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del mar
       
 
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La investigación
a la orilla del mar,
la UNAM llega
a SISAL
Xavier Chiappa Carrara
y Patricia Guadarrama Chávez
   
   
     
                     
Dedicado a los profesores que hicieron realidad este proyecto: Carlos Rosas y Adolfo Sánchez; a los alumnos que los acompañaron en esta aventura y a la comunidad universitaria sisaleña actual que con el trabajo del día a día han logrado que el nombre de la UNAM haga eco desde las costas yucatecas.

Sisal es un pueblo costero que fue habitado por poblaciones prehispánicas mayas según consta en el códice de Calkiní; a partir de la conquista comienza su actividad portuaria, la cual alcanza reconocimiento importante por la cantidad de barcos internacionales y gente importante que transitaban por su puerto, como lo describe Sabina Berman: “lo primero en Sisal es su muelle. El que recibió a la emperatriz Carlota cuando arribó a México en 1865. Un muelle digno del arribo de una emperatriz y su cortejo: una calzada de diez metros de ancho flanqueada de columnas dóricas blancas que se adentra en un mar de siete tonos de azul”. Pero en 1870 se abre el puerto de Progreso y, dada su cercanía a la ciudad de Mérida, con ello comienza el olvido y la decadencia de Sisal.

En ese sitio, en 2004 se fundó la primera de una serie de sedes foráneas con las que ahora cuenta la Facultad de Ciencias y que se denominan como unidades multidisciplinarias de docencia e investigación (UMDI). La visión que se tuvo para el desarrollo de la umdiSisal partía de la idea central de que el uso adecuado de los recursos naturales debe estar basado en un aprovechamiento sostenible en el tiempo. Sin esta consideración, la explotación de los recursos bióticos puede generar utilidades económicas y sociales, pero carece de verosimilitud biológica.

En este proyecto se considera que las necesidades de un grupo social y la cantidad de recursos que puede ser extraída del ambiente son dos elementos clave que deben de ser considerados para aprovechar los recursos en el marco del desarrollo sostenible. Esta idea también implica aprovechar, preservar y restaurar los recursos naturales de manera tal, que dichas acciones sean compatibles con la obtención de beneficios económicos mediante un esquema que involucre a la sociedad en la conservación de los ecosistemas.

En el año 2007, la diversificación de temas de investigación constituía un atractor importante para que estudiantes de posgrado buscaran en Sisal opciones de formación especializada, puesto que se generaban nuevos conocimientos desde la perspectiva de las disciplinas de la física, química, biología y ecología. En aquel momento, las instalaciones, el equipamiento de los laboratorios y áreas experimentales, así como las posibilidades de realizar trabajo de campo en distintos ambientes costeros y el creciente número y calidad del personal académico adscrito a las unidades de la unam en Yucatán, fueron factores que permitieron que dicho campus fuese considerado una de las sedes foráneas del programa de posgrado en Ciencias del Mar y Limnología.

Innovaciones como los sistemas sustentables de cultivo de camarones (Farfantepenaeus duorarum, Litopenaeus vannamei y F. brasiliensis) mediante biofloc para engorda directa, los sistemas cerrados de circulación para la maduración de camarones peneidos (F. duorarum y L. vannamei), así como los estudios fisiológicos y nutricionales que acompañan la engorda del camarón blanco en agua dulce y los trabajos sobre la condición inmunológica de otros modelos de estudio, como los peces y los moluscos, han permitido la creación de un plan de estudios de especialización en acuacultura que se impartirá en colaboración con la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la misma UNAM.

El ámbito de los estudios oceanográficos que se realizan en la UMDISisal abarca desde el límite que impone la tierra a la penetración del agua marina hasta el borde de la extensa plataforma continental de Yucatán, sobre la cual fluye una corriente costera que sólo recientemente ha podido ser descrita. Su origen está en las aguas subsuperficiales de la corriente de Yucatán y, de mayo a julio, lleva aguas frías y poco saladas hasta los límites con el estado de Campeche. Otra corriente, que se origina frente a las costas de Sisal, fluye por gravedad hacia la plataforma continental. Ambas crean un sistema que genera un ambiente con características particulares y distintivas tanto de la columna de agua como del sustrato que, a su vez, determinan los parámetros ecológicos y pesqueros gracias a los cuales ha sido posible identificar tanto regiones prioritarias de conservación como la zonación de las dos áreas naturales protegidas que se ubican en los límites del terreno que ocupa la unam en Sisal.

El ámbito geográfico del pulpo rojo (Octopus maya) parece estar limitado por las bajas temperaturas estivales que caracterizan la presencia de estas corrientes litorales. Los mecanismos adaptativos que despliega para enfrentar tal conjunto particular de condiciones esta especie sujeta a una intensa explotación pesquera, la convierten en un indicador del cambio en la temperatura del mar.

La corriente litoral arrastra consigo grandes masas de agua desde la zona de la surgencia, en las cercanías de Cabo Catoche, hasta el Golfo de México; son aguas ricas en nutrimentos, mismos que se añaden a las del acuífero de Yucatán, el segundo más importante del país, conforme éste entra en contacto con el mar en la costa norte de la península y aporta compuestos que provienen de las actividades agrícolas, pecuarias, urbanas e industriales que se filtran a través de la roca calcárea hasta el manto de agua. Dadas ciertas condiciones climatológicas y oceanográficas, algunas algas tóxicas o nocivas encuentran el medio propicio para florecer generando las mareas rojas que, en los últimos años, se suceden con creciente frecuencia.

Para describir la interacción del mar con sus fronteras se requiere entender el conjunto de procesos físicos que ocurren en tales zonas de transición, medir sus impactos relativos y modelar sus relaciones para predecir efectos como los del cambio climático global. En 2010 se concretó la posibilidad de integrar a la visión de trabajo multidisciplinario con el que se originó la UMDISisal a un grupo de trabajo del Instituto de Ingeniería de la unam, cuyos intereses académicos abarcan temas relacionados con la hidrodinámica y morfodinámica de la costa, así como su vulnerabilidad ante fenómenos hidrometeorológicos que ocurren con más intensidad y frecuencia temporal, el transporte de sedimentos y la caracterización del clima oceánico. Los estudios de la interacción tierramar se han planteado a diferentes escalas en el espacio y en el tiempo, lo que permite combinar observaciones realizadas en el campo con rigurosos experimentos de laboratorio que podrán llevarse a cabo en un canal de oleaje. Gracias a tales estudios será posible tener propuestas de solución al desequilibrio físico presente en algunas secciones de la costa yucateca que provocan intensos eventos de erosión.

Los programas de monitoreo ambiental y ecológico han permitido describir el uso que decenas de especies de peces arrecifales hacen del complejo sistema de rías, lagunas y humedales que utilizan como zona de refugio ante eventos catastróficos como las mareas rojas. Dichos estudios aportan información para actualizar el inventario de la biodiversidad del sureste, generando además bancos de adn y colecciones regionales de referencia tanto de especímenes como de fotografías tomadas en fresco que han permitido incursionar en temas como el de la generación de modelos en tres dimensiones de algunos organismos y el desarrollo de claves dicotómicas interactivas en línea. En estos ambientes extremos se están caracterizando genéticamente los consorcios microbianos productores de exopolisacáridos que habitan en sitios hipersalinos.

El futuro de una comunidad académica comprometida con el desarrollo sostenible tendrá que tener un carácter multidisciplinario y multiinstitucional. Temas como el acoplamiento de los procesos físicos, químicos, biológicos y sociales que ocurren en la costa son los que permiten obtener resultados con el impacto que buscamos para consolidar el proyecto académico del campus Sisal y, para lograrlo, es indispensable que los esfuerzos sean concurrentes. La participación en redes temáticas de colaboración ha resultado ser una manera de articular los esfuerzos de distintas personas e instituciones para abordar problemas específicos, aglutinando los expertos con los que cuenta el país, y generar así proyectos de gran envergadura para favorecer el desarrollo sustentable.

  articulos

Referencias bibliográficas

http://www.sisal.unam.mx
Unidad Multidisciplinaria de Docencia e Investigación (UMDI), SISAL. 2011. Gaceta Siidetey, marzo núm. 20 (http://siidetey.org.mx/publicaciones/ver/24_gaceta-no-20).

     
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Xavier Chiappa Carrara y
Patricia Guadarrama Chávez
Facultad de Ciencias,
Unidad Multidisciplinaria de Docencia
e Investigación SISAL,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo
Chiappa Carrara, Xavier y Patricia Guadarrama Chávez. La investigación a la orilla del mar, la UNAM llega a Sisal. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 132-135. [En línea]
     

 

 

de la física
       
 
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La luminiscencia de
los depósitos fluviales
secreto guardado en los granos minerales
Esperanza Muñoz Salinas
     
     
       
                       
La luminiscencia es un efecto óptico descrito por la Real
Academia de la Lengua Española como: “propiedad de despedir luz sin elevación de temperatura y visible casi sólo en la oscuridad, como la que se observa en las luciérnagas, en las maderas y en los pescados putrefactos, en minerales de uranio y en varios sulfuros metálicos”. Es resultado de distintos procesos que en algunos casos obedecen a consecuencias biológicas, como ocurre en las luciérnagas y, en otros, a fenómenos fisicoquímicos como la radiactividad —ejemplo de ello es la radiación natural en los granos minerales de uranio—, que es el que aquí trataremos.

La radioactividad fue descubierta en forma accidental en el uranio por Henri Becquerel en 1896. Posteriormente, las investigaciones de Pierre y Marie Curie, asesoradas por él, mostraron el mismo efecto en el polonio y el radio, por lo que dieron el nombre de radiactividad al efecto descubierto por su maestro. Pero, ¿qué es la radiactividad? Es frecuente escuchar hablar de este fenómeno por sus muchas aplicaciones en la actualidad, algunas de las cuales han desencadenado tragedias como las catástrofes en las centrales nucleares de Chernobyl en 1986 y en Fukushima en 2011, así como las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. No obstante, la radiactividad está presente en prácticas que constituyen un beneficio para el ser humano, como las aplicaciones médicas orientadas a la curación del cáncer (la radioterapia), la esterilización de cierto tipo de alimentos y la obtención de energía eléctrica, entre otras.

A pesar de que el descubrimiento de la radiactividad es algo reciente, ésta existe desde el inicio del universo. En la Tierra, como también ocurre en otros planetas, la radioactividad se relaciona con elementos químicos inestables que generan radiación de manera natural. Sabemos que un elemento químico es igual a un átomo y que éste se compone de un número determinado de protones y neutrones presentes en el núcleo y de electrones que orbitan alrededor de éste. El número de protones de un átomo se llama número atómico, y es el que define el nombre del elemento químico en la tabla periódica. En principio, la mayoría de los átomos tienden a contener el mismo número de neutrones que de protones en el núcleo, por lo que hay un equilibrio. Sin embargo, en algunos casos el número de neutrones no es igual al de protones, lo cual produce un isótopo que puede ser inestable, ya que el núcleo no se encuentra en equilibrio y, por ello, se somete a un proceso de cambio que supone la pérdida de uno o más neutrones o protones, hasta convertirse en un elemento estable.

Todo lo que conlleva una ruptura de los enlaces atómicos, conocida como fisión nuclear, libera una gran cantidad de energía, la cual es emitida de manera constante hasta que el núcleo atómico quede en equilibrio. Esto supone la emanación de tres posibles tipos de rayos, conocidos como alfa, beta y gamma. Los rayos alfa están compuestos de un núcleo de helio con dos protones y dos neutrones, que recorren tan sólo algunos centímetros desde su lugar de emisión y pueden quedar atrapados fácilmente en una superficie de papel, de tela o en la piel. Los rayos beta están compuestos por un electrón y tienen un alcance de varios metros y, por ser más ligeros que los alfa, pueden atravesar las superficies que dejan atrapados a los núcleos de helio pero son detenidos en superficies de aluminio. Los rayos gamma no tienen masa y son una emanación electromagnética, son muy energéticos y pueden desplazarse hasta varios cientos de metros y atravesar gran cantidad de cuerpos, pero quedan confinados en superficies de alta densidad como las de plomo de más de un centímetro de grosor. Por tanto, la radiactividad es un fenómeno fisicoquímico mediante el cual se irradia energía desde un núcleo atómico.

La luminiscencia

Los resultados de la irradiación son diversos, por ejemplo, los rayos gamma son capaces de ionizar los electrones dentro de un átomo, es decir de movilizarlos de su órbita habitual hacia una de mayor energía. Cuando los átomos se unen químicamente con otros en enlaces covalentes —en los cuales uno o varios electrones son compartidos por dos o más átomos—, se habla de minerales semiconductores; cuando éstos son expuestos a una radiación ionizante puede provocar la movilización de ciertos electrones de la banda de valencia (región cercana a los núcleos de los átomos) a la de conducción (región más alejada de los núcleos, donde los electrones tienen cierta libertad para desplazarse), en la cual puede existir imperfecciones dentro de la red cristalina y algunos electrones quedar atrapados en tales espacios.

Cuando los electrones almacenados en espacios más energéticos a su posición habitual son estimulados mediante la radiación electromagnética dentro del espectro visible, pueden retornar a sus órbitas habituales. En el caso de los enlaces químicos en semiconductores, los electrones pueden abandonar las imperfecciones localizadas en la banda de conducción y reintegrarse a la de valencia. En ambos casos, el retorno conlleva una pérdida de energía, que se compensa con la emisión de fotones que producen un haz de luz. Así, la irradiación ionizante procedente de la radiactividad natural que tiene lugar en los suelos por isótopos de uranio, torio y potasio genera que ciertos electrones se desplacen a imperfecciones de la red cristalina como semiconductores, que es el caso de los granos minerales de cuarzo. De esta manera, cuando los granos de cuarzo son expuestos a la luz solar, emiten fotones, y en este fenómeno se basa la luminiscencia que tiene lugar en los granos minerales.

El cuarzo es el mineral más extendido sobre la superficie terrestre, y es por ello que los ríos desplazan este mineral. La dureza del cuarzo lo hace resistente a la alteración mecánica y sus cualidades como semiconductor permiten que sea sólido a la modificación química. De esta manera, los granos de cuarzo están habitualmente presentes en los depósitos abandonados por los ríos tanto en sus cursos alto, medio y bajo, en donde es frecuente la existencia de isótopos de uranio, torio y potasio en mayor o menor proporción. Como resultado de la radiación ionizante producto de la radioactividad natural existente en los depósitos fluviales, los granos de cuarzo acumulan energía mediante la movilización de sus electrones a la banda de conducción, la cual será cada vez mayor si el grano de cuarzo no recibe luz solar o, en otras palabras, mientras el grano de cuarzo se encuentre enterrado. Así, el número de electrones atrapados en la banda de conducción guarda una relación directa con la radiactividad a la que ha sido expuesto el grano mineral. Por lo tanto, si se calcula, por una parte, la radioactividad en un depósito y, por otra, la cantidad de electrones atrapados en la banda de conducción en los granos de cuarzo, se puede estimar el tiempo que lleva el sedimento enterrado, de lo cual se puede obtener una edad del depósito.

A fin de conocer la cantidad de electrones atrapados en la banda de conducción, los granos de cuarzo se mantienen en la oscuridad desde su lugar de extracción y se llevan al laboratorio. Allí se estimulan de manera artificial con un espectro electromagnético definido, generalmente dentro del visible, donde se cuenta el número de fotones emitidos. Los estudios de luminiscencia en granos minerales comenzaron a realizarse en 1986 con Huntley y sus colaboradores y la técnica se conoce como luminiscencia óptica estimulada que, en la actualidad, es una técnica muy fiable y que empieza a tener bastante uso en la comunidad científica.

Conclusiones

La radiactividad es un fenómeno fisicoquímico que convive con el ser humano y tiene lugar desde el origen del universo. La luminiscencia que se estudia en ciertos granos minerales es consecuencia directa de la radiactividad y se puede analizar para conocer la edad de los sedimentos que dejan los ríos.

El estudio de esta luminiscencia se puede considerar el “secreto” que guardan los granos minerales, ya que nos ayudan a comprender mejor el tiempo que tardan los ríos en transportar el material que es fruto de la erosión de los sistemas montañosos. Los ríos son uno de los elementos más importantes en la transformación de nuestro relieve terrestre y, por ello, el estudio de la luminiscencia en los sedimentos de origen fluvial es una herramienta de vital importancia para conocer mejor los procesos que operan en la superficie terrestre. Las investigaciones en este campo arrojarán muy pronto nuevos e interesante resultados sobre el comportamiento que tienen los grandes sistemas fluviales.

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Referencias bibliográficas

Aitken, M. J. 1995. “Thermoluminescence dating: past progress and future trends”, en Nuclear Tracks, vol. 10, pp. 3-6.
1998. An Introduction to Optical Dating. The Dating of Quaternary Sediments by the Use of Photon-Stimulated Luminescence. Oxford University Press, Nue-va York.
Duller, G. A. 2008. “Single-grain optical dating of Quaternary sediments: why aliquot size matters in luminescence dating”, en Boreas, vol. 37, pp. 589-612.
Huntley, D. J., D. I. Godfrey-Smith y M. L. W. Thewalt. 1985. “Optical dating of sediments”, en Nature, vol. 313, pp. 105-107.
Muñoz-Salinas, E., P. Bishop, D. Sanderson y J. Zamorano. 2011. “Interpreting luminescence data from a por-table osl reader: three case studies in fluvial settings”, en Earth Surface Processes and Landforms, vol. 36, pp. 651-660.
Wintle A. G. y A. S. Murray. 2006. “A review of quartz optically stimulated luminescence characteristics and their relevance in single-aliquot regeneration dating protocols”, en Radiation Measurements, vol. 41, pp. 369-391.

       
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Esperanza Muñoz Salinas
Instituto de Geología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
       
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como citar este artículo
Muñoz Salinas, Esperanza. (2013). La luminiscencia de los depósitos fluviales secreto guardado en los granos minerales. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 76-79. [En línea]
       

 

 

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Jazmín Dávila Jimenénez, Giovanna Díaz del Toro,
Ixchel Sarahí González Ramírez, Griselda Guerrero Márquez,
Adrián Reyna Domínguez y Francisco Enrique Saldaña Monroy
     
               
               
Las barrancas son formaciones geológicas que se originaron
por fracturas del terreno o por una erosión provocada por ríos y escurrimientos, depresiones naturales elongadas, con laderas que presentan escurrimientos. Aun cuando algunos las toman como sinónimos de valles, cada habitante tiene un concepto único en función de su experiencia.

Este tipo de relieve proporciona beneficios ambientales como la captación e infiltración del agua a los mantos acuíferos, evitar la erosión, son grandes reservorios de co2, allí se libera oxígeno, y poseen un alto potencial forestal, el cual es de suma importancia para una ciudad tan contaminada como el Distrito Federal. Además, estos ambientes desempeñan un papel estratégico en la vida silvestre por el tipo y la cantidad de especies vegetales y los animales que la integran, por lo que son importantes para la conservación ecosistémica. También fungen como reguladores climáticos, de manera que, para el funcionamiento y mantenimiento de los sectores ambiental y social, es imperativa su conservación.

En el Distrito Federal hay cerca de 2 300 escurrimientos naturales asociados a barrancas. Debido a las características topográficas existentes, el sur es la zona con más barrancas, ya que existen 74 barrancas distribuidas en ocho delegaciones (Álvaro Obregón, Cuajimalpa, Gustavo A. Madero, Iztapalapa, Magdalena Contreras, Milpa Alta, Tlalpan y Xochimilco), la mayoría concentrada en las delegaciones Álvaro Obregón, Cuajimalpa y Gustavo A. Madero.

Actualmente el Distrito Federal sufre las consecuencias del desarrollo urbano a costa de áreas naturales, sobre todo como consecuencia de los nuevos asentamientos que se edifican en zonas agrícolas y forestales de alto valor productivo, adicionando un costo ambiental al crecimiento de la ciudad. Es un crecimiento urbano desordenado que desborda ya las laderas de las barrancas debido a la falta de control de las obras de las constructoras y a otras actividades ilícitas, lo que las torna susceptibles de ser ocupadas de manera irregular, provocando, como consecuencia, su modificación, erosión y contaminación.

Dicha situación genera varios problemas: a) al no encontrar una masa forestal que amortigüe su velocidad, los escurrimientos pluviales producen impactos destructivos en las edificaciones construidas en lechos y taludes adyacentes a las barrancas produciendo deslaves; b) el porcentaje de infiltración de agua pluvial en los mantos acuíferos se ha reducido; c) la desaparición de especies de flora y fauna silvestres endémicas; d) la modificación del clima de la ciudad de México; y e) la pérdida de suelos orgánicos importantes para el desarrollo de la flora y, por ende, de la fauna silvestre.

Estos fenómenos impactan negativamente a las barrancas del Distrito Federal, convirtiéndolas en basureros y focos de infección. De acuerdo con Leff, algunas de las causas del daño a estas barrancas es el déficit de vivienda, la falta de políticas ambientales que valoren en su justa medida los servicios ecosistémicos, la impunidad de las grandes empresas constructoras y comerciales al establecer complejos industriales y habitacionales en estas zonas, además de la aplicación de políticas públicas erróneas para el desarrollo rural.

De manera importante, la delegación Álvaro Obregón sobresale en toda la ciudad por ser la que cuenta con la extensión de barrancas más grande, el mayor número de colonias o zonas ubicadas dentro de dichas barrancas (79) y de viviendas en situación de alto riesgo (900), lo cual se debe a que en ella se encuentran las siguientes elevaciones: la Sierra de las Cruces, el Cerro de San Miguel, la Cruz de Cólica o Alcalica de Mamatla, el Ocotal y la Zacazontetla, de donde proviene un gran número de escurrimientos. Su sistema hidrológico actual consiste en ocho subcuencas fluviales correspondientes a los ríos Tacubaya, Becerra, Mixcoac, Tarango, Tequilazco, Tetelpan, Texcalatlaco y Magdalena. Es en esta delegación en donde se encuentra la Barranca de Guadalupe.

La comparación entre las propuestas encontradas en una página del gobierno del Distrito Federal, los proyectos para las barrancas en general, su restauración y recuperación, y aquellas expuestas en un artículo del Instituto Nacional de Ecología de 2007 que trata del estado de la Barranca de Guadalupe muestra que ésta presenta problemas como el incremento en la urbanización, ya que cada asentamiento cercano requiere un sistema de drenaje que generalmente es dirigido hacia ella. Por otro lado, al aumentar la pavimentación, se ocasiona que los volúmenes de infiltración y recarga de los mantos acuíferos disminuyan, mientras que la basura, el cascajo, el drenaje a cielo abierto y el desazolve de presas aumentan. A la conagua, la delegación, el gdf, al gobierno federal y a los ciudadanos corresponde solucionar los problemas de drenaje a cielo abierto, basura y el desazolve de presas, pero el problema del cascajo es tarea de la delegación, el GDF y los ciudadanos.

De acuerdo con el diagnóstico de la Barranca de Guadalupe elaborado en 2007, se detectó un total de 353 problemas e ilícitos ambientales, destacando trece descargas residuales colectivas, 270 individuales que no se encuentran conectadas y descargan de manera directa al cauce de la barranca, diecinueve tiraderos de basura, doce tiraderos de cascajo, tres de chatarra y dos de desechos industriales, los cuales, en conjunto, ocasionan un fuerte deterioro y alta contaminación ambiental. A partir de lo anterior se pensó evaluar lo que sucedía en realidad allí, teniendo en cuenta la importancia de las barrancas, además del caso de la supervía, que cruzaría dos barrancas importantes (La Malinche y Tarango), aunque más tarde se descubrió que también estaba incluida la de Guadalupe, hecho que dio origen al presente trabajo.

Entre los estudios y trabajos de campo sobre las barrancas del Distrito Federal que se habían llevado a cabo anteriormente, el primero, de noviembre de 2004, es un reporte titulado Barrancas en el Distrito Federal, seguido del Diagnóstico Socioambiental de la Barranca de Guadalupe en Álvaro Obregón, Distrito Federal, de noviembre de 2007, el cual presenta una descripción minuciosa de la barranca, así como de muchos de los problemas más sobresalientes (aguas residuales, tiraderos de basura, de chatarra, de desechos industriales y aceites, construcciones irregulares, desarrollo urbano de alto riesgo, entre otros). Esta recopilación de información fue de gran relevancia para nuestro trabajo debido a que sirvió como punto de partida.

Asimismo, varios periódicos publicaron artículos con enfoques más centrados, como La Jornada, que en enero de 2008 reportó cómo la mitad de las barrancas de Álvaro Obregón están invadidas, no sólo por gente de escasos recursos, sino también por grupos de alto poder económico, haciendo de esto un problema no sectorizado, sino de ámbito general.

En agosto de 2008, El Universal reportó que la delegación Álvaro Obregón había iniciado un programa de rescate de los cien kilómetros que comprenden las siete barrancas con el fin de recolectar miles de toneladas de basura.

A nivel político, en julio de 2009, la responsable de la Secretaría del Medio Ambiente dio a conocer que se preparaba la declaratoria como Área de Valor Ambiental de 32 barrancas ubicadas en el Distrito Federal. El propósito sería que, para 2012, se tuviera un incremento en la recarga de los mantos acuíferos superior al metro cúbico por hectárea. En marzo de 2010, la misma anunció la puesta en marcha del programa integral de rescate de barrancas, cuyo objetivo general sería dar valor ambiental a 33 barrancas que se ubican en la zona poniente de la ciudad con el propósito de garantizar su conservación, estrategia que forma parte del Plan Verde del Gobierno del Distrito Federal para alcanzar el equilibrio del acuífero del valle de México.

Descripción general

La Barranca de Guadalupe es parte del sistema de barrancas ubicado en la parte poniente y surponiente del Distrito Federal, cuya formación parte de la Sierra de las Cruces y corre paralelamente, descargando en la cuenca de México. Es la más extensa en la delegación Álvaro Obregón, conformada por franjas de lomas que van del poniente al oriente de la ciudad, de La Loma y La Bandera al viejo panteón Jardín ubicado en Rómulo O’Farril. Está dividida en cinco tramos (tabla 1) y su cauce principal y mayores afluentes miden aproximadamente quince kilómetros de longitud. Limita al poniente con la delegación Cuajimalpa, al sur con el Desierto de los Leones y al norte con la calzada de las Águilas. Se ubica dentro de la Región Hidrológica No. 26 (RH26) Pánuco, en la cuenca “D” Río Moctezuma y la subcuenca “P” Lago de Texcoco-Zumpango.

 

Tabla 1. Tramos de la barranca Guadalupe y colonias que los componen.
NOMBRE DEL TRAMO                       
COLONIA
Hueytatitla Barrio Tlacoyaque, Chamontoya, Paraje el Caballito, Ampliación Tlacoyaque, Tlacoyaque.
Arroyo Texcalatlaco Lomas de la Era.
San Bartolo Ameyalco.
Acueducto San Ángel Fraccionamiento Tenis San Francisco, Fraccionamiento Rancho San Francisco, Fraccionamiento Bosque de Verdún, Fraccionamiento Villa Verdún.
Arroyo San Ángel Inn Villa Verdún, Alcantarilla, Lomas de Guadalupe, Ocotillos Peotilcos, Lomas de las Águilas, La Joyita, La Peñita, Conjunto Habitacional Cumbre se San Francisco, Cañada del Pinar.
Río Guadalupe Ampliación Puente Colorado, El Encino, Tecalcapa, El Mirador, San Clemente Sur, San Agustín, Ampliación, Águilas, Lomas de los Ángeles Tetelpan, Camino Real de Tetelpan, Fraccionamiento Galaxia San Ángel, Fraccionamiento Lomas de San Ángel, Fraccionamiento Ampliación la Herradura, Conjunto Villa Madera.

 

 

Tiene un promedio de precipitación anual de 1 100 milímetros en la parte alta y de 800 en la baja. Se caracteriza por una vegetación en manchones compuesta por encinos (Quercus sp.), fresnos (Fraxinus sp.), madroños (Arbutus xalapensis), tepozanes (Buddleia cordata) y cipreses (Cupressus lindleyi). Y anteriormente era una zona de refugio para especies —como consta en los registros orales de los oriundos del lugar—, de anfibios (Caudata), tlacuaches (Didelphimorphia), musarañas (Insectivora), reptiles pequeños (Squamata), carpinteros (Piciformes), golondrinas, jilgueros, gorriones (Passeriformes) y murciélagos (Chiroptera).

El estudio se efectuó en el último tramo de la barranca llamado Río Guadalupe. Al comenzar, tras apenas haber caminado poco más de diez metros, la problemática era evidente: contaminación por el drenaje al aire libre, acumulación de basura que emite olores que, al moverse las corrientes de aire, cambiaban, tornándose intensos, muy desagradables.

Conforme se profundizó en el estudio, notamos disturbios ecológicos presentados por especies invasoras, como el ricino (Rizinus communis), un arbusto capaz de inhibir el crecimiento de otro tipo de plantas, además de la existencia de insectos plaga, principalmente hemípteros, con capacidad de reproducción rápida (estrategia R) y un alto consumo de materia vegetal. Asimismo, la reducción del hábitat y la contaminación de los cauces ha desplazado a las especies de animales, y el efecto de la fauna feral (perros y gatos domesticados abandonados en las laderas de la barranca, los cuales se adaptan a una vida silvestreurbana) que se alimenta de la fauna local y desechos comestibles.

METODOLOGÍA
Con el objeto de evaluar el estado actual de la Barranca de Guadalupe nos enfocamos en un tramo de ella, para lo cual hicimos una representación esquemática del grado de perturbación antropogenica y nos centramos en la comparación de la problemática actual con respecto de la reportada en 2007, cuyo diagnóstico proporciona información más digerible y notable. Con el fin de determinar qué tramo sería el más representativo para hacer un mejor trabajo, nos enfocamos en buscar información de cómo está constituida la Barranca de Guadalupe. Se anotó también observaciones particulares e imágenes actuales que permitieran tener una referencia más precisa del problema.
Efectuamos los recorridos a pie, de marzo a mayo de 2011, buscando localizar los problemas de la barranca y entrevistar personas oriundas del lugar. Ésta fue la primera percepción de la zona que como biólogos en formación percibimos y conforme se ahondó en el tema, aunado a la interacción con las personas de la zona, nos volvimos receptivos a lo narrado por los lugareños. Las encuestas se aplicaron a habitantes de las colonias Ampliación Puente Colorado, Ampliación las Águilas, y Tetelpan en abril del 2011.
Se elaboró un índice de perturbación y para evaluarla se tomaron en cuenta datos como la altitud, latitud, longitud, clasificamos la presencia de basura con valores del cero al cinco, desde cero = nada, uno: solo basura orgánica, dos: mucha basura sin llegar a formar grandes acumulaciones, cuatro: basura presente obstruyendo el cauce y cinco: exceso de basura (al haber objetos grandes como muebles y llantas). La existencia de un tiradero o cascajo se evaluó solamente con cero: ausente y uno: presente. Tomamos en cuenta los tipos de vegetación, cero: presente con estrato arbóreo, uno: presente con estrato arbóreo escaso, dos: presente sin estrato arbóreo y tres: sin vegetación.
La presencia de especies ferales o de vegetación inhibidora de otras especies vegetales se clasifico en cero: ausente y uno: presente. Para el caso del olor del agua se le dieron valores de cero: sin olor, uno: con mal olor soportable y dos: con mal olor insoportable. Para describir la presencia de aguas estancadas se tomó en cuenta como cero: ausente y uno: presente. Otro punto notable fue la distancia de las viviendas del cauce, cero: muy lejos (más de 30 metros), uno: lejano (15 a 30 metros), dos: cerca (5 a 15 metros) y tres: muy cerca (de 0 a 5 metros). El color del agua lo clasificamos en cero: transparente, uno: transparente con partículas suspendidas, dos: gris y tres: negra o completamente opaca. Con estos valores se determinó una suma y un promedio para valorar el índice de perturbación.

En dichas entrevistas se obtuvo conocimiento de que en épocas electoreras es el periodo en el cual se anega a la gente de promesas para tener algo que está establecido legalmente, como el derecho a un ambiente limpio y salud entre otros. Entre esas promesas los lugareños explicaron que figuran proyectos como el uso de agua de desagüe para riego, la colocación de cercas para prevenir que los automóviles arrojen basura a la barranca, entre otros, pero de todo lo propuesto sólo se cumplió, al llegar nuevamente la época electorera, el desazolve de la presa de Guadalupe. Los problemas se agravan porque algunas personas, de manera consciente e inapropiadamente, tiran la basura a la barranca, aun teniendo el servicio de camiones de basura circulando regularmente en la zona. No obstante, algunos se habían organizado para limpiarla, sembraron árboles para reforestar el área, e incluso formaron equipos deportivos de fútbol.

Principales problemas detectados

Los resultados se organizaron dividiendo el área de estudio en dos partes: la zona baja, que va de la presa la Mina, en la colonia Lomas de los Ángeles Tetelpan, a la presa Tequilazco, ubicada entre las colonias El Encino y Puente Colorado; y la zona alta, que va desde la presa Tequilazco hasta la cerrada del Pozo Colonia Ocotillos.

En la parte baja se observó una mayor perturbación; gran cantidad de residuos domésticos como bolsas de plástico, botellas, muebles y desperdicios de chatarra. El estancamiento de agua y drenaje al aire libre le da un color opaco al agua y muy mal olor. También se observaron tiraderos de cascajo, fauna nociva como perros, gatos y roedores en abundancia, especies vegetales no nativas y el estrato arbóreo escaso, todo lo cual representa un problema serio en materia de salud, ya que la fauna nociva puede ser un vector para la transmisión de enfermedades infecciosas. En esta zona el terreno es accidentado y el suelo sin cubierta vegetal es erosionado, lo que puede ocasionar deslaves.

El cauce del río no es el único que presenta estos problemas, en las laderas también hay un exceso de basura evidente a simple vista. El caso de las presas es similar; su objetivo es retener el agua y en época de lluvias evitar inundaciones ocasionadas por la creciente del río Guadalupe, sin embargo, durante la época de secas se observa una gran acumulación de basura, cascajo, muebles, grandes cantidades de lodo que obstruyen las compuertas y el agua tiene una coloración grisácea con tonalidades verdosas y un tendencias a negra en donde se estanca, es espumosas y produce un olor fétido.

La parte alta de la barranca está en condiciones similares; exceso de basura y drenaje de aguas residuales a cielo abierto, con la diferencia de que allí se encuentra un mayor número de asentamientos irregulares, pues en la ladera, aunque tiene una inclinación mayor, hay un gran número de casas y departamentos, e incluso existen construcciones que se están levantando justo encima del cauce. En la parte final de esta zona, la cobertura vegetal nativa y el estrato arbóreo son más abundantes, la presencia de basura se ve disminuida así como los tiraderos de cascajo, lo cual se debe a que en esta zona el paso al cauce está limitado.

Cabe mencionar que en una de las visitas a esta última parte de la barranca se encontró a personas talando una cantidad considerable de árboles a escasos quince metros del cauce, quienes nos indicaron que era para la construcción de la supervía poniente, proyecto llevado a cabo por el gdf. En la página de la red de la supervía no se menciona específicamente por dónde pasará, sin embargo, hay un mapa en el cual se puede observar que pasará por zonas donde hay barrancas, incluyendo la de Guadalupe.

A fin de cuantificar todos estos problemas se empleó un índice de perturbación que toma en cuenta los nueve problemas más relevantes: basura, cascajo, tipo de vegetación, especies ferales o invasoras, el color, olor y fluidez del agua en relación con el desagüe directo, al igual que la distancia de las viviendas al cauce de la barranca. Los valores obtenidos permitieron, además, hacer una comparación del grado de perturbación a lo largo del tramo de la barranca estudiado —aunque estadísticamente no son representativos los valores obtenidos, los daños son notables aun de manera general.

Se establecieron puntos cada 450 metros, con lo que se elaboró un esquema que muestra gráficamente el grado de perturbación a lo largo de la zona y los aspectos clave como los tiraderos de cascajo, presas y salidas de drenaje. Todos los puntos tuvieron índices de perturbación altos. El punto de mayor perturbación se presentó en la presa Tequilazco debido a la presencia de agua estancada, ya que es utilizada como zona de tiradero.

De 2007 a 2011

A partir de dicha información se hizo una comparación entre el estado actual de la barranca y el reportado en 2007, evaluando directamente el posible cambio desde entonces e indirectamente el programa de recuperación de las barrancas de la delegación Álvaro Obregón. La tabla 2 muestra los principales problemas, el estado actual de la barranca y el estado reportado en 2007 por el ine en su estudio diagnóstico, así como los instrumentos legales que permitirían solucionar estos problemas y las estrategias del programa de recuperación de la delegación. En ella se observa que todos los problemas tienen una instrumentación legal y que existen proyectos planteados por la delegación para la recuperación de las barrancas en general y soluciones para cada uno de ellos. Sin embargo, al comparar el estado actual de la barranca con el reportado en 2007 no hay ninguna mejoría, por lo que se infiere que los problemas derivan de la falta de aplicación de la ley, ya que existe suficiente información, instrumentos legales y proyectos que podrían solucionar en gran medida la problemática de este sitio.

Tabla 2. Cuadro comparativo que muestra el estado actual (2011) y de (2007) de la barranca de Guadalupe. Así como los instrumentos legales y propuesas del gobierno para mejorar la situación.

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Así, por ejemplo, mientras el Plan Nacional de Desarrollo menciona que se han efectuado entrevistas a líderes vecinales de la Barranca de Guadalupe, a organizaciones no gubernamentales y funcionarios de la delegación, y semarnat dio incentivos para eliminar la basura de las barrancas, los lugareños no lo mencionaron y la barranca está llena de basura. Y si bien ante problemas como la contaminación del agua la delegación tiene proyectos de plantas de tratamiento, ya que el estudio de 2007 reporta descargas de aguas residuales colectivas e individuales y drenaje a cielo abierto, en 2011 la situación fue la misma: no se observa ninguna planta de tratamiento.

Con respecto del problema de la basura, la delegación tiene proyectos de limpieza de basura y manejo de residuos domiciliares, y el Plan Nacional de Desarrollo establece en el apartado 9.5.1 que se deben dar incentivos para eliminar los basureros de las barrancas urbanas, pero nosotros observamos numerosos tiraderos de basura y desechos sólidos en el cauce, además de problemas de cascajo, al igual que en 2007.

Asimismo, ante la presencia de viviendas cerca de la barranca, con riesgos de deslave, la delegación tiene proyectos como el de protección de taludes, pero tanto el estudio de 2007 como esta investigación reportan construcciones irregulares a no más de diez metros de distancia del cauce, cuyos habitantes no han notado ni oído de ninguna aplicación del proyecto. En cuanto al problema de vegetación oportunista, no existen proyectos de ningún tipo, y es un problema que aparece en el estudio del 2007 y nosotros lo encontramos de manera constante. El Plan Nacional de Desarrollo del presidente Felipe Calderón menciona también la búsqueda de tecnologías para solucionar la problemática de las barrancas en general y, a un año de que termine el periodo del presidente, en nuestras visitas notamos que ésta sigue igual o peor a la presentada en el estudio de 2007.

Finalmente, si bien la ley de aguas y la ley ambiental del Distrito Federal se ven implicadas directamente en el problema de la contaminación de medios hidrológicos, la presencia de desechos sólidos y de especies vegetales invasoras; la ley de residuos sólidos lo está con la existencia de este problema en la barranca, la de vivienda con el riesgo de deslave de casas, además de su papel en el desarrollo urbano; la ley de protección de animales con el riesgo de eliminación de especies locales y la de salud es responsable ante posibles riesgos que la afectan, todas estas leyes no se ven aplicadas ante la problemática observada e inclusive se notan violaciones graves. Tal es el caso del derecho a la salud, que es incumplido debido a los deficientes servicios médicos por la extrema atención a la guerra contra el narcotráfico, lo cual no permite que las personas recurran al servicio médico, ni evitar los problemas por la presencia de focos de infección, y aún menos tomar en cuenta el derecho a un ambiente limpio.

La perspectiva de los habitantes

La mayoría de los lugareños entrevistados han vivido cerca de la barranca desde hace más de treinta años, y la mitad de ellos pasan por la barranca diariamente y creen que esto representa alto riesgo físico y de salud. Cabe notar que en cuanto a los problemas de la delegación Álvaro Obregón, en 2007 los habitantes ubicaron la seguridad y la delincuencia como el principal problema, mientras que en 2011 cambiaron su percepción, considerando que el daño al ambiente es igualmente importante. Esto es, hay un cambio en su visión de los problemas que afectan a las barrancas y en especial a la de Guadalupe, ya que ahora no sólo se piensa en problemas locales como los tiraderos de basura, sino que se tiene una idea más global de lo es la contaminación. Aun así, un porcentaje alto considera que el estado de la Barranca de Guadalupe no es ni bueno ni malo, probablemente porque se han acostumbrado a un mal manejo de las barrancas.

En cuanto al interés de la gente y su disposición a abordar la problemática de la barranca, (algo que no se preguntó en el diagnóstico de 2007), encontramos que la mitad de los entrevistados ha escuchado sobre los proyectos a cargo de la delegación principalmente durante las campañas electorales, pero no conoce ningún proyecto que esté en práctica actualmente. Los entrevistados están dispuestos a participar en proyectos de rescate colaborando en la limpieza, la reforestación, el entubamiento de aguas negras, el alumbrado público, colocando un enrejado para proteger la zona y dar otros usos a la barranca, preferentemente para esparcimiento.

Por último, la mayoría desconocía la razón de la tala de árboles y pocos se habían enterado (no más de dos meses antes del estudio) que era a causa del proyecto de la supervía, lo cual podría deberse a que la gente no se entera de los proyectos que se llevan a cabo en su colonia ni de los grandes impactos a nivel ambiental, social y de infraestructura que éstos pueden generar, ya que el túnel de la supervía atravesará las laderas de la barranca donde se encuentran vastos asentamientos urbanos, la mayoría de ellos en condiciones irregulares.

Conclusiones

El estado actual de la zona baja de la Barranca de Guadalupe no es mejor que el reportado en 2007 en el estudio diagnóstico del Instituto Nacional de Ecología. Entre los principales problemas se encuentra la contaminación por desechos sólidos y cascajo, las descargas de aguas residuales, el estancamiento de aguas negras y las construcciones irregulares. Los pobladores de esta zona están conscientes del deterioro de su barranca y los problemas que esto ocasiona, por lo que están dispuestos a colaborar en acciones de restauración, aunque aún existe mucha desinformación al respecto.

A pesar de que estamos a un año de que concluya el periodo presidencial, y de la existencia de una instrumentación legal y buenos planteamientos de soluciones a los problemas por parte de la delegación y el gdf, éstos no se aplican, contribuyendo al deterioro de la barranca, a lo cual se suman acciones del sector gubernamental que son contradictorias, como el proyecto de la supervía, que va en contra de la declaratoria de las barrancas como áreas de valor ambiental.

Es evidente que un buen número de personas oriundas del lugar están dispuestas a apoyar acciones de rescate si se implementara alguno de los proyectos planteados por la delegación y el gobierno. Pudiese ser que el restringir un tanto el acceso a las barrancas evitaría que se tirara basura, así como un aumento en la seguridad el que se den agregaciones delictivas, como sucede en el caso de la presa Guadalupe, cuyos habitantes han recibido una mayor consideración por tratarse de gente de alto poder. No obstante, a la larga, este grado de contaminación afectara a una amplia zona y no sólo al sector marginado, como sucede actualmente.

Con base en diversas fuentes (bibliográfica, páginas de internet oficiales, lo observado y lo narrado) se obtuvo información de carácter individual, a la cual se le imprimieron conceptos propios y, en general, se consideró que existe una desinformación intencionada por parte del gobierno hacia los habitantes de la zona, acompañada de actos pantomímicos, donde se plantean proyectos que no se realizan o no se consulta a la ciudadanía al respecto.

Las narraciones corroboraron lo encontrado bibliográficamente en cuanto a la presencia anteriormente de especies animales y vegetales en la zona, ahora escasas o desaparecidas al verse desplazadas por efectos antropogénicos como la contaminación y la introducción de fauna de tipo feral, lo cual se evitaría con un control de las mascotas que en muchos casos son abandonadas.

Este estudio propone, principalmente, que si se diera un seguimiento a un proyecto, inclusive simple, la gente consciente de la problemática estaría dispuesta a ayudar. Colocar una malla para evitar que se tire cascajo y basura sería un buen comienzo, como también sería importante tener un control de la ubicación de las casas, pues muchas están cerca del cauce donde hay riesgos de erosión visibles, lo cual conlleva probables deslaves y riesgos para sus habitantes.

A pesar de que una proporción de la gente se acostumbró ya al estado de la zona, la creciente contaminación y el deterioro de la Barranca de Guadalupe es un riesgo, ya que se pueden generar focos infecciosos de enfermedades, con una alta propagación debido a fauna feral, como los roedores e insectos transmisores de enfermedades, esto es, un riesgo para la ciudad de México en su totalidad, ya que algunas enfermedades tienen una alta propagación.

Dadas las limitaciones del presente estudio, pues no propone una visión de desarrollo sustentable como solución, lo cual sería deseable, el visualizar problemáticas como la existente en la Barranca de Guadalupe puede permitir un comienzo plausible para algún tipo de solución que lleve a mejorar las condiciones ecológicas, socioeconómicas y políticas de esa localidad. Sirve también para hacer conciencia en el ámbito científico, a fin de que tenga eco y se busquen soluciones adecuadas a esta problemática que cada vez se torna más grave.

articulos
Referencias bibliográficas
 
Procuraduría Ambiental y Ordenamiento Territorial del df. 2010. Zona de riesgo y vulnerabilidad ambiental en barrancas de la delegación Álvaro Obregón, Distrito Federal. Pp. 1-26 (www.paot.org.mx/centro/temas/barrancas/docpaot/reportedebarrancas.pdf).
Instituto Nacional de Ecología. 2007. Diagnóstico socioambiental de la barranca de Guadalupe en Álvaro Obregón, Distrito Federal. Pp.1-54 (www.ine.gob.mx/descargas/dgipea/diag_barranca_gpe.pdf).
El economista. 2009. “Declaran barrancas del df como áreas de Valor Ambiental”, 22 de julio (eleconomista.com.mx/notasonline/df/2009/07/22/declaranbarrancasdfcomoareasvalorambiental).
Bertha Teresa Ramírez. 2010. “Al rescate de las 33 barrancas de la zona poniente del df”, en bionero (www.bionero.org/ecologia/alrescatede33barrancasdelazonaponientedeldf).
Plan Nacional de Desarrollo 20072012. Investigación científica y tecnológica ambiental con compromiso social. Objetivo 13 (www.semarnat.gob.mx/transparencia/rendicioncuentas/Documents/primer%20informe/
09.pdf).
Gobierno del Distrito Federal. Sistema de información de Barrancas (www.sma.df.gob.mx/barrancas/index.php?op=tipodeproyectos).
Manifestación de Impacto Ambiental Modalidad Específica. Sistema Vial de Túneles y Distribuidores al SurPoniente de la Ciudad de México. Mayo de 2010. Pp. 1-62.
 
 
 
Agradecimientos

Agradecemos a las profesoras Julieta Jujnovski Orlandini y Alya Ramos Ramos Elorduy, quienes nos alentaron a difundir lo encontrado y finalmente a la revista Ciencias, que nos dio la oportunidad de expresar los resultados de nuestro trabajo.
     
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Jazmín Dávila Jimenénez, Giovanna Díaz del Toro, Ixchel Sarahí González Ramírez, Griselda Guerrero Márquez, Adrián Reyna Domínguez y Francisco Enrique Saldaña Monroy
Estudiantes de Biología de la Facultad de Ciencias,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo
Dávila Jiménez, Jazmín, Giovanna Díaz del Toro, Ixchel Sarahí González Ramírez, Griselda Guerrero Márquez Adrián Reyna Domínguez y Francisco Enrique Saldaña Monroy. (2013). La problemática ambiental en la Barranca de Guadalupe y la percepción de sus habitantes. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 50-60. [En línea]
     

 

 

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La recuperación
del río La Piedad
un caso de regeneración socioecológica
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Delfín Montañana
y Natalia Gálvez
 
 
 
Desde Egipto y Mesopotamia hasta la Gran Tenochtitlan
podemos observar como los asentamientos humanos que derivaron en las culturas originarias de la humanidad tienen un patrón constante: surgen alrededor de sistemas lacustres o a lo largo de los ríos. Cualquiera notaría que esto no es una casualidad, los ríos traen consigo la posibilidad de mejores condiciones de vida asociadas con el acceso a tierras fértiles, a una zona con confort de temperatura, biodiversidad y agua dulce. Durante siglos, los ríos y sistemas lacustres han hecho posible el nacimiento y la subsistencia de las culturas más importantes de nuestro planeta.

En México, la función actual de los ríos es en extremo distante a la que solía existir en la antigüedad, se han convertido en parte del sistema de drenaje de nuestras ciudades. Bajo el modelo actual de crecimiento de la ciudad, el automóvil es el protagonista y el principal determinante de la conformación del espacio urbano, favoreciendo así las superficies propicias para la circulación de automotores, dejando el medio ambiente en un segundo plano. Los ríos acaban por ser entubados, así se les incluye en el sistema de alcantarillado, se utiliza el caudal que llevan para mantener el flujo de los deshechos y aguas residuales de la ciudad y, en consecuencia, se obtiene más espacio para avenidas y calles destinadas a uso vial. Los ríos dan paso a calles, se vuelven invisibles, aprisionados bajo alguna vialidad. En la ciudad de México, de alguna manera la movilidad urbana ha seguido la traza de los antiguos ríos Churubusco, San Joaquín, Remedios, Consulado, Magdalena y muchos más.

El modelo actual de desarrollo urbano obedece a una lógica derivada del sistema económico capitalista, donde el único fin es la generación de bienes. El auge inmobiliario, siguiendo la misma lógica, carece de esquemas de control y normatividad que aseguren una relación entre desarrollo, planificación y diseño de calidad del espacio urbano. Los intereses económicos de inversionistas, desarrolladores y el gobierno sobrepasan de manera directa las necesidades sociales. De esta manera, las políticas inmobiliaria y vehicular son las que modelan y definen nuestras ciudades, dando como resultado poblaciones carentes de servicios, espacios dignos, calidad de vida y contacto con la naturaleza. Estamos convencidos que esto debe de parar.

Las ciudades y las áreas metropolitanas se expanden a un ritmo nunca antes visto. Se prevé que, en 2050, 80% de la población vivirá en ciudades, lo cual consume territorio a una velocidad sorprendente y crea una continua explotación de recursos. Creemos que nuestros modos de producción y consumo, así como la manera en que crecen nuestras urbes deben integrar modelos de desarrollo sustentable, donde el bienestar social resida en la salud de nuestro entorno natural.

Es parte de una convicción el hecho de que, en la actualidad, las sociedades deben cambiar fundamentalmente su relación con el ambiente. Las comunidades humanas tienen el potencial de destruir y crear, de cambiar el modelo de desarrollo urbano en lugar de contaminar nuestros sistemas vivos y recrear un nuevo modelo de autorrenovación. Queremos una ciudad en donde la sociedad sea el agente de cambio para transformar la dinámica que antecede el desarrollo urbano, lo cual se basa en la modificación de la relación entre la sociedad y el ambiente. Empezar a entender que somos parte de la naturaleza y no ajenos a ésta.

Un río emblemático

Es así como nace el proyecto de la regeneración del río La Piedad, el cual nace de la unión de los ríos Tacubaya y Becerra, y cuya agua cristalina, proveniente de la montaña, desciende por su cause natural para, kilómetros más adelante, mezclarse con aguas negras al entrar en contacto con la mancha urbana. Después es reencausado para unir su flujo con el de otros ríos (igualmente utilizados como drenaje) y bombeado hacia el norte de la ciudad hasta cruzar los límites de la cuenca de Anáhuac; posteriormente las aguas provenientes de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México alimentan las actividades productivas del Valle del Mezquital para terminar en el Golfo de México. La gran mayoría de las inundaciones en dichazona se debe a que el agua de lluvia conducida por los ríos se suma al sistema de drenaje, sobrepasando su capacidad de desalojo en la parte baja de la cuenca, donde se encuentra la ciudad. Todo el agua proveniente de la lluvia que desciende como río podría utilizarse para aminorar la escasez que existe en diversas zonas de la ciudad. Cuando notamos la cantidad de agua que desperdiciamos y contaminamos de primera mano, resulta absurdo importarla de cuencas externas.

El río La Piedad se entubó en 1949 para convertirse en el Viaducto Miguel Alemán. Durante la época de lluvia su cauce está compuesto en 80% de agua pluvial y 20% del drenaje de las zonas urbanas cercanas.

El proyecto que proponemos incluye un sistema integral de gestión y tratamiento del agua, adaptándose a las distintas zonas para modificar la percepción social sobre nuestra relación con el agua. El primer paso consiste en generar un sistema separado para aguas residuales y pluviales, es decir, debemos dejar de usar los ríos y la lluvia como drenaje, dejar de efectuar una contaminación sistemática del agua limpia.

Para ello debemos captar el agua de lluvia y, para poder utilizarla, reciclarla y tratarla de manera adecuada, esto es, de manera secundaria y terciaria, mediante el uso de humedales artificiales, filtros y biodigestores. Una vez que esté limpia, podrá ser liberada, reintegrándose a los bosques en donde puede filtrarse al manto acuífero en la parte alta de la cuenca o a los ríos en la parte baja. La idea es que la ciudad modifique su modelo de impacto y degradación ambiental a uno nuevo que restablezca una relación con los flujos y corrientes naturales del lugar, integrando los procesos socioecológicos y volviéndose partícipe de la renovación del ciclo del agua y de la cuenca de Anáhuac.

El proyecto propone el desentubamiento del río La Piedad, creando un conector biológico orienteponiente, desde Santa Fe hasta el aeropuerto de la ciudad de México, el cual contaría con transporte público, ciclovías, caminos peatonales, vías para autos particulares, áreas verdes, actividades culturales, comercio y la oportunidad de tener un río limpio y vivo dentro de la ciudad. Esto no sólo contribuiría a reducir los riesgos de inundación e incrementar la disponibilidad del agua para la ciudad, sino que también beneficiaría de manera inmediata a las zonas aledañas, aumentando la plusvalía de los predios, transformando su situación inmobiliaria, ambiental y urbana e incrementando drásticamente la oferta de espacios públicos de calidad en áreas de la ciudad carentes de servicios.

El proyecto aborda el tema de la movilidad urbana pero considerando al peatón como protagonista y teniendo como fin último el bienestar social y ecológico. El uso del auto se ve desincentivado, ofreciendo distintas alternativas de movilidad eficiente mientras se genera un sistema integral de diversos medios de transporte público. Se sabe que el tráfico se comporta como un gas, ya que al aumentar el espacio que lo contiene se expande y, si se reduce, se comprime. Es por eso que la solución al problema de movilidad en la ciudad de México no está en promover la movilidad privada, sino en hacer más eficiente la colectiva. El proyecto del río La Piedad beneficiaría a 80% de la población de la ciudad que utiliza el transporte público y también al restante que se mueve en transporte privado al reducir el transito.

La renovación del entorno biológico y las funciones del ecosistema son aspectos clave del proyecto de rehabilitación del río La Piedad. Nuestro objetivo es regenerar las condiciones de los ecosistemas para restaurar la biodiversidad que se ha perdido en los últimos cinco siglos. La gestión social es central; debemos incentivar a los barrios, colonias y comunidades de nuestra ciudad a participar en la creación de ideas y proyectos que beneficien localmente sin perder la visión de conjunto. De esta manera tendremos las herramientas necesarias para dirigir y presionar a nuestras autoridades en cuanto al uso adecuado de fondos federales, estatales e institucionales.

  articulos

Referencias bibliográficas

Jeffrey Kenworthy, Sustainable Policy Institute, Curtin Universty of Technology, Australia.

     
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Delfín Montañana y Natalia Gálvez
Taller 13 Arquitectura Regenerativa.
     
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como citar este artículo
Montañana, Delfín y Natalia Gálvez. (2013). La recuperación del río La Piedad un caso de regeneración socioecológica. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 34-36. [En línea]

 

 

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Conrado Ruiz Hernández y Alma Lupercio Lozano      
               
               
La discalculia es una afección en el aprendizaje, específica de
las matemáticas, en la cual el sujeto que la sufre está impedido para fijar su atención, es decir, padece de un déficit de percepción visual o de problemas en cuanto a la orientación secuencial —por la incomprensión del lenguaje simbólico— en una operación elemental de cálculo aritmético, tanto de manera mental como en mecanizaciones escritas. Esta discapacidad puede tener manifestaciones clínicas leves o muy severas, como el no poder resolver cuánto es dos más dos.

En estudiantes con capacidades normales —sin dicha afección—, ésta no puede ser la razón de un bajo rendimiento escolar en el aprendizaje de las matemáticas; las causas son otras: contenidos truncos o inapropiados de los programas escolares, estrategias didácticas ineficaces y malos hábitos de estudio.

En la educación básica, un desarrollo apropiado en las asignaturas instrumentales, como español y matemáticas, permiten al estudiante seguir aprendiendo en áreas curriculares, como son las ciencias naturales o las sociales, a partir de libros y otros medios de información que son indispensables para continuar en el siguiente nivel educativo.

Se tiene la referencia de que los alumnos regulares de educación básica —etapa educativa que concluye con el tercero de secundaria— tienen como “talón de Aquiles” la dificultad para reconocer los términos (los cómputos independientes o los valores unitarios separados por una suma o resta en una operación seriada) de un polinomio, ya sea por un defecto en el aprendizaje o por falta de práctica.

Para conocer cuál es la situación actual de esta dificultad en estudiantes universitarios que no padecen de discalculia y estudian una carrera científica, se aplicó un diseño de corte experimental en un grupo de estudiantes de ciencias biológicas con los objetivos siguientes: 1) conocer el nivel de dominio en habilidades numéricas, especialmente la identificación de los términos en un polinomio; y 2) evaluar la eficacia del paréntesis como una ayuda para la identificación de los términos, a modo de recurso preventivo para la disminución significativa de las equivocaciones.

Se formuló la siguiente hipótesis: la delimitación de los términos con paréntesis en un polinomio sí disminuye significativamente la incidencia de equivocaciones en estudiantes universitarios de carreras científicas. A continuación se aplicó un cuestionario de doce preguntas (cuadro 1) sobre aspectos elementales de aritmética, con el cual evaluamos, de manera particular, las operaciones implicadas en una transacción comercial (una niña compró una paleta de $2.00 y tres chocolates de $4.00 cada uno, ¿cuánto gastó?) y la ejecución de la suma de un polinomio: 3.2 + 4.4 × 2. En la primera, el resultado es catorce pesos; en la segunda, doce. Esencialmente se trata de dos operaciones semejantes, ambas constan de dos términos, sólo que una se realiza en un plano concreto o de la vida cotidiana, y el otro, más propiamente como una abstracción. De las dos, la que está reportada como un verdadero problema de aprendizaje escolar es la segunda. La variable independiente que determina a los dos tratamientos experimentales fue que a un grupo de alumnos se le presentó la suma del polinomio sin paréntesis y a otro semejante la misma con paréntesis, es decir: 3.2 + (4.4 × 2).

Cuadro 1. Cuestionario contextual de diez preguntas
(se responde sin utilizar calculadora).
Preguntas Respuestas
1)*    3 968 + (?) = 4 987 1 019
2)*    (¿) x 5 = 2 160  432
3)*    43.50 + (?) = 65.92 22.42
4)*    (?) x 0.5 = 234.0 468
5)    Elevar 25 32
6)     9 Respecto de 3, ¿qué es: mayor, menor o igual? Igual
7)    
Si cuatro tortas de milanesa cuestan 60 pesos, ¿cuánto cuestan tres? 45 pesos
8)    9.25 x 10 = 92.5

9)**    
De estos tres números: 2.8, 2.71 y 2.798:

a) ¿cuál es el más grande?,

b) ¿cuál es el más chico?

2.8

2.71

10)    A qué es igual la mitad de ½: 1/4
* En el cuestionario estas operaciones se presentan en forma vertical (como se realizan las mecanizaciones típicas); sin embargo, la solución no es literal, sino el inverso de la operación exhibida.
** En esta pregunta el punto se concede sólo con los dos aciertos.

Todos los participantes (treinta y cuatro alumnos, los cuales fueron divididos en dos subgrupos equivalentes) son estudiantes universitarios que inician una carrera científica y la distribución de los tratamientos fue al azar, lo que significa que a cualquiera pudo tocarle alguno de los cuestionarios distintos.


Los beneficios del uso de paréntesis

En estudios anteriores se observó que el uso de paréntesis como ayuda para permitir la identificación de los términos en un polinomio posee una eficacia de 5% en alumnos de sexto de primaria (quizás debido a que les falta familiaridad con ese recurso matemático) y de 50% en alumnos de tercero de secundaria. Parece ser que la práctica coadyuva a la identificación correcta de los términos, conforme al avance escolar, con y sin paréntesis. Los resultados que observamos en estudiantes de ciencias (cuadro 2), además de mostrar un desempeño apropiado de habilidades numéricas (es bueno, de nueve en promedio ya que, respectivamente, es de cinco y siete en estudiantes de sexto de primaria y de tercero de secundaria), dejan ver que es en el nivel universitario en donde la eficacia del uso de paréntesis como una ayuda para la identificación de los términos en un polinomio es mayor: de 100%. La seguridad estadística para la diferencia observada entre los grupos con los términos sin paréntesis y con éstos es de 99.9%, lo que es altamente notable si se considera que se trabajó con muestras pequeñas (n = 17).

 Cuadro 2. Aciertos en los tratamientos.
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La docimasia o docimología, que es el arte de evaluar el logro por medio de pruebas y exámenes, es un recurso verdaderamente útil; esta misma orientación es la que poseen las evaluaciones internacionales que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (ocde). El ejercicio que aquí reportamos comprueba la eficacia de dicha modalidad de evaluación educativa tanto para un abordaje general (cuestionario contextual) como para detalles específicos (identificación de los términos en una compra de estanquillo y en la suma de un polinomio).

La calificación binaria que se aplicó (cero para el desacierto y uno para el acierto), permitió resolver con gran sencillez los cálculos necesarios para la certidumbre estadística que alcanzó la diferencia en la suma correcta del polinomio con los términos sin y con paréntesis. Ésta es la variable independiente que tuvo el diseño y fue el único reactivo o pregunta del cuestionario en que se presentó una diferencia significativa. El cálculo de la significación estadística (abajo) permitió la corroboración del teorema siguiente y sin que se tuvieran aspectos oscurantistas (lo que es común en los “rituales” de estadística habituales): “la probabilidad de ocurrencia de un hecho repetidamente observado (en este caso, la diferencia en puntos, entre dos muestras de alumnos), está contenida en el hecho mismo”.


Formula107A11

Los numeradores en el dividendo son los aciertos con la suma del polinomio entre paréntesis (17) y sin ellos (7); el denominador es el número de participantes en cada uno de los subgrupos (ambos integrados por 17 sujetos). Los numeradores presentes en los factores incluidos dentro del radicando son los aciertos totales contabilizados para los dos subgrupos de alumnos que se comparan (17+7=24) y en el denominador (17+17=34) se acumulan los aciertos totales posibles en ambos subgrupos o muestras. El producto de: (24/34) × (124/34) es la variancia para este tipo de comparación; el primer factor representa la probabilidad de ocurrencia de los aciertos, y el segundo la probabilidad de no ocurrencia de ellos. En el tercer factor del mismo radicando están los recíprocos (1/17) de cada una de las muestras (n=17).

El valor de Z así obtenido, que es muy parecido a la más reconocida prueba de t, alcanza para la diferencia en aciertos observada una seguridad estadística de 99.9%. Así vistas las cosas, todo parece ser, muy claro.

Los examinados son estudiantes de una carrera científica (biología), por lo que si se incluyen otras formaciones profesionales, entre las que se pueden encontrar algunas que prescindan del uso y práctica de las matemáticas, el resultado que muestra el cuadro 3 probablemente tendría una distribución de calificaciones con rango 010, y no como lo observado en este caso, con rango 610 (a modo de curva logística o asíntota), con sesgo hacia las calificaciones altas.

 

Cuadro 3. Frecuencia de puntuajes individuales en los participantes (34 alumnos).
Cuadro3b107A11


Discusión

Sin el paréntesis, la incidencia de equivocaciones en los universitarios es de 60%. Cabe mencionar que, efectuando la operación de suma con calculadora científica de bolsillo, los aciertos se elevan a 100%, lo que permite establecer que la discalculia por inadvertencia de los términos es más propiamente un lapsus numerae (equivocación involuntaria). Reconocida como tal, puede ser prevista por el maestro, advirtiendo a los alumnos del problema (puede ser que repase con ellos el concepto de término, por ejemplo), y previniendo la incidencia de equivocaciones al anotar entre paréntesis los términos complicados —o que puedan tener un efecto capcioso— de polinomios en las ecuaciones.

Analogía entre la sílaba y el término

La sílaba representa la pronunciación de una o varias letras en un solo golpe de voz.
El término representa a un solo valor o cómputo independiente, separado por suma o resta, en una operación seriada.

Esta comparación, se propone como un ejercicio didáctico para  vincular el español y las matemáticas, en donde la clasificación de las palabras (por la colocación del acento), lo que lleva al reconocimiento de las sílabas, es un procedimiento parecido a la identificación de los términos o cómputos independientes que están presentes en un polinomio. El ejercicio puede aplicarse con diversos tipos de palabras (sobreesdrújulas, esdrújulas, graves y agudas) y términos tales como: 2/5, 32, 25,  16, 3×4, 32/23, etcétera.

Examinar si el diseño experimental posee restricciones particulares cuando se aplica a los escenarios educativo y social es algo necesario, al igual que la revisión de las características que debe poseer un experimento verdadero. Asimismo, hay que tomar en cuenta que frecuentemente se tiene el prejuicio de que en las ciencias sociales —en donde se ubica la investigación educativa— este tipo de abordaje es inviable o, al menos, poco objetivo.

En cuanto a la observación de diferencias entre el diseño experimental en las ciencias naturales y las sociales, los alumnos participantes no encontraron rasgos distintivos, ya que la clave para este tipo de abordaje es que se sepa lo que se busca observar y se disponga del método más apropiado que permita con todo rigor resolver el registro de lo que se estudia. El diseño experimental aplicado fue eficaz. Ahora bien, se analizó la plasticidad del método experimental que puede tenerse en las ciencias sociales, en donde éste puede tener connotaciones cuasiexperimentales e, inclusive, seudoexperimentales.

Las deficiencias en el aprendizaje de las matemáticas escolares, esto es, el efecto remanente de lo que debió adquirirse en la escolaridad básica, se arrastra de por vida. En algunos aspectos, como la identificación de los términos en un polinomio, el problema puede ser perdurable, como se observa en los estudiantes de ciencias. Éstos muestran un buen nivel en habilidades numéricas (se puede suponer que conocen otros recursos como el álgebra y el cálculo), pero yerran en la identificación de los términos. Es cierto que, como ya se hizo costumbre en los estudiantes de todos los niveles, normalmente los cálculos aritméticos —desde los sencillos hasta los complicados— se realizan con el apoyo de calculadora científica de bolsillo y computadora.

No obstante, si bien el impacto de la discalculia debida a la inadvertencia de los términos no parece representar un impacto severo en el ámbito de la aritmética, puede ser que en el álgebra y el cálculo la afectación colateral no sea tan menor. Por desconocimiento de los términos sin la ayuda del paréntesis, cerca de 60% de un grupo de estudiantes universitarios erró en la suma de un polinomio, ¿qué podría pasar si la misma suma fuera algebraica o si formara parte de una integral? Con esto queremos señalar que la correcta comprensión de los términos es un aspecto central del razonamiento matemático. Por lo que debe procurarse su enseñanza eficaz, así como el dominio y aprendizaje significativo del concepto desde la primaria.

articulos
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Conrado Ruiz Hernández
Facultad de Estudios Superiores Iztacala,
Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Es profesor de carrera titular en la FES-Iztacala, UNAM, Realiza investigación en temas de alfabetización matemática y ambietal.

Alma Lupercio Lozano
Facultad de Estudios Superiores Iztacala,
Universidad Nacional Autónoma de México.

Es psicóloga educativa y ambiental, y labora como docente en la FES-Iztacala, UNAM, en donde también colabora en proyectos de investigación educativa.
     
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como citar este artículo
Ruíz Hernández, Conrado y Alma Lupercio Lozano. (2013). La utiilidad de los paréntesis en la enseñanza de las matemáticas. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 148-153. [En línea]
     
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Adolfo Olea Franco
     
               
               
Comprender la ciencia y la tecnología desde la filosofía
política significa entenderlas como partes integrantes de la economía, de las relaciones de poder, de la desigualdad social, de la cultura, de las relaciones internacionales, así como explicar su institucionalización y financiamiento a lo largo de la historia, su producción y aplicación material y simbólica. Lo “interno” de las ciencias es tan sociocultural como lo “externo”, y esto tan “objetivo-subjetivo” como aquello. Significa también confrontar la concepción idílica del trabajo de científicos y tecnólogos, santos laicos cuyo fin esencial sería descubrir la “verdad” e inventar cosas que mejoren la vida, con los rasgos, más bien prosaicos, hoy predominantes de esas actividades.

Destaca en primer término la mercantilización y la militarización de las investigaciones mejor financiadas a nivel mundial, generadoras de ganancia y poder bélico para sus patrocinadores; también la intervención manipuladora, incluso destructora, en los seres vivos, en los humanos, en los ecosistemas, basada en un conocimiento detallado de sus procesos fisiológicos, pero comúnmente ajena a la responsabilidad ética. Otro rasgo, cada vez más acentuado, de las ciencias y tecnologías es la crasa artificialización que imponen, por motivos de lucro, a todo lo natural; práctica manipuladora que, en vez de resolver los existentes, crea nuevos problemas, tales como las enfermedades iatrogénicas, a los que, en una espiral sin fin, se les atribuirá todo tipo de causas naturales, que demandarán entonces otra “solución tecnológica”, antes que reconocer el efecto causal de la intervención humana.

Igualmente notable es la concentración de la investigación científica y de la innovación tecnológica en unas cuantas naciones dominantes que realizan cerca de 90% de la investigación mundial y, por sin eso fuera poco, difunden el prejuicio etnocéntrico de que sus prioridades cognitivas, asociadas a la producción y reproducción de su posición hegemónica, constituyen los “verdaderos” problemas de investigación. Este prejuicio, poderoso también en las naciones dominadas, conduce a menospreciar otras concepciones de la naturaleza, de la sociedad y la cultura, así como a excluir o marginar, en la producción de las ciencias institucionalizadas, a las grandes mayorías, a las mujeres, a los pueblos indígenas y a quienes son diferentes al modelo de “normalidad” sexual y política. El eurocentrismo, incapaz de comprender la otredad, adopta, en el terreno de las ciencias y las tecnologías, una actitud engañosa ante los conocimientos de los pueblos indígenas: por un lado, niega que sean conocimientos, si acaso serían creencias, pero, por otro lado, se apropia, para patentarlos, de esos conocimientos (botánicos, agrícolas, zoológicos, taxonómicos, médicos, ecológicos).

La formación académica, generación tras generación, de estudiantes, maestros e investigadores de las ciencias sociales y naturales, de las humanidades y las artes, condiciona y es condicionada por el tipo de relaciones, de subordinación, de interés compartido, de autonomía parcial, que el campo científico mantiene con el campo del poder y con el económico, mismas que suelen contrastar con las relaciones más bien distantes, y en todo caso casuales, desestructuradas, hasta reprimidas, que el campo científico mantiene con el campo social, con esa porción mayoritaria de la sociedad civil que no posee ni el poder político ni el poder económico.

La investigación científica y tecnológica se realiza hoy, principalmente, en tres conjuntos de instituciones: a) las universidades, tecnológicos y otras instituciones de educación superior públicas y privadas; b) las secretarías de Estado, cuyas tareas, cuando se hacen bien, demandan sólidos conocimientos sobre numerosos asuntos, y c) los laboratorios industriales de las grandes corporaciones, creados desde los albores del siglo xx. En las naciones dominantes, estos tres grupos de instituciones están estrechamente articulados entre sí por medio de programas de investigación realizados conjuntamente, entre otras cosas, mientras que en el resto de los países la interrelación es muy débil y las investigaciones en coordinación excepcionales.

En México, las universidades públicas hacen la mayor parte de la investigación, inconspicua en las privadas, mientras que la investigación industrial y gubernamental es muy escasa. Las naciones fundadas tras sacudirse el yugo colonial han enfrentado numerosos obstáculos para desarrollarse, el más importante de los cuales, mas no el único, es el poderío militar, financiero, industrial, científico y tecnológico de los países industrializados, surgido en parte del prolongado, todavía en curso, robo colonial y neocolonial. La investigación industrial demanda cuantiosa inversión financiera, complejas instalaciones y equipamiento, personal científico experimentado y altamente calificado, así como actividades productivas y de servicios que incorporen las innovaciones y generen ganancias económicas, parte de las cuales, a su vez, será reinvertida en investigación científica y creación de tecnología.

Por otro lado, lo que suele llamarse genéricamente “conocimiento científico”, lejos de ser sinónimo de “verdadero”, es un conjunto vasto y heterogéneo de planteamientos, representaciones y proyecciones desde y hacia la praxis humana, nacido del estudio de aristas concretas de la realidad objetiva que forman parte de las prácticas industriales, sociales, sexuales, sanitarias, culturales y bélicas, entre otras. La vinculación a priori y a posteriori entre el contexto multifactorial y el proceso de producción y aplicación de conocimiento condiciona tanto el contenido del conocimiento adquirido como el uso instrumental al que pueda ser destinado. Así, la producción, bajo los paradigmas ortodoxos, de las ciencias naturales y sociales en las naciones hegemónicas y dominadas, está tan cercana de la “verdad” a secas como lo están las bellas artes, en su versión consagrada u occidental, de la “belleza” per se, o la ética al servicio de los poderosos lo está del “bien y la justicia”. Lo que quiero decir es que ni la producción ni la definición de la verdad, la belleza, el bien y la justicia son monopolio de ningún conjunto de naciones, instituciones o especialistas. Tienen, por el contrario, orígenes y sentidos múltiples.

Algunas “verdades científicas” como, por ejemplo, “es posible obtener energía eléctrica a partir de la nuclear”, son de alcance limitado, pues no tienen implicaciones ideológicas, políticas o éticas —a menos que se quiera distorsionarlas o convertirlas en medios para otros fines. En este caso concreto, la experiencia de los últimos sesenta años refutó a los panegiristas de la industria nucleoeléctrica, ciegos ante las amenazas que planteaba a la seguridad humana y de la biósfera, pero fueron millones y millones de no especialistas, de ciudadanos comunes quienes, a veces con el apoyo de investigadores, lanzaron la voz de alarma sobre los peligros reales y potenciales de esta industria. Otras supuestas “verdades científicas”, como la afirmación “la inteligencia humana es hereditaria porque está codificada en los genes”, tienen un sentido expansivo, ajeno a investigaciones desprejuiciadas, que contribuye, junto con otros factores, a otorgar credibilidad a las viejas y nuevas creencias racistas y sexistas que, al ser defendidas por los “sabios”, adquieren un barniz de respetabilidad.

En los debates sobre la energía nucleoeléctrica y el racismo genético, al igual que en otros similares, los científicos naturales discutieron entre sí y con los de las áreas sociales, que a su vez tampoco defendieron una sola posición. A pesar de las controversias entre especialistas, la mayoría de ellos adoptó un determinado punto de vista que pasó a ser, al menos temporalmente, la “ortodoxia”, la “verdad”, por razones institucionales, ideológicas y políticas, vinculadas más con su ubicación nacional y socioeconómica que con las investigaciones que habían hecho. Estas razones, distintas a las de la lógica, la epistemología y la evidencia experimental, no son irracionales, sino formas de la razón instrumental, estratagemas del intelecto que permiten ocultar con argumentos “inteligentes” la desnudez de los intereses personales y corporativos de ganancia monetaria y de ejercicio del poder.

Respecto de éstos y otros problemas, los no especialistas han tenido también mucho que decir, si bien su voz ha sido igualmente heterogénea. Con la pura ciencia o con la ciencia pura sería imposible elaborar argumentaciones tan vastas y significativas como las que hoy aceptamos como teorías generales de la naturaleza, la sociedad, la historia y el ser humano. Tanto los científicos como los legos conocen estas grandes teorías en la forma de extensas estructuras argumentativas en cuya elaboración son elementos constitutivos, y no meramente recursos expresivos, las imágenes, las metáforas, las analogías y otros medios e insumos culturales con los que se construyen los significados simbólicos emanados de las ciencias, significados que se plasman también de manera práctica en la esfera de las relaciones sociales y la producción material.

Entender la diferencia y la vinculación entre lo público y lo privado es imprescindible para valorar la índole del conocimiento científico y de la tecnología, caracterizados, habitualmente, como parte del patrimonio de la humanidad, según la creencia de que se producen y aplican en la sociedad en aras del bienestar del ser humano, sin distingos de nacionalidad, clase social, sexo, etnia, religión o posición política. Sin embargo, el conocimiento científico y la tecnología tienen una naturaleza ambivalente, son lo mismo recursos públicos que privados. Pueden ser producidos, apropiados y usufructuados de manera privada, es decir, en este caso su principal función es aportar ganancias, aunque se conviertan en parte de la cultura general y sus aplicaciones ideológicas o materiales sean públicas. Pueden ser producidos, en contraste, con financiamiento público y en instituciones públicas, y aun así ser apropiados y usufructuados por empresas capitalistas que tornan lo que supuestamente era patrimonio de todos en fuente de ganancias privadas, en alianza con los investigadores que registran las patentes y se convierten en accionistas de las corporaciones. La realidad siempre es más compleja, más enredada que las categorías que elaboramos para nombrarla, describirla y comprenderla.

Una caracterización sucinta de los tres conjuntos de instituciones que hacen investigación científica y tecnológica es necesaria. En primer lugar están las universidades, que podrían ser consideradas como la base contemporánea del campo del conocimiento.

Si bien aquellas nacidas durante el Renacimiento y en la etapa inicial de la modernidad europea, todavía empapadas de escolasticismo, fueron antagónicas a los antecedentes y primeras teorías de las ciencias naturales y sociales que florecieron fuera de ellas, tras el poderoso avance del capitalismo posterior a la revolución industrial, posibilitada por la acumulación financiera de tres siglos de colonialismo y esclavismo, las universidades europeas, estadounidenses y japonesas adquirieron lentamente, emulando el novedoso modelo alemán de principios del siglo xix, el perfil de instituciones de enseñanza superior y posgrado, cuyos profesores se dedican también a hacer investigación original junto con sus estudiantes de posgrado en los diversos campos del conocimiento, así como a trabajar de asesores y funcionarios de los estados y las empresas, incluso como fundadores de corporaciones industriales que lucran con los más recientes hallazgos científicos.

Las instituciones de educación superior forman a prácticamente todo el personal dedicado a la investigación científica y tecnológica, desde los creadores de las teorías generales de la naturaleza, del ser humano y de la sociedad, hasta los técnicos de apoyo a las labores de investigación. Si, como desde hace dos décadas, aquellas pertenecientes al sector público prosiguen en el abandono impuesto desde organismos internacionales y nacionales empeñados en destruir la autonomía universitaria y su función social originaria, es decir, servir al interés social mayoritario, para ponerlas al servicio del “mercado mundial” o de la “sociedad del conocimiento y la innovación” —bella frase que oculta la fealdad del “nuevo orden mundial”—, el campo universitario y del conocimiento tendrá un carácter cada vez más instrumental, más privatizado, por ende antagónico al pensamiento crítico, fuente de las ciencias naturales y sociales, de las humanidades y de las artes modernas y, previsiblemente, también de las futuras concepciones teóricas.

Pero ¿quiénes son los sujetos sociales que hacen investigación y qué tanto y de qué manera deciden sobre la problemática de su investigación y la aplicación tecnológica de los resultados? Los científicos son sujetos sociales similares al resto en cuanto al modo en que establecen relaciones y realizan su trabajo, es decir, viven un proceso de formación que los habilita para buscar una posición laboral en la enseñanza y la investigación (o las tareas propias de quienes investigan en secretarías de estado o en empresas capitalistas), procuran obtener financiamiento y reconocimiento a sus investigaciones —para lo cual tienen que sujetarse a las reglas explícitas e implícitas ya existentes en el campo, tocantes a los métodos de investigación, las formas de publicación, la estructura lógica y discursiva de una argumentación científica, el manejo de los resultados experimentales o evidencias prácticas y los problemas de investigación considerados relevantes—, y trabajan en el marco de las relaciones establecidas entre una disciplina de investigación y las fuentes potenciales de financiamiento público y privado, por lo que deben acatar las reglas de valoración o medición del mérito de los logros de investigación.

En ese sentido, como trabajador asalariado —por lo menos en la mayoría de los casos, porque hay también científicos-empresarios o empresarios-científicos—, el investigador llega a un campo en donde todo parece estar repartido, con escaso espacio para moverse libremente, lo cual puede estar incluso prohibido. La llamada “comunidad científica” está completamente jerarquizada, desde los directores de investigación que tienen bajo su mando a docenas de investigadores, hasta los técnicos, empleados manuales y estudiantes graduados y no graduados asociados a grupos de investigación.

En la estructura jerárquica, ¿las posiciones de arriba, de en medio y abajo son asignadas por el mérito de las personas y el origen de clase social, étnico y de género? ¿Ayudaría dicho origen, según su distribución en los escalones de la jerarquía, a pensar el problema de hacia dónde se orienta la investigación científica, para servir a qué fines y a qué clase, etnia y género? Veamos algunos casos.

Gregor Mendel nació en una familia pobre del campesinado austrohúngaro e hizo sus investigaciones en un monasterio agustino, del que fue abad; mientras que, de familia de la gran burguesía inglesa, Charles Darwin, tras su viaje de circunnavegación alrededor del mundo, hizo todo su trabajo en su casa y no ocupó ninguna plaza universitaria. Finalmente, Albert Einstein, vástago de una familia judía de la pequeña burguesía alemana, concibió sus conclusiones teóricas más importantes mientras trabajaba como empleado en una oficina de patentes, años antes de que pudiera siquiera aspirar a ser un profesor universitario.

Es evidente que el origen nacional, de clase, étnico y de género, juzgado de esta manera simplista, parece ayudar muy poco a valorar las contribuciones científicas de Mendel, Darwin y Einstein. Sin embargo, la forma específica de sus investigaciones, las conclusiones que elaboraron y la manera en que las expresaron discursivamente están íntimamente vinculadas con sus contextos nacionales y socioculturales, mismos que, evidentemente, no aportan toda la explicación de la creatividad de estos científicos, pero sí ayudan a insertarlos en el reino de este mundo y a poner un límite a la mistificación idealista.

El campo científico tiene una autonomía relativa respecto del social, económico y político; está vinculado con ellos, pero no es reductible a ninguno, como tampoco es enteramente separable. Este principio se aplica de manera diferencial a las diversas ciencias: la matemática, la física y la astronomía disfrutan de una mayor autonomía relativa que la química y la biología, mientras que en esta escala las ciencias sociales y las humanidades tienen una autonomía relativa menor, pero poseen alguna.

Considero que la autonomía relativa de las ciencias modernas más consolidadas, como la física, es fundamentalmente de tipo intelectual, es decir, que ni el poder político, ni el económico, ni el militar, ni el religioso le dictan sus conclusiones conceptuales y teóricas o determinan sus metodologías de investigación. No obstante, creo que la física es sujeto de un enorme control político, económico y militar por la vía del financiamiento de sus investigaciones: durante los últimos setenta y cinco años, las docenas de disciplinas y áreas de investigación que la integran avanzaron enormemente en los Estados Unidos, pero su principal motor no fue, sospecho, la búsqueda de conocimientos y tecnologías para el “bienestar de la humanidad”, sino la ganancia capitalista y el máximo poderío militar. Dicho lo cual, no pretendo que la obra científica de, digamos, J. Robert Oppenheimer, Richard P. Feynman o Murray GellMann pueda explicarse como simple consecuencia del imperialismo estadounidense, pero considero que el entender la formación de dichos físicos y sus actitudes ideológicas y políticas demanda comprender cómo funcionaba la sociedad y la élite del poder estadounidenses en la primera mitad del siglo xx, así como saber que los físicos tenían una vinculación estrecha con el Estado y las corporaciones con objeto de acrecentar el poderío bélico de su país.

Como existe una vinculación multiforme, compleja, cambiante, entre el campo social, político, económico y el científico, la estructura y funcionamiento de este último no puede entenderse como si fuese el producto de procesos puramente endógenos. El financiamiento de la investigación no se decide dentro del propio campo del conocimiento, aunque podría creerse que es así porque las problemáticas de investigación que son financiadas son diseñadas principalmente, aunque no de manera exclusiva, por los científicos. La orientación y las aplicaciones de la investigación tampoco son controladas exclusivamente por los científicos.

El contenido de las teorías y los conceptos, las conclusiones que se alcanzan en la investigación, son conformados principalmente por los científicos que, de todos modos, tienen que explicar sus logros con el lenguaje común y los recursos expresivos que lo integran, desde las palabras, las oraciones, las analogías, las metáforas, los modelos, las imágenes, en fin, la transferencia de conceptos de otras disciplinas. Debe tomarse en cuenta que hay, aunque no siempre, una retraducción o una transfiguración de los recursos expresivos comunes, así como el empleo de modelos matemáticos y otras formas de representación formal.

La concepción de Bourdieu sobre las ciencias es, hasta cierto punto, una idealización del campo científico, ya que ignoró, como si no existiera, el vasto conjunto de investigaciones sobre el uso ideológico, político, cultural, racista, sexista que se ha hecho de teorías científicas o pseudocientíficas; cuando habla de ciencia, a mi juicio, Bourdieu habla del deber ser de la ciencia: como conocimiento no contaminado por las limitaciones, intereses y bajezas humanas que, a final de cuentas, serían filtradas por la vigilancia epistemológica; pero no analiza la ciencia realmente existente, excepto en los aspectos cubiertos por su modelo de libre concurrencia, de acuerdo con el cual una de las condiciones sociales que hacen posible la objetividad científica sería el carácter autocorrectivo de las investigaciones, el cual consiste en que los principales productores intelectuales, enfrascados en una competencia inclemente, no sólo son los más capaces de entender y aprovechar lo que publican sus contrincantes, sino también, llegado el caso, de refutar sus planteamientos.

La competencia entre los científicos más dotados sería, así, una de las raíces sociales de la objetividad, que sin duda tendría también raíces epistemológicas y metodológicas. No hay una sola palabra, o casi, en su vasta obra sobre la militarización de la ciencia, la mercantilización de la ciencia (empezó a hablar de esto hasta sus últimas publicaciones), el uso racista y genocida que de las ciencias —o de lo que pasa por ciencia— que hacen las naciones hegemónicas que oprimen, en mancuerna con las oligarquías locales, a los pueblos del Tercer Mundo. En cuanto a la vastedad y diversidad de la humanidad, siguió adherido, como Michel Foucault y Jürgen Habermas, a la visión eurocentrista de la realidad y la historia, ¿cómo iba a escapar a la influencia de esos elementos tan profundos de su formación intelectual? No albergo, empero, duda alguna de que su obra se cuenta entre las de mayor valor en la sociología del siglo XX.

Los investigadores raramente interactúan con el campo social porque en la formación del habitus científico —en las instituciones universitarias y de investigación, al solicitar financiamiento para proyectos específicos, al escribir artículos y libros e intentar publicarlos, al solicitar el ingreso a sociedades y academias científicas, al venerar los mitos de origen de las ciencias, en los que figuran “padres”, pero no “madres”, al ser reconvenido por transgredir las normas del decoro científico—, se incorpora firmemente la disposición de mantenerse alejado de ese sector, so pena de ser calificado de “poco serio” o de diletante.

Pero es una actitud distinta a la de los alquimistas medievales, cuyo esoterismo proscribía revelar secretos a los no iniciados, ya que en el caso de las ciencias se teme, a mi juicio, a que los investigadores y profesores se inmiscuyan en las organizaciones sociales y se pongan contra el poder económico y el político. La inhibición o prohibición de la alianza con los sectores sociales subordinados es tan constitutiva del habitus científico como el estímulo o compulsión a vincularse con los poderes político y económico, cuya organización, centralización y posesión de recursos los hace fuentes de financiamiento y, todavía más, de proyección social amplia y de aplicación cultural, política, ideológica, industrial, comercial y bélica de los productos de los investigadores.

A mi entender, quienes laboran en el campo científico se orientan hacia el campo social sobre todo en periodos de crisis revolucionaria, guerra y depresiones financieras (que al dificultar su trabajo tornan al investigador uno más entre sus congéneres). En una sociedad verdaderamente democrática, en la que el interés social mayoritario participe en la toma de decisiones fundamentales y en la aplicación de programas de gobierno, así como en determinar la orientación de la producción material y simbólica, el habitus científico tendrá quizá rasgos más afines al principio de responsabilidad colectiva.

El campo científico es, lo sé, mucho más heterogéneo que lo antedicho: la enseñanza y la investigación en universidades públicas y privadas están lejos de ser idénticas; lo mismo se aplica, con menos intensidad, a las investigaciones en las secretarías de Estado y quizá también, aunque lo dudo, a las corporaciones empresariales (sólo las mayores hacen investigación, hay una concentración cada vez mayor del capital, de tecnología, de producción-comercialización y de finanzas en las ultramegacorporaciones, la mayor parte de cuyas operaciones de compraventa se realiza con sus propias subsidiarias y ramales). Pero por más heterogeneidad que exista, en el terreno de la educación superior y la investigación hay también instituciones, laboratorios, grupos e investigadores mejor financiados, con mejor infraestructura, instalaciones y equipo que producen más (patentes, artículos, libros, posgrados, cuadros para el Estado y la empresa privada) y, de manera regular, suelen ser los que, a su vez, están más estrechamente vinculados con el poder político y económico que, en ocasiones, por la fuerza de las circunstancias, tiene que reconocer también a algunos de los pensadores o creadores disidentes, sobre todo cuando pretenden cooptarlos o una vez muertos.

El campo científico incluye todo el sistema educativo, en particular las instituciones de educación superior, públicas y privadas; los institutos, centros y laboratorios de investigación en todas las disciplinas del conocimiento, sean de índole pública (universidades autónomas), gubernamental (los institutos de investigación, casi extintos en México, de las secretarías de Estado) o privada (los laboratorios industriales); las revistas, sociedades y academias científicas nacionales e internacionales. Cada una de las porciones del campo científico se vincula de manera específica con el campo político, económico y social.

La ciencia y la tecnología serían incomprensibles sin tomar en cuenta que el conocimiento es un poder, que las ciencias son hoy fuerzas productivas de primera línea, instrumentos fundamentales de la política y de las políticas de Estado, que los propios científicos pueden convertirse en integrantes de las clases política y capitalista, con lo que en ocasiones suman a su capacidad de productores de conocimiento la de poseedores de poder político y económico.

Pero las ciencias también pueden producir “desconocimiento”, en el sentido de obliteración de la comprensión, porque excluyen el estudio de procesos fundamentales: por ejemplo, la economía neoliberal sólo puede explicar el desempleo como consecuencia de la falta de capacitación del trabajador y la pobreza como consecuencia de la escasez de los bienes materiales, pero cierra los ojos ante el hecho de que el capitalista utiliza la tecnología para dominar al trabajador y reducir el uso de la fuerza de trabajo —por eso elimina numerosos puestos laborales—, y que el proceso que genera pobreza para el polo de abajo de la sociedad es el mismo que produce riqueza desmesurada para el polo de arriba, cuya ambición por poseer cantidades ilimitadas de bienes terrenales y capital sólo es frenada de cuando en cuando por los movimientos y las revoluciones sociales, o bien por las depresiones económicas en que los tiburones capitalistas se comen a los peces capitalistas y arruinan la vida de cientos de millones de personas.

De la misma manera, la historiografía, la sociología y la ciencia política hegemónicas oscurecen la comprensión del estatuto de las naciones del Tercer Mundo, a las que suponen en proceso perpetuo de desarrollo para alcanzar a los países dominantes, como si éstos, cada vez más inalcanzables, permanecieran inmóviles mientras aquellas “ascienden” en la “escala del progreso”, cuando ocurre precisamente lo contrario, algo misteriosamente “invisible” para las concepciones ortodoxas, a saber, que las naciones dominantes lo son porque acumulan incesantemente riqueza y poder a costa de los recursos y de las mayorías humanas de las demás. En este sentido, tal forma de “ignorancia ilustrada” que producen las ciencias hegemónicas es también un tipo de poder, gracias a que es valorada como conocimiento.

Algo parecido puede decirse de lo que diversos teóricos de las ciencias naturales y sociales plantearon en los últimos siglos sobre la condición de la mujer y de los pueblos indígenas no europeos: produjeron concepciones sexistas y racistas que, no obstante, durante un tiempo fueron consideradas científicas de manera casi unánime —a excepción de autores que desde la misma área de conocimiento defendieron concepciones alternativas—, y todavía tienen sus defensores recalcitrantes en versiones “actualizadas” como las teorías de Samuel Huntington sobre el supuesto choque de civilizaciones o la amenaza que los mexicanos significarían para la cultura anglosajona estadounidense.

La historia nos enseña que no podemos estar dogmáticamente seguros de las verdades que hoy nos entregan las ciencias: algunas lo son, otras no. Más aún, en la medida que éstas caen bajo el control de la plutocracia internacional y se vuelven por ende menos autónomas en cuanto a decidir su problemática de investigación y difundir masivamente sus conclusiones por medios electrónicos e impresos (medios que también son empresas), el ejercicio de la duda y el pensamiento crítico se vuelven más indispensables. La posibilidad de la verdad objetiva sigue vigente, pero a condición de que se comprenda y, más aún, destruya, el vínculo de dependencia que hoy tienen las ciencias respecto del poder político y económico y, por otro lado, se fomente la interacción de las ciencias con los poderes de la sociedad civil, no por atomizados inexistentes, lo cual, es cierto, tampoco está exenta de aristas.

articulos
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Adolfo Olea Franco
Departamento de Política y Cultura,
Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.


Es Doctor en Historia de la Ciencia por la Universidad de Harvard; es investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Xochimilco) y docente de posgrado en la misma UAM-Xochimilco, en la UNAM y en el Instituto Tecnológico de Monterrey.

     
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como citar este artículo
Olea Franco, Adolfo. (2013). La vinculación del investigador con las diferentes formas del poder. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 120-131. [En línea]

 

     

 

 

de la atmósfera
 
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Las lágrimas
son agua
Alfonso J. Vázquez Vamonde
   
   
     
                     
El lenguaje nos hipoteca hasta extremos increíbles; inclusoen
la tecnología. Todos hablan del efecto invernadero del CO2, ¡Dios me libre de negar su importancia!, pero nadie para mientes del vapor de agua, algo que conoce, sobre todo, quien vive en el campo.

El refrán: “mañanita de niebla, tarde de paseo”, identifica ese efecto de calentamiento que producen las nubes. La niebla, que no deja de ser una nube a ras de suelo, produce un efecto invernadero respecto del calor que emite la tierra. La situación inversa se produce si el cielo está raso, sin nubes. La temperatura por la noche baja y, por ello, el riesgo de helada es grande. El calor almacenado por la tierra durante el día se pierde “hasta el infinito y más allá”, sin que haya ninguna nube que lo contenga.

De ahí han surgido todos los poemas y canciones a las noches de luna fría, porque en la medida en que el cielo está más limpio de nubes y la Luna se vea mejor, más fría será la noche por falta del agua condensada en nubes, produciendo un cálido efecto invernadero. Esto que sabe cualquier campesino, lo ignoran casi todos los ciudadanos, incluidos los licenciados en las ciencias en las que lo enseñan, quizá con la excepción de los que estudian física de la atmósfera, porque esos, estoy seguro, lo saben. Quizá por eso los agoreros que nos amenazan con un futuro caliente ¡por culpa del co2!, se olvidan del vapor de agua que también se produce al quemar combustibles hidrocarbonados ¿Acaso es mejor un futuro frío?

Siendo posibles tantos equilibrios térmicos, es mínimamente probable que el actual sea el mejor de todos los posibles. En su ignorancia, los agoreros reducen el mundo a su breve estancia en él y olvidan los diferente equilibrios de temperatura en las distintas partes de la Tierra. Son gente que piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor y que cualquier tiempo futuro será peor. Ellos se pierden la oportunidad de disfrutar del momento: ¡carpe diem!

Vivimos desde hace cientos de miles de años bajo sucesivos periodos glaciares mucho más inhóspitos que los templados que los separan. Cada uno con ventajas e inconvenientes. A todo nos hemos acomodamo y a lo que venga también lo haremos. Nuestros recursos tecnológicos son mucho mayores que los que tenían quienes se acomodaron a esos cambios mucho mayores hace miles de años.

Si a un saharaui se le traslada a un poblado inuit, pasada la sorpresa del cambio, que siempre es atractiva, preferiría volver a sus ardientes arenas. Tampoco el inuit se aclimataría fácilmente a la sequedad y temperatura del desierto. Pero quizá ambos no encontrarían tanto inconveniente en vivir en la zona templada —incluso en Jaén— en la que estamos nosotros, como encontraríamos nosotros en vivir en cualquiera de sus dos espacios vitales.

Los saharauis sin duda preferirán una bajada de temperatura veraniega y los inuit, estoy seguro, preferirán un invierno menos crudo. Suba o baje la temperatura, la vida es posible. Nuestra capacidad de acomodación a lo inevitable o de modificarlo para que sea más habitable debería tranquilizar a todo el mundo, incluso a los más desasosegados.

Volviendo al asunto acuoso, como el agua es transparente los periodistas no la ven. Y como en forma gaseosa es un vapor incoloro, siguen sin verla. Sólo cuando el agua de una torre de refrigeración, característica de las centrales nucleares, emite su penacho de vapor que condensa, todo el mundo ecológico y periodístico brama contra la contaminación, aunque esa “contaminación” se desvanece: confunden el vapor de agua condensada —¿son las nubes una contaminación?—, con el humo. ¿Qué profesor de química tuvieron en la secundaria?

En sus manos, en las de los periodistas, está encomendado nuestro espíritu, el de la formación de la opinión pública, y así pasa lo que pasa. Es pretencioso ese vano alarde de encuestas presuntamente representativas de lo que opina la gente, que no tiene opiniones personales fruto de la reflexión, que no suele opinar y sólo regurgita lo último que oyó. En su inmensa mayoría, quizá más de 90%, repite lo último dicho en la televisión, y en todos los países hay cadenas a las que “hay que echar de comer aparte”.

El número de lectores de periódicos, una lectura sosegada que da tiempo a la reflexión aun si el periódico es venenoso, es reducido; incluso incluyendo a los que leen los periódicos gratuitos.

En mis libros de ingeniería química (Brown, Vian-Ocón y en el Perry) se explicaba lo que todos los paisanos sabían sin necesidad de haber estudiado, que la experimentación es la madre del conocimiento. En ellos se presentaban gráficas y ecuaciones para corregir el efecto de absorción y emisión de la radiación en la atmósfera en presencia de H2O, CO2 y SO2. Debía hablarse del agua como causante del efecto invernadero, porque se produce más H2O que CO2 en términos volumétricos y casi la misma cantidad en términos ponderales.

Todavía recuerdo la bronca del profesor Batuecas, de química-física, con un compañero en clase porque a una pregunta suya que exigía una respuesta cuantitativo le dijo “mucho”. Para no hacerme acreedor a otra igual, hagamos algunos cálculos elementales de bachillerato.

Cuando se quema un mol de CH4, es decir, de gas natural, produce 1 mol de CO2 pero 2 moles de agua. La concentración de ésta en la atmósfera aumentará el doble. En cálculo pondera: 16 gramos de CH4 producen 36 de H2O y 46 de CO2, un 20% más. El factor de incremento es de 2 en términos volumétricos y 36/16 = 2.25 para el H2O y de 1 en términos volumétricos y 44/16 = 2.75 en términos ponderales para el CO2. Claro que en un hidrocarburo largo nos aproximamos más a un múltiplo de —CH2— con lo que la situación sería de 1 mol de CO2 y uno de H2O, que es lo mismo que pasa si quemamos madera (C6H12O6).

Si del CO2 podríamos decir con Becquer que “los suspiros son aire y van al aire” —aunque en realidad los que van al aire son los expiros, porque al fin y al cabo un suspiro tienen su dosis de CO2 (aunque también de agua), de las lágrimas diríamos que “son agua y van al mar”. Analicemos esto.

El consumo de gas natural es de varios billones de metros cúbicos (1012) y sigue aumentando. Eso significa que miles de millones de litros de agua acabarán cayendo a la Tierra. Eso sí, como le ocurría a la lluvia ácida, una cosa es el punto de emisión y otra el de recepción. Éste puede estar bastante lejos como para que las reclamaciones por daños sean imposibles, sobre todo en el caso de conflictos internacionales transfronterizos.

Tras un pleito, la empresa propietaria de la central térmica de Andorra (Teruel) tuvo que indemnizar a sus víctimas por la lluvia ácida que asoló varios bosques en el Maestrazgo (Castellón). Algo parecido ocurrió con las siderúrgicas de Chicago que vertían su porquería en la vecina Canadá. Pero nunca supe que la propietaria de la Central de Puentes de García Rodríguez, en La Coruña, que hacía lo mismo con los irlandeses, les hubiera pagado alguna indemnización.

El agua de la combustión de los combustibles hidrocarbonados, el carbón sólo produce co2, aumenta la humedad de la atmósfera en el ciclo del agua al que entra en los puntos de combustión bajo la forma de vapor caliente. Luego, condensada en forma de lluvia o rocío, fluye por ríos visibles o subterráneos, llega al mar y se evapora, cerrándose el ciclo.

Antes había menos agua en la atmósfera porque no se aportaban estos miles de millones de kilos de la combustión. Si les añadimos otro tanto por la combustión de los otros productos petrolíferos, en números redondos, la cantidad ya es de decenas de millones de millones de kilos. Como la superficie de los océanos es del orden de 400 × 109 m2, el nivel del agua subirá poco. Pero como la naturaleza jamás distribuye uniformemente nada de lo que hay en ella, el Sahara sufre la carencia del agua que sobra en el sureste asiático, seguro que habrá más inundaciones que siempre se achacan al CO2 y quizá se deben a todo este aumento de H2O.

Pero, ya se sabe, “unos llevan la fama y otros cardan la lana”. Al CO2 le ha tocado ser el malo de la película. Según las cánones clásico de Hollywood, no se casará con la maestra, esa chica delicada y culta procedente del este, dispuesta a alfabetizar a todos los pelafustanes mata-indios de los pueblos del medio oeste, pues a los de la costa del Pacífico ya los habían alfabetizado los franciscanos, subiendo desde México, un país que, en sus buenos tiempos, casi llegaba al Canadá.

No pretendo hacer responsable al agua de nada que no le toque, pero con estos, creo que justos, comentarios sólo quise aliviar la carga de malvado que se le ha adjudicado al co2, al fin y al cabo una molécula angular como la de h2o, siempre está tan dispuesta a sufrir vibraciones tanto longitudinales como rotacionales, más las que se inventen.
  articulos

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Alfonso J. Vázquez Vamonde
Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas, CENIMCSIC.
     
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como citar este artículo
Vázquez Vamonde, Alfonso J.  (2013) Las lágrimas son agua. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 46-49. [En línea]
     

 

 

del ambiente
       
 
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Las transiciones críticas
en los ecosistemas
Luis Zambrano
   
   
     
                     
Hace unos tres meses el gobernador de California, Jerry Brown,
habló por teléfono con el Dr. Antony Barnosky que trabaja en Berkeley. La plática se alargó durante dos horas, terminando con el compromiso de discutir las políticas relacionadas con el cambio climático. El gobernador buscó al especialista a raíz de un texto aparecido en la revista Nature en junio de este año titulado “Approaching a State Shift in Earth’s Biosphere”, donde veintidós colaboradores de diferentes campos de la ciencia sugieren que la humanidad se está acercando a una transición crítica en las múltiples relaciones que existen entre la economía, la sociología y la ecología.

Para explicarlo, los autores indican que, contrario a la creencia popular, la naturaleza no está en equilibrio, sino en un concepto llamado “estado dinámico de estabilidad”. Esto suena más complicado de lo que es. La naturaleza en equilibrio conduce a una balanza con pesos y contrapesos. La tala de un bosque “desequilibra la naturaleza” pues le quita peso a una de las partes de la balanza. La representación de la naturaleza es estática, pues lo único que se mueve en la balanza es su aguja indicadora.

Pero el estado dinámico de estabilidad sugiere que la naturaleza se representa con el movimiento de una canica que habita en un mar de platos soperos. La canica constantemente se mueve por las dinámicas que se generan dentro de la naturaleza, pero ésta siempre regresa al centro de un plato sopero. La influencia de los humanos no es otra cosa que ser otra fuerza que empuja la canica. Si un humano tala un árbol, está moviendo la canica; si tala muchos, la fuerza con la que empuja la canica es mayor.

Cuando la canica no alcanza a salir del plato, el ecosistema sigue funcionando igual y tarde o temprano ésta volverá al fondo del plato. El problema es cuando la fuerza con la que se empujó la canica es tan grande que la hace brincar de un plato sopero a otro. Este brinco es lo que se le llama una “transición crítica”. El nuevo plato que ahora hospeda a la canica puede ser muy diferente al anterior; por ejemplo, puede ser más hondo o con las paredes más verticales. Esto genera nuevas reglas que hacen que el ecosistema funcione de manera muy diferente a como antes. La canica es la misma pero las reglas no.

Casos de éstos sobran en la naturaleza: los lagos transparentes pueden sufrir una transición crítica y se vuelven turbios al ser contaminados en poco tiempo. Estamos viendo este fenómeno en tiempo real en los Lagos de Montebello, en donde se pueden ver lagos turbios y transparente en la misma área, cuando hace unos años todos eran prístinos.

El artículo de Barnsoky da ejemplos de transiciones críticas a escala de toda la biósfera —uno de ellos es la última extinción masiva la de los dinosaurios— y sugiere que se acerca una nueva transición en la biósfera ocasionada por los humanos que estamos empujando muy fuerte la canica. Los resultados serán inesperados.

La escala es muy importante para poner en perspectiva dichas transiciones críticas: en un lago ocurre en días, pero a escala de la biósfera pueden llevar cientos de años. Para una canica que ha estado miles de años en un plato, una transición crítica puede durar décadas o cientos de años ya que, comparada con millones de años, es muy rápido; pero para la vida de un humano es lento. Es por esto que los escépticos ante el cambio climático argumentan que no se perciben los cambios dramáticos. Sin embargo, los cambios en la biósfera los sufrirán nuestros hijos.

Si esta teoría de las transiciones críticas existe a nivel local (un lago) y a nivel global (toda la biósfera) nada nos dice que no exista a escala intermedia, digamos a la de una cuenca como la de México.

Somos ya muchos en la ciudad de México (más de veinte millones) y estamos sobreperturbando el ecosistema (agua, contaminación, erosión, deforestación en las montañas, túneles, hundimientos, etcétera). En estos momentos este ecosistema puede estar en una “transición crítica” que puede cambiar todas las reglas, generando problemas graves para la vida cotidiana de los capitalinos.

Por lo general, para comprender las transiciones críticas se escoge una sola variable como indicadora —en el cambio climático es la temperatura y en un lago la turbiedad del agua. Para entender los cambios en la cuenca de México se pueden usar dos variables que normalmente sufrimos los capitalinos y que pueden estar en transición crítica: la movilidad y el agua.

Los datos presentados por el Instituto Mexicano de la Competitividad (imco) sugieren ya una transición crítica en cuanto a la movilidad. En 1990 el promedio de velocidad de los autos era de 35 km/h y tardó trece años para reducirse a 7 km/h, pero en un sólo año (2004) la velocidad promedio se redujo en otros 7, de manera que en 2007 llegó a 17 km/h. Una lógica simplista sugiere que el segundo piso debió haber aumentado la velocidad, pero después de su construcción el promedio en la velocidad sigue bajando. Esto se debe a que la movilidad está inmersa en un sistema complejo.

La movilidad en auto es una variable que no depende únicamente de la cantidad de calles que hay en la ciudad, sino también del número de automóviles. El imco indica que en 2003 había poco más de dos millones de autos, en 2008 la cifra subió dramáticamente a tres millones y medio, y hoy hay cerca de cuatro. A la tasa de crecimiento para mantener la velocidad en 16 años tendríamos que duplicar el área de asfalto y de estacionamientos en la ciudad.

Pero la velocidad promedio también depende de cuantos carros están circulando y del “tráfico inducido”, que se basa en la decisión personal de utilizar un auto y escoger la ruta. Imaginemos que nos invitan a una fiesta un viernes de quincena, que vivimos en Coyoacán y la fiesta es en Satélite. Tenemos dos opciones: vamos o no vamos (hasta esta sencilla decisión afecta al tráfico, puesto que millones de personas están tomando una decisión similar). Si creemos que vamos a hacer tres horas en llegar, quizá desistiremos de ir; por el contrario, si parece que vamos a hacer buen tiempo, nos lanzaremos a la aventura.

La segunda decisión que tomamos es el medio de transporte. El transporte público tiene la ventaja de que podemos tomar alcohol y no preocuparnos por el alcoholímetro, pero es de muy baja calidad y en las noches es inexistente. Por el contrario, si en lugar de transporte público nos anuncian un segundo piso o una supervía, decidiremos utilizar el auto. Puesto que son suposiciones basadas en ilusiones, lo más posible es que pasemos más tiempo del deseado en el auto, debido a que muchos pensaron igual que nosotros.

Así que la movilidad en la ciudad es un sistema complejo que no se solucionará con mayor cantidad de calles, puesto que su construcción promueve la compra y la utilización del auto. Es el razonamiento que desde hace más de medio siglo se utiliza en Nueva York, en donde no se ha hecho ninguna autopista urbana desde entonces; por el contrario, en la ciudad de México consideramos moderno el hacerlas e incluso de cobro, aumentando así la desigualdad entre los ciudadanos: los que tienen dinero van por arriba, los que no lo tienen irán por abajo.

La movilidad está dentro de un sistema conectado con otro sistema también complejo: la provisión de agua. Aquí la variable a medir es la cantidad litros y calidad de agua. De nuevo, empíricamente creemos que su solución es sencilla pues, conforme nos estamos agotando los acuíferos cercanos a la superficie sólo hay que aumentar la profundidad de los pozos de agua. Pero los resultados de esta solución muestran que en lugar de mejorar la cantidad y calidad de agua, empeora.

Habitar una ciudad que recibe diez veces más agua de lluvia de la que necesita y que tiene problemas de abastecimiento y de inundaciones, lo cual sugiere que estamos haciendo las cosas muy mal y que nos están encaminando a una transición crítica.

El acuífero se alimenta de la infiltración de lluvias; para ello tiene que haber suelo poroso y presencia de vegetación que disminuya la velocidad del agua. Si se asfalta el suelo para resolver el problema de la movilidad (aquí es donde se tocan los dos sistemas) el agua no se infiltra y se pierde en el drenaje profundo. Este drenaje se le llama pomposamente el Túnel Emisor Oriente y costó más de 19 000 millones de pesos.

El agua en la ciudad se conduce por varios ríos entubados (no se puede infiltrar), y como el Distrito Federal se está hundiendo porque estamos sobreexplotando el acuífero, el agua de los ríos entubados tiene que ser bombeada 35 metros para que pueda llegar a dicho túnel. Eso explica por qué el agua que antes se infiltraba ahora inunda las zonas más bajas, como Chalco, ocasionando pérdidas económicas para la gente que vive ahí.

Ahora tenemos menos agua y eso se comprueba con los cada día más comunes recortes en su provisión. Los problemas de abastecimiento que antes estaban circunscritos a pequeñas regiones ahora ya está llegando a colonias de altos recursos como Santa Fe o Condesa. Pero también se reduce la calidad del agua, que es tingible por el mal olor que despide durante la época de secas y que sufrimos los capitalinos. Este año, el mal olor fue producido por una sustancia llamada “geosmina”, sustancia hepatotóxica. La razón de que estemos recibiendo poca agua y de baja calidad es porque tenemos que importarla del Sistema Cutzamala, el cual se abastece de lagos y presas que ya tuvieron una transición crítica de agua prístina a turbia con una gran cantidad de algas que producen dicha sustancia.

El panorama pesimista sugiere que corremos el peligro de pasar el resto de nuestra existencia encerrados en nuestros autos y sin tener suficiente agua. Esto puede hacer entrar en pánico a cualquiera, pero no debe de ser el caso. La gran ventaja es que ya estamos elucidando cuáles son las dinámicas que nos han llevado a esta situación.

Sabemos cuáles son las fuerzas que han movido la canica de un plato a otro, por lo que tenemos claro lo se debe hacer para regresarla: sencillamente, mejorar el transporte público y defender el suelo de conservación, recuperando así las áreas de absorción. Desde esta perspectiva, el costo de tales acciones es infinitamente menor a lo que puede ocasionar el sufrir una nueva transición crítica.

Así que, para los ciudadanos, el costo que están generando los proyectos viales de miles de millones de pesos —y que fomentan la urbanización en los suelos de conservación— son mayores a los considerados e incluso el de su desmantelamiento puede ser mucho menor a sufrir las consecuencias de mantenerlos.

Además, esta visión ayuda a comprender la importancia de proyectos que a simple vista parecen estar fuera de la cordura pero que en el mediano plazo pueden mejorar la calidad de vida de los capitalinos. Un ejemplo tangible es el recuperar El río La Piedad, dejando Viaducto con menos carriles para autos.

Bajo el paradigma de desarrollo actual estamos caminando hacia transiciones críticas que disminuyen cada vez más nuestra calidad de vida. Es necesario impulsar por ello, en el manejo de ciudades como el Distrito Federal, un cambio en el desarrollo, el cual involucre ideas como la de transiciones críticas y complejidad sistémica.
  articulos
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Luis Zambrano
Instituto de Biología,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo
 Zambrano, Luis. (2013). Las transiciones críticas en los ecosistemas. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 14-17. [En línea]
     

 

 

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Jorge Legorreta Gutiérrez
     
               
               

La Cuenca de México se encuentra localizada en la parte más elevada de la Mesa Central y tiene una superficie aproximada de 9 600 kilómetros cuadrados. De ella, 5 136 kilómetros cuadrados (53.5%) son terrenos planos con pendientes menores al 15° (cada 100 metros planos se eleva 15°). No obstante, para nuestros estudios recientemente hemos reducido el conocimiento y la concepción integral de ésta a una superficie ubicada en la parte más baja, un territorio relativamente pequeño que hemos denominado Valle de México y que, a fines de la primera década del siglo xxi, comprendía los 2 000 kilómetros cuadrados de la ciudad de México, incluyendo las áreas urbanizadas del Distrito Federal y las de los municipios conurbados del Estado de México y de uno de Hidalgo, alrededor de 16% del área total de la cuenca. Es decir, que apenas se ha urbanizado menos de la mitad de los terrenos planos existentes en la cuenca y los restantes 4 464 kilómetros cuadrados son terrenos de montañas con pendientes mayores a 15°, los cuales conforman 46.5% del total de la superficie.

Por lo que respecta a las curvas de nivel, 1 507 kilómetros cuadrados de la cuenca (15.7%) se localizan en una cota no mayor a 2 250 metros sobre el nivel del mar y representan los terrenos más planos, 2 275 kilómetros cuadrados (26.7%) son lomeríos ubicados entre 2 250 y 2 400, y los restantes 5 518 kilómetros cuadrados (57.5) son montañas con niveles superiores a 2 400 metros de altitud. Es importante destacar que sobre una parte de dichos terrenos montañosos, muy cercanos a la cota de 2 500 metros, se encuentran ya zonas urbanizadas que desafían, entre otras necesidades apremiantes, el abastecimiento y el desalojo de agua. Del total de la superficie de la cuenca, la mayor parte corresponde al territorio del Estado de México con 4 800 kilómetros cuadrados (50.0%), le sigue Hidalgo con 2 540 (26.5%), el Distrito Federal con 1 320 (13.8%), Tlaxcala con 840 (8.7%) y Puebla con 100 (1.0%).

A la riqueza lacustre de la cuenca que deriva de sus ríos, lagos y manantiales, hay que agregar su abundante agua pluvial; se trata de uno de los territorios del planeta donde más llueve. En la cuenca se registran precipitaciones pluviales todo el año, aunque son permanentes durante siete meses, de abril a octubre; sin embargo, hay que destacar que 70% del volumen anual se registra durante los meses de julio, agosto y septiembre.

Las mediciones hidrológicas indican precipitaciones medias anuales promedio del orden de 760 milímetros, consideradas elevadas para una ciudad; las más altas corresponden a la zona montañosa del sur, en las sierras de las Cruces, Ajusco y Chichinautzin, en donde llueve más de 1 000 milímetros anuales.

El volumen anual de la precipitación pluvial de los últimos años se estima entre 5 500 y 6 000 millones de metros cúbicos, aunque existen variaciones históricas, como la que consignan Hiriart, Cruikshank y colaboradores: “durante el periodo 19211950, el año de mayor lluvia fue el de 1925, con 6 920 mmc, y el de menor precipitación 1949, con sólo 3 470 mmc. Si se observa el registro Tacubaya Palacio Nacional, se encuentra que el año más lluvioso fue 1878, al que correspondió un volumen de 7 155 mmc, y el más seco 1874, gran parte del agua con 2 260 mmc”. Habrá que precisar sin embargo que, aunque la mayor parte del agua de lluvia se evapora y se infiltra, el volumen aprovechable rebasa el que extraemos del subsuelo o importamos de otras cuencas.

La cuenca de México es cerrada y por ello recibe el nombre de endorréica; se encuentra rodeada de grandes montañas y volcanes, entre los que se destacan el Popocatepetl (5 438 metros de altitud), el Iztaccihuatl (5 286) y el Ajusco (4 153), así como de una cadena de sierras, de la cual desciende desde hace siglos el agua de 45 ríos aún hoy existentes. Este agua llegó a formar, en las partes más bajas de dicha cuenca, cuatro áreas lacustres: la primera y mayor se asentó en la parte más baja de la cuenca, conocida como el valle de México, y se integró con los cinco antiguos lagos cuyos nombres fueron: Chalco, Xochimilco, Texcoco, San Cristóbal, Xaltocan y Zumpango. De todos ellos sólo sobrevive el de Zumpango, una parte de Chalco y los canales y chinampas de Xochimilco. Esta primera área lacustre llegó a tener hacia el siglo xvi, en tiempo de lluvias, de 1 000 a 1 100 kilómetros cuadrados de agua; en sus orillas existieron ciudades a manera de puertos, entre las que destacaron: Chalco, Xochimilco, Iztapalapa, Chimalhuacán, Texcoco, Zumpango, Cuautitlán, Azcapotzalco, Tacuba y Coyoacán. Sobre una mínima parte del agua del lago de Texcoco se fundó y desarrolló la ciudad de México-Tenochtitlan, una de las maravillas urbanísticas del mundo antiguo, que llegó a tener, igualmente a principios del siglo xvi, alrededor de quince kilómetros cuadrados. Las otras tres áreas lacustres, más pequeñas y aún existentes, son las denominadas lagunas de Tochac, Apan y Tecocomulco.

La ubicación privilegiada de la cuenca y sus abundantes recursos hídricos la hicieron propicia para una gran concentración de población, no sólo en las orillas del área lacustre, sino en las montañas que la circundan. Algunos estudios antropológicos sobre los asentamientos prehispánicos, como el elaborado por Sanders y colaboradores, estiman que a principios del siglo XVI se asentaba un millón de habitantes en la cuenca de México; se trataba, en ese entonces, de uno de los más acentuados procesos de urbanización del mundo, conformado por una compleja red de ciudades, poblados y villas articuladas a la antigua ciudad de Tenochtitlan, la ciudad imperio, la ciudad región, la ciudad nación.

En menos de quinientos años, la cuenca y la ciudad de México han sufrido uno de los cambios urbanísticos y ecológicos más radicales del planeta; sólo baste precisar que el área lacustre de esos 1 100 kilómetros cuadrados que, a principios del siglo xvi, estaba integrada por cinco grandes lagos alimentados por casi medio centenar de ríos, se encuentra sustituida hoy por una megalópolis de 2 000 kilómetros cuadrados. Sin embargo, los ríos que alimentaban los antiguos lagos han persistido por varios siglos, salvo que los tramos alcanzados por dicha urbanización se han convertido en drenajes abiertos de agua negra o bien han sido entubados.

En síntesis, la ciudad de México y su área metropolitana, con 22 millones de habitantes y 2 000 kilómetros cuadrados de superficie, está asentada en la parte baja de una cuenca de 9 600 kilómetros cuadrados; la delimitan sesenta montañas, cuya altitud varía entre 5 600 y 3 200 metros, desde donde desciende, en forma permanente, agua a la urbe ubicada a 2 200 metros, la cual proviene del hielo existente en las partes más altas de algunos volcanes, así como de catorce ríos perennes que nacen de manantiales en las partes altas y medias de dichas montañas. Otros aportes de agua, temporales, provienen de 31 ríos más, que se forman de mayo a octubre, durante la época de lluvias, lo cual es un valioso recurso que durante siete meses al año, desde hace siglos, nos obsequia sin distingos la naturaleza.

En toda la cuenca de México se registran 760 milímetros de lluvia anual en promedio, tan sólo en la parte sur-poniente, desde la sierra del Ajusco hasta las Cruces, llueve 1 200 milímetros —ambas cifras rebasan la media anual de las grandes ciudades del mundo. Además, la ciudad de México se encuentra construida sobre un antiguo lago, cuyo subsuelo es uno de los más grandes reservorios de agua que tenga una ciudad bajo sus pies. Por último, existen más recursos hídricos en sus alrededores, pues a la cuenca de México la rodean siete cuencas más, como son la de Tula, Lerma, Cutzamala, Temascaltepec, Amacuzac, Tecolutla y Atoyac; de dos de ellas importamos agua y desde hace años se preparan los proyectos para traer agua de otras más. La cuenca de México es, por tanto, con su valle y la ciudad de México, una de las que posee mayor abundancia de agua en el mundo: la que cae del cielo, la que se tiene y se extrae del subsuelo y la que se trae de sus alrededores.

Hacia nuevos paradigmas hidráulicos

Tenochtitlan se fundó sobre el agua en el siglo XIV. La rodeaba una extensa área lacustre, de Zumpango a Chalco y de Texcoco a Tacuba. El agua potable provenía de numerosos ríos, de enormes lagos y ricos manantiales, como los de Chapultepec y Santa Fe, los del Desierto de los Leones y Xochimilco. Pero a partir del siglo XX estas abundantes fuentes de agua fueron marginadas como abastecimiento y sustituidas por pozos profundos y presas de cuencas lejanas, desaprovechando gran parte del agua limpia de los ríos, lagos y manantiales ubicados en nuestra cuenca. Abastecer de agua a la ciudad optando exclusivamente por extraerla del subsuelo e importarla de otras cuencas ha colocado a la ciudad en una extrema vulnerabilidad hidráulica, cuyos rasgos son: escasez de agua para millones de habitantes, inundaciones constantes por la saturación en los drenajes del agua de lluvia —y por tanto, su desaprovechamiento al enviarla por esos mismos drenajes fuera de la cuenca.

Las “modernas” concepciones urbanísticas para construir la ciudad se han fundamentado en utilizar los ríos y sus lagos como drenajes. Así se ha edificado y se sigue edificando la ciudad, y con ello se ha nublado nuestra inteligencia para conservarlos como elementos naturales que brindarían un sólido valor patrimonial e inmobiliario a los espacios urbanos. Nos guió, y nos guía todavía, la falsa modernidad basada en destruir todo vestigio de naturaleza que se opone al predominio del automóvil. La prioridad de “más autos y menos agua” sigue determinando gran parte de las políticas públicas gubernamentales, pues continúan los entubamientos de ríos que, ya contaminados, en la parte baja se siguen transformando en modernas vialidades.

Es posible evitar que los ríos se conviertan en grandes vialidades simplemente entubando el agua negra del río, pero no para vialidades sino como drenaje paralelo; es decir, al lado o bajo el cauce, para que por dicho drenaje se canalice exclusivamente el agua negra. Posteriormente, el cauce sin agua negra se utilizaría con agua limpia, tratada o proveniente de sus partes altas. “Agua negra por agua limpia” y no agua por autos. Ese lema es parte de los nuevos caminos y nuevos paradigmas para fortalecer el equilibrio ecológico y la sustentabilidad de la ciudad. Para ello sólo habrá que poner un límite a las políticas públicas que continúan encapsulando en rígido concreto los ríos de agua negra para convertirlos en vialidades automotrices.

Cinco son las razones y los propósitos que fundamentan la urgente necesidad de instrumentar las acciones y los programas para restaurar los ríos, lagos y manantiales existentes aún en el valle y la cuenca de México, y que a continuación vamos a desarrollar.

Aminorar los riesgos de una futura inundación. Como lo hemos advertido en otros textos, existen posibilidades de que se produzca una nueva inundación general en la ciudad de México, una más de las 25 que ha sufrido la ciudad a lo largo de su historia. Esta nueva inundación será como las anteriores, producto de la saturación de agua pluvial en los conductos del drenaje, y será sin duda una catástrofe hidráulica de consecuencias irreversibles, a menos de que se inicie, en las partes altas de la cuenca, obras de retención y almacenamiento de agua de lluvia y de la de los 45 ríos que circundan la ciudad, la cual es actualmente enviada, casi en su totalidad, a los drenajes. La “abundancia de agua” no controlada al interior de la cuenca nos conduce día con día, reiteramos, hacia una crítica “vulnerabilidad hidráulica”, derivada de seguir enviando, sin retener, agua limpia a los drenajes. El volumen de agua utilizada en la ciudad, sumada a la que llueve, será cada vez mayor y, en consecuencia, los drenajes serán constantemente insuficientes para desalojarla fuera de dicha cuenca. Por tanto, el agua de los 45 ríos que desciende hacia las partes bajas, donde se encuentran los drenajes, debe reducir su volumen, para lo cual es necesario que se retenga, se almacene y se emplee en diversos usos.

Enfrentar la crítica escasez de agua. La ciudad de México tiene el mayor de los abastecimientos de agua del mundo: 72 000 litros por segundo, lo que equivale a 360 litros diarios por habitante; pero, desafortunadamente, padece también de los más elevados déficits de agua potable para sus habitantes, el cual se estima es sufrido por casi cinco millones de habitantes —de un total de 22. Hoy existe desabasto en zonas populares de Texcoco, Chimalhuacán, Chalco, Iztapalapa, Tlalpan, Magdalena Contreras, Álvaro Obregón y en las áreas urbanas de las sierras de Guadalupe y el Ajusco, así como en colonias centrales recientemente densificadas, como Portales, Álamos, Narvarte y del Valle. Mientras eso sucede, grandes cantidades de agua limpia y cristalina se desperdician al ser mezcladas con aguas negras de los drenajes urbanos. Por tanto, el agua limpia de los ríos, lagos y manantiales debe ser aprovechada para diversas actividades urbanas, como el riego de jardines, fuentes y albercas públicas, o bien ser distribuida para el consumo de amplios sectores de la población carentes de ella.

Reducir los hundimientos del subsuelo. Como es de conocimiento público, la parte central de la ciudad ha descendido casi diez metros a partir de 1900. Entre más agua se extrae del subsuelo, más se hunde la ciudad, con los consecuentes riesgos en las fracturas de los ductos de drenaje, agua potable e hidrocarburos, así como el aumento de agrietamientos y oquedades del subsuelo. Por ello se debe disminuir la extracción de agua y aprovechar paulatinamente la de los ríos, lagos y manantiales restaurados. Cada litro limpio de agua de los ríos, manantiales y de lluvia que evitemos se vaya al drenaje es un litro de agua que dejaremos de extraer del subsuelo, aminorando así el hundimiento que sufre desde hace tiempo la ciudad.

Reducir la insalubridad. La mayor parte de la extensión de los ríos convertidos en drenaje son cauces abiertos y por ello son focos permanentes de insalubridad para la población que radica, trabaja o transita en sus áreas adyacentes. Los mayores riesgos para la salud se presentan durante los meses de estiaje, de noviembre a mayo. Durante este periodo, los olores emanados de las aguas negras sin agua pluvial se han convertido en un problema ambiental que requiere urgente solución. El agua que corre por esos ríos contaminados durante la época de lluvias y de secas deberá ser tratada o canalizada en tubos adecuados para drenaje.

Aumentar el espacio público e incrementar la valorización inmobiliaria. Debido a los riesgos sanitarios y los desagradables olores del agua residual de los ríos y lagos contaminados, se le ha dado la espalda al implantar usos habitacionales, comerciales y hasta industriales. En consecuencia, es notorio el deterioro físico y ambiental de sus áreas aledañas, desvalorizándose su rentabilidad inmobiliaria. La transformación de agua negra en agua pura en los actuales ríos aún abiertos incrementaría notablemente los valores inmobiliarios de sus áreas adyacentes en un radio de un kilómetro a la redonda.

La ciudad se encuentra ubicada en la parte más baja de la cuenca de México y, por ende, en el delta de 45 ríos, catorce de ellos perennes, por los cuales desciende abundante agua de las partes altas de las montañas con endebles controles para su almacenamiento. Este fenómeno, imperceptible para la población y lamentablemente también para buena parte de las autoridades, es otro factor que incrementa los riesgos de una gran inundación; por tanto, controlar los descensos de agua de los ríos por medio de grandes o pequeñas nuevas presas representa otro reto a resolver en los próximos años. Cuando toca la ciudad el agua limpia de éstos y otros ríos que se forman en época de lluvia, el agua se vuelve mágicamente negra; es la magia del efímero interés inmobiliario que hace ciudad tomando los ríos como drenajes en lugar de destinar parte de sus rentables ganancias para construir redes de desalojo de sus propias aguas negras. Un río limpio convertido en drenaje representa la principal agresión del urbanismo contemporáneo contra la naturaleza. Tras permitir y hasta fomentar tal política pública, el Estado debería ahora suprimirla con leyes y acciones más estrictas y destinar recursos para la urgente restauración ambiental de los actuales ríos contaminados, como se hace en otras ciudades del mundo. La restauración de ríos, lagos y manantiales de la ciudad de México sólo será posible con decisiones del ámbito político y más sólidas organizaciones sociales que obliguen a emplear para ello parte suficiente de los millonarios recursos destinados a otras obras hidráulicas. Así se podrá transformar ríos y lagos de agua negra en ríos y lagos de agua limpia y cristalina, además de aprovechar el agua limpia de algunos manantiales que hoy se envía, sin darle uso alguno, a los drenajes, y se recuperaría nuestra memoria histórica, se aprovecharía el agua y se fortalecería la relación de la ciudad con la naturaleza.

Algunas propuestas de restauración

No son nuevas las propuestas de aprovechar y utilizar como fuente de abastecimiento el agua de los ríos, las presas y los lagos del valle y la cuenca de México; dicha opción fue planteada como viable desde mediados del siglo xx en un sólido estudio realizado por Fernando Hiriart, Gerardo Cruickshank y otros colaboradores. En esos tiempos, después de inaugurado el sistema Lerma, se debatía si era conveniente seguir importando agua de fuentes externas, como la presa Villa Victoria, situada entre la cuenca de Lerma, cercana a la del Cutzamala, ante lo cual este grupo de especialistas hidráulicos planteó que eso resultaba inadecuado, entre otras razones, por incosteable.

Se proponía, en cambio, aprovechar el agua de los siguientes ríos: Tlalnepantla, San Javier, Chico de los Remedios, Totolinga, Los Cuartos, Hondo, Tacubaya, Becerra, Mixcoac, Texcalatlaco y Magdalena, los “escurrimientos del poniente del valle incluyendo el río Tlalnepantla con gasto medio de 4.16 metros cúbicos por segundo […] y corrientes (superficiales) del río Hondo y el río Tlalnepantla con aportaciones anuales de 42 y 40 millones de metros cúbicos, respectivamente [que] produc[irían] el 60% de los escurrimientos de esta zona”. Además de cinco presas, planteaban, “hay que aprovechar las aguas almacenadas en las presas de Guadalupe y Concepción, construyendo un canal hasta el puerto de Barrientos, Estado de México, una planta de purificación en ese sitio, la planta de bombeo y el acueducto hasta llegar al cerro de la Villa, donde parece conveniente instalar el tanque de regularización y reserva […] además, las aguas controladas por las presas de Taxhimay, Requena y Tepuxtepec que pueden aprovisionar una población adicional de seis millones de habitantes”. La conclusión del estudio referido era, por tanto, aprovechar el considerable volumen de agua existente al interior de la cuenca de México, basado en la inconveniencia de importar agua desde la presa Villa Victoria por sus altos costos: “en la Cuenca del Valle de México se produce un total de escurrimientos primarios de cerca de 420 millones de metros cúbicos al año (unos 13.3 metros cúbicos por segundo) aprovechables en su mayor parte para el abastecimiento de aguas de la ciudad de México y demás poblaciones del valle […] egresan del valle más de 300 millones de metros cúbicos por año, que podían ser utilizados como abastecimiento del mismo […] El aprovechamiento de las aguas de Villa Victoria es el más costoso de los estudiados (0.26 pesos por metro cúbico) y por tanto, debe descartarse su uso, [mientras que] el agua de los ríos de la zona oeste del valle con tratamiento es de 0.15 pesos por metro cúbico, y las aguas de las presas Taxhimay y Requena de 0.16, y la de Tepuxtepec de 0.20”.

Estas conclusiones y recomendaciones se ignoraron debido, entre otras razones, al predominio de los intereses y las políticas hidráulicas de seguir importando agua mediante gigantescos conductos provenientes de regiones y cuencas cada vez más distantes. Como se sabe, pocos años después, hacia 1964, se iniciaron las perforaciones de 210 pozos profundos en la cuenca de Lerma, y a fines de los años setentas se iniciaron las obras del Sistema Cutzamala, captando no sólo el agua de la citada presa Villa Victoria, sino de cinco presas más de la región, dos de ellas en los territorios del estado de Michoacán. Todo esto sucedió a pesar de las recomendaciones técnicas sobre los menores costos que implicaba captar el agua de los ríos, presas y lagos de la cuenca de México.

Hoy, a más de medio siglo de publicado dicho estudio, aún se preserva agua limpia en los cauces altos de esos mismos ríos y en algunas de las presas y lagos propuestos para abastecer de agua a la ciudad de México. Aún es posible recuperar en el valle y la cuenca de México parte de esa riqueza lacustre marginada y desperdiciada por siglos. Por tanto, se propone aquí el aprovechamiento de ese agua mediante la restauración de los ríos, lagos y manantiales que a continuación se describen.

El río Magdalena. Es uno, pero no el único, de los ríos más caudalosos de la sierra sur-poniente de la ciudad de México, cuya restauración y recuperación, después de casi treinta años de olvido, vuelve a ser prioridad gubernamental. La historia de su recuperación inició durante el periodo sexenal de López Portillo, cuando se realizaron las primeras obras menores. Poco tiempo después, durante la administración presidencial de Carlos Salinas de Gortari y la jefatura local de Manuel Camacho Solís (de 1988 a 1993), se realizaron obras más significativas, como lo fue la construcción de ocho kilómetros de drenajes marginales, cuyo objetivo era eliminar las descargas de las aguas residuales. Por ejemplo, en la colonia La Concepción (calle Juan Álvarez), fueron ampliados en ese entonces los afluentes de agua negra provenientes del río Eslava, que a su vez descendían de los asentamientos ilegales aledaños a San Nicolás Totolapan. Sin embargo, después de instalar dichos drenajes marginales, en esos mismos tramos recuperados se comprobaron nuevas descargas residuales. La experiencia demostró que la simple construcción del drenaje “marginal o paralelo” no logró eliminar las descargas al río, pues no se acompañó de vigilancia permanente, lo cual provocó nuevas descargas en otros tramos.

Los años pasaron y la contaminación y el desperdicio de agua limpia del río Magdalena volvió al olvido. Hacia fines de 1997 este autor propuso públicamente nuevos trabajos de restauración, insistiendo en que el de Magdalena y otros más debían “ser restaurados y recuperados para aprovechar sus caudales. Con ello se lograría disminuir los presupuestos de las obras hidráulicas, la extracción del agua y sus consecuentes hundimientos del subsuelo y, sobre todo, disminuir el abastecimiento del agua de regiones lejanas, impidiendo la destrucción de sus economías agrícolas”. Diez años después, hacia principios de 2007, el Gobierno del Distrito Federal, por medio de la Secretaría del Medio Ambiente, inició los estudios del río, con la participación de la unam y la uam, para elaborar un Plan Maestro que, terminado en 2008, preveía concluir obras a fines de 2012. Se destacan en este plan dos parques públicos al lado del cauce, uno que va de Chimalistac a los Viveros de Coyoacán y otro en la zona llamada La Cañada o primer dínamo; tres plantas de tratamiento para producir “15 mil metros cúbicos de agua potable; restaurar la ex-hacienda La Cañada; colectores marginales; 19 hectáreas de áreas verdes y demás acciones de preservación y conservación de áreas boscosas, en coordinación con los núcleos agrarios de San Nicolás Totoloapan y la Magdalena Atlitic”.

En complemento a las propuestas gubernamentales antes mencionadas, se propone aquí además: a) construir una presa en el tramo donde el río conserva aún agua limpia para almacenar y aprovecharla en actividades agrarias y urbanas que, con base en la propuesta del ingeniero Alejandro Águila, se edificaría en el paraje conocido como “La Compuerta”, a 3 mil 430 metros de altitud, cercano a la cañada de Cuervos y los cerros de Libros y Las Campanas; b) colocación de sistemas de tratamiento de agua residual más adecuados entre el cuarto y el primer dínamo, donde existen instalaciones recreativas, deportivas y educativas; c) ampliar el volumen de agua potabilizada y tratada en las dos plantas existentes a la altura del primer dínamo. La capacidad actual en ambas es de 400 litros por segundo, por lo que se propone aumentarla a 2 mil; la cantidad de agua potabilizada y tratada en ellas es ínfima si la comparamos con el agua limpia que en época de lluvias continúa enviándose al drenaje; d) construir alrededor del primer dínamo una pequeña presa de almacenamiento de agua para utilizarla en actividades recreativas y urbanas. Cabe destacar que desde 1988 se propuso construir presas aledañas al cauce para almacenar y aprovechar dicha agua, pero desde entonces tal propuesta no ha sido incluida en los presupuestos públicos. Incluso en 1990, un documento oficial establecía que: “adicionalmente se construirán las presas de almacenamiento Magdalena y Eslava para un mejor aprovechamiento del agua de lluvia”. A veinte años, aún no se contemplan tales obras.

e) Salvar el río Magdalena adquiere su connotación más importante en los tramos abiertos, visiblemente contaminados; es aquí donde el proyecto requiere un mayor esfuerzo y prioridad presupuestal. Es necesario priorizar la restauración de los tramos con áreas aledañas densamente urbanizadas, ubicadas entre el pueblo de la Magdalena Contreras y el río Churubusco. A lo largo de estos tramos se debe construir un gran drenaje debajo del cauce actual para canalizar las descargas residuales y sobre ese cauce no canalizar autos, sino agua limpia y pluvial que sería almacenada en depósitos adecuados para su conservación y aprovechamiento en usos urbanos y recreativos. Si dispusiéramos de agua limpia en demasía y almacenada en las partes altas del río Magdalena, éste se podría conducir por medio de un pequeño acueducto hasta el cauce abierto en Chimalistac y Avenida Universidad, y así volveríamos a irrigar con agua del río Magdalena los verdes prados de los Viveros de Coyoacán; f) a partir del primer dínamo y hasta su conexión con el río Churubusco se deben instalar rejillas o “trampas” automatizadas para detener y retirar la basura que arrastra a fin de aminorar los riesgos de una eventual inundación en su conexión con el río Churubusco. Especial atención requiere la automatización de la más cercana al río Churubusco, debido a su ineficaz y limitado funcionamiento.

g) Por último, en el tramo de Insurgentes a Río Churubusco se proponen cinco opciones. La primera es construir un espejo de agua sobre el camellón de la calle Paseo del Río, en la colonia Chimalistac, incluyendo la restauración ambiental de las áreas verdes de dicho camellón. La segunda es instalar una planta de tratamiento en las instalaciones del Sistema de Aguas del D.F., ubicadas en el cruce de Miguel Ángel de Quevedo y Universidad. La tercera es, a propuesta de Horacio Lombardo, restaurar dos sistemas (cajas) derivadores del agua residual hacia los colectores, uno ubicado en las instalaciones de Guardias Presidenciales de la Avenida Universidad y el otro en los Viveros de Coyoacán, que se encuentran en la esquina de Avenida Universidad y Vito Alessio Robles. Esta propuesta incluye la revisión y valoración técnica del actual sistema de distribución de agua tratada de la zona, incluyendo la que abastece a dichos Viveros de Coyoacán. La cuarta opción es construir en la parte inferior del cauce existente entre la calle Francisco Sosa y la avenida Río Churubusco, un drenaje para canalizar exclusivamente aguas residuales y, arriba de dicho drenaje, canalizar agua tratada y pluvial proveniente de los escurrimientos naturales de la zona. Esta propuesta incluye la restauración ambiental de las áreas aledañas al tramo de cauce referido, incluyendo las pertenecientes a los Viveros de Coyoacán. La quinta y última es edificar en los alrededores de la confluencia de los cauces del río Magdalena y el río Churubusco, la infraestructura hidráulica de almacenamiento y distribución del agua tratada, que comprende las demasías desaprovechadas de agua tratada provenientes de la planta de Coyoacán, las cuales son enviadas actualmente al río-drenaje Churubusco —este agua debería ser destinada a usos directos e indirectos de los vecinos de las colonias El Carmen y el Condominio Viveros. Con tales obras se impediría y disminuiría el envío de agua gris (negra y blanca) al drenaje del río Churubusco en época de lluvias.

El río Tacubaya. Una parte pequeña de este río puede ser restaurada. Se trata del tramo, de aproximadamente un kilómetro, que va desde el límite oriente del conjunto inmobiliario de Santa Fe —precisamente donde existe la desembocadura del río— a la parte posterior de la iglesia de Santa Fe, donde está el manantial del mismo nombre y la ermita del siglo xvi denominada Gregorio López. El tramo en cuestión cruza los terrenos pertenecientes a la Casa del Agrónomo y recibe las descargas residuales de una parte del pueblo de Santa Fe. La propuesta de restauración consiste en convertir las actuales aguas residuales, grises y negras, que circulan por dicho tramo, en aguas blancas, ya sea tratándolas o bien obteniéndola de otras fuentes de abastecimiento, incluso probablemente la del propio manantial de Santa Fe. Para ello se proponen dos obras: a) instalar una planta de tratamiento en calidad secundaria al pie del cauce, en la desembocadura del conjunto inmobiliario de Santa Fe y, a partir de aquí, un drenaje marginal al cauce de un kilómetro de extensión hasta el manantial de Santa Fe; b) edificar, bajo el tramo del cauce referido, un drenaje para encausar exclusivamente el agua residual y destinar el cauce actual al paso de agua tratada, la pluvial y la excedente del manantial de Santa Fe. Los volúmenes de este agua limpia se agregarían al de la actual planta de tratamiento de la unidad habitacional ubicada en el área aledaña al cauce; y c) construir en la zona tanques de almacenamiento de agua tratada para canalizarla por gravedad a diversos usos urbanos o bien reinyectarla al acuífero.

El río Ameca-Canal de la Viga. La primera propuesta conceptual para restaurar y recuperar el río Ameca y el Canal de la Viga data de 1997 y fue formulada por el autor. Decía: “como se ha hecho con ríos abandonados en otras grandes ciudades del mundo, la ciudad de México puede contar nuevamente con un río limpio restaurando el Río Ameca, del cual se han entubado sólo diez de sus 72 kilómetros, correspondiente al Canal de la Viga. El resto permanece abierto, la mayor parte con aguas negras; una porción mínima fue recuperada hace unos años por el ddf. Para ello se requiere construir pequeñas plantas de tratamiento y drenajes paralelos que eliminen las descargas residuales en Amecameca, Tenango del Aire y Temamatla; y a partir de la Calzada Ermita habría que construir un canal no profundo, a lo largo del camellón de la actual calzada de la Viga, y continuarlo por Roldán hasta la acequia de Corregidora, al lado del Palacio Nacional”. Tiempo después, en 2004, hizo pública una segunda propuesta: “habría que construir un drenaje paralelo o debajo del río (Ameca) para eliminar las descargas residuales que se vierten a lo largo de su cauce aún abierto; y sobre él, una vez saneado, canalizar el agua de los deslaves de los volcanes complementada con el agua tratada de la planta del Cerro de la Estrella. Igualmente, en algunos tramos del camellón de la calzada de la Viga, habría que construir un canal de cinco metros de ancho que devuelva parte del paisaje lacustre perdido y a sus lados edificar áreas verdes, recreativas y gastronómicas”.

Sin embargo, cabría destacar que, desde principios de los noventas del siglo pasado y hasta los primeros años del siglo xxi, se realizaron diversas obras en algunos tramos del río, correspondientes al denominado Canal Nacional, como las efectuadas entre 1991 y 1993 por el entonces Departamento del Distrito Federal en zonas adyacentes al Parque Ecológico de Xochimilco, Tláhuac y Mixquic, la construcción de un drenaje paralelo a lo largo del tramo Tláhuac-Mixquic y el envío a sus zonas agrícolas de agua tratada proveniente de la planta del Cerro de la Estrella. Entre 1998 y 1999, la Delegación Iztapalapa prosiguió los trabajos con el apoyo de algunos vecinos; se rescató el tramo del Eje 3 oriente hasta la avenida Santa Ana y se continuó con un drenaje paralelo al cauce de 800 metros, además de habilitarse un corredor para deportistas. En 2004 la uam Xochimilco se sumó a los esfuerzos de recuperación, presentando públicamente un proyecto que contemplaba una extensión de doce kilómetros del mismo Canal Nacional y, finalmente, a partir de 2005 y hasta mediados de 2008, el Gobierno del Distrito Federal, con apoyo y participación de grupos vecinales, realizaron en el tramo de Paseo del Río y algunos otros de Canal Nacional, canalizaciones de agua tratada para mantener en lo posible ciertos niveles de saneamiento.

Por lo que respecta al tramo de la calzada de la Viga, en el año 2000 la Delegación Iztacalco hizo pública la propuesta de edificar en un tramo del camellón de dicha calzada un canal artificial con agua tratada, el cual no se realizó.

Las propuestas de restauración del río Ameca y el antiguo Canal de la Viga son las siguientes: a) edificar una presa de almacenamiento en las partes altas de la Sierra Nevada aledañas a los afluentes que originan el cauce principal; b) construir debajo del cauce del río Ameca un drenaje para recoger las aguas residuales que vierten en dicho cauce y la de los diversos poblados localizados entre Amecameca y Tláhuac y, posteriormente, realizar las adecuaciones en el cauce con el fin de canalizar exclusivamente agua limpia proveniente de los deslaves de los volcanes y los manantiales de la Sierra Nevada; y, c) convertir parte del actual camellón de la calzada de la Viga en un jardín lacustre horizontal, con un canal de agua tratada en la parte central.

El río Santo Desierto-Mixcoac. Con agua cristalina este río cruza el bosque del Desierto de los Leones, mas al descender a las zonas urbanizadas se mezcla con el agua negra de los drenajes. Por tanto, gran parte de su caudal contaminado con descargas residuales puede y debe de ser recuperado y aprovechado. Sorprende que las aguas limpias que pasan al lado del Convento del Desierto de los Leones desciendan las 24 horas de los 365 días del año para depositarse directamente tanto en las presas altamente contaminadas, como en fraccionamientos saturados de basura.

Al respecto, en el año 2005 apareció un modesto y desapercibido anuncio en la prensa, firmado por Marcela Gastélum y Laura Krieguer, que decía: “vecinos de San Ángel, hemos hecho infinidad de trámites ante la Delegación Álvaro Obregón para que se hagan labores de limpieza en el río ubicado en el cruce de calzada Desierto de los Leones y Ferrocarril de Cuernavaca, toda vez que quienes habitan entre las vías lo han convertido en un tiradero de basura. También se han realizado gestiones ante la Comisión Nacional del Agua, Secretaría del Medio Ambiente y la Procuraduría Federal del Medio Ambiente, sin tener respuesta […] Es urgente que lo limpien pues ya nos cansamos de tocar todas las puertas […] ¿Habrá alguna autoridad que quiera ayudarnos?”.

Se exponen aquí algunas propuestas para restaurar el río Santo Desierto: a) construir en la parte alta del río una presa grande de retención, almacenamiento y aprovechamiento de agua para destinarla a fortalecer labores del bosque e incrementar abastecimientos de los pueblos circundantes; b) instalar en los parajes turísticos pequeñas y medianas plantas de tratamiento y sistemas de tratamiento secundario de descargas al río; y c) en la zona densamente urbanizada, edificar un drenaje paralelo o subterráneo bajo el cauce para el agua residual y sobre dicho cauce canalizar el agua limpia y tratada (si la hubiera) proveniente de las partes altas.

El manantial Fuentes Brotantes. Dos propuestas: a) construir un almacenamiento para el agua excedente, precisamente antes de que se vierta al drenaje (parte baja de la avenida Fuentes Brotantes).

El destino del agua sería ampliar el sistema de distribución pública y gratuita a sectores de la población que carecen del servicio directo por tubería; y b) crear una empresa pública o cooperativa para envase y venta de agua embotellada del manantial Fuentes Brotantes para ofrecerla a bajos precios; la planta embotelladora podría instalarse en el área pública existente entre la fuente del manantial y el barrio La Fama.

El manantial Peña Pobre. También dos propuestas: a) edificar en el extremo norte del parque El Manantial un depósito para recuperar los excedentes de agua limpia con el propósito de almacenarla, aprovecharla y distribuirla —previa potabilización— en las colonias de Tlalpan que sufren desabasto permanente de agua potable; y b) creación de una empresa social o cooperativa encargada de la colocación, operación y administración de bebederos en espacios públicos, cuya agua proviniera de las demasías del manantial Peña Pobre.

El manantial Santa Fe. Simplemente construir en las actuales instalaciones del manantial a cargo del Gobierno del Distrito Federal un depósito más para almacenar y aprovechar las demasías de agua limpia, cristalina y pura que hoy se envía directamente al drenaje. Dicha canalización es abundante en época de lluvias, pero también en menor cantidad durante el estiaje, es decir, todo el año. Estas demasías de agua recuperadas del manantial Santa Fe alimentarían así el agua limpia del río Tacubaya, según nuestra propuesta de restauración ya mencionada.

Conclusiones

La ciudad pasa actualmente por una crisis de escasez de agua combinada con su abundancia; esta contradicción y paradoja hidráulica debe enfrentarse con un nuevo paradigma hidráulico basado en el aprovechamiento de los actuales recursos hídricos de la cuenca de México. Por eso el agua que cae del cielo, la que desciende por los ríos, y la que está en lagos y manantiales debe de ser destinada a la población que la demanda con el propósito también de evitar graves inundaciones.

En el marco de un escenario prospectivo, en los próximos 30 años, esto es hacia 2040, la ciudad de México se unirá con Pachuca, Toluca, Cuernavaca y Cuautla para crear una megalópolis de 35 millones de habitantes, que incrementará su abasto de agua de 72 a 115 metros cúbicos por segundo. Tal volumen no deberá provenir, como ahora, exclusivamente de la extracción del suelo y de las cuencas externas, simplemente por sus limitaciones técnicas y por los riesgos que han demostrado tales opciones; se tendrá que recurrir a nuevas formas de abastecimiento basadas en el aprovechamiento de agua de lluvia y la de los ríos que aún se conservan limpios en las partes altas de la cuenca y el valle de México, construyendo allí —como ya mencionamos— grandes, medianas y pequeñas presas, edificando además canalizaciones y almacenamientos de agua pluvial, principalmente en conjuntos habitacionales, e incrementando el tratamiento y reuso del agua.

Contar con éstos y otros paradigmas hidráulicos requiere un debate amplio, plural y respetuoso para que, además de evaluar con una visión institucional y académica las actuales concepciones, decisiones y políticas públicas sobre el agua, se cuente con un plan integral hidráulico de largo plazo que comprenda toda la cuenca y se evalúe además la necesidad de crear una sola empresa de agua —de carácter público, paraestatal y descentralizada, con un solo mando—, donde participen los distintos niveles de gobierno y se elimine la dispersión de enfoques y decisiones hidráulicas hasta hoy existente.

De no contar con nuevas políticas para el agua, la ciudad se encamina hacia una riesgosa vulnerabilidad hidráulica, donde se prevé —en el actual escenario del cambio climático—, desastres mayores por hundimientos, más escasez y disputas violentas por el líquido e inundaciones severas. Tenemos aún tiempo de evitarlos siempre y cuando las recientes instancias legislativas asuman también un papel distinto, que es el de diseñar y elaborar, con sus propias concepciones, nuevas políticas públicas para que sean ejecutadas de manera coordinada entre sí por el Gobierno del Distrito Federal, el Gobierno Federal y su Comisión Nacional del Agua, y los gobiernos de los Estados de México e Hidalgo. Pero, sobre todo, lo evitaremos si acrecentamos nuestra participación como comunidad académica, científica y tecnológica, y si los ciudadanos organizados política y socialmente no disminuimos nuestro anhelo de construir una ciudad donde no se reparta la pobreza del agua, sino que se administre con equidad la riqueza y abundancia que aún tenemos en ríos, lagos y manantiales del valle y la cuenca de México.

articulos
Nota

Este artículo fue elaborado con fragmentos de textos del libro de Jorge Legorreta: Ríos, lagos y manantiales del Va-lle de México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2009, al cual remitimos al lector para profundizar sobre el tema.
 
 
 
Referencias bibliográficas
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Hiriart, Fernando, Gerardo Cruickshank, Raúl Marsal y Fernando Key. 1952. Contribución de la cfe a la solución del problema de abastecimiento de agua a la ciudad de México. Imprenta CFE( segunda edición, CFE, Instituto de Ingeniería, unam, México, 2003).
Legorreta, Jorge. 2006. El agua y la ciudad de México. De Tenochtitlan a la megalópolis del siglo xxi. uam Azcapotzalco, México.
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___________. 1997. “El río Magdalena”, en La Jornada, 14 agosto.
___________. 2004. III Congreso de Cronistas, ponencia magistral. México.
Sanders, William, Jeffrey Parsons y Robert Santley. 1979. The Basin of México. Ecological Processes in the Evolution of a Civilization. Academic Press Inc. Nueva York.

     
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Jorge Legorreta
Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapotzalco.
Jorge Legorreta Gutiérrez, arquitecto, sociólogo y urbanista mexicano, egresado del IPN, obtuvo una Maestría en Sociología y un Doctorado en Urbanismo en la UAM, y realizó una especialización en Planificación Urbana en la antigua República Democrática Alemana. Ha sido uno de los principales investigadores sobre la relación de la Ciudad de México con su anterior entorno lacustre y la problemática sobre el manejo de sus recursos hídricos.
     
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como citar este artículo
Legorreta, Jorge. (2013). Los ríos de la cuidad de México: pasado, presente y futuro. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 18-32. [En línea]
     

 

 

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Miguel E. Castillo Rodríguez
     
               
               

Si se observa la porción  la superficie terrestre desde el espacio en una imagen de satélite, puede observarse dos tipos de megaformas: los sistemas montañosos y las planicies. Si se mira con más detalle, puede detectarse que tanto las montañas como las planicies presentan depresiones que se organizan en una serie de ramificaciones: son ríos que drenan a una cuenca y conforman un sistema fluvial. Debido a la amplia presencia que tienen los ríos en la superficie emergida, son uno de los principales modificadores del relieve terrestre, ya que afectan a los materiales geológicos de las cadenas montañosas, que son levantados por la tectónica y también depositan materiales que resultan de la erosión de los sistemas montañosos y dan lugar a la formación de grandes planicies y deltas. Si bien forman parte de un solo sistema fluvial, los ríos presentan cambios en sus propiedades desde su punto de origen hasta su desembocadura. Por ejemplo, los ríos que discurren por montañas, cortan el sustrato geológico, tienen pendientes abruptas en su lecho y acarrean grandes bloques de roca, mientras los que transitan por las planicies, generalmente lo hacen sobre los materiales depositados por el propio río, en donde predominan sedimentos que van de medios a finos, como son las gravas, las arcillas y los limos.

Los ríos han sido estudiados desde la Antigüedad como elementos del relieve, cuando, entre los siglos v y i a.C., los filósofos griegos Aristóteles, Herodoto y Estrabón se interesaron por el origen y curso de los ríos, así como por la formación de los deltas. Las teorías contemporáneas se pueden rastrear desde el siglo xviii, durante la Ilustración escocesa, cuando John Plairfair enunció una ley en la cual establece que los ríos tributarios entroncan con el cauce principal a una misma altura, lo cual presupone que la erosión de los tributarios en su punto de entronque con el canal principal ocurre aproximadamente a una misma intensidad.

A partir del siglo xix, el estudio de los ríos que fluyen por el relieve montañoso comenzó a captar la atención de los científicos. El geógrafo estadounidense William Morris Davis en su obra El ciclo geográfico, publicada en 1899, consideró que el relieve evoluciona y pasa por tres etapas: la primera se caracteriza por la juventud del sistema fluvial, etapa que supone un levantamiento tectónico del relieve que genera un sistema montañoso, en donde los ríos son de corto recorrido e inciden directamente en el sustrato; los valles en este tipo de ríos presentan laderas muy escarpadas. La segunda etapa se caracteriza por la madurez del sistema fluvial, cuando las laderas de los valles se suavizan y se reduce la altura del sistema montañoso, y los ríos tienen tributarios mucho más largos que en la fase inicial. La última etapa corresponde a la senectud, cuando los ríos forman un sistema fluvial bien desarrollado, es decir, que el río tienen un canal ancho que presenta numerosos meandros donde drenan tributarios largos que discurren por una topografía casi plana; en este estadio el sistema montañoso está erosionado en su totalidad. Si bien en la actualidad el modelo de Davis está descartado, pone de manifiesto el indiscutible papel que tienen los ríos en cuanto al modelado de las montañas.

El geólogo Grove Karl Gilbert, también estadounidense y contemporáneo de Davis, es el principal referente en el estudio de los ríos de montaña. En su trabajo titulado Reporte de la geología de las Montañas Henry, él explica cómo la pendiente del lecho en los ríos está relacionada con el transporte de materiales y con las tasas de erosión, y menciona la importancia que tiene el sedimento acarreado por un río en los procesos de erosión o de protección del lecho fluvial. Esto es, si el material acarreado es transportado a gran velocidad en el lecho, se incrementa la erosión y se presenta el pulido de la superficie rocosa del lecho, pero cuando la cantidad de sedimento supera la capacidad que tiene el río para transportarlo, éste será depositado y cubrirá el lecho, entonces el sedimento inhibe o reduce totalmente la erosión.

Después de Gilbert, el estudio de los ríos de montaña no fue abordado sino hasta pasada la segunda mitad del siglo xx, cuando el geomorfólogo John T. Hack, inspirado en las investigaciones del primero, retomó el estudio de los ríos de montaña en Virginia. Él propuso que los ríos no evolucionan en las etapas propuestas por Davis, ya que consideró que el levantamiento tectónico no es un evento puntual en el tiempo, sino que es continuo y, por lo tanto, si un sistema fluvial erosiona un cordal montañoso que se levanta de forma contínua, la erosión fluvial contrarresta al efecto del levantamiento tectónico; a partir de esto propuso que la erosión de los ríos es independiente del tiempo, condición que denominó “equilibrio dinámico”.

Actualmente, los científicos consideran que existen dos escenarios en la manera como los ríos erosionan el sistema montañoso. El primero corresponde a zonas de tectónica activa, en las cuales el equilibrio dinámico es plausible. En el segundo se encuentran las zonas de tectónica pasiva, donde están los sistemas montañosos antiguos y los ríos parecen tener un comportamiento parecido al propuesto por Davis.

El interés por los ríos de montaña se incrementó a partir de finales del siglo xx, ya que se ha hecho patente la importancia que tienen éstos con respecto de los cambios en la tectónica y el clima. Los ríos son elementos sensibles del paisaje, que cambian de forma rápida sus tasas de incisión y formas del lecho ante un incremento en la velocidad del levantamiento o ante cambios en las condiciones climáticas.

¿Qué son y dónde se encuentran?

A pesar de que hoy día existen numerosos estudios que se centran en ríos de montaña, no existe hasta el momento una definición consensuada de éstos. Como puntos de acuerdo se considera que son aquellos que discurren por el relieve montañoso donde existen fuertes pendientes en el lecho del río, condición que favorece un encajamiento de los ríos en los materiales geológicos. Otra característica está dada por la frecuente exposición del lecho rocoso; las condiciones físicas que prevalecen en los ríos de montaña se asocian a su vez con dos tipos de procesos: el desprendimiento y la abrasión. El primero es la ruptura de un bloque de roca en la superficie del lecho debido a la presión ejercida por el sedimento que se acumula en las fracturas; por lo tanto, aquellos sitios en los cuales existen numerosas fracturas son superficies donde hay mayor erosión.

El segundo proceso se debe al impacto de clastos y el arrastre de sedimentos sobre la superficie del lecho. Al impactar la roca, el sedimento la fragmenta, los granos así producidos, junto con la carga de sedimento que lleva el río, generan una abrasión en el lecho, lo cual da lugar a la formación de acanaladuras y hoyas, una acción erosiva que a largo plazo causa la exhumación de los materiales geológicos, es decir, que la raíz de las montañas quede expuesta.

La distribución de los ríos de montaña está confinada a la parte media y alta de las zonas montañosas. Y si bien los ríos de montaña tienen mayor extensión y presencia en zonas de orogenias modernas como son las cadenas montañosas de los Andes, los Himalaya y las Montañas Rocallosas, entre otras, también pueden presentarse en montañas antiguas como los Apalaches y el sistema montañoso oriental Australiano.

Mensajeros de los cambios globales

La tectónica y el clima son los principales generadores de cambio en el relieve terrestre. Por un lado, la actividad tectónica genera el levantamiento de grandes cadenas montañosas que, en función de su localización, pueden asociarse con la formación de arcos volcánicos, como ocurre en la región del cinturón de fuego del Pacífico, o levantar sedimentos continentales de más de 8 000 metros sobre el nivel del mar, como es el caso de los Himalaya.

El clima, por otro lado, puede originar glaciaciones; la presencia de glaciares en relieves montañosos modifica de forma drástica la topografía, favorece la erosión, produce gran cantidad de sedimento y reduce, en algunos casos, la altitud de las montañas. Además, las glaciaciones generan el descenso brusco del nivel del mar debido al congelamiento de grandes masas de agua oceánica. El ejemplo más reciente ocurrió en el periodo conocido como el “último máximo glacial”, ocurrido hace 26 000 años, cuando el nivel del mar se encontraba aproximadamente a 120 metros por debajo del nivel actual.

Pero, ¿cuál es el papel que desempeñan los ríos de montaña en todos estos cambios mencionados y por qué es tan importante su estudio para conocer el efecto de la tectónica y el clima en el relieve terrestre? En el caso de las orogenias modernas y en sitios donde existe un rápido levantamiento de la corteza, los ríos de montaña registran los levantamientos y forman escarpes en el lecho, conocidos como knickpoints. Un ejemplo es el de los ríos que cortan las “Tierras Altas” escocesas, en donde después del último máximo glacial, las masas heladas que cubrían más de la mitad de lo que hoy es el Reino Unido, se deshicieron y ocasionaron un rebote “glacioisostático”, es decir, que la corteza, al estar “hundida” por el peso de hielo y fundirse por el incremento en las temperaturas, ocasionó un retorno de la corteza a su posición previa a la ocupación de las masas de hielo. En Escocia el rebote de la corteza superó el incremento del nivel del mar, por lo que los ríos experimentaron un incremento brusco en la pendiente del lecho en su desembocadura y formaron un knickpoint, el cual incrementó la erosión y provocó que dichas formaciones comenzaran a migrar hacia las cabeceras de los ríos. El incremento en la erosión dejó testigos, como la formación de terrazas, esto es, antiguas superficies del lecho fluvial que quedaron abandonadas debido a un mayor encajamiento por parte del río.

Cuando existen cambios en las condiciones climáticas, los ríos de montaña, independientemente de si están en una zona de tectónica activa o pasiva, experimentan cambios en sus tasas de transporte de sedimentos y en la deposición de los materiales que acarrean. Si el clima tiende a ser más lluvioso, la descarga de un río será mayor y los sedimentos transportados se incrementarán, por lo tanto, la erosión aumentará —la datación de los sedimentos es de utilidad entonces para detectar cambios ocurridos por factores climáticos. En el caso de un cambio climático extremo, como las glaciaciones, la forma de los ríos se modifica totalmente; el perfil longitudinal de un río, por el cual fluyó un glaciar, presenta entonces una topografía cóncava en la cabecera que corresponde a la zonda donde hubo una mayor acumulación de hielo.

Conclusiones

Queda claro así cómo los ríos de montaña proveen información sobre el efecto de la tectónica y el clima en el relieve terrestre. Por una parte, poseen lechos rocosos, lo contrario de los ríos de planicie que están compuestos por sedimentos. Sobre los lechos rocosos, el efecto de los levantamientos del terreno generados por la acción de la tectónica da lugar a la formación de escarpes que quedarían ocultos o difuminados en los ríos de planicie. Así, la acción del material acarreado por el flujo de agua favorece la erosión en el lecho fluvial mediante el impacto de los rocas sobre las superficie del lecho, arrancando fragmentos del lecho y provocando la erosión de la masa rocosa que conforma el sistema montañoso.

El clima influye también en el incremento de la erosión mediante el aporte de lluvia. Cuando ésta aumenta, los ríos tienen más agua y pueden transportar mayor cantidad de sedimentos, lo que en los ríos de montaña supone una mayor erosión del lecho fluvial. En general, se puede apreciar que los ríos de montaña son muy susceptibles a los efectos de la tectónica y el clima. Como la acción de estos dos componentes opera de forma conjunta sobre la superficie terrestre, el estudio de los cambios temporales en cualquiera de ellos es relevante para estudios geológicos. Por todo ello, los ríos de montaña son una ventana abierta para el estudio de los grandes cambios planetarios.

articulos
Referencias bibliográficas
Davis, W. M. 1899. “The Geographical Cycle”, en The Geographical Journal, vol. 14, pp. 481-504.
Gilbert, G. K. 1880. Geology of Henry Mountains. Government Printing Office, eua.
Hack, J. T. 1960. “Interpretation of erosional topography in humid temperate regions”, en American Journal of Science, vol. 258-A, pp. 80-97.

     
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Miguel E. Castillo Rodríguez
Instituto de Geología,
Universidad Nacional Autónoma de México.

Es doctor en Geomorfología de la Universidad de Glasgow, Reino Unido y una maestría en Geografía Ambiental de la Faculta de Filosofía y Letras y el Instituto de Geografía, UNAM. Sus áreas de estudio son los ríos de lecho rocoso, morfometría y producción de relieve y los procesos geomorfológicos del Cuaternario.
     
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como citar este artículo
Castillo Rodríguez, Miguel E. (2013). Los ríos de montaña: grandes mensajeros de los cambios tectónicos y climáticos. Ciencias 107-108, julio 2012-febrero 2013, 80-85. [En línea]
     

 

 

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