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| Ornela Garelli y Nick Leopold Sordo | |||||||||||
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El plástico es un material que revolucionó el mundo al
permitir la producción en masa, a bajo costo, de productos que benefician a la humanidad, como prótesis médicas, tuberías de agua potable o el recubrimiento de los cables que conducen la electricidad. Sin embargo, la mayoría de los plásticos que se utilizan hoy día son innecesarios y son responsables de una de las principales crisis de contaminación que afectan actualmente al planeta. El plástico fue introducido en el mercado en 1862, y durante sus primeros cien años de existencia se utilizó principalmente para crear productos reutilizables (como teléfonos, radios y piezas para vehículos). Sin embargo, debido a su gran potencial económico, en los cincuentas del siglo siguiente se priorizó la producción de plásticos de un solo uso, también llamados desechables, diseñados para sustituir envases retornables y productos reutilizables hechos de distintos materiales, como las botellas de vidrio; en realidad son completamente innecesarios, ya que simplemente reemplazaron una solución adecuada con una desechable y altamente contaminante. A partir de ese momento, la producción anual de plásticos no ha dejado de incrementarse, pasando de 1.8 millones de toneladas en 1950 a 460 millones de toneladas en 2019. Actualmente, se estima en más de siete mil millones de toneladas la cantidad de basura plástica que contamina el planeta. La contaminación por plásticos es una realidad en México, va desde las alcantarillas tapadas por basura o los residuos plásticos que vemos en las ciudades, hasta los diferentes tipos de ecosistemas terrestres de todo el país, así como ríos, lagos, costas y mares. Las imágenes de los efectos de la contaminación por plásticos en las especies marinas inundan las redes sociales y las noticias del día, cada vez más personas conocen de la existencia de esta problemática. Pero, ¿qué tanto afectan los residuos plásticos a los ecosistemas costeros en nuestro país?, ¿qué tanto sabemos sobre la contaminación de las playas que visitamos?, ¿qué efectos puede tener esta contaminación en nuestra salud? Diversas investigaciones han encontrado microplásticos en especies marinas que se hallan en el país, plásticos en áreas marinas protegidas y en playas muy visitadas por el turismo nacional. Un estudio efectuado por Greenpeace México, el Centro para la Diversidad Biológica y otras instituciones, publicado en 2019, da cuenta de la presencia de microplásticos (fragmentos plásticos menores a cinco milímetros de diámetro) en peces comerciales mexicanos; de una muestra de 755 peces estudiados, 20% contenía microplásticos en sus vísceras, la mayoría tenía una sola pieza, pero hubo un pez en el que se encontraron hasta 45 fragmentos plásticos. Los principales polímeros hallados en dicha muestra fueron: celofán, etilvinilacetato, nailon, poliacrilato, poliestireno, poliéster, polietileno y polipropileno. El tipo de plástico nos da indicios de los productos que se comercializan y consumen y que, al convertirse en residuos, están llegando a contaminar hasta los peces que se venden para consumo en México: se trata de plásticos de un solo uso (innecesarios) como bolsas de supermercado, botellas y envases, fibras provenientes de prendas de ropa y textiles, entre otros. Si bien este estudio no indaga sobre los efectos que la presencia de microplásticos en peces de consumo humano podría tener en la salud de las personas, sí alerta sobre tal posibilidad y nos invita a cuestionarnos cómo este problema no es sólo ambiental sino también de salud pública. Las áreas marinas protegidas de México tampoco están libres de dicha contaminación; en otro estudio llevado a cabo por Greenpeace México en 2020 se estudiaron ocho de ellas, ubicadas en el Golfo de México y el Caribe. En todas ellas se encontraron residuos plásticos, tanto en la superficie como en la columna de agua y el fondo marino, lo que también representa un riesgo para los animales que habitan estas zonas por las posibilidades de quedar enredados o ingerir tales plásticos. De nueva cuenta, los principales residuos identificados en esta investigación refieren a plásticos de un solo uso como botellas, bolsas, tapas, etiquetas y otros desechables, además de los fragmentos de plásticos no identificables, que representan 59% del total. Estos mismos tipos de plásticos se han encontrado contaminando playas de importancia turística, como se señala en un estudio para identificar los plásticos de un solo uso, innecesarios, efectuado por Oceana México y la Universidad Autónoma Metropolitana, tomando muestras en dieciséis playas ubicadas en las cinco regiones marinas de México. Se encontró que los plásticos innecesarios empleados como envases, embalajes y artículos relacionados con alimentos y bebidas constituyen la fracción más importante de los residuos plásticos encontrados en las playas del país. Finalmente, el estudio Amenaza Plástica: un problema en las costas veracruzanas, en el cual se monitoreó la presencia de residuos plásticos en once playas de Veracruz, en el centro del estado, la cuenca baja del Río Jamapa-Cotaxtla y las islas del Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruz, aporta claridad en cuanto a los mayores responsables del problema, mostrando el alto porcentaje de residuos como fragmentos de unicel (27% del total) y botellas de pet desechables (22%), que son los tipos de residuos más comunes en este monitoreo, así como la presencia de residuos plásticos en todos los ecosistemas costeros estudiados. El hecho de que entre los principales residuos encontrados destaquen las botellas de pet es interesante; por un lado porque es el tipo de plástico que, según datos de la industria en el sector, es de los que más se recicla en México y, por el otro, porque nos brinda información acerca de una de las industrias que más contribuye a la contaminación por plásticos en todo el mundo: la industria de alimentos y bebidas. Finalmente, estos estudios dan cuenta de la amplia presencia de residuos plásticos de distinto tipo que están contaminando los ecosistemas costeros mexicanos, desde islas alejadas de la costa y áreas naturales protegidas, que supondríamos fueran zonas libres de contaminación, hasta playas turísticas y ríos que sufren una mayor presión por parte de las zonas urbanas, lo cual tiene efectos directos en los ecosistemas marinos mexicanos. ¿A qué se debe esta contaminación? Dado que los principales tipos de productos plásticos encontrados en los ecosistemas costeros estudiados son de un solo uso, es decir, productos diseñados para utilizarse por un periodo de tiempo muy corto y después desecharse, la cultura del usar y tirar, promovida por las empresas que fabrican y comercializan dichos productos o que los utilizan como envases y empaques de los productos que venden, se encuentra en el origen del problema. Si bien existen retos enormes en la gestión de residuos en nuestras ciudades y, en efecto, las personas consumidoras tenemos mucho que avanzar en la mejora de nuestros hábitos de consumo para hacerlos más sustentables, lo cierto es que la raíz del problema está en la puesta en el mercado de productos diseñados para desecharse. Por ello, para solucionar de fondo este problema las empresas deben dejar atrás los plásticos de un solo uso y avanzar hacia sistemas de distribución de sus productos que sean reutilizables. Poner el foco en la responsabilidad extendida de los productores, es decir, en aquella que tienen las empresas que fabrican, comercializan, importan, manejan tales productos, es esencial para avanzar hacia una solución duradera del problema. En el estudio Amenaza Plástica: un problema en las costas veracruzanas, ya mencionado, además de la identificación de los residuos hallados con mayor frecuencia en los ecosistemas costeros, también se ubicó a las principales empresas que comercializan dichos productos. Saber con exactitud cuáles son nos permite exigirles cambios. Los resultados muestran que en primer lugar se destacan corporaciones del sector de alimentos y bebidas, encabezando la lista The Coca-Cola Company (con 35% de los residuos cuya marca comercial se pudo identificar), seguida por Pepsico, Nestlé, Grupo Danone y marcas de productos de cuidado personal como Colgate-Palmolive, Unilever y Procter & Gamble. Estos hallazgos son similares a los arrojados por las auditorías de marca realizadas a lo largo del mundo por Break Free From Plastics mediante ejercicios de ciencia ciudadana que consisten en la limpieza de alguna playa, parque, bosque urbano o algún otro ecosistema, al mismo tiempo que se efectúa la clasificación de los residuos por tipo de producto (unicel, botellas, bolsas, etiquetas y demás) y se identifican las marcas a las que pertenece cada residuo. En su informe que resume los hallazgos de cinco años de auditorías (de 2018 a 2022), dicha asociación señala a las principales empresas contaminantes: 1) Coca-Cola, 2) Pepsico, 3) Nestlé, 4) Unilever y 5) Mondelez, exactamente las mismas que aparecen en los análisis hechos en México. Coca-Cola, la principal empresa contaminante, debe su puesto a los cientos de miles de botellas de pet desechables que produce cada día y que comercializa en todo el mundo. Son datos de gran importancia para que se conozca el papel central que corresponde a dichas empresas en la solución de este problema. Soluciones El problema de contaminación plástica se detectó por primera vez en la década de los sesentas, cuando el impacto ambiental de los desechables era ya visible. La presión social para que se atendiera el problema incrementó y llevó a la industria petroquímica a desarrollar la narrativa de que los plásticos son reciclables. De esta manera, las compañías se deslindaron de la basura generada por sus productos, y volcaron la responsabilidad en los consumidores. El reciclaje no es la solución al problema de contaminación plástica. La tasa de crecimiento de producción de plásticos en el mundo es exponencialmente mayor a la de la industria del reciclaje, lo cual se debe a que generar plásticos nuevos es un negocio muy lucrativo (valuado globalmente en 600 mil millones de dólares), y a que producir plásticos de material virgen es más fácil, y en general más barato, que de plástico reciclado. Esto hace que la industria del reciclaje se desarrolle únicamente cuando es más lucrativo hacerlo que crear plásticos nuevos; sin embargo, es tan poco lucrativo que, de todos los plásticos que se han producido desde 1862, sólo se ha reciclado 9%. Hasta ahora, la solución más efectiva para frenar la contaminación plástica es la regulación de estos productos. Existen tres tipos de legislaciones que se pueden utilizar para regular: la primera es una prohibición inmediata, es decir, una vez entrada en vigor la legislación, se detiene por completo la circulación de plásticos en el mercado; la segunda es una prohibición progresiva, la cual detiene gradualmente el ingreso de plásticos al mercado hasta llegar a cero; y la tercera legislación es la creación de impuestos al uso y la generación de estos plásticos, mecanismo que funciona como el impuesto al carbón y puede ser aplicado tanto a las industrias como a los consumidores. A nivel mundial se ha comprobado la efectividad de las diferentes medidas regulatorias para reducir la contaminación plástica. Bangladesh fue el primer país en prohibir plásticos innecesarios en 2002; desde ese entonces son más de 120 países los que han adoptado algún tipo de legislación para regularlos. En Brasil, una prohibición federal al uso de bolsas de plástico logró una reducción de 70% en su primer año de vigencia, y una prohibición local en Filipinas logró una reducción de 90%; mientras que mediante un impuesto dirigido a los consumidores Indonesia consiguió una reducción de 40%, y en Portugal un impuesto aplicado a la industria representó una reducción de 74%. En México, 29 de 32 entidades federativas cuentan con algún tipo de regulación, especialmente prohibiciones, de diversos productos plásticos de un solo uso. El plástico innecesario es un problema de talla global que no será resuelto por medio del reciclaje. Las afectaciones al medio ambiente, la salud humana y el cambio climático hacen de este problema uno de los más apremiantes a nivel mundial. Las regulaciones han demostrado ser la manera más efectiva de combatir el problema, lo que marca una ruta clara de los pasos a seguir para frenar esta crisis; sobre todo que dichas regulaciones deben verse complementadas por la inclusión en las leyes nacionales y locales del “principio de la responsabilidad extendida del productor”, una herramienta de política ambiental que permite establecer en la legislación responsabilidades claras para las empresas importadoras, comercializadoras, fabricantes y demás de plásticos de un solo uso, abarcando desde el necesario rediseño de productos para que no sean desechables hasta el financiamiento de infraestructura para la recolecta de envases, entre otras responsabilidades y obligaciones. Las empresas que diseñan y ponen estos productos en el mercado deben asumir la responsabilidad que les corresponde en este problema si queremos alcanzar soluciones efectivas y duraderas a la contaminación plástica. |
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Referencias Bibliográficas
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| Ornela Garelli Ríos Campañista de Océanos sin Plásticos, Greenpeace México. Estudió Relaciones Internacionales en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (buap) y la maestría en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la unam. En Greenpeace, trabaja por la protección de los océanos a través de una campaña para lograr la ratificación de un Tratado Global de los Océanos, la aprobación de un Tratado Global de Plásticos y una ley en México que prohíba los plásticos de un solo uso innecesarios e incluya la responsabilidad extendida de los productores. Nick Leopold Sordo Director de Campaña de Océanos sin Plásticos, Oceana México. Es ingeniero mecánico-eléctrico por la Universidad Iberoamericana de México y maestro en Ciencias Ambientales con especialidad en Desarrollo Sustentable por la Universidad de Queensland, Australia. En Oceana enfoca sus esfuerzos en una ley que prohíba los plásticos innecesarios utilizados para el empaquetado del comercio electrónico. Es doctor en Astronomía, catedrático en la maestría en Sistemas Computacionales y la maestría en Arquitectura Sostenible y Gestión Urbana en el Instituto Tecnológico de Colima. |
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