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Plantas carnívoras Jaime Jiménez
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Las plantas carnívoras viven en sitios donde existe poco nitrógeno, de modo que lo obtienen de los animales pequeños; para la captura, las plantas poseen variados dispositivos, a saber: Las hojas de Drosera tienen emergencias semejantes a tentáculos cuyo ápice segrega gotas pegajosas donde quedan atrapados los animalillos. Un caso similar se presenta en las especies de Pinguicola, de las montañas de México, cuando la carne de los insectos es disuelta por los fermentos segregados por glándulas digestivas y absorbida por pelillos especiales. Utricularia es un género con especies acuáticas sumergidas; tiene hojas en forma de vejiga cuya apertura presenta cerdas especiales que al ser tocadas por animales acuáticos forman corrientes de succión y, una vez dentro, éstos miserables bichos son digeridos en la “panza vegetal”. Aunque en torno a las plantas carnívoras existen muchas leyendas, son incapaces de comer animales tan grandes como ratones o seres humanos, a menos que fueran liliputenses. |
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Jaime Jiménez
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| orión |
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| Agujeros negros y galaxias activas | ||||||||||
| Julieta Fierro | ||||||||||
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Los agujeros negros han despertado gran interés en los últimos años; son cuerpos cósmicos con un campo gravitacional tan intenso que nada, ni siquiera la luz, puede escapar de ellos. Aunque no se ha demostrado categóricamente la existencia de éstos. Descubrimientos recientes en astronomía indican que bien pueden ser una realidad; más aún, es probable que en ellos se encuentre la clave de algunos fenómenos que hasta ahora no han sido explicados satisfactoriamente, uno de los cuales es el de las galaxias activas, que actualmente estudia un grupo de investigadores del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM. El Universo está constituido por galaxias enormes conglomerados de estrellas, gas y polvo. Entre las galaxias que conocemos hay algunas, llamadas galaxias activas, que emiten cantidades extraordinarias de energía. La emisión de energía de una galaxia activa proviene principalmente de su parte central, una región conocida como núcleo. La cantidad de energía que sale de allí es decenas de veces mayor que la que emite una galaxia “normal” o promedio. Si tomamos en cuenta que una galaxia promedio, como la Vía Láctea, contiene alrededor de 100 mil millones de estrellas, muchas de ellas más grandes y poderosas que el Sol, podemos tener una idea de la fabulosa cantidad de energía que emana del núcleo de una galaxia activa. ¿Cuál es la fuente de esa energía? El modelo más aceptado en la actualidad propone que se trata de agujeros negros. En un estudio realizado por Deborah Dultzin, Irene Cruz y Luis Carrasco —investigadores del IA— se encontró una evidencia importante en favor de ese modelo. En el estudio se utilizaron satélites artificiales, ya que una parte de la radiación que emiten los núcleos de galaxias activas no traspasa la atmósfera terrestre. Los investigadores calcularon el tamaño del núcleo de una galaxia activa y encontraran qué es de la mitad del tamaño del Sistema Solar, aproximadamente. Esto indica que el núcleo es pequeñísimo en comparación con las dimensiones globales de la galaxia. El único objeto astronómico que puede hallarse en una región tan reducida y general al mismo tiempo las enormes cantidades de energía que se han detectado es un agujero negro. Los agujeros negros son cuerpos de gran masa y extremadamente densos; si pudiéramos concentrar toda la masa de la Tierra para obtener una densidad equivalente a la de uno de ellos, nuestro planeta tendría el tamaño de una canica. Los agujeros negros son gigantescas aspiradoras cósmicas: su campo gravitacional es tan potente que nada puede escapar a él, ni siquiera la luz, como ya se mencionó; esto significa que son cuerpos invisibles que no emiten ningún tipo de radiación. Ahora bien, pensemos en un agujero negro situado en el núcleo de una galaxia activa. Debido al intenso campo gravitacional del agujero, una gran cantidad de materia, principalmente gas y polvo, es forzada a fluir hacia él. A medida que las partículas de materia se van acercando al agujero negro, éste las atrae con más fuerza y la velocidad de las partículas aumenta. Como muchas partículas son atraídas al mismo tiempo, estas chocan entre sí a gran velocidad y liberan energía par fricción. A gran escala esa fricción produce no solo calor, sino también radiación, principalmente rayos X. A grosso modo ése sería el procesa por el cual se genera la energía en el núcleo de una galaxia activa. Hay que aclarar, sin embargo, que intervienen otras fenómenos de gran importancia, además de la fricción, que no es posible tratar aquí. El estudio de las galaxias activas es reciente y queda mucho por hacer. Es |
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* Nota aparecida en el Boletín Orión del Instituto de Astronomía, UNAM, mayo-junio de 1986. _____________________________________________________________ |
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| Algo sobre las orquídeas
Jaime Jiménez
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| Las estrategias de polinización de las orquídeas son innumerables y realmente increíbles. Es famoso el caso de imitación por las flores de Ophrys speculum porque asemejan a las hembras de una avispa de modo que el macho, al intentar copular, poliniza a las flores. Pero no es el único caso excepcional. Trichoceros antennífera de Colombia y Ecuador, imita las manchas luminosas que rodean el orificio genital femenino de la mosca Paragimnomma y así el macho va de flor en flor en busca de su hembra y sólo transporta polen. Para terminar, Coryanthes forma una copa o bolsa profunda con paredes resbalosas y por encima del recipiente 2 “cuernitos” dejan caer gotas de líquido embriagador hasta llenarlo; al llegar las abejas del género Euglossa resbalan a la “piscina natural” y sólo pueden salir por un corredor especial que las obliga a polinizar a la flor, si cae un insecto pequeño e inservible para la polinización simplemente perece ahogado. |
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Jaime Jiménez
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Plantas parásitas Jaime Jiménez
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Las plantas semiparásitas son capaces de sintetizar sus propios alimentos, pero extraen algunas sustancias del hospedero. En México hay varios géneros de angiospermas que parasitan a otras plantas, como las especies Arceutobium denominadas comúnmente “muérdago enano” que afectan a varios tipos de pinos deformándolos, o las géneros Phoradendron, Pssittacanthus y Cladocolea que tienen especies que viven sobre muchas especies de árboles tropicales a templados. Las plantas holoparásitas viven totalmente a expensas de la planta hospedera, como las especies del género Cuscuta, que invaden a muy diversas plantas cubriéndolas con sus tallos amarillos dando la apariencia de largos fideos. Y el caso extremo de parásitos tropicales que viven completamente incluidos dentro de los tejidos del hospedero y sólo forman externamente sus flores y frutos; es especialmente notable Rafflesia, del sureste asiático, que forma las flores más grandes del mundo: ¡un metro de diámetro! Finalmente existen orquídeas (en México Corralorhiza) que viven a costa de los hongos degradadores de los suelos forestales o el caso de la pipa de indio (Monotropa) que carece de clorofila y se sustenta a costa de un hongo asociado micorrízicamente con árboles y así vive indirectamente de éstos. |
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Jaime Jiménez
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| problemas y acertijos |
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| problemas y acertijos
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1. Escriba 2 números enteros en una hoja, uno seguido del otro. Al primero divídalo entre 2 (descartando residuos) y al otro duplíquelo. Escriba los resultados justo abajo de cada número. Repita estos pasos hasta que en la columna de los números divididos entre 2 aparezca la unidad. ¿De qué manera puede obtener el producto de los números iniciales, haciendo una suma de algunos términos que aparezcan en las columnas? Ejemplo: 21 017
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| cuento |
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| Cartas a B
Diego Jauregui
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Hallazgo y traducción de Aladino Jáuregui 19 de febrero: Querida B: Mi cabina es muy estrecha. Entre tantos volantes y manubrios es imposible descansar. Imagínate, seis volantes para una sola dirección. ¿Cómo va todo por allá? Espero que las autoridades ya no estén levantando muros en tu departamento. Al unirme a esta expedición, B, nunca me imaginé que… espera. Me llaman por la cuarta pantalla. Debe ser el teniente Z. ¿Teniente? Aquí J. ¿Qué? ¡Maldición! ¡Arrójeles inmediatamente un litro de K-14! ¡Cambio y fuera! Era el teniente Z. Tenemos problemas en el ala Oeste con una avioneta llena de animales parecidos a los elefantes, pero delgados y todos diferentes entre sí. Seguramente los envía el Desconocido. No te comento más porque estas kartas pueden ser interceptadas, especialmente en la zona Ypsilon. 20 de febrero …de pésimo gusto, a la hora de la comida! ¿Qué? ¡Espere, que se están filtrando por el techo! Compermiso, voy a impedirlo con esta sustancia de mascar. Disculpa B, es que el sistema de kartas seme prende cada vez que hay un peligro fuerte. Pasaron por nuestro camino las nubes Triple Vé (Varias Veces Verdaderas), que son muy sutiles y te llenan de ideas la cabeza. Ya está. Lo logramos. Teniente, el general me acaba de decir que viramos de nuevo a la derecha. ¿Se encuentra bien? 21 de febrero Querida B: Me puse a dormir después de la lucha contra las nubes Triple Vé. Limpié la cabina y ahora veo un programa en la pantalla 11. Siempre transmiten esta antigua película sobre una mujer que se encuentra muy cerca con su marido por tercera vez. Al final se besan y se casan. La actriz es octovenusina y por cierto muy bella. ¿Cómo siguió la tía H? ¿Le trasplantaron el nervio simpático o se unió por fin a la Fuerza Mayor? Por sus economías temo lo segundo, pero de ser así creo que era lo mejor para todos. He descubierto que se puede tener una de las hamacas de rescate entre el volante 4N y el 12E. Tomaré mi froidizén. Buenas noches. 22 de febrero Querida B: Entramos en la Ruta de la Redención con el amanecer. A la entrada de la Ruta están dos columnas en forma de estatua (o estatuas en forma de columna) que hacen dudar a cualquiera que pasa a su lado. De repente tuvimos un frío crudo. La nave ingresó en lo que parecía una corriente fluvial que se hizo cada vez más fuerte y que nos arrastró hasta el centro de un remolino vertiginoso. Nos mantuvimos alerta y comunicados por todas las pantallas. Nuestras imágenes sintieron que giraban como en algún aparato de feria. Nos empezamos a ver ampuloso, mutilados. Sentimos de pronto que nos clavaban a unos palos y que nos vendían por unas cuantas monedas. Nos sentimos mal, pensamos que todos nuestros congéneres eran unos hijos de mala madre. Después fuimos redentores: el capitán, el teniente, tu servidor y todos pasamos a ser San Tal y San Tal Otro. Afortunadamente nos habíamos amarrado a ciertos lugares estratégicos, con las manos libres para manejar los controles, de manera que poco a poco logramos salir de aquél vértigo de imágenes. Después de ser santos fuimos monumentos donados, y después muchas otras cosas que no entendimos. Al salir del torbellino éramos de nuevo los sencillos ciudadanos de un país libre, momento en el cual nos desatamos y cantamos. 27 de febrero: Amada B: De los efectos de la Ruta de la Redención no han quedado sino una o dos pesadillas que en forma muy realista nos atolondran con visiones y apariencias de dolor. Las llamamos Interferencias P. También a veces tenemos dudas, pero traemos los aparatos adecuados para quemárnoslas. Vamos muy bien. Ahora nos disponemos a disfrutar en la 8 el programa “Recuerdos de ayer y hoy”. Mientras ponen melodías diversas, proyectan dinosaurios viendo la televisión, dinosaurios cocinando, dinosaurios bailando en un carnaval y dinosaurios llorando mientras entierran a sus muertos. Sabemos que son puras imágenes. Pasando a otro tema, me he estado acordando de las tías y de las primas. ¿Han crecido? ¿Les siguen restringiendo sus movimientos de traslación? Ya me entró el cansancio. Tenemos programado para mañana cruzar el Valle de los Erizos, que recorreremos mitad de día y mitad de noche, en la cual los Erizos centellean en clave. Esperamos que nuestro sistema traductor no nos falle. Nos vemos. 28 de febrero B: Hoy desperté pensando en ti (demostrable con radiografías). El día fue más o menos apacible. Nuestra mascota, el ganso Juan, amaneció sonámbulo, tambaleándose por los corredores, soñando quién sabe qué accidente de la historia terráquea. Seguramente lo alteraron las nubes Triple Vé. Desde mi cabina lo dirigí por medio de señales hasta la máquina analista de aves, que escucha al ganso Juan todo el tiempo. Al atardecer quisieron someternos las venusinas, pero les dimos a conocer nuestro olor 31 y eso las hizo desearnos. Nos tuvimos que sacrificar para evitar un enfrentamiento. Estoy en extremo fatigado. Que duermas bien. 29 de febrero (bisiesto) Querida B: Esta región nos ha mantenido un tanto aburridos. Se trata de una vasta zona cremosa que contagia su ociosidad. Lo mismo y lo mismo: ver jirafas y tigres como de peluche moviéndose entre los colores pastel de una cortina infantil. Ayer me tocó una variante especial: me equivoqué y abrí la puerta de “Damas” en los baños centrales. Me quedé paralizado: la compañera robot FEM-18 se acababa de lubricar, y estaba chorreando aceite por todas sus posibles articulaciones. Se sopleteaba con una especie de secador de pelo. Lo acercaba mucho a su cuerpo para quitarse los residuos de aceite. Creo que su actitud era de placer. La observé atentamente: toda ella se requebraba, como una actriz de moviola antigua. Escuchaba una música también antigua, denominada “Corazón Helado”. Mirándose en el espejo se puso crema en las antenas y se pasó las manos por sus conos de hojalata, con un dejo de vanidad. Se aplicó un taladro minúsculo en la mejilla. En un momento su mirada reflejada se cruzó con la mía, No pude sino sonreírle. Me comunicó: “puedes entrar”. Vibró cada una de mis células y di tímidamente un paso adelante. El piso relumbraba con el lubricante derramado. Ella misma se reflejaba en el charco que tenía debajo. ¡Qué divina criatura! Seguí avanzando. En algún momento vi que los focos que tiene bajo las axilas cambiaban de color: una sonrisa. Di dos pasos y más y por fin llegué hasta ella. Mis antebrazos cubiertos sintieron parte de lo que era su cuerpo. Posteriormente con toda la extensión de mis brazos sentí o creí sentir el calor tierno de la hojalata recién lubricada. Su cabeza giró 15°. Su tercera abertura (del rostro) se dilató ligeramente. Su oreja izquierda dio la hora. Mis ojos se abrieron más allá de los límites establecidos para estas zonas. La abracé y la besé. Y finalmente caí con ella al suelo en un abrazo de metal apasionado. En el momento de la caída te recordé. Al terminar todo emitió por su ranura (bucal) un papel que decía: “FEM-18 no te olvidará”. La besé en la frente y me quedé abrazándola mientras fumaba un cigarro. Te volví a recordar. También me acordé de nuestras últimas tardes en el barrio. Por lo demás, han reinado el aburrimiento y el sopor. Temo que después de esto venga algo terrible. Suele suceder en estos viajes. En algunas pantallas especiales se ha hablado de eso. Desde luego es confidencial y nada está confirmado. Sin embargo, hay en más de un tablero ciertos indicios sutiles. En una semana el horror podrá olerse en el aire. Mientras eso sucede estamos dedicados a escuchar música barroca por todas las bocinas. Esa música nos duerme. Buenas noches. 7 de marzo: B: Ha pasado una semana. Estamos nerviosos. Nadie se comunica con nadie. El general ha mostrado síntomas de miedo. Los signos en los tableros son cada vez más evidentes. 13 de marzo B: Se oscurecieron el lunes todas las ventanas. Después las plantas empezaron a dejar de funcionar. El sonido fallando. Una o dos puertas no se volvieron a abrir automáticamente. No más música barroca. 21 de marzo (primavera) Querida B: Hoy creí oír una música muy extraña. Desconozco su posible origen. Me molestó muchísimo. Llegué a notar cierto trastorno físico arriba de la ceja derecha. Bajó de volumen y desapareció en fracciones de segundo. Mientras me quedaba dormido anoche entendí que estamos bien cerca del peligro. Es algo así como una conciencia perversa que dormita serenamente fuera de la nave. A ese peligro se debe que ya no podamos ver por las ventanas. No se necesitan para conducir la nave, pero ennegrecidas ocasionan un estado mayor de nerviosismo. Los mensajes se transmiten solamente por audio. Si queremos hacerlo por las pantallas que quedan tienen que ser en cadena, ya que no todos podemos comunicarnos con todos. Me consuela tener el sistema de kartas aunque, sinceramente, me domina un estado depresivo combinado con miedo y algo parecido a la desesperanza. El peligro de allá afuera dejar sentir unos latidos roncos. Su segura fetidez se hace cada vez más densa. Nuestra situación es triste. No sentimos avanzar. Tengo ganas de ir por FEM-18 y enseñarle mis fotos de la Luna. 30 de marzo: B: Para ir al baño tengo que usar las escotillas debido a que mi puerta ha quedado atorada y no se abre ni manualmente. Hay que subir por una escotilla para llegar a donde está la compresora central y bajar por otra para llegar al baño, en lugar de pasar directamente. Mis pasos resuenan solitarios por el cuarto de máquina. Siempre temo que algo estará esperándome en la cabina a mi regreso. La compresora con los días se va haciendo aliada de lo que está allá afuera. Lo sé por el cambio de ruido que ha tenido. Antes parecía masticar pasto plácidamente, como una vaca feliz. Ahora sisea como una serpiente. O más bien emite el ruido de un nido de serpientes completo, que se pasan el tiempo tramando, urdiendo, confabulando. Cunado paso por ahí baja el volumen de su voz y atenúan sus resplandores. Pero aun en esos momentos siento que su maldad se intensifica. Puedo percibir cómo la Compresora Central es una pequeña parte del gran peligro que nos acecha. Al funcionar, tragar agua y mover sus elementos, la máquina pone en evidencia sus partes más ásperas y punzocortantes. Ayer al regresar a la cabina me encontré con que ya nadie puede comunicarse con el teniente Z. 6 de mayo (sin registro de kartas en 36 días) Querida B: Antier bauticé a la Compresora Central como “La Maldita”; ;ayer le cambié el nombre la “La Trotacementerios”, y hoy mejor la dejé “Muelecadáveres”. Se me descompuso temporalmente el sistema de kartas. Hubo desastre al entrar en la Última Zona Oscura. El ala Norte de los controles fue lanzada al vacío, desde donde se comunica con nosotros el general X. El mando de la nave lo tiene ahora el teniente general P, desde el ala Sur. Tuvimos que dejar apretados los botones UR (último recurso) y dejar robots vigías en las zonas de más posible acceso. Una noche, ya casi dormido, recuerdo haber oído el escándalo proveniente del ala Norte. Eran enormes diamantes que zumbaban en la oscuridad y rompían con limpidez los cristales de la unión con el ala Norte. Mientras los robots reforzaban y blindaban el ventanal atacado, llegó el segundo cristalazo por el ventanal opuesto. Los robots sobrevivientes se tuvieron que salir. El Registro Humano señala, en su resumen del 7 de abril: “He visto a los dos ventanales estrellarse y desaparecer. He visto a las provisiones que estaban en la unión con el ala Norte lanzarse pulverizadas al espacio. He visto a la unión con el ala Norte quedar reducida a techo, suelo y dos boquetes. He visto a techo y suelo quedar reducidos por el fuego. He visto la terrible separación. Ahora volamos en dos partes, en dos direcciones”. 9 de mayo B: Por las tres únicas pantallas que quedaron funcionando pude hilar el recurso de la catástrofe, en tres diferentes momentos. El ala Oeste recibió una herida mortal en el techo, y quedó llena de objetos conocidos flotando caóticamente: mesas, lámparas, espejos, maquillaje, fotografías, lápices, cajas de música y pasteles. El teniente Z también flotaba, sangrando por los oídos y con la mirada fija para siempre en un espejo. El teniente general P y yo lloramos por un interfono. Afuera, cosas enormes y oscuras se burlaban de nosotros. No vi nada en pantalla alguna por días hasta que se encendió la 10. Presencié una escena espeluznante: mármol cubriéndolo todo en el ala Sur. Metro y medio de mármol en estatuas, lozas, lavabos, tableros de ajedrez. Paseándose por el mármol, saliendo por los resquicios, aglutinándose, dispersándose, millones de sanguijuelas negras y húmedas, del tamaño de una mano. Afuera, algo murmurando lo que pasó como: “mármol para sus muertos”. Y una risa. Traté de comunicarme con P. Ningún micrófono servía. Subí por la escotilla y, al asomarme por el suelo del cuarto de la Compresora, vi que estaba roja, sedienta, y que se movía sigilosa. Me arrastré bajo la sombra de una lámina. Bajé por la otra escotilla, llegué hasta el baño, oriné, subí y me volví a arrastrar. Pero su cabeza tiró un chorro de luz sobre mi y entonces grité y ella extendió una tenaza sanguinolenta. Quedé herido en la sien izquierda. Llegué gateando a la otra escotilla, por la cual me tiré de cabeza. Caí sobre el hulespuma que protege las cajas de bulbos, justo para ver lo que la 6 mostraba: a una distancia de unos cinco metros de mí, en Ala Este, a la que pertenecía mi cabina era borrada como con goma de lápiz, y el espacio asomaba sonriendo carnosamente. Comprendí que todo estaba perdido. Recordé entonces que mi cabina pertenecía a una sección que es desarmable. Dando vueltas a una manivela que está en un rincón del suelo, comienza a contraerse un resorte inmenso que me une al resto de la nave. Al llegar la contracción al punto de zafar el seguro del resorte, éste se expande y la cabina sale disparada. No vi otra alternativa. Mientras hacía girar la manivela escuché afuera un verdadero estruendo de carcajadas. Me las arreglé para dar las últimas vueltas amarrado a una escalerilla. La separación fue escandalosa, violenta. Muchos objetos chocaron entre sí. 16 de mayo: Imposible ir más al baño. Adentro se oyen chapoteos y borbotones lúgubres. No me quiero imaginar en qué estará convertido. 23 de mayo: B: Temo que ésta se la última. Mis provisiones están por terminarse. Se encendió ya el botón MT: muerte del tripulante. Me mantengo con los controles a mi mando, espero, y sólo trato de abrir más los ojos, verlo y oírlo todo, sentir, dilatar más los poros de la piel. En estos momentos no me ha quedad más remedio que recordar. En mi mente flotan objetos conocidos, como en el ala Oeste. Sólo que el ala Oeste no sintió nada y yo siento algo distinto con cada cosa que pasa por mi cabeza. Hacía mucho tiempo que no tenía la sensación de altura. Ahora me siento como trepado sobre algo inmenso, como una vez que subí con mi familia a una montaña. Hasta abajo podría estar mi casa de la infancia, que no se ve por los nubarrones; más arriba mis hermanas mirando al cielo, como cuando me llevaban a volar papalotes. Después, de pronto, este peñasco que es mi ascenso a la nave. Ese hecho gris y tajante. Sé que este artefacto y yo seremos destruidos dentro de un rato. Pienso que me uniré con la Fuerza Mayor. Con ella te esperaré. Anoche soñé que me encontraba con cierta figura antigua (“Merlín”, creo), con quien tenía un diálogo absurdo: — ¿Se trata del universo? Estoy muy débil. Todo me pesa. Me voy a quitar el sistema de kartas y otras cosas innecesarias. Siempre te quise. Buenas noches. Nota: Las kartas en aquel lejano año fueron recibidas en el buzón luminoso de B quien, se piensa, las destruyó. La publicación de ellas ha sido posible gracias a la expedición de Aladino Jáuregui, que en algún punto del universo encontró la kaja* con sus duplicados, sumergida en un montón de chatarra y polvo. |
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* Unas kartas halladas en una kaja. _____________________________________________________________ |
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| microcine |
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| Sistemas de contrastado óptico
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Las técnicas de contrastado óptico han demostrado ser de gran utilidad en los estudios morfológicos en la Citología, Protozoología, Embriología, etcétera; sin embargo, el desconocimiento de las técnicas y sus principios ha provocado que sean poco usadas. En un interno por diversificar el uso y aplicación de estos sistemas de contrastado, se harán una serie de sugerencias sobre el manejo, implementación y aplicación de estos en Biología.
El sistema de iluminación oblicua, tangencial, también llamado microscopio de diafragma de luz lateral, es una forma de iluminación que —a mediados del siglo XIX— se incorpora a los microscopios. En su aplicación se trata de iluminar al objeto con sólo una sección del cono iluminador, de manera tal que los rayos alcancen al objeto con una inclinación y no perpendiculares al plano del objeto, como normalmente sucede en el microscopio cuando se ha ajustado la iluminación según los principios de Köheler. El resultado es una imagen rica en información estructural caracterizada por presentar zonas oscuras opuestas a la dirección de incidencia de los rayos y ello ocurre con aquellas estructuras poseedoras de un mayor índice de refracción comparativamente al medio que las rodea, mientras las estructuras con un menor índice de refracción con respecto al medio circundante aparecen cóncavas. La forma de lograr esta técnica de iluminación consiste en lo siguiente: si se tiene un microscopio de campo claro con condensador de Abbe, se coloca en el portafiltros un disco de algún material que impida et paso de la luz (puede ser de cartón o lámina) al cual se le hace una perforación excéntrica a modo de permitir que sólo una pare del cono de iluminación alcance al objeto. Este disco puede colocarse en la salida de la lámpara si el microscopio carece de portafiltros. El diámetro de la perforación y lo excéntrico de ésta variarán dependiendo del aumento y las condiciones particulares de cada objetivo y condensador, por lo cual para aplicarlo la primera vez será necesario elaborar ensayos previos. Si se tiene un microscopio con condensador equipado con diafragmas anulares para microscopía de contraste de fases, se puede lograr iluminación tangencial si se ilumina al objeto con el diafragma de campo claro, cerrando un poco más de lo requerido el diafragma de apertura y a continuación (sin dejar de asomarse a través del ocular) se gira el juego de diafragmas como si fuera a colocarse uno de los diafragmas anulares, dejando de moverse hasta el momento en que la imagen observada presenta el aspecto o el contraste buscado por el observador. Es importante recordar que este sistema muestra como desventaja principal el hecho de no ocupar completo el cono de iluminación, es decir, tiene menos apertura numérica y en consecuencia el poder de resolución es menor si se compara con el sistema de campo claro. |
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| La Mujer: Biología y Sociedad (2a. parte)
Erendira Alvarez y Ma. Cristina Fernadez
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Darwin y Wilson argumentan a favor de la inferioridad de la mujer
En la primera parte, publicada en el número 10 de esta revista, se inició la discusión del papel asignado a la mujer en cuanto a su posición humana y los diversos conceptos biológicos asociado a ésta. En esta segunda entrega pretendemos analizar lo dicho por algunos biólogos respecto a la condición social de los sexos. Más que haber hecho una selección a priori de los autores, fuimos buscando a quienes han abordado este tema a partir del terreno biológico. CARACTERIZACION DE LOS SEXOS EN LA ESPECIE HUMANA SEGUNA CHARLES DARWIN Con Darwin la biología adquiere su expresión plena cuando en el siglo XIX desarrolló la teoría de la evolución que planteaba un nuevo enfoque totalizante acerca de los problemas de los organismos vivientes. El carácter revolucionario de la obra de Darwin, como señala Prenant,1 es hacer de la biología una ciencia completamente digna de este nombre, La revolución biológica puede resumirse casi con el nombre de Darwin. El darwinismo afirma que el mundo vivo es resultado de la evolución, la cual se realiza por medios puramente materiales y que la especie humana es uno de sus productos; en consecuencia su origen es puramente material. Con Darwin la concepción de la especie humana cambia de manera radical; a partir de él dejaba de creerse en la creación divina. Debido a esto, las objeciones más fuertes a la teoría fueron presentadas por la Iglesia. Finalmente, las ideas de Darwin —en principio revolucionarias— terminaron por sustituir a las ideas teológicas. Ahora se explicarían las jerarquías en base a la lucha por la existencia. A partir de los planteamientos hechos por Darwin en su teoría evolutiva, se impulsa a la valoración de la “naturaleza humana” y con ello se intenta dar una explicación de las leyes que rigen la sociedad humana en base a su condición biológica. Los autores a los que nos referimos, tienen esta misma pretensión; no podrían explicarse sin hacer referencia a los postulados de Darwin. En la primera parte de El origen del hombre y la selección en relación al sexo, Darwin expone su teoría acerca de la ascendencia de éste; en la segunda explica lo que es la selección sexual y dedica un capítulo a la descripción de lo que él llama características sexuales secundarias como resultado de la acción de las selecciones natural y sexual. Para Darwin la selección sexual “depende de las ventajas que unos individuos tienen sobre otros del mismo sexo y especie desde el solo punto de vista de la reproducción”;2 esto significa que si un carácter hace a ciertos individuos más atrayentes para el sexo opuesto, o bien si un carácter dado aumenta la eficacia competitiva con respecto a individuos del mismo sexo, entonces será favorecido por la selección sexual. Ahora bien, como los distintos caracteres de la eficacia biológica pueden no estar correlacionados, entonces la selección sexual actuará favoreciendo un balance general de ventajas y desventajas. Darwin afirmaba que debido a que las “pasiones” del macho en su mayoría se presentan con más fuerza que en las hembras y es principalmente en ellos donde actúa la selección sexual en tanto que la hembra —por lo general es más pasiva que su congénere masculino—, resulte ser quien elige al macho para aparearse. En base a estos planteamientos explica cuáles son los caracteres sexuales secundarios en la especie humana. El proceso de selección sexual en el humano se ha dado a través del combate entablado por los machos para la posesión de sus hembras. Explica que el mayor tamaño, fuerza, valor, competitividad y energía del hombre con respecto a la mujer, fueron favorecidos a causa de las batallas con los machos rivales de su especie. La supuesta mayor capacidad intelectual e inventiva del hombre los atribuye Darwin a la selección natural “combinada a los efectos hereditarios del hábito, pues serían los hombres más capaces los que obtendrían éxitos mayores en la defensa y sustento de sus mujeres, descendientes y de sí mismos”.3 Así, para Darwin el hombre es más grande, fuerte, valiente, pendenciero, enérgico y con un superior ingenio que la mujer: posee mayor capacidad en las facultades mentales superiores como la razón, observación, invención e imaginación; los hombres son más atrevidos y fieros que las hembras; la mujer difiere del hombre en su mayor ternura y menor egoísmo; muestra más capacidad de intuición, rápida percepción del entorno y quizá también esté mejor adecuada a la imitación que el hombre. La mujer difiere del hombre en su condición mental —explicaba Darwin—; las facultades de intuición, rápida percepción e imitación son peculiares de la mujer “más algunas de estas facultades, al menos son propias y características de las razas inferiores, y por tanto corresponden a un estado de cultura pasado y más bajo".4 Escribe Darwin: “La principal distinción de las facultades mentales de los dos sexos se manifiesta en que el hombre llega en todo lo que acomete a un punto más alto que la mujer, así se trate de casos donde se requiere pensamiento profundo, razón, imaginación o simplemente en el uso de los sentidos y de las manos… sí, los hombres están en decidida superioridad sobre las mujeres en muchos aspectos; el término medio de sus facultades mentales del hombre estará por encima del de la mujer”.5 Y en vista de que sin estas aptitudes no pueden alcanzarse triunfos importantes en muchas cuestiones, Darwin finalmente manifiesta: “El hombre, terminó por ser superior a le mujer”.6 LOS DATOS QUE CONTRADICEN A DARWIN Cuando Darwin habla de las diferencias que existen entre el hombre y la mujer las agrupa dentro de las llamadas características sexuales secundarias. Desde el punto de vista biológico, dichas características son aquéllas que aparecen en la pubertad por la acción de las hormonas sexuales, creando diferencias externas perceptibles de un sexo a otro. Desde nuestro punto de vista es claro que muchas cualidades que Darwin propone como propias de cada sexo, no corresponden al concepto biológico de característica sexual secundaria. Tal es el caso de la mayor energía, agresividad e inteligencia con las que Darwin caracteriza al sexo masculino y la mayor ternura, menor egoísmo, mayor capacidad de intuición y rápida percepción que atribuye a la mujer. La mayor capacidad intelectual e inventiva que otorga al hombre —según explica él mismo— fue objeto de selección durante la virilidad y, al fortalecerse por el uso, tendieron a transmitirse principalmente a los machos: es decir, Darwin explica en términos lamarckianos la transmisión de estos caracteres y deduce que los cerebros femeninos se “atrofiaron” por desuso. Curiosamente consideraba que este mecanismo no funcionaba a la inversa, esto es, pensaba que aunque la mujer fuese adiestrada para ejercitar su razón e imaginación, no podría alcanzar el mismo grado mental que el hombre. Como el propio Darwin sabía, el punto más débil de su teoría radicaba en la falta de una explicación adecuada de la herencia biológica. Al dar la descripción de las “características sexuales secundarias” se manifiesta cómo Darwin no pudo resolver completamente la relación entre la selección natural y los efectos del uso y desuso. El nunca descartó por completo la teoría lamarckiana de la herencia de las adaptaciones adquiridas, según la cual un carácter se desarrolla, fortifica y modifica por medio del uso y puede así pasar a la generación siguiente. Esta cuestión fue resuelta hasta fines del siglo XIX cuando Weisman —y más tarde otros— demostraron que los caracteres adquiridos durante la vida de los individuos no se transmiten a la progenie. La actual teoría de la evolución, que sintetiza los principios genéticos descubiertos por Mendel y el principio darwinista de la selección natural y se enriquece con el desarrollo de la genética molecular sin alterar su naturaleza fundamental, demuele por completo la noción de la herencia de características adquiridas. La relación entre el genotipo (constitución genética) y el fenotipo (morfología, fisiología y comportamiento) de un individuo es unidireccional. Las modificaciones adquiridas por el uso y desuso o por otras interacciones entre el individuo y el ambiente no cambia la información genética contenida en el ADN (las moléculas de éste no pueden alterar su estructura en respuesta a estimules específicos del medio ambiente); la evolución de los organismos está sujeta a los cambios en el ADN, los cuales ocurren por medio del proceso de mutación y no a través de modificaciones fenotípicas. Se ha demostrado que en la formación de cualquier característica intervienen tanto la herencia como el medio ambiente, pero las variaciones que se observan entre los individuos dependen en mayor medida de un factor que de otro; por ejemplo la determinación del grupo sanguíneo de un individuo depende casi exclusivamente del material genético. Pero la capacidad para utilizar el lenguaje estará sujeto a la estructura de su boca y garganta que le proporciona su información genética, al combinarse con lo que aprende por experiencia del medio ambiente. En cualquier sistema viviente el ADN del genoma determina sus potenciales fisiológicos y estructurales, pero el que estos potenciales se desarrollen depende del medio ambiente en que se encuentre el organismo. Pongamos un ejemplo sencillo: una semilla genéticamente capaz de formar una planta y producir frutos sólo desarrollará este potencial si las condiciones ambientales lo permiten; es decir, la semilla originará una planta únicamente si tienen en su entorno el agua, la luz y los nutrientes necesarios para su desarrollo, pero si el medio ambiente es desfavorable o contrario a sus requerimientos, su material genético no se manifiesta o se manifiesta nada más parcialmente. En el caso de la semilla podemos entender que el desarrollo de la planta puede analogarse con la realización de un programa. Este “programa genético” de la semilla es invariable y sobre él las condiciones del medio sólo pueden determinar cualquiera de las dos siguientes posibilidades: a) que las condiciones medioambientales “permitan” que el “programa genético” se exprese en su totalidad, es decir, de manera óptima; b) que las condiciones no sean “adecuadas” y por ello el “programa genético” no se exprese en su totalidad, es decir, “se exprese de manera deficiente”, lo cual afectaría las posibilidades de sobrevivencia de la planta de manera negativa. Obviamente el esquema se complica cuando se pretenden encontrar patrones de comportamiento humano porque en el sentido estricto, para la conducta humana no existe ningún “programa genético” a partir de la cual la conducta se desarrolle “normalmente” o “deficientemente”, sino que se desarrollará de manera distinta en diversos ambientes. Lo que el ambiente determina para la conducta humana no es que se “exprese” como “programa genético” preestablecido, sino que lo que estas condiciones determinan es la forma que toma dicha conducta. A todo la anterior debemos aunar el hecho de que ha sido el ser humano el creador de su particular medioambiente, que ya no es del todo natural sino social, y éste influye desde el plasma germinal y continúa su acción propiciando y suprimiendo potencialidades hasta la muerte del individuo. Esto nos da una idea de la dificultad de poder hablar de conductas “instintivas” o “naturales” en el humano. En palabras de De la Fuente Muñiz, “el instinto es una categoría decreciente que alcanza en el hombre su mínima expresión… lo que más distingue a un ser humano de otro es resultado del aprendizaje”.7 Todos los seres humanos han nacido dentro de alguna forma de sociedad, entonces, la conducta que presenten sólo puede entenderse en función de su interrelación con otros individuos y la relación de éstos con su sociedad. Las presiones sociales y las actividades que han sido asociadas como “femeninas”, es decir, mantener y reforzar su papel como madre y ama de casa no son en absoluto favorables para desarrollar la capacidad intelectual de ésta. Diría D. Ritchie, es como disparar a un ave que se encuentre en una jaula pequeña y luego explicar que era incapaz de volar. Ahora bien, dados las fundamentos que desechan la teoría de los efectos del uso y desuso y la transmisión de los caracteres adquiridos, además de los argumentos anteriormente expuestos, las explicaciones al respecto propuestas por Darwin caen por su propio peso. Cuando Darwin habla de la importancia de la fuerza física y la ventaja que le confiere ésta al sexo masculino, no considera que pasa a ser un elemento de importancia secundaria (en una sociedad a la que él llama civilizada) debido a que las condiciones de vida en general y de trabajo en particular están determinadas por los medios de trabajo, los cuales no requieren de una gran fortaleza física. Tampoco toma en cuenta cómo la sociedad (particularmente en ese momento histórico) afirma que la debilidad es lo característico de la femineidad y por ello no se alienta en absoluto a la mujer a desarrollar su potencial físico. Es claro que existen marcadas diferencias en la fortaleza física de los sexos, pero como señala A. Artous, “El factor de desigualdad no está dado por la diferencia sino por la transformación de ésta en una limitación insalvable que ha dado origen a una determinada organización social”.8 Finalmente, es importante hacer notar cómo las características que Darwin describe en cada uno de los sexos son en su mayoría atributos que la sociedad victoriana reconocía en el hombre y la mujer respectivamente, y cómo estas mismas características son las que dicha sociedad requería para su construcción y funcionamiento. E. O. WILSON y EL PAPEL SOCIAL DE LOS SEXOS La teoría evolutiva propuesta por Darwin tuvo una gran repercusión en el desarrollo de los estudios biológicos y provocó en muchos científicos contemporáneos y posteriores a él una gran inquietud por llegar a conocer el proceso de cambio de las especies. Actualmente la perspectiva evolucionista abarca todos los campos de la biología. El estudio de la conducta humana no escapó a esta concepción. El comportamiento se explica en términos adaptativos, pues se considera que éste le asigna a los individuos ventajas en la sobrevivencia y la reproducción. En un Congreso Interdisciplinario realizado en noviembre de 1948 en la ciudad de Nueva York, se originó una nueva “ciencia” del comportamiento social, la Sociobiología, cuyo objetivo central es el estudio de las bases biológicas de todo comportamiento social con el fin de encontrar leyes de validez universal aplicables a todas las especies animales incluyendo a los humanos. La sociobiología constituye en la actualidad uno de los ejemplos más claros del intento de biologizar el estudio de las sociedades humanas. Partiendo de la perspectiva neodarwinista pretende encontrar la “naturaleza humana”, y a partir de esta diferencia, lo propio de la naturaleza de los sexos”. Nos hemos enfocado al análisis que E. O. Wilson hace acerca de los papeles sexuales humanos ya que los trabajos de éste ha dado difusión a la teoría sociobiológica. En 1975 publica su libro Sociobiology: the new Synthesis en el cual expone un estudio sistemático de conocimientos acerca de la conducta y la estructura social. Wilson ha definido a la sociobiología como “el estudio sistemático de las bases biológicas de todo comportamiento social”;9 centra su atención en las especies animales pero también está interesado en el estudio del comportamiento social humano. Para Wilson, la sociobiología está separada de la sociología debido a que la primera tiene un enfoque estructuralista y no genético. Opina: “Quizá no sea muy aventurado decir que la sociología y otras ciencias sociales, además de las humanidades, son las últimas ramas de la biología que esperan ser incluidas en la síntesis. Una de las funciones de la sociobiología es, pues, estructurar los fundamentos de las ciencias sociales de forma que sean incluidas en dicha síntesis.10 Wilson considera que todo comportamiento confiere adaptación; el objetivo de su análisis es encontrar el valor adaptativo de la conducta social. Para ello distingue diversas formas de comportamiento; así habla, por ejemplo, de comportamiento reproductivo, altruista, etc., considerando que cada uno de éstos responde a una adaptación especifica. Con sus planteamientos Wilson vuelve a la “expresión anticuada de la teoría evolutiva darwinista, que fue peculiar de los partidarios de Darwin en el pasado siglo cuando se consideraba necesario probar que cualquier carácter contenía adaptación. A pesar de que la teoría evolucionista moderna está autoexpurgándose de este panseleccionismo, los sociobiólogos siguen aferrados a la línea tradicional. Todo aquello que induce a asociar la maravillosa operación de adaptación con cada faceta del mundo vivo, es una política de conservadurismo extremo más que una comprensión de la teoría evolutiva moderna”.11 Debido a la gran competencia que hay entre los machos de una misma especie por la posesión de las hembras existe una fuerte selección sexual que tiene como resultado el desarrollo de características sexuales que hacen al macho ostentoso y agresivo; Wilson explica la selección sexual en términos darwinianos, la define como la evolución de los rasgos peculiares de un sexo resultante de la competencia por las parejas. En esta competición considera dos aspectos de igual importancia: la selección epigámica (selección realizada entre machos y hembras) y la selección intrasexual (interacciones entre machos y con menos frecuencia entre hembras). Los dos sexos, explica Wilson, necesitan asegurar su descendencia y cada uno tiene una estrategia distinta para lograrlo; la hembra es mas discriminatoria, tiende a copular con un solo macho, ya que invierte más energía en la reproducción y necesita asegurarse de efectuar la cópula con el macho más eficaz; éste, por el contrario, asegura su adecuación copulando con varias hembras. Otro concepto manejado por Wilson es el de la “inversión parental”, la cual define como cualquier comportamiento hacia las crías que aumenta las oportunidades de sobrevivencia de las mismas a costa de la capacidad paterna de invertir en otra descendencia. Wilson retoma este concepto y sostiene que el sexo que invierta una mayor cantidad de energía en la reproducción, contribuirá en mayor medida al cuidado parental, por tanto son principalmente las hembras las que se encargarán de la crianza de los vástagos. Estos son los planteamientos que hace Wilson con respecto al sexo en las especies animales y sólo en algunos casos se refiere al significado que para él revisten en la especie humana; los conceptos que ahí define son la base teórica de la explicación que posteriormente dará a la conducta del hombre y de la mujer en su libro Sobre la naturaleza humana. De los párrafos anteriores es importante notar cómo Wilson fundamenta sus explicaciones con argumentos evolucionistas pero con interpretaciones por demás arbitrarias. Así, habla, por ejemplo, de “sociedades más perfectas”, idea cuya construcción fundamental radica en encontrar criterios para ordenar en una escala ascendente a las diversas sociedades. Al utilizar términos como “conflicto de intereses”, “lo que le conviene al macho”, “lo que le conviene a la hembra”, etc., Wilson está manifestando no solamente una manera de hacerse entender (quien haya consultado sus textos sabrá que no parece ser esta la preocupación principal del autor), sino que hace una serie de interpretaciones en donde expresa sobreentendidamente la supremacía masculina, primero en los animales y, como veremos posteriormente, también en el género humano. L. Allen señala acertadamente que Wilson observa a los animales en el espejo de sus propias conveniencias sociales y encuentra las instituciones y jerarquizaciones que ahí busca. Wilson explica el comportamiento sexual en los animales utilizando términos con connotaciones sexistas, así habla por ejemplo de “machismo desenfrenado” en insectos y deduce argumentaciones por analogía que resultan inadmisibles porque aún no tomando en cuenta la autoconciencia del género humano, las extrapolaciones de una especia a otra son especulativas. En su libro Sobre la naturaleza humana, Wilson explica que en nuestra especie el sexo es complejo y ambiguo porque no está destinado únicamente a la reproducción ni a dar ni a recibir placer. El sexo en sí mismo no concede una ventaja darwiniana directa, pues impone un déficit genético para el individuo ya que en cada generación se disminuye a la mitad la inversión de genes por descendiente; sin embargo, afirma Wilson, “el sexo crea diversidad”.12 Wilson considera que el sistema de dos sexos permite la división del trabajo más eficiente que existe, “la hembra perfecta es un individuo especializado en hacer huevos”, y «el macho se define como el fabricante de esperma”.13 Para el autor el dimorfismo gamético extiende sus consecuencias a toda la biología y psicología de la especie humana. El hecho más importante —dice— es que la hembra hace una mayor inversión que el macho en cada una de sus células sexuales, lo que trae como resultado un “conflicto de intereses”. En contraposición a la afirmación de Wilson, sostenemos que en los humanos el dimorfismo gamético no es el causante del comportamiento diferencial de los sexos, sino que este último es fundamentalmente resultado de la caracterización que históricamente han tenido los roles sexuales. Dicha caracterización de los roles masculino y femenino se ha elaborado por medio de tradiciones que recaen sobre hombres y mujeres individualmente en forma de expectativas y exigencias que les afectan desde la infancia. Tal secuencia de eventos puede producir normas de conducta que son tan regulares en las sociedades que se les acepta como una evidencia directa de la determinación genética de la conducta masculina y femenina. La justificación de la poligamia, la agresión a los hombres y la argumentación de que a la mujer “le conviene” ser mis discriminadora en la elección de su pareja, porque invierte más energía en la reproducción, no encuentra su explicación en el supuesto-conflicto de intereses” dado por la diferencia en las estrategias reproductivas del hombre y de la mujer como pretende demostrar Wilson. Él mismo se contradice porque en los primeros párrafos de su obra Sobre la naturaleza humana acepta que la reproducción no es la principal función del sexo; sin embargo, posteriormente explica el comportamiento diferencial de los sexos en términos de la inversión reproductiva. Aun cuando la religión —que en la historia ha tenido un papel relevante— haya pretendido reforzar la idea de que el sexo sólo debe tener como fin la reproducción, es bastante claro que generalmente en las relaciones de los sexos humanos la reproducción es una consecuencia última y no el móvil principal de su comportamiento. Es importante notar que Wilson, por un lado, acepta la influencia de la cultura en la asignación de los roles sexuales, pero por otro afirma que éstos no escapan a la biología. Para él “lo cultural” y “lo biológico” no son más que formas fenotípicas. En estos planteamientos se marcan equivocadamente los límites biológicos humanos. Nuestra especie efectivamente tiene restricciones biológicas; por ejemplo, genéticamente somos incapaces de volar sin aditamentos o de vivir en el agua como peces, sin embargo, estas limitaciones no incluyen los modos de actuar y de vivir de los seres humanos ni las estructuras políticas y sociales de éstos. Las tradiciones, el lenguaje, la literatura, los conocimientos científicos, la tecnología. los roles sexuales y, en general todas las creaciones de los humanos, no están restringidas a un marco genético porque la cultura no es una unidad biológica sino una forma de existencia que se construye y cambia mediante procesos particulares y únicos del género humano. Para Wilson la división sexual del trabajo está sellada por la anatomía, fuerza, estatura, etc., mayores en el hombre, “las diferencias físicas y temperamentales entre hombre y mujer han sido magnificadas por la cultura hasta llegar a una dominación masculina universal”.14 La generalización de los modelos sociales conduce a creer que éstos son únicos para la construcción y funcionamiento de las sociedades, pero ello no comprueba en nada que tengan una base biológica. Por otra parte, los géneros masculino y femenino asociados al patriarcado involucran una serie de conductas que son rasgos culturales que no son hereditarios en el sentido biológico; la prueba de ello es que deben ser adquiridos de nuevo en cada individuo mediante el proceso de socialización. Desde el principio los niños son tratados en forma diferente de las niñas. El tipo de comportamiento que los niños lleguen a tener se debe a una compleja interacción entre los elementos genéticos y la experiencia, la cual está determinada por factores culturales que son fomentadores de las diferencias entre los sexos. Como la teoría moderna de la evolución sostiene que sólo evolucionan por selección natural las características que tienen una base genética, entonces Wilson afirma que los distintos aspectos del comportamiento social humano están hasta cierto punto determinados genéticamente. Un ejemplo de cómo explica la existencia de estos genes está en su libro Sociobiología: la nueva síntesis. Ahí Wilson plantea: “Una cuestión clave de la biología humana es la de si existe una predisposición genética a entrar en ciertas clases o a representar ciertos papeles sociales. Las circunstancias bajo las que pudiera darse esta diferenciación genética puede concebirse con facilidad… Dahlberg (1947) demostró que si un solo gene parece ser el responsable del éxito y auge en el estatus, puede concentrarse con rapidez en las clases socioeconómicamente superiores”. En base a esto, Wilson hace una serie de suposiciones para explicar cómo actuarían y se mantendrían estos genes en la sociedad, lo que lo lleva a plantear: “incluso a pesar de la plausibilidad del argumento general hay pocas pruebas de solidificación hereditaria del estatus”. Sin embargo, más adelante menciona: “los factores hereditarios del éxito humano son intensamente poligénicos y forman una larga lista, habiéndose medido sólo unos pocos de ellos”.15 De esta manera, Wilson postula arbitrariamente la presencia de genes de la conducta y no ofrece ninguna prueba de la presencia de éstos; en cambio, se sabe que no hay ninguna evidencia directa de cierta base genética de las diversas formas de comportamiento humano. Debido a cuestiones metodológicas y éticas (manipulación experimental de los individuos), ni siquiera ha sido posible conocer la influencia de los genes sobre el comportamiento humano; lo que se ha explicado al respecto sólo constituyen expectativas confusas. No hay nada que pruebe la teoría de Wilson acerca de la predisposición genética de las diferencias en los roles sexuales. Las características definidas por Wilson como pertenecientes a la mujer y al hombre únicamente son categorías simbólicas que históricamente se han asociado y alimentado en cada uno de los sexos. Una de las muchas objeciones al análisis de Wilson acerca de las causas de la dominación del hombre sobre la mujer es la carencia de datos etnográficos que lo apoyen. Las explicaciones que pretende dar se concretan a una exposición ambigua de interpretaciones y suposiciones que carecen de elementos serios de comprobación. |
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Referencias Bibliográficas 1. Colección Editorial de la Sección: Ann Arnor Science for the people, 1982, La biología como arma social, Ed. Alhambra, España. _____________________________________________________________ |
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Erendira Alvarez y Ma. Cristina Fernadez
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| del herbario |
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| El jardín de las epífitas | ||||||||||
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Patricia Magaña Rueda
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Sarasota es una población en el centro-oeste de Florida, donde uno de los mayores atractivos es el Jardín Botánico Marie Selby. Lo que hace a este lugar tan especial es que, a pesar de tener menos de 15 años de haberse fundado, actualmente sea uno de los jardines botánicos más importantes del mundo por su colección de epífitas. Epífita se deriva de epi = sobre y phyton = planta. Algunas veces llamadas “plantas aéreas”, son plantas tropicales que se encuentran creciendo sobre otras plantas, tomando agua y nutrientes del aire y la lluvia. Entre éstas encontramos diversas espacies de orquídeas, bromelias, helechos, gesneriáceas y aráceas. Un jardín botánico es, en cierto sentido, un museo que alberga una colección de plantas vivas arregladas de manera sistemática, pero además, su énfasis está en el estudio de dichas plantas. El jardín Marie Selby no sólo lleva a cabo proyectos de investigación que tienen que ver básicamente con orquídeas, bromelias y heliconias, sino con diversas labores como son la difusión, la recreación, la educación, la horticultura y actividades culturales. Esto implica un arduo trabajo en el que están involucrados personal dedicado a la investigación, personal técnico para el mantenimiento de las colecciones y más de 300 voluntarios de la ciudad que ofrecen sus horas libres para apoyar las labores que allí se desarrollan. Al recorrer las instalaciones de Selby, como se le llama cotidianamente, uno encuentra una sala de exhibición donde se pueden admirar plantas casi siempre en floración que están siendo reemplazadas a partir de las colecciones que se mantienen en los seis invernaderos de horticultura e investigación. Esta sala tiene dos funciones: para el visitante casual representa una introducción a las plantas tropicales, y para el interesado en Botánica significa “un salón de clases viviente”, donde reconocer una gran cantidad de especies, en su mayoría epífitas de las familias ya mencionadas. Además de esta sala, al entrar a la parte de jardines, encontramos diversas secciones: a) la colección de cícadas; b) los bambúes y el jardín acuático; c) los enormes Ficus; d) el jardín Hibiscus; e) el área de arboles tropicales; f) la sección de suculentas; g) la comunidad de especies nativas de la bahía de Sarasota: h) la zona de palmas; i) el jardín de las plantas tropicales comestibles y j) la zona de Azaleas. El jardín debe su nombre a la donación que de estos terrenos hiciera la Sra. Marie Selby con el fin de crear un área natural de recreación. Y ese es uno de los objetivos que se cubre con creces, siendo visitado por más de 70000 personas al año, muchas de las cuales tienen la posibilidad de tomar cursos, asistir a seminarios, gozar de conciertos, o exposiciones anuales de orquídeas y bromelias, en las que participan gran cantidad de aficionados. En el área de investigación se tiene una colección de epífitas vivas de aproximadamente 8000 ejemplares colectados durante más de 65 expediciones al trópico húmedo del mundo. Además se cuenta con un laboratorio de micropropagación, uno de polen y un herbario con ejemplares en su mayor parte de Sudamérica. Asimismo se publica una revista anual especializada en epífitas, de reconocido prestigio, llamada Selbyana, y es sede de los Centros de Investigación de Orquídeas y Bromeliáceas, con especialistas en taxonomía de estos dos grupos de plantas. En resumen, Selby es un Jardín Botánico que cubre múltiples y diversificadas funciones, digno de admirarse sobre todo si partirnos de que vive y se sostiene de donaciones institucionales e individuales y del trabajo voluntario de muchas personas. Hay que añadir que es relativamente accesible a estudiantes de todo el mundo con interés en permanecer allí para entrenamiento durante cortos periodos de tiempo, con apoyo económico, realizando algún trabajo de investigación. La dirección es: The Marie Selby Botanical Gardens 811 South Palm Avenue, Sarasota, Florida, 33577. |
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Patricia Magaña Rueda
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| orión |
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| Anillos Planetarios | ||||||||||
| Julieta Fierro | ||||||||||
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Los anillos de Saturno fueron descubiertos por Galileo Galilei en 1610 y durante más de tres siglos se pensó que eran únicos en e l Sistema Solar. Ahora sabemos que Júpiter, Urano y Neptuno también tienen anillos.
Los anillos están constituidos por fragmentos de hielo y roca que se mueven en forma independiente alrededor del planeta, como si fueran satélites diminutos. Las dimensiones de los fragmentos varían entre décimas de micras (una micra equivale a la milésima parte de un milímetro) y cientos de metros.
Los de Saturno pueden observarse fácilmente desde la Tierra, no así los de los otros planetas. Esto se debe a que los fragmentos que las forman están compuestos principalmente por hielos de agua y amoniaco, materiales que reflejan gran parte de la luz solar que reciben. En el caso de los anillos de Urano y Neptuno, los fragmentos que los constituyen son de un material rocoso y opaco, son cuerpos oscuros difíciles de detectar. Finalmente, el de Júpiter es de polvo. La teoría más aceptada en la actualidad sobre el origen de los anillos fue propuesta originalmente por el matemático francés Laplace en el siglo XVIII. De acuerdo con esa teoría, los anillos provienen de la misma nube que dio origen al Sistema Solar. La nube estaba compuesta de gas y polvo y se hallaba en rotación; a lo largo del tiempo, en diversas zonas de ésta el material fue condensándose para formar el Sol, los planetas y, más tarde, los satélites. Sin embargo, los fragmentos de material que quedaron cerca de los planetas no siguieron ese proceso, permaneciendo dispersos sin constituir cuerpos más grandes debido a la gravedad de los planetas. La acción de la gravedad depende de la distancia; mientras más cerca se encuentra el objeto atraído del cuerpo que lo atrae, más fuertemente sufrirá la atracción gravitatoria. Ahora bien, la gravedad no actúa exactamente igual en todas las partes del objeto atraído. Por ejemplo, la parte de la Luna que está más cerca de la Tierra siente con más fuerza su atracción; de igual manera, nuestros pies son atraídos más fuertemente que la cabeza. Este efecto es mínimo si el objeto atraído es pequeño, por eso no se nos separan las piernas del tronco. Para los cuerpos grandes, como un satélite, la situación es diferente; si se encuentran demasiado cerca de un planeta se parten. Por lo anterior, los fragmentos de material que rodeas a los planetas no se condensan para constituir cuerpos de mayor tamaño; en el caso de que se unieran muchos fragmentos y formaran un cuerpo grande, éste se rompería. El resultado es que los fragmentos de material permanecen separados girando alrededor de los planetas y constituyen lo que conocemos como anillos. En la estructura de los anillos intervienen otros factores además de la gravedad del planeta. Muestra de ello es que en los anillos de Saturno hay un “hueco”, una región vacía llamada división de Cassini. Hasta ahora no se ha encontrado una explicación satisfactoria para ese fenómeno, aunque es posible que se deba a perturbaciones provocadas por los propios satélites de Saturno. Aún hay mucho que investigar sobre los anillos planetarios. Seguramente lo que aprendamos de ellos va a contribuir en forma importante al conocimiento del Sistema Solar.
Nota aparecida en el Boletín Orión del Instituto de Astronomía, UNAM, mayo-junio de 1986. |
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Julieta Fierro
Instituto de Astronomía, Universidad Nacional Autónoma de México.
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