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| Silvia Zumaya Mendoza, Carlos Durán Ramírez y Ernesto Velázquez Montes |
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Para un botánico escribir sobre plantas es un placer, ya
que le son atractivas no sólo desde el punto de vista biológico, sino también estético, histórico y cultural; escribir sobre una planta tan peculiar como Ginkgo biloba resulta doblemente placentero, pues es una especie que representa una conexión con el pasado distante ya que no ha cambiado desde entonces, por lo que nos maravilla con su estética y otras características. Ginkgo y sus parientes fósiles tuvieron una amplia distribución en todo el hemisferio norte hace alrededor de 170 millones de años, en el Mesozoico. Aunque fueron componentes importantes de la flora del Jurásico, su apogeo sucedió durante el Cretácico, hace aproximadamente 120 millones de años. La evidencia fósil sugiere que la mayoría de las especies se extinguieron durante el Cenozoico, con excepción de Ginkgo biloba, que sobrevivió en Norteamérica y el norte de Europa hasta el Pleistoceno, y en Asia hasta el presente.
A pesar de que su distribución natural disminuyó drásticamente, esta especie se ha introducido entre los árboles urbanos en diferentes ciudades del mundo. Algunas de las razones de su popularidad son la atractiva forma de sus hojas y el cambio de coloración de su follaje en otoño, que pasa del color verde al amarillo brillante.
Algunos líderes chinos y japoneses tenían por costumbre obsequiar ginkgos en sus visitas de Estado como símbolo de fraternidad entre los pueblos, tal como sucedió con el exemperador Akihito, entonces príncipe heredero al trono de Japón, en su visita a Ciudad de México en mayo de 1964, cuando donó quinientos ejemplares a la nación y sembró de manera simbólica un ginkgo en el Bosque de Chapultepec.
Características morfológicas generales
Debido a que Ginkgo biloba prácticamente no ha tenido cambios morfológicos notables a lo largo de millones de años, se le considera una especie pancrónica. Uno de los aspectos más distintivos de ginkgo es la forma de abanico que poseen sus hojas, conocidas como flabeladas, algunas de las cuales tienen una muesca más o menos pronunciada que otorga a la hoja una apariencia de dos lóbulos, de ahí su epíteto específico: biloba.
Los ginkgos son árboles caducifolios, es decir, dejan caer todas sus hojas en otoño, produciendo hojas nuevas en la primavera. Son dioicos, esto quiere decir que hay individuos masculinos y femeninos por separado. Durante la última etapa de la primavera, los árboles masculinos producen estróbilos o microstróbilos (figura 1), donde se desarrollan los granos de polen que, transportados por el viento, llegan a los árboles femeninos; en algunas de las ramas de éstos se producen dos óvulos, cada uno rodeado hacia la base por un collar y sostenido por un largo pedúnculo (figura 2). Ambas estructuras reproductoras se desarrollan sobre braquiblastos. Cada óvulo secreta, tan sólo durante unas cuantas horas, una pequeña gota de mucílago en su ápice que, por su consistencia, se encarga de atrapar los granos de polen llevados por el viento. Conforme la gota se va secando, se lleva el polen consigo hacia el interior del óvulo, donde con el paso del tiempo germina y cada grano forma una especie de tubo polínico que va a penetrar una capa de tejido llamada nucela (pared del megasporangio). Al mismo tiempo, una célula especializada que es transportada por el tubo polínico va a producir los gametos masculinos, los cuales al ser liberados van a fecundar al óvulo al unirse con las células sexuales femeninas, este proceso forma un cigoto que dará origen al embrión, con lo cual se inicia el desarrollo de la semilla.
Alrededor de los meses de junio y julio, los árboles femeninos de Ginkgo biloba presentan semillas maduras que son similares en color, tamaño y consistencia a una ciruela verde, su tamaño varía entre cuatro y cinco centímetros de diámetro y tienen una consistencia “carnosa”, debido a una capa externa de tejido que almacena mucha agua en sus células.
Después de que la semilla germina, la planta se desarrolla hasta formar un árbol cuyo tronco, junto con las ramas principales o primarias, produce madera dura llamada picnoxílica, la cual anatómicamente es parecida a la de los pinos y cipreses, con la excepción de que presenta canales de mucílago y ramas con entrenudos muy cortos o secundarias conocidas como braquiblastos, a partir de las cuales se desarrollan las estructuras reproductoras, compuestas de un tipo de madera blanda llamada manoxílica, la cual es parecida a la de las cícadas.
Los árboles de Ginkgo biloba pueden ser robustos y altos, llegan a desarrollar un tronco con más de dos metros de circunferencia y alrededor de treinta metros de altura. También pueden ser muy longevos, a algunos individuos en China y Japón se les han estimado edades de dos y hasta cuatro milenios. Estos últimos se distinguen por desarrollar en las ramas viejas unas protuberancias con forma de estalactitas denominadas localmente “chichis”, debajo de las cuales las mujeres oran en favor de procurar una buena crianza a sus hijos.
En un estudio desarrollado en 2020 por Li Wang con colegas de distintos institutos y universidades chinas, se estableció que, después del primer siglo de vida de un ginkgo, la concentración de una hormona llamada ácido indol-acético decrece, dando como resultado una disminución en la tasa de crecimiento en el grosor del árbol; sin embargo, como mecanismo de compensación, se activan ciertos genes que están vinculados con la síntesis de metabolitos secundarios que hacen posible que los individuos longevos tengan una mejor resistencia a los patógenos y gocen de buena salud a través de los siglos.
Actualmente, ginkgo está representado por una sola especie viviente, a este tipo de géneros se les conoce como monotípicos. Pertenece al grupo de las gimnospermas, ya que sus óvulos y semillas están desnudos o expuestos, sin estar protegidos por ninguna estructura. Desde el punto de vista filogenético, los estudios moleculares recientes indican que está estrechamente relacionado con las coníferas.
Árboles
Los usos de los ginkgos han sido muy diversos a lo largo de la historia, principalmente en las culturas de oriente en China, Japón y Corea. Como elemento ceremonial, los ginkgos fueron sembrados en numerosos templos taoístas, budistas, confucionistas y sintoístas, porque representaban un símbolo de vitalidad, longevidad, resiliencia y buena fortuna, a tal grado de ser considerados sagrados.
También son muy resistentes a la contaminación ambiental. Un ejemplo de esto es el árbol localizado aproximadamente a un kilómetro del lugar donde cayó la bomba atómica en Hiroshima en 1945, cuyas raíces resistieron el fuerte impacto y la radiación ionizante, y retoñaron alrededor de un año después. El árbol sobrevivió hasta nuestros días, por lo que es motivo de veneración por parte del pueblo japonés. Particularmente en la ciudad de Tokio, los gink- gos se han empleado para reforestar zonas dañadas tras la Segunda Guerra Mundial.
Los ginkgos también han sido sembrados en las calles y jardines públicos de muchas partes del mundo por su valor ornamental, principalmente en el hemisferio norte pero también en el hemisferio sur, en Buenos Aires, Argentina. A muchas personas les resultan muy atractivos, tal vez debido a dos razones: una es la forma de abanico de sus hojas, la otra es el cambio de color de su follaje en el otoño. Es importante aclarar que la mayoría de estos árboles son masculinos, ya que los femeninos producen un olor fétido cuando sus semillas maduran, lo que se considera desagradable.
Hojas
El uso medicinal de extractos de hojas de ginkgo se remonta a aproximadamente 2 800 años a. C., según un escrito de medicina tradicional china. Las razones de su uso han sido diversas, pero la más conocida es que mejora la circulación sanguínea, principalmente la periférica del cerebro, lo que ayuda a mejorar la memoria a corto plazo, padecimiento común en personas con Alzheimer; también se han usado para disminuir la depresión y la ansiedad.
Los extractos de las hojas contienen alrededor de cuarenta tipos diferentes de flavonoides y dos tipos de terpenoides. Los primeros funcionan como antioxidantes y antiinflamatorios, e inhiben la liberación de algunos neurotransmisores como la acetilcolina; los segundos contienen cannabinoides, ingredientes activos de la marihuana, que son los responsables de mejorar la circulación sanguínea.
A pesar de lo anterior, aún no se sabe con certeza la supuesta mejoría de las funciones cognitivas gracias al uso de extractos de hojas de Ginkgo biloba, debido a que en los experimentos realizados tanto en ratones como en humanos los resultados difieren. Además, en experimentos a largo plazo, algunos pacientes presentaron efectos secundarios dañinos, como la presencia de hematomas cerebrales, problemas gastrointestinales, náuseas y vómitos; y otros, salivación excesiva, reducción del apetito, dolor de cabeza, mareos y erupciones cutáneas.
Semillas
Las semillas empezaron a ser utilizadas como alimento desde principios del siglo xvii, principalmente en China, Japón y Corea. Sin embargo, y como dato curioso, en el Museo Nacional de China, situado en Beijing, hay una representación del hombre de Pekín que ya recolectaba semillas del árbol del ginkgo al menos desde hace 500 000 años.
La parte comestible es la que se encuentra en lo más interno de la semilla, ésta contiene carbohidratos como el almidón y la sacarosa, proteínas y en menor cantidad grasas o aceites. Técnicamente hablando, dicha región corresponde al gametofito femenino, el cual se encuentra rodeado por una capa delgada y membranosa, la endotesta; ésta a su vez está cubierta por una capa dura, la esclerotesta, que también presenta una capa suave como pulpa, la sarcotesta, que al madurar produce un olor fétido. Estas dos últimas capas no son comestibles, sobre todo la sarcotesta, pues contiene sustancias tóxicas, por ello debe ser removida o debe secarse. Lo que se vende en los mercados ya no tiene dicha capa y es una estructura parecida a un pistache, donde la esclerotesta equivaldría a la capa dura y el gametofito femenino o megagametofito a la región interior verde.
Se ha calculado que en China se producen en la actualidad entre siete y ocho mil toneladas de semillas, las cuales se cosechan a partir de árboles de poca estatura, es decir, no crecen más de diez metros de altura, debido a que su desarrollo ha sido modificado por los horticultores chinos para facilitar la cosecha, pero también para obtener más y mejores semillas que las que se obtienen de un individuo promedio, pues las de los primeros pueden llegar a medir hasta 2.5 centímetros de largo, mientras que las de los segundos miden entre 1.5 y 2 centímetros de largo.
Los usos culinarios de las semillas son muy variados, generalmente se asan, cuecen o tuestan para preparar platillos tradicionales chinos, postres, sopas y tés. También son consumidas como botana por los bebedores de sake y, para quienes se exceden con la bebida, se ha comprobado que curan la resaca o el dolor de cabeza, ya que contienen una enzima que acelera el rompimiento de las moléculas de alcohol y lo elimina más rápidamente de la sangre.
Las semillas también son empleadas en ceremonias religiosas como bodas y banquetes. Cuando se ingieren crudas, ayudan a desparasitar a las personas; sin embargo, su ingesta en dicho estado es muy peligrosa, pues al contener sustancias tóxicas pueden ser mortales o causar alergias. Antiguamente en China se extraía aceite de las semillas, el cual era usado para guisar o para las lámparas; con la llegada de la electricidad y el gas estos usos desaparecieron.
Distribución
Durante mucho tiempo los botánicos han debatido si las poblaciones actuales de ginkgo que habitan en la República Popular China son el resultado de la propagación y el cultivo a manos del hombre, o bien, si realmente se trata de los últimos representantes en estado silvestre de esta especie. Recientemente, se han recabado diversas evidencias que sustentan que las regiones montañosas localizadas al sudoeste y al este de China representan dos refugios naturales que han sido el hogar de los que se consideran los últimos ejemplares de ginkgo en estado silvestre. Su presencia en estos sitios sería previa a la llegada del ser humano, lo que deja fuera la posibilidad de que hayan sido cultivados con fines ceremoniales, medicinales o alimenticios.
Uno de estos puntos se ubica en las Montañas Dalou, cerca de la urbe de Chongqing, donde predomina un clima cálido-húmedo con vegetación de afinidad subtropical, por lo cual no resulta difícil comprender por qué una pequeña población de ginkgo permaneció refugiada en una zona con estas características durante la última glaciación. En 2012, Cindy Tang de la Universidad de Yunnan y sus colaboradores determinaron que los árboles de ginkgo de las Montañas Dalou alcanzaban edades que van de 300 a casi 900 años. En contraste, se tiene documentado que no fue sino hasta mediados del siglo xvii que se asentaron en la zona los primeros pobladores pertenecientes a la etnia Han. Posteriormente, la zona también fue ocupada por familias de la etnia Gelao, quienes tenían la creencia de ver disminuida su fertilidad si osaban talar uno de estos ginkgos. Tang y sus colaboradores determinaron que los árboles femeninos eran más numerosos que los masculinos en una proporción de tres a dos, lo cual constituye una evidencia más de que los individuos de estas poblaciones de ginkgos no fueron cultivados por seres humanos, ya que se esperaría que la proporción de individuos femeninos fuera aún más alta para poder obtener provecho de la producción de semillas.
Por su parte, Wei Gong y sus colegas de la Universidad de Zhejinag documentaron la presencia de una alta variación genética tanto en ginkgos silvestres como en cultivados, donde el papel del ser humano sobre la variabilidad de esta especie es innegable.
Actualmente Ginkgo biloba es cultivado en algunas ciudades de Europa, América y Asia; sin embargo, a pesar de su amplia distribución, enfrenta grandes desafíos en un mundo donde las condiciones climáticas han cambiado abruptamente los últimos cuarenta años, por lo que será necesario evaluar y monitorear sus poblaciones para determinar las estrategias a seguir en aras de su conservación.
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Referencias Bibliográficas
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| Silvia Zumaya Mendoza Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México. Es doctora en Ciencias por el Instituto de Biología, de la UNAM. Ha realizado estancias tanto nacionales como en el extranjero, su área de especialización es el estudio de la familia Amaranthaceae s.l. y el interés por la anatomía vegetal. Actualmente es docente en la facultad de Ciencias de la UNAM. Carlos Durán Ramírez Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México. Es doctor en Ciencias por la Facultad de Ciencias, de la UNAM. Ha impartido y asistido a cursos y talleres de biodiversidad, botánica, protistología, biología molecular en universidades nacionales y del extranjero. Actualmente es técnico académico y docente en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Felipe Ernesto Velázquez Montes Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México. Es maestro por la UNAM. Ha realizado estancias tanto nacionales como en el extranjero, es docente en la Facultad de Ciencias y especialista en el estudio de plantas pteridofitas (helechos y licopodios). Actualmente es técnico académico y colabora en el proyecto de la Flora de Guerrero. |
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| de la alimentación |
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| Hongos comestibles vale la pena voltear a verlos |
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| Mariana Trejo Guerrero | ||||||||||||||
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El manejo de ecosistemas y su domesticación está
en el origen de la agricultura, la ganadería, la piscicultura, la apicultura y otros sistemas que surgieron para producir recursos hace aproximadamente once mil años en Medio Oriente y unos mil años después en otras partes del mundo.
En este contexto, los sistemas de producción de alimentos están arraigados tanto en la dinámica cultural de los pueblos que los implementaron por primera vez, como en el manejo de formas de crianza y cultivo que han evolucionado hasta configurar sistemas tecnológicos de producción sofisticados. La transformación de tales sistemas productivos de alimentos y de la cosmovisión humana a través del tiempo ha derivado en el uso de recursos naturales en demasía, lo que ha impactado de manera adversa el entorno ecológico.
No es casualidad entonces, que el consumo de carne sea tan demandado en la actualidad. Según la perspectiva de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (fao, por sus siglas en inglés) de 2020 a 2029 el consumo de carne de res, cerdo y aves de corral aumentará en 16, 28 y 50% respectivamente en el mundo. Este incremento sucede no sólo en función del crecimiento de la población mundial, sino también en términos del aumento en el poder adquisitivo per cápita. Existen tres posibilidades: 1) están los países que incrementan su ingreso económico personal tanto como su consumo de carne; 2) los países con ingreso per cápita elevado que tienden a mantenerse estáticos o disminuyen tal consumo; y 3) los países que no aumentan su ingreso económico y conservan estable su acceso a esta fuente de alimento.
La carne es proveedora de diversos nutrientes indispensables para la dieta humana. Contiene proteína completa, es decir, con todos los aminoácidos esenciales; además de minerales, como el hierro y el zinc, y vitaminas, sobre todo las del complejo B. Sin embargo, también contiene cantidades altas de grasas saturadas y colesterol.
¿Cuál es la problemática del consumo de carne? Podemos analizar esta pregunta desde dos perspectivas: la primera enfocada en el efecto adverso en la salud que conlleva un elevado consumo de carne, en particular, la carne procesada. Y la segunda, en términos del impacto ambiental que genera su producción.
Los seres humanos consumimos carne tanto procesada como de canal. La carne procesada se define como aquella que ha sido sometida a algún tratamiento fisicoquímico para mejorar su apariencia, sabor o conservación. Tenemos productos cárnicos curados, salados o ahumados, por mencionar algunos. Esto implica el uso de sustancias adicionadas a la carne, muchas de ellas consideradas dañinas para la salud humana, como grasas saturadas, colesterol, sal, nitrito, hemohierro, hidrocarburos aromáticos policíclicos y, según el método de preparación, también aminas heterocíclicas. Algunos autores enfatizan que el consumo excesivo de carnes procesadas desencadena múltiples problemas de salud tanto en hombres como en mujeres, en específico, padecimientos cardiovasculares, cáncer colon-rectal y diabetes tipo 2.
Aunado a esto, el cambio climático es considerado una de las consecuencias directas de los sistemas de producción agroalimentarios. La producción de gases de efecto invernadero, como el metano y el bióxido de carbono, son generados en gran medida por la actividad ganadera destinada a la producción de carne y productos lácteos.
La producción de carne implica la conversión de la tierra en pastos y cultivos forrajeros arables. La agricultura ocupa 40% de la superficie terrestre y consume alrededor de 70% del agua dulce del planeta, más que cualquier otra actividad humana. La desaparición de 80% de los bosques se debe al cambio de actividad forestal a agrícola, lo que conlleva la contaminación de vías fluviales por escorrentías de fertilizantes. Casi un tercio de la actividad agrícola es destinada para el ganado, lo que pone en riesgo ecosistemas naturales en regiones con estrés hídrico.
Sin duda, el consumo de carne como fuente principal de proteína juega un papel dual en la seguridad alimentaria mundial. Entre algunos de sus beneficios se pueden mencionar que los desechos de la producción ganadera son una fuente de nutrimentos para suelos pobres si se utilizan como abono, más de 844 millones de personas en todo el mundo reciben ingresos de la agricultura, y que el sector ganadero aporta alrededor de 40% del valor agregado agrícola. De acuerdo con un reporte de la fao de 2021 sobre el estado de la alimentación y la agricultura, el sistema agroalimentario es la mayor fuente económica del mundo, pues emplea a cuatro mil millones de personas. Sin embargo, 80% de las personas que se dedican a una actividad relacionada con este rubro vive en zonas rurales y en condiciones de pobreza extrema.
En este esquema tan contrastante de la producción y consumo de carne resulta necesario proponer otras alternativas de alimento que provean los nutrimentos esenciales obtenidos de ésta, sobre todo de proteína.
Proteínas alternativas
El consumo de proteína es indispensable para el desarrollo óptimo del ser humano a cualquier edad. Cuando no es suficiente, la desnutrición de proteínas produce retraso del crecimiento, anemia, debilidad física, edema, disfunción vascular y deterioro de la inmunidad.
La seguridad alimentaria distingue cinco aspectos que determinan una alimentación digna: producción, acceso, distribución, nutrición e inocuidad.
Una alternativa que proporciona beneficios nutricionales similares a los de la carne, sobre todo en función de la calidad y cantidad de proteína, son los hongos comestibles. Por ejemplo, la micoproteína obtenida a partir del Fusarium venenatum, un microhongo, es una fuente de proteína alternativa y nutritiva con una textura similar a la carne; su proteína es completa, contiene fibra y otros nutrimentos esenciales como minerales y vitaminas, e incluso la cantidad de grasas saturadas, colesterol, sodio y azúcares es baja. Al comer la micoproteína se consigue una sensación de saciedad parecida a la ingesta de carne.
En algunos trabajos, como los de Cherta Murillo, Dunlop, Coelho, y sus respectivos colaboradores, se han analizado los beneficios para la salud humana: desde el control glicémico, coadyuvante en el metabolismo muscular, hasta la reducción de colesterol en sangre. En términos del impacto ambiental, Finnigan y colaboradores sostienen que la huella de carbono y de agua que se genera con la producción de la micoproteína es significativamente menor que con la producción de carne de res y pollo. En este sentido, la producción y consumo de micoproteína ofrece beneficios nutricionales, de salud y ambientales. Su consumo ha aumentado de manera considerable en Europa y Estados Unidos.
En general la proteína de cualquier especie de hongo comestible tiene un alto potencial nutritivo, sobre todo en términos de su calidad. Aunque la prospección para el consumo de carne está en aumento, de acuerdo con datos de la ocde, el consumo de hongos tiene un panorama alentador. Las sociedades urbanas están cada vez más interesadas en incorporarlos a su alimentación al grado que su creciente demanda ha propiciado el incremento de su comercialización, especialmente en el centro y sur de Asia, algunos países europeos, de Latinoamérica y el Caribe.
Sin embargo, su consumo aún genera cierto grado de escepticismo. De acuerdo con un estudio realizado por Molina Castillo y colaboradores, en el que se evaluaron mediante encuestas virtuales las neofilias y neofobias de los mexicanos ante los hongos silvestres comestibles, se identificaron tres grupos de consumidores: el grupo intermedio fue el más abundante, seguido por los neofílicos, y el más reducido fue el de los neofóbicos. Aunque los tres grupos asocian a los hongos con el bosque, las diferencias se observan en la importancia que los encuestados dan a su cultura gastronómica y al temor de consumirlos.
Se calcula que en México hay cerca de 200 000 especies de hongos, de las cuales sólo se tiene información de 3.5% a 5%. Se han documentado aproximadamente 320 especies que son de interés gastronómico, lo que demuestra su importancia como parte de la cultura, pues esta gran diversidad de hongos es parte de la alimentación de comunidades rurales y grupos étnicos. Así, la colecta de hongos en zonas forestales también representa una alternativa de ingresos para los lugareños. Incluso en las zonas no forestales, promover su producción y consumo puede ser una opción viable de ingresos, dado que el cultivo de algunas especies saprofitas no requiere grandes extensiones de tierra ni agua; además de que con un manejo sostenible de los residuos agroindustriales que se generan con su producción, éstos pueden usarse en sistemas agroecológicos o de traspatio.
Sin embargo, el consumo de hongos aún está en desarrollo. En un estudio realizado de 2000 a 2009, Martínez Carrera y Mayett investigaron aspectos socioeconómicos para entender el sistema de mercado de los hongos comestibles. “Los resultados indicaron que sólo el 54.3% de la población consume hongos comestibles [...] El sistema de mercado mostró debilidades y se encuentra en proceso de descentralización, lo cual ocasiona que la mayoría de los consumidores finales adquieran hongos comestibles de baja calidad, a un precio relativamente alto [...] Los consumidores, expresaron desconocer el valor nutricional y funcional de los hongos comestibles, los cuales fueron considerados como muy o moderadamente caros [...] manifestaron comprarlos fundamentalmente por su buen sabor, independientemente del precio y baja calidad. El consumo per cápita de hongos comestibles en México se estimó en 977 g anuales”. En otras partes del mundo, como Japón y Alemania, el consumo per cápita oscila alrededor de cinco kg anuales.
Aunque de manera evolutiva, en gran parte del mundo estamos muy habituados a la ingesta de carne, es momento de reestructurar costumbres alimentarias en función de reestablecer prácticas de producción y consumo con menor perjuicio ambiental, informarnos y romper mitos, así como valorar la biodiversidad del país mirando con otros ojos nuestras alternativas de alimento.
Los hongos comestibles representan una estrategia viable para contrarrestar los efectos adversos sufridos por el ambiente debido a la producción de proteína animal. Son una fuente de alimentación saludable que puede producirse de manera controlada, incluso en regiones donde la ganadería y la agricultura no tienen presencia. Vale la pena voltear a verlos.
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Referencias bibliográficas Cancela Nava, C. 2020. Análisis económico y social de la producción de hongos comestibles como estrategia de adaptación al cambio climático: caso Grupo Manos Mágicas. Tesis de maestría en Economía Ambiental y Ecológica. Facultad de Economía, Universidad Veracruzana. Casas, A., F. Parra, J. Blancas et al. 2016. “Origen de la domesticación y la agricultura: cómo y por qué”, en Domesticación en el Continente Americano. Volumen 1. Manejo de biodiversidad y evolución dirigida por las culturas del Nuevo Mundo, A. Casas, J. Torres Guevara y F. Parra. unam/unalm, México, pp. 189-224. Cherta Murillo A., A. M. Lett, J. Frampton et al. 2020. “Effects of mycoprotein on glycaemic control and energy intake in humans: a systematic review”, en The British Journal of Nutrition, vol. 123, núm. 12, pp. 1321-1332. Coelho M. O. C., A. J. Monteyne, M. V. Dunlop et al. 2020. “Mycoprotein as a possible alternative source of dietary protein to support muscle and metabolic health”, en Nutrition Reviews, vol. 78, núm.6, pp. 486–497. Dunlop M. V., S. P. Kilroe, J. L. Bowtell et al. 2017. “Mycoprotein represents a bioavailable and insulinotropic non-animal-derived dietary protein source: a dose-response study”, en The British Journal of Nutrition, vol. 118, núm. 9, pp. 673-685. FAO. 2021. El estado de la alimentación y la agricultura: Transformación de los sistemas alimentarios agrícolas: de la estrategia a la acción. C 2021/2 Rev.1 (www.fao.org/3/nf243es/nf243es.pdf). Finnigan T. J. A., B. J. Wall, P. J. Wilde et al. 2019. “Mycoprotein: The Future of Nutritious Nonmeat Protein, a Symposium Review”, en Current Developments in Nutrition, vol. 3, núm. 6, pp. 1-5. Godfray, H. C. J., P. Aveyard, T. Garnett et al. 2018. “Meat consumption, health, and the environment”, en Science, vol. 361, núm. 6399, pp. 1-19. Mayett, Y., y D. Martínez Carrera. 2010. “El consumo de hongos comestibles y su relevancia en la seguridad alimentaria de México”, en Hacia un desarrollo sostenible del sistema de producción-consumo de los hongos comestibles y medicinales en Latinoamérica: avances y perspectivas en el siglo xxi, D. Martínez-Carrera et al (eds.). Red Latinoamericana de Hongos Comestibles y Medicinales/colpos/uns/conacyt/amc/uaem/upaep/iminap, Puebla, pp. 293-332. Molina Castillo, S., A. Espinoza Ortega, T. Ortiz et al. 2022. “Los hongos comestibles silvestres: Entre las neofilias y neofobias de los consumidores mexicanos”, en Bosque, vol. 43, núm. 3, pp. 231-241. |
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| Mariana Trejo Guerrero Escuela Superior de Zimapán, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. |
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| del frutero |
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Caminando por las selvas mayas de la península
de Yucatán se puede apreciar una gran riqueza de especies vegetales que han sido parte esencial de la alimentación de los mayas, como árboles frutales y plantas medicinales. Entre las diferentes especies frutales que podemos encontrar está la cereza maya (Malpighia glabra L.), una pequeña fruta de color rojo y textura brillante similar a una cereza común. En México se han reportado veintisiete especies, de las cuales siete se encuentran en la península de Yucatán. El nombre más utilizado para referirse a esta fruta es acerola, pero también se le conoce con diferentes nombres dependiendo del lugar donde se encuentre, por ejemplo, cereza de Barbados o de las Antillas, pico de paloma, nance rojo, cerecita o manzanita.
También se le ha dado diferentes nombres en lengua maya, como wayate’, kaanil bin che’ y béek che’. De hecho, las evidencias lingüísticas indican que se originó en el área maya de la península, donde su consumo y cultivo se remonta a más de 3 500 años de antigüedad; por lo tanto, es considerada un recurso frutal nativo y parte importante de la herencia cultural de esta región. La cereza está presente desde América del Norte (Texas, eua), pasando por el sur de México, América Central, las Antillas y el Caribe hasta América del Sur. Se cultiva a escala comercial en los trópicos y subtrópicos, en países como Puerto Rico, Hawai, Jamaica y Brasil, quien ocupa el primer lugar mundial como productor, consumidor y exportador.
La cereza maya pertenece a la familia Malpighiaceae y al orden Malpighiales. Proviene de una planta con porte arbustivo que se desarrolla en zonas tropicales y subtropicales de todo el mundo, con una altura máxima de tres a seis metros. Es de abundante follaje y ramas dispersas, presenta uno o varios troncos torcidos con una corteza de color marrón grisáceo y ramas quebradizas que salen desde la base del tallo enmarañándose entre ellas mismas. Las ramas jóvenes tienen una corteza verde y las ramas adultas tienen corteza porosa de color marrón claro. Las hojas son opuestas simples con margen entero de color verde brillante, poseen pecíolos cortos y pequeñas vellosidades (tricomas) que ocasionan irritación en la piel. En condiciones favorables, el tiempo entre la floración y el estado de maduración de los frutos es de aproximadamente veintidós días.
Las flores son formadas por cinco pétalos de color rosado y diez estambres amarillos en el centro. Los frutos son carnosos, ligeramente redondeados, con textura lisa y luminosa; son de color verde cuando están inmaduros y cambian a color rojo brillante cuando maduran. En su interior cuentan con tres semillas triangulares de color café. Su floración y fructificación se observa durante la mayor parte del año y se propaga por semillas o esquejes.
Es una planta que se adapta con facilidad a diferentes tipos de suelos, pero demanda un buen drenaje al ser susceptible a la pudrición de sus raíces por inundación. Presenta tolerancia a la sequía y con riego constante florece durante todo el año.
La cereza maya juega un papel importante dentro del ecosistema como parte esencial de la estructura y composición vegetal de las selvas de la península de Yucatán. Proporciona refugio y sombra a especies vegetales y animales, algunos de los cuales consumen sus frutos como alimento. Por ejemplo, sus flores producen aceites que atraen abejas del género Centris (Apidae), lo que beneficia la polinización y la conservación de orquídeas del género Lophiaris, pues las confunden con sus flores.
Propiedades y beneficios
La cereza maya es una fruta extraordinaria por sus propiedades y beneficios para la salud. Contiene altas cantidades de vitaminas, como la A, B1, B2 y B6; de hecho, es considerada la fruta con el mayor contenido de vitamina C de todo el mundo, al poseer cien veces más que los cítricos. Además, tiene minerales como potasio, magnesio, calcio, hierro y fósforo; aminoácidos, carotenoides, ácidos fenólicos, antocianinas, flavonoides y taninos, por mencionar algunos.
Esta fruta sin grasa y baja en calorías beneficia la salud ayudando al sistema inmunológico a prevenir resfriados; además mejora el estado de ánimo disminuyendo síntomas de cansancio, depresión y estrés. Es una excelente fuente de antioxidantes que retardan los signos del envejecimiento, beneficia la microbiota intestinal, ayuda al buen funcionamiento del hígado, controla los niveles de azúcar en la sangre ayudando a personas con diabetes, y previene o retarda la aparición de cáncer. Por todas estas cualidades la cereza maya es un excelente alimento para incluir en la dieta de personas con anemia y sobrepeso.
Nuevas investigaciones reportan actividades biológicas también en las hojas de la cereza maya, como actividad antioxidante, hepatoprotectora y uso potencial como bioplaguicida botánico. Además, la corteza del tronco de la planta es utilizada en algunas localidades mayas para tratar trastornos intestinales.
El consumo y procesamiento de la cereza debe realizarse cuando está madura, máximo dos días después de la cosecha para evitar su descomposición. Su sabor va de ácido a dulce. Para la producción industrial debe cosecharse cuando la fruta se encuentra en etapa de maduración para su procesamiento, particularmente en la producción de jugos, licores, mermeladas, helados y dulces. En la industria farmacéutica se utiliza como ingrediente en suplementos alimenticios y en la industria cosmética para la fabricación de productos de belleza, como cremas faciales y champú. Como planta ornamental, se puede encontrar en jardines, parques y avenidas, también se utiliza como bonsái debido a sus hojas pequeñas, sus atractivas flores, frutos y su fina ramificación.
Historia y potencial
Los registros históricos mencionan que durante el periodo prehispánico los árboles de cereza maya se encontraban en los huertos familiares de la península de Yucatán, lo cual indica que era parte fundamental de la dieta de las comunidades mayas; sin embargo, hoy día no forma parte de las frutas consumidas por sus descendientes, por lo que se desaprovecha su gran valor nutrimental, económico y cultural. En la actualidad no es posible hallarla en los huertos familiares, sólo se le encuentra en vida silvestre; en algunas comunidades de la región nada más se aprovecha su madera, que es utilizada como combustible o para la construcción.
La cereza es un recurso natural sustentable que por sus propiedades nutrimentales podría contribuir a la seguridad alimentaria, beneficiar la economía y conservar la riqueza cultural de la región, además es una planta que podría resistir el cambio climático. Existe escasa investigación en México acerca de la cereza maya, no hay información de su diversidad biológica ni de su potencial uso agrícola en el país. Por todo lo mencionado anteriormente, es muy importante que los sectores académico y gubernamental se interesen en realizar investigaciones sobre esta fruta para desarrollar tecnologías que sirvan para su aprovechamiento, pues tiene gran potencial de comercialización como alimento funcional y para diferentes industrias.
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Referencias bibliográficas Chowdhury, A. K. et al. 2005. “Classification of Some Acerola (Malpighia glabra Linn.) Cultivars Using Morphometric Descriptors and RAPD Markers”, en Japanese Journal of Tropical Agriculture, vol. 49, núm. 4, pp.255-263. Tamayo, I. 2016. “Polinización por engaño de Lophiaris andrewsiae (Orchidaceae: Oncidiinae)”, en Desde el Herbario CICY, núm. 8, pp. 4–8. Villaseñor, J. L. 2016. “Checklist of the native vascular plants of Mexico”, en Revista Mexicana de Biodiversidad, vol. 87, núm. 3, pp.559-902. Zizumbo, D. et al. 2010. “Recursos fito-genéticos para la alimentación y la agricultura”, en Biodiversidad y desarrollo humano en Yucatán, R. Durán y M. E. Méndez (eds.). cicy/ppd-fmam/conabio/seduma, Yucatán, pp. 334–339. |
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| Monserrat Concepción Esquivel Chi Doctorante en Ciencias en Agricultura tropical sustentable, Instituto Tecnológico de México, Conkal, Yucatán. Rubén Humberto Andueza Noh Catedrático en recursos fitogenéticos, Instituto Tecnológico de México, Conkal, Yucatán. |
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| del germoplasma |
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| Olotón: la disputa por una variedad de maíz |
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| Adelita San Vicente Tello y Baruch Xocoyotzin Chamorro Cobaxin | ||||||||||||||
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El Protocolo de Nagoya (pn) deriva del tercer
objetivo del Convenio sobre la Diversidad Biológica (cdb), un acuerdo multilateral que se firmó en Río de Janeiro, Brasil, en 1992 durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Este instrumento fue ratificado por 196 países, entre ellos México, y es vinculante, es decir, obliga a las partes firmantes a cumplirlo. Los objetivos del Convenio son: la conservación de la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos.
Si bien ha sido utilizada por la humanidad a lo largo de su existencia, es a fines del siglo pasado que el concepto de biodiversidad cobra relevancia en el mundo. Sin embargo, el término es ambiguo, en general podríamos decir que se refiere a la diversidad de la vida, pero esto puede significar muchas cosas. La Estrategia Nacional sobre Biodiversidad establece que: “La diversidad biológica o biodiversidad abarca distintos aspectos y niveles de organización, desde la diversidad genética de los organismos, la variación entre poblaciones de especies y las interacciones entre ellas para conformar comunidades biológicas, y con su ambiente abiótico en los ecosistemas. […] el concepto de diversidad en todos sus niveles de organización se asocia a la composición, es decir, la identidad y la variedad de los elementos. En estos se incluye la heterogeneidad de las estructuras químicas, que son la base molecular de la herencia, la diversidad dentro y entre especies”.
En cuanto a los niveles de la biodiversidad, se observa que la materia del Protocolo de Nagoya es la diversidad genética de los organismos, ya que según su artículo 1º tiene como objetivo “la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos, incluso por medio del acceso apropiado a los recursos genéticos y por medio de la transferencia apropiada de tecnologías pertinentes, teniendo en cuenta todos los derechos sobre dichos recursos y tecnologías”.
Dicho protocolo se adoptó en 2010 y entró en vigor en 2014, al ser aprobado por el número suficiente de países. En 2012, México fue el primer país megadiverso en validarlo y lo publicó en el Diario Oficial de la Federación el 10 de octubre de 2014. Si bien en un inicio la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (conabio) estuvo a cargo del mismo, al ratificarse, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) asumió las labores de implementación ya que se estableció el Punto Focal en la Dirección General del Sector Primario y Recursos Naturales Renovables.
A lo largo de cuatro años (desde su ratificación hasta 2018) se otorgaron ocho permisos de acceso de forma casuística, sin una legislación nacional específica, ni la capacidad institucional para su adecuada implementación. Se estableció un “procedimiento transitorio” que permitió otorgar los ocho respectivos Certificados de Cumplimiento Internacionalmente Reconocidos (ircc, por sus siglas en inglés). El primer ircc fue a favor de una empresa transnacional para el acceso al maíz olotón en una comunidad indígena de Oaxaca.
Paralelamente, se conformó un Grupo de Trabajo Intersecretarial (gti), constituido por veintidós dependencias de gobierno que propusieron mecanismos jurídicos e institucionales necesarios para implementar el Protocolo, mediante la elaboración de una propuesta de reglamento autónomo. Sin embargo, este reglamento no logró ser publicado. Asimismo, la senadora Ninfa Salinas presentó en 2016 una Iniciativa de Ley de Biodiversidad que no fue aceptada.
A partir de la presente administración (diciembre 2018/septiembre 2024) el gti sesionó y avanzó en varios temas. Por una parte, se revisaron las competencias de las instituciones que lo conforman, se establecieron mecanismos para regular su labor y, finalmente, se elaboraron los criterios jurídicos que normarán el trabajo a seguir; asimismo, se analizaron las solicitudes presentadas ante el Punto Focal. En este sentido, se diseñó un cuestionario para que el solicitante complemente de manera uniforme la información requerida y de esta manera se conozca la situación de la solicitud, por ejemplo, si cuenta con permiso de colecta, la distribución de la especie o el conocimiento tradicional asociado, así como el tipo de investigación y acceso, instituciones o empresas involucradas, países usuarios, entre otros.
Por otra parte, se avanzó en la alineación institucional que se requiere para la implementación del Tratado, tanto en el ámbito reglamentario como el institucional. De esta manera, en la reforma al reglamento interno se estableció la Dirección General de Recursos Naturales y Bioseguridad con atribuciones plenas del Punto Focal del Protocolo de Nagoya. Lo que dio paso a la creación de la dirección de área de Biodiversidad y Recursos Genéticos con personal capacitado y se estableció un sistema de información como base de datos de las solicitudes, que incluye la información adicional colectada por el cuestionario. También se editaron diversos materiales didácticos para la difusión del Protocolo de Nagoya en las comunidades, y se impulsaron procesos deliberativos con diversos actores nacionales e internacionales, como un coloquio internacional de acceso a recursos genéticos y conocimiento tradicional asociado en el marco del Protocolo y un seminario internacional para la protección de la biodiversidad en las regiones consideradas centro de origen de las especies.
En cuanto al marco jurídico, se realizó un diagnóstico de legislación y de competencias, y se aprobaron los criterios jurídicos mencionados para la implementación del Protocolo, con base en el Plan Nacional de Desarrollo y en los principios de soberanía de la nación sobre los recursos naturales y protección del patrimonio biocultural durante la séptima y octava reunión del gti, celebradas el 23 de septiembre y 21 de octubre de 2020 respectivamente.
Los criterios son: 1) el ejercicio de los derechos soberanos sobre los recursos genéticos es exclusivo del Estado. Nada de lo contenido en estos criterios deberá interpretarse en el sentido de que menoscabe los derechos existentes de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas en su territorio.
2) Las autoridades tienen la obligación de proteger los derechos humanos y los derechos de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas en la aplicación del Protocolo de Nagoya sobre Acceso a Recursos Genéticos y Distribución Justa y Equitativa de los Beneficios que deriven de su utilización.
3) Los derechos humanos y bioculturales (es decir, los derechos que tienen las comunidades étnicas a administrar y ejercer tutela de manera autónoma sobre sus territorios y los recursos naturales que conforman su hábitat) de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas deben de protegerse de manera especial en la implementación del Protocolo de Nagoya sobre Acceso a Recursos Genéticos y Distribución Justa y Equitativa de los Beneficios que deriven de su utilización.
4) El acceso a los recursos genéticos en el ámbito del Protocolo de Nagoya incluye el acceso para fines de investigación y fines comerciales, considerando la colecta al recurso genético como primer paso al acceso.
5) Tratándose de pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, se deberá obtener su consentimiento, con el fin de garantizar medidas de protección de su conocimiento y de la información de las secuencias digitales de sus recursos genéticos y las que deriven de éstas, así como su participación justa y equitativa de los beneficios, ya que las secuencias digitales tienen el mismo valor que el recurso genético “físico”.
6) Los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas tienen derecho a la consulta y al Consentimiento Fundamentado Previo (cfp) y a la consulta libre, previa e informada, de buena fe y culturalmente adecuada. El Estado no podrá autorizar la utilización de sus recursos genéticos ni de su conocimiento tradicional asociado sin respetar este derecho.
7) Los pueblos y las comunidades indígenas y afromexicanas tienen derecho a la protección de sus conocimientos tradicionales asociados a los recursos genéticos y a obtener la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de la implementación del Protocolo de Nagoya, bajo condiciones mutuamente acordadas.
8) Los pueblos y comunidades indígenas, afromexicanas y locales tienen derecho a las condiciones mutuamente acordadas para el acceso a los recursos genéticos y el conocimiento tradicional asociado, así como la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados, los cuales están relacionados con el consentimiento fundamentado previo y la distribución de beneficios. El Estado otorgará el Consentimiento Fundamentado Previo garantizando que las condiciones mutuamente acordadas sean libres de dolo y mala fe, respeten y no se violen los derechos de los pueblos indígenas, no se ponga en riesgo la integridad de los recursos genéticos ni se permita la apropiación del conocimiento asociado.
Con base en estos criterios y a los lineamientos establecidos por el gobierno actual se ha delineado la política para la implementación del Protocolo de Nagoya sobre Acceso a los Recursos Genéticos y Participación Justa y Equitativa en los Beneficios, la cual guía los trabajos de esta Semarnat.
Sin lugar a duda, falta mucho por hacer en un tema tan novedoso y frente a la emergencia del interés en la base molecular de la herencia, que en buena medida está determinada por el hecho de que “durante las dos últimas décadas los adelantos científicos y tecnológicos, los mercados en evolución y los diferentes modelos empresariales y de propiedad intelectual, han transformado la demanda de acceso a recursos genéticos y los conocimientos tradicionales asociados a ellos en estos sectores”.
Un ejemplo del paradigma capitalista sobre los recursos genéticos es el caso del maíz olotón en Totontepec, Oaxaca, donde existió una desproporción jurídica y económica en la negociación entre el usuario, la empresa Mars Inc., el proveedor y la comunidad mixe, al anteponerse el interés privado sobre el público de los bienes comunes. Casos como este dejan abierta la puerta para que, en ausencia de una visión soberanista del Estado, el Protocolo de Nagoya pueda promover los contratos leoninos y en franca contradicción con la lógica comunitaria de los pueblos y comunidades indígenas.
En ese sentido, Kloppenburg y colaboradores indican que la distancia ontológica entre las visiones del mundo indígena y la comercial/científica es considerable, ya que el Protocolo de Nagoya es un instrumento con claroscuros de visiones alineadas a la justicia y distribución de beneficios, y por otra, hay quienes preferirían mantener el status quo del mercantilismo a través de “compartir” los beneficios de un mundo civilizado a uno en proceso de modernización.
En México es indispensable, en primera instancia, proteger y conservar su gran riqueza, llamada “capital natural” por algunos y “patrimonio biocultural” por otros; lo importante radica en generar una política de soberanía nacional sobre los recursos naturales que proteja la biodiversidad e incluso el conocimiento generado a partir de ella. Además, es urgente el reconocimiento de la gran labor en la conservación y conocimiento de la biodiversidad que los pueblos indígenas han realizado por milenios y, por ello, asignarles un papel central en esta política.
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Referencias bibliográficas Conabio, 2016. Estrategia nacional sobre biodiversidad de México y plan de acción 2016-2030. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, Ciudad de México. Kloppenburg, J. ____et al. 2024. “The Nagoya Protocol and nitrogen-fixing maize: Close encounters between Indigenous Oaxacans and the men from Mars (Inc.)”, en Elementa: Science of the Anthropocene, vol. 12, núm. 1 (doi.org/10.1525/elementa.2023.00115). Laird, S. A. y R. P. Wynberg. 2012. Las ciencias biológicas en la encrucijada: aplicando el Protocolo de Nagoya en un momento de cambios científicos, tecnológicos e industriales. Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Montreal, Canadá. |
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| Adelita San Vicente Tello Directora General de Recursos Naturales y Bioseguridad, Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). Baruch Xocoyotzin Chamorro Cobaxin Subdirector de Recursos Genéticos, Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). |
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| Productos naturales y herbales vs. productos milagro | ![]() |
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| Leonardo Serrano Márquez, Guillermo Mendoza y Ángel Trigos | ||||||||||||||
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Domingo por la tarde, aburrido y sin nada que
hacer, buscas una buena película o alguna serie que ver y de repente, al cambiar de canal, aparece un anuncio que publicita el “elixir de la eterna juventud” o algún producto milagroso capaz de ayudar a reducir el peso, regular los niveles de azúcar en la sangre, incrementar tu inteligencia, frenar la caída de cabello, o incluso, curar el cáncer. Este medicamento te cautiva e incita a comprarlo, pero ¿realmente sabes los riegos que corres al hacerlo? ¿Conoces cuáles son los elementos persuasivos de la publicidad engañosa que promueve el uso de estos productos milagro? Aunque son promocionados como productos saludables, innovadores y 100% naturales, seguros e inocuos, esto es simplemente falso. Propiedades de lo natural Ahora bien, en numerosas ocasiones la gente confunde los “productos naturales” con los “productos milagro”. Para distinguir las diferencias que existen entre ellos es preciso definir algunos términos. Los productos naturales se definen como una sustancia o compuesto químico producido por un organismo vivo; principalmente son extraídos de plantas, hongos, animales y bacterias de ambientes terrestres y marinos. Éstos han sido la fuente primordial para la obtención y descubrimiento de la mayoría de los ingredientes activos de los medicamentos modernos que conocemos, muchos de los cuales derivan de antiguos remedios populares de origen natural cuyo uso milenario está basado en la observación y testimonio de sus efectos benéficos sobre la salud. Gracias a lo que hoy conocemos como “farmacognosia”, a lo largo de la historia los seres humanos han encontrado muchas aplicaciones de los productos naturales, tanto en el campo de la medicina, como en la farmacia y la biología. A diferencia de los productos milagro, los productos naturales están respaldados por un arduo estudio científico que comprende diferentes etapas en su obtención. Se estima que, de aproximadamente diez mil compuestos candidatos a ser estudiados, sólo uno o dos llegan a comercializarse; muchos de ellos se descartan porque no cumplen con los protocolos establecidos en las etapas de evaluación de bioactividades, pruebas in vitro, pruebas preclínicas con modelos animales, fases clínicas con humanos y, finalmente, una etapa de farmacovigilancia post-comercialización del fármaco para observar posibles efectos secundarios y discernir contraindicaciones. El proceso es largo, costoso y normalmente transcurren entre diez y quince años desde la investigación inicial hasta su uso en humanos o su comercialización. Los programas de bioprospección para la obtención de nuevos medicamentos destacan el valioso papel que los productos naturales han desempeñado en el proceso de descubrimiento de fármacos, particularmente en las áreas de enfermedades infecciosas y tratamientos de cáncer. Como ejemplo de estos programas de desarrollo para la obtención de nuevos medicamentos anticancerígenos y quimiopreventivos están los programas de bioprospección promovidos por el Instituto Nacional del Cáncer, los cuales se pueden complementar con protocolos de detección de alto rendimiento, química combinatoria, compuestos mejorados por síntesis orgánica, química computacional y bioinformática, para proporcionar compuestos mucho más eficientes que los utilizados actualmente en la práctica clínica. ¿Una cura inmediata? Se denomina “productos milagro” o “medicamentos milagro” a aquellos productos, sustancias y hierbas que prometen aliviar o curar diversas enfermedades de manera rápida y efectiva, sin que la persona afectada tenga que modificar su estilo de vida o hábitos alimenticios, es decir, sin realizar ningún esfuerzo. Se presentan como una cura casi mágica que se caracteriza por exaltar una o varias cualidades terapéuticas; sin embargo, no cumplen con ningún estudio científico que haya comprobado su eficacia y seguridad. Los productos milagro aparecieron hace varias décadas como alternativa ante las deficiencias en los servicios de salud y los exorbitantes precios de los medicamentos. Promovidos tanto en canales de televisión como en medios de comunicación alternativos (sitios de internet, revistas, periódicos, radio, ventas por teléfono), han contribuido a que la sociedad esté más vulnerable frente al acceso de información pseudocientífica manipulada por sofisticadas estrategias publicitarias y atractivos procedimientos de marketing. ¿O un fraude? Dentro de las características que debemos identificar para saber si estamos ante un producto milagro están las siguientes: a) afirman que el producto es de origen natural (hecho de plantas, hongos, animales u otros ingredientes); b) los resultados al consumirlos son inmediatos y asombrosos; c) presentan testimonios o relatos para dar credibilidad de su eficacia (como fotografías de un antes y un después) y muchos de ellos son respaldados por actores, especialistas o médicos ficticios; d) su consumo puede realizarse sin la supervisión de un profesional de la salud; e) se comercializan en forma de cápsulas, tabletas, polvos, jarabes, cremas, champú o jabones; f) promueven el autodiagnóstico y la automedicación; y g) suelen presentarse con nombres alusivos a enfermedades u órganos humanos. La lista de enfermedades y padecimientos que supuestamente curan los productos milagro es innumerable. Se destacan aquellos suplementos alimenticios o dietas con efectos sorprendentes sobre la pérdida o reducción de peso y talla, como geles, cremas o cápsulas. También podemos encontrar jarabes, suspensiones o tabletas hechos a base de hierbas y hongos que fortalecen el sistema inmunológico, regulan la hipertensión arterial, disminuyen tumores malignos, reducen el colesterol, poseen efecto diurético, alivian gastritis, estreñimiento, colitis, reumatismo, Alzheimer e incluso diabetes. Los productos milagro no sólo se limitan a curar enfermedades crónicas, también son utilizados con fines cosméticos; por citar algunos ejemplos, están los jabones y cápsulas destinadas al tratamiento del acné, champús y tónicos que frenan la alopecia y fortalecen el cabello, cremas que desvanecen cicatrices, manchas, aclaran la piel o eliminan arrugas y várices. Un último ejemplo de medicamentos milagro son aquellos que actúan en el estado emocional de una persona. Se distribuyen en forma de cápsulas e infusiones herbales con supuestas propiedades sedantes y son utilizadas en el tratamiento de insomnio, ansiedad, depresión y estrés. Sin lugar a duda los beneficios que promueven los productos milagro son altamente persuasivos, pero con un potencial fraudulento y resultan peligrosos tanto para la salud como para la economía familiar. ¿Lo natural no es tóxico? Desde hace milenios, infinidad de plantas medicinales se han empleado para tratar diversos malestares; todas las personas en alguna ocasión hemos optado por consumir alguna variedad de productos herbales, ya sea en forma de té, aplicándolos directamente en la piel o hasta en guisos como condimentos. La manera de adquirir estas plantas es sumamente fácil, basta con ir al mercado local y pedirlas a cualquier comerciante; pero antes de consumirlas es preciso conocer sus propiedades, funciones y dosis, así como sus efectos secundarios, los cuales pueden llegar a ser tóxicos. El consumo de productos herbales se debe principalmente a la percepción que tiene la población de que al ser de origen natural sólo pueden tener propiedades benéficas sin riesgos para la salud. Lamentablemente muchas plantas medicinales se promocionan dentro de los productos milagro y estas plantas, lejos de ser inofensivas para la salud, también pueden ocasionar efectos adversos. Por ello, siempre se recomienda consumir cualquier producto herbal con prudencia y en dosis moderadas. Como sabemos, el hígado es el principal órgano implicado en el metabolismo de cualquier sustancia ajena al organismo, incluidos los productos herbales. Esto lleva a pensar que, contrariamente a las creencias populares y lejos de ser seguros, los remedios herbales pueden representar un riesgo potencial de toxicidad hepática, en algunos casos con consecuencias fatales, de ahí la importancia de informarse tanto de sus propiedades medicinales como de las nocivas. Instituciones reguladoras A nivel mundial existen diversas instituciones encargadas de regular y aprobar el uso de fármacos y productos naturales. En Estados Unidos, la agencia de Administración de Alimentos y Medicamentos (fda) es la encargada de velar por la seguridad y eficacia de aquéllos consumidos por la población. En México contamos con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (cofepris), encargada de regular medicamentos ejerciendo control y fomento sanitario, que durante años ha llevado a cabo diversas acciones para frenar el almacenamiento, distribución, venta y uso de productos milagro. La cofepris ha retirado muchos productos fraudulentos del mercado, no obstante, los medios de comunicación irresponsablemente aún siguen siendo cómplices de laboratorios pseudofarmacéuticos que han lucrado con el bienestar social, al cruzar la frontera entre lo legal y lo ético. Por otra parte, en octubre de 2018, la misma cofepris autorizó el uso de dieciocho plantas medicinales de tipo herbolario, las cuales se podrán emplear de manera legal en tés, infusiones o suplementos alimenticios. Dicha aprobación permitirá que los productos se comercialicen con un etiquetado adecuado respetando la regulación sanitaria y el cumplimiento de las normas oficiales de producción y calidad, lo cual se traducirá en un beneficio para el sector de productos herbolarios y la salud de la población. Este hecho histórico en la herbolaria mexicana fue posible, en gran medida, gracias a cuatro años de trabajo en conjunto con la Federación Nacional de la Industria Herbolaria, Medicina Alternativa, Tradicional y Naturista a.c. , donde se investigaron y determinaron las dosis adecuadas de consumo de cada planta para evitar efectos adversos en los usuarios de remedios herbales. En la lista de las dieciocho plantas aprobadas están las siguientes: Echinacea purpurea, Echinacea angustifolia, Echinacea palida, Equisetum laevigatum, Equisetum arvense (cola de caballo), Ganoderma lucidum (hongo reishi), Lepidium meyenii (maca), Panal ginseg, Passiflora incarnata, Ilex paraguariensis (yerba mate), Paulina Cupana (guaraná), Plantago psyllium, Plantago ovata, Silybum marianum (cardo mariano), Smilax aristolochiifolia (zarzaparrilla), Uncaria tomentosa (uñas de gato), Valeriana Officinalis y Eleuthereococcus senticosus (ginseng siberiano). Promesas tóxicas Esta investigación ha ayudado a esclarecer la creencia de que la medicina tradicional y la herbolaria son lo mismo que los productos milagro, ofrecidos para curar cualquier enfermedad sin ningún estudio previo que lo sustente. En conclusión, no existe hasta el momento ningún producto milagro, es decir, un remedio que cure fácil y rápido cualquier enfermedad sin poner en riesgo nuestro bienestar. Lo que existe es la información y el diagnóstico adecuado hecho por profesionales de la salud; la recomendación acertada es acudir con ellos, pues son quienes darán un tratamiento adecuado al padecimiento recetando medicamentos de eficacia comprobada. |
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Referencias bibliográficas Basulto, J., M. Manera, E. Baladia et al. 2013. “Las dietas y productos ‘Milagro’”, en Pediatría Atención Primaria, vol. XV, núm. 59, pp. e121-e128.cofepris. (2018a). Suplementos alimenticios. Productos milagro (revistacofepris.salud.gob.mx/n/no1/inspector.html). _____ (2018b). “cofepris anuncia la liberación de 18 plantas medicinales, para su para su uso legal” (gob.mx/cofepris/es/articulos/cofepris-anuncia-la-liberacion-de-18-plantas-medicinales-para-su-uso-legal-178849? diom=es). Cragg, G. M., D. J. Newman y K. M. Snader. 1997. “Natural products in drug discovery and development”, en Journal of natural products, vol. 60, núm. 1, pp. 52-60. García Cortés, M., Y. Borraz, M. I. Lucena et al. 2008. “Hepatotoxicidad secundaria a ‘productos naturales’: análisis de los casos notificados al Registro Español de Hepatotoxicidad”, en Revista Española de Enfermedades Digestivas, vol. 100, núm. 11, pp. 688-695. Harvey, A. L. 2008. “Natural products in drug discovery”, en Drug discovery today, vol. 13, núm. 19-20, pp. 894-901. Newman, D. J., G. M. Cragg y K. M. Snader. 2003. “Natural products as sources of new drugs over the period 1981-2002”, en Journal of natural products, vol. 66, núm. 7, pp. 1022-1037. Ortega, P., E. Mc Phail y A. Vega Montiel. 2011. “Productos milagro y medios de comunicación en México: una reflexión crítica”, en Derecho a comunicar, núm. 3, pp. 104-117. |
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| Leonardo Serrano Márquez Ciencias Biomédicas, Universidad Veracruzana Guillermo Mendoza Centro de Investigación en Micología Aplicada, Universidad Veracruzana Ángel Trigos Dirección General de Investigaciones, Universidad Veracruzana |
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