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| Esmeralda Campos Vásquez, Carlos Héctor Ávila Bello, Evelyn Hernández Vidal, Daniel Alejandro Lara Rodríguez, Dinora Vázquez Luna y Cecilio Mota Cruz | |||||||||||
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LEl maíz (Zea mays L.) es patrimonio biocultural de los
pueblos agrícolas originarios del continente americano, particularmente de Mesoamérica, pues en esta región, en la cuenca del río Balsas, México, fue domesticado hace aproximadamente 10 000 años a partir de su pariente silvestre, el teocintle (Zea mayz subsp. paraviglumis). No obstante, el maíz se difundió de manera temprana a otras regiones del continente, alcanzando un alto grado de diversificación y adaptación a una amplia geografía, particularmente en los pueblos que mantienen poblaciones nativas o de polinización abierta y que lo han mejorado y heredado de generación en generación.
En el caso particular de México, el maíz constituye el núcleo de su cultura, economía y alimentación de la población, y su territorio es centro de origen y diversificación de esta planta. La domesticación del maíz involucró la observación, experimentación, aprovechamiento y cuidado de las plantas de teocintle, la modificación del ambiente donde podría prosperar, el conocimiento de su fenología, comportamiento y adaptación a diferentes nichos ecológicos, la selección cuidadosa de ciertas características de acuerdo con la experiencia de cada pueblo y su utilidad. Fue un proceso coevolutivo que propició cambios genéticos de manera concomitante a su manejo, aprovechamiento y adaptación, formando paulatinamente el cereal domesticado.
Hasta el momento, en el territorio mexicano se han registrado 64 razas de maíces, de las cuales 59 se consideran nativas, por lo que esta planta debe ser protegida, mejorada y manejada como patrimonio biocultural.
Custodios de una riqueza genética
México es una nación reconocida por su arraigada herencia cultural y sus vibrantes tradiciones agrícolas, que ha venerado durante mucho tiempo el maíz, un cereal versátil, parte integral de la identidad y el sustento de la población durante milenios. Su importancia trasciende su papel alimenticio, ya que es un símbolo sagrado que encarna el patrimonio biocultural de México, un rico tapiz de elementos ecológicos, agrícolas y socioculturales entrelazados. La domesticación del maíz ha dotado al país de una extraordinaria diversidad de variedades tradicionales, cada una con sus atributos únicos y su significado cultural; éstas no son simplemente productos de prácticas agrícolas, sino que están profundamente arraigadas en las narrativas, los rituales y el sentido de lugar que definen la identidad cultural de las comunidades indígenas en todo México. Por ello, la preservación de este patrimonio biocultural es de suma importancia, ya que salvaguarda no sólo la diversidad genética del maíz, sino también conocimientos, tradiciones culinarias y las conexiones espirituales que han sostenido a las comunidades mexicanas durante generaciones.
En la actualidad, son los pueblos originarios y mestizos quienes poseen, resguardan y mejoran constantemente la diversidad genética de los maíces nativos de México en los distintos y cambiantes ambientes del país, y bajo múltiples estrategias y sistemas agrícolas.
Sin embargo, la conservación de la diversidad genética de los maíces nativos enfrenta diversos peligros y riesgos, como las dinámicas socioeconómicas en las regiones donde se cultiva este preciado grano, relacionadas con la falta de oportunidades para la población que se dedica a la agricultura, lo que se refleja en un bajo recambio generacional para mantener la actividad productiva; el cambio climático global, la introducción ilegal de maíces transgénicos y la sustitución y desplazamiento por maíces comerciales, principalmente híbridos. A este respecto Jack Harlan, renombrado agrónomo y genetista norteamericano, señaló en 1972 que: “la base genética requerida para mejorar los alimentos básicos para el mundo está siendo rápidamente destruida”, lo cual atribuía fundamentalmente a la difusión de maíces híbridos generados para su manejo en monocultivo y con el empleo de altas dosis de fertilización y substancias químicas venenosas, advertiendo que esto generaría nuevos peligros y problemas. Su propuesta era que: “las soluciones basadas en genética tradicional y el control biológico deben ser impulsadas lo más posible”.
Por su parte, Levins y Lewontin señalan que el objetivo primordial al producir alimentos debería enfocarse en reducir elementos externos al sistema y no aumentarlos; asimismo, como lo hacen los pueblos originarios y campesinos, establecer agroecosistemas diversificados, de estructura compleja y dinámica, y a cuyas características, en todo caso, el mejoramiento genético debería responder. En caso contrario, se reduce la agrobiodiversidad y disminuye la variabilidad genética, afectando las posibilidades de descubrir soluciones a posibles plagas o enfermedades en el campo y no se contribuye, en última instancia, a la seguridad alimentaria.
El maíz en milpa y su diversidad
La Sierra de Santa Marta forma parte de la zona de amortiguamiento de la Reserva de la Biósfera Los Tuxtlas en la zona litoral del Golfo de México (18° 16’ 7” y 18° 14’ 20”′N, 94° 53’ 2” y 94° 57’′23” O, con una altitud de 10 a 1 750 metros sobre el nivel del mar). Su terreno se caracteriza por pendientes medias a altas y predomina el clima cálido muy húmedo (Afm) en la franja de 800 a 1 000 metros de altitud, con precipitación anual entre 3 500 y 4 000 milímetros y temperatura media anual entre 22 y 24°C; y semicálido muy húmedo (A)C(fm), con temperatura media anual mayor a 18°C arriba de 900 metros de altitud.
En la región, muchos productores han adoptado el monocultivo de maíz como principal forma de producción; sin embargo, la zona es un mosaico de ambientes interconectados, donde los maíces y la milpa son el móvil y componente fundamental del paisaje biocultural de esta impresionante región, lo que permite que se conserve una amplia diversidad de maíces nativos, al menos quince razas o sus combinaciones. Estos maíces derivan de una mezcla de sistemas y diversidad multicolor, principalmente los pigmentados oscuros, cuya composición varia en función de condiciones ambientales, económicas, culinarias e incidencia de enfermedades, a las que se adapta muy bien la diversidad nativa.
Por otro lado, un fenómeno importante en la zona es la migración, que se ha incrementado durante los últimos treinta años en las localidades de Santa Marta, San Fernando, El Tulín, Ocotal Chico y Mirador Saltillo. Los adultos mayores son quienes trabajan las tierras, la media de edad es de 52 años, es decir, personas en intervalos de edades que pasarán a ser adultos mayores en unos años más, lo que puede ser un gran problema para la coevolución y conservación de los maíces.
Actualmente se conservan, por nombre, doce diferentes tipos de maíz: blanco, negro, rojo, amarillo, pinto, blanco olotillo, blanco Texcoco, sangre, blanco acriollado, colorado, crema y tigre (figura 1). Sin embargo, el cambio climático ha obligado a limitar el cultivo de algunos tipos como el maíz bejuquillo, ya que ahora el momento de la maduración del elote coincide con la presencia de fuertes vientos del norte que provocan que las plantas se “acamen”, esto es que se doble el tallo.
De acuerdo con una muestra de 37 productores entrevistados, los maíces híbridos pueden llegar a producir hasta tres toneladas por hectárea, pero el grano tiende a pudrirse con mayor facilidad, resiste menos el exceso de humedad y su sabor no es tan agradable para las mujeres y hombres de las comunidades. En general, en las comunidades se prefiere consumir maíces nativos debido a que son más suaves, tienen mejor sabor, son más resistentes a la sequía y a la humedad, además de que se ha demostrado que contienen mayor aporte nutrimental, en especial los maíces de colores, a diferencia de los maíces híbridos.
Las y los entrevistados mencionaron que 50.7% de las hectáreas sembradas son de maíz blanco (20.47), del que se obtuvo 19 858 kilogramos; de maíz negro 21.6% (8.7), con 8 196 kg; de amarillo 9.8% (3.95), con 3 458 kg; de rojo 7.5% (3), con 2 725 kg; de blanco olotillo 2.6% (1.06), con 1 850 kg; de blanco Texcoco 2.2 % (0.875), con 1 300 kg; de pinto 1.4% (0.5625) con 1 183 kg; de crema 1.2% (0.5) con 933 kg; de blanco acriollado 0.9% (0.375), con 750 kg; de tigre 0.8 % (0.33) con 300 kg; de colorado 0.6 % (0.25) con 400 kg; y de sangre 0.6 % (0.25) con 200 kg. En total se siembran 40.36 hectáreas, con una cosecha de 41 155 kilogramos (figura 2).
Si bien la producción que se logra con los maíces nativos no es alta comparada con los híbridos, su importancia estriba en la continuidad del proceso coevolutivo entre seres humanos y el maíz, que ha sido parte de su cultura y tradiciones alimentarias. El gusto por los maíces nativos podría considerarse uno de los factores principales para su conservación, ya que hay una preferencia hacia ellos por su sabor y textura, además de involucrar una parte psicológica y nostálgica, los productores suelen decir que “los sigo sembrando porque es parte de mi tradición, para que no se pierda”. Es decir, no sólo influyen los procesos productivos, sino cognitivos en sentido de pertenencia a su cultura y una herencia compartida generacionalmente, también la memoria, el hecho de que es un legado histórico, cultural, tecnológico y social que se hereda o se adquiere de su entorno.
Además del maíz, en la milpa hay muchas otras plantas que son aprovechadas y representan parte de la diversidad genética: unas nacen espontáneamente y otras se cultivan (figura 3).
De los 37 entrevistados, ocho tienen monocultivos y 29 otro cultivo asociado con los maíces nativos, principalmente calabaza y nueve tipos diferentes de frijol, de los cuales el chipo, el chango, el patasti, el negro y el colorado de bejuco podrían considerarse nativos de la región, ya que son de los más representativos del municipio de Soteapan.
Otro problema que enfrentan los productores son las plagas en los maíces nativos, como el gusano cogollero (Spodoptera frugiperda) que afecta a 42.1% de los productores, los tejones (Nasua narica) a 10.2%, las ardillas (Sciurus colliaei) a 7%, el jabalí (Sus scrofa) a 3.5%, la tijerilla (Doru taeniatum) a 3.5%, los mapaches (Procyon lotor) a 3.5%, las ratas (Neotoma sp.) a 3.5%, la chinche (Chlorocoris spp.) a 3.5%, los chapulines (diferentes especies de la familia Gryllacrididae) a 1.8%, el perro de monte (Potos flavus) a 1.8%, la tuza (Orthogeomys hispidus) a 1.8%, y el cerete (Dasyprocta mexicana) a 1.8%; 16% de los productores no tuvieron problemas con plagas.
Conclusiones
Los pobladores de las comunidades del municipio de Soteapan, como Santa Marta, San Fernando, El Tulín, Ocotal Chico y Mirador Saltillo, han luchado por conservar los maíces nativos, sin embargo, se enfrentan a diversos retos socioecológicos muy importantes, como la baja producción, el cambio climático, enfermedades y plagas, pero también la migración y el envejecimiento de la gente dedicada a la producción de la milpa y otros agroecosistemas, lo que afecta importantes procesos coevolutivos del maíz, otras plantas de la milpa y distintos agroecosistemas, todos estos elementos fundamentales para conservar ciclos como los de agua, nitrógeno, carbono y fósforo que, en conjunto, tienen un efecto directo en la conservación de las diferentes formas de vida. Es importante que las instituciones públicas trabajen con las y los productores para establecer programas de mejoramiento de maíces nativos mediante técnicas como la selección masal, entre otras.
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Referencias Bibliográficas
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| Esmeralda Campos Vásquez Centro de Estudios Interdisciplinarios en Agrobiodiversidad, Universidad Veracruzana. Es estudiante de la Maestría en Desarrollo Agropecuario en la Facultad en Ingeniería en Sistemas de Producción Agropecuaria de la Universidad Veracruzana Carlos Héctor Ávila Bello Centro de Estudios Interdisciplinarios en Agrobiodiversidad, Universidad Veracruzana. Es ingeniero agrónomo, con maestría en botánica y doctorado en agroecología. Sus áreas de interés son el manejo y la conservación de la agrobiodiversidad. Evelyn Hernández Vidal Centro de Estudios Interdisciplinarios en Agrobiodiversidad, Universidad Veracruzana. Es postdoctorante del conahcyt. Es ingeniera en sistemas de producción agropecuaria, con maestría en ciencias en producción agrícola y doctorado en ciencias en producción agropecuaria. Área de interés: diversidad y función de microorganismos del suelo. Daniel Alejandro Lara Rodríguez Centro de Estudios Interdisciplinarios en Agrobiodiversidad, Universidad Veracruzana. Es ingeniero en sistemas de producción agropecuaria, con maestría en ciencias en agroecosistemas tropicales, y doctorado en administración y desarrollo empresarial. Su área de interés es la búsqueda de alternativas para el desarrollo agropecuario. Dinora Vázquez Luna Centro de Estudios Interdisciplinarios en Agrobiodiversidad, Universidad Veracruzana. Es ingeniera en sistemas de producción agropecuaria, con maestría en ciencias en producción agroalimentaria en el trópico y doctorado en ciencias en desarrollo rural. Área de interés: el desarrollo sustentable. Cecilio Mota Cruz Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad, Universidad Nacional Autónoma de México. Es estudiante de doctorado en el posgrado en ciencias de la sustentabilidad del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad, Universidad Nacional Autónoma de México o de Hidalgo, es investigadora SNI II. |
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| del facsímil |
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| Propuesta de creación de la Facultad de Ciencias | ![]() |
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al h. consejo universitario
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Los suscritos: Dr. Antonio Caso, Director de la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores;
Dr. Isaac Ochoterena, Director del Instituto de Biología; Ing. Ricardo Monges López, Director de la Escuela Nacional de Matemáticas y Ciencias Físicas, y Dr. Alfredo Baños Jr., Director del Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas, ante ese H. Consejo respetuosamente exponen:
En todas las principales universidades del mundo, aun las de segundo orden, existe una Escuela o Facultad dedicada al estudio superior de las ciencias que se denominan ESCUELA o FACULTAD DE CIENCIAS.
En la más pobres se enseñan, cuando menos, las cuatro ciencias fundamentales, a saber: las Matemáticas, la Física, la Química y la Biología, pero en la mayoría de ellas, se enseña también la Geología y la Astronomía, que son las ciencias concretas de mayor generalidad, y en las universidades de primer orden se incluyen aun las ciencias Psicológicas.
Las cuatro ciencias fundamentales se enseñan también en todas las universidades, como base cultural y preparatoria de todas las profesiones, pero estos estudios tienen tan sólo un carácter elemental, o particular, de acuerdo con las necesidades de cada técnica, sin que se les pueda dar ni toda la extensión, ni mucho menos toda la elevación que estos estudios requieren para preparar a los profesores universitarios y a los investigadores científicos.
Para formar a estos profesores e investigadores se requiere una Facultad especial, en donde se enseñen las diversas ramas de la ciencia en toda su generalidad y elevación, de una manera metódica y sistemática, pasando, gradualmente desde los conocimientos que se adquieren en la preparatoria, hasta los más altos estudios que requiere la investigación para el progreso de la ciencia.
Investigar y enseñar son, indudablemente, las actividades más importantes y elevadas de toda universidad, y las personas que se dedican a ellas deben contar con una institución universitaria de primer orden en donde pueden adquirir los conocimientos necesarios.
En nuestro medio universitario se ha tenido especial cuidado de formar buenas escuelas profesionales, dotándolas, hasta donde se ha podido, de todo lo que necesitan para preparar a sus alumnos; pero a los profesores universitarios y los investigadores de la ciencia no se les ha prestado ayuda alguna, se han formado por su propia cuenta.
Afortunadamente, desde hace cinco años, nuestra universidad se ha orientado por distinto camino, y ahora ya contamos con una escuela de Matemáticas y Ciencias Físicas en donde preparan a los Matemáticos, a los Físicos y a los Geólogos, y en donde se pensaba preparar a los Astrónomos y perfeccionar los estudios de los Químicos, para transformarlos en investigadores empeñados en el progreso de esta importante rama de la ciencia. En la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores contamos ya con una carrera para preparar a los Biólogos, y aunque estos estudios son muy distintos de los otros que se imparten en esa Facultad, se ha hecho todo lo posible por irlos elevando poco a poco, faltándoles sin duda la cooperación de los laboratorios de física y química biológica, indispensables para poder profundizar en estos estudios.
Por lo anterior se ve que, si no hemos llegado a organizar debidamente el estudio superior de la ciencia en nuestra universidad, no ha sido por falta de esfuerzos encaminados en ese fin, sino porque en los últimos años hemos vivido largos periodos de inquietud y hemos sufrido una continua falta de recursos, que ha obligado a nuestras autoridades universitarias a posponer la resolución de los problemas culturales para atender a la imperiosa necesidad de subsistir.
Pero ha llegado ya el momento inaplazable de dar a nuestra casa de estudios su organización definitiva, esto es, de elevarla al rango que le corresponde en la cultura mundial, y, para ello, es indispensable crear la FACULTAD DE CIENCIAS, para formar con ella, con la FACULTAD DE FILOSOFÍA, y con los INSTITUTOS DE INVESTIGACIÓN, el exponente más alto de nuestra cultura.
La Facultad de Ciencias debe tener cuando menos siete departamentos, a saber: el de Matemáticas, el de Física, el de Química, el de Biología, el de Geografía y el de Astronomía, y deben integrarse con los elementos que tiene la Escuela Nacional de Matemáticas y Ciencias Físicas y con los de la Sección de Biología y de Geografía de la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores.
Para coordinar, debidamente, la preparación de los investigadores que se hagan en la Facultad, dentro de los siete Departamentos mencionados antes, con la investigación científica que se lleva a cabo en los institutos, es conveniente que exista un instituto correspondiente a cada uno de los Departamentos de la Facultad. Por esta razón se propone que el Instituto de Ciencias Físico-Matemáticas se divida en dos Institutos: uno dedicado a las Matemáticas y otro a la Física; que se establezca el Instituto de Química, que tanta falta hace para completar el cuadro de investigación, y que el Instituto de Investigaciones Geográficas se incorpore, con el nombre de Instituto de Geografía, al grupo de institutos que habrán de colaborar con la Facultad de Ciencias en un programa coordinado de Investigación científica. De este modo cada Jefe de Instituto será al mismo tiempo, ex-oficio, Jefe del Departamento respectivo de la Facultad de Ciencias.
Así mismo, para coordinar las labores de todos los Institutos entre sí y planear debidamente el servicio social que por medio de ellos imparta la Universidad, deberá crearse un Consejo consultivo que estará formado por los directores de las Facultades de Filosofía y de Ciencias y por los Directores de los siete Institutos de investigación anteriormente mencionados.
La creación de esta nueva Facultad y la coordinación de ella con los institutos de Investigación de la manera indicada, resolverán para la Universidad, dentro de muy breve plazo, los tres importantísimos problemas, a saber: la investigación, la docencia y el servicio social de la ciencia.
Teniendo en cuenta las razones anteriormente indicadas y para llevar los fines propuestos, nos tomamos la libertad de someter a la consideración
de ese H. Consejo las siguiente reformas al Estatuto que está discutiendo:
DE LAS INSTITUCIONES
Artículo 5o. La educación superior, la preparación para la investigación científica y la formación de profesionistas y técnicos se realizará por las siguientes instituciones:
1o.- Facultad de Filosofía y Letras.
2o.- Facultad de Ciencias.
3o.- Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Jurisprudencia,
b) La Escuela Nacional de Economía,
c) La Escuela Nacional de Comercio y Administración.
4o.- Facultad de Medicina, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Medicina, con las secciones de Enfermería y Obstetricia,
b) La Escuela Nacional de Odontología,
c) La Escuela Nacional de Medicina Veterinaria.
5o.- Facultad de Ingeniería y Ciencias Químicas, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Ingeniería,
b) La Escuela Nacional de Ciencias Químicas.
6o.- Facultad de Bellas Artes, integrada por:
a) La Escuela Nacional de Arquitectura,
b) La Escuela Nacional de Artes Plásticas,
c) La Escuela Nacional de Música.
7o.- Escuela Nacional Preparatoria.
8o.- Escuela Nacional de Iniciación Univesitaria.
Artículo 6o.- La investigación científica se llevará a cabo principalmente por los siguientes institutos:
a) de Matemáticas
b) de Física
c) de Química
d) de Biología
e) de Geología
f) de Geografía
g) Observatorio Astronómico
h) de Investigaciones Sociales
i) de Investigaciones Estéticas.
Artículo 8o.- Los Institutos tendrán un Director y constarán de las secciones con el personal técnico y administrativo que señale el reglamento y dependerán directamente del Rector. Las Juntas Directivas de las Facultades de Derecho y Ciencias Sociales y de Bellas Artes funcionarán respectivamente como Consejeros Consultivos de los Institutos de Investigaciones Sociales y de Investigaciones Estéticas: deberán hacer al Rector todas las observaciones que estimen pertinentes para el mejor desarrollo de los trabajos.
Los Directores de las Facultades de Filosofía y Letras y de las Ciencias, el Director de la Escuela Nacional de Ciencias Químicas y los Directores de los Institutos de Matemáticas, Física, Química, Biología, Geografía y del Observatorio Astronómico formarán el Consejo Consultivo de estos Institutos. Los Directores de los Institutos anteriormente mencionados serán los jefes de los respectivos Departamentos de que consta la Facultad de Ciencias.
México, D.F. a 19 de octubre de 1938
Dr. Antonio Caso
Dr. Isaac Ochoterena
Ing. Ricardo Monges
Ing. Ricardo Monges
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cómo citar este artículo
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| Gabriela Guzmán, Edoardo Yáñez, Atzhiry Vigueras, Diana Belén y María de la Paz Sánchez |
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Seguramente has notado que cuando a una planta se le
corta una rama, ésta se vuelve a formar; de hecho, con una sola hoja se puede generar una nueva planta. Esta capacidad de regeneración también la tienen algunos anfibios, sin embargo, no todos los animales comparten tal característica. Los mamíferos, por ejemplo, no pueden regenerar sus extremidades cuando son amputadas, ni un dedo de un humano se puede regenerar. ¿Qué es lo que hace que algunos organismos tengan esta capacidad de regeneración y otros no? Para entender qué es lo que hay detrás, es necesario conocer las células responsables de la formación de los diferentes tejidos y órganos que conforman a un organismo: las células troncales.
Comúnmente conocidas como células madre, éstas tienen la capacidad de generar otras especializadas que, al madurar, formarán los tejidos y órganos de un organismo. De acuerdo con su grado de compromiso, es decir, de especialización para cumplir una función específica, se han clasificado las células troncales en multipotentes —capaces de originar múltiples células dentro de un linaje celular—, pluripotentes —pueden dar lugar a todos los tipos celulares que contiene un organismo adulto—, y totipotentes —susceptibles de generar todos los linajes embrionarios y adultos de un individuo. No obstante, en la práctica la clasificación de los diferentes tipos celulares con base en su grado de compromiso resulta algo complejo, por lo que otra clasificación ha sido creada con base en su origen, separándolas en embrionarias y adultas. Sin embargo, esto parece no ser aplicable a todos los seres vivos, ya que, por ejemplo, mientras que en animales la organogénesis (formación de los órganos) sólo se presenta en su etapa embrionaria, en las plantas puede ocurrir durante todo su ciclo de vida, por lo que en el primer caso las células troncales tienen una función muy importante en las primeras etapas del desarrollo, es decir durante la formación del embrión (un ser vivo en sus primeras etapas de desarrollo con todas las características morfológicas de la especie), pero van perdiendo importancia conforme el desarrollo avanza; de hecho, al inicio de la formación de un ser humano, mucho antes de su nacimiento, el óvulo ya fecundado se divide una y otra vez, pasando de ser sólo una célula a dos, cuatro, ocho, hasta millones de ellas. Con el paso del tiempo, todas estas células, en un principio iguales entre ellas, irán tomando formas y funciones diferentes, de tal manera que al final del desarrollo embrionario, se forme un cuerpo humano completo, con todos sus órganos y tejidos. Es decir, que las células iniciales, poco menos de cientos, son células troncales pluripotenciales.
Así, aun cuando presenten diferencias, tanto en plantas como en animales las células troncales cumplen con una serie de características: a) son autorrenovables, es decir que, al dividirse, una de las células resultantes se mantiene indiferenciada, mientras que la otra se convierte en una célula especializada con diferente linaje; b) su descendencia va a diferenciarse en varios tipos celulares funcionales; y c) su comportamiento es regulado por su entorno inmediato, el llamado nicho.
Esta última característica tiene una gran importancia debido a que dichas células no se encuentran en forma aislada en los seres vivos, sino que están acomodadas en sitios que poseen características vitales para regular su funcionamiento: los nichos. Éstos son microambientes en donde se localizan las células troncales así como diversos factores que regulan su correcto funcionamiento —por ejemplo, proveen señales solubles, adhesivas y físicas que son cruciales para mantener su función; asimismo, evitan que las células troncales se acaben o agoten y previenen a la vez una proliferación exuberante que podría causar daños graves al organismo. Se conocen ya distintos ejemplos de células troncales localizadas en posiciones específicas y que son reguladas por su microambiente inmediato —el nicho— mediante distintos factores, en diferentes modelos de estudio, tanto de plantas como de animales.
Lo anterior permite entender por qué cuando somos embriones tenemos células capaces de generar cualquier parte del cuerpo —pluripotentes— y al llegar a la edad adulta esto se ve restringido. Si bien en mamíferos adultos existen algunas células troncales, éstas se hallan en nichos específicos a lo largo y ancho del cuerpo en ciertos tejidos. Algunos de los más conocidos son: 1) los nichos de la médula ósea; 2) el de células troncales incisivo; 3) el de células troncales del folículo capilar; 4) el de células madre limbares (del ojo); 5) el de células troncales intestinal; 6) el de células troncales de la epidermis; y 7) los de células troncales neurales.
En su novela Un mundo feliz, Aldous Huxley construye un mundo en donde cada persona nace con un rol definido y no intercambiable dentro de su sociedad, el cual también define sus capacidades. De acuerdo con la cita anterior, podríamos decir que las células troncales de los adultos se parecen en algo a la gente de esta novela: no pueden ser lo que quieran ser. A diferencia de las células troncales embrionarias, pluripotenciales, las de los adultos son multipotenciales y unipotenciales, es decir que sólo pueden generar células de un tipo o de pocos tipos y su función se reduce a mantener los tejidos; por ejemplo, cuando nos fracturamos, las células troncales que allí se encuentran empiezan a dividirse para generar células de hueso y sanar la ruptura, más no podrían generar una extremidad nueva.
Así, la mayoría de los animales, incluido el humano, poseen nichos de células troncales distribuidos en zonas específicas del cuerpo, lo cual les da cierto nivel de regeneración. Es común en invertebrados como planarias, esponjas, equinodermos y varios crustáceos cierta capacidad de regeneración en zonas específicas, y hay algunos capaces de regenerar el cuerpo en su totalidad. Sin embargo, en vertebrados es algo poco común; la excepción más notables es el ajolote.
Un animal de gran singularidad
Ambystoma mexicanum, comúnmente llamado ajolote, pertenece al grupo de las salamandras y los tritones, ubicado dentro del de los urodelos, una rama de los anfibios. Es un animal capaz de regenerar la gran mayoría de sus tejidos, desde extremidades al ser amputadas, hasta tejidos vitales como los de cerebro, ovario, pulmón, ocular, muscular y esquelético, entre otros; esto se debe, en parte, a que el ajolote es un animal neoténico, es decir, que conserva características de su estado juvenil —como la presencia de branquias—, aun cuando ya ha alcanzado la madurez sexual.
El proceso de regeneración en ajolotes ha sido objeto de varias investigaciones. Se ha visto que, al perder una extremidad, la epidermis cubre el sitio de la lesión produciendo una cresta apical epidérmica, en donde se forma una zona proliferativa rica en células progenitoras llamada blastoma. En los ajolotes, a diferencia de otros anfibios, la regeneración del músculo se produce mediante el reclutamiento de células a partir del tejido maduro en el blastoma, en donde proliferan. Mientras que en el tritón Notophthalmus viridescens el blastoma se conforma por células originadas a partir de una desdiferenciación de células maduras de tejido muscular.
Entendamos mejor este proceso con una pequeña analogía. Imaginemos que el organismo es un collar de cuentas de distintos colores, individualmente estas cuentas eran completamente blancas sin embargo al formar parte del collar se tornaron de diferentes colores dependiendo de la zona del collar en la que se localizan. Ahora pensemos que las cuentas amarillas, por ejemplo, representan las células del músculo de alguna extremidad. Teniendo esto en mente, imaginemos que el collar está cortado en la zona de las cuentas amarillas y por tanto hay un daño que reparar. La manera cómo lo resolvería un ajolote es trasladando algunas de sus cuentas amarillas remanentes directo a la zona de daño para que éstas se dupliquen y reemplacen a aquellas perdidas por el daño ocasionado al collar. Mientras que en un tritón sería un tanto diferente, ya que las cuentas amarillas próximas a la región de daño se volverán blancas (lo que representa el proceso de desdiferenciación), listas para cambiar a amarillo y poder duplicarse para regenerar la extremidad perdida.
Pero no solamente puede regenerar una extremidad el ajolote; se sabe que durante el desarrollo de su organismo completo existen 33 tipos celulares, y en un estudio sobre el proceso de regeneración de su tejido cerebral se vio que se presentan 28 tipos celulares, un número bastante similar. Es algo notable si pensamos que son procesos independientes que ocurren en momentos diferentes de la vida del organismo. Además, en dicha investigación se descubrió que durante el proceso de regeneración del tejido cerebral se presenta una subpoblación de células del cerebro de los ajolotes que probablemente se origine a partir de células locales preexistentes del mismo tipo celular; ésta se genera después de una herida causada al tejido cerebral, es decir, resulta de un proceso de regeneración.
Si bien mucho se ha documentado acerca del proceso de regeneración de los diferentes tejidos del ajolote, poco se sabe acerca de la participación de algún nicho de células troncales en este proceso. En estudios recientes se ha identificado que algunos tejidos mantienen poblaciones de células similares a las troncales que les permiten sanar y regenerarse. Sin embargo, no se puede decir con certeza si el proceso de regeneración se da gracias a la participación de un nicho de células troncales.
La presencia de nichos de células troncales tanto en animales como en plantas, dos grupos que divergieron entre sí hace millones de años, sugiere que esta característica se adquirió de manera independiente en ambos grupos, y cumple el mismo propósito de tener un reservorio de células desdiferenciadas con la capacidad de, en un momento determinado y de ser necesario, continuar con su crecimiento y desarrollo o regenerar tejidos y órganos.
Las plantas y su especial plasticidad
La capacidad de las plantas para regenerar sus células y dar lugar a la formación de nuevos órganos es fascinante. Cuando una planta sufre alguna rotura o herida en alguna parte de su estructura vegetal, en el lugar de la herida se genera un ambiente que promueve y establece el proceso de regeneración celular. Esto puede iniciar de dos maneras distintas: por medio de la reactivación de células relativamente indiferenciadas o mediante la reprogramación de células somáticas diferenciadas o especializadas (estas células representan todas aquellas que forman parte de tejidos y órganos de un organismo, sin incluir las germinales ni las embrionarias, que son el origen de los gametos).
Ambos procesos de regeneración celular suceden por la extraordinaria capacidad que tienen las plantas de volver a especificar la especialización de algunas células, esto significa que pueden cambiar la función tanto de células indiferenciadas como de aquellas que ya adquirieron una función específica para dar lugar a la formación de los centros formadores de células, los llamados meristemos. El tejido meristemático de las plantas desempeña un papel importante en el proceso de regeneración, ya que es el responsable de reparar el daño celular y mantener el crecimiento de la planta mediante la producción de células nuevas para la formación de órganos. Los meristemos están formados por dos tipos de células: un grupo indiferenciadas pero bien organizadas, es decir, que aún no están especializadas pero tienen la capacidad de multiplicarse rápidamente; y un nicho de células troncales que fungen como el centro de control del tejido meristemático. En general, en plantas podemos encontrar principalmente dos meristemos localizados en cada extremo de la planta, en el tallo y en la punta de la raíz, por lo que se les conoce como meristemo apical de tallo y meristemo apical de raíz; en conjunto mantienen el desarrollo y formación de los órganos de las plantas.
En las plantas con semillas, estos meristemos aparecen desde el inicio de la formación de la semilla, igual que ocurre en mamíferos cuando el óvulo es fecundado, ya que éste contiene toda la información necesaria para que el embrión comience su desarrollo pasando por varias etapas de crecimiento y cambios morfológicos hasta su nacimiento. Un proceso similar sucede en el interior de las semillas cuando se empiezan a formar. Se ha visto que en muchas especies de plantas —como Arabidopsis thaliana, una planta con semillas muy usada como modelo de estudio—, después de la fecundación del óvulo se produce una primera división celular que genera dos células de diferente tamaño, una pequeña llamada célula apical, ya que se encuentra en el extremo superior, y una alargada de mayor tamaño llamada célula basal, es decir, que se encuentra en la base. Ambas continúan dividiéndose en cada etapa del desarrollo embrionario y empiezan a formar dos polos de grupos de células en cada extremo para dar lugar a la formación del tejido meristemático de tallo y de raíz.
El meristemo apical de tallo es el encargado de la formación de tallo, hojas y flores, parte del tejido aéreo de las plantas, de aquellos órganos que se encuentran por encima del suelo. Por su parte, el meristemo apical de la raíz es el encargado de los tejidos que conforman la raíz, aquellos que se hallan bajo el suelo. Ambos presentan una localización y organización celular específica: el meristemo de tallo está compuesto por un conjunto de células organizadas donde se ubica el nicho de células troncales que contiene un centro organizador, el cual mantiene y regula la formación de las células troncales; y contiene también una zona de células que se dividen rápidamente y adquieren una función específica para dar lugar al tejido epidérmico y subepidérmico del tallo, a hojas y flores. Estos tejidos revisten a la planta como si fuera su piel, ya que proveen una barrera que la protege de daños externos, y se encargan de formar el tejido vascular del tallo y la médula, que operan como el sistema circulatorio de las plantas, pues tienen la función de transportar agua, nutrimentos y movilizar moléculas por todo el tejido vegetal.
En el caso de la estructura de la raíz, sus células están dispuestas como si fuera un cono, en cuyo vértice se localiza el meristemo de raíz. Éste presenta una organización celular ordenada: en la punta se encuentran el centro quiescente formado por células que mantienen un estado de baja actividad debido a un microambiente controlado, y alrededor de éstas se encuentran las células troncales, que tienen la capacidad de dividirse rápidamente para dar lugar a los diferentes tejidos de la raíz, como la epidermis, el córtex y la endodermis, que constituyen los más externos de la raíz respectivamente y que, en conjunto, rodean al tejido más interno de la raíz, llamado vascular, que es importante para el transporte de agua y nutrimentos.
Ambos meristemos permanecen activos durante todo el ciclo de vida en muchas especies de plantas, lo que les permite regenerar sus órganos cuando son dañados. Además, la capacidad de las células de cambiar de especialización en un momento determinado es una de las características fascinantes de las plantas gracias a la cual pueden generar con relativa facilidad una nueva planta con todos sus órganos a partir de un pedazo de hoja o de raíz. En efecto, en muchas especies es posible obtener una planta completa a partir de un pedacito de algunos de sus órganos; algunas lo hacen naturalmente, como es el caso de varias suculentas que, cuando se les corta una hoja y se pone en tierra, al cabo de unos días empieza a salir raíces y pequeñas hojitas y, con el tiempo, se forma una planta adulta completa. Sin embargo, otras especies requieren una pequeña ayuda, es el caso de ciertas especies que necesitan la adición de sus propias hormonas para inducir la formación de raíces, tallos y hojas. Esta plasticidad ha permitido propagar plantas en peligro de extinción, como algunas cactáceas, o acortar los tiempos de desarrollo para que llegue a su madurez un agave.
Lo más interesante de los estudios sobre la plasticidad en mamíferos, anfibios y plantas es que, a pesar de que sus nichos de células troncales conservan características similares y muchas de las moléculas que actúan en los procesos de regeneración también están conservadas, son diferentes las señales que regulan sus nichos de células troncales. Quizá sea esto un factor que influya en su capacidad de regeneración. Hace falta todavía un mayor número de estudios para saber más acerca de este proceso.
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Referencias Bibliográficas
Scadden, D. 2006. “The stem-cell niche as an entity of action”, en Nature, vol. 441, pp. 1075-1079.
Slack, J. 2018. “What is a stem cell?”, en WIREs Developmental Biology, vol. 7, núm. 5. Heidstra, R. y S. Sabatini. 2014. “Plant and animal stem cells: similar yet different”, en Nature Reviews Molecular Cell Biology, vol. 15, núm. 5, pp. 301-312. Scadden, T. 2006. “The stem-cell niche as an entity of action”, en Nature, vol. 441, pp. 1075-1079. Stahl, Y. y R. Simon. 2005. “Plant stem cell niches”, en The International Journal of Developmental Biology, vol. 49, núm. 5, pp. 479-489. |
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| Gabriela Guzmán Fávila, Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México. Es bióloga graduada de la Facultad de Ciencias, UNAM. Actualmente se encuentra realizando sus estudios de posgrado en Biología molecular y epigenética de plantas, en el Instituto de Ecología, UNAM. Edoardo Yáñez Martínez, Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México. Estudió biología en la Facultad de Ciencias, UNAM. Actualmente se encuentra como pasante en el Laboratorio de genética molecular, desarrollo, epigenética y evolución en plantas, Instituto de Ecología, UNAM. Atzhiry Deni Vigueras Enciso Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México. Estudió biología en la Facultad de Ciencias, UNAM. Actualmente se encuentra como pasante en el Laboratorio de genética molecular, desarrollo, epigenética y evolución en plantas, Instituto de Ecología, UNAM. Diana Belén Sánchez Rodríguez, Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México. Es doctora en ciencias en infectómica y patogénesis molecular, cinvestav, Zacatenco. Actualmente es Técnico Académico titular A de TC en el Laboratorio de genética molecular, desarrollo, epigenética y evolución en plantas, Instituto de Ecología, UNAM. María De La Paz Sánchez Jiménez Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México. Es doctora en ciencias bioquímicas por la Facultad de química, UNAM. Actualmente es investigadora titular B de TC, Instituto de Ecología, UNAM. Su línea de investigación se centra en la biología molecular y la epigenética de plantas. |
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| de la tecnoogía |
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| Urge encauzar la Inteligencia Artificial | ![]() |
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| Eduardo Morales | ||||||||||||||
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La Inteligencia Artificial (IA) recientemente se ha
vuelto un tema común de conversación, con desarrollos que no dejan de sorprendernos, inclusive a los que trabajamos en el área desde hace muchos años. Apoyada por una inyección importante de recursos económicos y humanos, ha aprovechado la gran cantidad de datos disponibles, los aumentos en la capacidad de cómputo y las mejoras en los algoritmos de aprendizaje para crear sistemas que prácticamente saben de todo, que le ganan a los mejores del mundo en una gran cantidad de juegos, que pueden generar dibujos, textos, música y videos a partir de un texto simple, e inclusive resolver problemas tan fundamentales para la vida como el del plegamiento de proteínas. La ia está impactando a gran velocidad en toda la sociedad, por lo que es importante actuar con rapidez para asegurarnos que esta poderosa tecnología se use en beneficio y no en detrimento de todos.
Sus avances recientes están detonando un “nuevo renacimiento” en las ciencias y las artes. Por un lado, ayudando a resolver problemas fundamentales en la ciencia y, por el otro, generando una explosión de expresiones artísticas. En particular, se le puede ver como un “amplificador cognitivo”, con capacidades para analizar una gran cantidad de información, encontrar patrones útiles, explorar diversas alternativas, entre muchas otras capacidades. Siendo una tecnología tan poderosa, también tiene sus posibles riesgos. Es importante entender que los sistemas de ia, pueden tomar decisiones acertadas o decisiones que pueden reforzar nuestros errores o sesgos, pero estos sistemas no tienen un código moral, no saben lo que es verdadero o falso, no saben si se equivocan, no tienen valores humanos, no cuentan con intención, motivación, emoción o juicio, aunque por su comportamiento lo pueden “simular”, por lo que es común asignarle cualidades humanas.
Para contener sus posibles malos usos, recurrentemente se menciona la importancia de crear una regulación, como lo están haciendo muchos países. La regulación tiene sus beneficios, pero también sus riesgos. Por un lado, ayuda a que se le dé un uso ético, buscando prevenir discriminación y sesgos que puedan impactar negativamente a grupos minoritarios; también a la protección de datos personales, a respetar la privacidad, a impulsar la calidad y consistencia de los desarrollos y a promover la responsabilidad social y legal de estos sistemas cuando se equivocan. Con la regulación se puede promover la transparencia de estos sistemas, buscar proteger los derechos de autor, evitar la proliferación de armas autónomas, incentivar el uso de estas tecnologías en toda la sociedad, y para evitar ensanchar la brecha entre ricos y pobres, entre otros beneficios.
Por otro lado, los detractores de las regulaciones argumentan que éstas pueden detener o retrasar el desarrollo de dicha tecnología y crear costos excesivos, afectar al surgimiento de nuevas empresas para las cuales sea difícil cumplir con tales regulaciones y que no tengan los recursos económicos necesarios, limitando la posible competencia. Sin embargo, dada la velocidad en que están ocurriendo los desarrollos y la incertidumbre en cuanto a su posible futuro, lo más probable es que dichas regulaciones dejen de tener vigencia rápidamente.
Finalmente, las regulaciones que adopten los países no van a ser equivalentes e inclusive pueden no existir en algunos casos, lo cual puede provocar que las empresas desarrolladoras de dichas tecnologías se muevan a países con regulaciones laxas que permitan desarrollar sistemas que posiblemente violen derechos humanos a costa de beneficios económicos. Algo parecido ya sucede en otras industrias, como la minera, en donde se violan las condiciones mínimas laborales y ambientales. La regulación debe de ser en beneficio de la población y no de las compañías desarrolladoras. Las normas deben de crearse a nivel nacional tomando en cuenta las regulaciones internacionales y ser robustas y ágiles para poder lidiar con los continuos cambios tecnológicos.
Las regulaciones son indispensables, pero no son suficientes. Por ejemplo, existen leyes claras para no robar, sin embargo, cerramos con llave todas nuestras pertenencias porque las leyes no siempre son respetadas. Si algo nos enseñó el uso de la ia en las redes sociales es que, con mecanismos relativamente sencillos, lograron que la gente fuera más predecible, más extrema y más polarizada. No es difícil imaginar mayores controles sobre la población con mecanismos más sofisticados. Afectará la educación, el sector salud, el desarrollo de la ciencia y de las artes, la agricultura, el empleo y muchas áreas más, por lo que se requiere tener un plan nacional de desarrollo integral, con equipos multidisciplinarios, que abarque todos estos sectores y se asegure de que dicha tecnología se use en beneficio de la sociedad.
Por ejemplo, en el sector salud se esperan mejoras al producir diagnósticos precisos, acelerar la producción de fármacos y vacunas, dar un mejor seguimiento a los pacientes, ayudar a la prevención de enfermedades y contar con la posibilidad de desarrollar aplicaciones médicas específicas para la población mexicana. Pero para eso se requiere trabajar con médicos especialistas que conozcan no sólo los beneficios, sino también los riesgos potenciales.
Se espera que contribuya asimismo a una educación personalizada con grandes beneficios en el proceso enseñanza-aprendizaje, pero esto requiere educar a los alumnos y, en particular, a los maestros en cómo usar estas tecnologías de forma efectiva para que promuevan la enseñanza y se eviten saltos cognitivos, esto es, que los alumnos dejen de aprender ciertos conceptos o habilidades por delegar buena parte del trabajo cognitivo en tales tecnologías. Para esto se requiere cooperar con los docentes a fin de diseñar programas de enseñanza en donde se aprovechen dichas tecnologías como apoyo a los alumnos en el aprendizaje y desarrollo de nuevas habilidades.
Además, se espera que provoque desempleo, por lo que se requiere trabajar con expertos de economía y empresarios para vislumbrar alternativas laborales y programas de capacitación para la generación y conversión de nuevos empleos. Ya está presente en nuestras vidas y su influencia va a ser cada vez mayor. No podemos dejar pasar la oportunidad para aprovecharla ni dejar que cada quien use esta tecnología como “dios le dé a entender”. Actualmente las grandes compañías crean sistemas de ia, los liberan a la sociedad y luego buscan corregirlos para evitar posibles sesgos o malos usos. Tenemos que obligar a estas compañías para que los sistemas que liberan a la sociedad sean seguros por diseño. Eso justamente sucede con las farmacéuticas, las cuales no pueden, por ejemplo, saltarse los ensayos clínicos, o con las plantas nucleares, que no pueden omitir los protocolos de seguridad. Entonces, ¿por qué vamos a permitir que las compañías que están generando estos sistemas sí se puedan saltar cualquier tipo de garantía? No queremos que por desconocimiento de su uso se creen errores médicos que pongan en riesgo la vida de los pacientes. Tampoco podemos quedarnos cruzados de brazos mientras el desempleo aumente con su incorporación en varios sectores productivos; no debemos permitir que nuestros alumnos usen estas herramientas para resolver problemas escolares, evitando procesos cognitivos y perdiendo su capacidad para escribir, cuestionar o razonar. Debemos evitar que esta tecnología ensanche la brecha educativa, de salud, alimenticia, entre otras tantas, entre personas con altos recursos económicos y aquellas menos favorecidas.
Finalmente, es importante preguntarnos cómo estamos en la formación de recursos humanos, la cual es una parte fundamental para el futuro de la ia. Desafortunadamente en México, su desarrollo y, más genéricamente de la computación, tiene serios problemas en todos los niveles educativos. En la primaria, secundaria y preparatoria, en general, se enseña cómo usar paquetes para escribir textos, hacer hojas de cálculo o diseñar presentaciones, en lugar de enseñar computación. Aprender a usar paquetes en las clases de computación es como aprender a usar una calculadora en lugar de enseñar matemáticas, a usar un telescopio en lugar de aprender astronomía o manejar un coche para aprender mecánica. El equiparar el uso de paquetes o herramientas con el conocimiento del área crea una idea equivocada de lo que es la computación. A nivel licenciatura no estamos mejor, en lugar de que exista una carrera en computación que se enseñe en diferentes instituciones, como ocurre con la física, química o biología, lo que vemos es que existen más de doscientos nombres diferentes para carreras relacionadas a computación e informática, la mayoría de ellas con deficiencias en matemáticas, que son la base de la computación y la ia.
Esto crea confusión para los estudiantes y para los empleadores, ya que el nombre de la carrera deja de hacer sentido en cuanto al contenido de la carrera. A nivel posgrados, se tienen grupos relativamente pequeños y aislados en el país, no se tiene un Centro Público de Investigación dedicado a la ia y las políticas de evaluación de conahcyt, que en buena medida determinan el desarrollo de la investigación en el país, aíslan a los científicos mexicanos de la comunidad internacional. Me explico: en la computación, una de las formas más aceptadas de publicar conocimiento es por medio de congresos, los cuales son artículos en extenso que siguen un proceso estricto de evaluación y en donde muchas veces es más difícil de publicar que en las mejores revistas del área. Esto no ocurre, en general, en otras áreas del conocimiento, en donde las publicaciones en congresos se consideran de menor calidad que las de las revistas. Para ilustrar la relevancia de los congresos en computación, según Google metrics, de las cien publicaciones de mayor impacto a nivel mundial, existen diez de computación, de las cuales ocho son congresos. De hecho, la cuarta publicación de más impacto a nivel mundial en esa lista es un congreso de computación, sólo por debajo de Nature, The New England Journal of Medicine y Science. Sin embargo, si un investigador de México publica en ese congreso, no se le toma en cuenta en sus evaluaciones porque no se considera como un producto válido de investigación. Esto provoca que los investigadores acaben publicando en revistas para que se les reconozcan esas publicaciones en México, pero que posiblemente no reciban el mismo reconocimiento a nivel internacional.
La IA es una tecnología muy poderosa que puede ayudar a resolver muchos problemas de la sociedad y mejorar sus estándares de vida, pero tenemos que asegurarnos que así sea. Dada las capacidades de sus herramientas actuales y su disponibilidad, es primordial que nosotros definamos cómo queremos que se usen en beneficio de la sociedad. Se tiene que invertir en su educación, en su investigación y en su sano desarrollo. Se requiere crear centros de ia, con grupos multidisciplinarios y equipo de cómputo adecuado para atender los sectores que más rápidamente van a ser afectados con esta tecnología, empezando por la educación. Es necesario crear una regulación y considerar aspectos éticos en su uso. Se requiere incluir cursos de ética en las universidades que enseñan computación y aplicar regularmente auditorias y monitoreos a estos sistemas para asegurarse de que cumplan con ciertos estándares de desempeño y confiabilidad. Tales acciones nos pueden ayudar a crear un desarrollo responsable en el área, que traiga beneficios tangibles para la sociedad y detone el desarrollo científico y tecnológico del país.
Necesitamos articular un plan nacional para la incorporación de la ia en la sociedad. Sus posibles consecuencias son muy amplias, es una tecnología disruptiva y ya está entre nosotros, lo queramos o no, por lo que urge encauzarla para poder obtener todos los beneficios que promete y al mismo tiempo evitar todos los posibles daños que puede ocasionar.
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| Eduardo Morales Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica, Universidad Nacional Autónoma de México. |
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