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| Ángel Moreno Fuentes y María Teresa Pulido Silva | |||||||||||
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Los primeros grupos de homínidos así como las
civilizaciones humanas modernas han dependido para su subsistencia y desarrollo tanto de la biodiversidad como de otros elementos inertes de la naturaleza, como el agua y los suelos. Esta dependencia ha generado cultura en torno a ella y una gran cantidad de conocimientos, pensares y actuares locales asociados. La apropiación de la naturaleza y su biodiversidad por parte de la especie humana es un fenómeno que se origina en los albores de la humanidad y continúa hasta nuestros días; constituye la roca angular de la subsistencia material e intelectual en el desarrollo del presente y la proyección del futuro. Philippe Descola afirma que la naturaleza conforma a la cultura y la cultura da sentido a la naturaleza; por consecuencia, la cultura es la cima y la frontera de la evolución de la naturaleza, así como el producto de un fenómeno biológico-social mediante el cual el universo es capaz de pensar en sí mismo.
Ya que somos parte del ecosistema y, por tanto, de sus múltiples procesos y dinamismo, existe una relación indisoluble e inextricable entre lo humano y el resto de lo biótico. Este fenómeno, además de dual, es relacional y complejo pero inteligible.
Esta relación se proyecta en distintas dimensiones: la perceptual (cómo se concibe y entiende la unidad y el universo biótico), la cognitiva (qué tanto se sabe acerca de éste), el pragmático (qué hacemos con él y cómo) y la actitudinal (qué actitud tenemos frente a la biota en sus múltiples formas y manifestaciones). Los especialistas actuales en la materia —como Víctor Toledo y Narciso Barrera Bassols— entienden a estos sistemas de conocimiento como una “memoria biocultural”.
El desarrollo de la etnobiología
La bioculturalidad siempre ha sido objeto de estudio científico. La disciplina abocada a este quehacer es la etnobiología, la cual es relativamente reciente, pues su consolidación con un núcleo teórico duro, metodologías robustas y aspectos conceptuales, ontológicos y epistémicos contundentes se dio a partir de la segunda mitad del siglo xx; no obstante, los estudios pioneros de la bioculturalidad a nivel mundial se habían concretado un siglo antes con investigaciones acerca de recursos bióticos enfocadas en su utilidad y valor económico, realizadas por estudiosos adscritos a importantes museos y universidades del mundo; al respecto, Eugene Hunn hace hincapié en investigaciones realizadas mucho tiempo atrás en regiones del mundo como China y Mesoamérica. En México, a pesar de ser una de las regiones del mundo con mayor bioculturalidad, el interés por estos fenómenos y la reflexión en sus marcos teórico y metodológico se dieron aproximadamente un siglo después impulsados por autores como Manuel Maldonado Koerdell.
Las áreas del conocimiento interesadas en estudiar la interrelación del ser humano y distintos grupos biológicos fueron acuñadas desde hace relativamente poco tiempo. La etnobotánica surge en 1896 gracias a Harsberger; la etnozoología en 1914 por Henderson y Harrington; posteriormente hizo su aparición la etnobiología en 1935 por Castetter, y la etnoecología en 1954 por Conklin; la etnomicología es la más reciente, emerge en 1957 por Wasson, pero con antecedentes en México con autores como Manuel Ruiz Oronoz.
La etnobiología tiene una naturaleza híbrida, un carácter transdisciplinario y un sentido biocultural; fundamenta su existencia y quehacer en los sistemas de conocimientos locales acerca de la biodiversidad, en sus ejes diacrónico y espacial. El Ethnobiological Working Group la define como el estudio científico de las relaciones dinámicas entre los grupos humanos, la biota y el ambiente. Así, cada ave, cada planta, hongo, reptil, mamífero o insecto, sea éste pensado, nombrado, recreado, aprovechado y apropiado bioculturalmente por cualquier grupo humano de manera local, forma parte del objeto de estudio de la etnobiología, ya sea en el pasado o en el presente.
Entre las definiciones más recientes acerca de la etnobiología está la propuesta por Ugo D’Ambrosio, quien explica que ésta: “investiga las interrelaciones materiales y simbólicas —en espacio y tiempo— entre la dimensión ambiental, biológica, cultural, transcultural, contracultural, socioeconómica, política, filosófica y psicológica del ser humano y el resto de los organismos existentes, así como del ambiente que ellos comparten”. Cabe resaltar el énfasis que hace el autor en los aspectos simbólicos y materiales que es necesario tener en cuenta en el estudio de esta interrelación. Hoy día los estudios etnobiológicos en ámbitos urbanos están en franco desarrollo.
De acuerdo con Hunn, dos corrientes de pensamiento han determinado el transitar de la etnobiología: la utilitarista y la cognoscitiva. La primera se caracteriza por enfocar sus investigaciones y acciones en general al aprovechamiento mercantilista de los recursos bióticos conocidos localmente y después proyectados a la economía de mercado. La segunda se distingue de la anterior porque su objetivo es, exclusivamente, conocer los fenómenos bioculturales, los mecanismos y procesos que los explican, así como los factores subyacentes que los moldean y determinan sus dinámicas en el tiempo, el espacio y la cultura. Podría identificarse una tercera corriente, cuyos rasgos serían lo mnemónico, patrimonial y la resistencia, en el sentido de que los conocimientos locales acerca de la biota se resguardan en la memoria individual y colectiva de los grupos humanos, y que ello constituye un importante patrimonio biocultural que es preciso conocer científicamente, pero sobre todo, custodiar y defender ante los procesos de deterioro y erosión biótica, cultural y territorial que operan debido al neocolonialismo y neoliberalismo desenfrenados. En México se han cultivado históricamente las tres posturas, sin embargo, la segunda y especialmente la tercera han tenido mayor atención y fortaleza en años recientes, pues se identifican con un pensamiento crítico y propositivo que recorre hoy en día toda América Latina.
Métodos aplicados en la investigación etnobiológica
Para alcanzar sus objetivos, la etnobiología se vale de distintos métodos y técnicas cada vez más rigurosas. Utiliza el método inductivo y deductivo, el cualitativo y el cuantitativo para la obtención de información, así como múltiples técnicas de análisis de la misma. Dependiendo de la naturaleza del fenómeno a estudiar, puede aplicar métodos biológicos (relativos a los organismos involucrados) y ecológicos (atributos de las poblaciones de organismos con relevancia cultural), etnográficos (referentes a los grupos humanos estudiados), sociales (alusivos a la participación de los anteriores en los estudios) y lingüísticos (relativos a la lengua, especialmente a las nomenclaturas de los organismos y su morfología), así como etnoarqueobiológicos (elementos biológicos testimoniales de su aprovechamiento en el pasado) y etnohistóricos (documentos que evidencien el aprovechamiento de la biota, relacionados con algún grupo humano). Para su robustecimiento, la etnobiología toma en cuenta distintos tipos de muestra de las poblaciones estudiadas, sobre todo probabilísticas y representativas, buscando siempre mayor robustez y confiabilidad en los resultados de sus investigaciones guiadas por hipótesis y preguntas de investigación concretas y precisas.
A diferencia de otras áreas científicas, la piedra angular del método y de la meta de la etnobiología es el vínculo colaborativo entre los etnobiólogos y los diversos grupos humanos del planeta (en México, poblaciones originarias, mestizas y afrodescendientes). Mediante la investigación participativa se busca lograr no sólo el registro y rescate de sus conocimientos ancestrales, sino la valoración de los mismos al concebirlos con igual grado de importancia y calidad que lo que se obtiene por otros métodos de entendimiento de la realidad. Para las comunidades indígenas y locales este tipo de investigación ayuda a posicionarlas dentro de su propia sociedad nacional, coadyuva en la defensa legal del patrimonio biocultural y reivindica un proceso cultural que ha ocurrido en Abya Yala durante 33 000 años y que a la fecha sigue siendo eliminado por los saberes y poderes hegemónicos.
Adicionalmente la etnobiología realiza y promueve, en las mismas comunidades de donde dimana la información biocultural, diversas actividades que retroalimentan un rico diálogo de saberes, pensares y actuares entre la comunidad científica y los pobladores locales y regionales, a través de las nuevas tecnologías de comunicación, y que incluso van más allá de las fronteras nacionales.
En el arranque del presente siglo, la comunidad etnobiológica internacional —en particular el Ethnobiological Working Group— centró su atención en cuatro aspectos fundamentales a estudiar: 1) medicina, salud y nutrición; 2) ecología, evolución y sistemática; 3) paisaje y tendencias globales; 4) biocomplejidad y etnobiología. Asimismo, enfatizó la importancia de otros rubros adicionales: aspectos metodológicos; educación, etnobiología y principales impactos; investigación, colaboración y educación internacional en etnobiología; casos especiales en etnobiología (estándares éticos en la disciplina, etnobiología aplicada y mayores impactos).
Para abordar el fenómeno biocultural, los etnobiólogos organizan el aprovechamiento local de los recursos bióticos en distintas categorías antrópicas o antropocéntricas, por ejemplo: alimenticia, medicinal, tóxica, vivienda, lúdica, comercial, ritual, tintórea, construcción, vestimenta, entre varias más. La gama de categorías de aprovechamiento para un determinado grupo biológico depende de la naturaleza biológica del mismo. Por ejemplo, la categoría antrópica “vivienda” puede aplicarse para plantas y algunos mamíferos, pero no para los hongos. Usualmente cada categoría antrópica requiere métodos y técnicas particulares para su estudio en el contexto cultural, diacrónico y sincrónico respectivo.
Las publicaciones de las investigaciones etnobiológicas se realizan en prestigiadas revistas nacionales e internacionales. Mientras que en 1947 inició Economic Botany, el Journal of Ethnobiology inició labores en 1981; luego, muchas otras como el Journal of Ethnobiology and Ethnomedicine y Ethnobiology and Conservation; o nacionales y latinoamericanas como Etnoecológica y Etnobiología en los años 1992 y 2001 respectivamente. El auge y mantenimiento de estas revistas, así como de las sociedades científicas, son indicadores de la consolidación de esta disciplina.
Impactos tangibles e intangibles de la etnobiología
La etnobiología reviste significativa relevancia y trascendencia en al menos tres planos: la sociedad y la cultura, la biodiversidad, y la biología. En el primer terreno, su impacto es evidente pues la socialización de sus investigaciones promueve el buen vivir como una alternativa de pensamiento contraria a la idea de que el estatus del nivel de vida se refleja en la posesión material, en detrimento de la protección de la naturaleza, lo cual hace inviable la supervivencia.
En lo referente a la biodiversidad, aporta elementos bioculturales concretos a los programas de conservación y sus estrategias de manejo, según una perspectiva holística y no unilateral, como tradicionalmente había venido ocurriendo.
Al biólogo, la etnobiología le proporciona una formación integral y también holística, así como una aproximación a la biocomplejidad desde el nivel molecular al cultural, brindándole mayores y mejores capacidades para la resolución de los problemas derivados, paradójicamente, del avance científico-tecnológico, especialmente en los terrenos ambiental y biocultural.
Por otra parte, un número importante de etnobiólogos en el mundo rige sus investigaciones y su conducta profesional a partir de distintos códigos de ética normados por organizaciones etnobiológicas académicas, tales como la International Society of Ethnobiology y la Sociedad Latinoamericana de Etnobiología. Éstas fundamentan sus códigos orientados fundamentalmente al respeto de la biota y las comunidades humanas, así como a la solidaridad y cooperación en el conocimiento, custodia y defensa del patrimonio biocultural del planeta.
Para el encuentro entre colegas, estudiantes y distintos sectores de la sociedad, así como la discusión de ideas y difusión de avances y fronteras, la etnobiología cuenta con el Congreso Internacional de Etnobiología y el Congreso Latinoamericano de Etnobiología, entre otros. En México, desde 1994 se realiza bienalmente el Congreso Mexicano de Etnobiología. Existen otros foros que integran a la disciplina, los cuales se llevan a cabo en distintas partes del mundo, ya sea de forma integral o parcial, como es el caso de los congresos etnobotánicos y etnozoológicos.
La etnobiología, no obstante, enfrenta distintos retos y desafíos. Debe reafirmarse no sólo como una disciplina científica, fortaleciendo aún más sus aspectos teóricos y metodológicos, especialmente en la parte perceptual; sino también equilibrar, en la medida de lo posible, sus enfoques cualitativos y positivistas con el propósito de tener una mejor comprensión de los fenómenos estudiados, pues actualmente esta última corriente de pensamiento ha imperado sobre la primera.
Asimismo, es deseable que ya lograda la asociación de especialistas en diferentes organizaciones de carácter nacional e internacional, y concretadas distintas publicaciones, se transite ahora hacia la consolidación de centros de investigación especializados en el fenómeno biocultural. Constituye también un reto el desarrollo de una política y un mayor esfuerzo en el marco legal, así como una política de estado y de carácter internacional. Adicionalmente, es importante que la etnobiología se inserte en los programas de estudio, además del nivel superior, en la educación media y básica, especialmente en aquellos países que poseen importantes niveles de bioculturalidad, como México. Existen en el mundo múltiples entidades académicas donde se imparten materias etnobiológicas o con un carácter afín, pero generalmente de forma optativa; en el caso de México, por ejemplo, en varias universidades se brinda a biólogos, agrónomos y antropólogos este tipo de conocimiento en materias optativas. A partir de 2014, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo imparte esta materia con carácter de asignatura en la carrera de biología, siendo así la primera en el país que incursiona en esta nueva experiencia. Por su parte, hoy día, países como Brasil y Colombia avanzan en la consolidación de posgrados enfocados al fenómeno biocultural.
En opinión de Steve Wolverton, la etnobiología cuenta con una comunidad de estudiosos relativamente reducida en comparación con disciplinas como la biología de la conservación, además considera que se debe poner mayor atención a los sitios para publicar y la forma en que se presentan las investigaciones etnobiológicas. Desde luego, esta disciplina trabaja ya en estos puntos, por lo que en los años siguientes sin duda podrán ser remontados.
Conclusiones
El desarrollo trepidante de la tecnología y de una economía de mercado sin una directriz social y humanista, así como la ausencia de una consciencia ambiental, destruyen de manera acelerada la biodiversidad y erosionan irreversiblemente la unidad y diversidad cultural, relación que es objeto de estudio de la etnobiología. La ruta de salida de la presente civilización en crisis pasa necesariamente por el conocimiento y defensa del patrimonio biocultural, como parte de la biocomplejidad, lo que a su vez permitirá transitar hacia una sustentabilidad menos utópica. Ante este escenario, la etnobiología constituye un importante instrumento científico e intelectual para aspirar a esta meta vital de la humanidad. Por lo tanto, la conservación de la biodiversidad no puede ser ya disociada de los conocimientos locales y tradicionales; en consecuencia, la etnobiología y el etnobiólogo cumplen un papel mediador y articulador entre los programas de conservación biótica, impulsados por la biología de la conservación y las necesidades culturales y vitales de los distintos grupos humanos en el planeta, especialmente porque constituyen un gran valor cultural y espiritual en su supervivencia.
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Referencias Bibliográficas
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| Ángel Moreno Fuentes Investigador independiente y autodidacta. Es biólogo y doctor en Ciencias por la Facultad de Ciencias, UNAM, especialista en etnomicología. Es un investigador independiente y ha formado numerosos alumnos en temáticas etnomicológicas. Se ha desempañado en varios cargos en la Asociación Etnobiológica Mexicana. María Teresa Pulido Silva Laboratorio de Etnobiología, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Es bióloga y doctora en Ciencias por la Facultad de Ciencias, UNAM. Dedicada al campo de la etnobotánica, particularmente al estudio de los productos forestales no maderables y los sistemas agrícolas tradicionales. Profesora en temáticas etnobotánicas en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, es investigadora sni II. |
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