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Yvette Gómez Gómez      
               
               
Ayla estaba abrumada: Creb nunca se había mostrado duro con ella […] Confundida y dolida se le saltaron las lágrimas, le inundaron los ojos y corrieron por sus mejillas. —¡Iza!— llamó Creb, preocupado—. ¡Ven acá!
Ayla tiene algo en los ojos. Los ojos de la gente del clan sólo se les llenaban de lágrimas cuando algo se les metía dentro, o si tenían catarro o padecían alguna enfermedad de la vista. Él nunca había visto que de los ojos brotaran lágrimas de infelicidad.

Jean Marie Auel
     
 En la novela El clan del oso cavernario, Jean Marie Auel
describe la sorpresa que se llevan dos neandertales, Creb e Iza, al ver llorar de tristeza a su hija adoptiva Ayla, quien es una niña cromañón. En varias escenas muy conmovedoras a lo largo del libro, la autora nos deja ver que, en su mundo imaginario, los neandertales no tenían la capacidad de llorar a causa de emociones, mismo que nos permite reflexionar sobre la conducta del llanto: ¿cuándo surgió?, ¿qué función tiene?, ¿es una capacidad humana única?, ¿qué relación tiene con la cultura?

Estas y otras preguntas han sido abordadas por la psicología, la biología, la antropología y otras “ías”. Cada una de estas disciplinas nos ha dado información valiosa, pero las ciencias cognitivas son el pegamento que une todas las piezas. Las ciencias cognitivas nos ayudan a entender el llanto y cualquier conducta humana como un fenómeno complejo, que, si bien tiene sus raíces en lo individual y lo biológico, da sus frutos en lo social y lo cultural.

Lágrimas de cocodrilo

La capacidad de producir lágrimas, mejor dicho, de producir “secreción lagrimal”, comenzó hace aproximadamente 360 millones de años cuando una especie de pez parecido al celacanto, que se convertiría en el ancestro de todos los vertebrados, salió del agua. El paso del agua a la tierra implicó una serie de adaptaciones complejas que hicieran posible la vida terrestre. Una de éstas fue la producción de secreción lagrimal para mantener la humedad en el ojo y mejorar la refracción de la luz, ya que el sistema visual estaba ajustado para ver bajo el agua.

Para cuando surgieron los anfibios, el sistema ocular ya estaba equipado con glándulas lagrimales que producían compuestos acuosos, cerosos y mucosos a los que se les llama “lágrimas basales”, que permiten, entre otras cosas, mantener la lubricación. Además, surgieron otros elementos como los párpados y los conductos lagrimales. La función del párpado es distribuir la secreción lagrimal en toda la superficie del ojo, mientras que la función del conducto lagrimal es drenar el exceso de líquido hacia el interior de la nariz.

Más adelante surgió otro tipo de lágrimas: las reflejas. En general, dichas lágrimas se producen en mamíferos por irritación física o química en el ojo, es decir, las lágrimas reflejas no están presentes en anfibios ni en la mayoría de los reptiles y aves. En algunas tortugas y aves marinas estas lágrimas tienen la función de eliminar el exceso de sal que consumen. En los cocodrilos las lágrimas reflejas son las culpables de la expresión popular “lágrimas de cocodrilo”, que son básicamente lagrimas falsas o vacías de emociones y tienen su razón de ser. La explicación más aceptada es que son el resultado de un reflejo mecánico al masticar, ya que las glándulas salivales se encuentran muy cerca de las lagrimales, y al activarse ambas producen la impresión de que lloran de pena por su presa mientras se la comen. Otra explicación es que simplemente al salir del agua sus ojos se secan y comienzan a lagrimear en exceso.

La producción de lágrimas basales está regulada por el hipotálamo, un centro cerebral que controla funciones automáticas del cuerpo. Lo que hizo posible la aparición de las lágrimas reflejas es que este centro se conectó con el nervio trigémino, uno de los trece nervios craneales. Entre las funciones de este nervio está el enviar una señal al hipotálamo en respuesta a la irritación para que estimule las glándulas lagrimales y aumente la producción de lágrimas. Más adelante, el sistema límbico, encargado de regular nuestras emociones, se conectó a este circuito haciendo posible la producción de lágrimas en respuesta a distintas emociones.

La especie perfecta 

¿Qué tuvo que ocurrir para que las lágrimas también fueran una forma de limpiar las irritaciones emocionales? La conexión del llanto con las emociones sólo podía surgir bajo ciertas condiciones, es decir, esta capacidad sólo podía ser ventajosa y conservarse en especies con ciertas características conductuales. Nosotros los humanos, y probablemente también algunos de nuestros ancestros homínidos, fuimos una especie ideal para la evolución del llanto. En primer lugar, porque los primates somos de las especies con mayor capacidad de gesticular. Los gestos nos sirven para comunicar varias emociones y esto no sería posible si no fuera porque también somos especies sumamente visuales, y al interactuar con otros, nuestra atención está dirigida hacia la cara y en especial hacia los ojos. 

Los ojos de los otros ya eran un blanco social, y la producción de lágrimas en estados vulnerables, junto con una expresión de dolor o tristeza en el rostro, aumentaron la atención hacia ellos. Debido a nuestra gran capacidad empática, los individuos que lloraban probablemente recibían más ayuda o consuelo que aquellos que no lloraban. Esto reforzaba los lazos sociales y permitía que el grupo estuviera más unido y tuviera mayores probabilidades de sobrevivir.

El llanto pudo fijarse en las primeras poblaciones humanas a partir de varios procesos. Uno de ellos pudo ser gracias a los bebés y niños. En mamíferos y aves, los infantes utilizan chillidos para llamar la atención de sus cuidadores, pero no sueltan lágrimas; cuando en algunos niños los chillidos empezaron a acompañarse de lágrimas los cuidadores les prestaron más atención, pues era un rasgo muy peculiar que no pasaba desapercibido. Esto provocaba que los cuidadores los miraran más a los ojos y ambos produjeran más oxitocina —una neurohormona muy relacionada con la empatía y formación de lazos afectivos—, lo que generaba vínculos sociales más fuertes y aseguraba mayores cuidados. Por consecuencia, los niños llorones tenían una mayor probabilidad de sobrevivir.

Pero, ¿por qué seguimos llorando incluso cuando somos adultos? Una de las hipótesis es que debido a que los individuos jóvenes y adultos no podían expresar su dolor con chillidos, porque podían atraer depredadores, aquellos que conservaban la capacidad de llorar tenían una ventaja, pues podían comunicar sus emociones sin ser un peligro y apelar a la empatía de sus compañeros, al igual que los niños. Por otra parte, las lágrimas también pudieron haber funcionado para disminuir la violencia dentro de los miembros de un grupo, ya que al llorar los individuos se mostraban vulnerables ante otros, y el atacante podía desistir o incluso enternecerse y brindar ayuda.

En general, el llanto evolucionó como una señal emocional. Si no hubiera provocado conductas empáticas en otros miembros del grupo, la capacidad de llorar hubiera desaparecido, pues sólo sería una pérdida de energía y un rasgo que podría volver vulnerables a los individuos ante depredadores. Es probable que los individuos con la capacidad de llorar tuvieran mayor éxito reproductivo que los que no, porque formaban lazos sociales más fuertes, de lo contrario, ¿de qué manera explicaríamos que ahora la mayoría de los humanos tengamos esta capacidad? Aunque actualmente existen personas que no pueden llorar, aún no sabemos si la incapacidad es a causa de diferencias biológicas, influencias culturales o una combinación de ambas.

¿Llanto voluntario?

Todos en algún momento de nuestra vida hemos sentido la necesidad de llorar en situaciones inapropiadas y nos hemos aguantado las ganas. Asimismo, están las veces en las que por más que nos esforzamos para no soltar las lágrimas esto se vuelve inevitable, algo así como las ganas de ir al baño, tarde o temprano tenemos que hacerlo. Desde nuestras propias experiencias y gracias a diversos estudios científicos, hemos aprendido que el llanto es un fenómeno complejo que está controlado por variables biológicas, psicológicas y sociales.

En la cultura occidental, hablando de manera muy simplificada, asociamos el llanto a la tristeza, la frustración y también a la alegría. Lloramos sólo cuando nuestras emociones son muy abrumadoras y estamos con personas a las que les tenemos la suficiente confianza como para dejar que nos vean en nuestro estado más vulnerable, aunque muchas veces preferimos llorar a solas y en silencio. También existe culturalmente una asociación del llanto con la sensibilidad emocional y el sexo femenino, pero ahora estos estereotipos están reconsiderándose y revisándose más a fondo con ayuda de la neuropsicología y todo apunta a que no se trata de una diferencia de sexo, sino de género, o sea que es moldeada por la sociedad.

En otras culturas el llanto puede ser parte de contextos diferentes. Algunos antropólogos han reportado que el llanto es utilizado como parte de un ritual de saludo y bienvenida en algunas culturas de Sudamérica, Norteamérica, Australia e India. Las personas suelen llorar por varios minutos cuando conocen al otro antes de comenzar a hablar o cuando se encuentran ocasionalmente con algún conocido. Por ejemplo, entre los tupinambá de Brasil, aquellos que llegaban de un viaje largo eran recibidos por un grupo de mujeres que lloraban a su alrededor por las tragedias que habían ocurrido en la comunidad durante su ausencia y por los peligros a los que se había expuesto el viajero al irse. 

Debido a que el llanto suele ser visto como un comportamiento sincero e involuntario, los antropólogos se han preguntado: ¿qué tan sinceros son este tipo de llantos en otras culturas?, es decir, ¿responde a emociones verdaderas o es utilizado a conveniencia, en concordancia con reglas sociales, para mantener la cohesión en el grupo? 

De acuerdo con algunas observaciones, parece que el llanto en estos contextos puede considerarse “actuado”, pero fingir el llanto al igual que la risa, nos ayuda a inducir un estado emocional similar —aunque no igual— al de tristeza o alegría, dependiendo del contexto social, engañando al cerebro para estar en sintonía emocional con otros. De cualquier forma, la cultura occidental no está muy lejos de estas prácticas, por lo que en nuestro día a día fingimos alegría mediante sonrisas al saludar a otros para evitar tensiones sociales y hacer el tiempo más llevadero, de igual manera, las personas que mejor fingen el llanto pueden ser consideradas artistas.

El llanto en el arte

Transmitir emociones que provoquen llanto es un arte que apela a nuestra capacidad empática y, para ello, el truco más utilizado es mostrar lágrimas en otros individuos en un contexto vulnerable. Transmitir emociones y provocar el llanto a otros no es una habilidad que cualquiera pueda dominar, por lo que los actores y actrices que lo hacen son considerados verdaderos artistas, pero también lo son los productores de cine y otros medios que están detrás de las historias que nos han hecho llorar a moco tendido. 

Las lágrimas tienen una capacidad impresionante para transferir emociones y por ello han sido muy representadas en el arte. Existen obras que deben su fama al dramatismo que éstas les confieren, como las relacionadas con la crucifixión y muerte de Cristo que, en su mayoría, retratan a la virgen María con lágrimas cayendo por sus mejillas y un gesto de dolor y compasión por su hijo torturado. Estas imágenes han sido tan impactantes en la psicología social que incluso hay leyendas sobre algunas estatuas de la Virgen que han sido vistas llorando lágrimas reales o incluso lágrimas de sangre. 

Al llanto se le ha conferido una estética propia: la belleza de la tristeza. Y no es algo actual, ya que desde la Grecia antigua, Homero, en sus famosas epopeyas, mencionaba que las lágrimas embellecían el rostro de los hombres. En la pintura, las lágrimas aparecen generalmente como gotas traslúcidas y brillantes, parecidas al cristal o a las joyas, como sinónimo de pureza y belleza. Dentro de la poética del llanto podemos encontrar a quienes piensan en él como una forma de comunicación que posee su propia sintaxis y gramática: un fenómeno metalingüístico que se usa sólo cuando las palabras ya no son suficientes; mientras para otros forma parte del monopolio humano, es la esencia de los ojos que son la ventana del alma.
     
Referencias Bibliográficas

Auel, J. M. 2013. El clan del oso cavernario, Oceano exprés, Cd. de México.
     Bellieni, C. V. 2017. “Meaning and Importance of Weeping”, en New Ideas in Psychology, vol. 47, pp. 72–76.
     Hasson, O. 2009. “Emotional Tears as Biological Signals”, en Evolutionary Psychology, vol. 7, núm. 3, pp. 363-370.
     Rottenberg, J. y A. J. J. M. Vingerhoets. 2012. “Crying: Call for a Lifespan Approach: Lifespan Approach to Crying”, en Social and Personality Psychology Compass, vol. 6, núm. 3, pp. 217–227.
     Spiekermann, G. 2009. “Die Tränen aus kunsthistorischer Sicht”, en Der Ophthalmologe, vol. 106, núm. 7, pp. 603–608.
     Vandekerckhove, M., et al. 2008. Regulating Emotions: Culture, Social Necessity, and Biological Inheritance, Weyl-Blackwell, Hoboken, N.J.
     Vingerhoets, A. J. J. M. 2013. Why Only Humans Weep: Unravelling the Mysteries of Tears. Oxford University Press, Oxford.
     ______ y L. Bylsma. 2016. “The Riddle of Human Emotional Crying: A Challenge for Emotion Researchers”, en Emotion Review: Journal of the International Society for Research on Emotion, vol. 8, núm. 3, pp. 207–17.
     

     
Yvette Gómez Gómez
Estudiante del doctorado en Ciencias Cognitivas,
Centro de Investigación en Ciencias Cognitivas,
Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

     

     
       

 

 

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Brian Becerra Bressant      
               
               
Tras derrocarse la dictadura de Porfirio Díaz y al término 
de la Revolución Mexicana, las políticas raciales y de mestizaje en México crecieron y se emplearon de diversas maneras, principalmente las siguientes: mestizaje como vehículo para redimir a los indígenas; mestizaje para consolidar una nacionalidad coherente y definida a partir del entendimiento y la unión de las culturas; y mestizaje para darle a los individuos una apariencia ideal propia del mexicano, tal como pasaba en Japón, Alemania y otras naciones.

Estas corrientes de mestizaje, apenas pasada la Revolución, se fundamentaron en conocimientos científicos y en matices de eugenesia y racismo. ¿Por qué un mestizaje eugenésico y racista? La convergencia de individuos —indígenas, mestizos y occidentales— fluyó a través de dos vertientes de mestizaje: cultural y físico. El mestizaje cultural se explica en el libro Forjando Patria, del antropólogo Manuel Gamio, publicado en 1916. Este mestizaje buscaba la fusión de tradiciones y costumbres para: “forjar una patria coherente y definida”. Asimismo, según Gamio, existía un atraso civilizatorio muy marcado entre las civilizaciones prehispánica y moderna. Por su parte, el mestizaje físico buscaba una apariencia digna del mexicano, una imagen idealizada producto de la combinación de los mejores caracteres de cada raza, lo que construiría una raza universal, la raza cósmica. José Vasconcelos justifica dicho mestizaje en 1925 en el libro La raza cósmica; allí se argumenta que biológicamente cada individuo tiene virtudes propias de su linaje, y en consecuencia la superioridad o inferioridad innata de las diversas razas.

Si en estos dos mestizajes se habla de aspecto físico, identidad racial y superioridad e inferioridad biológica, entonces es plausible la existencia de conocimiento derivado de la eugenesia y del racismo como base del mestizaje. Se impone entonces el análisis de cómo la eugenesia y el racismo están inmersos en la construcción del mestizaje en Forjando Patria y La raza cósmica.

Eugenesia: breve contexto

El primo de Charles Darwin, Francis Galton, propuso que una raza se puede mejorar hasta alcanzar la máxima superioridad; a esta idea la llamó eugenesia, la cual se sustenta en una selección natural donde las leyes biológicas juegan un papel fundamental rumbo al perfeccionamiento humano. Según Galton, la estadística ilustra la capacidad mental y la inteligencia de los individuos. Las mediciones antropomórficas —de las extremidades humanas, musculatura, altura, etcétera—, las mediciones craneométricas —cortes en cráneos humanos para constatar su volumen y verificar la capacidad mental de acuerdo con la cavidad cerebral— y los test de inteligencia, justificarían la existencia de una raza superior, la blanca, y una raza de suma inferioridad, la negra.

La posibilidad de la existencia de una raza superior impulsó la designación de individuos mejor dotados que otros y con ello nociones de exterminio dispuestas a mejorar la raza. La eugenesia se desdoblaría así de dos maneras: positiva y negativa; la primera con el fin de promover la reproducción de los más dotados, la segunda con el objetivo de frenar la diseminación de los débiles y evitar su cruza.

En México, al término de la revolución, el sector de sanidad y la “mala salud” convergieron en que debía haber un mejoramiento racial de principios eugenésicos. En 1910 y 1911 aparecen los primeros textos eugenésicos en el país, cuya lectura fomentaba la precaución y la cautela que debían tener las mujeres al elegir pareja para el matrimonio. La eugenesia feminista se vio muy en boga porque se consideró a la mujer como el género que debía estar libre de impurezas sexuales. En 1916 se escribe Forjando Patria, fruto del estudio antropológico de Gamio y cuyas ideas pudieron tener diversas interpretaciones raciales. En 1921, buscando las mejores medidas de educación sexual para los infantes del país, se realiza el Primer Congreso del Niño, en donde se abordaría el tema sobre aquellos niños con anomalías genéticas como el síndrome de Down; educarlos o esterilizarlos fueron propuestas para impedir su descendencia. En 1925 se publica La raza cósmica, con el argumento eugenésico de que existen razas biológicamente más aptas que otras en el camino hacia la raza cósmica. En 1929 se funda la Sociedad de Puericultura; en 1931, esta sociedad se transforma formalmente en la Sociedad Mexicana de Eugenesia.

Las ideas eugenésicas de Vasconcelos

La raza cósmica explica la génesis de una nueva raza, la cósmica, así como la visión y distribución de todas las razas. Esta nueva raza, la quinta, será producto de la mezcla de las mejores virtudes de sus antecesoras y actuales. Latinoamérica, dice Vasconcelos, es el lugar idóneo para la naciente raza, pues esta región siempre abrazó con simpatía la mezcla racial de todas aquellas culturas no europeas.

La raza cósmica está dividida en tres secciones: en la primera se explican las relaciones de conquista de España y Gran Bretaña en América, en la segunda se detallan algunas diferencias raciales en torno a los individuos, y en la tercera se describen tres estados históricos de evolución humana para llegar a la raza cósmica, que son los siguientes: 1) material o guerrero, que es un estado primitivo de la humanidad en donde los emparejamientos se fundamentaban en la satisfacción del placer sexual, y no existe civilización ni cultura; 2) político o intelectual, que es el estado actual del humano, en donde las cruzas raciales están controladas por mandatarios, realezas o reyes, estipulando reglas de matrimonio que siguen una razón lógica y dogmas religiosos; y 3) estético o espiritual, que es el estado futuro y en el cual la raza cósmica se manifestará, ya que los emparejamientos humanos se guiarán por una atracción natural y el gusto personal, así como por una selección libre y su lógica correspondencia.

Pareciera que el tercer estado es una meta acertada y hasta cierto punto favorable para la humanidad; sin embargo, la utópica visión cósmica se viene abajo cuando Vasconcelos dice lo siguiente sobre las razas y su relación con la raza cósmica: los asiáticos e indígenas están “descartados para el cruce racial”; los indios “se durmieron desde hace millones de años para no despertar”; los chinos “se multiplican como los ratones y degradan la condición humana”; los negros son los “tipos bajos de la especie que serán absorbidos por el tipo superior [...] Por extinción voluntaria, los negros y las estirpes más feas irán cediendo el paso a las más hermosas”. ¿Cuáles, según Vasconcelos, serían las estirpes más hermosas?

El autor dice que en el camino hacia la raza cósmica “el cruce de sangre será cada vez más espontáneo”, donde no habrá necesidad, sino un “motivo espiritual [que] se irá sobreponiendo de esta suerte a las contingencias de lo físico”. Ese motivo es “el gusto que dirige el misterio” de la elección de pareja y se rige por “la belleza que convence”.

De los enunciados anteriores se desprende que hay un “misterioso motivo espiritual” que guía el emparejamiento de los individuos: la belleza; ésta se alza como el argumento más poderoso en la búsqueda de pareja. Y, dado que Vasconcelos señala las deficiencias de las razas menos las del blanco, entonces la belleza que debería de buscar todo individuo responde a la de los blancos. Vasconcelos expresa que: “quizás entre todos los caracteres de la quinta raza predominen los caracteres del blanco, pero tal supremacía debe ser fruto de elección libre del gusto y no resultado de la violencia o de la presión económica”. Por lo precedente no parece desacertado hablar de una eugenesia moldeada en La raza cósmica. Ya sea que se trate de una eugenesia estética, una espiritual o una al estilo puramente de Galton, no es descabellado pensar que hay matices de eugenesia fisiológica en el texto mestizófilo de Vasconcelos, y por ende, también de racismo. 

Menciona Vasconcelos que: “por encima de la eugénica científica prevalecerá la eugénica misteriosa del gusto estético”. Esta eugenesia lo que hará es que “los muy feos no procrearán, no desearán procrear, ¿qué importa entonces que todas las razas se mezclen si la fealdad no encontrará cuna? La pobreza, la educación defectuosa, la escasez de tipos bellos, la miseria que vuelve a la gente fea, todas estas calamidades desaparecerán del estado social futuro”.

De esta manera la eugenesia, como dice Rubén Molina, bajo el enfoque de degeneración de las razas se hace latente en Vasconcelos. Este nuevo “lenguaje de eugenesia” le permite esconder la alteración de rasgos físicos a partir de la premisa de la construcción de una “eugenesia espiritual” basada en la libre elección de “los individuos más bellos y saludables a buscar otras personas como ellos”. De esta manera, al no ser escogidos los poco atractivos para reproducirse y propagar sus rasgos físicos, poco a poco tenderían a desaparecer de la población.

En consonancia con lo que dice Regina Crespo, esta eugenesia estética llevaría a la supresión voluntaria de los tipos inferiores y el autor llegaría incluso a afirmar que: “en unas cuantas décadas podría desaparecer el negro junto con los tipos que el libre instinto de hermosura vaya señalando como recesivos e indignos de perpetuación”. Por lo tanto, se puede comentar que Vasconcelos pugnaba por el triunfo del más bello, el blanco, y la exclusión de los indios y los negros donde, al no ser éstos escogidos para el emparejamiento racial, desaparecerían gradualmente.

Vasconcelos estudió en la Escuela Nacional Preparatoria, una institución que incorporó la ciencia como herramienta formativa de las futuras generaciones. Por ello, no es de extrañar que los conocimientos allí obtenidos, de corte evolucionista e incluso darwinista, surtieran efecto en el desarrollo racial y eugenésico de sus ideas. Incluso la visión vasconceliana se acerca a las ideas del filósofo Herbert Spencer, donde los que sobreviven en el proceso de selección social son los más aptos y son aquellos que, a la manera lamarckiana, merecen heredar sus dotes a las siguientes generaciones.

Las ideas eugenésicas de Gamio

El objetivo central de Forjando Patria es construir un país de características inherentes a una nacionalidad definida e integrada. ¿Cuál es dicha nacionalidad? La que representan Japón, Francia y Alemania. México debe, según Gamio, aspirar a tener la condición de alguna de estas naciones porque tienen una unidad étnica nacional —físicamente sus integrantes son parecidos—, hablan un idioma en común y comparten manifestaciones culturales, morales, religiosas y políticas del mismo carácter. 

Unidad étnica, mismo idioma y cultura compartida son los elementos que hacen falta en México para alcanzar la nación ideal. El problema para que México pueda hacerse de estos tres puntos es que existen micropatrias dentro de la gran patria; existe una micropatria en Yucatán, otra en Veracruz, otra en Oaxaca, etcétera. La solución es incorporar estas micropatrias, en su mayoría constituidas por población indígena, a la cultura moderna, unificar el idioma y hacer coherente y homogénea la raza nacional. ¿De qué manera? Con base en conocimientos científicos, que pueden rozar el racismo, y con una antropología eugenésica. 

Dos modalidades de eugenesia se distinguen en Forjando Patria. La primera se trata de una jerarquía racial inversa, donde algunos autores colocan el indigenismo de Gamio en la cúspide de la escala de razas humanas y al individuo blanco en la base; es decir, el indígena, por sus cualidades físicas y biológicas, es la raza superior. En la investigación de Alejandra Stern se menciona que Gamio rechazaba las ideas “americanas de superioridad biológica”, pero a pesar de ello incluía principios eugenistas en su tesis indigenista “al atribuir al mestizo la pureza y vincular ese ícono al impoluto y noble indio”, por ende, la esquematización de una jerarquía racial inversa, donde los indios no se veían como “indolentes, pueriles e irracionales, sino alertas, resistentes y metafísicos”. 

De esta manera es posible asumir que la preocupación central de Gamio era el indio, y por eso propone que había que adherir el cuerpo indígena a la sociedad moderna para homogeneizar la zona política del país.

Francamente, Gamio no expresa o emplea enunciados que promuevan la reproducción sólo de la raza indígena; al contrario, manifiesta su sentir hacia la conjunción de la raza indígena con la occidental en proporciones iguales para reforzar un cuerpo mestizo sólido en cuestiones biológicas, físicas y culturales.

El segundo matiz eugenésico de este autor ronda en lo que significa ser un antropólogo. El antropólogo, de acuerdo con Gamio, es el único capacitado para poder estudiar y entender a fondo las relaciones humanas y las condiciones de vida de las distintas civilizaciones, en especial, las prehispánicas. No son el médico, el ingeniero, el político, etcétera, los que pueden estudiar al hombre y sus necesidades, sino el antropólogo. Este personaje es capaz de iluminar el cuerpo indígena desprovisto de ciencia y hacerlo ciudadano mediante el estudio físico de los hombres y así ofrecerles un desarrollo evolutivo apropiado.

La figura del antropólogo, según Gamio, es capaz de estudiar a los pueblos prehispánicos de una manera cuantitativa, estudiando población, demografía o utensilios de vida; cualitativa, estudiando idioma y cultura; cronológica, estudiando etapas como la Conquista, la Colonia y la etapa postcolonial; y de manera ambiental, estudiando ruinas antiguas como Teotihuacán, el Templo Mayor, Tula, entre otras. Gamio sitúa a los antropólogos como el grupo capaz de despertar al cuerpo indígena y proveerlo de la ciencia que carece. Los antropólogos formarían a los indios y los convertirían en ciudadanos. Gracias al apoyo del Estado, los antropólogos exaltarían los restos de las impotentes civilizaciones precolombinas para dar a conocer el gran aporte de los indios en los planos nacionales e internacionales. Olivia Gall y Diego Morales señalan que el autor se erigió a si mismo como el portavoz del cambio cultural que debía sufrir el Estado posrevolucionario mexicano. Con algunos matices eugenésicos, la antropología y el indigenismo encarnizado de Gamio serían los vigías de las ideas mestizófilas de la primera mitad del siglo XX.

Miguel García comenta que hacía finales del siglo xix la antropología física se distanciaba de las demás ciencias que hoy se aglutinan bajo el concepto de antropología, debido al énfasis que cada una ponía en el origen de las diferencias entre los grupos humanos. Esto puede haber influido en el pensamiento de Gamio al considerarse a sí mismo como el seleccionado y capacitado para realizar estudios humanos. Algo interesante es que en Gamio también se pueden encontrar ideas relacionadas con Spencer, quien decía que las razas inferiores, atrapadas en el pasado, son menos evolucionadas. Biológica y culturalmente son más simples que los caucásicos. Aunque no exacta, hay cierta sintonía en la manera en que Gamio aboga por la urgencia de aculturar, modernizar o civilizar al pueblo prehispánico del país por medio de las ciencias y la antropología.

Quizás este acento en la antropología se deba a que Gamio fue el primer antropólogo formal y reconocido del país. Tal vez porque era una nueva forma de estudiar al hombre, pero lo cierto es que demuestra un fervoroso carisma hacia el antropólogo, tanto, que hace pensar que este tipo de profesionista era el único capaz de estudiar al ser humano en todos sus aspectos y, claro, el vehículo para llegar al mestizaje que necesitaba la nación.

Conclusiones: mestizaje de ideas

La eugenesia resulta ser más pronunciada en Vasconcelos que en Gamio. El racismo, menos explícito, pero de todos modos presente, es probablemente más marcado en el filósofo que en el antropólogo. Si bien ambos autores en ningún momento expresan que deben promoverse metodologías para impedir o limitar la reproducción o el cruzamiento de algún sector racial en específico, sí se siente en Vasconcelos un sentimiento por aumentar el emparejamiento de blancos con blancos pues esto consumará de forma más directa y rápida la aparición de la “raza cósmica”. El caso de Gamio favorece la reproducción en proporciones equitativas de los sectores raciales en México con el propósito de sacar de su rezago cultural a la civilización indígena para así acercarla a la moderna, lo cual no establece que un grupo racial desaparezca físicamente, cosa que sí se presagia cuando el indio no encuentra emparejamientos en el sistema de cruza racial de Vasconcelos. La eugenesia que resalta en Gamio se explica por la omnipresencia y omnipotencia que el autor confiere a la imagen del antropólogo, pues configura a éste como el profesionista que se ha formado para sentir, entender y guiar a los diversos grupos raciales de la población y completar la misión de la patria coherente y definida.

Podría decirse que la eugenesia sirve como base para controlar una heterogeneidad física y cultural, por lo tanto es pieza fundamental en la construcción del mestizaje. Lleva nociones implícitas de racismo al justificar la superioridad e inferioridad de unas razas sobre otras. Vasconcelos, defensor del mestizaje físico, tiene un punto de vista hispanista, es decir da prioridad a los hombres de origen occidental; Gamio, defensor del mestizaje cultural y enfocado en la antropología, tiene un punto de vista indigenista y trata de que los indígenas se acerquen a la cultura moderna. 

Quizá esta polaridad de mestizaje responde a dos corrientes interpretativas básicas del término raza a finales del siglo xix que Miguel García define: “una estaba basada en una visión sociocultural de los seres humanos y, por tanto, concebía las razas como grupos de personas unidas por vínculos como el lenguaje, las costumbres, la región en donde vivían, un pasado común y la genealogía, entre otros. La otra, más bien ligada a una visión naturalista del hombre, entendía la raza como una categoría que agrupaba a diferentes individuos que compartían características físicas moldeadas por fenómenos naturales, como la herencia, la acción del clima y demás particularidades geográficas”. 

En la actualidad es difícil definir el concepto de raza; sin embargo, se puede identificar qué no es raza: no es una categoría biológica, ni se define por grupos sanguíneos, tampoco se categoriza mediante genes, ni se distingue por el color de la piel. En realidad, las razas se deben a contextos sociales, históricos, políticos, económicos y experienciales. Y, lo más importante, son modificables: en este escrito se presentó que Vasconcelos aprecia la raza bajo un punto de vista hispánico, a través de la mejora racial en virtud del intercambio de caracteres físicos; del otro lado del espectro, Gamio veía la homogenización cultural como la oportunidad para redimir a los indígenas en virtud de su sagrado pasado. Dos posturas diametralmente opuestas pero posibles en el entendimiento del mestizaje y de los diversos matices de la eugenesia.

Se deja en este análisis la posibilidad de mirar el mestizaje mexicano, ya sea cultural o físico, bajo el enfoque de la eugenesia y el racismo. El mestizaje cultural necesita entendimiento, en ese sentido, hace falta mucho por hacer. El mestizaje físico es todavía tabú. No se puede evadir el mestizaje físico. Todos fuimos, somos y seremos producto del mestizaje.
     
Agradecimientos

Este artículo forma parte de la productividad de mis estudios dirigidos a la obtención de grado Doctor en Ciencias, en el campo de conocimiento de Biología Evolutiva del Posgrado en Ciencias Biológicas. Para esta investigación se contó con una beca otorgada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT).
     
Referencias Bibliográficas
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     Gamio, M. 1982. Forjando Patria. Porrúa, México.
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     Suárez y López Guazo, L. 2005. Eugenesia y racismo en México. Dirección General de Estudios de Posgrado, unam, Cd. de México.
     Suárez y López Guazo, L. y R. Ruiz. 2015. “Eugenesia y medicina social en el México posrevolucionario”, en Evolución biológica, Morrone, J. J. (eds.). unam, Cd. de México.
     Taylor, P. C., L. Alcoff y L. Anderson. 2018. The routledge companion to philosophy of race. Taylor and Francis, Nueva York.  
     Vasconcelos, J. 1925. La raza cósmica, misión de la raza iberoamericana. Espasa, Cd. de México, 1985 .
     

     
Brian Becerra Bressant
Posgrado en Ciencias Biológicas,
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Brian Becerra Bressant. Biólogo por la Facultad de Ciencias, UNAM y maestro en Ciencias por el Posgrado en Ciencias Biológicas, UNAM. Actualmente es estudiante de doctorado en el Posgrado en Ciencias Biológicas. Ha realizado talleres sobre la relación de la biología y las llamadas “razas” humanas, con el objetivo de mostrar su inviabilidad. Cursó el “Diplomado de Racismo y Xenofobia vistos desde México”, impartido por el surxe y la red integra.
     

     
       

 

 

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Georges Canguilhem:
una historia de las ciencias
experimental y polémica
 
 
 
 

Franςois Delaporte
 
                     
El objeto del discurso histórico no es el discurso científico, sino su historicidad, en tanto que ésta representa la consecución de un proyecto de saber. La historia de las ciencias no es una historia de hechos de ciencia, sino de la normatividad en acción durante la génesis de la ciencia [...] Si aceptamos que la historia de las ciencias consiste en hacer la historia de un discurso normado por su rectificación crítica, ésta recae naturalmente en la epistemología. Hacer la historia de una actividad que se define a sí misma con referencia a la verdad como valor de conocimiento es otorgar tanto interés a sus fracasos como a sus logros [...] Así entendida, la historia de la ciencias es a la vez experimental y polémica. Experimental, en la medida que lo inacabado de las ciencias implica que su historia sea rehecha sin cesar. Polémica, porque una historia de las ciencias sin relación a la epistemología carece de objeto”. 
     
NOTA
Georges Canguilhem (1904-1995),
Historiador de la ciencia francés.
Fragmento tomado de la Encyclopedie Universalis.
     

     
François Delaporte (1941-2019)
Filósofo y epistemólogo francés.

Traducción
César Carrillo Trueba

     

     
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La biografía y
sus aportes a la investigación histórica: el caso del pedagogo cubano Rodolfo Menéndez de la Peña
139B08  
 
 
 

Alicia Muñoz Vega
 
                     
Dentro de la diversidad de formas de estudiar temas
históricos se encuentra la biografía. Este género se ha desarrollado desde la antigüedad hasta hoy día, pasando por varias etapas. En un principio se le daba importancia en la escritura de la historia para exaltar la vida de héroes destacados en algún periodo y tomarlos como ejemplos de conducta. Posteriormente no se le daba la misma atención de antes, sino que se privilegiaba la historia social: lo colectivo. Además, se cuestionaba su validez como una manera de hacer historia, pues podría caer en una narración ficticia cuyo valor fuera el entretenimiento y su género el literario. No fue sino hasta finales del siglo xx cuando se comenzó a retomar nuevamente su contribución en la investigación histórica.

La vida del pedagogo cubano Rodolfo Menéndez de la Peña se inscribe en la historia de la educación pública de Yucatán. Su caso nos permitirá abordar la biografía histórica como género, sus fuentes, sus métodos y cómo se ha adoptado en México, así como reflexionar acerca de la importancia de escribir una biografía como la de él.

Defino la biografía como un género narrativo a partir del cual se investiga lo más sobresaliente de la vida de un personaje. Si se trata de una biografía histórica lo que se pretende es indagar la participación de ese individuo en alguna etapa de la historia y su interpretación de y participación en ciertos acontecimientos.

Tanto Vaughan como Terrazas coinciden en que, si bien es cierto que este género existía desde siglos atrás, fue en la segunda mitad del siglo xx cuando se percibió un florecimiento en cuanto a su escritura. Según Vaughan, quien cita a Nasaw, los biógrafos intentan entender cómo en un espacio y en un momento el personaje está organizado y representado. Sin embargo, las biografías históricas no sólo se enfocan en un personaje famoso o un héroe destacado y su intervención en la historia. A la par, se indaga acerca de individuos poco conocidos o sobresalientes, ya que su participación nos permite conocer otra versión de la historia conocida u oficial.

La elección de un personaje para ser biografiado influirá también en la manera de abordar la investigación y las fuentes de información. En este sentido, es importante saber si se trata de una persona fallecida o con vida, así como si es una figura pública o una marginal, por llamarla de alguna manera. Según Dosse, el biógrafo puede regocijarse con la “documentación íntima, porque se encuentra lo más cerca posible de lo auténtico”. De alguna manera, los diarios, las autobiografías de los personajes y aun los testimonios de la gente cercana a ellos nos permiten conocer información no pública que no podríamos encontrar en otras fuentes.

Pero, ¿qué ocurre cuando no se encuentran muchos datos acerca del personaje biografiado en archivos históricos y periódicos? En estos casos se acude a otras fuentes no convencionales y a veces de difícil acceso. Además, se requiere una manera diferente de interpretación e incluir aspectos que otros biógrafos no tomarían en cuenta o no les darían la misma importancia. Vaughan menciona como ejemplo a la historiadora Mílada Bazant, quien en años recientes ha publicado varias biografías de educadores del siglo xix e incluye los materiales visuales como parte de la información consultada. Es decir, fotografías, mapas y artefactos.

Lo cierto es que varios historiadores dedicados a la escritura de biografías históricas señalan que no existe una sola metodología de cómo escribir una biografía, sino que cada autor recurre a diversas fuentes y formas de hacerlo.

En México, este género tuvo un repunte cuando se publicó en el año 2007 la versión en español del libro El arte de la biografía: entre historia y ficción, del ya mencionado francés Dosse. Fue a partir de ese momento cuando se organizaron varios eventos académicos donde se abordaba el tema de la biografía en la historia. Sin embargo, Terrazas asegura que, de ellos, el más importante fue el coloquio “El arte de la biografía: entre la imaginación histórica y la ficción literaria”, ya que su fruto fue la publicación del libro Biografía, métodos, metodología y enfoques, proyecto coordinado por la ya citada Mílada Bazant y publicado por El Colegio Mexiquense en el año 2013.

En México se justifica este enfoque en la biografía con el hecho de querer llevar a un público no especializado las biografías escritas por la comunidad académica. Por su parte, Mílada Bazant destaca que ha sido importante porque hasta ahora no existían en la historiografía mexicana obras dedicadas a este tema.

Rodolfo Menéndez de la Peña

Este personaje se inserta en el periodo del México porfiriano (18771911) y hasta la segunda década del siglo xx. Fue durante este tiempo cuando nació la escuela moderna, es decir, una educación nacional e integral que abarcara un desarrollo intelectual, físico, moral y estético de los estudiantes. Asimismo, fue trascendental la función que se atribuyó a los maestros durante dicha época, ya que se les consideraba de los principales transmisores de conocimientos para los niños y a la vez un modelo de conducta. En este contexto desempeñaron un papel transcendental la enseñanza de civismo, historia y ejercicios militares para el caso de los varones, ya que se buscaba la formación de nuevos ciudadanos fieles a su país.

A nivel regional, a finales del siglo xix llegó a Yucatán un importante grupo de migrantes cubanos, entre los que destacaban profesores y artistas. De ellos, el más sobresaliente fue Rodolfo Menéndez de la Peña, cuya obra educativa tan vasta ha hecho que se le haya designado Benemérito de la Educación Pública en Yucatán.

Nacido en 1850, desde su establecimiento definitivo en Yucatán en 1873, Menéndez destacó en el ámbito de la educación pública. En 1886 fue nombrado secretario y prefecto. Cuatro años después fue director de la Escuela Normal de Profesores hasta 1911. Menéndez también fue miembro del Consejo de Educación Pública, director de la Biblioteca Manuel Cepeda Peraza y presidió la comisión organizadora del I Congreso Pedagógico de Yucatán en 1915. Fue escritor, periodista e historiador de la educación; docente en Mérida, Valladolid, Progreso, Izamal, Sotuta y otras poblaciones. Perteneció a la Unión de Profesores de Yucatán, fundada en 1912, agrupación de la cual fue presidente en 1914. Como periodista fue redactor del Periódico Oficial de Yucatán, fundador del Sol de mayo y de las revistas pedagógicas La Infancia y La Escuela Primaria. Sus escritos pedagógicos abarcan poesía, artículos periodísticos, ensayos sobre métodos y programas escolares, biografías de maestros y escritos sobre historia de la educación.

Dentro de sus enseñanzas pedagógicas destacan temas acerca de la educación física como un elemento importante de las prácticas educativas de finales del siglo xix; recomendaciones para evitar deformaciones físicas de los niños durante las clases; la imagen del maestro y las cualidades que éste debe reunir, y los derechos de los niños, sobre todo el derecho a la educación.

En la historia de la educación pública de Yucatán destacan algunos estudios dedicados a Rodolfo Menéndez de la Peña referidos a sus aportaciones como educador y sus publicaciones pedagógicas, como el de León y el de Espadas. No obstante, hasta ahora desconozco investigaciones biográficas que vayan más allá de la historia oficial, es decir, trabajos más profundos en donde se dé a conocer más acerca de este personaje y sus roles como educador, figura pública, padre de familia, ciudadano cubano que participó en la guerra de independencia de Cuba, etcétera. Por estas razones considero necesarias nuevas investigaciones enfocadas a Menéndez de la Peña que nos permitan conocer y complementar la historia de la educación en Yucatán ya conocida.

En este tenor, propongo una indagación más completa en donde se destaque la participación de Menéndez de la Peña en la revolución de inde pendencia de Cuba, su papel como educador y sus aportes a la educación pública. Como ya lo mencioné, la producción de nuevos estudios con enfoques biográficos nos permitirá conocer otras interpretaciones de los acontecimientos históricos y eso enriquecerá aún más la historia en sus diferentes temas.
     

Referencias bibliográficas


Espadas, F. J. 2016. “Pedagogía científica, ideas didácticas e imagen del maestro en la obra de divulgación de Rodolfo Menéndez de la Peña en Yucatán, México, a finales del siglo xix y principios del siglo xx”, en Sociedad y discurso, núm. 30, pp. 115-135. 
     León, J. C. 2014. Migración cubana en Yucatán: un acercamiento a las ideas pedagógicas de Rodolfo Menéndez de la Peña. Monografía para licenciatura. Facultad de Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán.
     Moreno y Kalbtk, S. 1982. “El Porfiriato. Primera etapa (1876-1901)”, en Historia de la educación pública en México, Solana, F., R. Cardiel y R. Bolaños (coords.). fce, Cd. de México, pp. 41-82.
     Terrazas, R. 2019. “Sobre el repunte de la biografía a finales del siglo xix: Algunas valoraciones teóricas desde el caso mexicano”, en Revista Maracanan, núm. 22, pp. 16-31.
     Vaughan, M. K. 2016. “Pensar la biografía”, en Desacatos, núm. 50, pp. 88-99.
     

     
Alicia Muñoz Vega
Estudiante de doctorado en Ciencias Históricas,
Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.
Investigadora independiente.
     

     
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La ciencia nunca resuelve un problema sin crear otros diez 139B05   
 
 
 

Luisa Fernanda Mejía Buenfil
 
                     
¿Quince años y te preguntas esas cosas? Es una
respuesta común cuando cuestionas algo como: ¿en realidad existimos?, o ¿qué es lo que hace que todo sea tal y como es? Claramente, no espero que todos lo entiendan, la mayoría probablemente piense que estas preguntas son disparates con los que no voy a llegar a ningún lado, pero es algo que me apasiona. Así que sin importar los frenos que muchos me pongan seguiré insistiendo en hallar una explicación. Gracias a esto me di cuenta de algo: la magia no existe porque es sólo física.

Clásica, cuántica, relativista, de partículas, de todo un poco… Mi acercamiento a la física inició cuando comencé a investigar tanto por mi cuenta como con un equipo de ingenieros. El detonador fue la frase: “la materia no existe”; en ese momento creí que todo lo que sabía estaba mal, que había vivido en un engaño, sentí que mi mundo se derribaba lentamente.

Comencé a leer mucho, mucho, desde perspectivas distintas, entendí que todo se relaciona en algún punto y se contradice en otro, aunque tenga el mismo fin. Como una onda que parte de algún punto, se divide en direcciones distintas y más adelante se vuelve a encontrar, ya sea para cruzarse y seguir su camino, unirse nuevamente o rebotar en sentidos opuestos. Todo sucede sin causas aparentes, porque al final, todo tiene el mismo fin, explicar algo hasta el momento sin explicación coherente para todos.

Física: ciencia teórica y experimental que estudia los fenómenos que no alteran la naturaleza molecular de los cuerpos, así como las causas que los producen. En otras palabras, aquello que convierte las cosas simples y cotidianas en cosas en esencia complicadas y llenas de expresiones matemáticas, geométricas y algebraicas, en teorías para tratar de explicar algo. Cuestiones tan sencillas y al mismo tiempo complejas, como: ¿de qué está hecho todo? esta simple pregunta deriva en un sinfín de teorías; unas dicen que de materia (hay quien afirma que la materia es 99.9999999… % vacío), otras que de energía en estados vibracionales y, como ya mencioné, todas emergen de un punto, toman caminos diferentes y concuerdan y difieren en algo a la par de refutarse o complementarse unas a otras. Eso sin contar la manera individual de percibir el argumento.

Uno puede entender las cosas desde una postura realista o positivista, este es otro problema, porque las “pruebas” vistas desde un paradigma solipsista —negación del realismo— no son pruebas de que las cosas en sí existan, sino de la existencia de nuestros datos sensoriales, lo cual puede ser interpretado como: “siento, luego mis percepciones sensoriales existen”, o mal interpretado; “pienso, luego existo”, porque toda percepción del mundo externo está en el mundo interno y privado de nuestra mente. Para un solipsista no hay prueba que avale la existencia de nada, a pesar del hecho de que no podríamos tener percepciones sensoriales si no existiéramos. Por otra parte, un realista postula la existencia del mundo externo objetivo e independiente de la observación o generación de datos sensoriales. El positivismo impone la limitación de formular exclusivamente frases con sentido, las cuales hayan tenido un procedimiento o método que las verifique o refute, para no ser consideradas pseudofrases.

Otro ejemplo podría ser el de tratar de entender y relacionar cómo funcionan las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, de esto último derivadas la relatividad y la cuántica, las cuales son contradictorias, pero dependiendo del tamaño de lo que se esté hablando. La relatividad rige lo grande y las fuerzas, como la gravedad, que actúan de cierta manera… Todo es relativo, excepto lo que no es, y para eso nos sirve la cuántica, para entender las cosas pequeñas —lo cuantificable—, aquí la gravedad actúa en forma diferente (figura 1) . Por eso uno de los grandes problemas de la ciencia es unir todas sus teorías en un conjunto que permita estudiar sus interrelaciones (epistemología). Eso sólo demuestra nuevamente los desacuerdos que genera un tema a simple vista fácil, pero que en cuanto más se profundiza provoca una enorme controversia.

Poco a poco comprendí que casi todo son teorías, por lo que son pocas las cosas que realmente están comprobadas, mismas que después de un tiempo o con nuevos descubrimientos, pueden llegar a ser consideradas erróneas; como la ley de la conservación de la materia: “la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Actualmente se sabe que esto no es cierto, según estudios desarrollados por el Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire (cern) en The Large Hadron Collider (lhc), se sabe que cuando colisiona materia con antimateria se destruye, esto visto en el detector A Toroidal lhc ApparatuS (atlas). Esto puede ser una prueba de la asimetría de bariones, lo cual también estaría diciendo que el modelo estándar de partículas está mal o incompleto, lo que nos da como resultado la “bariogénesis”.

Por otra parte, puede dar lugar a nuevas partículas que provoquen la existencia de materia obscura, la cual no interactúa con la fuerza electromagnética —esto significa que no absorbe, refleja ni emite luz, por lo que es extremadamente difícil de detectar— o energía obscura, esto es tratado en el Compact Muon Solenoid (cms).

La ciencia modeliza el universo como un sistema cerrado que contiene energías y materias adscritas al espacio-tiempo y que se rige fundamentalmente por principios causales. Basándose en observaciones del universo observable, los físicos intentan describir el continuo espacio-tiempo en que nos encontramos, junto con toda la materia y energía existentes en él.

La parte experimental de esta ciencia es realmente muy pequeña comparada con todos los temas que trata y para muchos de estos experimentos ni siquiera existe una escala (como el principio de incertidumbre de Heisenberg, que enuncia que la posición y el impulso de una partícula no pueden ser medidos simultáneamente). Los experimentos sugieren que el Universo se rige por las mismas leyes físicas, constantes a lo largo de su extensión e historia. Es homogéneo e isotrópico. La teoría de cuerdas y todas sus variantes: cuerdas bosónicas, supercuerdas, Dbranas, SO (32), E8xE8, que se supone tratan de ser la base de todo, llegan a abordar temas como “las dimensiones adicionales”. 

Cabe aclarar que el universo tiene por lo menos tres dimensiones de espacio y una de tiempo, aunque experimentalmente no se puede descartar dimensiones adicionales, el espacio-tiempo parece estar conectado en forma sencilla. El espacio tiene una curvatura media muy pequeña o incluso nula, “geometría euclidiana”. Todas estas proposiciones son hipotéticas, porque si no hay forma de ver algo tan diminuto como un átomo, menos de estudiar su composición interna o sus interrelaciones.

Por ello, se trata de visualizar tales hipótesis de otra forma; sin embargo, es difícil porque significaría concebir el universo entero en números y cálculos (un “universo elegante”, tal como lo describe Brian Green) y que siempre se propongan nuevas ecuaciones que modifiquen lo que se pensaba. Por ejemplo, la radiación de Hawking, la cual cambia la percepción que se tenía de los agujeros negros al contradecir lo estudiado sobre que ninguna cosa —ni la luz— podía escapar a ellos. Propongamos una situación en la cual una partícula y su respectiva antipartícula se formaran al borde de un agujero negro, en ese sentido, existiría una probabilidad en la que se separaran y una de las dos pudiera escapar y con ello irradiar energía derivada del agujero negro, así como disminuir la masa del mismo (figura 2). Todo es hipotético, pero con fundamentos basados en las aportaciones de científicos anteriores.

Algo, por lo visto muy usual, es la rivalidad entre científicos, lo cual en cierto grado resulta productivo para la ciencia, pues cada vez se aportan más innovaciones. Es el caso del “argumento epr” (Einstein-Podolsky-Rosen), aparecido por la rivalidad con Niels Bohr en la discusión sobre la mecánica cuántica —aunque, en realidad, es más una crítica que un argumento—, a partir de la cual se interpretó no como falsa ni verdadera —siguiendo los principios de la lógica clásica—, sino como incompleta. Bell dedujo las desigualdades que llevan su nombre asumiendo que el proceso de medición en mecánica cuántica obedece a leyes deterministas, y asumiendo también localidad. Si la teoría cuántica es completa, estas desigualdades serían violadas. La mecánica cuántica sería verdad y se podrían aceptar las probabilidades, incertidumbres, indeterminismos, y acausalidades como consecuencias de la falta de completitud de la teoría (algo hasta la fecha incomprobable, pero irrefutable).

Llegué a un punto en el que eran tantas las expresiones matemáticas, que a pesar del hecho de que los números son creaciones libres del espíritu humano y sirven para concebir claramente la diversidad de las cosas, para alguien que carece de conocimiento previo resulta, hasta cierto grado, difícil de comprender. Expresiones como la ecuación de onda de Schrödinger —la cual describe la evolución temporal de una partícula subatómica masiva de naturaleza ondulatoria y no relativista— o las ecuaciones de campo de Einsteir (efe) —que describe la interacción fundamental de la gravitación como resultado de que el espacio-tiempo está siendo curvado por la materia y la energía— requieren un alto grado de conocimiento en cálculo para ser comprendidas en su totalidad. Conocimiento que no poseo por mi edad y porque el temario del grado universitario en el que estoy aún no lo cubre. Esto ha impuesto ciertos límites a mi investigación.

Después de esta larga travesía hecha en un esfuerzo de comprender la infinitud del universo con mi pequeñísima mente, puedo finalizar diciendo que todo es un problema de perspectiva, depende del cristal con que se mire. Como dice Nikola Tesla: “la historia de las ciencias nos demuestra que las teorías son perecederas. Con cada nueva verdad revelada, tenemos una mejor comprensión de la naturaleza y nuestras concepciones, y nuestros puntos de vista, se modifican”. Personalmente pienso que si la verdad no es evidencia para todos, solamente es opinión.
     

Referencias bibliográficas


Diversos artículos de Wikipedia.
     

     
Luisa Fernanda Mejía Buenfil
Estudiante de la carrera de Ingeniería Física e Industrial,
Tecnológico de Monterrey.
     

     
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La dama del té
y el matemático, historia ficticia basada en un hecho real
139B01   
 
 
 
Laura Sanvicente Añorve  
                     
Era la Inglaterra de los veintes del siglo pasado,
en Harpenden, un poblado al norte de Londres en donde la costumbre de tomar té por las tardes estaba muy arraigada. Los científicos de la antigua Estación Experimental de Rothamsted no escapaban a dicha tradición. Todas las tardes, los solariegos muros de la estación eran testigos de las aromáticas tertulias y las acaloradas charlas de mentes brillantes que estaban siempre a tono con las piruetas del humo de sus tazas y el batir de las cucharillas.

Entre los científicos se encontraban la señora Muriel Bristol y Sir Ronald Fisher. La señora Bristol era una mujer refinada, de gustos exquisitos y botánica de profesión; conocía perfectamente las plantas de las cuales estaban hechos los tés que degustaban: nombres científicos, origen, plantaciones y técnicas de fermentación. Sir Ronald Fisher era un reconocido matemático inglés interesado en las aplicaciones de la estadística a las ciencias naturales, de baja estatura, con un traje a tres piezas y gruesos anteojos debido a su severa miopía. Su carácter terco y obstinado fue fundamental en el desarrollo de varias teorías matemáticas que probaban la veracidad de sus afirmaciones. La señora Bristol sentía una especial empatía por él, pues además de ser un caballero, colaboraba con ella en el análisis estadístico de sus resultados y compartía su gusto por el té.

En las reuniones vespertinas, las discusiones entre camaradas parecían estar regidas por el aroma de sus bebidas. Un té negro Darjeeling —por ejemplo— los transportaba a la India, a los montes Himalaya, a sus expediciones científicas y extenuantes viajes en ferrocarril. Un té Oolong Jazmín evocaba la China milenaria, la gran muralla, los campos de arroz, las ancestrales dinastías y las exquisitas teteras de cerámica y porcelana. Un té de cerezo llevaba su imaginación al Japón, a las hermosas pagodas y a la colorida celebración Hanami o Festival del Cerezo. Al respecto, la señora Bristol explicaba que la floración de cerezos en Japón ocurre secuencialmente a través de la isla, de sur a norte y desde principios de marzo a fines de abril.

Un buen día y haciendo gala de su caballerosidad, Fisher sirvió personalmente el té a la señora Bristol. Al momento del primer sorbo, ésta dijo a Fisher: preferiría una taza de té en la que la infusión sea servida antes que la leche. Pero eso no tiene ninguna importancia —replicó Fisher— yo mismo no recuerdo qué puse primero en su taza, si la leche o el té. La señora Bristol, segura de agudeza gustativa, indicó a Fisher que él había vertido primero la leche. Amable, pero desconcertado, Fisher sirvió una nueva taza a la señora Bristol, teniendo cuidado de verter primero la infusión.

Los días subsecuentes, Fisher preparó y sirvió personalmente el té a la señora Bristol con la intención de probar su destreza para distinguir el primer líquido puesto en la taza. Desde el primer sorbo, la dama indicaba qué había sido vertido primero: la leche o el té. En correspondencia, la señora Bristol hacía lo mismo con Fisher, pero éste no siempre acertaba. El resto de los amigos se divertía haciendo apuestas en torno a ello.

¿Estaría la dama adivinando por suerte?, se preguntaba Fisher. El matemático decidió entonces diseñar un experimento para poner a prueba la agudeza gustativa de la dama del té. Veamos —cavilaba—, si ella acertara al azar, con una sola taza de té, ella tendría 50% de probabilidades de atinar; con dos tazas de té, ella tendría un 25%, pues habría cuatro formas diferentes de vaciar la leche y el té en ese par de tazas. Fisher propuso a la dama degustar una secuencia de ocho tazas: cuatro con la leche vertida antes y cuatro con el té. En un arreglo azaroso de esas tazas, la dama debería ser capaz de distinguirlas. La señora Bristol aceptó el reto y fijaron un día para el experimento.

Llegado el gran día, ninguno de los amigos faltó a la tertulia. Ante varios testigos, Fisher preparó ocho tazas del té preferido de la dama, y bajo cada una de ellas, colocó una tarjeta con el nombre del líquido que había sido vertido antes. Los amigos empezaron a hacer apuestas: ¿acertaría la señora Bristol a toda la secuencia?, ¿tendría algún fallo?, ¿qué probabilidad tiene de acertar azarosamente? A la distancia, la alharaca por las apuestas parecía estar empañada por el humo del té, estimulada por el calor de la tetera y musicalizada por el roce de tazas y cucharillas. Fisher explicó a Bristol que con ocho tazas —cuatro de cada tipo— ella tendría sólo un setentavo de probabilidades de atinar al azar, pues las combinaciones de ocho en cuatro son setenta. La única respuesta de la señora Bristol ante tal aseveración fue levantar la ceja derecha. Con gran sutileza y elegancia, la dama del té probó cada una de las ocho tazas y guardó en su memoria el resultado. Una vez que hubo terminado, comenzó a musitar el nombre del líquido vertido antes, al tiempo que Fisher volteaba las tarjetas que había puesto debajo de cada taza. Como era de esperarse, la señora Bristol acertó a todas las tazas, ganando la admiración y respeto de los presentes. Posteriormente, Fisher trató de distraer el gusto de la dama poniendo diferentes variedades de té: rojo, verde, blanco o azul, pero la dama siempre acertó.

En 1935, Sir Ronald Fisher publicó un libro llamado Diseño de experimentos, en el cual presentó un capítulo que denominó “La catadora de té”, en alusión al experimento que diseñó para probar la agudeza gustativa de la señora Bristol. En dicho capítulo, Fisher introdujo los conceptos de hipótesis nula y nivel de significancia, conceptos actualmente utilizados en las pruebas estadísticas. El matemático pasó a la historia como el “padre del diseño experimental”, pero nunca tuvo la habilidad de distinguir qué había sido puesto primero en una taza: la leche o el té. Esa capacidad sólo correspondía a su entrañable amiga, la dama del té.
     

Referencias bibliográficas


Bodmer, W. 2003. “R. A. Fisher statistician and geneticist extraordinary: a personal view”, en International Journal of Epidemiology, vol. 32, núm. 6, pp. 938–942.
Phillips, J. M. 2015. “Notes: hypothesis testing, Fisher’s exact test. CS 3130 / ECE 3530”, en Probability and Statistics for Engineers. Teaching lectures from Utah University (https://acortar.link/inrR8H).
Resto, N. 2013. Chado: the way of tea. Pasadena.
Senn, S. J. 2012. “Tea for three: on infusions and inferences and milk in first”, en Significance, vol. 9, núm. 6, pp. 30–33.
     

     
Laura Sanvicente Añorve
Instituto de Ciencias del Mar y Limnología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
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La iconografía científica entre arte, ciencia y cultura 139B09  
 
 
 

César Carrillo Trueba
 
                     
La iconografía nos llega como un ladrón en la
noche, poderosa y remarcablemente eficaz,
mas a menudo tan silenciosa
que no detectamos su influencia.

Stephen Jay Gould
     
Las imágenes que acompañan los textos científicos
poseen el mismo estatuto que los conocimientos contenido en ellos, sean gráficos, fotografías o ilustraciones. Los dibujos elaborados con base en las observaciones efectuadas con un telescopio que ilustran los libros de astronomía del siglo xix son un caso; si las comparamos con las actuales, obtenidas con potentes instrumentos, nos parecen anacrónicas, mucho más que los conocimientos que se tenía en aquella época. Al mirar tales imágenes surgen varias interrogantes: ¿será sólo una cuestión de un incremento en el conocimiento?, ¿es un asunto meramente técnico?, ¿son los cambios en los paradigmas los que modifican la mirada, la relación entre los objetos que conforman la imagen, el énfasis en tal o cual aspecto?, ¿o la influencia de los estilos de representación vigentes en cierta época? Y quizás aún más.

No son muchos los estudios dedicados a este tema. Stephen Jay Gould escribió algunos ensayos al respecto, centrados en la recreación—reconstrucción se dice técnicamente— del registro fósil, esto es, las innumerables imágenes que ilustran libros y textos sobre el pasado de le Tierra, sus ecosistemas y organismos, lo que él denomina como “la construcción social de la iconografía sobre los fósiles”.

Por su magnitud y la convivencia que a lo largo de la historia las sociedades humanas han mantenido en su imaginario con monstruos de distinta naturaleza, los dinosaurios acapararon muy pronto un lugar protagónico en las representaciones de la historia terrestre. Muy cercanas a la iconografía medieval y renacentista cuando se llevan a cabo las primeras reconstrucciones de los fósiles y su recreación con armaduras similares a las del célebre rinoceronte de Albrecht Dürer, las ilustraciones posteriores los presentan con frecuencia uniendo presas y depredadores en ambientes y paisajes cercanos al jardín del Edén. Algunos les confieren delgadas y estilizadas patas que difícilmente podrían sostener su voluminoso cuerpo, mientras otros los muestran masivos, pesados, enfangados, muy acorde con la idea de que eran lentos y torpes.

Una vez que el darwinismo hace irrupción poblando el imaginario, la lucha por la vida impregna las ilustraciones con encarnados combates, incluso con un aire cinematográfico. Los dinosaurios se van tornando musculosos, algunos esbeltos, se miran ágiles y feroces, hoy día de vistosos colores, no forzosamente monocromos, y no pocos ornados de fastuosos y llamativos plumajes. La posmodernidad da origen a una estridente dinomanía, hoy en profusión.

Las reflexiones de Stephen Jay Gould son siempre acuciosas. En contra de la visión que aísla la ciencia del resto de la sociedad, su supuesta pureza y objetividad absoluta, el destacado paleontólogo muestra cómo, si bien dicha iconografía es producida con base en conocimiento científico, es a la vez resultado de distintos factores sociales e intelectuales, y se halla inserta en tradiciones pictóricas, valores e ideas de mayor amplitud, que a manera de paraguas contienen o influyen también a las teorías científicas, como es el caso de la idea de progreso, que permea la historia, la antropología, la ciencia, la filosofía y la sociología, así como las expectativas de la población en su actuar cotidiano.

Dado que constituyen un marco general, un esquema subyacente por no ser perceptible, este tipo de influencias no son evidentes. Si uno mira una ilustración sobre la historia de la vida sobre la Tierra de manera aislada no resulta notoria la idea de progreso, pero en una secuencia es clara, como en las que se encuentran en casi todos los museos de historia natural y en innumerables libros de texto, que trazan las diferentes eras geológicas, en donde el predominio de los nuevos organismos elimina a los anteriores, considerados simples y primitivos, proporcionando una idea de cambio progresivo hacia lo considerado como más complejo, cuyo final esperado es la aparición del ser humano, summum de la evolución.

Además, como explica Gould, este tipo de imágenes forma una visión de la historia de la Tierra, de la vida en ésta, de manera que tanto los científicos como el resto de la sociedad se adhiere a ella en forma casi natural: está en los libros, en museos, documentales y demás representaciones científicas. No es de extrañar, por ejemplo, que en las políticas de conservación de la naturaleza no estén casi representados los insectos y demás invertebrados, y no digamos las bacterias, tan importantes para el funcionamiento de los ecosistemas y del metabolismo del planeta. Son representaciones, imágenes que orientan el pensamiento y sus efectos en las acciones.

Finalmente, los cambios en la iconografía a lo largo del tiempo no responden tampoco a una mera acumulación de conocimiento; tal y como lo muestra Thomas S. Kuhn para las teorías científicas, los cambios son resultado de la influencia de otros ámbitos, sea la filosofía, la política, el arte o la religión, en ocasiones la conjunción de varios de éstos. Los esquemas medievales que dan cuenta de la creación divina han tenido una influencia innegable en las representaciones de la historia de la Tierra, de ahí la similitud entre los esquemas religiosos, la cadena del ser, del progreso social y evolutivo, como lo señala Gould: “la idea de un ‘ascenso hacia el hombre’ (para usar el viejo lenguaje con sesgo de género) se destaca prominentemente entre las más inalteradas y penosamente defectuosas certezas de Occidente. Los paleontólogos predarwinianos atribuían dicho modelo al esquema de creaciones sucesivas de dios; los evolucionistas postdarwinianos [...] contaban la misma historia, sustituyendo con la selección natural a dios”.

Fascinante y aún poco explorada, la iconografía científica nos puede hacer reflexionar, tomar conciencia de los lugares comunes en que seguimos recayendo en la enseñanza y la comunicación pública de la ciencia, la divulgación; de la manera como se entrelaza la ciencia con otros ámbitos de la sociedad en la producción de conocimientos, de sus inseparables imágenes: “a menudo tan silenciosa, que no detectamos su influencia”.
     

Referencias bibliográficas


Gould, Stephen Jay (editor). 1993. The Book of Life. W. W. Norton & Company, Nueva York/Londres.
     Carrillo Trueba, César. 2003. “Propuestas para un museo de historia natural del siglo xxi”, en Elementos, vol. 9, núm. 48, diciembre-febrero 2002-2003, pp. 33-38.
     Schmitt, Jean-Claude. 2019. Penser par figure. Du compas divin aux diagrammes magiques. Arkhé, París.

     

     
César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
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Josué De Santiago Sanabria      
               
               
En 1944, Borges describió la existencia de la enciclopedia
ficticia sobre la vida en el mundo ficticio de Tlön. Es poco lo que sabemos de este planeta ficticio (doblemente), así que me atreveré a contar un poco de su historia. De su filosofía, nos cuenta Borges cómo los eruditos de este planeta niegan la existencia de unas monedas de cobre luego de ser perdidas por una persona. ¿Sería este tipo de filosofía el resultado de algún accidente histórico? Quizá en el pasado los habitantes de este mundo carecían de alguno de los sentidos que para nosotros es elemental, probablemente el de la vista o, mejor aún, el del oído. Verán, en el pasado las personas de ese mundo no podían escuchar, es decir, por alguna extraña curiosidad biológica, los humanos nacidos en Tlön tenían los mismos sentidos que los humanos nacidos en la Tierra, excepto el oído. A pesar de ello, la civilización se había desarrollado bien, con un lenguaje de señas como medio principal de comunicación; además, la pintura se usaba para transmitir ideas a lugares lejanos, la arquitectura para transmitir ideas a tiempos lejanos, y el cine para transmitir las ideas y sentimientos más profundos de aquellos humanos. Algo así como la música en nuestra civilización, se proyectaba cine mudo en todas las plazas públicas, las parejas tenían su escena favorita como aquí su canción preferida, y el acceso a este arte era considerado un derecho fundamental.

Piensen en la gran revolución que supuso para esa civilización cuando, un buen día, un grupo de científicos desarrolló una máquina para percibir las vibraciones del aire. Escuchar, le llamaron. Los tlönianos sabían de la existencia del aire porque lo podían sentir en el viento frío de la tarde y en el cálido vapor de un caldo de camarón, también estudiaban en la preparatoria que el aire podía vibrar, que temblaba como tiemblan los vagones del metro al sentir el túnel o los perros al cruzar el frío. Sabían de las vibraciones porque las sentían y del aire porque lo estudiaban en la escuela, pero fuera de esos aburridos exámenes preuniversitarios, poca atención se le prestaba a tales fenómenos invisibles en una sociedad basada en la vista. Entonces, después de muchos años, unos científicos crearon un aparato que permitía percibir esas vibraciones, y la humanidad logró escuchar y, por primera vez, se enteraron de los trinos de los pájaros, del ladrido de los perros, de su propio llanto y de su risa. Todo era nuevo. Un universo que no conocían.

Algo parecido a esto nos ocurrió hace unos años, el 14 de septiembre de 2015, cuando escuchamos los trinos del Universo por primera vez. La colisión de dos agujeros negros que, en sus últimos momentos, giraban uno en torno al otro 75 veces por segundo, produciendo una vibración que se transmitió en la estructura misma del espaciotiempo hasta llegar, no a Tlön, sino a la Tierra para ser escuchada por un par de oídos. Este primer par de oídos de la humanidad, conocido como el observatorio de ondas gravitacionales ligo, había sido capaz de detectar en sus brazos de cuatro kilómetros de largo una vibración tan sutil como una milésima parte del tamaño de un núcleo atómico, producida por una onda en el espaciotiempo, originada por la colisión de aquellos hoyos negros.

Estoy seguro de que algunos de los cientos de textos de divulgación que se han producido entre ese día y hoy pueden explicar mejor lo que son las ondas gravitacionales, pero déjenme platicarles un poco de ellas y de cómo viví personalmente este descubrimiento.

¿Qué son las ondas gravitacionales?

Las ondas gravitacionales fueron predichas por Albert Einstein hace 101 años, apenas después de haber formulado en su forma completa la teoría general de la relatividad, en donde postuló que el espacio-tiempo puede curvarse y, más que eso, que dicha curvatura da lugar al fenómeno que percibimos como gravedad. Pronto los científicos probaron dos de las predicciones de la relatividad de Einstein: que los rayos de luz se desvían por la gravedad del Sol, y que el planeta Mercurio tiene una pequeña desviación en su trayectoria. Sin embargo, la idea de que el propio espacio-tiempo pudiera curvarse formando ondas tuvo que esperar otro siglo para ser comprobado, y es que la tarea no era fácil, ni conceptual ni tecnológicamente.

La primera pregunta por resolver era si realmente las ondas que resultan de las ecuaciones son reales, ya que la relatividad permite entender los problemas físicos desde distintos puntos de vista, que llamamos sistemas de coordenadas, y al principio los resultados en distintos sistemas parecían contradictorios. Y es que tenemos la teoría de la relatividad con sus ecuaciones, y al resolverlas obtenemos que hay ondas, pero no sabemos si realmente existen pues es bastante común encontrar un sistema de coordenadas en donde las ondas desaparecen, de la misma forma como ocurre en las ilusiones ópticas donde se ven las líneas dobladas, pero si ponemos una regla sobre el papel nos damos cuenta de que en realidad están rectas: así las vibraciones del espacio-tiempo desaparecen, como las ilusiones, como fantasmas producidos por las coordenadas.

El problema es que el espacio-tiempo es como el escenario en donde los fenómenos del mundo ocurren. El momento y lugar en donde nacemos es un punto del espacio-tiempo, como también lo es el punto del espacio-tiempo en que damos nuestro primer beso, y el punto del espacio-tiempo en que nos enamoramos por primera vez; nuestra vida es una sucesión de puntos en este escenario. Entonces, ¿qué significa que este escenario vibre al pasar una onda por él?, ¿podríamos percibirlo? Pensemos en el sonido, imaginemos una vibración que pasa por el aire y atraviesa a un pequeño insecto que vuela en él; éste simplemente se moverá junto con el aire, sin percibir la vibración (tal vez sí lo perciben, no lo sabemos, pero sigamos con el ejemplo). El insecto no percibe la vibración y por lo tanto concluye que carece de una realidad física. ¿Nos podría suceder lo mismo?

Pasaron cuarenta años hasta que los científicos concluyeran que, de hecho, las ondas gravitacionales sí son reales. Se concluyó incluso que las ondas llevaban energía que podía ser detectada por medio del siguiente experimento: si alguien tuviera una barra de un cierto tamaño y material capaz de resonar con la frecuencia de las ondas, al pasar una onda gravitacional lo suficientemente intensa la barra se pondría a vibrar y de tal vibración se podría extraer energía, que inicialmente la barra extrajo de la onda gravitacional. 

En efecto, en los años setentas un científico de nombre Joseph Weber construyó unas barras excepcionalmente sensibles a estas ondas y afirmó haberlas detectado. Misner, Thorne y Wheeler publicaron en aquellos años: “al momento en que este libro es escrito, no es claro que los resultados experimentales de Joseph Weber constituyan una genuina detección de ondas gravitacionales. Pero sean o no, la astronomía de ondas gravitacionales ha iniciado y parece tener un brillante futuro. La tecnología de 1973 parece suficiente para la construcción de detectores que registrarán ondas de una estrella que colapsa para formar un agujero negro en cualquier lugar de nuestra galaxia; y los detectores de finales de los setentas e inicios de los ochentas podrían registrar ondas emitidas por pulsares y supernovas de otras galaxias. Las dificultades técnicas por ser resueltas serán enormes. Pero los físicos son ingeniosos [...] y seguramente todos los obstáculos serán superados”.

El texto peca un poco de optimista, si consideramos que quienes lo escriben creían que las ondas gravitacionales se detectarían en menos de una década, pero un pequeño retraso provocó que la detección ocurriera cuarenta y un años después. De hecho uno de los autores del texto, Kip Thorne, ganó el premio Nobel en 2017 gracias a dicha detección.

Trinos… ¿pero de qué?

Y es que, al estar sordos, no teníamos idea de lo que escucharíamos allá afuera. Lo mismo sucedió a los científicos de Tlön, quienes suponían que las aves trinaban y los perros ladraban, pues habían deducido de su comportamiento algún tipo de comunicación no visual. Pero ¿cómo lo hacían?, ¿frotaban sus alas?, ¿chocaban su pico?, ¿pasaban aire a través de sus gargantas? Además, era de suponer que muchas cosas del mundo producían sonidos. ¿Cuál sería el más intenso?, ¿el más frecuente?

Hace unos años, cuando yo era estudiante de licenciatura, en la Tierra los humanos estábamos justo en esas cuestiones, y todavía nos preguntábamos qué sonidos habría allá afuera y si algún día podríamos escucharlos. Además de haber concluido que las ondas gravitacionales eran reales, también se había descubierto cómo eran producidas. Básicamente, al acelerarse, cualquier objeto con masa produciría estas ondas, y entre más grande la masa y más grande la aceleración, más intensas las ondas. Por ejemplo, los cuatrocientos furiosos gramos del puño de un ciclista se pueden acelerar a 2.5 metros/segundos2 para mentarle la madre a un automovilista que casi lo arrolla. El automovilista cafre recibe un golpe 10 a 50 Joules de ondas gravitacionales, desafortunadamente, indetectables incluso para nuestros más precisos aparatos.

Se requiere mucha masa y mucha aceleración, y entonces una situación ideal para producir ondas gravitacionales ocurre cuando un cuerpo celeste gira alrededor de otro, en especial si están muy cerca uno del otro, pues giran más rápido y por tanto se aceleran más y también producen más ondas. Por ejemplo, ya se había observado un sistema con dos estrellas de neutrones, una girando alrededor de la otra, con un giro cada siete horas, que se conocía como el pulsar de HulseTaylor. Con estrellas tan masivas y un giro tan rápido se producen muchas ondas gravitacionales, aunque no tantas como para detectarlas, pero estas ondas se llevan parte de la energía de giro, así que las estrellas terminan más y más cerca y, paradójicamente, girando más y más rápido, y produciendo más y más ondas. Esto ocurre lentamente, pero dentro de 300 millones de años las estrellas estarán tan cerca que se tocarán una a la otra, en un último abrazo, que producirá un último trino de ondas gravitacionales, y después de este vals de millones de años se unirán en una sola. Aquí en la Tierra no podemos escuchar el sonido de ese vals, las ondas que producen son demasiado débiles, pero podemos deducir que se han ido juntando porque, luego de décadas de observarlas, vemos que giran cada vez más rápido.

Fuera de este caso especial, al igual que los científicos de Tlön, lo que en realidad queríamos era escuchar directamente las ondas gravitacionales y no sólo deducir indirectamente su existencia. El problema es que no sabíamos si el Universo era ruidoso o silencioso, si los sonidos eran intensos o débiles, si los trinos eran frecuentes o excepcionales, si los valses eran rápidos o lentos; porque éramos sordos. Bueno, sí sabíamos, algunas cosas: que las binarias de estrellas de neutrones, como el pulsar de Hulse-Taylor, existen y cabe la posibilidad de que hubiera una similar pero más cercana y que sí pudiéramos escucharla.

En 2006 tomé un curso sobre las posibles fuentes de ondas gravitacionales en el Universo y estudiamos tantas como alcanzaba la imaginación de los científicos: fuentes binarias o fuentes únicas, fuentes continuas o fuentes explosivas, fuentes periódicas o fuentes azarosas. De las posibilidades que recuerdo de esa época estaban los sistemas binarios, como el pulsar de Hulse-Taylor, pero más cercanos y que podían estar compuestos por dos estrellas o dos hoyos negros o una estrella y un hoyo negro. Además, era posible que estuvieran girando, en su largo vals, o que estuvieran en su último abrazo, justo antes de unirse, o recién unidos, en una nueva estrella o un nuevo agujero negro, que se quedaría resonando por un rato como una campana a la que acaban de golpear. Otras posibles fuentes de ondas eran los choques de frente, las montañas en la superficie de las estrellas de neutrones, la muerte de las estrellas o el nacimiento del Universo.

Para ese entonces los científicos ya llevaban veintidós años planeando y once construyendo el observatorio ligo, y más les valía estar preparados para lo que podrían escuchar. El saber qué tipo de sonido esperamos percibir permite a nuestro cerebro detectar mejor los sonidos e incluso completarlos cuando llegan incompletos. Por esta razón es que muchas veces escuchamos nuestro nombre entre una multitud, nuestra canción favorita en un auto que va pasando o la voz de un amigo que nos cuenta su vida en medio de un ruidoso bar; nuestro cerebro va filtrando esos sonidos importantes del resto del ruido. De la misma forma era importante que preparáramos los cerebros, los sistemas computacionales que analizarían las vibraciones detectadas por ligo, para que buscaran las ondas gravitacionales que anduvieran por ahí. Y es que, al ser tan sensible, ligo percibe una gran cantidad de ruido que no son ondas gravitacionales, como las vibraciones térmicas del aparato, fluctuaciones en la red eléctrica, camiones pasando cerca, sismos del otro lado del mundo, ruido que las computadoras deben eliminar.

Al contrario, las computadoras deben buscar las posibles señales que sí vienen del Universo y una de las más intensas ocurre cuando dos agujeros negros chocan. Y no es que vayan moviéndose por ahí y, de pronto, se topen de frente. Lo que puede pasar, en cambio, es que hayan girado uno alrededor del otro, igual que el pulsar de Hussle-Taylor, generando ondas en su largo vals de millones de años, acercándose hasta tocarse, devorándose mutuamente para formar un único y fluctuante agujero final que seguirá emitiendo ondas gravitacionales hasta estabilizarse. 

Resolviendo las ecuaciones de la relatividad general sería posible obtener la forma particular de las ondas producidas por dicho fenómeno y así decirles a las computadoras que lo buscaran en la señal de ligo, algo así como indicarles el tono particular del trino que debían buscar. No obstante, resolver tales ecuaciones fue un rompecabezas que llevó cuarenta años armar. Finalmente, en 2005, cuando se colocó la última pieza, resultó que al chocar los agujeros negros se pegaban en un agujero más grande, generando una cantidad inmensa de ondas gravitacionales. Durante los últimos momentos de ese proceso, el sistema irradia tanta energía que se convierte en el objeto más brillante del Universo y adquiere más potencia que la luz de todas las estrellas de todas las galaxias juntas en el Universo observable. Este evento tan intenso podría ser detectado con los oídos correctos aquí en la Tierra.

Así, en 2005, cuando se resolvió la colisión de los agujeros negros, Pablo Laguna, un físico mexicano que trabajaba en Pensilvania en aquellos años, reunió en Guanajuato a un grupo de científicos de ligo con los varios grupos de científicos que habían resuelto el rompecabezas. Presenciarla fue muy impresionante para mí como estudiante. Eran dos grupos distintos de gente realmente perseverante, que llevaba años y años chocando con un muro que no cedía: el muro de la ignorancia humana. Unos de ellos, los teóricos, por fin habían hecho un hueco en la pared, y ahora sabían cómo era la señal de ondas gravitacionales, conocían el tono del trino. Los otros, quienes construían ligo, llevaban más de treinta años, seguían intentándolo, y les faltaban diez más —aunque eso nadie lo sabía. En esa época, para mí la empresa de la detección sonaba como algo imposible, igual que me había parecido imposible que se encontrara la solución de la colisión. Supongo que soy un poco pesimista. Y por eso no puedo minimizar la gran capacidad de ambas comunidades para trabajar durante años hasta lograr sus objetivos.

El observatorio

En los setentas se propuso una forma de detectar las ondas gravitacionales que consistía en colocar una estructura en forma de L, como dos largos brazos, con espejos en los extremos y en el vértice, haciendo pasar un rayo láser del vértice a los extremos y de regreso para ser detectado. Este dispositivo ya era ampliamente conocido por los físicos, le llamamos interferómetro de Michelson y permite detectar variaciones minúsculas en el largo de dichos brazos, analizando la luz reflejada. Al pasar una onda gravitacional tendrá el efecto alternado de contraer uno de los brazos y alargar el otro, para luego hacer lo contrario. La onda alarga y acorta el tamaño de los brazos en una distancia menor que el tamaño de un núcleo atómico, pero el interferómetro es muy preciso, siempre y cuando los espejos estén bien aislados y se muevan libremente y no se calienten, y los brazos sean bien largos y rectos, y estén al vacío y protegidos de posibles vaqueros que vayan a cazar y les hagan hoyos por accidente. Finalmente, es mejor construir dos interferómetros, entre más lejos mejor, en este caso en Luisiana y Washington, para así corroborar las mediciones pues sólo una onda gravitacional se observaría en las dos posiciones.

El observatorio fue construido en los noventas y se siguió mejorando hasta 2009, dos años más tuvieron los científicos los oídos más sensibles de la humanidad esperando un trino del Universo que nunca llegó: la naturaleza no le revela sus secretos fácilmente a los humanos. Todo ese esfuerzo parecía inútil o al menos a mí me lo parecía desde afuera. Durante aquellos años, Gabriela González, una joven científica argentina que fue portavoz oficial de ligo, había venido varias veces a México y ofrecido apoyar a algún estudiante que quisiera participar en el observatorio, ya que el consorcio ofrecía apoyo a estudiantes de países en vías de desarrollo; pero al final nadie lo aprovechó —y es que en esa época una detección se escuchaba tan lejana, tan irreal—, una lástima porque hoy tendríamos un mexicano festejando el haber participado en tan importante detección.

A de avanzado

En el año 2010, a pesar de no haber detectado nada, el consorcio recibió fondos para hacer una gran remodelación a los detectores e iniciar la fase que se consideraría “ligo avanzado”. Una nueva montura para los espejos con mejor aislante sísmico y menor ruido térmico, así como un aumento considerable en la potencia del láser permitieron aumentar considerablemente la sensibilidad del observatorio. Cuando se reabrió el observatorio con los nuevos detectores, en 2015, ya todo estaba listo. Fueron décadas de esfuerzos. Parecía que por fin se lograba. De hecho, unos días antes de que iniciaran las observaciones de manera oficial ocurrió la primera detección: el 14 de septiembre de 2015 la humanidad escuchó por primera vez un nuevo trinar, una sorpresa pues lo produjo un par de agujeros negros de 36 y 29 veces la masa del Sol, los cuales terminaban su vals en un choque, emitiendo unos 1 047 Joules de energía (comparativam ente, una parte en mil billones de esa energía es lo que se necesita para destruir nuestro planeta en miles de pedazos, algo así como cuando Vegeta destruye al planeta Arlia en Dragon Ball Z). Y es que fue como si lo primero que escucharan los habitantes de Tlön, fuera un enorme animal invisible del que no tenían ningún indicio previo. Dado que los agujeros negros no brillan, no sabemos mucho de ellos, tenemos evidencia indirecta de algunos más pequeños, como de la masa del Sol o un poco más, y de otros grandotes, un millón de veces más; pero no sabíamos que también vinieran en ese tamaño medio y más aún que fueran tan comunes como para que ocurriera el evento fortuito de que dos de ellos terminaran chocando y estuvieran tan cerca para poder escucharlos. Bueno, en realidad no están tan cerca, lo cuál fue una segunda sorpresa pues muchos de nosotros esperábamos que la primera detección proviniera de algún evento cercano, de nuestro propio cúmulo de galaxias, de nuestra vecindad cósmica, pero en lugar de eso nos llegó un trinar verdaderamente lejano, esa colisión ocurrió hace más de mil millones de años, cuando en la Tierra ni siquiera existían animales todavía, y por estar tan lejos le tomó todo ese tiempo a las ondas gravitacionales atravesar el espacio hasta llegar a nosotros.

Esos extraños monstruos de los que no se puede escapar, venían en un mayor número de tamaños y eran más abundantes de lo que pensábamos o, bueno, podríamos decir que no pensábamos nada, porque nada sabíamos.

Las estrellas de neutrones

Posteriormente el detector se apagó por unos meses para continuar su remodelación y aumentar todavía más su sensibilidad y finalmente se abrió también el observatorio europeo virgo. Así como los humanos tenemos dos oídos que nos permiten escuchar mejor que uno y si tuviéramos tres escucharíamos aún mejor que con dos, pero no sólo eso, sino que tendríamos mayor capacidad para determinar la dirección de donde provienen los sonidos. Lo mismo ocurre ahora que tenemos tres detectores funcionando, dos de ligo y uno de virgo, pues podemos determinar con mucha mayor precisión el lugar de donde provienen las ondas gravitacionales.

Esto último es muy importante porque permite a los astrónomos de todo el mundo apuntar sus telescopios hacia el posible lugar en donde se originaron las ondas gravitacionales para buscar alguna fuente luminosa. Esto se había intentado en las primeras colisiones detectadas, pero sin ningún resultado, y es que los agujeros negros son, valga la redundancia, principalmente negros y no emiten luz que podamos observar. En cambio, el 17 de agosto, gracias a la colaboración ligo-virgo se pudo detectar la colisión de dos estrellas de neutrones, como las del pulsar de Hulse-Taylor pero con la diferencia de que éstas terminaron su vals espiral hasta unirse. Debido a que se trata de estrellas, los observatorios de todo el mundo lograron esta vez ver la colisión con telescopios de todo tipo, y no sólo escuchamos el trino, sino también pudimos ver el pájaro que lo produjo, como si los científicos de Tlön por primera vez escucharan el canto de un pájaro y al mismo tiempo vieran el movimiento de su pico y su cabeza. El resultado de la colisión es una nueva estrella o un agujero negro, todavía no lo sabemos, hay mucho por explorar. Pero de esa única observación ya podemos concluir muchas cosas: que las ondas gravitacionales viajan a la misma velocidad que la luz, que en ese tipo de colisiones se producen algunos de los elementos pesados del Universo y podemos analizar la forma en que éste se expande y dar luz al problema de por qué dicha expansión es cada vez más y más rápida.

Epílogo

Finalmente, el comité del Premio Nobel otorgó a los líderes de ligo el Nobel de física de 2017. Por reglas internas del premio sólo se puede entregar a tres personas, pero la verdad es que esto fue el resultado de una de las colaboraciones más grandes y decididas de personas de nuestro tiempo, es lo que se consigue mediante la colaboración de los seres humanos en pro de un interés común. Cuando premios como éstos se entregan, es un premio a toda nuestra especie y a nuestra habilidad para trabajar en equipo y para ser mucho más cuando estamos juntos y somos decididos. Es un premio al conocimiento adquirido por la humanidad: hace cien años se inventó la relatividad general, hace sesenta se construyó el primer láser, hace 130 años se inventó el interferómetro y hace 370 las bombas de vacío. Es un premio a las capacidades de la humanidad.
     
       
Referencias Bibliográficas

Abbott, B. P., et al. 2017. “GW170817: Observation of Gravitational Waves from a Binary Neutron Star Inspiral”, en Phys. Rev. Lett., vol. 119, núm. 161101, pp. 1-18.
     Abbott, B. P., et al. 2016. “Observation of Gravitational Waves from a Binary Black Hole Merger”, en Phys. Rev. Lett. vol. 116, núm. 061102, pp. 1-16.
     Borges, J. L. 2011. Ficciones, Penguin Random House, Barcelona.
Thorne, K. S., C. W. Misner y J. A. Wheeler. 2000. Gravitation. San Francisco, California.

Lecturas sugeridas

Comunicado de prensa de la primera detección de ondas gravitacionales https://www.ligo.caltech.edu/detection
Comunicado de prensa de la primera detección de una colisión de estrellas de neutrones https://www.ligo.caltech.edu/page/press-release-gw170817
     La señal de ligo se puede transformar en sonido que perciben nuestros oídos, aquí un video con el sonido de la primera detección (https://www.youtube.com/watch?v= QyDcTbR-kEA)
     Flores, J. 2003. La gran ilusión, III. Las ondas gravitacionales. fce, Cd. de México.
     Hacyan, S. 2019. Ondas gravitacionales. Las olas invisibles del universo. fce, Cd. de México.
     

     
Josué De Santiago Sanabria
Departamento de Física, CINVESTAV.

Investigador por México Conacyt asociado al departamento de física del CINVESTAV. Tiene un doctorado en ciencias físicas por parte de la UNAM, tiene doce publicaciones en revistas científicas de nivel internacional y formo parte del SNI. Su investigación se centra en modelos del Universo y su comparación datos observacionales.
     

     
       

 

 

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Max Clara,
el final de un epónimo
139B04  
 
 
 

Carlos Iván Falcón Rodríguez
 
                     
Los epónimos son una tradición para honrar la
trayectoria académica de médicos y científicos, y es definido por la Real Academia Española como: “dicho de una persona o de una cosa: que tiene un nombre con el que se pasa a denominar una ciudad, enfermedad o concepto”. Un ejemplo es la “célula de Clara” que redescubrió el médico y anatomista alemán Max Clara, quien logró grandes avances en el campo de la biología celular, histología y anatomía pulmonar. Sin embargo, todo este avance científico fue minimizado, ya que para sus estudios utilizó muestras de cadáveres de prisioneros de los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial. Nació el 12 de febrero de 1899 en Völs am Schlern, Italia (antes el Imperio Austrohúngaro). Sus padres fueron el médico Josef y Theresia Clara, siendo el mayor de tres hermanos. Después de terminar sus estudios de educación media superior en el Franziskaner-gymnasium Bozen se enlistó en el ejército y participó en la Primera Guerra Mundial.

A su regreso de la guerra, estudió medicina en el prestigioso Instituto de Anatomía de Innsbruck en Austria de 1918 a 1923, a la par de una estancia de un año en la Universidad de Leipzig de 1921 a 1922. Su gran dedicación y destreza le permitieron graduarse con el máximo honor summa cum laude el 5 de mayo de 1923.

Fascinado por el estudio de la anatomía humana, comenzó su labor docente como profesor asistente de histología e historia del desarrollo en su alma máter, puesto que ocupó durante nueve años, de 1924 a 1935. Adicionalmente, obtuvo una habilitación para impartir clases de histología y desarrollo embrionario en la Universidad de Roma en 1928. Un año más tarde e impulsado por la pasión que le caracterizó, impartió clases no remuneradas en la Universidad de Padua en Italia. Debido a su rápido crecimiento académico en el instituto de Innsbruck, fue nombrado jefe de anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Leipzig en 1935, cargo que ocuparía hasta 1941.

Max Clara fue un miembro activo del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (el partido Nazi); se unió de manera oficial el 1° de abril de 1935, curiosamente, el mismo día que tomó posesión como jefe de anatomía de la Universidad de Leipzig, así lo revela su credencial partidista y su número de afiliación: 3610105. De igual modo, en la misma universidad fue jefe de la rama del Partido Nacional Socialista. En 1941, gracias a su gran trayectoria académica, sus clases magistrales y el trabajo realizado para el Partido Nacional Socialista, fue nombrado jefe de anatomía de la prestigiosa Universidad de Múnich, cargo que dejaría en 1945 con el final de la Segunda Guerra Mundial.

Max Clara y sus colaboradores efectuaron gran cantidad de experimentos, uno de ellos fue reportar por medio de la técnica de histoquímica los efectos de la vitamina C en el tejido cerebral de prisioneros, cuyo tratamiento fue la administración ingerida cinco días antes de su ejecución. En 1937 publicó los resultados de los experimentos que hacía en la Universidad de Leipzig con el título: “Zur histobiologie des bronchialepithels” cuya traducción es “sobre la histobiología del epitelio bronquial”, publicado en el Journal Z mikrosk anat Forsch. En este texto describe con mayor detalle un tipo celular localizado en el bronquiolo terminal, el cual se caracteriza por presentar gránulos de secreción en su parte apical, lo que le confiere una característica morfológica celular distintiva, es decir, presenta un domo apical y carece de cilios. La traducción del pie de figura del dibujo histológico menciona lo siguiente: “epitelio de un bronquiolo terminal de hombre ejecutado […] las células no ciliadas contienen muchos gránulos, algunos de estos gránulos alcanzan un tamaño considerable”. De la misma manera, en su artículo, específicamente en la parte del método, menciona que “las muestras fueron preservadas por medio de una inyección vascular inmediatamente después de la muerte”.

Cabe destacar que Max Clara sólo amplió la descripción de este tipo celular, pues en 1881 el médico y anatomista suizo Rudolf Albert von Kölliker fue quien observó por primera vez la célula no ciliada. Realmente no se sabe con exactitud cuándo nació el epónimo “célula de Clara” para referirse a las células no ciliadas, pero el mayor indicio del uso del tal epónimo se encuentra en el artículo de Policard y colaboradores titulado: “Observations microélectroniques sur l’infrastructure des cellules bronchiolaires”, publicado en 1955, el cual menciona “cellule de Clara”. Pero, ¿cómo se volvió tan popular el terminó? La respuesta a esta pregunta es Erich Schiller, quien se encargó de promover el epónimo por toda Alemania, ya que este personaje guarda una relación muy estrecha con Max Clara, pues fue su ilustre pupilo.

Con el final de la Segunda Guerra Mundial, Max Clara fue arrestado por el ejército de Estados Unidos en octubre de 1945. Un año más tarde fue liberado, sin embargo, después de esto ninguna universidad alemana lo contrató, por lo que se convirtió en una persona non grata. En 1950 aceptó una posición de profesor de histología en la Universidad de Estambul en Turquía. Después de once años de servicio se retiró de la vida académica y de la Universidad de Estambul y regresó a Alemania, en donde falleció el 13 de marzo de 1966.

En 2013, Hildebrandt realizó un análisis en el que evidenció el número de publicaciones que hacen referencia al uso de cuerpos de personas ejecutadas entre 1924 y 1951. Quien encabeza la lista es el propio Max Clara con diez publicaciones. Su alumno se encuentra en la sexta posición con seis. De igual manera, también recopiló información sobre el número de publicaciones que mencionan “material” en la parte del método, refiriéndose a los cuerpos o biopsias de personas ejecutadas en los campos de concentración. Nuevamente, Max Clara ocupa el primer puesto, ya que publicó 38 artículos entre 1935 y 1942, y cinco artículos más entre 1942 y 1945. Un detalle peculiar es que en la Universidad de Leipzig se recibían frecuentemente cuerpos de personas ejecutadas, quizás por la cercanía con un campo de concentración en Dresde o quizás porque Max Clara era jefe del departamento de anatomía. Aproximadamente en este campo se ejecutaron 1 300 personas. 

Otro motivo por el cual Max Clara y varios médicos fueron beneficiados con el uso de cuerpos de personas ejecutadas fue porque él solicitó al Ministro de Educación del estado de Sajonia modificar la ley para permitir el estudio morfológico de los cuerpos de prisioneros ejecutados. En marzo de 1936 fue favorecido por la aprobación de una nueva ley, sin embargo, esta práctica se llevaba a cabo desde 1924, como se mencionó anteriormente. El número de personas ejecutadas se incrementó notablemente. De una a cuatro personas por año antes de 1933, a más de cien personas por año después de 1933 y más de cuatro mil ejecuciones en 1943. Este número no incluye ejecuciones militares, asesinatos por la Gestapo ni muertes en los campos de concentración.

Debido a todos los eventos que ocurrieron entre 1937 y 1945, los cuales están estrechamente relacionados con el descubrimiento de varias estructuras anatómicas y el redescubrimiento de la “célula de Clara”, los editores en jefe de las principales revistas sobre sistema respiratorio tales como American College of Chest Physicians, American Thoracic Society y la European Respiratory Society, decidieron reunirse en mayo de 2012. El principal punto de esta reunión fue cambiar el epónimo de “célula de Clara” y “proteína secretora de la célula de Clara” por célula Club y Proteína Secretora de la Célula Club, respectivamente. Dicho cambio no altera la abreviación en el nombre tanto de la célula como de la proteína, CC y CCSP, por sus siglas en inglés. Este cambio entró en vigor el 1° de enero de 2013 y tuvo una vigencia de dos años para poder cambiar el nombre paulatinamente. Actualmente a las “células de Clara” también se les conoce como células no ciliadas o células bronquiolares exocrinas.

Durante sesenta años se utilizó el epónimo “célula de Clara”, lo que para algunos significa enaltecer, honrar y glorificar las acciones llevadas a cabo por los médicos alemanes del tercer Reich. Sin duda, los avances médicos y científicos fueron significativos en el campo de la anatomía, la histología y la biología celular del cuerpo humano, pero el costo, tantas atrocidades, fue el más caro que puede ser pagado.

     
Referencias bibliográficas

Brenner, E. 2016. “Max Clara and Innsbruck: Origin of a German National and National Socialist career”, en 11th Congreso anual de la Sociedad Anatómica, Göttingen.
     Clara, M. 1937. “Zur histobiologie des bronchialepithels”, en Z mikrosk anat Forsch, vol. 41, pp. 321–347.
     Czech, H. y E. Brenner. 2019. “Nazi victims on the dissection table: The anatomical institute in Innsbruck”, en Annals of Anatomy, vol. 226, pp. 84-95.
     Donado-Moré, A. F., J. P. Camargo-Mendoza, P. G. Franco-Maz y L. F. Malaver-Caicedo. 2013. “La célula de Clara: La biología celular y molecular con implicaciones fisiopatológicas. Una revisión de la literatura”, en Neumología y Cirugía de Tórax, vol. 72, núm. 4, pp. 306-322.
     Gea, J., M. Orozco-Levi y R. Aguiló. 2013. “Wegeners disease and Clara cells: Eponyms and dignity in respiratory medicine”, en Archivos de bronconeumología, vol. 49, núm. 3, pp.126-127.
     Hildebrandt, S. 2013. “Research Bodies of the Executed in German anatomy. An accepted method that changed during the third Reich”, en Study of anatomical Journal from 1924-1951 Clinical Anatomy, vol. 26, pp. 304–326.
     Policard, A., A. Collet y L. Giltaire-Ralyte. 1955. “Observations microélectroniques sur l’infrastructure des cellules bronchiolaires”, en Les Bronches, vol. 5, pp. 187-196.
     Shiller, E. 2004. Free radicals and inhalation pathology.  Springer.Winkelmann, A. y T. Noack. 2010. “The Clara cell: a ‘Third Reich eponym’”, en European Respiratory Journal, vol. 36, pp. 722–727.
     Woywodt, A., S. Lefrak y A. Matteson. 2010. “Tainted eponyms in medicine: the “Clara” cell joins the list”, en European Respiratory Journal, vol. 36, pp. 706-708.

     

     
Carlos Iván Falcón Rodríguez
Departamento de Biología Celular y Tisular,
Sistema de Universidad Abierta y Educación a Distancia,
Facultad de Medicina y Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
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Palabra de científico primera descripción
de la célula por
Robert Hooke
139B03 
 
 
 
Zeferino Galarza  
                     
Uno de los pilares de las ciencias de la vida es que
todos los seres vivos están formados por al menos una célula. En los libros de biología se suele mencionar que Robert Hooke fue el primer investigador en proponer el término célula, después de observar un corte fino de corcho. Sin embargo, no se limitó a proponer el término que hoy utilizamos, sino que hizo algunas predicciones.

Por definición, la célula es una pequeña celda, cavidad o seno, según el diccionario histórico de la Real Academia de la Lengua Española, en su versión de 1936. El término proviene del latín cellula, que a su vez deriva de cella: hueco. En los libros de biología se define de manera más formal el término y se puede concluir, después de estudiar el tema, que la célula es la unidad esencial, anatómica y funcional de la que están formados los seres vivos. Los organismos más pequeños están formados por una célula (son unicelulares) y generalmente son invisibles al ojo desnudo. Por esta razón, no fue fácil, sino hasta la invención de los primeros microscopios, descubrir que la célula es la unidad mínima de la vida, término que, como ya se mencionó, fue utilizado primero por Robert Hooke.

Hooke fue un personaje muy importante en la historia de la ciencia cuando ésta empezaba a tomar forma, es decir, cuando se empezó a hacer investigación sin tomar en cuenta los prejuicios. Hooke fue el Curador de Experimentos de la Royal Society, organización científica de las más antiguas cuyo lema es Nullius in verba, que significa “en palabras de nadie”, lo que quiere decir, si utilizamos las palabras de Carl Sagan: “lo que vale es el experimento”.

Hooke fue un verdadero personaje de su tiempo. Incursionó en muchas áreas del saber como la astronomía. Fue, por ejemplo, uno de los primeros en observar la famosa mancha del planeta Júpiter, a la que consideraba como constituyente del planeta y no sombra de una de sus lunas. También fue arquitecto y topógrafo; ayudó a reconstruir Londres después del Gran Incendio de 1666, así como un hábil artista, ya que podía hacer excelentes dibujos. Además era inventor. Entre sus creaciones está el microscopio compuesto. Hooke ganó notoriedad en 1665 cuando publicó su Micrografía, obra en la que muestra dibujos sobre diversos objetos vistos a través de un microscopio que, aunque no muy potente, le permitió ver que la más fina aguja no posee una superficie lisa, sino que es algo rugosa. También observó y dibujó la complejidad morfológica de la pulga común y, obviamente, el corcho. Esta observación es considerada la primera en la que se reportó la presencia de células.

En la literatura más o menos reciente, se puede hallar dos posturas sobre esa observación hecha por Hooke (y sus famosos dibujos del corcho). Hay quienes opinan que el término no es adecuado porque las células que vio no estaban vivas y por lo tanto, el término no es ideal para los organismos vivos, porque éstos no están formados por “huecos” (vacíos). La otra postura, es que el término es correcto, porque identificó la unidad de organización de un tejido, si bien estaba muerto.

Pero si queremos salir de dudas sobre qué quiso decir Hooke, para estar ciertos sobre qué postura adoptar, podríamos leer el reporte original en su Micrografía. Al hacerlo, veremos que trata el asunto en su “Observación xviii. De la estructura o textura del corcho y de las celdas y poros de algunos otros cuerpos esponjosos semejantes”.

Como aún no existían las normas de publicación para reportes científicos de las revistas actuales, curiosamente, leeremos en el primer párrafo su metodología: “cogí un trozo bien claro de corcho y con un cortaplumas tan afilado como una navaja de afeitar, corté un trozo, dejando su superficie extremadamente lisa”. Los dibujos de lo que vio son comunes en los libros de biología o microbiología. Sin embargo, suele faltar la leyenda que indique que los dos famosos dibujos son de un corte transversal, y de uno longitudinal. Esta es la pista a lo que verdaderamente quiso decir.

Al observar las celdas (a las que también llamó poros o vejigas de aire), concluyó que el corcho no se hunde en el agua porque está lleno de aire, y comprendió por qué este material es bueno para sellar botellas: las celdas se comprimen, creando presión. En dicho capítulo hizo una declaración interesante: “hasta [que] nuestro microscopio o algún otro medio nos permita descubrir la verdadera estructura y textura de todos los tipos de cuerpos, hemos de andar a tientas en la oscuridad”. Hooke mencionó esto porque quedó intrigado sobre la manera en que estas celdas se comunican con otras partes de la planta; es decir, si bien el corcho flota porque están las células aisladas y llenas de aire, en otras partes (otros tejidos) debe haber comunicación entre las células que las conforman, pues declara que no sabe de qué manera circula la “savia nutricia” entre estas filas de células de corcho (que él considera como el equivalente de las venas en los animales) con el resto de la planta. Y es por esto que hizo un corte longitudinal y otro transversal. Hooke esperaba ver compuertas que regularan el flujo de la savia entre las células, siguiendo su analogía de las venas, ya que quería ver las “válvulas” que dirigían la circulación entre las células.

De hecho, Hooke nos hace saber que no sólo vio células vacías: “en varios […] vegetales, mientas estaban verdes, he podido descubrir con bastante claridad, gracias a mi microscopio, que estas celdas o poros estaban llenas de jugos que exudaban gradualmente”. En otras palabras, lo que quería averiguar era el modo en que se llenaban esas celdas con la “sustancia vital” (y por consiguiente, cómo se vacían en el corcho). Al ser incapaz de responder con ayuda de su instrumento, declaró, con relación a las compuertas que deben controlar el flujo: “no es improbable que algún observador diligente pueda detectarlos andando el tiempo si se auxilia con mejores microscopios”. Tenemos así que Hooke se adelantó a la existencia de las proteínas transportadoras de membrana, así como a los plasmodesmos que en biología celular son estudiados para entender cómo fluyen sustancias hacia y fuera de las células vegetales, y entre ellas.

El término célula no fue el único que utilizó Hooke, como acabamos de leer en sus propias palabras, pero sí fue el que más captó la atención del público. En mi opinión, las declaraciones en algunos libros de texto, que pueden resumirse en: “observó ese espacio vacío que llamó célula”, no hacen justicia a este investigador de primer nivel y visionario quien supo entender que la célula es una entidad que intercambia materia con sus vecinas, con la finalidad de mantener al organismo que las contiene vivo. No pudo ir más allá en el tema de la célula por el paradigma de su tiempo, pero se anticipó un poco, como han hecho muchos otros genios en la historia de la ciencia. 

La próxima vez que escuche sobre la historia de la célula, tenga presente que su descubridor comprendió que estaba viva.
     

Referencias bibliográficas


Hooke, R. 1665. Micrografía o algunas descripciones fisiológicas de los cuerpos diminutos realizadas mediante cristales de aumento con observaciones y disquisiciones sobre ellas. Solís, C. (trad.). Alfaguara, Madrid, 1989.
     Pickover, C. A. 2009. “Ley de la elasticidad de Hooke”, en De Arquímedes a Hawking. Las leyes de la ciencia y sus descubridores. Crítica, Barcelona.
     

     
Zeferino Simón Galarza Brito
Estudiante de doctorado en el posgrado de Ciencias Bioquímicas,
Instituto de Biotecnología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     

     
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