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| Silvia Zumaya Mendoza, Carlos Durán Ramírez y Ernesto Velázquez Montes |
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Para un botánico escribir sobre plantas es un placer, ya
que le son atractivas no sólo desde el punto de vista biológico, sino también estético, histórico y cultural; escribir sobre una planta tan peculiar como Ginkgo biloba resulta doblemente placentero, pues es una especie que representa una conexión con el pasado distante ya que no ha cambiado desde entonces, por lo que nos maravilla con su estética y otras características. Ginkgo y sus parientes fósiles tuvieron una amplia distribución en todo el hemisferio norte hace alrededor de 170 millones de años, en el Mesozoico. Aunque fueron componentes importantes de la flora del Jurásico, su apogeo sucedió durante el Cretácico, hace aproximadamente 120 millones de años. La evidencia fósil sugiere que la mayoría de las especies se extinguieron durante el Cenozoico, con excepción de Ginkgo biloba, que sobrevivió en Norteamérica y el norte de Europa hasta el Pleistoceno, y en Asia hasta el presente.
A pesar de que su distribución natural disminuyó drásticamente, esta especie se ha introducido entre los árboles urbanos en diferentes ciudades del mundo. Algunas de las razones de su popularidad son la atractiva forma de sus hojas y el cambio de coloración de su follaje en otoño, que pasa del color verde al amarillo brillante.
Algunos líderes chinos y japoneses tenían por costumbre obsequiar ginkgos en sus visitas de Estado como símbolo de fraternidad entre los pueblos, tal como sucedió con el exemperador Akihito, entonces príncipe heredero al trono de Japón, en su visita a Ciudad de México en mayo de 1964, cuando donó quinientos ejemplares a la nación y sembró de manera simbólica un ginkgo en el Bosque de Chapultepec.
Características morfológicas generales
Debido a que Ginkgo biloba prácticamente no ha tenido cambios morfológicos notables a lo largo de millones de años, se le considera una especie pancrónica. Uno de los aspectos más distintivos de ginkgo es la forma de abanico que poseen sus hojas, conocidas como flabeladas, algunas de las cuales tienen una muesca más o menos pronunciada que otorga a la hoja una apariencia de dos lóbulos, de ahí su epíteto específico: biloba.
Los ginkgos son árboles caducifolios, es decir, dejan caer todas sus hojas en otoño, produciendo hojas nuevas en la primavera. Son dioicos, esto quiere decir que hay individuos masculinos y femeninos por separado. Durante la última etapa de la primavera, los árboles masculinos producen estróbilos o microstróbilos (figura 1), donde se desarrollan los granos de polen que, transportados por el viento, llegan a los árboles femeninos; en algunas de las ramas de éstos se producen dos óvulos, cada uno rodeado hacia la base por un collar y sostenido por un largo pedúnculo (figura 2). Ambas estructuras reproductoras se desarrollan sobre braquiblastos. Cada óvulo secreta, tan sólo durante unas cuantas horas, una pequeña gota de mucílago en su ápice que, por su consistencia, se encarga de atrapar los granos de polen llevados por el viento. Conforme la gota se va secando, se lleva el polen consigo hacia el interior del óvulo, donde con el paso del tiempo germina y cada grano forma una especie de tubo polínico que va a penetrar una capa de tejido llamada nucela (pared del megasporangio). Al mismo tiempo, una célula especializada que es transportada por el tubo polínico va a producir los gametos masculinos, los cuales al ser liberados van a fecundar al óvulo al unirse con las células sexuales femeninas, este proceso forma un cigoto que dará origen al embrión, con lo cual se inicia el desarrollo de la semilla.
Alrededor de los meses de junio y julio, los árboles femeninos de Ginkgo biloba presentan semillas maduras que son similares en color, tamaño y consistencia a una ciruela verde, su tamaño varía entre cuatro y cinco centímetros de diámetro y tienen una consistencia “carnosa”, debido a una capa externa de tejido que almacena mucha agua en sus células.
Después de que la semilla germina, la planta se desarrolla hasta formar un árbol cuyo tronco, junto con las ramas principales o primarias, produce madera dura llamada picnoxílica, la cual anatómicamente es parecida a la de los pinos y cipreses, con la excepción de que presenta canales de mucílago y ramas con entrenudos muy cortos o secundarias conocidas como braquiblastos, a partir de las cuales se desarrollan las estructuras reproductoras, compuestas de un tipo de madera blanda llamada manoxílica, la cual es parecida a la de las cícadas.
Los árboles de Ginkgo biloba pueden ser robustos y altos, llegan a desarrollar un tronco con más de dos metros de circunferencia y alrededor de treinta metros de altura. También pueden ser muy longevos, a algunos individuos en China y Japón se les han estimado edades de dos y hasta cuatro milenios. Estos últimos se distinguen por desarrollar en las ramas viejas unas protuberancias con forma de estalactitas denominadas localmente “chichis”, debajo de las cuales las mujeres oran en favor de procurar una buena crianza a sus hijos.
En un estudio desarrollado en 2020 por Li Wang con colegas de distintos institutos y universidades chinas, se estableció que, después del primer siglo de vida de un ginkgo, la concentración de una hormona llamada ácido indol-acético decrece, dando como resultado una disminución en la tasa de crecimiento en el grosor del árbol; sin embargo, como mecanismo de compensación, se activan ciertos genes que están vinculados con la síntesis de metabolitos secundarios que hacen posible que los individuos longevos tengan una mejor resistencia a los patógenos y gocen de buena salud a través de los siglos.
Actualmente, ginkgo está representado por una sola especie viviente, a este tipo de géneros se les conoce como monotípicos. Pertenece al grupo de las gimnospermas, ya que sus óvulos y semillas están desnudos o expuestos, sin estar protegidos por ninguna estructura. Desde el punto de vista filogenético, los estudios moleculares recientes indican que está estrechamente relacionado con las coníferas.
Árboles
Los usos de los ginkgos han sido muy diversos a lo largo de la historia, principalmente en las culturas de oriente en China, Japón y Corea. Como elemento ceremonial, los ginkgos fueron sembrados en numerosos templos taoístas, budistas, confucionistas y sintoístas, porque representaban un símbolo de vitalidad, longevidad, resiliencia y buena fortuna, a tal grado de ser considerados sagrados.
También son muy resistentes a la contaminación ambiental. Un ejemplo de esto es el árbol localizado aproximadamente a un kilómetro del lugar donde cayó la bomba atómica en Hiroshima en 1945, cuyas raíces resistieron el fuerte impacto y la radiación ionizante, y retoñaron alrededor de un año después. El árbol sobrevivió hasta nuestros días, por lo que es motivo de veneración por parte del pueblo japonés. Particularmente en la ciudad de Tokio, los gink- gos se han empleado para reforestar zonas dañadas tras la Segunda Guerra Mundial.
Los ginkgos también han sido sembrados en las calles y jardines públicos de muchas partes del mundo por su valor ornamental, principalmente en el hemisferio norte pero también en el hemisferio sur, en Buenos Aires, Argentina. A muchas personas les resultan muy atractivos, tal vez debido a dos razones: una es la forma de abanico de sus hojas, la otra es el cambio de color de su follaje en el otoño. Es importante aclarar que la mayoría de estos árboles son masculinos, ya que los femeninos producen un olor fétido cuando sus semillas maduran, lo que se considera desagradable.
Hojas
El uso medicinal de extractos de hojas de ginkgo se remonta a aproximadamente 2 800 años a. C., según un escrito de medicina tradicional china. Las razones de su uso han sido diversas, pero la más conocida es que mejora la circulación sanguínea, principalmente la periférica del cerebro, lo que ayuda a mejorar la memoria a corto plazo, padecimiento común en personas con Alzheimer; también se han usado para disminuir la depresión y la ansiedad.
Los extractos de las hojas contienen alrededor de cuarenta tipos diferentes de flavonoides y dos tipos de terpenoides. Los primeros funcionan como antioxidantes y antiinflamatorios, e inhiben la liberación de algunos neurotransmisores como la acetilcolina; los segundos contienen cannabinoides, ingredientes activos de la marihuana, que son los responsables de mejorar la circulación sanguínea.
A pesar de lo anterior, aún no se sabe con certeza la supuesta mejoría de las funciones cognitivas gracias al uso de extractos de hojas de Ginkgo biloba, debido a que en los experimentos realizados tanto en ratones como en humanos los resultados difieren. Además, en experimentos a largo plazo, algunos pacientes presentaron efectos secundarios dañinos, como la presencia de hematomas cerebrales, problemas gastrointestinales, náuseas y vómitos; y otros, salivación excesiva, reducción del apetito, dolor de cabeza, mareos y erupciones cutáneas.
Semillas
Las semillas empezaron a ser utilizadas como alimento desde principios del siglo xvii, principalmente en China, Japón y Corea. Sin embargo, y como dato curioso, en el Museo Nacional de China, situado en Beijing, hay una representación del hombre de Pekín que ya recolectaba semillas del árbol del ginkgo al menos desde hace 500 000 años.
La parte comestible es la que se encuentra en lo más interno de la semilla, ésta contiene carbohidratos como el almidón y la sacarosa, proteínas y en menor cantidad grasas o aceites. Técnicamente hablando, dicha región corresponde al gametofito femenino, el cual se encuentra rodeado por una capa delgada y membranosa, la endotesta; ésta a su vez está cubierta por una capa dura, la esclerotesta, que también presenta una capa suave como pulpa, la sarcotesta, que al madurar produce un olor fétido. Estas dos últimas capas no son comestibles, sobre todo la sarcotesta, pues contiene sustancias tóxicas, por ello debe ser removida o debe secarse. Lo que se vende en los mercados ya no tiene dicha capa y es una estructura parecida a un pistache, donde la esclerotesta equivaldría a la capa dura y el gametofito femenino o megagametofito a la región interior verde.
Se ha calculado que en China se producen en la actualidad entre siete y ocho mil toneladas de semillas, las cuales se cosechan a partir de árboles de poca estatura, es decir, no crecen más de diez metros de altura, debido a que su desarrollo ha sido modificado por los horticultores chinos para facilitar la cosecha, pero también para obtener más y mejores semillas que las que se obtienen de un individuo promedio, pues las de los primeros pueden llegar a medir hasta 2.5 centímetros de largo, mientras que las de los segundos miden entre 1.5 y 2 centímetros de largo.
Los usos culinarios de las semillas son muy variados, generalmente se asan, cuecen o tuestan para preparar platillos tradicionales chinos, postres, sopas y tés. También son consumidas como botana por los bebedores de sake y, para quienes se exceden con la bebida, se ha comprobado que curan la resaca o el dolor de cabeza, ya que contienen una enzima que acelera el rompimiento de las moléculas de alcohol y lo elimina más rápidamente de la sangre.
Las semillas también son empleadas en ceremonias religiosas como bodas y banquetes. Cuando se ingieren crudas, ayudan a desparasitar a las personas; sin embargo, su ingesta en dicho estado es muy peligrosa, pues al contener sustancias tóxicas pueden ser mortales o causar alergias. Antiguamente en China se extraía aceite de las semillas, el cual era usado para guisar o para las lámparas; con la llegada de la electricidad y el gas estos usos desaparecieron.
Distribución
Durante mucho tiempo los botánicos han debatido si las poblaciones actuales de ginkgo que habitan en la República Popular China son el resultado de la propagación y el cultivo a manos del hombre, o bien, si realmente se trata de los últimos representantes en estado silvestre de esta especie. Recientemente, se han recabado diversas evidencias que sustentan que las regiones montañosas localizadas al sudoeste y al este de China representan dos refugios naturales que han sido el hogar de los que se consideran los últimos ejemplares de ginkgo en estado silvestre. Su presencia en estos sitios sería previa a la llegada del ser humano, lo que deja fuera la posibilidad de que hayan sido cultivados con fines ceremoniales, medicinales o alimenticios.
Uno de estos puntos se ubica en las Montañas Dalou, cerca de la urbe de Chongqing, donde predomina un clima cálido-húmedo con vegetación de afinidad subtropical, por lo cual no resulta difícil comprender por qué una pequeña población de ginkgo permaneció refugiada en una zona con estas características durante la última glaciación. En 2012, Cindy Tang de la Universidad de Yunnan y sus colaboradores determinaron que los árboles de ginkgo de las Montañas Dalou alcanzaban edades que van de 300 a casi 900 años. En contraste, se tiene documentado que no fue sino hasta mediados del siglo xvii que se asentaron en la zona los primeros pobladores pertenecientes a la etnia Han. Posteriormente, la zona también fue ocupada por familias de la etnia Gelao, quienes tenían la creencia de ver disminuida su fertilidad si osaban talar uno de estos ginkgos. Tang y sus colaboradores determinaron que los árboles femeninos eran más numerosos que los masculinos en una proporción de tres a dos, lo cual constituye una evidencia más de que los individuos de estas poblaciones de ginkgos no fueron cultivados por seres humanos, ya que se esperaría que la proporción de individuos femeninos fuera aún más alta para poder obtener provecho de la producción de semillas.
Por su parte, Wei Gong y sus colegas de la Universidad de Zhejinag documentaron la presencia de una alta variación genética tanto en ginkgos silvestres como en cultivados, donde el papel del ser humano sobre la variabilidad de esta especie es innegable.
Actualmente Ginkgo biloba es cultivado en algunas ciudades de Europa, América y Asia; sin embargo, a pesar de su amplia distribución, enfrenta grandes desafíos en un mundo donde las condiciones climáticas han cambiado abruptamente los últimos cuarenta años, por lo que será necesario evaluar y monitorear sus poblaciones para determinar las estrategias a seguir en aras de su conservación.
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Referencias Bibliográficas
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| Silvia Zumaya Mendoza Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México. Es doctora en Ciencias por el Instituto de Biología, de la UNAM. Ha realizado estancias tanto nacionales como en el extranjero, su área de especialización es el estudio de la familia Amaranthaceae s.l. y el interés por la anatomía vegetal. Actualmente es docente en la facultad de Ciencias de la UNAM. Carlos Durán Ramírez Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México. Es doctor en Ciencias por la Facultad de Ciencias, de la UNAM. Ha impartido y asistido a cursos y talleres de biodiversidad, botánica, protistología, biología molecular en universidades nacionales y del extranjero. Actualmente es técnico académico y docente en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Felipe Ernesto Velázquez Montes Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México. Es maestro por la UNAM. Ha realizado estancias tanto nacionales como en el extranjero, es docente en la Facultad de Ciencias y especialista en el estudio de plantas pteridofitas (helechos y licopodios). Actualmente es técnico académico y colabora en el proyecto de la Flora de Guerrero. |
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