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Disarming Cupid:
Love, Sex and Science.
 
Scientific American,
2013 (Kindle Edition).
798 kb, 197 páginas.
 
Patricia Magaña Rueda
   
   
     
                     
Con base en estudios recientes publicados en revistas
de investigación, un grupo de editores de la revista Scientific American produjo un libro electrónico con artículos que abordan el amor y el sexo desde la ciencia. Los autores del libro, en su mayoría periodistas especializados, afirman que: “los científicos, tanto como los poetas, están muy interesados en el tema amoroso”, así que comentan y analizan resultados en un lenguaje accesible para todos, produciendo una obra interesante que incluso podría ser una buena guía para aquellos que desean empezar a entender, con una visión científica, sus “tormentas amorosas” desde la juventud hasta la vida plenamente adulta.

Habrá quien afirme que de este tema se ha dicho demasiado y que es muy difícil explicarlo racionalmente, ya que se trata de un asunto tan emocional y personal que cada caso es único. Sin embargo, en las décadas recientes los investigadores, usando acercamientos metodológicos cuidadosos, han comenzado a encontrar respuestas generales a preguntas antiguas y recientes, mostrando que la forma en que nos relacionamos amorosa y sexualmente tiene que ver más con el cerebro y con nuestra evolución biológica que con el órgano que impulsa la sangre en nuestro cuerpo.

El libro muestra que muchos sicólogos, siquiatras, neurólogos, médicos y sociólogos han echado a andar estudios clínicos de grupos amplios, de larga y corta duración, tanto en el laboratorio como por medio de encuestas o incluso en el salón de clase. Y están encontrando y analizando datos que tienen un amplio poder explicativo y permiten analizar el comportamiento de las personas en este tópico tan crucial en el que las emociones nos desbordan, nos limitan o alientan. Aunque muchas de las actitudes están ligadas a diferentes condicionantes sociales, como el uso actual de los medios electrónicos, otras responden a nuestra evolución, a la herencia y por supuesto a la crianza.

El libro, dividido en seis secciones, explora las diferencias entre hombres y mujeres en los asuntos amorosos, la forma en que se hacen citas en el mundo moderno por medio de sitios en la red, cómo encontrar y mantener el amor con diversas técnicas (muchas experimentadas con grupos de estudiantes), el sexo y el amor en el cerebro; la definición de género, sexualidad y las elecciones que conllevan, para terminar con una sección que analiza lo que los editores llaman el lado oscuro del amor.

Algunos de los artículos más llamativos en esta compilación giran en torno a preguntas como: ¿pueden hombres y mujeres ser sólo amigos? ¿Puede la ciencia ayudar a alguien a enamorarse? ¿Cuál es el impacto neurológico del amor y la obsesión? ¿Qué es el tercer género? ¿Tienen opción los homosexuales? y muchos tópicos más que, con datos y concatenación de reflexiones, buscan encontrar las respuestas.

Un punto interesante en la sección dos de este libro es la discusión sobre cómo se hacen citas entre personas que quieren conocerse por medio de algunas empresas en internet. Podría decirse que tal como suele sucede con los productos milagro, estos sitios electrónicos han sido muy exitosos y alardean de usar pruebas científicas que “acoplan” a las mejores personas para encontrarse, pero debe señalarse que ninguna de esas compañías ha podido presentar algoritmos confiables o sustentar sus resultados en revistas de investigación.

A lo largo del libro se presentan interesantes acercamientos al amor, describiendo algunas de las pruebas que incluyen grupos control y datos de más de una década. Y aunque pudiera cuestionarse algunos de estos trabajos, desde la metodología hasta la extrapolación que se hace de ciertos resultados, se ve que en el medio científico se avanza en afianzar conclusiones con mejores métodos. Y tal como sucede con algunas controversias en las ciencias duras y exactas, pasará probablemente un buen tiempo antes de llegar a afirmaciones más o menos contundentes, ya que siempre puede haber un contraejemplo en las conductas humanas.

La educación sexual y amorosa en cada edad es un asunto crucial, particularmente entre los niños y los jóvenes, porque a lo largo de su vida irán tomando decisiones que incorporarán a su bagaje emocional, con profundas consecuencias para el resto de su vida. Basta revisar en México el creciente número de embarazos tempranos, la transmisión de enfermedades, el respeto entre géneros e incluso la preponderancia de los padecimientos psicológicos y psiquiátricos.

Aunque hay esfuerzos por tratar estos temas en libros, conferencias, con asesoría de organizaciones no gubernamentales, etcétera, circulan en internet y en las redes sociales infinidad de puntos de vista no siempre atinados y mucho menos adecuadamente presentados. Y es relativamente sencillo percibir en el entorno social la importancia, no siempre reconocida, de la poca educación sexual y sentimental. Por ello, a pesar de que Desarmando a Cupido es un libro muy referido a la cultura estadounidense, presenta atinados juicios que es importante conocer.

En cuanto a la divulgación científica en México, existen pocos productos para públicos amplios que traten este tema; una excepción es la revista para jóvenes ¿Cómo ves? de la unam. Es hasta hace muy poco que los medios de comunicación masiva buscan explicar el amor y el sexo desde la ciencia; tal es el caso de las intervenciones radiofónicas del Dr. Eduardo Calixto, del Instituto Nacional de Psiquiatría, en algunos programas de la conductora Martha Debayle, que incluso introduce términos especializados, explicándolos con gran claridad.

En nuestros distintos ámbitos, ya sea familiares, de estudio o de trabajo, podemos constatar que una vida emocionalmente sana en el amor y el sexo es tan importante como el buen funcionamiento del cuerpo para lograr una adecuada calidad de vida. Además, en la mayoría de los casos, aprender a resolver las decisiones amorosas y sexuales racionalmente permite desempeños escolares adecuados así como mejores futuros personales y profesionales, por lo que urge dar prioridad a estos temas tanto en la educación en casa como en la escuela. Por ello, un libro como éste se convierte en una buena opción para introducir tales temas a la discusión.

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referencias bibliográficas

Scientific American (eds.). 2013. Disarming Cupid: Love, Sex and Science. Versión Kindle.

     
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Patricia Magaña Rueda
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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de la solapa
       
 
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La historia de las cosas

Annie Leonard
Fondo de Cultura Económica
Buenos Aires, 2010. 390 p.
   
   
     
                     
El viaje por la historia de las cosas me llevó por todo el mundo
−en misiones de investigación y organización comunitaria para organizaciones ambientalistas como Greenpeace, Essential Action y la Alianza Global por Alternativas a la Incineración [Global Alliance for Incinerator Alternatives, gaia]−, no sólo para ver más basurales, sino también para visitar minas, fábricas, hospitales, embajadas, universidades, establecimientos agrícolas, oficinas del Banco Mundial y pasillos gubernamentales. Conviví con familias en aldeas indígenas tan aisladas que a mi llegada corrían a mi encuentro madres y padres desesperados en la creencia de que por fin había arribado la médica internacional −en su visita anual− que venía a curar a su hijo. Conocí a familias enteras que habitaban en basurales de las Filipinas, Guatemala y Bangladesh, alimentándose de las sobras y viviendo de los materiales que extraían de las colinas humeantes y fétidas. Visité paseos de compras en Tokio, Bangkok y Las Vegas... tan grandes, brillantes y plásticos que me hacían sentir como un personaje de Los Supersónicos o Futurama.

En todas partes me hice una y otra vez la misma pregunta: “¿Por qué?”. En todas partes indagué sin pausa, cada vez a mayor profundidad. ¿Por qué los basurales son tan peligrosos? Por las sustancias tóxicas que hay en la basura. Entonces, la primera pregunta es: ¿por qué hay sustancias tóxicas en los productos que llegan a la basura? Para responder a esta pregunta tuve que aprender sobre sustancias tóxicas, química y salud ambiental. ¿Por qué la mayoría de los basurales están situados en comunidades de bajos ingresos, donde vive y trabaja mucha gente de color? Esta pregunta me llevó a aprender sobre racismo ambiental.

Además, ¿por qué es tan rentable trasladar fábricas enteras a otros países? ¿Cómo es posible vender por un par de dólares un producto que recorre distancias tan grandes? De repente me vi en la necesidad de zambullirme en la lectura de los tratados internacionales de comercio y analizar la influencia de las corporaciones en las regularizaciones gubernamentales.

Y aún quedaba otra pregunta: ¿por qué los artículos electrónicos se rompen tan pronto y por qué es más barato reemplazarlos que repararlos? Entonces aprendí sobre obsolescencia planificada, publicidad y otros instrumentos que se usan para promover el consumismo. A primera vista, cada uno de estos temas parecía separado del siguiente, desligado de los demás, a gran distancia de aquellas pilas de basura acumulada en las calles neoyorquinas, y más lejos aún de los bosques de mi infancia. Sin embargo, al indagar se descubre que todo está vinculado.

El viaje me convirtió en una “pensadora sistemática”; es decir, comencé a creer que todo existe como parte de un sistema más abarcador y debe entenderse en relación con las otras partes. No se trata de un marco singular. ¿Recuerdan los lectores la última vez que tuvieron fiebre? Probablemente se habrán preguntado si el origen de la fiebre era una bacteria o un virus. La fiebre es una respuesta a un elemento extraño que se introduce en el sistema del cuerpo. Si no creyéramos que nuestro cuerpo es un sistema, tendríamos que buscar una fuente de calor bajo la frente recalentada o algún interruptor que se giró accidentalmente y le subió la temperatura. En biología aceptamos con facilidad la idea de sistemas múltiples (como el circulatorio, el digestivo, el nervioso) compuestos de partes (como las células o los órganos), así como el hecho de que esos sistemas interactúan unos con otros en el interior del cuerpo.
Todos aprendimos en la escuela cómo funciona el ciclo del agua, es decir, el sistema que transporta el agua, a través de sus diferentes estados −líquido, vapor y hielo sólido−, por toda la Tierra. Y también aprendimos qué es la cadena alimentaria, es decir, el sistema en el cual, por dar un ejemplo sencillo, el plancton es alimento del pez pequeño, que a su vez es alimento del pez más grande, que a su vez es alimento del ser humano. Entre esos dos sistemas, el del ciclo del agua y el de la cadena alimentaria −aunque uno sea inanimado y el otro esté formado por seres vivos−, se produce una interacción importante, porque los ríos y océanos del primero proporcionan el hábitat para las criaturas del segundo. Esto nos lleva al ecosistema, compuesto de partes y subsistemas físicos inanimados, como la roca y el agua, y partes vivas, como las plantas y los animales. La biósfera de la Tierra −otro nombre del ecosistema entero del planeta− es un sistema que existe dentro de algo mucho más grande, que llamamos sistema solar.

La economía también funciona como un sistema, y es por eso que puede producirse un efecto dominó en su interior, como ocurre cuando muchos se quedan sin trabajo y, por lo tanto, reducen sus gastos, lo cual implica que las fábricas no pueden vender tantas COSAS, y en consecuencia se producen más despidos... que es exactamente lo que ocurrió en 2008 y 2009. El pensamiento sistemático en relación con la economía también explica una teoría como la del “goteo”, según la cual se otorgan diversos beneficios −como la reducción de impuestos− a los ricos para que inviertan más en sus negocios y empresas, lo cual a su vez, hipotéticamente, crea más empleos para las clases medias y bajas. Si esas partes (el dinero, los empleos, las personas de distintas clases sociales) no funcionaran dentro de un sistema, no habría fundamento para la teoría del goteo ni para las creencias sobre la interacción entre la oferta y la demanda. En todos estos ejemplos se presupone un sistema abarcador con partes interrelacionadas.

Otra manera de decir que todo existe como parte de un sistema que lo abarca (incluidos los propios sistemas) es decir que todo está interrelacionado [...] Y así pasé de husmear en bolsas de basura a examinar los sistemas globales de producción y consumo de bienes manufacturados, o bien lo que los académicos llaman economía de los materiales. Comencé a trabajar cruzando la frontera entre dos disciplinas que para el mundo moderno no sólo están nítidamente separadas, sino también mal avenidas: el medio ambiente (o la ecología) y la economía. Pero los lectores ya habrán adivinado: no sólo se trata de dos sistemas interrelacionados, sino que uno es un subsistema del otro, así como el ecosistema terrestre es un subsistema del sistema solar.

El problema es que muchos ecologistas en realidad no quieren ocuparse de la economía. Los ecologistas tradicionales se dedican de lleno al adorable oso que está en peligro de extinción y los lugares prístinos tienen nada que ver con las estructuras de fijación de precios o los subsidios gubernamentales para la minería o los acuerdos de comercio internacional, ¿verdad? (¿Cómo? ¿Qué tienen mucho que ver?) Por otra parte, los economistas clásicos sólo ven en el medio ambiente un conjunto ilimitado de materias primas baratas o gratuitas que sirven para abastecer el crecimiento de la economía. Ah, y también un lugar donde de vez en cuando aparecen latosos activistas que cuestionan la instalación de una nueva fábrica porque se les ocurrió proteger el hábitat de la musaraña del bosque.

Sin embargo, la economía es en realidad un subsistema del ecosistema terrestre, su biosfera. Es sencillo: todos los sistemas económicos −el trueque, la esclavitud, el feudalismo, el socialismo y el capitalismo− son invenciones humanas. Como los seres humanos apenas somos una de las numerosas especies que habitan la Tierra (una especie poderosa, es cierto, dotada de escritura y de armas), cualquier invención nuestra es un subsistema del ecosistema terrestre. Una vez que entendemos esta cuestión (que no es opinión mía, sino un hecho liso y llano), accedemos a nuevas percepciones. Dos investigadoras estadounidenses han publicado en la revista
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del herbario
       
 
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La relación
entre amarantos,
cactus y plantas carnívoras
Ivonne Sánchez del Pino Coppens
   
   
     
                     
La extrema variación morfológica de algunos grupos de
plantas nos cuenta una historia de relación o parentesco tan intrincada que tal vez nos sería difícil sospechar lo cercanamente relacionadas que se encuentran algunos de ellos. Por ejemplo, una hierba de amaranto (Amaranthus), mejor conocida como alegría, huauhtli o bledo, con flores diminutas de alrededor de siete milímetros de largo es a primera vista contrastante si se compara con los cactus de tallos planos como los nopales (Opuntia) o cilíndricos como las biznagas (Echinocactus, Ferocactus o Melocactus) de frutos y flores atractivas, que a su vez también son muy diferentes de las plantas carnívoras, las cuales presentan modificaciones morfológicas asociadas a la atracción, retención, captura, muerte y digestión de animales (principalmente insectos) para la absorción de sus nutrimentos.

En las plantas carnívoras las variaciones incluyen hojas extremadamente modificadas, en forma de jarra, en donde se localizan nectarios para atraer a los insectos y glándulas que secretan, entre otras sustancias y moléculas, enzimas digestivas, como es el caso de las plantas jarro o copas de mono (Nephentes) o bien con hojas tentaculares que tienen glándulas de dos tipos: unas que secretan sustancias viscosas para atrapar insectos y otras digestivas (Drosera), todas ellas pertenecientes a un grupo de plantas llamadas Caryophyllales, anteriormente conocidas como Centrospermales.

Dicho grupo conforma un orden con algunos miembros que presentan fascinantes modificaciones evolutivas que les permite su supervivencia en ambientes hostiles, como las adaptaciones morfológicas que han ido generando al desarrollarse en ambientes áridos, de temperaturas elevadas y suelos con alta concentración en sales. Tales adaptaciones incluyen suculencia de hojas y tallos, tipo de fotosíntesis (C4, CAM o ambos), presencia de espinas y sistema de raíces largas, entre otros rasgos.

Las Caryophyllales incluyen 29 familias, según la publicación más reciente propuesta por un grupo de botánicos que se nombra el Grupo para la filogenia de las angiospermas (en inglés The Angiosperm Phylogeny Group, APG), que se ha unido para un fin común: proponer una clasificación o agrupación de las plantas vasculares conforme a un sistema natural (es decir, reconocer grupos monofiléticos o grupos en los que todos los descendientes comparten un mismo ancestro) fundamentado en bases filogenéticas en vez de autoritarismos como había ocurrido en el pasado. Las propuestas del APG datan de 1998, luego de 2003, hasta llegar a la más reciente, en 2009. De hecho, existe un sitio en internet conocido como APweb, hospedado por el Jardín Botánico de Missouri, donde regularmente se actualizan los datos obtenidos por las más recientes investigaciones que se apegan al enfoque del APG, y que reportan una diversidad de 35 familias para las Caryophyllales, con 811 géneros y 11 510 especies (tabla 1).
 
 
 TablaB011109
Tabla 1. Nombres de las familias incluidas en el orden Caryophyllales por autores recientes. En gris se indican los nombres de las familias que han sido consideradas como núcleo de las Caryophyllales.
 

En las Caryophyllales se ubican la familia del amaranto (Amaranthaceae), la de la bugambilia (Bougainvillea; Nyctaginaceae), algunas de plantas carnívoras (Droseraceae, Drosophyllaceae y Nepenthaceae), la de los nopales y cactus (Cactaceae), la de las verdolagas (Portulacaceae), la de las plantas piedra (Aizoaceae), la de la jojoba (Simmondsiaceae) e incluso la del clavel (Cariophyllaceae) por citar algunas de las más conocidas.

En diez de las 35 familias que las integran se han encontrado betalainas, que son un grupo de pigmentos naturales fácilmente observables en colores rojizos, púrpuras o amarillentos que caracterizan a algunas hojas, brácteas, flores y tallos de estos grupos. Para tener una idea de la importancia de dicho colorante cabe mencionar el uso que se le ha dado en algunos lugares y culturas a ciertas plantas de amaranto de tonos rojos para ritos ceremoniales, mágicos y ornamentales.

La mayoría de las características que permiten distinguir a las Caryophyllales son únicamente perceptibles con ayuda de un microscopio y derivadas de diferentes áreas de estudio. Curiosamente, los caracteres diminutos son los más importantes, ya que a partir de ellos se logran establecer las relaciones que hay al interior de toda esta gran diversidad de plantas y, en gran parte, son de tipo embriológico (tapete glandular, granos de polen trinucleados, óvulos campilotropos, presencia de perispermo, saco embrionario con ocho núcleos, embrión largo y curvado, etcétera), anatómico (plástidos tipo P, crecimiento secundario anómalo del tallo) y palinológico (polen pantoporado o colpado). El carácter embriológico del tipo de placentación libre central o basal que presentan algunos miembros es la característica más importante de este grupo, razón por la que se les denominaba Centrospermales (semillas que crecen de una columna central). Si bien varios de estos caracteres empleados para su descripción han cambiado en importancia para definirlas, los actuales hallazgos moleculares en el cloroplasto (atpB, matK, rbcL) y el núcleo (18S rADN) han corroborado que el grupo es natural y que dentro de él se encuentran dos grupos que, dependiendo del autor y el año de publicación de los trabajos, varía el número de familias. Actualmente, un grupo es llamado “el núcleo de las Caryophyllales” (en inglés Core Caryophyllaes) o Centrospermales, cuya diversidad biológica es de quince a veinte familias, y el otro, con once o trece familias, como “el no núcleo de las Caryophyllales” (NonCore Cariophyllales).

El poder notar cómo grupos que jamás hubiéramos sospechado relacionados resulten serlo se debe al trabajo de varios taxónomos y la forma empleada para describir la diversidad biológica, de obtener y organizar la información, pasando de los enfoques intuitivos que se usaban en un principio, al desarrollo de métodos y filosofías mejor fundamentados.

El punto primordial en la actualidad es que todas las relaciones de parentesco entre diversos organismos son hipótesis, por lo tanto están sujetas a cambios. Antes se consideraba la opinión de ciertas autoridades para clasificar los grupos de acuerdo con lo que consideraban evolucionado o primitivo; por ejemplo, se creía que aquellas plantas con grandes hojas y muchas estructuras florales eran primitivas mientras que aquellas con hojas reducidas y tamaños pequeños eran avanzadas.

Actualmente, la forma de organizar y clasificar a los organismos (sistemática o taxonomía) se ha modernizado gracias a tres grandes avances: 1) el uso de computadoras cada vez más veloces en su capacidad de procesamiento y manejo masivo de gran cantidad de datos así como la elaboración de software especializado; 2) la obtención y desarrollo de nuevos datos específicamente derivados de varias formas de análisis del ADN; y 3) el uso de filogenias, que son hipótesis integrales para responder preguntas evolutivas y hacer posible la biología comparada por medio de un método reproducible y refutable. Con ello, las hipótesis de relación se han puesto a prueba para confirmar aquellas hipótesis generadas en el pasado. El resultado ha sido lo que ahora conocemos como un sistema de clasificación según APG que ha usado estos tres elementos para brindarnos un sistema novedoso de la clasificación de las plantas vasculares.

Con este ejemplo se pretende indicar la importancia de la utilización de herramientas novedosas para pasar de una taxonomía puramente descriptiva, considerada falta de un método y no científica, a una fundamentación de las hipótesis con métodos explícitos, alejadas de ideas a priori. El caso de las Caryophyllales, un grupo con grados de diversidad tan considerables y, sin embargo, monofilético, y reconocido como un orden en las plantas con flores, nos muestra el potencial que encierran estas herramientas formuladas.
     

Referencias bibliográficas

Chase, Mark y James L. Reveal. 2009. “A phylogenetic classification of the land plants to accompany apg iii”, en Botanical Journal of the Linnean Society, vol. 161, núm. 2, pp. 122-127.
Cronquist, Arthur. 1988. The evolution and classification of flowering plants. Allen Press, Nueva York.
Cuénoud, Philippe, et al. 2002. “Molecular phylogenetics of Caryophyllales based on nuclear 18S rdna and plastid rbcL, atpB, and matK dna sequences”, en American Journal of Botany, vol. 89, núm. 1, pp. 132-144.
Sauer, Jonathan D. 1967. “The grain amaranths and their relatives: a revised taxonomic and geographic survey”, en Annals of the Missouri Botanical Garden, vol. 54, pp. 103-137
Simpson, Michael G. 2006. Plant Systematics. Elsevier Academic Press, Burlington.
Stevens, Peter F. 2000. “Botanical systematics 1950-2000: change, progress, or both?”, en Taxon, vol. 49, núm. 4, pp. 635-658.

     
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Ivonne Sánchez del Pino
Centro de Investigación Científica de Yucatán, A. C.
     
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del vuelo
       
 
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Volando vamos,
la migración de rapaces
en el estado de Veracruz
Omar Suárez García y
Fernando González García
   
   
     
                     
A toda la banda que participó en el VRR 2010.
   
El Sol ya está alto en el azulado cielo del pequeño pueblo
de Chichicaxtle —municipio de Puente Nacional— cuando nos disponemos a tomar el autobús. La humedad se siente en el ambiente y el calor empieza a elevarse a cada minuto que pasa, a pesar de ser un día de los últimos de septiembre. Después de unos quince minutos de viaje, llegamos a la central camionera de Cardel. Cruzamos la calle y entramos al hotel Bienvenido, que se encuentra ubicado a un costado de la plaza principal.
 
Subimos al ascensor, que nos lleva hasta el último nivel, restringido sólo a personal autorizado, y de ahí subimos de nuevo, esta vez por unas pequeñas escalinatas, hasta llegar a la azotea del edificio. Este lugar inverosímil es el sitio ideal para ser testigo de uno de los fenómenos más impresionantes de todo el reino animal: la migración de millones de aves rapaces que viajan de Norteamérica —de sus sitios de reproducción— a Centro y Sudamérica —a sus sitios de invernación.

¿A qué se debe que Veracruz sea un lugar importante para la migración de aves rapaces? Por México pasan más de veinte de éstas en su búsqueda de sitios para pasar el invierno. Esto es así debido al hecho singular de que en esta zona —el centro de Veracruz— la concurrencia de la Sierra Madre Oriental, el Eje Volcánico Transversal y el Golfo de México forma una especie de embudo natural que desvía a las aves que vienen del norte del continente y las obliga a pasar por esa estrecha franja geográfica —la planicie costera. También es un lugar importante porque durante el día el aire de la planicie se calienta con la radiación solar y empieza a subir en forma de remolinos —termales; este factor es aprovechado perfectamente por las aves que utilizan tales corrientes para elevarse y avanzar con muy poco esfuerzo, a manera de veleros impulsados por el viento en mar abierto.

Dicho fenómeno fue descubierto durante los años noventas por un grupo de jóvenes biólogos que, posteriormente, junto con PRONATURA Veracruz, desarrollaron el proyecto Veracruz Río de Rapaces (VRR) con el fin de generar conocimiento acerca de la migración de estas aves así como de sus poblaciones y tendencias demográficas. Cada año, el proyecto es llevado a cabo por biólogos y naturalistas de distintas nacionalidades y financiado por organizaciones públicas y privadas tanto nacionales como extranjeras.
 
Conteo en Cardel
 
La panorámica es perfecta: se alcanza a ver, hacia el norte, las enormes dunas de arena y la sierra Manuel Díaz; al este, el inmenso Golfo de México y, al oeste, la planicie que se extiende hasta chocar con la Sierra Madre Oriental. Pasadas las diez de la mañana, uno de nuestros compañeros alcanza a ver a simple vista un grupo de aves rapaces que se aproxima a nuestra ubicación.

Lo confirmamos cuando a través de nuestros binoculares las observamos también. Es como un enjambre de insectos que se mueve en forma de remolino —llamado vórtex o vórtice por los especialistas—, girando alrededor de un eje común que avanza mientras se eleva.

A medida que se aproximan, cuando ya han alcanzado cierta altura, las aves aprovechan la fuerza adquirida en el vórtice para lanzarse hacia el frente formando una línea que asemeja un pequeño arroyo o río y, sólo entonces, cada uno de los tres contadores —los chicos encargados de contar a las aves— toman en sus manos un “clickeador” —pequeño aparato manual que sirve para llevar la cuenta de las aves— y empiezan a tratar de contar —a estimar— el número de individuos de cada especie que identifican tan sólo viendo la silueta de cada ave, ¡son verdaderos expertos en identificarlas a distancia! Las aves vuelan bajísimo: son miles de ellas, en su mayoría aguilillas de ala ancha, aunque en el mismo grupo pueden verse zopilote cabeza roja y aguilillas de Swainson.

Los contadores dividen la cúpula celeste en tres partes equivalentes de manera arbitraria —parte izquierda, parte central y parte derecha— y cada uno de ellos se concentra en su parte. Aparecen más grupos de aves, se acercan de manera rápida y en pocos minutos el cielo se encuentra tapizado: es un verdadero río de rapaces que obliga a los chicos a contar las aves en grupos de diez o más individuos. Varios observadores de aves de distintas nacionalidades —incluyendo mexicanos, por supuesto—, armados con telescopios, binoculares y cámaras fotográficas, llegan al lugar y observan maravillados el espectáculo.

Es pasado mediodía y el número de aves va disminuyendo, algunos grupos vuelan dispersos pero lo hacen tan cerca de nosotros que podemos verlos e identificarlos sin ayuda de binoculares. Hacia las dos de la tarde, no se observan aves en vuelo, sin embargo, los contadores, con toda su experiencia, nos recomiendan que regresemos al pueblo de Chichicaxtle —palabra náhuatl que significa “ortiga”, una planta urticante que abunda en ese lugar—, ya que por la tarde será posible ver más aves allá. Esto es, según explican, debido a que los vientos empiezan a soplar hacia el oeste a medida que avanza el día, empujando las aves en esa dirección, la misma donde se encuentra “Chichi” —como de cariño le decimos a Chichicaxtle.
 
 
Conteo en Chichicaxtle
 
 
Después de tomar el autobús de regreso a “Chichi”, llegamos y nos dirigimos apuradamente a la torre de observación de PRONATURA, que se encuentra ubicada entre un campo de fútbol y uno de beisbol —los cuales, en los fines de semana de la temporada de migración, se llenan de deportistas y fanáticos formado un cuadro singular: emocionantes tardes futboleras y beisboleras en las canchas y espectaculares vuelos de rapaces en el cielo. La torre cuenta con un salón multiusos y tienda de “souvenirs” en su planta baja y en la planta alta con una gran plataforma cubierta con una lona —para proteger a los observadores del inclemente Sol—, en donde la visibilidad es perfecta en 360 grados. Efectivamente, los contadores que ahí se encuentran empiezan a ver grupos de aves aproximándose desde el este, y pronto las tenemos muy cerca de nosotros.

Nuevamente somos privilegiados al tener miles de aves rapaces sobrevolándonos, algo que difícilmente olvidaremos porque nos sensibiliza acerca de lo que la naturaleza aún tiene por enseñarnos.
Además de rapaces, también vemos grupos grandes de pelícanos blancos, cigüeñas y anhingas americanas que se encuentran en ruta de migración. Al momento de ponerse el Sol, vemos grupos de rapaces descendiendo a las sierras cercanas —provistas de bosques— para descansar durante la noche; estas aves proseguirán al día siguiente su travesía hacia el sur. Al final de la jornada los contadores harán la suma final de aves observadas en los dos sitios de conteo; el resultado obtenido será de más de 450 mil individuos, una cantidad realmente impresionante.
 
Cansaburro
 
Al otro día, muy temprano en la mañana, salimos de Chichicaxtle a Cardel y posteriormente de ahí al pequeño pueblo de San Isidro —municipio de Actopan, Veracruz—, en donde viven nuestros compañeros anilladores. De ahí nos dirigimos a la estación de anillado de Cansaburro. Otro de los componentes fundamentales del proyecto VRR es la captura y anillamiento de distintas especies de aves de presa —esto con fines estrictamente científicos—, lo que ayudará a rastrear sus movimientos —si estas aves son capturadas más al sur— y conocer datos acerca de sus condiciones físicas para de esta manera entender mejor el fenómeno de la migración.

Vamos en la camioneta por la carretera costera y tomamos una desviación que nos lleva por un camino de terracería —bueno para observar iguanas, codornices y aves acuáticas entre los humedales—, que después de unos diez minutos desemboca en la entrada de la pequeña zona de conservación privada de Cansaburro. A propósito de esto, uno de los chicos comenta que el cerro debe su nombre a que, en tiempos pasados, la única manera de llegar a ese lugar era montando en burro y  el camino era tan pesado que incluso el burro se cansaba al subir. De allí caminamos cuesta arriba otros diez minutos por una gran duna de arena y llegamos a una pequeña casita hecha de palma y bejuco que funcionaría como nuestro escondite durante un día completo. El paisaje es bellísimo: a un lado está la playa y el mar, al frente la laguna de La Mancha con sus manglares, y al otro lado la sierra.

Los anilladores —los chicos que se encargan de armar y operar las trampas, capturar a las aves y anillarlas— son gente con bastante experiencia a pesar de su juventud, ya que se involucraron en el proyecto desde que eran unos niños. Gran parte de la mañana se va entre broma y broma, hasta que alguno de nosotros divisa a lo lejos una rapaz solitaria, entonces los chicos empiezan a jalar un par de tensores que van enganchados a un arnés, el cual a su vez está sujeto a una paloma común.
 
La paloma sube y se mueve erráticamente —simulando estar herida— a medida que uno de los atrapadores jala los hilos—los tensores— y de esta manera atrae a la rapaz, un gavilán pechirrufo hambriento; en cuanto éste se posa sobre la paloma y la atrapa justo en medio de la trampa, el anillador acciona la misma y se cierra, capturando al ave que, en su afán de escapar, libera a la paloma, la cual sale indemne gracias a su arnés protector. Es un momento de emoción muy grande y, mientras uno de nosotros la mide y la anilla, van cayendo en las trampas de arco decenas de otras rapaces, principalmente gavilanes pechirrufos y estriados.

Durante el día entero es posible ver en migración legiones de libélulas y mariposas que pasan sin cesar, además de grupos inmensos de palomas de ala blanca, tiranos tijereta, colibríes y arroceros que vuelan muy cerca de la costa. Vemos algunos halcones solitarios volando; uno de los anilladores mueve un señuelo —paloma— y atrae a un pequeño halcón esmerejón que se enreda en una red niebla, quedando capturado en ella.
 
Al final del día, un hermoso ejemplar de halcón peregrino surca el cielo; esta especie es muy difícil de atrapar, pero nada es imposible para nuestros experimentados, tenaces y pacientes atrapadores, ya que después de veinte minutos —durante los cuales el ave se acerca y se aleja en busca de su presa—, para beneplácito de todos, el halcón es capturado. A su vez, las fotos capturan la magia del momento y la belleza de un depredador perfecto.
 
Temporada de rapaces
 
Cada año, desde finales de agosto hasta mediados de noviembre —es decir, durante el otoño—, el estado de Veracruz es sede de la migración de millones de aves rapaces. Por la cantidad de individuos, este lugar es el número uno a nivel mundial, con un promedio de cinco millones de aves en cada temporada. Vale la pena conocer el proyecto Veracruz Río de Rapaces de PRONATURA y ver con ojos propios un auténtico milagro natural. Recuérdalo, el próximo otoño 2013, tenemos una cita ornitológica en la zona central del estado de Veracruz.
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Omar Suárez García
Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa.


Fernando González García
Red de Biología y Conservación de Vertebrados,
Instituto de Ecología A. C.
     
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Entrada109B08 
Manifiesto
Nicanor Parra
   
   
     
                     
Señoras y señores
Esta es nuestra última palabra.
—Nuestra primera y última palabra—:
Los poetas bajaron del Olimpo.
 
Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.
 
A diferencia de nuestros mayores
—Y esto lo digo con todo respeto—
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.
 
Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.
 
Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.
Éste es nuestro mensaje.

Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
 
Todos estos señores
—Y esto lo digo con mucho respeto—
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.

Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.
 
Nosotros repudiamos
La poesía de gafas oscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.

Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.
 
No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.
 
Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se refractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es otra cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.
 
Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.
 
Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
«Libertad absoluta de expresión».
 
Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.
 
¡Qué lo van a asustar con poesías!
La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Éste es nuestro mensaje
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.
 
Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
—Y esto sí que lo digo con respeto—
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.
 
Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
—Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos—
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.

Los poetas bajaron del Olimpo.

  articulos

(1963)

     
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Nicanor Parra
Físico y poeta chileno.
     
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El arte conceptual
de un físicopoeta
César  Carrillo Trueba
   
   
     
                     
En diciembre del año pasado, en el marco de la Feria
Internacional del Libro de Guadalajara, por ser Chile el país invitado se rindió un homenaje a Nicanor Parra, poeta y científico que ha dedicado su vida a ambas actividades con gran ahínco, tratando siempre de tender puentes entre ellas, ya sea introduciendo la poesía en los cursos de las áreas de ciencias e ingeniería en la Universidad de Chile, o bien retomando ideas y metáforas de la ciencia en su poesía. En el marco de dicho homenaje se montó una exposición que retrazaba su trayectoría, en donde, para sorpresa de muchos, se presentaba también su trabajo como artista conceptual; obviamente, no podía 
faltar la ciencia.
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  articulos
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César Carrillo Trueba
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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del bestiario
       
 
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Entrd109B07 
Murciélagos:
desconocidos visitantes
nocturnos de las flores
Pedro Adrián Aguilar Rodríguez
   
   
     
                     
Los murciélagos o quirópteros (Chiroptera, “mano alada”
en latín) son los únicos mamíferos capaces de volar y forman uno de los grupos animales más diverso y numeroso en especies —el segundo más grande, con casi 1 230, sólo precedido por los roedores. Contradictoriamente, no sabemos mucho sobre ellos y, en general, muy pocos conocen las funciones que desempeñan en el ambiente, sus características y su variada dieta.

Existen murciélagos que consumen insectos (insectívoros), frutos y a veces hojas (frugívoros), pequeños animales (carnívoros), peces (piscívoros), los que se alimentan de sangre (hematófagos) —y que en mucho colaboran a la mala fama en general de los murciélagos—, y aquellos que integran su dieta de esa agua azucarada que secretan las flores, el néctar (nectarívoros), aunque también pueden consumir el polen que hay en las flores.

En América, a los nectarívoros se les denominan murciélagos glosofaginos, y son nombrados así por Glossophaga —en latín, “que se alimenta con la lengua”—, el nombre científico de un género con muchas especies, muy comunes en Centro y Sudamérica, incluyendo México, cuyas características más notorias son el hocico, la lengua y la manera de volar, que en conjunto no sólo determinan su forma de alimentarse, sino también las relaciones que establecen con las plantas de las que extraen el néctar.

Los murciélagos tienen un hocico diferente según el alimento que consumen, y en el caso de los nectarívoros es alargado y delgado, el equivalente al pico de un colibrí; les es útil para poder hacerle camino a su cabeza al interior de la corola de la flor y así llegar al néctar que generalmente se encuentra en lo profundo, y tiene muy pocos dientes, lo que da cabida a una gran lengua, tanto que puede llegar a tener el tamaño del cuerpo del murciélago y, según Muchhala, hay una especie que la tiene tan larga (85 milímetros, 150% el largo del cuerpo) que parte de la misma se guarda en una clase de “forro” de tejido blando dentro de su pecho. En su punta se encuentran algunas papilas (como las que al humano le permiten saborear) en forma de vellos, que le ayudan a absorber el néctar cual esponja en cada movimiento de la lengua.

Haciendo una analogía, el hocico de los glosofaginos funcionaría como un popote que los deja alcanzar el fondo de un vaso largo en donde se encuentra el néctar; en medio del popote la lengua serviría como una tira elástica que baja por dentro rápidamente, con una esponja que se impregna del líquido antes de volver a subir.

En el colibrí el pico sería el popote, y dicha “similitud” se puede interpretar como producto de una “evolución convergente”, esto es, dos especies que poco tienen que ver, pero poseen características similares para resolver necesidades afines.
 
Para encontrar una flor de la cual alimentarse, los glosofaginos usan su visión nocturna —que, por cierto, es muy buena—, su olfato y su ecolocación, pero también pueden hallarlas usando señales visuales en el espectro ultravioleta y, de acuerdo con von Helversen y Winter, utilizan su ecolocación para distinguir cuando una flor tiene néctar (sería parecido a determinar si un vaso está vacío sólo con el eco que refleja al hablar cerca de él).

Una vez frente a la flor, los murciélagos pueden quedar suspendidos en el aire mientras se alimentan, al igual que los colibríes, lamiendo con su lengua el néctar muy rápidamente, demorando en cada visita menos de un segundo antes de pasar a otra flor —poco más de 300 milisegundos, según Tschapka y von Helversen.

Los glosofaginos tienen muy buena memoria y pueden recordar dónde se encuentra una determinada planta en floración y regresar a la misma en noches consecutivas, reconociendo el camino hacia la siguiente y así en sucesión, por grandes distancias en una sola noche (hasta cien kilómetros, de acuerdo con Horner y colaboradores). Esto origina frecuencias y patrones de visita a las flores muy reconocibles, que son “explotables” por las plantas para que los murciélagos polinicen varias de ellas, incluso si están muy separadas entre sí, lo cual constituye un factor clave en el ciclo de vida de las plantas que reciben la visita de los murciélagos.

Existen glosofaginos que pueden migrar grandes distancias en busca de sitios donde pasar los meses secos y fríos del año y en los cuales puedan tener a sus crías (las especies del género Leptonycteris viajan entre el desierto del norte y centro de México —en donde residen en otoño e invierno— y el sur de Estados Unidos). Para migrar siguen la floración de las especies que consumen en un área mayor (en el caso mencionado, los cactus columnares y los agaves), desplazamiento que beneficia el transporte de polen de las plantas en zonas donde las condiciones del ambiente son adversas y los polinizadores no son tan abundantes.

Estos murciélagos también se destacan por su poco peso (la mayoría no llega a treinta gramos, menos que algunos ratones), lo cual se piensa está asociado a sus necesidades energéticas; aun con ese peso, Voigt y colaboradores mencionan que tienen que consumir más de 150% de su peso en néctar por noche para mantener su calor corporal y sus funciones vitales. Sus necesidades de energía sobrepasan hasta en 60% las que tendría otro mamífero de un tamaño similar, y a la vez, es su talla la que propicia que tengan menor distribución que otros murciélagos, pues no pueden volar grandes distancias sin estar cerca de flores con néctar que consumir, por lo que, en su entorno tiene que haberlas en número considerable —característica que tiene implicaciones importantes en su conservación.
Las plantas “afines”
Las flores de las plantas que reciben a los murciélagos tienen una serie de estrategias para atraerlos: se abren de noche, los pétalos tienen colores claros que contrastan con el cielo nocturno, su olor es un tanto almizclado (con compuestos de azufre), están al alcance de un animal que vuela (alejadas del follaje o de espinas y ramas) y, por supuesto, tienen mucho néctar (diluido y rico en azúcares llamadas hexosas).

A una planta con flores con dichas características se le considera con un síndrome floral para murciélagos llamado “quiropterofilia” (con afinidad a los murciélagos). Los síndromes florales son el conjunto de características que nos indican qué tipo de animal es el que poliniza a tal planta y es una guía útil para las investigaciones científicas sobre la polinización.

Las plantas necesitan la visita de los murciélagos para llevar a cabo la polinización y éstos son eficientes por acarrear el polen en su pelo a grandes distancias (lo hacen mejor que los colibríes en ese sentido). Esto ha ocasionado que a lo largo de muchas generaciones las plantas conserven las características que los atraen y, a su vez, que los glosofaginos se vuelvan más hábiles encontrando y cubriendo con estas plantas sus necesidades alimenticias, como es el caso de los murciélagos que migran siguiendo la floración de los cactus columnares y los agaves.

La polinización por murciélagos parece ser tan buena para las plantas que, según Fleming y colaboradores, en América cerca de 44 familias de plantas tienen especies polinizadas por éstos y la lista sigue creciendo al incrementarse los estudios en el tema.
Especies en peligro
En el Neotrópico (región biogeográfica donde se encuentra México), von Helversen y Winter indican que los murciélagos polinizan entre 800 y 1 000 especies de plantas. Muchas de éstas tienen importancia para el ser humano, como los cactus y agaves; en todo el mundo se conocen aproximadamente 450 plantas económicamente importantes que dependen de los murciélagos para reproducirse o dispersar sus semillas.

En México se encuentran doce especies de murciélagos nectarívoros y entre ellas algunas son endémicas, esto es, que sólo las hay en el país (como Glossophaga morenoi y Musonycteris harrisoni) y otras migratorias (como Leptonycteris nivalis y L. yerbabuenae).
 
Desafortunadamente, debido a que tienen una distribución restringida, con bajas poblaciones en algunos sitios, además de la pérdida de su hábitat y de las plantas de las que dependen para alimentarse, en la actualidad hay cuatro especies amenazadas o en peligro de extinción en la lista mexicana de especies en riesgo (NOM059SEMARNAT2010).

Gran parte de los problemas que tienen éstos y otros murciélagos es que los lugares donde habitan son transformados, de zonas arboladas naturales, a terrenos cultivados, perdiéndose importantes sitios de descanso y fuentes de alimento para ellos, además de que las cuevas donde duermen durante el día son perturbadas, sufren de vandalismo y se ven llenas de basura.

Lamentablemente, las personas tienden a confundir a todos los murciélagos con “vampiros” dañinos para el ganado y transmisores de enfermedades, diezmándolos cuando son benéficos para el hombre y el ambiente, como es el caso de los glosofaginos, e incluso de los verdaderos vampiros, que tienen una función ecológica —hoy día hay formas más efectivas, diseñadas por investigadores, para controlarlos.

Para protegerlos, posiblemente la acción más efectiva sea educar a las personas mediante la divulgación acerca de la existencia y la importancia de estos murciélagos glosofaginos, las diferencias con el resto de los murciélagos, y que esto conlleve a que la gente respete las cuevas y árboles en donde descansan durante el día y protejan los hábitats de estos animales y de las plantas que visitan.

Mucho queda por decir sobre éstos y los demás murciélagos que habitan en los distintos ambientes de la Tierra —la Antártida es el único continente sin ellos. Cada grupo tiene sus características propias que los hace valiosos para el ambiente y, potencialmente, para nosotros.

Aún se desconoce la importancia real que tienen los glosofaginos en nuestros procesos productivos (en qué medida su presencia en un lugar impacta la producción de nuestros cultivos) o la forma en que interactúan con el resto de plantas y animales en el ambiente. Ignoramos las repercusiones que traería para el medio natural la desaparición de ellos, y no podemos sino estimar que la cantidad de especies que se verían afectadas o desaparecerían por la ausencia de estos importantes animales serían muchas.

Los glosofaginos pueden servir de ejemplo para que nos cuestionemos todas las malas concepciones que tenemos sobre los murciélagos, el por qué de protegerlos, que logremos modificar nuestra visión de un grupo tan importante. No sólo las plantas pueden ser “quiropterófilas”, también nosotros.
  articulos

Referencias bibliográficas

Altringham, John. 1996. Bats: Biology and Behaviour. Oxford University Press, Nueva York.
Fleming, Theodore, Cullen Geiselman y W. John Kress. 2009. “The evolution of bat pollination: a phylogenetic perspective”, en Annals of Botany, vol. 104, núm. 6. pp. 1017-1043.
Horner, M. A., T. H. Fleming y C. T Sahey,. 1998. “Foraging behavior and energetics of a nectar-feeding bat, Leptonycteris curasoae (Chiroptera: Phyllostomidae)”, en Journal of Zoology, vol. 244, núm. 4, pp. 575-586.
Muchhala, Nathan. 2006. “Nectar bat stows huge tongue in its rib cage”, en Nature, vol. 444, núm. 7. pp. 701-702.
Tschapka, Marco y Otto von Helversen. 2007. “Phenology, nectar production and visitation behaviour of bats on the flowers of the bromeliad Werauhia gladioliflora in a Costa Rican lowland rain forest”, en Journal of Tropical Ecology, vol. 23, núm. 4. pp. 385-395.
Voigt, Christian, Detlev Kelm y G. Henk Visser. 2006. “Field metabolic rates of phytophagous bats: do pollinator strategies of plants make of nectar- feeders spin faster?”, en Journal of Comparative Physiology B, vol. 176, núm. 3. pp. 213-222.
Von Helversen, Otto y Y. Winter. 2003. “8. Glossophagine Bats and Their Flowers: Costs and Benefits for Plants and Pollinators”, en Kunz, Thomas H. y M. Brock Fenton (eds.), Bat Ecology. The University of Chicago Press, Chicago.
Wilson, Don E. 2002. Murciélagos: Respuestas al Vuelo. (J. Galindo-González, trad.). Universidad Veracruzana, Xalapa.

     
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Pedro Adrián Aguilar Rodríguez
Centro de Investigaciones Tropicales,
Universidad Veracruzana.
     
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del atril
       
 
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Entrada109B06 
Corrido de
don Lupe Posadas
Efraín Huerta
   
   
     
                     
Año de cincuenta y dos,
fecha que tengo grabada,
se celebró el centenario
de Guadalupe Posada.
En el barrio de San Marcos
del merito Aguascalientes,
Lupe aprendió a trabajar
en medio de los valientes.
Fue creciendo muy correcto
de espíritu y corazón,
hasta que vino a quedarse
allá en la ciudad de León.
Lupe era un hombre de paz
y jamás usó cuchillo.
Por eso lo querían tanto
por el rumbo del Coecillo.
Fue luego que retrató
la gran catedral de León,
cuando tuvo que salirse
después de la inundación.
Vuela, vuela palomita,
vuela si sabes volar,
ven a ver a Guadalupe
que ya está en la Capital.

Aquí siguió trabajando
en su taller de grabado.
Ilustraba los Corridos
de Vanegas afamado.
A don Lupe lo querían
cargadores y porteras.
Por eso hasta le pelaban
los dientes las calaveras.
No dejó ladrón sin pena
ni títere con cabeza.
Era una de sus virtudes:
su honradez y su franqueza.
¡Ay cúpula de Loreto,
torres de la Catedral!
Dicen que viene Madero,
quién sabe qué va a pasar.
Cortas se le hacen las noches
y muy chiquitos los días.
Hizo veinte mil grabados,
veinte mil litografías.
Vuela, vuela palomita,
vuela por montes y llanos.
No te vaya a hacer en mole
Don Chepito el Mariguano.

¡Cómo estarán los infiernos
que los diablos andan fuera!
Por todo México está
muy fuerte la balacera.
A don Lupe no lo asustan
políticos ni hambreadores.
Por eso lo han apodado
"El Rey de los Grabadores".
A los niños y a los pobres
Posada tendía la mano,
y fustigaba muy duro
a la feroz Bejarano.
Incendios, riñas y crímenes,
y hasta el famoso temblor,
todo pasó por sus manos
con entusiasmo y fervor.

A todos hacía una sátira,
de todos era el azote.
¡Bonita la "calavera"
del famoso Don Quijote!
Vuela, vuela palomita,
vuela si tienes con quién.
Ve a saludar a don Lupe
a la cárcel de Belén.
Ya salió libre don Lupe,
y como era de valor
siguió atacando macizo
al anciano Dictador.
Generales y soldados
por allí pasaron lista.
Hay un grabado llamado
"Calavera Zapatista".
A Huerta lo retrató
como feroz alimaña.
A traidores y tiranos
los fustigaba con saña.
¡Ay fifís de la Alameda,
lagartijos de Plateros!
Si no se andan con cuidado
don Lupe los deja en cueros.
Miedo le tenían los ricos,
los pobres mucho cariño.
Como era un hombre
del pueblo tenía corazón de niño.
Murió en el año de Trece
en medio de triste lloro.
En su chaleco pusieron
la bella leontina de oro.
Vuela, vuela palomita,
vuela cargada de flores.
Ya se llevan a don Lupe
para el Panteón de Dolores.
Ya con esta me despido,
con la flor de la granada.
Aquí se acaba el corrido
de Guadalupe Posada.
     
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Efraín Huerta
Gran poeta mexicano (1914—1982).
     
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del habla
       
 
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Entrada109B05 
El signo
Juan Carlos Zavala Olalde
   
   
     
                     
El mundo lo conocemos por medio de nuestros sentidos y por
la interpretación que el cerebro hace de lo que aquellos sentidos le proporcionan. Otra forma de hablar de este proceso del conocimiento es decir que conocemos el mundo por medio de signos. Entonces resulta llamativo aprender lo que es un signo para saber con claridad nuestro modo de conocer el mundo. Porque, por si fuera poco, también es con signos como los seres humanos nos comunicamos, no sólo sobre las cosas del mundo, sino también lo que ocurre en nosotros mismos, en nuestro interior.

Existen dos propuestas dominantes sobre lo que es un signo. La primera, dada por Saussure, dice que el signo es la unión indisociable de un significado o concepto y un significante o producción sonora, y esa unión es tal, que parecen las dos caras de una misma moneda. La otra propuesta fue desarrollada por Pierce, para quien un signo es el resultado del proceso de semiosis de tres elementos: un representamen, la forma que el signo toma, un interpretant, que no es el intérprete sino el sentido que el signo genera, y un objeto, que es aquello, más allá del signo, al cual se refiere.

En ambas nos encontramos con una unidad por la cual conocemos el mundo. El carácter de unidad, ya sea dicotómico en Saussure o tríadico en Pierce, se da entre un contenido, un elemento que es el signo con el cual conocemos, y una forma material del mismo con la que nos comunicamos. Si bien los autores mencionados propusieron modelos muy valiosos, considero que es muy comprensible y 
didáctico conocer el signo a partir de un esquema sencillo (figura 1).
 
 figura1109B05
 Figura 1. El signo y su relación con el referente
 
El signo es todo lo contenido dentro del círculo y, como un todo, se refiere a la unidad del signo. En su interior encontramos la unión de tres elementos, de ahí que sea un triángulo el que los represente gráficamente, y ésta se da por la semiosis, un proceso mental que depende de la facultad de generar signos, propia de nuestra especie, al punto que por ella Daniel Chandler nos llama Homo significans, constructores de significado. La semiosis entonces permite que un significado, un significante y el pensamiento en la mente se unifique en un único todo. Para que esto sea posible debe darse también un proceso de relación entre el significado o contenido conceptual y el significante, relación que recibe el nombre de significación y que es, desde luego, fundamental porque provee un significado, un valor de verdad y una relación del signo con un referente.

El referente es una cosa del mundo, un proceso, una función o una relación, ya sean reales o de cualquier mundo posible, y se encuentra ligado por líneas que dependen del contexto cultural y ontogénico del desarrollo del signo. Así que el signo se relaciona con el referente dependiendo del aprendizaje cultural que tenemos del mundo.
 
El signo es entonces esa unidad que existe en nuestras mentes, es lo que utilizamos al pensar el mundo y para comunicarnos. Incluso, es de tal valor que cada una de las palabras de este texto son signos y mediante ellos hemos buscado comprender qué es un signo. Esto se debe a que no existe un solo modo de ser de los signos, sino al menos tres modos de ser.
 
Según Pierce, los tres modos de ser de los signos son: como íconos, como índices y como símbolos. La diferencia entre los modos de ser de los signos radica en su grado de arbitrariedad, la cual está señalada en la figura con la conexión que hacen las líneas entre el referente y el signo, y quiere decir hasta qué punto un signo es semejante y recuerda al referente (el modo icónico de ser del signo, como la maqueta de un edificio), hasta dónde el signo tiene una relación causal o física entre el referente y el significado (el modo indiciario de ser del signo, como un dolor que es señal de que algo pasa en el cuerpo) y hasta donde la relación entre el referente y el signo es una convención social (el modo simbólico del ser del signo, como las palabras de este texto).
 
En síntesis, es por los signos y sus modos de ser que conocemos el mundo, aprendemos de él, nos comunicamos entre nosotros.
Finalmente vivimos construyendo un mundo de signos de forma tan natural que pocas veces reflexionamos en que así es nuestra cotidiana forma de vida.
  articulos
Referencias bibliográficas

Chandler, Daniel. 2002. Semiotics: the Basics. Routledge, Londres. 2007.
Peirce, Charles S. 1986. La ciencia de la semiótica. Nueva Visión, Buenos Aires.
Saussure, Ferdinand. 1916. Curso de lingüística general. Fontamara, México. 1998.
     
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Juan Carlos Zavala Olalde
Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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del tesauro científico
       
 
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Entrada109B04 
¿No oyes gañir
a los perros?,
la denominación
de las voces animales
 
Mauricio López Valdés
   
   
     
                     
Al igual que ocurre en otras lenguas, en español buena parte
de las palabras que denominan las voces de los animales proceden de onomatopeyas, esto es, de la imitación humana del sonido de algo, en este caso, del que emiten determinados animales. Generalmente, las onomatopeyas varían de una lengua a otra, a menos que haya un origen común en una tercera lengua, por ejemplo, el ladrar del perro o el graznar del cuervo provienen, respectivamente, de los vocablos latinos latrare y gracitare, de los cuales también derivaron las palabras italianas latrare y gracidare, y las portuguesas grasnar y ladrar. En francés, sin embargo, los equivalentes léxicos son croasser y aboyer, si bien el gañido o quejido agudo y fuerte de los perros se denomina glapir, pues proviene —al igual que el correspondiente vocablo en español— del latín gannire.

Además de nombrar las voces de los animales, esta clase de palabras ha generado múltiples sentidos que se aplican a los seres humanos, ya en determinadas situaciones o para denominar ciertas conductas, y de ello hay muchas muestras en frases populares e incluso refranes: Le rugen los pies (o los patines); Más que hablar, glugluteaba; No paraba el cuchicheo en clase; Se la pasó ladrándole al conserje; No rebuzna porque no sabe la tonada; No paraba de berrear; Pajarico que escucha el reclamo, / escucha de su daño; Cacareaba el abad nuevo, / cacareaba y no tiene huevo...


Hay casos en que se da nombre al sonido que emite un animal en determinada situación o estadio del crecimiento, como verraquear, fufar, latir, piar y guañir. En ocasiones, esas palabras se incorporan
a tal grado al lenguaje común, que se desdibuja o pierde su origen. Un ejemplo de ello es la frase “me late”, que se dice ante algo que nos resulta agradable y/o posible, y que lo percibimos favorablemente con antelación. Suele considerarse que dicha frase proviene del palpitar del corazón, del latido en un sentido figurado, como algo que es perceptible o presentido. Sin embargo, es probable que el origen de tal frase se halle en la conducta y manifestación sonora de ciertos canes: ese ladrido entrecortado del perro de caza al descubrir la presa (lo cual excluye la otra manifestación del latido canino, que es cuando le acomete un dolor), indicando así que ha identificado su objetivo y su rumbo, y se halla entusiasmado al prever la buena consecución de su labor.

En la siguiente sección del presente texto he reunido los distintos vocablos que, en español, denominan las voces de algunos animales, tanto la voz en sí como la que corresponde a estadios específicos del crecimiento o a situaciones específicas. Debido a que en varios casos existe la forma sustantiva pero no la verbal, o viceversa, he indicado con un asterisco las palabras que no registran los diccionarios usuales en nuestra lengua pero que yo propongo incorporar; para ello, me he basado en las propias estructuras de nuestra lengua, considerando también el uso del español hablado.
 
 
Nombres de las voces de los animales
abeja:
abejorreo, zumbido; abejorrear, zumbar.
águila:
chillido; chillar.
alondra:
trisar.
asno:
véase burro.
autillo:
ululato; ulular.
ave:
canto, gañido, reclamo, ululación; cantar, gañir, reclamar, ulular.
ballena:
canto; cantar.
búho:
chucheo*, graznido, ululato; chuchear, graznar, ulular.
burro:
rebuzno, roznido; ornear, rebuznar, roznar.
caballo:
bufido, estufido, relincho, hin; bufar, relinchar.
cabra:
balido; balar.
canario:
canto, gorjeo; cantar, gorjear.
carnero:
balido; balar.
cerdo:
chillido, gruñido, verraqueo*; chillar, gruñir, verraquear. | lechón: guañido*; guañir.
chacal:
aullido; aullar.
chapulín:
canto; cantar, estridir.
chicharra:
chirrido, chicharreo*, garlido; chirriar, chicharrear, garlar.
ciervo:
balido, brama, bramido, rebramo; balar, bramar, rebramar.
cigarra:
canto; cantar.
cigüeña:
crotorar.
cisne:
graznido, voznido*; graznar, voznar.
conejo:
chillido; chillar.
cordero:
balido; balar.
coyote:
aullido; aullar.
cuclillo:
cucú; cuquiar*.
cuervo:
graznido, urajeo*; crascitar, croajar, croscitar, grajear, graznar, urajear, voznar.
delfín:
chasquido, silbido; chasquear, silbar.
elefante:
barrito; barritar.
gallina/gallo:
cacareo, cacaraqueo; cacarear, cacaraquear. | gallina: cloqueo; cloquear. | gallo: canto; cantar. | pollo: piada; piar.
gamo:
balido, gamitido, ronca; balar, gamitar, roncar.
ganso:
graznido; graznar.
gato:
bufido, fu, fufo, maullido, maído, marramao, mayido, ronroneo; bufar, fufar, maullar, marramizar, ronronear.
gaviota:
graznido; graznar.
golondrina:
chirrido; chirriar, trisar.
gorila:
gruñido; gruñir.
gorrión:
gorjeo; gorjear.
grajo:
graznido, urajeo*; graznar, urajear, voznar.
grillo:
canto, chirrido, garlido; cantar, chirriar, garlar, grillar.
guajolote:
glugluteo, titeo*; gluglutear, titar.
guepardo:
himplar.
halcón:
gañido; gañir.
hiena:
aullido, risa; aullar, guarrear, reír.
jabalí:
arruación*, gruñido, rebudio; arruar, gruñir, guarrear, rebudiar.
jilguero:
gorjeo; gorjear.
león:
rugido; rugir.
liebre:
chillido; chillar.
lobo:
aullido; aullar, guarrear, otilar.
loro:
habla, garridura; hablar, garrir.
mono:
chillido; chillar. | mono zaraguato: aullido; aullar.
mosca:
zumbido; zumbar.
mosquito:
zumbido; zumbar.
mula:
hin, rebuzno, relincho; rebuznar, relinchar.
oso panda:
gruñido; gruñir.
oso:
gruñido; gruñir.
oveja:
balido; balar.
pájaro:
canto, gorjeo, trino; cantar, gorjear, trinar.
paloma:
arrullo, cantaleo*, gemido, zureo; arrullar, cantalear, gemir, zurear.
pantera:
himplar.
pato:
graznido; graznar, parpar.
pavo:
véase guajolote.
perdiz:
ajeo, cuchichí, titeo; ajear, chuchear, cuchichiar, serrar, titear.
perro:
aullido, gañido, gruñido, ladrido, latido, regaño; arrufar, aullar, gañir, gruñir, ladrar, latir,
regañar.
rana:
canto; cantar, charlear, croar, groar.
rata:
chillido; chillar.
ratón:
chillido; chillar, musitar.
ruiseñor:
gorjeo; gorjear.
sapo:
canto; cantar, croar.
serpiente:
silbo; silbar.
tigre:
rugido; rugir.
toro:
bramido, bufido, estufido, frémito, mugido; bramar, bufar, mugir. | becerro: berrido; berrear.
tórtola:
arrullo, gemido; arrullar, gemir.
urraca:
graznido; graznar.
vaca:
bramido, estufido, frémito, mugido; bramar, mugir. | becerro: berrido; berrear.
zaraguato:
véase mono.
zorro:
tauteo; tautear*.
* Las palabras que no registran los diccionarios usuales en nuestra lengua pero que yo propongo incorporar
 
 
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Referencias bibliográficas

Casares, Julio. 1990. Diccionario ideológico de la lengua española. Gustavo Gili, Barcelona.
Corominas, Joan y José A. Pascual. 1991. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Gredos, Madrid.
Frenk, Margit. 2003. Nuevo corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos xv a xvii). Facultad de Filosofía y Letras, unam, El Colegio de México, fce, México.
Miguel, Raymundo de. 1897. Ed. facs. [Sáenz de Jubera, Hermanos, Madrid.] Nuevo diccionario latino-español etimológico. Visor Libros, Madrid. 2000.
Moliner, María. 1991. Diccionario del uso del español. Gredos, Madrid.
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Seco, Manuel, Olimpia Andrés y Gabino Ramos. 1999. Diccionario del español actual. Aguilar, Madrid.
     
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