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El maíz en peligro ante los transgénicos. Un análisis integral sobre el caso de México.
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Elena Álvarez-Buylla R. y Alma Piñeyro Nelson. Coordinadoras
unam-ceiic-huccs-uv.
México, 2013.
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El maíz es uno de los principales pilares del patrimonio
biológico y cultural de la nación y del pueblo mexicano. La alimentaión del pueblo de México se basa, desde tiempos ancestrales, en el maíz. Este cereal sigue siendo el elemento central de la dieta de gran parte de la población mexicana, a pesar de las transformaciones en la dieta mexicana que ha tendido a sustituir los productos derivados del maíz y otros cultivos como el frijol por productos industrializados que han penetrado en los mercados mexicanos a consecuencia de la globalización. Por esta sola razón es un elemento fundamental de la cultura de los diferentes pueblos que constituyen la nación mexicana. La riqueza de la sociedad mexicana se debe a su diversidad cultural, proviene en gran medida de la presencia de muchos pueblos que se desarrollaron en el territorio que ahora es México desde hace siglos —bien antes de la Conquista—, con marcadas diferencias regionales, ya que las distintas regiones del país tienen características culturales propias, como se aprecia con toda claridad al comparar el noroeste y el sur o el sureste del país.
Así, el maíz, además de ser central para la alimentación, tiene un enorme valor simbólico para muchos de los pueblos constitutivos de la nación, pues gran parte de sus prácticas sociales, económicas, culturales y religiosas están ligadas a este cultivo. La cosmovisión y la forma de vida de los pueblos indígenas, así como gran cantidad de las prácticas cotidianas de muchas comunidades rurales y urbanas, también tienen al maíz en un lugar central.
Dicha situación impone como un imperativo ético y político a todo ciudadano el hacer una reflexión profunda que le permita participar en la toma de decisiones y en acciones que tiendan a proteger, preservar y fortalecer ese fundamental patrimonio biocultural que es el maíz. El presente libro ofrece materiales científicos, tanto desde la perspectiva de las ciencias naturales y sociales como de las humanidades, que pueden orientar a cualquier ciudadano para comprender con sólidos fundamentos científicos, pero también éticos y humanísticos, los riesgos que se corren con la introducción de maíz genéticamente modificado o transgénico en nuestro país.
En efecto, en años recientes los funcionarios del Estado mexicano responsables de la toma de decisiones han otorgado permisos para la siembra experimental de variedades de semillas de maíz genéticamente modificadas. Como se demuestra en este libro, hay sólidas razones científicas para considerar que esa siembra llamada experimental introduce riesgos inaceptables desde un punto de vista científico, social y ético, pues constituye una seria amenaza para el patrimonio biocultural del pueblo mexicano. Pero además existen también razones para considerar que esas autorizaciones forman parte de una vía expedita hacia la plena siembra comercial de maíz transgénico en grandes extensiones del territorio nacional, con lo cual el maíz, uno de los principales elementos de nuestro patrimonio biocultural, está en peligro.
Ante esta amenaza, un grupo de investigadores y académicos, en su mayoría miembros de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (uccs), constituida por científicos naturales y sociales, así como por humanistas, conscientes de su deber ético de poner a disposición del público sus conocimientos y los resultados de sus investigaciones, han decidido publicar el presente volumen. En él se provee a la ciudadanía de la información, los conocimientos y los análisis científicos detallados en torno a las consecuencias potenciales y reales de la liberación al ambiente del maíz genéticamente modificado. Con esta información, los ciudadanos podrán tener
los elementos para comprender el problema, participar en los debates e idealmente en la toma de decisiones acerca de cómo enfrentar las medidas que autorizan la siembra, producción y consumo de maíz transgénico, y cómo, en caso, evitar o disminuir al máximo posible los daños ambientales, sociales y culturales que, como se demuestra en el libro se desprenden de tales decisiones.
Las tecnologías que se utilizan en la producción de semillas transgénicas de maíz, así como los sistemas de siembra, producción y distribución de maíz genéticamente modificado, forman parte de un tipo novedoso de sistemas de producción de conocimiento y de intervención en la realidad natural y social que surgieron en el siglo xx como consecuencia del desarrollo científicotecnológico y su superposición con intereses extracientíficos, particularmente los militares y los económicos, que muchos autores han llamado sistemas “tecnocientíficos”. El nombre proviene del hecho de que se trata de un tipo de sistemas técnicos, cuya característica principal es que están constituidos por agentes intencionales que se plantean obtener fines determinados transformando la realidad natural o social, o ambas. [...] En el caso de los sistemas tecnocientíficos cuyo propósito fundamental es promover el uso generalizado de semillas transgénicas de maíz. Su interés central son las ganancias económicas, muy por encima del valor cultural, simbólico y muchas veces religioso que tiene el maíz para muchas culturas, además del valor que tiene en el caso de México para toda su población, como uno de los productos básicos de su alimentación. A esto hay que añadir el valor que tiene la diversidad genética, particularmente el de las variedades nativas de maíz en un país como México que es centro de origen y diversidad de dicha especie.
La mayor parte de los sistemas tecnocientíficos, hasta ahora, de hecho han estado al servicio de los intereses dominantes, principalmente militares, económicos o políticos, pero esto no tiene que ser necesariamente así, es decir, no es intrínseco a los sistemas tecnocientíficos que tengan que estar al servicio de los intereses dominantes de los más poderosos. En la medida en que se trata de sistemas generadores de conocimiento y que transforman la realidad, los sistemas tecnocientíficos bien pueden ser encauzados en un sentido que resulte benéfico para la sociedad en su conjunto y no sólo para élites dominantes. Pero lograr que los sistemas tecnocientíficos operen a favor del interés común de toda la sociedad requiere una participación activa de los ciudadanos para incidir en las políticas públicas que influyen en la forma en que funcionan tales sistemas y en los resultados que se obtienen. En muchos casos, como se demuestra en este libro en relación con los sistemas que producen semillas transgénicas de maíz, lo que está en interés de la sociedad en su conjunto, por razones biológicas, ambientales, agrícolas, económicas, sociales y culturales, es que tales sistemas dejen de operar. Pero eso sólo se logrará en la medida que los ciudadanos ejerzan sus derechos y tengan la capacidad de incidir en las políticas públicas en el terreno alimentario, agrícola, económico, científicotecnológico y cultural. De ahí la importancia de que la ciudadanía cuente con información y tenga acceso a los conocimientos y a los argumentos científicos, políticos y éticos que demuestran contundentemente que la liberación de semillas transgénicas de maíz al ambiente es inaceptable por los daños ambientales, sociales y culturales que se derivan de ellos. Y esa es la razón por la que se ha escrito este libro y se pone a disposición del público.
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| Fragmentos de la Introducción. | ||||||||||||||
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cómo citar este artículo →
Álvarez-Buylla Roces, Elena y Alma Piñeyro Nelson, coordinadoras 2016. El maíz en peligro ante los transgénicos. Un análisis integral sobre el caso de México. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 140-142. [En línea].
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Alimentos sustentables a la carta. De la tierra a la mesa
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Martha Elena García y Guillermo Bermúdez
CONABIO. México, 2014. |
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En sus páginas, este libro nos muestra cómo la
manera de concebir el “desarrollo” o el supuesto “progreso” ha afectado nuestra alimentación y por ende nuestra salud.
Y es que, como escribe el antropólogo Jesús Contreras de la Universidad de Barcelona, hoy como nunca sentimos temor ante lo que comemos; en sus propias palabras: “Del complejo sistema internacional de producción y distribución alimentaria, los consumidores sólo conocen los elementos terminales: los lugares de distribución y los productos. El resto es una verdadera caja negra, que entraña un miedo tanto más grande en la medida en que la subsistencia está asociada a la alimentación”.
La distancia que hay entre producir o recolectar nuestros propios alimentos, frente a encontrarlos ya transformados y empacados en una tienda de autoservicio, genera una desconfianza que desde nuestro punto de vista tiene que ver con el instinto de conservación. ¿Quién puede confiar su salud y su alimentación a empresarios que han mostrado fundamentalmente que sólo tienen interés en la ganancia? ¿Cómo creerles, si con sus productos están generando enfermedades que ya afectan a millones de personas en el mundo en general, y en México en particular, como son algunos tipos de cáncer, obesidad, ciertos tipos de diabetes, problemas cardiovasculares, hiperactividad y otras más?
La situación es compleja; su análisis requiere serenidad. Serenidad y sensatez para no caer en el temor constante que es otra manera de control sobre las personas y, sobre todo, para buscar opciones racionales. Martha Elena García y Guillermo Bermúdez muestran diversos aspectos negativos de la realidad y, al mismo tiempo, evidencian que aquí y allá surgen, con más fuerza, personas y agrupaciones dispuestas a cambiar las cosas y a caminar por veredas en las que seamos más dueños de los procesos y nos movamos con mayor confianza y libertad. Pues si bien es cierto que la mercadotecnia que se expresa sobre todo a través de los medios masivos de comunicación, radio y televisión especialmente, tiene un gran poder; asimismo, es verdad que las personas tenemos la posibilidad de discernir, separando lo que nos conviene de lo que nos hace mal, y también de crear formas distintas de relación con la naturaleza y entre nosotros mismos.
Para nuestra fortuna, en México no partimos de cero. Nos respaldan culturas milenarias que han tenido una relación profunda con el entorno. Vivimos además en un territorio privilegiado por la naturaleza. Pertenecemos al selecto grupo de doce países megadiversos en el mundo; esto significa que al encontrarse aquí los sistemas neoártico y neotropical, se genera una amplia gama de paisajes que van desde las selvas tropicales hasta las zonas desérticas, ricas en medio de su aridez. Extensos litorales, altitudes que rebasan los tres mil metros sobre el nivel del mar; suelos calizos, volcánicos y otros abundantes en materia orgánica. “Aquí están presentes todos los grandes ecosistemas que existen en el mundo”, asevera el biólogo Jerzy Rzedowsky. La gran variedad de especies vegetales nos colocan en el cuarto lugar entre todos los países del orbe con mayor diversidad.
Una riqueza que, gracias a su cosmovisión y sabiduría, supieron aprovechar las culturas indígenas afectando lo menos posible la naturaleza. Actualmente, de acuerdo con el mismo autor, hay siete mil especies de plantas con usos experimentados y definidos en la alimentación. Entre ellos están los condimentos, los ablandadores, así como ingredientes para preparar bebidas, conservas, alimentos deshidratados, dulces, platillos especiales y aderezos, entre otros. Eso no tiene igual en ningún país del mundo e implica “una formidable responsabilidad: la de ser cumplidos garantes y meticulosos guardianes de este extraordinario patrimonio”, afirma Rzedowsky.
Basta ver nuestros mercados tradicionales para entender lo que significa esta diversidad: calabazas, chilacayotes, chayotes y ejotes; quelites diversos como el quintonil, el pápalo, la malva o las verdolagas, y entre los chiles frescos: serranos, manzanos, chiltepines, chilacas y poblanos. Si nos acercamos a las semillas, habrá maíces variados (existen más de cincuenta razas y cientos de variedades), así como frijoles de diversos colores: bayo, negro, amarillo, vaquita, por citar algunos, que conviven entre montones de cacahuates y distintas formas de pepita de calabaza. En cuanto a los tubérculos destacan el camote, el chinchayote y la jícama. Mencionemos entre las frutas, zapotes como el negro, el blanco, el chico y el mamey; las guayabas, papayas, chirimoyas y guanábanas. El óleo Vendedora de frutas, de la pintora Olga Costa es el reflejo de este mosaico multicolor.
Las preparaciones y técnicas culinarias son de honda raíz indígena; la base son las salsas o mullis (moles) hechos con diversos chiles. El cocimiento al vapor tiene su máxima expresión en los tamales, y el cocimiento en comal, en las tortillas. Los granos reventados en seco, como el amaranto o el maíz palomero, son la base de la actual industria de los cereales en caja que tantas ganancias rinde a las empresas que los elaboran. Por no hablar del horno bajo tierra donde se preparan la barbacoa o el mucbipollo.
Esta cocina tradicional merece la mayor admiración y respeto. No será con soluciones con visión empresarial o turística que podrá seguirse creando y recreando en los fogones, sino preservando la biodiversidad, dejando espacio propio a las culturas que le dan vida, alentando el cultivo de milpas, terrazas y chinampas, reconociendo lo que significan, creando condiciones para que la gente no emigre y continúe la transmisión oral que por siglos ha perpetuado conocimientos y experiencias.
Sí, provenimos de una rica tradición agrícola y culinaria, que los autores de este libro van presentando en sus páginas. Parece que la publicidad engañosa nos ha hecho perder de vista esta herencia. Las consecuencias que han traído los cambios en la alimentación tradicional muestran que es hora de buscar en nuestros bolsillos y responder a los retos con alternativas similares o al menos cercanas a las que utilizaron nuestros abuelos. Esto no significa quedarnos en el pasado, sino valorar todo lo bueno que ellos nos legaron.
Aquí está la carta rica en información, entrevistas y aportaciones que han cocinado Martha Elena García y Guillermo Bermúdez; es hora de pasar a la mesa.
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(Fragmentos del Prefacio)
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Cristina Barros y Marco Buenrostro
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cómo citar este artículo →
Barros, Cristina. Marcos Buenrostro. 2016. Alimentos sustentables a la carta. De la tierra a la mesa. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 138-139. [En línea].
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| de la conservación |
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Desde Oaxaca:
Centro de Divulgación
de Abeja Nativas
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Mauricio Cervantes
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Asistí a un tianguis agroecológico para repartir
información sobre el Centro de Divulgación de Abejas Nativas (cediana), allí expliqué que no es una organización de productores de miel, ni de científicos, ni de comercializadores de productos de la colmena; en todo caso, aclaré que el interés del centro es vincular a todos esos grupos, para construir los puentes con públicos que quizá nunca han escuchado de las meliponas: abejas de los trópicos o abejas sin aguijón.
Para construir esos vínculos —le explicaba a mis interlocutores— el cediana detonará los mecanismos para elaborar de la misma forma programas educativos que objetos artísticos, desde la ilustración de un libro de cuentos para niños o el diseño de un hotel para abejas, hasta la edificación de un espacio sonoro destinado a la música para los polinizadores. Proyectos que despierten la curiosidad de aquellos que nunca han visto una colmena dentro de una olla de barro o que no sepan que todo el oro de los zapotecas, de los mexicas o de los incas se pudo fundir gracias a la cera de abejas nativas que han habitado nuestro continente desde siglos antes de la llegada de los europeos a estas tierras.
Para fundar el cediana bastó, en primera instancia, vincular dos iniciativas que comparten su vocación por las abejas y otros temas ambientales, “Matria: jardín arterapéutico” como un proyecto vinculador de agendas educativas, comunitarias y sobre ambiente desarrolladas a partir de estrategias artísticas; y “La calera” que se define como una fábrica de proyectos sustentables.
La meliponicultura, es decir, el uso y manejo de las abejas sin aguijón, ha crecido exponencialmente en la última década, con base en las redes de productores, académicos y científicos, pero sobre todo gracias a la experiencia de los que conservan los saberes milenarios que veneran y preservan la naturaleza. Así que los primeros cómplices, asesores y maestros del cediana son meliponicultores apasionados que están rescatando, preservando y propagando las tareas con estos polinizadores a través de la identificación de especies, la detección de poblaciones, el trabajo con plantas nativas y cultivadas, con los árboles, las comunidades y la multiplicación de colmenas.
Guiados por esa sabiduría comprendimos la necesidad de generar conciencia sobre la importancia de la meliponicultura para la restauración de paisajes y preservación de ecosistemas, ante la premisa de que bosque-milpa-meliponicultura conforman un trinomio fundamental para la reforestación, la conservación de la biodiversidad y la producción de alimentos. En términos estrictos tendría que leerse el bosque también como selva, desierto o cualquier otro paisaje.
La motivación principal para abrir en Oaxaca el Centro de Divulgación de Abejas Nativas es generar estrategias educativas a corto y largo plazo que puedan paliar el escaso conocimiento difundido sobre temas ambientales de capital importancia. Aquí menciono seis de ellas: 1) en México la inmensa mayoría de las escuelas primarias no velan de manera adecuada por los contenidos sobre sustentabilidad, biodiversidad, importancia de la producción y consumo local de alimentos, el valor de las semillas nativas, ni el azote ecocida que representan los transgénicos o los servicios ambientales que brindan los bosques y los polinizadores; 2) hay un gran desconocimiento de las abejas nativas. Las notas genuinas y bien intencionadas en los medios que atribuyen la polinización de un enorme porcentaje de la flora del planeta a las abejas es cierta, aunque suponen que es sólo por la Apis mellifera —especie generosa, pero apenas introducida en el siglo xvi en América— haciendo caso omiso de las otras 20 000 especies de abejas que viven en el mundo y de otros polinizadores como los murciélagos; 3) Oaxaca no figura aún en el mapa de la meliponicultura como ocurre con los estados de la península de Yucatán, con la Sierra norte de Puebla o con una zona amplia de Veracruz. Una de las razones es que los meliponicultores oaxaqueños han estado trabajando de manera aislada, pero esto podría cambiar en pocos años debido a que las condiciones comienzan a ser favorables en varias regiones del estado. Los censos oficiales indican que en Oaxaca se han detectado veintitrés de las cuarenta y seis especies de meliponas que están registradas hasta ahora en el país. Si la motivación para crear el centro obedece a una necesidad regional, las redes que podamos urdir han buscado trascender desde el principio las fronteras oaxaqueñas y las del país; 4) el monocultivo, los pesticidas y las semillas transgénicas son un atentado contra la biodiversidad, lo que se ejemplifica con las mermas insólitas en las poblaciones de casi todas las abejas y otros polinizadores. La meliponicultura permite revertir estos procesos de pérdida, a la par que se ha utilizado como una herramienta de gran ayuda para campañas de reforestación; 5) ante la deforestación y la escasez de agua, las abejas sin aguijón (que durante siglos conservaron sus poblaciones en condiciones silvestres) requieren ayuda de los humanos para su supervivencia, con prácticas como las de los pueblos mesoamericanos; y 6) los proyectos de éxito en reforestación y meliponicultura de varios países de Suramérica, Kenia, Cuba y México fincan sus estrategias en el trabajo comunitario.
Las dinámicas comunitarias de la meliponicultura le dan versatilidad y consistencia al tejido social y a la interacción de los grupos humanos con su entorno. Si bien el papel de la meliponicultura es medular para las estrategias educativas que se generarán desde el cediana, se hará también énfasis en la existencia de las otras especies de abejas.
En su primera etapa el cediana ha iniciado la conformación de un acervo con material impreso y digital, libros y revistas, archivos fotográficos, películas y videos, que facilita a los usuarios el acceso a documentos científicos y a creaciones artísticas. Los ejemplares impresos pueden consultarse en la biblioteca de “La calera”, en la capital de Oaxaca.
En el efecto expansivo del arte estriba la velocidad con que empiezan a identificarse los proyectos, las iniciativas individuales y las organizaciones e instituciones relacionadas con la meliponicultura y los polinizadores en general. Hemos constatado con iniciativas previas como las de “Matria” que las estrategias artísticas pueden atraer públicos muy diversos y que mediante esas tácticas se apropian de espacios para fortalecer el tejido social y los vínculos de identidad. Así como “Matria” ha sacado el arte de los formatos canonizados donde habitualmente se ofrece para llevarlo a otros espacios como huertos urbanos, cementerios abandonados, plantaciones agrícolas o centros fabriles en desuso, así el cediana transportará la colmena y el bosque, para transmitir con distintos lenguajes la importancia de los servicios ambientales que prestan los polinizadores a todo el ecosistema y el equilibrio de la biodiversidad.
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| Mauricio Cervantes Centro de Divulgación de Abejas Nativas, Oaxaca. |
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cómo citar este artículo →
Mauricio Cervantes. 2016. Desde Oaxaca: Centro de Divulgación de Abejas Nativas. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 126-127. [En línea].
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| del facsímil |
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Mieles peninsulares
y diversidad
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Conabio
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El ciclo apícola está marcado por las épocas
de floración de las plantas, que a su vez están ligadas a las estaciones del año. La principal época de cosecha se presenta durante la temporada seca, de febrero a mayo o junio. En esta época florecen gran parte de las especies nectaríferas y las abejas producen miel en cantidades suficientes para mantener su población y acumular excedentes. La miel producida durante la época de secas es la que el apicultor cosecha sin riesgo de dañar la población de abejas.
El principio de la temporada de lluvias anuncia el fin de las cosechas de mieles. En este tiempo la miel tiene un alto grado de humedad que afecta su calidad y por lo tanto su precio. Estas mieles son útiles para alimentar a las abejas durante la época de crisis que implica el periodo de lluvias. Las especies melíferas que florecen en las lluvias son de gran importancia para el mantenimiento de las colonias; mientras más rica y diversa es la flora hay más opciones para las abejas en la época de crisis.
Durante la transición de la temporada de lluvias a la de secas florece un número significativo de especies particularmente las enredaderas y las anuales, proporcionando a las abejas el néctar suficiente para que sus poblaciones se fortalezcan y la colmena esté lista para aprovechar el periodo de abundancia de néctar; es la época de recuperación. Los aromas y sabores de la miel dependen de tales factores.
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| Conabio | ||||||||||||||||||||||||||
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cómo citar este artículo →
CONABIO. 2016. Mieles peninsulares y diversidad. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 116-117. [En línea].
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| del bestiario |
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La desaparición de
abejas en el mundo: polinización, ecología, economía y política
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Elisa T Hernández y
Carlos A. López Morales
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Es muy probable que en la producción de más
de la mitad de los alimentos que consumiste el día de hoy intervino una abeja. Esta asociación es fácilmente visible con la miel sobre tu pan tostado, pero la naranja con la que hiciste el jugo, el café matinal y hasta la flor de calabaza de tus tacos se obtuvieron gracias a la polinización apícola.
¿Qué pasaría con las plantas que producen frutos si no hubiera abejas? ¿Qué ocurriría con los humanos sin frutos? ¿Cómo se afectarían los ecosistemas terrestres sin este polinizador universal? Aunque parezca difícil de creer, las abejas de todo el mundo están desapareciendo sin dejar cadáveres. En el 2006 la revista Scientific American publicó un artículo en el que se hablaba de ello; se reportaban miles de colmenas deshabitadas en Estados Unidos, Brasil, Canadá, Australia, España, Inglaterra y Francia, en donde a pesar de los cuidados de los apicultores simplemente las abejas se habían desvanecido.
Polinización asistida
Varios agentes o vectores de polinización pueden transferir el polen de los estambres al estigma de la flor, por ejemplo el viento, el agua o algunos animales; se sabe que aproximadamente 87.5% de las angiospermas (plantas con flores y cuyas semillas están en el interior de un fruto) requieren ser polinizadas por animales: insectos, mamíferos, aves y algunos reptiles.
Plantas y polinizadores llevan evolucionando juntos millones de años y probablemente constituyen el ejemplo más claro de mutualismo en la naturaleza: las plantas se benefician con la perpetuación y la diversidad génica, y a cambio los polinizadores reciben recompensas diversas de los productos florales (néctar, polen, órganos completos de las plantas o fragancias que utilizan para sus cortejos). El proceso de interacción planta-polinizador ocurre a una escala tal, que resulta imprescindible para el funcionamiento y evolución de los ecosistemas terrestres.
Los ecólogos dirían que las abejas son los polinizadores predominantes en casi todos los ecosistemas, es por eso que se les considera el polinizador universal. Imagina un cultivo de manzanas, de ciruelas, de naranja o de café; el agricultor requerirá que lleguen polinizadores a visitar las flores cuando esté el campo florido, pues será la manera de asegurar la producción y la demanda actual de estas plantas comestibles. Pero a veces, los polinizadores silvestres no son suficientes para asegurar la adecuada fertilización y entonces se requiere rentar un servicio ecosistémico: las abejas domésticas (Apis mellifera), ya que con ellas se multiplica la producción de los cultivos. Hay preferencia sobre éstas porque concentran su trabajo en flores de la misma especie y es fácil transportar las colmenas de un cultivo a otro.
Las abejas domésticas y los abejorros (para cultivos como el tomate cuyo polen es muy pesado) son una herramienta que los agricultores de todo el mundo utilizan para completar la actividad de polinizadores silvestres locales. Es tanto el beneficio económico para horticultores y apicultores, que ya existe un mercado bien desarrollado, incluso en México. Según la recién formada Unión Nacional de Asociaciones de Apicultores de México la renta de una colmena (compuesta por aproximadamente 10000 abejas) para polinizar un cultivo en un periodo de cuarenta y cinco días, fluctúa entre los 150 a los 600 pesos según el cultivo. Cabe mencionar que los apicultores ponen estrictas reglas a los agricultores para la renta de abejas; en un contrato sonorense de 2014 se puede leer que “el productor se compromete a no aplicar insecticidas al cultivo mientras las abejas estén siendo utilizadas para polinizar o antes de llevarlas al huerto, pues el residuo puede envenenarlas o matarlas” y es que las pérdidas económicas por la desaparición de estos insectos puede ser millonaria.
Hecatombe apícola
Las abejas son seres eusociales, esto significa que tienen un alto nivel de organización y que cada insecto tiene funciones específicas. Hay adultos que cuidan de las crías, las obreras que buscan alimento (néctar y polen) y las guardianas; la función reproductora es exclusiva de la reina, entonces —cuando se requiere— hay un zángano que fertiliza a la soberana. Considerando esta estructura es impensable el abandono voluntario de una colmena por parte de sus integrantes, pues tan sólo soslayar una de las tareas implicaría un suicidio colectivo. Entonces, ¿por qué desaparecen?
La desaparición no ocurre de un día a otro, las experiencias dicen que en el transcurso de un mes, las colmenas terminan vacías, quedando sólo la abeja reina y unas cuantas abejas guardianas. Es más, relatan varios apicultores que no encuentran cadáveres de los insectos en varios kilómetros a la redonda, lo que dificulta hacer un tipo de autopsia, pues no hay cadáveres que auscultar.
De manera inicial, las investigaciones científicas apuntaban a que los posibles factores de la desaparición de las abejas fueran agentes patógenos (como el Varroa destructor, que absorbe su hemolinfa), parásitos (como el Nosema apis, que ataca su sistema nervioso), estrés derivado del ambiente o por el manejo de las colmenas, lo que provoca una pobre nutrición de los insectos; y aunque hay porcentajes de pérdida por estas causas se han reorientaron los estudios a otras posibilidades como los efectos de los pesticidas, como el glifosato, en las comunidades de melíferas.
El glifosato es un herbicida de amplio espectro usado para el control de malezas. La forma más común para aplicarlo es rociando los sembradíos, método que lo esparce más allá de los límites del cultivo objetivo. En pocas décadas se ha aumentado su uso hasta llegar a ser el agroquímico más empleado en monocultivos y cultivos genéticamente modificados y por eso es importante hacer estudios exhaustivos sobre sus efectos en los agroecosistemas.
La Organización Mundial de la Salud ha clasificado al glifosato como probable cancerígeno en humanos y recientemente un grupo de investigadores, encabezados por Walter Fanina, evaluaron la respuesta de una especie de abeja (Apis mellifera) a la exposición a dosis crónicas y agudas de este herbicida, similares a las que se encuentran en los agroecosistemas. El estudio encontró en las abejas expuestas una reducción en la sensibilidad olfativa a la sacarosa y una disminución de su rendimiento en el aprendizaje y la retención de la memoria a corto plazo. La respuesta olfativa es muy importante, pues las abejas pueden aprender que un olor está asociado a una recompensa y de ahí se desprende un comportamiento. Aunque en este estudio no se notó ningún efecto en el comportamiento relacionado con la búsqueda de alimento, se infirió que si las abejas llevan al nido néctar con trazas de glifosato puede interferir negativamente el rendimiento de toda la colonia.
Los insectos recolectores desarrollan una serie de movimientos para transmitir información al resto de la colmena, si estos bailarines modifican las maniobras pueden cambiar la información sobre la ubicación del nido o de la fuente de comida, estas habilidades especializadas son muy importantes para la supervivencia de la colonia y son susceptibles a estas sustancias nocivas. En otro estudio, también encabezado por Walter Fanina, se analizó la navegación de las abejas al ser rociadas con glifosato y se encontró que realizaron vuelos de mayor duración para llegar a casa, es decir, este herbicida deterioró sus capacidades cognitivas para un exitoso regreso a la colmena. Siendo así, habría que preguntarse la pertinencia de rociar cultivos con semejante herbicida, pues se perfila como uno de los causantes más probables de la desaparición de las abejas.
La economía de la polinización
Alrededor de tres de cada cuatro plantas comestibles en el mundo requieren la polinización asistida específicamente por abejas. En términos de valor, los estudios sobre economía ecológica encuentran que la contribución económica de
la polinización global está entre 40 y 170000 millones de dólares (o cerca de 10% del valor global de los alimentos), al menos para las 100 especies vegetales que la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura establece como globalmente prioritarias. Las frutas y los vegetales constituyen la categoría principal, con un tercio de ese valor, aunque seguidos de cerca por las leguminosas, las semillas y diversas especias. En general, la producción global de alimentos dependiente de la polinización animal se ha cuadruplicado en los últimos cincuenta años, mientras que, en contraste, aquella que no depende de este servicio ambiental se ha duplicado en el mismo periodo.
De las casi 20000 especies de abejas que se tienen identificadas, alrededor de 3500 sobresalen por su importancia local en la elevación de los rendimientos agrícolas. Se sabe, por ejemplo, que la producción de frutas, semillas y diversas nueces puede ser hasta 90% menor en su ausencia. Por esta razón, el cultivo y mantenimiento de colmenas de especies locales, y su administración para explotar el mutualismo ecológico con las especies vegetales son tareas fundamentales en diversas regiones en el mundo, tanto en la gran agroindustria como
en la agricultura comunitaria de pequeña escala, en la que además tiene un papel esencial en el mantenimiento de los estilos de vida rurales y el combate a la pobreza.
¿Crisis global de polinizadores?
Esta dependencia hacia la polinización de las abejas no es necesariamente novedad: se tienen registros, incluyendo pinturas rupestres milenarias en África, de que dicha dependencia era promovida aún en la época en que la agricultura era incipiente. La novedad de hoy en día radica en el reconocimiento global de que las especies polinizadoras (en particular las abejas) están en riesgo. Si bien el análisis de los efectos de los herbicidas y otros agroquímicos ha recibido en años recientes mucha atención mediática y política, dichos productos no constituyen el único factor de riesgo para la salud del proceso de polinización.
La degradación general de los ecosistemas que se observa en el mundo provoca presiones sobre las poblaciones polinizadoras, sobre todo aquella provocada por la pérdida del hábitat por deforestación, declinación de la biodiversidad, presencia de especies predadoras invasoras y pérdida de salud por contaminación. El cambio climático, con sus asociadas modificaciones en los patrones de precipitación y temperatura, sólo complejiza un panorama desalentador.
Esta problemática global, hay que decirlo, apenas se reconoce como tal, por lo que las medidas de remediación aún tienen que dar sus primeros resultados. La premisa central para un manejo responsable es considerar que la polinización es un servicio ambiental que no es gratuito: se requiere inversión financiera y manejo inteligente para asegurar la buena salud de los procesos ecosistémicos sobre los que depende.
Economía y política en México
La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (conabio) concluye que 80% de las casi 320 especies de plantas con utilización económica directa dependen de un polinizador para su producción. Un estudio liderado por Mauricio Quesada de la unam concluye que el servicio de polinización contribuye con 43 000 millones de pesos al valor de la producción, equivalentes a casi una quinta parte del valor total económico de las especies comestibles realmente aprovechadas. Además de este servicio indirecto, la apicultura o la industria que aprovecha directamente los productos de las abejas (miel, propóleos, ceras, jalea real, etcétera), genera alrededor de dos mil millones de pesos, sobre todo en productos exportables, y representa la actividad económica principal de alrededor de cuarenta mil familias, 80% de las cuales son de bajos recursos.
No obstante la importancia de esta actividad en México, la industria enfrenta diversos retos, pero destacan las presiones asociadas al proceso corriente de degradación generalizada de los ecosistemas nacionales, en parte promovida por la conversión de cobertura forestal en superficie agrícola o de pastoreo y el cambio climático. En el estudio de Quesada se alerta sobre que la crisis de polinizadores puede afectar con más fuerza en países en desarrollo, pues con frecuencia allí no es posible sustituir poblaciones salvajes de polinizadores con poblaciones manejadas, mucho más comunes en países desarrollados, por los elevados costos que pueden implicar.
La sostenibilidad del aprovechamiento del servicio ambiental de polinización depende entonces de medidas de política que incluyen: la conservación del hábitat, asegurar la conectividad de espacios naturales, favorecer el policultivo sobre los monocultivos, reducir la aplicación de agroquímicos que tengan efectos nocivos sobre los polinizadores, consolidar la normatividad de movilidad de especies en el territorio nacional, consolidación de la industria de apicultura como sistema-producto (que incluya los servicios de polinización asistida) y promover la generación de mayor conocimiento sobre la problemática mexicana.
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Referencias bibliográficas
Arizmendi, M. Coro 2009. “La crisis de los polinizadores”, Biodiversitas, núm. 85, pp. 1-5.
Balbuena, María Sol et al. 2015. “Effects of sublethal doses of glyphosate on honeybee navigation”, en Journal of Experimental Biology, núm. 218, pp. 2799-2805. Gallai, Nicola, et al. 2009. “Economic Valuation of the vulnerability of world agriculture confronted with pollinator decline”, en Ecological Economics, vol. 68, núm. 3, pp. 810-821. Herbert, Lucila H. et al. 2013. “Effects of fieldrealistic doses of glyphosate on honeybee appetitive behaviour”, en Journal of Experimental Biology, núm. 217, pp. 3457-3464. Kluser, Stéphane et al. 2010. Global Honey Bee Colony Disorders and Other Threats to Insect Pollinators. unep Emerging Isues, Nairobi. En la red goo.gl/ZGIHLY
goo.gl/Ayljy0 goo.gl/KnwTMn goo.gl/xeh0zW goo.gl/35of5D |
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Elisa T Hernández
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Carlos A. López Morales
Facultad de Economía,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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cómo citar este artículo →
Hernández, Elisa T. y Carlos A. López Morales. 2016. La desaparición de abejas en el mundo: polinización, ecología, economía y política. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 102-105. [En línea].
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| del tintero |
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Deben ser cosas
de la edad
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Joel Hernández Cerón
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De mi madre sólo recuerdo el olor de su piel
y de su aliento; era una mezcla de manzana ácida y heno de alfalfa. Durante mis primeros años, recordaba su mirada de ansiedad y el brillo de sus ojos; a veces he pensado que me miró de esa forma porque sabía que era la última vez que lo haría. Efectivamente así fue, porque estuve con ella sólo un momento, mientras llegaba el partero. En ese ratito, ella me limpió con su lengua áspera, con gusto y con cariño, supongo que fue cariño porque así lo he sentido yo con mis propias crías.
Recuerdo que me subieron a un carrito junto con otras crías recién nacidas. Me dejaron en una corraleta, mientras que a las otras crías las llevaron a un corral lejos del área de crianza. Después me enteré que eran machos, jamás los volví a ver. Estuve mes y medio en una corraleta con piso de tierra y un techito que apenas me protegía del sol y de la lluvia. Después me llevaron a otro corral, en el cual ya podía correr y jugar con amigas de mi misma edad. Puedo decirles que tuve una infancia feliz, comíamos, dormíamos y jugábamos todos los días. Me enfermé pocas veces; en una de ésas me sentí muy mal, sentí que faltaba el aire y hasta me inyectaron; no sé que me pondrían, pero apenas sentía en piquete percibía un sabor en la boca, como el sabor de las hojas de un árbol que alguna vez probé.
En poco tiempo dejamos de ser becerras para convertimos en vaquillas. Nos cambiaron a un corral más grande. Nuestros juegos cambiaron; fuimos más curiosas; nos gustaba asomarnos a los pasillos, seguíamos con mucha insistencia a las personas. Por una extraña razón comenzamos a oler los genitales de nuestras compañeras y, sin querer, algunas levantábamos el labio superior y hacíamos una mueca ridícula. Además, sin sentir vergüenza, comenzamos a montar a otras compañeras y también permitíamos que otras nos montaran.
Una mañana nos pesaron y a las más grandes y gordas nos enviaron a otro corral. Nos pintaron con un crayón rojo en la grupa. Un día amanecí muy inquieta, con poco apetito y me dedique casi toda la mañana a caminar por todo el corral, a oler los genitales de mis compañeras, tuve unas ganas incontrolables de montarlas y que ellas me montaran. Sentía mis genitales hinchados, no los podía ver, pero los imaginaba enrojecidos y húmedos. A media mañana, nos entramparon en el comedero, llegó un trabajador en un carrito, se bajó con una tabla en la mano; se metió al corral y caminó a nuestras espaldas. Finalmente se detuvo, mientras otro trabajador que se había quedado en el carrito sacaba algo de un tanque que echaba humo blanco, armaba un aparato raro y se lo acercaba.
Cuando fue mi turno, sentí su mano dentro de mí; fue una combinación de dolor, ardor y vergüenza. Nunca me habían tocado los genitales y menos de esa forma. Lo único agradable de esta experiencia fue cuando apretó bruscamente mi clítoris; sentí algo por dentro, se me arqueó el lomo y caí en un estado de relajación, el cual desgraciadamente duró sólo unos cuantos segundos.
Los trabajadores seguían viniendo todos los días y repetían la misma práctica con mis compañeras. Transcurrió alrededor de mes y medio, ya no había tenido ganas de dejarme montar, ni me interesaba mucho integrarme al grupo que se estaba montado. En otra de tantas visitas, llegó un trabajador que no había visto, después me enteré que era el doctor, se detuvo detrás de mí, introdujo bruscamente su mano por mi ano y después de una manipulación, le gritó a su compañero: “¡preñada!”, sacó su mano y continuó metiéndoselas a mis compañeras.
Comencé a entender lo que significaba preñada después de seis meses de haberlo escuchado. Mis primeros cambios consistieron en un aumento de peso, me creció el abdomen y me daba mucha flojera retozar con mis compañeras. Recuerdo que me pasaron a otro corral con vacas desconocidas, de mayor edad; algunas de ellas muy agresivas, en particular con nosotras, las jóvenes. La alimentación en este corral fue diferente, nos ofrecían de comer hasta cuatro veces al día; era una ración con todo revuelto, pero de muy buen sabor, a mí me agradó mucho y comía con mucha avidez.
Dentro de este corral ocurrían cosas que nunca me había imaginado. Una mañana noté que un grupo de vacas estaba alrededor de una vaca echada que estaba pujando, con un becerro saliéndole por la vulva; de esta manera aprendí lo que era un parto y recordé rápidamente la mirada de mi madre, casi borrada por el tiempo. Esa mañana nunca imaginé que iba a pasar seis veces por esta misma situación.
Llegó el día en que yo fui la vaca echada y mis compañeras alrededor me observaban. Un día antes sentí cierto dolor en la cadera, como si se me encajara algo por dentro. El día del parto comencé con contracciones abdominales, las cuales fueron aumentando en frecuencia e intensidad; después sentí que algo grande me salía por la vulva. En este momento tuve contracciones muy fuertes hasta que expulsé a mi cría, una hembra, a quien acaricié sólo por unos minutos. Posterior a la expulsión, seguí con contracciones uterinas de menor intensidad y frecuencia, las cuales facilitaron la eliminación de unos restos que me colgaban por la vulva.
Después de parir me llevaron a otro corral, en donde me pusieron en los pezones unas mangueras conectadas a una cubeta para sacarme la leche. La primera leche se la daban al recién nacido con una mamila y, en algunos casos, con una manguera que le metían hasta la panza. Pocas veces permitían que el becerro se alimentara directamente de la ubre; cuando esto ocurría, se debía principalmente a la ausencia del partero.
Al cumplir cinco días de paridas nos pasaron a un corral grande, en el cual permanecíamos durante las primeras tres semanas posparto. Las vacas de otros corrales nos llamaban “las frescas”, no he sabido por qué, pero así nos decían. En este corral, todos los días nos sacaban en la mañana y en la tarde para llevarnos a una sala en la que nos apretaban y nos lavaban las ubres; después entrabamos a una jaula circular, nos conectaban las mangueras a la ubre para sacarnos la leche y salíamos muy rápido. Esta práctica llegó a convertirse en una rutina y, antes de que abrieran las puertas del corral, ya todas estábamos esperando la hora de salir; tal vez era porque sentíamos alivio después de que nos sacaban la leche. Al regresar al corral siempre entrabamos con mucha hambre y sed. Todo el tiempo teníamos la comida recién servida, el bebedero con agua limpia y fresca, y el corral limpio; todo listo para comer y echarnos a rumiar.
En mi nuevo corral tuve tiempo para observar a mis compañeras, así pude ver diferencias que antes no percibía; por ejemplo, había vacas de diferentes colores y otras con modales raros, como si no hubieran nacido aquí, algunas eran coloradas o rojas, otras negras con la cabeza blanca y otras tenían pelo blanco con pintas negras y eran ojonas; pero la mayoría eran como yo, negras con manchas blancas.
Diez días después del parto nos entramparon en el comedero y entró un trabajador, al cual reconocí; era el mismo que había dicho “preñada”, hace no más de un año. Con los mismos modales, me introdujo la mano por el ano, me manipuló con brusquedad, revisó mis secreciones, y esta vez grito “involucionando”, lo cual, en ese momento tampoco comprendí. Otras vacas tuvieron el mismo manejo, pero el doctor gritaba “sucia” y le acercaban una jeringa conectada a un tubo largo, el cual se lo introducía por la vagina y depositaba el contenido.
En mi etapa de vaca fresca, recuerdo que nos revisaban todos los días. Diario, después del ordeño de la mañana, nos entrampaban y nos median la temperatura y una vez a la semana nos tomaban muestras de orina, con la cual humedecía una tira de papel. A partir de estas pruebas, algunas vacas recibían tratamiento en el mismo corral y a otras las llevaban al corral de las enfermas.
La estancia en el corral de frescas sólo duraba tres semanas, después de las cuales nos enviaban a otro corral, en el cual convivíamos con vacas distintas. En el nuevo corral permanecíamos en la mañana una hora entrampadas, tiempo en que los trabajadores nos inyectaban, remarcaban la grupa con crayón; el doctor metía la mano por el ano, gritaba “preñada” o “vacía”, así todos los días. Era parte de la rutina ver grupos de vacas que pasaban toda la noche y la mañana montándose. Cuando me tocaba a mí, sentía unas ganas incontrolables de montar y de dejarme montar.
En uno de esos días de inquietud, el trabajador me metió el aparato raro por la vagina y depositó algo. Semanas después volví a sentir la misma inquietud y me pase toda la noche con mis amigas. A la mañana siguiente llegó el trabajador y repitió el mismo procedimiento, y aquella vez sentí algo raro, pero mejor no lo cuento porque se pueden burlar de mí. Pasaron varias semanas, una vez llegó el doctor, metió su mano y gritó “preñada”.
¿Sexo?, de esto no puedo hablarles, aunque tengo seis partos y un aborto, no he conocido el favor del toro. Otras vacas sí, recuerdo que las llevaban a un corral pequeño donde había un toro y pasaban todo el día en ese lugar. Al regresar, no paraban de platicar su experiencia y nosotras de preguntar. Pero no creo que ir a ese corral haya sido bueno, porque la mayoría de ellas desaparecía del establo en los siguientes meses.
Estuve en otros dos corrales antes de llegar a uno en donde ya no nos ordeñaban. Dejaron de hacerlo de manera abrupta, los primeros días después de la suspensión del ordeño sentí mucha ansiedad, pero poco a poco fue desapareciendo. La alimentación en este corral era diferente, además de que ya no tenía tanta hambre como cuando me ordeñaban. Aquí estuve cinco semanas, después me enviaron a otro corral que llamaban de “reto”, el cual ya conocía, porque fue el corral al que llegué cuando me separaron de mis amigas de crianza.
Así se cumplió el primer ciclo y tuve cuatro más, hasta completar seis partos. Ahora soy una de las vacas más viejas del hato y, con orgullo, una de las más productoras. Sólo quedamos muy pocas vacas de mi generación, la mayor parte de ellas ha sido eliminada del hato y otras han muerto. Muchas compañeras me preguntan que cómo le he hecho y la verdad no sé qué contestar pero, pensándolo bien, creo que ha sido porque siempre me ha gustado comer bien. Nadie me lo dijo y de nadie lo aprendí, sólo se me ocurrió: comer bien es lo más importante. No sé por qué ahora es cuando más pienso en la mirada de mi madre y en su olor. Deben ser cosas de la edad.
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| Joel Hernández Cerón Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad Nacional Autónoma de México. |
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Hernández Cerón, Joel. 2016. Deben ser cosas de la edad. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 90-93. [En línea].
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Ganado bovino mejorado genéticamente
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Francisco Joel Jahuey Martínez
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Desde siempre hemos tenido la inquietud de
mejorar las cosas que utilizamos o que nos rodean con el fin de cambiarlas de acuerdo con nuestras necesidades o gustos y volverlas más eficaces; para ello nos hemos valido de diversos métodos tecnológicos. En cuanto a la cría de ganado se refiere, especialmente del bovino, se han utilizado métodos selectivos para lograr su mejora y obtener animales para distintos usos. La única manera de mejorar el ganado es mediante cambios en el componente genético. Las características físicas de cualquier individuo están dadas por factores genéticos y ambientales y las interacciones de ambos factores. El componente genético está sujeto a cambios inducidos por el hombre, de ahí que el proceso sea llamado mejoramiento genético; para acelerar el mejoramiento del ganado se utilizan herramientas biotecnológicas.
En la actualidad, con tan sólo escuchar la palabra “genética” aplicada al mejoramiento del ganado, tendemos a pensar en la generación de animales transgénicos, es decir, al uso de animales cuya composición genética ha sido alterada introduciendo genes extraños a su genoma (ingeniería genética). Si bien ésta es una manera de mejorar la genética de los organismos, aún no ha sido aplicada con ese fin en el ganado. El mejoramiento genético en el ganado bovino es realizado más bien de manera tradicional, utilizando sus propias características genéticas, aplicando métodos de selección artificial y realizando cruzas de los mejores animales para incrementar la eficiencia biológica del ganado. Esto implica reconocer la variabilidad genética de una característica de interés e identificar a los animales con dicho potencial genético para luego reproducirlos con el fin de que sus descendientes sean más eficientes. De esta manera, se busca que ocurran cambios favorables a través de las generaciones y que los individuos sean más productivos que sus progenitores, más resistentes a enfermedades, más tolerantes a condiciones ambientales extremas, con mayor crecimiento o fertilidad, etcétera.
Genética y mejoramiento
El mejoramiento genético del ganado ha sido realizado por el hombre durante miles de años, pero al principio lo hacía de manera inconsciente. De manera gradual, y con base en la observación, el hombre comenzó a evaluar los rebaños y apareaba a los mejores animales para fijar ciertas características en la descendencia de acuerdo con las necesidades sociales, ambientales y nutricionales. De esta manera tenía animales más grandes y fuertes, que utilizaba para la obtención de carne como alimento y fuerza de trabajo en las actividades agrícolas. No fue sino hasta hace unos 6 000 años que se inició la mejora del ganado para la producción de leche, no sólo para la alimentación de las crías sino también para el consumo humano.
La ganadería bovina es actualmente una de las principales actividades económicas y agropecuarias, y mediante el mejoramiento genético desea incrementar la producción y generar mayores ganancias económicas. De hecho, en las últimas décadas, los grandes avances logrados en la producción se hacen gracias al mejoramiento genético de las características productivas del ganado. Por ejemplo, en ganado lechero Holstein de Estados Unidos la producción promedio de leche por animal se duplicó durante el periodo que va de 1960 a 2000, pasando de 6 000 kg de leche por animal por año a una producción de 12 000 kg. Por otro lado, en ganado para carne la tendencia genética también ha sido positiva, como es el caso del mejoramiento de la ganancia de peso al destete, provocando que, en la mayoría de las razas bovinas, el peso a tal edad llegue a 30 kilos.
A pesar de muchos esfuerzos realizados, son pocas las características que han sido mejoradas en el ganado, por lo que otras, como las reproductivas, la resistencia a enfermedades y la calidad de la carne, han sido poco evaluadas o prácticamente ignoradas debido a la dificultad y el costo de su medición o a la baja heredabilidad de las mismas. El mejoramiento enfocado únicamente hacia características productivas ha traído problemas en algunas razas bovinas, disminuyendo el potencial en otras características como la facilidad del parto, debido a que los animales nacen cada vez más grandes. Es por esto que se busca involucrar el uso de biotecnologías que permitan mejorar las características que han sido difíciles de evaluar mediante los métodos tradicionales de mejoramiento.
Es aquí donde juegan un papel muy importante el uso de herramientas basadas en el adn como los marcadores genéticos, los cuales son etiquetas en el genoma de los organismos, que al ser transmitidos de padres a hijos pueden ser rastreados a través de las generaciones. Cuando se demuestra estadísticamente que tales marcadores están asociados a una característica de interés, por ejemplo, a aquellas difíciles de medir, es posible entonces su utilización como método de selección, en función de su presencia o ausencia en un animal. Además, esto también permite determinar las condiciones homocigóticas o heterocigóticas, lo cual es importante dependiendo si la característica es favorable o desfavorable para el animal.
Un ejemplo claro es el marcador asociado al síndrome de doble musculatura, donde el gen de miostatina es desfavorable al presentarse en forma homocigótica en los individuos. Muchos marcadores genéticos han sido asociados a diversas características, incluyendo el marmoleo, la suavidad y la resistencia al corte de la carne, que son características de importancia apreciadas por los consumidores. Este tipo de biotecnologías ha permitido la implementación de nuevos sistemas de mejoramiento genético basados en la selección de los animales mediante marcadores moleculares, proceso denominado como selección asistida por marcadores, que tiene el potencial de mejorar características con baja heredabilidad, difíciles de medir, que se presentan a edades tardías o hasta que los animales son sacrificados; es decir, aquellas características que no han podido ser mejoradas mediante métodos tradicionales.
Recientemente, el descubrimiento del genoma bovino permitió el desarrollo de tecnologías de tipificación de genoma completo que permiten caracterizar a los animales utilizando miles de marcadores, lo cual ayuda de manera más precisa a la selección de individuos de acuerdo con una característica de interés a fin de contar con individuos aptos para un programa de mejoramiento genético.
¿Seguir mejorando el ganado?
El mundo está padeciendo dos sucesos irreversibles que afectan directamente la producción ganadera. Por un lado, el cambio climático está provocando un incremento en la temperatura a nivel mundial, generando una reacción en cadena, donde el último efecto es escasez de alimento y agua para el ganado. Tan sólo en México ha ocurrido una de las sequías más severas de los últimos setenta años que ha provocado la despoblación de los hatos ganaderos.
Parte de la solución estaría en mejorar las características del ganado involucradas en la adaptabilidad a ambientes variables, donde el uso de marcadores genéticos sería de gran utilidad, ya que ésta es una característica compleja. Por otra parte, la solución también podría ser el aprovechamiento de los recursos genéticos locales, es decir, utilizar el componente genético del ganado local —adaptado a vivir en condiciones variables— para realizar cruzas con el ganado de interés, de manera que adquieran la característica de adaptabilidad.
Desafortunadamente, sabemos muy poco acerca de los recursos genéticos existentes debido a que son utilizados generalmente en ganadería de traspatio, donde los ganaderos desconocen el potencial genético que poseen sus animales. Sumado a esto, la promoción de razas bovinas denominadas “superiores” o “de alto rendimiento” provoca el desplazamiento y extinción de las razas locales; ejemplo de ello es el empleo de la raza bovina Holstein, la cual es utilizada como la principal raza productora de leche a nivel mundial.
Un factor que también afecta la producción ganadera es el crecimiento demográfico, que ha provocado, durante las últimas décadas, un rápido incremento en el consumo de los productos de origen animal. Según las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, en el año 2050 la población mundial llegará a nueve mil millones de habitantes, por lo que deberá duplicarse la producción de carne para satisfacer el incremento en la demanda. Por lo tanto, debe mantenerse el mejoramiento de las características productivas del ganado, pero sin que se vean afectados otros rasgos de importancia biológica.
Conclusión
Sin duda, se debe seguir realizando el mejoramiento genético del ganado bovino, ya que en la actualidad hay una fuerte necesidad de incrementar la eficiencia biológica de la producción ganadera y sobrellevar los cambios ambientales que afectan el ganado. Por lo tanto, será de gran importancia el mejoramiento de sus características genéticas involucradas en el crecimiento, la ganancia de peso y la producción de leche.
Por último, existe un variado mercado de la carne que demanda productos de mejor calidad, donde características como la suavidad y el marmoleo deben ser mejoradas para satisfacer al consumidor. El mejoramiento de tales características debe lograrse sin afectar el comportamiento en otras, para lo cual será de gran apoyo el uso de herramientas biotecnológicas que permitan monitorear una amplia variedad de características e identificar a los animales correctos para usarlos como progenitores de las siguientes generaciones.
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Referencias bibliográficas
Dekkers Jack y Frédéric Hospital. 2002. “The use of molecular genetics in the improvement of agricultural populations”, en Nature Reviews of Genetics, núm. 3, pp. 2232.
fao. 2009. El estado mundial de la agricultura y la alimentación: la ganadería a examen. Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Roma. En la red
www.nbcec.org/producers/sire.html |
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Francisco Joel Jahuey Martínez
Centro de Biotecnología Genómica, Instituto Politécnico Nacional. |
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cómo citar este artículo →
Jahuey Martínez, Francisco Joel. 2016. Ganado bovino mejorado genéticamente. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 76-79. [En línea].
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| de la escuela |
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Historias con sentido ciencia y conocimiento tradicional en el aula
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Rogelio Colorado
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Cuando se habló de “ciencia en la escuela”, me dije:
suena interesante. Más tarde me casé con la propuesta. Sus proposiciones siempre me convencieron por tener una amplia base teórica. Cuando comencé a proceder conforme a la propuesta, mil ideas me brotaron y muchos ingenios puse a prueba con mis alumnos. Unas de esas ocurrencias me fascinaron y otras no tanto.
Después nos propusieron: partan de historias, sí, de historias con sentido... de preferencia científico; porque está muy estudiado, sobre todo por Jerome Bruner, quien sostiene que la mente humana, para dar sentido a los acontecimientos de la vida, siempre procede narrando, pues el ser humano es un narrador por naturaleza. Y efectivamente, muchas veces comprobé que si le pones un poco de entusiasmo y vivacidad al contar los relatos, verás cómo los chavos se empeñan en escucharte, no es un choro, compruébalo. Y yo, como maestro de español, me puse a inventar, recopilar y a reconstruir historias que nacieron de mí y de mis compañeros del colectivo.
Francamente, muchas historias me gustaron; no sé si porque más de uno haya comentado, ¡qué bonito!, ¡está muy bien!, o porque nacieron exactamente en la tierra colorada como los hongos amarillos que sólo brotan bajo los encinos; por este apapacho, y por las ganas de contarlo todo, las ordené en estas páginas.
He aquí la experiencia y las narraciones que no quiero dejar en el olvido; generaron reflexiones y emanaron contenidos para elaborar proyectos didácticos de investigación. Sí, son breves y sencillos porque siempre fueron pensados para los alumnos, para que no arrugaran la cara y al primer contacto se desprendieran del texto.
Milagros de ingenua planta
—¡Mira qué mancha, qué granos!—, el dermatólogo dice que es acné; pero a mí no me interesa saber cómo se llama, sino cómo me curo. Así lamenta una joven su mal.
—Tu mal no es para quejarse tanto hija!—, contesta la abuela a su nieta. —Escucha bien—, continúa: —pon a hervir unos dos litros de agua con unas seis hojas de árnica, déjalo enfriar toda la noche y mañana por la mañana te lavas la cara con abundante agua de árnica y un pedazo de jabón Zote, de preferencia que sea nuevo, así te lavas todos los días durante unas tres semanas y verás qué resultados.
—¿Y cuál es el árnica abuelita?
—Esa plantita de hojas anchas que brota por todos lados.
Y es que el árnica es una planta que abunda en la zona húmeda del Istmo de Tehuantepec, sobre todo en la época de lluvias. Sus tallos son largos y pueden llegar a crecer hasta dos o tres metros de alto; da unas redondas flores amarillas parecidas a las de girasol. Las hojas son anchas y no son nada ofensivas, pues no tienen ahuates, ni irritan la piel cuando la cortas; son ésas precisamente las que sirven de medicamento.
—Parece que tienes razón abuelita, siento más limpia mi cara—, asegura la muchacha después de aplicarse el lavado durante dos semanas.
Inquieta, le impulsa una curiosidad por investigar qué propiedades curativas tiene el árnica. La abuela por experiencia sabe que la gente del pueblo siempre cura sus heridas, salpullidos y granos con el árnica, pero no puede decirle qué principio activo posee la tan usada planta.
La nieta, después de consultar varias fuentes, se explica que el árnica tiene propiedades antisépticas por eso combate las infecciones. Así, las historias enlazan ciencia y conocimiento tradicional en el aula.
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Rogelio Colorado
Escuela Secundaria Técnica 183,
San Juan Guichicovi, Oaxaca.
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cómo citar este artículo →
Colorado, Rogelio. 2016. Historias con sentido, ciencia y conocimiento tradicional en el aula. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 68-69. [En línea].
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Arte efímero
y sociedad civil
en defensa del maíz
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César Carrillo Trueba
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El Zócalo es uno de los lugares de memoria social
más relevantes del país. Así, pensando un día en alguna acción impactante para manifestar el rechazo a la liberación de variedades de maíz transgénico en México, me vino a la mente la idea de cubrir el Zócalo con granos de maíz, formando una imagen alusiva, que fuera contundente. Me imaginé contingentes procedentes de todos los rincones del territorio aportando granos de diferentes colores, efectuando algunos de los rituales que se hacen durante su ciclo de cultivo, uniendo esfuerzos con los habitantes de la ciudad en una jornada inolvidable.
Elena Álvarez-Buylla planteó la idea a varias organizaciones de la sociedad civil preocupadas por los efectos de los transgénicos en el maíz nativo, como una manifestación ante la Reunión del Protocolo de Cartagena que se llevaría a cabo en la Ciudad de México. Semillas de Vida la asumió y se dio a la tarea de promoverla, obteniendo el apoyo de la Campaña: “Sin maíz no hay país”.
Varios pensamos en Mauricio Gómez-Morín para realizar el diseño, quien con gran arte se afanó y dirigió la acción. La Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras del Campo (ANEC) proporcionó 35 toneladas de grano de maíz. Se devolvieron 34.5.
Comenzamos a las siete de la noche, delimitando el perímetro donde se dibujaría un mapa de México y parte de Centroamérica —área de origen y diversificación del maíz— con textura de mazorca. Sumamos alrededor de trescientas mujeres y hombres de diversas edades y ocupaciones, y sólo algunos integrantes de organizaciones, los que participamos con entusiasmo, numerando, trazando y esparciendo el maíz.
A las cuatro de la mañana, desde lo alto de un edificio admirábamos cómo la textura del grano, nuestra misma carne y piel, delineaba un magnífico mapa acompañado de las leyendas: No al maíz transgénico, Sin maíz no hay país . Una acción digna del mejor arte efímero, que enaltece como siempre a la sociedad en movimiento y nos impulsa a continuar la defensa de nuestro maíz.
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Nota:
Texto aparecido en La Jornada del Campo, 17 de marzo de 2009.
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César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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cómo citar este artículo →
Carrillo Trueba, César. 2016. Arte efímero y sociedad civil en defensa del maíz. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 58-59. [En línea].
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| del arte y la ciencia |
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Milpa: ritual imprescindible
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María Elena Álvarez-Buylla, Alejandro de Ávila, Nuria Carton y Juan Carlos Martínez
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La Milpa es el sistema de producción agrícola mesoamericano en donde se siembra maíz en asociación con otros cultivos: frijoles, calabazas y chiles principalmente. Este policultivo de origen prehispánico sigue siendo la base de la agricultura campesina mexicana y del sustento alimentario de nuestro país; es el territorio ritual donde se establece la relación simbiótica entre cultura y naturaleza.
El Pedregal de San Ángel es producto de la erupción del volcán Xitle que ocurrió hace aproximadamente 1700 años. Antes de ese evento, los terrenos de Ciudad Universitaria eran milpas que alimentaban a Cuicuilco, ciudad prehispánica cuyas ruinas se ubican cerca del actual Jardín Botánico de la unam. La exposición “Milpa: ritual imprescindible”, evoca ese pasado, que precedió al Pedregal de San Ángel, en relación con las transformaciones agroecológicas del mundo contemporáneo.
El Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México se encuentra en el corazón de la Reserva del Pedregal, una de las mayores áreas protegidas para la conservación de la biodiversidad en el seno de una urbe. Este espacio natural, situado en una de las ciudades más grandes del mundo y amenazado por el crecimiento urbano, aún alberga una gran diversidad de plantas y animales. Constituye un espacio público que provee beneficios ambientales, de esparcimiento y estéticos invaluables para todos. Es también símbolo de la matriz agroecológica imprescindible para la milpa.
Esta exposición se inscribe en un proyecto reformador del Jardín Botánico de la unam, que tiene como objetivo estimular el conocimiento a través del diálogo entre los ámbitos científicos, tradicionales y artísticos. Se propone esparcir, ampliar y resignificar el quehacer cultural universitario ya existente, incorporando el Jardín Botánico del Instituto de Biología y la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel. Para ello, se ha iniciado la renovación del foro Dahlia destinado a exposiciones de arte, diálogos, encuentros, eventos públicos, difusión científica, entre otros. En los espacios exteriores se plantea un corredor artístico para instalaciones y obras de sitio específico de carácter efímero o permanente, que propongan nuevas experiencias de contemplación, reflexión crítica, respeto, así como de cuidado de la naturaleza y comprensión de la diversidad biocultural.
En el marco de esta exposición, también se inicia un proyecto de rehabilitación de la interacción orgánica y social que existe entre el Jardín Botánico y la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, de estos espacios con la comunidad universitaria, con las personas que viven en sus alrededores y más allá.
Las obras aquí reunidas articulan una reflexión en torno al “hacer milpa” como una práctica imprescindible para la integridad de los territorios y comunidades campesinas, así como para la diversidad biológica, agrícola y cultural de México. También resuenan con el compromiso social de una estética implicada en la acción colectiva en torno a la resistencia ciudadana frente al monopolio de la agroindustria, la consecuente degradación socioambiental, y el debilitamiento de la soberanía alimentaria.
La exposición invita a la reflexión de estos temas, esperando que de ella emerjan nuevas y virtuosas propuestas. Es, ante todo, un tributo cariñoso con admiración profunda a las mujeres y hombres de las comunidades campesinas de México que desde sus milpas siguen “haciendo comunidad y cultura”. Sus semillas nativas, heredadas por miles de años de sus antepasados como bienes comunales, son un reflejo invaluable de la fuerza comunitaria de los campesinos mexicanos, imprescindibles para el sustento material y espiritual de nuestra nación.
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María Elena Álvarez-Buylla Roces
Alejandro de Ávila Blomberg
Nuria Carton de Grammont
Juan Carlos Martínez García
Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad.
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cómo citar este artículo →
Álvarez-Buylla Roces, Elena; Alejandro de Ávila Blomberg; Nuria Carton de Grammont y Juan Carlos Martínez García. 2016. Milpa: ritual imprescindible. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 48-49. [En línea].
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