferen­tes tipos de vegetación, aunque el mayor porcentaje corres­ponde al bosque mixto y de encinos (54%).
 
A principios de la década de 1980 se efectuó un estudio de las mariposas diurnas de los dinamos, en donde se obtuvieron 65 especies. Ahora se registraron 36, de éstas, dos son nuevos registros para la zona: Phoebis philea philea y Heliconius charithonia vazquezae, las cuales han am­pliado su área de distribución por la alteración del ambiente, por el ascenso en la temperatura media anual de la cuen­ca de México, ya que constituyen especies que se han ob­ser­va­do en climas con temperaturas más cálidas y que están apro­ve­chando la alteración del ambiente para ampliar su distribución geográfica. Otras poblaciones que fueron cata­lo­gadas como muy escasas o raras son: Anetia thirza thirza y Gyrocheilus p. patronas, que tienden a la desaparicion de la zona (extinción local o ya están extintas).
 
 
CUADRO1En 1999 se habían reportado 6 especies de anfibios y 10 de reptiles, y ahora se registraron 17, que junto con las 9 de la literatura y las colecciones científicas, suman un to­tal de 26 —9 anfibios y 17 reptiles. No se observaron ejem­pla­res de los anfibios que se encuentran amenazados, como la rana arborícola Hyla alicata, las salamandras Chiroptero­tri­ton orculus, Pseudoreurycea belli y P. tlilicxitl, la lagartija Phry­nosoma orbiculare, y las culebras Diadophis punctatus, Thamnophis eques y Crotalus ravus.
 
 
 
En cuanto a las aves de esta zona, es la primera vez que se hace un listado. Se registraron 128 especies, de las cuales 77% son residentes permanentes —16% de ellas se con­sideran endémicas o cuasi endémicas para México— y 23% son migratorias de invierno o transitorias. Hay 18 especies con importancia comercial, principalmente se venden como aves de ornato o canoras, como el gorrión mexicano (Carpo­dacus mexicanus), el azulejo (Sialia sialis), el tigrillo (Pheuc­ticus melanocephalus), la primavera (Turdus migratorius) y el clarín (Myadestes occidentales). Según los lineamientos de la nom 059 2001-2002 hay una especie en la categoría de ame­­nazada (Oporornis tolmiei), una en peligro de extinción (Xe­nospiza baileyi) y siete especies en la de protección especial la gallina de monte, la codorniz de Moctezuma, el gavilán pa­jarero, la aguililla pechirroja, el mirlo de agua y el clarín. La zona alberga una gran riqueza de aves, por lo que ame­rita un esfuerzo para su preservación.
 
CUADRO2
 
Con respecto de los mamíferos —una buena cantidad de ellos aún habita en las regiones boscosas de los alrededo­res de la ciudad— se han reportado 40 especies en La Mag­da­le­na Contreras —11 de ellas, un 25%, son endé­mi­cas de Mé­xi­co—, lo que hace de esta zona una importante área de con­servación para mantener su hábitat. En ella se encuen­tra un ratón de campo del género Neotomodon, uno de los 13 grupos endémicos del país. Desde el pun­to de vis­ta de la nom-059-semarnat-2001, hay allí una especie y una sub­es­pecie que están sujetas a protección especial y dos que es­­tán amenazadas, lo cual significa que 10% de las es­pe­cies de la región están sujetas a algún tipo de protección, entre las que se encuentran el ratón Reithrodontomys mi­cro­don y el murciélago Choeronycteris mexicana, la ardilla Sciurus oculatus y las musarañas Cryptotis parva y C. parva soricina, cada día más difíciles de observar.

Acciones de conservación


Las áreas naturales protegidas en el Distrito Federal, y en especial el suelo de conservación ecológica contrerense, de­ben ser valoradas por sí mismas y por todos los servicios ecosistémicos que brindan a la ciudad. Una manera de ha­cerlo es adoptando el enfoque de cuenca y por el conoci­mien­to de su biodiversidad, ya que a partir del análisis de esta información biológica se pueden tomar decisiones y elaborar estrategias de intervención de forma coordinada con los principales actores involucrados —es­pe­cíficamen­te, las autoridades de la delegación La Magdalena Contreras y la Secretaría de Medio Ambiente del Distrito Federal—, garantizando al mis­mo tiempo la continuidad de las actividades socioeconómicas y la obtención de beneficios en el área.
 
Por lo anterior, y dada la importancia de la zona de es­tudio, así como su vulnerabilidad ante el crecimiento ur­ba­no de la ciudad, es indispensable la elaboración de pro­yectos bajo un esquema de manejo integral de ecosistemas que permita a corto, mediano y largo plazo el manteni­mien­to de la cuenca hidrográfica.

Un primer paso en este sen­ti­do —continuación de este estudio—, es el proyecto trans­disciplinario Manejo de ecosistemas y desarrollo hu­ma­no, planteado de forma conjunta con cuatro dependen­cias de la unam, donde se analiza el ecosistema desde tres perspectivas básicas: la física, la bioló­gi­ca y la social, con el fin de identificar los servicios ecosis­té­micos, la calidad fo­restal y el nivel de deterioro ambiental, para después pro­poner intervenciones encaminadas al ordenamiento, uso, restauración y aprovechamiento sus­ten­table de los servicios ecosistémicos de esta zona, y que puede resul­tar de uti­lidad para aplicar medidas si­mi­la­res en otras áreas de la ciudad.
 
 
 
 
  articulos  
Agradecimientos
 
A todos y cada uno de los participantes en este pro­yec­to; nuestro más sincero reconocimiento a Beatriz Gon­zález, Miriam Bojorge, Minerva García, Marisol Trujano, Uri García, Alberto Mendoza, José Nájera, Mariana Na­va, Julieta Jujnovsky, Alya Ramos, Antonio Ordóñez, Ma­ría de Jesús Ordóñez, Nancy Mejía y Elizabeth Fuen­tes; a las autoridades locales y los comuneros de la región por su apoyo, interés y participación. Al programa Univer­sidad Nacional Autónoma de México sdei-ptid-02.
 
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como citar este artículo

Cantoral Uriza, Enrique A. y et. al. (2009). La biodiversidad de una cuenca en la ciudad de México. Ciencias 94, abril-junio, 28-33. [En línea]
     

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