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Productos naturales y herbales vs. productos milagro 142B07  
 
 
 
Leonardo Serrano Márquez,  Guillermo Mendoza y Ángel Trigos  
                     
Domingo por la tarde, aburrido y sin nada que
hacer, buscas una buena película o alguna serie que ver y de repente, al cambiar de canal, aparece un anuncio que publicita el “elixir de la eterna juventud” o algún producto milagroso capaz de ayudar a reducir el peso, regular los niveles de azúcar en la sangre, incrementar tu inteligencia, frenar la caída de cabello, o incluso, curar el cáncer. Este medicamento te cautiva e incita a comprarlo, pero ¿realmente sabes los riegos que corres al hacerlo? ¿Conoces cuáles son los elementos persuasivos de la publicidad engañosa que promueve el uso de estos productos milagro? Aunque son promocionados como productos saludables, innovadores y 100% naturales, seguros e inocuos, esto es simplemente falso. 

Propiedades de lo natural

Ahora bien, en numerosas ocasiones la gente confunde los “productos naturales” con los “productos milagro”. Para distinguir las diferencias que existen entre ellos es preciso definir algunos términos. 

Los productos naturales se definen como una sustancia o compuesto químico producido por un organismo vivo; principalmente son extraídos de plantas, hongos, animales y bacterias de ambientes terrestres y marinos. Éstos han sido la fuente primordial para la obtención y descubrimiento de la mayoría de los ingredientes activos de los medicamentos modernos que conocemos, muchos de los cuales derivan de antiguos remedios populares de origen natural cuyo uso milenario está basado en la observación y testimonio de sus efectos benéficos sobre la salud. Gracias a lo que hoy conocemos como “farmacognosia”, a lo largo de la historia los seres humanos han encontrado muchas aplicaciones de los productos naturales, tanto en el campo de la medicina, como en la farmacia y la biología.

A diferencia de los productos milagro, los productos naturales están respaldados por un arduo estudio científico que comprende diferentes etapas en su obtención. Se estima que, de aproximadamente diez mil compuestos candidatos a ser estudiados, sólo uno o dos llegan a comercializarse; muchos de ellos se descartan porque no cumplen con los protocolos establecidos en las etapas de evaluación de bioactividades, pruebas in vitro, pruebas preclínicas con modelos animales, fases clínicas con humanos y, finalmente, una etapa de farmacovigilancia post-comercialización del fármaco para observar posibles efectos secundarios y discernir contraindicaciones. El proceso es largo, costoso y normalmente transcurren entre diez y quince años desde la investigación inicial hasta su uso en humanos o su comercialización.

Los programas de bioprospección para la obtención de nuevos medicamentos destacan el valioso papel que los productos naturales han desempeñado en el proceso de descubrimiento de fármacos, particularmente en las áreas de enfermedades infecciosas y tratamientos de cáncer. Como ejemplo de estos programas de desarrollo para la obtención de nuevos medicamentos anticancerígenos y quimiopreventivos están los programas de bioprospección promovidos por el Instituto Nacional del Cáncer, los cuales se pueden complementar con protocolos de detección de alto rendimiento, química combinatoria, compuestos mejorados por síntesis orgánica, química computacional y bioinformática, para proporcionar compuestos mucho más eficientes que los utilizados actualmente en la práctica clínica. 

¿Una cura inmediata?

Se denomina “productos milagro” o “medicamentos milagro” a aquellos productos, sustancias y hierbas que prometen aliviar o curar diversas enfermedades de manera rápida y efectiva, sin que la persona afectada tenga que modificar su estilo de vida o hábitos alimenticios, es decir, sin realizar ningún esfuerzo. Se presentan como una cura casi mágica que se caracteriza por exaltar una o varias cualidades terapéuticas; sin embargo, no cumplen con ningún estudio científico que haya comprobado su eficacia y seguridad.

Los productos milagro aparecieron hace varias décadas como alternativa ante las deficiencias en los servicios de salud y los exorbitantes precios de los medicamentos. Promovidos tanto en canales de televisión como en medios de comunicación alternativos (sitios de internet, revistas, periódicos, radio, ventas por teléfono), han contribuido a que la sociedad esté más vulnerable frente al acceso de información pseudocientífica manipulada por sofisticadas estrategias publicitarias y atractivos procedimientos de marketing. 

¿O un fraude? 

Dentro de las características que debemos identificar para saber si estamos ante un producto milagro están las siguientes: a) afirman que el producto es de origen natural (hecho de plantas, hongos, animales u otros ingredientes); b) los resultados al consumirlos son inmediatos y asombrosos; c) presentan testimonios o relatos para dar credibilidad de su eficacia (como fotografías de un antes y un después) y muchos de ellos son respaldados por actores, especialistas o médicos ficticios; d) su consumo puede realizarse sin la supervisión de un profesional de la salud; e) se comercializan en forma de cápsulas, tabletas, polvos, jarabes, cremas, champú o jabones; f) promueven el autodiagnóstico y la automedicación; y g) suelen presentarse con nombres alusivos a enfermedades u órganos humanos.

La lista de enfermedades y padecimientos que supuestamente curan los productos milagro es innumerable. Se destacan aquellos suplementos alimenticios o dietas con efectos sorprendentes sobre la pérdida o reducción de peso y talla, como geles, cremas o cápsulas. También podemos encontrar jarabes, suspensiones o tabletas hechos a base de hierbas y hongos que fortalecen el sistema inmunológico, regulan la hipertensión arterial, disminuyen tumores malignos, reducen el colesterol, poseen efecto diurético, alivian gastritis, estreñimiento, colitis, reumatismo, Alzheimer e incluso diabetes. 

Los productos milagro no sólo se limitan a curar enfermedades crónicas, también son utilizados con fines cosméticos; por citar algunos ejemplos, están los jabones y cápsulas destinadas al tratamiento del acné, champús y tónicos que frenan la alopecia y fortalecen el cabello, cremas que desvanecen cicatrices, manchas, aclaran la piel o eliminan arrugas y várices. Un último ejemplo de medicamentos milagro son aquellos que actúan en el estado emocional de una persona. Se distribuyen en forma de cápsulas e infusiones herbales con supuestas propiedades sedantes y son utilizadas en el tratamiento de insomnio, ansiedad, depresión y estrés.

Sin lugar a duda los beneficios que promueven los productos milagro son altamente persuasivos, pero con un potencial fraudulento y resultan peligrosos tanto para la salud como para la economía familiar. 

¿Lo natural no es tóxico? 

Desde hace milenios, infinidad de plantas medicinales se han empleado para tratar diversos malestares; todas las personas en alguna ocasión hemos optado por consumir alguna variedad de productos herbales, ya sea en forma de té, aplicándolos directamente en la piel o hasta en guisos como condimentos. La manera de adquirir estas plantas es sumamente fácil, basta con ir al mercado local y pedirlas a cualquier comerciante; pero antes de consumirlas es preciso conocer sus propiedades, funciones y dosis, así como sus efectos secundarios, los cuales pueden llegar a ser tóxicos. 

El consumo de productos herbales se debe principalmente a la percepción que tiene la población de que al ser de origen natural sólo pueden tener propiedades benéficas sin riesgos para la salud. Lamentablemente muchas plantas medicinales se promocionan dentro de los productos milagro y estas plantas, lejos de ser inofensivas para la salud, también pueden ocasionar efectos adversos. Por ello, siempre se recomienda consumir cualquier producto herbal con prudencia y en dosis moderadas.

Como sabemos, el hígado es el principal órgano implicado en el metabolismo de cualquier sustancia ajena al organismo, incluidos los productos herbales. Esto lleva a pensar que, contrariamente a las creencias populares y lejos de ser seguros, los remedios herbales pueden representar un riesgo potencial de toxicidad hepática, en algunos casos con consecuencias fatales, de ahí la importancia de informarse tanto de sus propiedades medicinales como de las nocivas.

Instituciones reguladoras

A nivel mundial existen diversas instituciones encargadas de regular y aprobar el uso de fármacos y productos naturales. En Estados Unidos, la agencia de Administración de Alimentos y Medicamentos (fda) es la encargada de velar por la seguridad y eficacia de aquéllos consumidos por la población. En México contamos con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (cofepris), encargada de regular medicamentos ejerciendo control y fomento sanitario, que durante años ha llevado a cabo diversas acciones para frenar el almacenamiento, distribución, venta y uso de productos milagro. La cofepris ha retirado muchos productos fraudulentos del mercado, no obstante, los medios de comunicación irresponsablemente aún siguen siendo cómplices de laboratorios pseudofarmacéuticos que han lucrado con el bienestar social, al cruzar la frontera entre lo legal y lo ético.

Por otra parte, en octubre de 2018, la misma cofepris autorizó el uso de dieciocho plantas medicinales de tipo herbolario, las cuales se podrán emplear de manera legal en tés, infusiones o suplementos alimenticios. Dicha aprobación permitirá que los productos se comercialicen con un etiquetado adecuado respetando la regulación sanitaria y el cumplimiento de las normas oficiales de producción y calidad, lo cual se traducirá en un beneficio para el sector de productos herbolarios y la salud de la población. 

Este hecho histórico en la herbolaria mexicana fue posible, en gran medida, gracias a cuatro años de trabajo en conjunto con la Federación Nacional de la Industria Herbolaria, Medicina Alternativa, Tradicional y Naturista a.c. , donde se investigaron y determinaron las dosis adecuadas de consumo de cada planta para evitar efectos adversos en los usuarios de remedios herbales. En la lista de las dieciocho plantas aprobadas están las siguientes: Echinacea purpurea, Echinacea angustifolia, Echinacea palida, Equisetum laevigatum, Equisetum arvense (cola de caballo), Ganoderma lucidum (hongo reishi), Lepidium meyenii (maca), Panal ginseg, Passiflora incarnata, Ilex paraguariensis (yerba mate), Paulina Cupana (guaraná), Plantago psyllium, Plantago ovata, Silybum marianum (cardo mariano), Smilax aristolochiifolia (zarzaparrilla), Uncaria tomentosa (uñas de gato), Valeriana Officinalis y Eleuthereococcus senticosus (ginseng siberiano).

Promesas tóxicas

Esta investigación ha ayudado a esclarecer la creencia de que la medicina tradicional y la herbolaria son lo mismo que los productos milagro, ofrecidos para curar cualquier enfermedad sin ningún estudio previo que lo sustente.

En conclusión, no existe hasta el momento ningún producto milagro, es decir, un remedio que cure fácil y rápido cualquier enfermedad sin poner en riesgo nuestro bienestar. Lo que existe es la información y el diagnóstico adecuado hecho por profesionales de la salud; la recomendación acertada es acudir con ellos, pues son quienes darán un tratamiento adecuado al padecimiento recetando medicamentos de eficacia comprobada.
     

Referencias bibliográficas


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Leonardo Serrano Márquez
Ciencias Biomédicas,
Universidad Veracruzana

Guillermo Mendoza
Centro de Investigación en Micología Aplicada,
Universidad Veracruzana

Ángel Trigos
Dirección General de Investigaciones,
Universidad Veracruzana
     

     
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